Mostrando entradas con la etiqueta Plebiscito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Plebiscito. Mostrar todas las entradas

martes, 31 de agosto de 2021

El Compañero FERNANDO PEREIRA A LA PRESIDENCIA DEL FRENTE AMPLIO

Por Jorge Aniceto Molinari:

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

El Presidente de la Central de Trabajadores el PIT-CNT, ha sido propuesto para presidir el Frente Amplio, aglutinador política de la izquierda en el país y en la actualidad la fuerza política de mayor caudal electoral.

En la Central los sindicatos han sido los mayores aglutinadores sociales para lograr las firmas para un referéndum que inexorablemente será un plebiscito sobre el gobierno actual. El rol del compañero Fernando en el tema ha sido de un enorme peso por su actividad decididamente militante.

¿Es el mismo el rol político de la izquierda, que el rol del movimiento sindical? Hay quienes no ven la diferencia e incluso lo comparan con el rol cumplido por los dirigentes rurales en los gobiernos conservadores en el país.

Si fuera así no suma, resta, por el rol cumplido por los gremios en esta batalla plebiscitaria.

Pero no es así, los partidos políticos en la izquierda cumplen un rol de orientación ideológica y programática.

¿Qué hizo Seregni y su equipo en 1971?, ¿cual era su espíritu del que tanto se habla?, ¿era meramente una decisión administrativa? NO, era armonizar un programa y una perspectiva política que en la izquierda estaba trazada para la realidad del mundo de ese entonces y que trascendía a la izquierda, recordemos que el programa de Wilson Ferreira Aldunate tomaba muchos de estos puntos.

Pero el mundo ha cambiado, y las usinas de ideas que eran los partidos de la izquierda hoy están paralizados, en muchos casos aún no han salido de los razonamientos estatistas, - la política siempre en ese razonamiento pasa por los Estados- y si bien como un aglutinador social, empresarial, sindical, el Estado siempre es un centro, los lineamientos de la economía hoy son universales.

¿No le estaremos pidiendo demasiado el compañero Fernando Pereira? ¿Y si no a quién se lo tendríamos que pedir? Alguien tiene que poner en marcha la usina de ideas. SI, son nuevos desafíos, pero hay que encararlos.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Los sin vergüenza

Por Juan Pablo Cárdenas S: 

Hubiera querido en esta columna dar cuenta de una profunda autocrítica de la clase política después de los resultados del Plebiscito. A propósito de ese casi ochenta por ciento de ciudadanos que votaron por derogar la Constitución de Pinochet, pero, también, para expresar su repudio al Gobierno, al Parlamento y, en general, a los más altos funcionarios públicos, incluidos los oficiales de las FFAA, las jefaturas de Carabineros y de la policía civil. Sin embargo, antes de que se escrutaran los últimos sufragios, los partidos hicieron caso omiso de la sentencia popular y a la mañana siguiente reiniciaron su consabido oficio electoral.

Por cierto, que, tampoco, hubo ministros, subsecretarios, legisladores, alcaldes o concejales que renunciaran a sus cargos o dejaran a disposición de los militantes la conducción de sus partidos. En esta actitud, una vez más, no hubo vencedores ni vencidos. Ni siquiera los que públicamente llamaron a prolongar la institucionalidad vigente o aspiraron a que el pueblo les regalará siquiera un escaño en la Convención Constitucional que se encargará de definir la próxima Carta Magna.  Toda una desvergüenza que no se entiende desde los países democráticos acostumbrados a escuchar a los ciudadanos y practicar realmente la alternancia en el poder.

El país debe elegir a todos los miembros de la Constituyente en lo que debe ser una asamblea paritaria de hombre y mujeres, pero por sobre todo al Servicio Electoral debiera dotársele de atribuciones para impedir que los partidos monopolicen las nóminas de candidatos, dándole a las organizaciones sociales y a los independientes o, mejor dicho, no militantes, la posibilidad real de participar en los próximos comicios.

Todos debemos exigir que se legisle urgentemente para impedir los arreglos cupulares y los millonarios gastos electorales, de forma que no lleguen a instalarse en la Constituyente los mismos de siempre, los que tienen dinero o quienes se proponen, ciertamente, y como lo han declarado, morigerar los cambios, salvar el modelo económico desigual y combatir el descontento popular con mayor represión policial y violaciones de los DDHH. 

Sin embargo, lo que estamos percibiendo es que a lo sumo serian los propios partidos los que agregarían a sus listas a algunos independientes, porque a éstos se les haría prácticamente imposible postular autónomamente de las colectividades políticas, según la ley electoral vigente.

Menos oportunidades tendrían, todavía, las innumerables organizaciones sociales que repletaron ciudades y pueblos con sus demandas, sin que en estas manifestaciones pudiéramos visualizar los estandartes partidistas ni los rostros de los políticos activos y bien apoltronados en el Congreso Nacional y el Ejecutivo. Se sabe que cuando algunos de estos quisieron sumarse a las marchas, tuvieron que escapar rápidamente para no ser verdaderamente linchados por el pueblo. Fueran de derecha, izquierda o centro. Por más que los canales de televisión, algunos periódicos o emisoras los convocaran a sus matinales y noticiarios faranduleros. Los hicieran parte de un estallido social con el que no estuvieron comprometidos ni invitados, después de treinta años que se dieron maña para darle continuidad a la herencia institucional pinochetista y al régimen neoliberal.

Como ya se ha indicado, antes de la próxima contienda presidencial, los chilenos tendremos que elegir a los gobernadores de todo el país, a las autoridades municipales y a los miembros de la Convención Constitucional. De allí que resulte tan absurdo y monstruoso en estos días la proclamación de tantos postulantes para suceder a Piñera en La Moneda.  Al menos unos cuatro o cinco de los partidos oficialistas; otros tres o cuatro del PPD y del Partido Socialista; mínimo unos cuatro cinco de la Democracia Cristiana; unos dos o tres del Frente Amplio y de sus grupos o “sensibilidades”, como las llaman, además del siempre listo candidato del PRO, un alcalde comunista que sin tapujos también se ha auto designado. Como también aguardamos por los de otras colectividades que siempre se muestran prestos a ofrecer a sus rostros para desempatar las querellas entre los partidos más grandes. Entre todo un espectro político que no suma más de cien o ciento cincuenta mil militantes. Sin contar todavía el crónico apetito de quienes buscan repetirse el plato en La Moneda. Aquellos y aquellas figuras que no los inhiben el paso implacable de sus años y sucesivos actos de corrupción.

Entendida la política en Chile como una carrera constante por el poder y los cargos de “representación”, es decir nunca o muy pocas veces como una oportunidad de servicio público, esta proliferación de candidatos no nos parece tan extraña, aunque cada vez se haga más indignante. Debemos ser el país en toda la tierra que se nutre de menos agrupaciones sindicales juveniles y gremiales. 

Ya no existen los partidos que en el pasado se ufanaban de representar a la clase obrera o, siquiera, a los sectores medios. Asimismo, son muchos los jóvenes que se han atrevido a fundar nuevos movimientos y que en muy pocos años han terminado envueltos por los pactos electorales, como extraviados por los grandes empresarios que financian la actividad electoral o las votaciones de los legisladores.

De seguir este grave desdén a los verdaderos artífices de los resultados del Plebiscito, lo sensato sería que los sectores sociales volvieran a golpear la mesa, irrumpieran nuevamente en las calles para hacer todavía más explicito su repudio al conjunto de la clase política. La lucha, en este sentido, no solo es contra el gobierno de Piñera, sino a favor de establecer una institucionalidad genuinamente democrática, incluido el rescate de todos los derechos políticos, económicos y sociales conculcados. Devolverle la soberanía al pueblo y arrebatársela a los necios que dicen actuar en su nombre, y que solo vienen traicionándolo en todas las últimas décadas.

Ojalá no nos dejemos madrugar nuevamente por las trampas políticas del sistema electoral y que en los comicios venideros la participación electoral exija un pacto previo de garantías políticas, si no queremos reiterarnos en la masiva abstención ciudadana o fomentar la violencia como solución a las injusticias. El pueblo debe avanzar a la primera línea de la acción y decisiones políticas.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 26 de febrero de 2020

Votar en las urnas y en las calles



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Si de estallidos sociales se trata, éstos siempre están en la antesala de los grandes cambios o revoluciones. Con mayor o menor intensidad, la violencia muy habitualmente los acompaña. La condición humana siempre se empeña en mostrar sus distintos rostros.
No parece posible que las transformaciones importantes puedan sucederse gradualmente y que haya que esperar por ellas en paciente y completa resignación. Los primeros en ejercer la violencia son, por lo demás, los que están conformes y se sienten gananciosos con el orden establecido. Por algo se habla de “guerras de liberación” que se oponen a la acción represiva y hasta terrorista de los estados. Así como de grandes conflagraciones mundiales y cruentos conflictos al interior de las propias naciones entre opresores y oprimidos. Entre los que están en el poder y los que se sienten discriminados.


Los grandes líderes reconocidos por la humanidad son siempre los que tuvieron más firme resolución y expusieron hasta sus vidas en la consecución de sus propósitos. La historia habla de cómo se denigró a nuestros padres de la patria y de la forma en que muchos de ellos terminaron asesinados, confinados o en el destierro. Es cosa de ver qué sucedió con O´Higgins, por ejemplo, obligado a abdicar por una conspiración que lo amenazó con más sublevaciones y guerras en una república que no terminaba de constituirse. O lo sucedido también con San Martín, Bolívar, Sucre y tantos otros patriotas que tendrían que esperar muchos años después de sus muertes para ser reconocidos en toda su valía y legitimidad.

Porque de lo que menos se les acusó fue de ambiciosos, terroristas, criminales y ladrones por quienes se sintieron afectados por sus gestas liberadoras.  Tal como se sabe que incluso los grandes promotores de la “no violencia activa” tuvieron siempre que convivir y complementar sus loables esfuerzos con los que prefirieron los métodos más radicales de lucha. Como sucediera con los Ghandi, los Mandela y hasta muchos profetas y figuras morales a lo largo de toda la trayectoria humana.

La historia no les da finalmente reconocimiento a los llamados moderados y mediadores, los que habitualmente terminan arrollados por la fuerza de los acontecimientos.  Incluso en el periodismo, la literatura y el arte, son finalmente enaltecidos aquellos que muestran compromiso con el porvenir. Nunca a los ponderados y autoproclamados independientes u objetivos, como suelen autodefinirse hoy en Chile algunos medios y plumarios que lo que realmente se proponen es frenar el ímpetu de la justicia, como discurrir salidas que reviertan los cambios, así sea con la violencia policial y las asonadas militares.

 Treinta años el país esperó que su “clase política” le pusiera fin a la Constitución de Pinochet y echara abajo el poderoso andamiaje de leyes injustas, privilegios irritantes y corrupciones. Por el contrario, los gobernantes y parlamentos de la postdictadura terminaron encantándose con el “legado” del Dictador y emprendieron nuevos asaltos al erario público, otorgando toda suerte de privatizaciones, concesiones y oportunidades para los que vinieron del extranjero a enseñorearse en nuestra reservas mineras, acuíferas, pesqueras y forestales, además de recibir aquellas empresas públicas que los militares no alcanzaron a conceder a las transnacionales.

Sin embargo, en su desesperado estallido cupular, de pronto ahora derechistas, concertacionistas y otros proclaman que sí podría satisfacerse las demandas populares dentro de la Constitución vigente, aceptando que Chile ha vivido en un vergonzoso estado de inequidad y abusos. Hablando de la boca para afuera, por supuesto, porque en estos cuatro meses de alta tensión social no ha surgido de ellos ninguna iniciativa realmente transformadora y, por ende, pacificadora.

Pero ya es muy tarde y difícil que se les crea. Finalmente, gracias a la movilización social, tuvieron que consentir con un plebiscito y una convención constituyente, aunque con la trampa implícita de que la nueva carta fundamental tendría que requerir que todo sea aprobado por los dos tercios o más de quienes se les encomiende su aprobación y redacción. Con lo cual a lo que aspiran es a que los cambios se desbaraten y mucho se quede exactamente igual. Tuvieron, además, la pretensión de que el pueblo se calmase con esta “salida institucional”, que la furia se alejara de las calles y que los partidos y políticos profesionales pudieran recuperar el prestigio y liderazgo perdidos.

Pero no ha ocurrido así. Tal parece que el estallido social no se va a afectar con la acción de los contemporizadores, timoratos y oportunistas y su discurso del miedo. Que el levantamiento social no se conformará con promesas y soluciones a medias. Que felizmente al pueblo no le bastará que se trabaje en una nueva Constitución, sino que se ponga término a las injusticias cotidianas, el saqueo de las grandes empresas, el cohecho transversal de la política y las prácticas represivas de un nuevo gobierno que viola grave y sistemáticamente los Derechos Humanos, como se ha anota con contundencia en los informes internacionales. De allí que sea tan importante que en abril próximo votemos por un SI a una nueva Carta Magna, además de aprobar que la asamblea constituyente quede integrada totalmente por quienes resulten después elegidos por la ciudadanía, sin espacio alguno para los gobernantes y legisladores actuales vestidos con piel de oveja.

En ello podría radicar la posibilidad de que Chile tenga una Constitución impuesta por la mayoría soberana y no por los quórums tramposos predeterminados por los inventores de la ocurrencia cupular referida. Al mismo tiempo, es indispensable que continúen las protestas de quienes quieren derribar el sistema previsional, de los que se oponen a los cobros abusivos de la locomoción colectiva y el uso se nuestras carreteras, de los que buscan recuperar la iniciativa y responsabilidad del Estado en la economía, el trabajo, la salud y educación, así como para terminar con la rapacería de nuestras riquezas básicas. 

La historia también nos enseña de las trágicas restauraciones, reconquistas y contrarrevoluciones, cuando la unidad de los insurgentes se deteriora, se impone el conformismo o gana el temor tan bien azuzado por las fuerzas reaccionarias. Lo que derivaría, como ha ocurrido tantas veces, en una verdadera y cruenta guerra fratricida.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 23 de octubre de 2019

A pesar de Pinochet y Piñera, Chile está vivo



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
“Eso no esta muerto, no me lo mataron
Ni con la distancia ni con el vil soldado”
Silvio Rodríguez

A mediados del año 2011, a instancias de Ernesto Villegas quien en ese entonces era el director del periódico Ciudad Caracas comencé esta aventura de escribir un artículo semanal. El primero, publicado en medio de grandes protestas estudiantiles el 11 de agosto de ese año se tituló “`Por la razón o la fuerza´, Chile está vivo”. Vengo ahora, ocho años después a corroborar esa afirmación.


Ese escrito concluía señalando que: “… la derecha regresó y todo siguió igual, salvo que se desvaneció el efecto somnífero bajo el influjo de una nueva generación que no conoció la dictadura, pero si sus perniciosos efectos antidemocráticos y neoliberales. Restricciones al estudio y al trabajo, pobreza encubierta, una de las distribuciones más inequitativas del mundo, privatizaciones por doquier, falta de oportunidades, un futuro incierto y otras perlas han hecho estallar el paraíso de Pinochet y la Concertación. Hoy los jóvenes están en las calles y luchan por sus derechos. Han comenzado a hacer válido el lema del escudo de Chile, “Por la razón o la fuerza”. Toda la fuerza de la juventud chilena está en favor del pueblo en su lucha. Chile está vivo”.

Tenía plena seguridad que esto iba a ocurrir, recuerdo aquellas palabras de Raúl Pellegrin en octubre de 1988, pocos días después del plebiscito que permitió perpetuar la dictadura en forma de democracia protegida por una Constitución que fue “aprobada” cuando no había parlamento, ni registros electorales, cuando los partidos políticos y sindicatos eran ilegales, cuando como dijo el propio dictador, no se movía ni una hoja sin que él lo supiera.

Pellegrin, jefe del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) lo alertó con una extraordinaria visión de largo plazo pocos días antes de entregar su vida en la lucha contra la dictadura: “… ahora con esta democracia naciente que viene a disfrazar la dictadura y sus crímenes, se avecinan tiempos difíciles para los revolucionarios, intentarán destruirnos, el enemigo nos cercará, nos aniquilará, destruirá nuestra logística y las comunicaciones, mellarán nuestra confianza, nuestra moral, intentarán aislarnos del pueblo. Intentarán perpetuar su modelo de dominación económica y política, intentarán maquillar y legitimar la esencia de un sistema injusto y criminal. En ese difícil escenario que se avecina, quedaremos muchas veces aislados, sin provisiones, sin medios, cercados, agobiados, muchos de nosotros posiblemente caeremos. Sin embargo, en este difícil momento se define el carácter histórico de nuestra lucha, no debemos dejar de luchar, mantener la lucha irrenunciable del pueblo por la dignidad y la justicia”.

Que no se diga ahora que no se sabía lo que se estaba entronizando: el modelo “perfecto” de democracia neoliberal tutelada por “socialistas” que tenían y tienen precio y una alianza de partidos que eran y son capaces de vender su alma al diablo con tal de maximizar ganancias. Habían descubierto que la política era un buen negocio a través del cual era fácil engañar y esquilmar al pueblo. No digo nada de la derecha, el golpe de Estado contra Allende y los 17 años de dictadura con su secuela de asesinados torturados, desaparecidos y exiliados hablan por si solos.

Lo cierto es que unos y otros se confabularon para mantener el modelo pinochetista durante los últimos 29 años que para muchos fue parte del ocaso de la vida que protagonizaron durante las luchas políticas de la década de los 70 y 80 del siglo pasado. Pero que para los jóvenes que nacieron tras el fin de una dictadura que no conocieron y que tuvieron la “oportunidad” de desarrollarse en una democracia plagada de vicios, de componendas, de colusiones, corrupción, malos manejos y entrega del Estado y el país a las empresas privadas, la mirada es de presente y de futuro.

La democracia para esos jóvenes que hoy están en las calles luchando por sus derechos es la que expone educación, salud, seguridad social y servicios (incluyendo el agua) totalmente privatizados. Les quisieron hacer creer que la democracia era así, que es normal que haya cinco familias dueñas del 30 % de la riqueza nacional y que es un hecho natural que el 70% de la población esté endeudada para mantener una burbuja de estabilidad a fin de decirle al mundo que éste era un país que se caracterizaba por poseer una clase media en constante expansión.

Todo explotó y se desmoronó a partir del 18 de octubre, los que supusieron que la dictadura había muerto, se tendrán que convencer ahora que no es así, el gobierno le declaró una vez más la guerra al pueblo, al que catalogó de delincuentes, vándalos y desalmados. La esposa de Piñera caracterizó las manifestaciones como una ”invasión alienígena” que obligaba a los ricos a “tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”.

Las imágenes más que las palabras han mostrado durante estos días la dimensión de la brutalidad fascista que al igual que el 11 de septiembre de 1973 emergió a la luz pública después de permanecer oculta durante décadas bajo el manto de una oligarquía voraz refugiada en una alianza con el gobierno de Estados Unidos que la protege.

Los que suponían que el “Nunca más” era cierto, han visto con asombre el resurgimiento de la CNI en forma de civiles armadas con fusiles de guerra asolando, reprimiendo, torturando y asesinando a la población civil. La doctrina de seguridad nacional que cataloga al pueblo como enemigo renació de la mano de Piñera, de su gobierno y de las instituciones que son amparadas por la Constitución de Pinochet.
Y en medio de todo este panorama que contradictoriamente expresan desolación por un lado y determinación y lucha por el otro, una noticia muy grave ha quedado sumergida bajo el torrente de información de estos días.

En lo que supone el formal renacimiento del “Plan Cóndor”, el 17 de octubre pasado se realizó en Santiago -tras su creación en Brasil- la segunda reunión de jefes de servicios de Inteligencia para dar continuidad al funcionamiento de la Red de Inteligencia Sudamericana Frente al Crimen Organizado y el Terrorismo (Riscot), Tal tenebrosa red está conformada por siete países de Sudamérica: Chile, Colombia Argentina, Brasil, Perú, Paraguay y Uruguay. El objetivo es intercambiar información sobre amenazas y riesgos a nivel regional, lo cual es un eufemismo largamente utilizado para justificar la implementación de la ya mencionada doctrina de seguridad nacional contra nuestros pueblos.

Tal reunión fue conducida por Luis Masferrer en su condición de director de la Agencia Nacional se Información (ANI) de Chile, continuadora de la Dirección de Seguridad Pública e Informaciones y del Consejo Coordinador de Seguridad Pública, nombre oficial de la lúgubre “Oficina” creada por Patricio Aylwin para lavar la cara de la CNI pinochetista y a través de la cual se le entregó al partido socialista la conducción de la represión de las organizaciones revolucionarias.

Todo este entramado se ha puesto otra vez en funcionamiento en días recientes, con las consecuencias que hemos podido ver de forma amplia en imágenes y audios que presagian el regreso a una situación que se creía definitivamente enterrada en el pasado.
sergioro07@hotmail.com

sábado, 26 de enero de 2019

EEUU intenta dar un golpe al pueblo soberano de Venezuela


Por Norma Estela Ferreyra: 

Cuando una Constitución surge de un Plebiscito  y se dispone que el Pueblo gobierna por sobre cualquiera de los poderes instituidos por intermedio de una Asamblea que controlará a los mismos, pudiendo ejercer el derecho de Revocatoria de cualquiera de los cargos, incluido el mandato presidencial, no existe manera de vencerlo, ya que se erige en el custodio de la soberanía.

¿En dónde reside su poder soberano?  Artículo 5. La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos.

¿Puede manifestarse el Pueblo? Artículo 68. Los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a manifestar, pacíficamente y sin armas, sin otros requisitos que los que establezca la ley.  Se prohíbe el uso de armas de fuego y sustancias tóxicas en el control de manifestaciones pacíficas. La ley regulará la actuación de los cuerpos policiales y de seguridad en el control del orden público
¿Qué es la revocatoria? Artículo 71. Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; por acuerdo de la Asamblea Nacional, aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes; o a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral. También podrán ser sometidas a referendo consultivo las materias de especial trascendencia municipal y parroquial y estadal. La iniciativa le corresponde a la Junta Parroquial, al Concejo Municipal y al Consejo Legislativo, por acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes; el Alcalde o Alcaldesa y el Gobernador o Gobernadora de Estado, o a solicitud de un número no menor del diez por ciento del total de inscritos en la circunscripción correspondiente.

Artículo 72. Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato……”   Y podría seguir con las maravillas de esta Constitución, pero mejor les dejo el link: para leerla completa : https://www.oas.org/juridico/mla/sp/ven/sp_ven-int-const.html

Ojalá tuviéramos, los argentinos, una Constitución idéntica, que permite al pueblo soberano revocar el mandato  de cualquier cargo y magistratura. Seguramente, no tendríamos hoy, a un gobierno que utilizó el fraude electoral, prometiendo lo contrario a lo que iba a hacer, mintiendo para acceder al cargo, como tampoco tendrámos que tolerar en su cargo a los legisladores peronistas que accedieron a su cargo por ese partido y hoy se burlan de la doctrina del Gral Juan Domingo Perón, dando su voto en contra de los derechos de los jubilados, a favor de despidos masivos y de salarios de hambre, del endeudamiento salvaje con el FMI y tantas otras aberraciones jurídicas, que son toleradas por un poder judicial corrupto y cobarde, en su mayoría. Estos “representantes” se olvidaron del pueblo que dijeron representar y votan  a “Cambiemos”, seguramente, a cambio de altas coimas.

Pero volviendo a Venezuela hay que decir que Turquía, Irán, Rusia, China, Cuba, Bolivia, Uruguay, son apenas una muestra del apoyo con que cuenta Nicolás Maduro, elegido por su pueblo,  en quien reside la soberanía de ese maravilloso país, hijo de Bolívar y Chávez, entre tantos otros héroes y patriotas.

¿Quiénes desconoce a Maduro?. Apenas unos cuantos países que se resumen en uno, que es  EEUU ya que los demás son sus lacayos, como  grupo de Lima.
Diego Olivera, máximo periodista que lleva adelante el Periódico Barómetro Internacional, de gran prestigio en el mundo, opinó en HispainTV y dijo, entre otra cosas, que es irrisoria e indigna, por parte del presidente de la Asamblea Nacional en desacato y que se basa en un  acto inmoral de Trump, para provocar una crisis. Pero hay que recordar que la derecha venezolana se equivocó al no participar de las elecciones y ese fue su error. Ahora ponen  la mentira al servicio de los intereses de EEUU, que ha destruido a países como Libia, y muchos otros, para apoderarse de sus riquezas. Trump no tiene moral para tener injerencias en Venezuela, para quitarle la libertad  y la independencia a su pueblo. (Esta síntesis conceptual, escueta y no textual, nos da una idea de la solvencia intelectual y del coraje de Diego Olivera, a quien admiro profundamente)

Como argentina y columnista de ese periódico, he podido comprobar las mentiras  que se promocionaban en vídeos desde YouTube, con falsas filmaciones de marchas, que no pertenecían a este momento, sino a varios años atrás y a otras realidades. El autoproclamado presidente encargado, hizo de la mentira un circo mediático, con una difusión distorsionada de los hechos, que eran muy distintos,  comparándolos  con la organización de un pueblo con agallas, que está dispuesto a defender la constitución y al gobierno que votaron. Inclusive, usaron las marchas a favor de maduro, como falso apoyo al falso “presidente encargado”, como se lo nombra, absurdamente.

Estos atropellos al gobierno y al pueblo venezolano, se hacen cuanto se cumplen 61 años del derrocamiento de la terrible dictadura que se había instaurado en este mismo país, por una injerencia anterior de EEUU.  Algo curioso pero ya muy conocido, para el mayor injerencista en asuntos internos de otros países, que existe en el mundo,  como es el que hoy dirige Donald Trump.

Por lo tanto, les pido que sepan diferenciar las noticias falsas, mentirosas y que forman parte de un show mediático. Utilicen canales serios de información para evitar engaños. Difundan la verdad entre sus amigos. Y adviertan que el fraude eleccionario es el camino que siguen los  países lacayos, como el nuestro, para poner a la democracia al servicio de intereses foráneos. Luchen contra todo tipo de fraude, que es la moneda corriente de la corrupción, el engaño y el saqueo de las naciones y de su pueblo.

normaef10@hotmail.com

miércoles, 3 de octubre de 2018

Los ganadores y perdedores del Triunfo del NO


 Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Análisis político

Al celebrar a treinta años el Triunfo del No en el plebiscito que convocó Pinochet para continuar en el poder, es justo y necesario destacar a quienes hicieron posible este logro. Desde luego, lo primero que habría que reconocer es que el mérito lo tienen fundamentalmente los chilenos que se atrevieron a concurrir a las urnas y desafiar un proceso eleccionario sin las suficientes garantías republicanas, al mismo tiempo que sacudirse aunque fuera un día de los temores de la población después de diecisiete años de dictadura.


No debemos olvidarnos que la consulta popular fue iniciativa de los gobernantes exigidos por las presiones de Estados Unidos, algunos partidos políticos y otras instancias nacionales y extranjeras que temían la posibilidad de que creciera la convulsión social y la salida chilena emulara lo ya acontecido en Cuba y Nicaragua. Que se impusiera una vía insurreccional que finalmente le diera el triunfo a un gobierno de corte radical, por cierto contrario a los intereses de quienes habían propiciado el Golpe Militar y consolidado un régimen favorable a las compañías extranjeras que miraban con inmensa codicia nuestros recursos naturales. No podemos borrarnos de la memoria la cantidad de recursos, invitaciones y otros que se le asignaron a los mandamases de la Democracia Cristiana, a los socialistas “renovados” y otros para que separaran aguas con el Partido Comunista, el MIR y las organizaciones de derechos humanos.

Quienes estábamos a la cabeza de los medios de comunicación disidentes fuimos testigos de la millonaria oferta que nos hizo personalmente en embajador norteamericano en Chile para que le cerráramos nuestras páginas al Movimiento Democrático Popular y a quienes propiciaban por entonces “todas las formas de lucha” en contra de la tiranía. Oferta que a muchos con complace haber rechazado y persistido en nuestra voluntad de propiciar la más amplia unidad del pueblo y sus instituciones democráticas. Lo que explica que, después, con Patricio Aylwin en el poder,  se acometiera la persecución a estos medios, hasta ahogarlos para que no siguieran propiciando juicio y condena a los opresores, relaciones con todos los países del mundo, así como el fin de un modelo económico y social que hasta hoy  los ricos más ricos y mantiene altíosimos índices de pobreza, desempleo y discriminación. Lo que da origen a la “mano de obra barata” que es uno de nuestros grandes incentivos al capital foráneo.

Ciertamente se impuso el camino del “dialogo” y del plebiscito, después de haber fracasado el atentado al Dictador, pero no puede caber duda que éste es la reacción desesperada de los militares, del gran empresariado y otros al comprobar las acciones del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y toda esa red de organizaciones sociales que fueron capaces de consolidar unidad y organizar protestas callejeras que efectivamente  tenían la posibilidad, más temprano que tarde, de derrocar a Pinochet o lograr que sus mismos efectivos se encargaran de ello. Sobre todo después de comprobar que éste, además de asesino, se enriquecía en el poder y lo animaba por sobre todas las cosas perpetuarse en él al precio que fuera.

Si bien muchas protestas sociales fueron  “pacíficas”, no hay duda que con ellas también las hubo más extremas, como las que se prodigaban en las noches con los provocados cortes de luz, las barricadas y tantas otras manifestaciones incluso armadas que, a la hora del balance de estas jornadas, eran apreciadas por los partidos y agrupaciones no violentas. Como personalmente pude apreciar en la satisfacción de un Gabriel Valdés, el líder demócrata cristiano, cuando se enteró de que Santiago estaba prácticamente a oscuras, mientras un frenético Pinochet sobrevolaba la Capital, profiriendo amenazas de todo orden.

Debiéramos asentir que fue la combinación de “todas las formas de lucha”, justamente,  la que resultó victoriosa después de esos instructivos que nos llamaban a paralizar las actividades, bloquear puentes y caminos, tomarse las poblaciones y ejecutar una enorme e imaginativa cantidad de acciones conforme a las posibilidad de cada cual. Después de comprobarse que el Paro Nacional no podía resultar por si mismo exitoso con el enorme temor que provocaba en los trabajadores quedar desempleado o ser reprimido. En poco tiempo, los chilenos descubrieron rápidamente la impostura de muchos de los dirigentes políticos pacifistas, cuando todavía se recordaba que varios de éstos habían justificado la asonada militar de 1973, el bombardeo a La Moneda y la instalación de campos de concentración, exterminio y tortura a lo largo de todo el país.

De allí que después de treinta años resulte tan sorprendente que haya columnistas y otros ex militantes de la izquierda que, ahora desde El Mercurio, sus bien financiados centros intelectuales y curules del Congreso le resten mérito a quienes efectivamente combatieron en vez de “negociar” una salida política que hasta ahora ha consolidado la Constitución de 1980, su modelo económico y toda la posdictadura. Muy extraño resulta que cuando se celebran las gestas de la Emancipación y la victoria contra el fascismo en Europa, personajes como Washington, Bolivar, San Martín, Sucre y O´Higgins sean reconocidos como héroes, cuando se sabe que realizaron acciones de indisimulada violencia para combatir a los conquistadores. Con seguridad, mucho más extremas que las que conocimos en las luchas contra los régimenes militares de América Latina. O que el Viejo Continente, se ufane de sus partisanos y la de aquellos luchadores que con su acción les brindaron genuina democracia a tantos países. Y no un régimen híbrido como el que en nuestro país se mantiene.

No podemos olvidarlos de esa noche de ese 5 de octubre cuando  la alegría se hizo tan manifiesta y extendida en el centro mismo de la Capital, donde el pueblo victorioso hasta quiso avanzar hasta La Moneda. Con un fervor en que muchos políticos se desgañitaron en impedir a sabiendas que ello podría dejarlos literalmente en la vereda de un desenlace democrático más nítido y de raigambre popular. Donde ciertamente las llamadas “cúpulas políticas” quedarían superadas.

Más bien lo que habría que preguntarse a partir de aquel Plebiscito es quienes realmente ganaron aquel día, cuando el propio Pinochet se encargara después de entregarle la Banda Presidencial a su sucesor, se constituyera en senador vitalicio y, posteriormente, fuera rescatado por sus sucesores de un justo y ejemplar juicio en el Tribunal Internacional de Justicia. Después de estar detenido en Londres.

Preguntarnos a treinta años de este plebiscito, por qué el país no ha podido darse una nueva Carta Fundamental; por qué la impunidad de los crímenes de la Dictadura favoreció a los principales ejecutores de la Dictadura; por qué, en vez de recuperar nuestras yacimientos y riquezas, las transnacionales, más que antes, se enseñorean ahora en nuestro territorio. Cómo pudo ser que se consolidaran el régimen previsional y tantos otros despropósitos en la salud y la educación de los chilenos. Y por qué, finalmente, Chile se abrió a la lacra de la corrupción que hoy cruza el espectro de la política representativa, las camarillas empresariales y hasta las propias organizaciones laborales.

Todo esto y más podríamos preguntarnos cuando la derecha se ha instalado de nuevo a La Moneda y un Sebastián Piñera agrede la dignidad nacional reuniéndose con Trump para mostrarle cómo nuestra Bandera está en el centro, en el corazón mismo, como le señaló, del pendón estadounidense, en un acto deleznable que ni el propio gobernante norteamericano pudo entender o darle crédito.

Todo lo cual, sin duda, sería devastador sin el consuelo de saber que todavía Salvador Allende es ante el pueblo un verdadero héroe, el que mantiene más prestigio y admiración como lo reflejan las encuestas. Aunque todavía no “se abran las grandes alamedas para que pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”, como lo propició en sus últimas palabras.

domingo, 23 de octubre de 2016

Colombia No más dilación

Por Alejandro Rivera Camero
 Radio Ciudadana

Esta semana es fundamental para superar la incertidumbre jurídica y política que emerge tras el resultado negativo del Plebiscito refrendatorio de los Acuerdos de paz, firmados entre el gobierno colombiano y la insurgencia de las FARC- EP. Sus efectos vienen siendo analizados ampliamente; sin duda el hecho ha sido descrito desde muchos ángulos que dejan ver la persistencia de viejas costumbres políticas profundamente arraigadas en la cultura y en la mentalidad de la nación; pero que a su vez, contrastan con la irrupción de una Colombia joven, poderosa y alineada con los 6 millones de víctimas que deja el conflicto armado y social. La posibilidad de un regreso a la guerra en Colombia no es una ficción, es un verdadero peligro. La Paz es un derecho ciudadano y es obligación del Estado prodigarla. No más dilación.



La refrendación vía Plebiscito de la decisión política más importante en la historia reciente del país, es el producto del pulso entre el gobierno colombiano y la dirigencia de las FARC-EP. El Secretariado prefería el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente y no el Plebiscito. Una jugada que resultó suicida, dada la impopularidad de ambos actores frente a la Opinión Pública nacional, e innecesaria, pues los 7.816.986 de votos obtenidos en la segunda vuelta de la Campaña Presidencial el 7 de junio de 2014 provenían, en gran medida, del apoyo al Proceso de Paz. No tanto así, a la figura del Presidente Juan Manuel Santos Calderón.
La Estrategia comunicativa del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, implementada durante el periodo 2002 -2010, construyó desde los medios masivos de comunicación y a través de una retórica emocional, un imaginario que convierte a las FARC-EP en el gran enemigo del país, en el demonio. El trabajo académico Ficciones del Poder del investigador de la Comunicación Política, Fabio López de la Roche, subraya la manera cómo ese discurso que él denomina antifariano o Pedagogía del odio hacia las FARC-EP, privilegia una sobreexposición de las víctimas de las FARC por encima de otras víctimas y a su vez ubica a la insurgencia como la principal victimaria sobre otros actores del conflicto armado. Por supuesto, a ello contribuyó también el accionar armado de esta guerrilla.

Además, se subestimó la fuerza electoral de sectores políticos de una derecha representada en la figura del Expresidente y hoy Senador Uribe Vélez, en un país que viene de un giro marcado hacia esa tendencia política.
La estrategia de la campaña opositora, centrada en la exacerbación del odio y no en el conocimiento de los Acuerdos establecidos en La Habana,  posteriormente jugó en contra de los ganadores. Sus demandas sobre el Acuerdo son percibidas como improvisadas en unos casos o inaceptables en otros. Más aun, la derecha decente del país también comparte esa percepción.
Esta circunstancia parece dar razón a la tesis de que lo que estaba en juego en el tablero político no era la legitimidad del Acuerdo, sino una tensión irresoluta entre el Ex Presidente Uribe Vélez y su heredero político, Juan Manuel Santos. Éste último, empeñado en causar una nueva derrota electoral a su oponente y, a su vez, el Senador Uribe preparando su regreso al poder en el 2018, de la mano del Ex Procurador General, Alejandro Ordoñez; el mismo funcionario que inhabilitó políticamente por 12 años a la Ex Senadora Piedad Córdoba, al Profesor Guillermo Raúl Asprilla, Secretario de Gobierno del Ex Alcalde Gustavo Petro y recientemente al mismo Petro. 12 años de inhabilidad son equivalentes a una cadena perpetua decía Guillermo Asprilla Coronado. La historia ha demostrado la perversidad de estas condenas, que responden a intereses del mismo grupo político que hoy pretende dilatar la decisión del fin de la guerra en Colombia.
La catarata de propuestas para desenredar la firma del Acuerdo es infinita, pero la exigencia de la gente en la calle requiere de una solución de corto plazo para iniciar la implementación de lo acordado lo más pronto posible. Aun cuando la insurgencia ha ratificado su vocación de paz y el cese bilateral al fuego ha sido extendido, la amenaza de un primer tiro es latente. 
 
Aquí no hay tiempo para complacer a todo el mundo, ni para argucias jurídicas. La prensa local registra cómo, luego de una semana de explicaciones sobre el tema del enfoque de género, la oposición (la uribista), no la oposición informada y seria, sigue remarcando la tal ideología de género con unos argumentos que además de sorpresa, generan pena. Resulta bochornoso  escuchar al Señor Fernando Londoño- cuadro uribista- defender, el pasado 10 de octubre en su programa de Radio para la empresa RCN, la necesidad de: “mandar a Humberto De La Calle a La Habana a hablar con esos bandidos y que corrijan esos  Acuerdos y los reduzcan a unas 26 páginas”. ¿Eso es serio?

La perspectiva de género concebida en el Acuerdo está relacionada con temas como el derecho a la igualdad o la violencia sexual ejercida contra niñas y mujeres inermes. En una de las jornadas pedagógicas sobre la paz, organizada por el Movimiento Poder Ciudadano en la localidad de Ciudad Bolívar en Bogotá, se escuchó el relato escalofriante de una líder local que narra la historia de algunas adolescentes y mujeres que jamás volvieron a pronunciar una palabra luego de violaciones sexuales brutales que, además de las heridas emocionales, les dejaron severas discapacidades físicas, como  consecuencia de reconstrucciones pélvicas motivadas por el ataque. El Auto 092 de la Corte Constitucional sobre violencia sexual en el conflicto armado colombiano, identifica 142 casos en el periodo 1990-2010, de los cuales 129 (93%) fueron perpetrados por grupos paramilitares. Las dimensiones de este tema deben mirarse a profundidad. El sufrimiento en Colombia ha sido enorme.

La oposición uribista propone modificaciones que resultan ser estructurales en el Acuerdo. Por ejemplo, renegociar puntos relacionados con la participación política de los desmovilizados, la conformación de una Justicia Especial de Paz y los temas de despojo de tierras. No existe la menor posibilidad de que la insurgencia de las FARC.EP se desmovilice y haga una dejación de armas para que su dirigencia se vaya a la cárcel y renuncié al ejercicio político democrático. No hay que olvidar que esta guerrilla no fue derrotada militarmente, aunque si seriamente debilitada tras la pérdida reciente de por lo menos tres de sus figuras emblemáticas.

El investigador colombiano Francisco Gutiérrez Sanín, sostiene que la participación política de la guerrilla desmovilizada no es un disparate de los Acuerdos; es uno de sus más grandes aciertos. En sus palabras, democratiza el poder y es una condición fundamental para una paz sostenible.

La idea de modificar los acuerdos en términos del despojo de tierras es delicada,  el origen de las FARC está ligado a la demanda de un Programa Agrario que sigue defendiendo desde 1964. Es tan complejo el tema del despojo de tierras en Colombia que el propio Presidente Juan Manuel Santos hizo recientemente un llamado a la Fiscalía General de la Nación, para que resuelva los crímenes contra líderes reclamantes de tierras, que se estiman en al menos 400 durante la última década. 400!!!!

Desmontar la Justicia Transicional, por un Tribunal dentro de la estructura de la Rama Judicial ordinaria y negar la intervención internacional en esos procesos, parece temerario. Sus contradictores han señalado que su interés en estos temas responde a expectativas personales y de su más cercano grupo político, al punto, inclusive, de pretender ocultar la verdad de los horrores de la guerra en Colombia.

En este marco de turbulencia, intentar desatar el nudo mediante la designación  de comisiones, mesas de trabajo, nombramientos de comités, Tribunales etc., etc., puede ser un desacierto. Casi todo lo que se encargué por esa vía en el país, termina en una gran decepción. A no ser que trate de trabajos académicos.
La revisión de aquello que sea renegociable puede liderarlo el propio Presidente Juan Manuel Santos, de frente al país con fecha de inicio y fecha de terminación.  La Gobernabilidad es un ejercicio de poder. ¡Hágalo Presidente!
radiociudadanaonline@gmail.com