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viernes, 25 de octubre de 2019

Dejan desnuda esencia neoliberal



Por Rafael A. Ugalde:   
Quienes duden de que el neoliberalismo llegó para quedarse en América Latina, si no se extirpa su talón de Aquiles: la corrupción, ausencia de bien común y fascismo remozado (judicializa la protesta social, garrotea si no le obedecen, prohíbe huelgas, lincha mediáticamente a sus opositores, esconde lo que le perjudica, etc.), termina siendo aliados de él, defendiendo pinches reivindicaciones propias de una “economía inmoral”.
Busca desarticular toda organización que no sean sus cámaras y organizaciones, precisamente entre los grupos más “golpeados”. Además, “legitima” un modelo insaciable y arropado con un discurso mesiánico y cargado de miedos, de tal magnitud que, el tecnócrata inteligente se vuelve tonto y el tonto se hace loco.


Mientras tanto, con algunas excepciones, la llamada “izquierda” y algunos gremios siguen plantados en focalizaciones “reivindicativas”, a lo sumo. Útiles cincuenta años atrás cuando en nuestros países existían dos o tres confederaciones ideológicamente enfrentadas en la defensa del llamado “Estado del bienestar”.

Erigido por los sectores agroexportadores, dependientes de una estable metrópoli, no necesitaba transformación alguna del statu quo, pues sus naciones satélites experimentaban contradicciones fácilmente focalizadas. De esta forma, si ese Estado social carecía de fondos, no tendríamos escuelas y los hijos de jornaleros no irían al liceo ni a la universidad pública, etc.

Eso importaba mucho a los líderes sindicales; por ende, todos debíamos contribuir para que la comunidad más lejana tuviera su escuela nueva, hubiese agua potable, seguridad social y electricidad. Ahora, cuantos más ignorantes produzcamos, más barata es la mano de obra y el rebaño mejora.

Con la caída de 36 años de neoliberalismo en México y la llegada del presidente Andrés Manuel López Obrador, quedaron entredichas las “mentirillas” de este modelo voraz. Los “sesudos” escribidores, periódicos y telenoticieros, otrora defensores del sistema, son hoy el mejor ejemplo de cómo identificar una “news fake”. Nunca vieron que la corrupción y la impunidad tenían su origen en las altas esferas de los poderes republicanos, controladas estrictamente por los partidos PRI, PRD y PAN.

Esta “economía inmoral”, a todas luces concebida para que la corrupción fuera una forma de cotidianidad: perdonaba impuestos a sus grandes contribuyentes, imponía agresivas reformas (fiscales, educativa, constitucionales, etc), estrujaba las pensiones de hambre, excluía docentes incómodos, asesinaba ambientalistas y estudiantes, y lucraba con la maltrecha seguridad social, etc.

Los auténticos ladrones de combustible (huachicoleros) eran escondidos con sus ganancias anuales de 60.000 millones de pesos (unos $3.000 millones), mientras los influyentes diarios y las voces oficiales “moralizaban” sus auditorios presentando como “sinvergüenzas” de barrio a quienes extraían hidrocarburos. Pero la realidad era distinta: gente de hogares desechos por el neoliberalismo, niños excluidos de la educación por no pagárseles escuela privada y jóvenes desempleados entregaban su combustible extraído clandestinamente a una mafia oficial para que lo distribuyeran en estaciones de servicios, donde vendían el 75% de gasolinas robadas y el 25% comprada a Pemex.

Dicha refinadora quebró por la alta gerencia parasitaria, puesta allí para venderla por su supuesta falta de rentabilidad. De ese modo engañaron a la ciudadanía y le informaron que la “muerte” de tan importante empresa estatal era por causa de los altos salarios pagados a sus miles de trabajadores.

La seguridad social mexicana también era candidata a venderse, quebrada con sobreprecio de medicamentos, induciendo la falta de especialistas, con la remisión de enfermos al sistema privado de atención, etc. Triangulaban, incluso, recursos públicos vía concesiones, para encarecer tres o cuatro veces estratégicas carreteras, puentes, escuelas y otros proyectos.

Contrario a lo anterior, las organizaciones sociales en Bolivia, con el mayor crecimiento económico de la región e inclusión social aprendieron, por ejemplo, que el neoliberalismo se enfrenta con un plan alterno y realizable, situando a los más pobres en el centro de las ocupaciones estatales.

Para que eso sea posible hay que fomentar el ahorro interno y los valores éticos, en la actualidad descabezados -la solidaridad, la transparencia, la honestidad, el bien común, la autodeterminación como política estatal, el respeto mutuo entre todos los Estados del mundo, etc.-, sin perder de vista la exigencia de terminar –no el cuento ese de “vamos a combatir”– la corrupción. Pues es falso ubicarla en las gradas de abajo de toda escalera del poder, porque está en las de arriba. ¡Habían olvidado barrer de arriba hacia abajo!

rafaelangeluq@yahoo.com

domingo, 19 de mayo de 2019

El gobierno de López Obrador es popular, no es de los trabajadores, tampoco de la burguesía



Por Pedro Echeverría V.:

1. Acabo de leer una declaración del Ejército Popular Revolucionario (EPR); conozco la posición del Ejército Zapatista, así como la el pensamiento y la lucha política-sindical de los maestros de la CNTE. Con parecidos argumentos rechazan las políticas del presidente López Obrador desde la izquierda, desde el lado de los explotados y oprimidos. Creo que tienen un poco de razón porque AMLO no deslinda totalmente con la burguesía, porque le da miedo hacerlo por aquello del gran poder empresarial y del imperialismo que también busca joderlo. ¿O se piensa acaso que los conservadores, la derecha, no está lista para derrocar a AMLO cuando se lo proponga?


 2. Yo le tengo un gran respeto y admiración a todos aquellos revolucionarios izquierdistas que se juegan la vida luchando a diario -y por muchos años- con las armas en la mano, en las calles y las cárceles (como mi único héroe, el anarquista Ricardo Flores Magón). Sin embargo, la mayoría de las veces para destruir a la burguesía y el capitalismo, se necesita un pensamiento que entienda y explique la realidad. Por ello hay pensadores “FIFIS” como Petras, Chomsky, Amín, Wallerstein y otros, metidos en este asunto de los cambios revolucionarios. Pienso que mis amigos de las tres corrientes tienen que pensar en serio buscando la unidad, antes que muchos se arrepientan.

 3. Marx, al estudiar el capitalismo –particularmente europeo- definió que la contradicción principal, el enemigo antagónico del capitalismo, era la clase obrera o proletaria.  Que los campesinos fueron importantes en la época feudal, pero en el capitalismo jugaban un papel secundario en los procesos revolucionarios. Lenin, gran dirigente de la revolución rusa de 1917, discípulo de Marx, planeó que como en Rusia había poquísima clase obrera, los intelectuales “obrerizados” dirigirían la revolución. A partir de los años sesenta, ya intelectuales como Marcusse y sus amigos, demostraban que la clase obrera se había aburguesado al subsumirla el capitalismo.

 4. En Europa no hubo revolución anticapitalista, aunque electoralmente triunfaron gobiernos socialdemócratas (bautizados tramposamente de izquierda) que han gobernado haciendo reformas progresistas, pero reafirmando terriblemente el capitalismo. En Rusia los bolcheviques de Lenin tomaron el poder en nombre de la clase obrera, pero no pudieron construir el socialismo, quedándose en una especie de capitalismo de Estado. En China triunfó el campesinado de Mao en 1949, no se construyó el socialismo, pero a 30 años Deng iniciaría el desarrollo capitalista que la convertiría en un poderoso país en el camino de superar con creces al imperio yanqui.

 5. Pienso que intelectuales como Dussel, Bartra, Taibo (que no tienen ni la más mínima cola que les pisen), deben crear una comisión formal para ayudar a analizar y discutir con los compañeros del EPR, EZLN, CNTE y otros, acerca de la necesidad de unir esfuerzos para frenar un posible golpe de Estado dela burguesía y abrir de par en par las puertas para profundizar reformas socialdemócratas, por ahora; más adelante no sabemos.  Los gobiernos yanquis tienden a acelerarse porque sienten que están perdiendo terreno en el mundo frente a China que no deja de avanzar en los mercados. López Obrador es la gran oportunidad de México frente a un capitalismo salvaje. Pienso que otra oportunidad está lejos aún.

 6. López Obrador nunca fue marxista, pero levantó movimientos que ni 20 marxistas juntos –yo entre ellos- pudimos levantar nunca. Ha integrado un gobierno socialdemócrata, de clases medias o pequeño-burguesas, que ha sacudido a los empresarios, que ha puesto al borde de la desaparición a partidos burgueses (PRI, PAN, PRD,) que durante décadas nos patearon por atrás a los izquierdistas. ¿Representará el López obrador ismo otra forma de política que en vez de ser la clásica burguesa o la clásica de los trabajadores, sea amplia y popular? Quizá es tiempo de repensar nuestras concepciones poco antiguas para entender el futuro.

alterar26@gmail.com


viernes, 13 de julio de 2018

México hacia dónde va, para qué y cómo?.


Por Víctor Manuel Barceló:

¡México y Latinoamérica están de fiesta! ¡México eligió un Presidente a la altura de su papel en la historia! Afirma, sin rodeos, nuestro amigo cubano, diplomático de altos vuelos: Manuel E. Yepe. Coincidimos en que Andrés Manuel López Obrador llegó –en su tercer intento- a la primera magistratura de México, mediante amplia e indiscutible victoria electoral, que se expresó arrolladora e inobjetable, convirtiéndole en el Presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos para el período 2018-2024.



 Su candidatura fue presentada por El Movimiento de Regeneración Nacional, nacido como tal y convertida en partido político hace cuatro años. Morena es el más reciente partido con registro nacional, que bajo el comando de quien lo concibió –López Obrador- trabajó cuidadosamente la relación con los ciudadanos, fue limando asperezas con los sectores de poder (empresarios, intelectuales, maestros y otros). La alianza “Juntos Haremos Historia” incorpora en ella a los partidos Del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES), no sin dificultades en alguno de los casos, para que se entendiera con precisión la filosofía que sustentarían, no solo para cubrir el expediente ante los órganos electorales, sino como base de la campaña, que de modo intenso realizó López Obrador, a lo largo y ancho del territorio nacional, por algo más de tres meses.

Sus adversarios -PRI y PAN vergonzantemente unidos en lo oscurito- intentaron, por todos los medios lícitos y muchos ilícitos, afectar su prestigio. Este se soporta básicamente en su honestidad incuestionada que le llevó, por más de 20 años, a hacerse poseedor del que fue  su lema electoral: “La esperanza de México”, construido con apreciaciones populares y los compromisos que con la población reafirma constantemente AMLO, en cada reunión, en cada mitin, en cada oportunidad que tiene de expresarse ante los miles que le siguen por todas partes, con la esperanza a flor de piel de encontrar las respuestas al abandono en que viven, siendo más de la mitad de la población, connotada en situación de pobreza.

López Obrador no se cansa de expresar en quienes abreva el amor a la patria y con quienes se identifica para su compromiso con todo el pueblo. Están en su conciencia nombres y hazañas de quienes constituyeron las tres transformaciones que vive la nación mexicana en su proceso histórico, a partir de fundarse como tal. Desde la 1ª formulación de patria lograda con la libertad del yugo español por dos curas memorables: Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón en los principios del S. XIX. Para constituir la identidad nacional, también a sangre y fuego en luchas contra los mexicanos entreguistas y el ejército más poderoso de la época, bajo el comando de Napoleón el pequeño y su fuerza invasora, que consagró a Benito Juárez, vencedor en todos los terrenos hasta la expulsión de los invasores y el fusilamiento de su príncipe austriaco, para alcanzar el pináculo de la gloria y el respeto y honra de América.

Yepe anuda en un solo haz a Emiliano Zapata, Pancho Villa y Lázaro Cárdenas, calificándoles como constituyentes de “un hito en la historia política de América Latina y el Caribe”, extrapolando los hechos de nuestra Revolución Mexicana, afirmando que “inclina significativamente la balanza de poder a favor de las luchas populares, la unidad de América Latina y el apoyo a los gobiernos progresistas contra el neoliberalismo”, para poner a dicho movimiento nuevamente en acción libertaria.

Ver: https://cubaporlapaz.wordpress.com/2018/07/06/mexico-vuelve-a-su-lugar-en-la-vanguardia/

v_barcelo@hotmail.com

miércoles, 11 de julio de 2018

AMLO esperanza a México, pero ¿irá a fondo?


Por Emilio Marín:
Era falso el “fin del ciclo progresista” en Latinoamérica
El 1 de julio hubo elecciones en México y ganó el candidato de centroizquierda. AMLO encendió grandes esperanzas en su país y la región. ¿Podrá cumplirlas?

En 1992 Francis Fukuyama publicó “El fin de la historia y el último hombre”, dando por sentado la victoria no sólo estratégica del capitalismo. Los hechos mostraron que era un embuste. Proyectos progresistas y antiimperialistas florecieron en América Latina. Y las crisis sacudieron los cimientos del capitalismo, incluso de metrópolis. En 2008 colapsó Wall Street y en 2011 protestaron los indignados, incluso los de Occupy Wall Street.

Algo parecido a la sentencia de Fukuyama se dictó en nuestra región tras las irrupciones de la derecha de fina sintonía con Washington en Brasil, Argentina, Chile, Perú, Colombia, Paraguay, Honduras, etc, por la vía golpista o por elecciones. La última gota que rebalsaba el vaso fue la traición de Lenin Moreno a la Revolución Ciudadana de Ecuador y Rafael Correa.

Esas conclusiones sobre “el fin de ciclo progresista” mezclaban deseos con realidades. Había hechos que le daban verosimilitud, pero también mucha intencionalidad política disfrazada de sociología trucha y academicismo de cuarta. La fuente ya no era Fukuyama sino Rosendo Fraga o Julio Bárbaro, el consejero político de Luis Barrionuevo. La ciencia huía espantada cuando esos personajes abrían la boca…

Y esa refutación es lo extraordinario del comicio de México, el 1 de julio, cuando más de 30 millones de mexicanos y mexicanas (53 por ciento de los votantes) le dieron la victoria a Andrés Manuel López Obrador, del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), socio mayor de Juntos Haremos Historia.
El Instituto Nacional Electoral dio las cifras oficiales. El ganador le sacó más de 30 puntos a Ricardo Anaya Cortés, del derechista PAN aliado al PRD, cuya coalición Por México al Frente, tuvo el 22,26 por ciento. Más atrás quedó la centroderecha que gobernaba con Enrique Peña Nieto, el desprestigiado PRI, eje de Todos por México, con José Antonio Meade, con 16,42 por ciento.

Algo pésimo hicieron en estas décadas los tres partidos (PRI, PAN y PRD, sobre todo los dos primeros, del decadente bipartidismo), para que Morena los derrotara de modo concluyente. Esta vez no hubo fraude que salvara al régimen del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, el latifundio, la dependencia, la corrupción, el narcotráfico, los crímenes de Ayotzinapa, la postergación de los originarios y la impunidad.

Hubo un voto castigo a gobiernos que arruinaron al país, sus finanzas y recursos naturales. También en vidas: en la guerra contra el narcotráfico y por causas políticas han muerto en los últimos años entre 180 mil y 240 mil personas, entre ellos centenares de candidatos a estas elecciones. “AMLO mejor”

Los resultados no se agotan en lo mal que actuaron quienes se alternaron en la residencia presidencial de Los Pinos. En el voto masivo a Morena también pesó el carisma de AMLO, que prometió un cambio para los más humildes, jóvenes y pueblos originarios, como lo reiteró ante una multitud en el Zócalo, el domingo de la victoria.

Durante la campaña recorrió el país a favor de un cambio que mejorara la situación de esos sectores, desarrollara la economía, garantizara los derechos humanos, las cuestiones de género y medioambientales. Su bandera principal fue luchar contra la corrupción y que no habría impunidad para nadie, ni sus funcionarios.

Dijo que aumentará la inversión pública para impulsar actividades productivas y generar empleos, fortaleciendo el mercado interno. Tendrá mayoría de los 128 senadores y los 500 diputados electos, pues triunfó en 31 estados y sólo perdió en Guanajato. Por primera vez una mujer, Claudia Sheinbaum, de Morena, será jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Sus primeros anuncios fueron positivos, aunque limitados: habrá una beca para 2,.6 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, y un subsidio a adultos mayores. Otros sonaron a gesto para la tribuna: no vivirá en Los Pinos, que se convertirá en museo, no viajará en aviones privados ni tendrá la custodia oficial.
Eso no alcanza a disipar las nubes sobre su futuro gobierno, a partir del 1 de diciembre. Son buenos indicios, en la dirección anhelada por esa multitud alegre del Zócalo y la buena onda del país y la región, deseando que el suyo sea un reinicio del “ciclo progresista”. Por ahora no hay tal ciclo, sino una prometedora cuasi excepción, mirada con cariño por quienes están en esa trinchera (Cuba, Venezuela y Bolivia).

Las señales no prometedoras también existen. El primero en llamarlo y dialogar durante media hora fue Donald Trump, y ambas partes hablaron maravillas de esa conversación.

Otra duda: el electo aún no se reunió con los sindicatos ni pueblos originarios, pero sí con los popes de monopolios privados del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Al término de la reunión en un hotel de Polanco en Ciudad de México, el 4 de julio, Gustavo de Hoyos Walther, titular de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), “calificó de satisfactoria la cita y dijo que otorgaron un voto de confianza al tabasqueño”. AMLO tuvo igual valoración: “hay un ambiente de confianza mutua. Nosotros con el sector empresarial, y ellos, que han manifestado su confianza en el nuevo gobierno”.
Los zapatistas no tienen expectativa. “Podrán cambiar al capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo”, comunicaron.

Frente al desastre de corrupción, AMLO es lo mejor. Pero la historia regional mostró que la centroizquierda no se propone cambios de fondo para un poder popular y meter en caja a los monopolios y el FMI. “AMLO mejor” esta vez es diferente.

ortizserg@gmail.com

viernes, 6 de julio de 2018

Trump el mejor jefe de campaña de López Obrador


Por Rolando Prudencio Briancon:
Ha sido un remesón revolucionario/electoral el que en México haya ganado López Obrador; después del eterno enseñoramiento electoral del PRI (Partido Revolucionario Institucional), y la alcahueta alternancia con el PAN y el PDR, quienes no daban espacio a otra opción en el horizonte electoral que no fuera al eterno partido que hizo y deshizo de la vida y hacienda de los mexicanos.


El resultado de ayer en México ha puesto “patas arriba” la mentalidad mexicana, interpelándola de que Otro México Es Posible, al salir, al dejar el oprobioso Orden impuesto por el PRI, que gobernó de espaldas al pueblo y alternándose el aposento en el poder con el partido del saliente Enrique Peña Nieto.

Se me viene a la cabeza un hecho que no puede pasar desapercibido para comprender el resultado electoral que se ha producido ayer en México; y éste ha sido el papel que ha jugado Trump en las elecciones mexicanas, toda vez que toda la animadversión que mostró contra los mexicanos; no sólo tratándolos de la forma más ofensiva, calificándola como la peor gente; el acto más humillante fue haber dictado el decreto presidencia para la construcción del Muro en la frontera con México. Vale decir es el más descomunal desprecio que puedas sentir con un vecino con el que compartes, kilómetros y kilómetros de frontera, sino que la migración de mexicanos hacia los EE.UU., ha posibilitado hacer el “sueño” retrasado que  tiene Trump de “Hacer Grande América”.

Es en ese sentido que se me viene a la cabeza lo que hace poco más de 15 años atrás el ex embajador estadounidense Manuel Rocha cometió contraproducentemente con el entonces candidato para las elecciones nacionales del 2002, y hoy presidente Evo Morales, a quien aquel entonces llenó de adjetivos, afirmado que. “Votar por Evo Morales era votar por el narcotráfico”.

Aquellas despectivas declaraciones fueron a la vez una inaceptable intromisión para los bolivianos, acostumbrados -como adormecidos han estado los mexicanos con el PRI, y compañía- a una insistente e injurioso ataque del imperio yanqui, pero que tuvo como un respuesta electoral en los bolivianos que dignidad al votar por Evo Morales era expresar su rechazo a las injerencistas acciones y declaraciones del ex embajador estadounidense Manuel Rocha.

Aquel entonces la sarcástica respuesta del candidato de entonces Evo Morales -político nato- por los inesperados resultados, ya que obtuvo casi la misma votación de los partidos de derecha, fue señala que: “El mejor jefe de campaña de Evo fue el ex embajador Manuel Rocha”; hoy la elección del izquierdista López Obrador, parece ser una respuesta que rechaza no sólo los insultos de Trump, sino un muro que mancilla la buena vecindad de ambas naciones.
prudenprusiano@gmail.com

martes, 14 de noviembre de 2017

Cien años de una revolución que ya no está pero sigue inspirando

Por Emilio Marín:
“10 DÍAS QUE CONMOVIERON AL MUNDO”

Se cumplieron cien años de la revolución de Octubre en Rusia, convertida luego en república de Soviets. Marcó a fuego el siglo XX. Aunque fue implosionada en 1991, su legado perdura. Donde hubo fuego, algo más que cenizas quedan.

La revolución de Octubre triunfó el 25 de octubre de 1917, según el viejo calendario juliano, 7 de noviembre de ese año, a tenor del calendario del Papa Gregorio XIII. Un cañonazo del crucero Aurora dio la señal de asalto al Palacio de Invierno, adonde se había refugiado, con el miedo rayándole sus almas, el gobierno de Aleksandr Kerenski y unos pocos militares adictos. La resistencia duró muy poco y esa noche era una realidad el poder soviético, que en cuestión de días se haría también de Moscú.



No fue fácil tomar el poder en el país más atrasado de Europa y parte también de Asia. En junio de 1905, cuando se libraba la primera revolución, los marinos se amotinaron en el acorazado Potemkin, que navegaba el Mar Negro, y se unieron a los obreros insurrectos de Odessa. Sobre esto giró en 1925 la excepcional película de Serguéi M. Eisenstein.

Esa vez el desemboque insurreccional en Moscú, diciembre de 1905, pudo ser sofocado por el zar Nicolás II. Ya en ese intento y al calor de las huelgas, en octubre de ese año habían surgido en las fábricas los primeros soviets (consejos) obreros.

Esa fue una originalidad del proceso ruso que superó esa derrota y volvió con más fuerza doce años más tarde, cuando derrocó a los Romanov. Los soviets eran una organización de masas política, relacionada pero distinta a los sindicatos reivindicativos.

En una primera época los reformistas, mencheviques y social-revolucionarios tenían la dirección de los Soviets, opuestos a los bolcheviques de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin. En el I Congreso de los Soviets, de 1917, sobre 700 delegados, había 100 bolcheviques y 600 o más mencheviques y eseristas.

La revolución rusa no nació de una sino el resultado de luchas y derrotas, en tres intentos. En diciembre de 1905 fue la insurrección moscovita derrotada. La revolución de febrero de 1917 derrocó al zar pero dio lugar a un gobierno burgués con participación de mencheviques. La tercera fue la vencida: en Octubre triunfaron los obreros.

Los términos “bolcheviques” (mayoría) y “menchevique” (minoría) se usaron desde el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en 1903, comenzado en Bruselas y culminado en Londres, de exiliados y perseguidos por el zarismo y su Ojrana, su policía secreta.

Paz, Pan y Tierra
Durante años de lucha contra el zarismo y la autocracia basada en los terratenientes y el semi feudalismo, los bolcheviques plantearon una revolución democrático-burguesa y un gobierno obrero-campesino. Proponían continuar con una etapa ulterior de revolución socialista, una vez despejada la dictadura medievalista.
De paso sea dicho, tal planteo leninista, plasmado en su trabajo de junio de 1905 “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”, nunca fue compartida por León Trotsky, que negaba el rol de los campesinos y desconfiaba del papel conductor de la clase obrera, por lo que insistía en la “revolución permanente”. En noviembre de ese año, en su artículo “Sobre las dos líneas de la revolución”, Lenin escribió: “Trotsky repite su ‘original’ teoría de 1905, negándose a reflexionar sobre las causas por las cuales, durante diez años, la vida ha pasado de largo ante esa magnífica teoría”.

El núcleo de la revolución democrática era la confiscación de los terratenientes y no de toda la propiedad privada. La vida confirmó el planteo bolchevique. La revolución de febrero de 1917 bajó al zar pero siguieron las hambrunas, cuando el gobierno de Kerenski, con apoyo de los mencheviques, continuó la I Guerra Mundial. Rusia estaba allí junto a Francia e Inglaterra, en tiempos de Nicolás II, y siguió allí con Kerenski. La “fuga hacia adelante” de éste supuso que con victorias en el frente militar iba a zafar de la revolución obrera. Y fue todo lo contrario: esa guerra interimperialista convenció a las multitudes que los bolcheviques tenían razón. Que necesitaban Paz, Pan y Tierra.

El orden de esos factores no alteraba el producto, pero priorizaba sacar a Rusia de la I Guerra Mundial, interimperialista. Había que poner fin al hambre y sacrificios de 14 millones de jóvenes trabajadores y campesinos arrancados de sus empleos para ir a una rapiña.

Tesis de Abril
El 3 de abril el jefe de los bolcheviques regresó de su exilio en tren vía Alemania (lo que le reportó calumnias de ser “agente alemán”, algo descabellado como luego se demostró con la agresión germana en Brest-Litovsk, marzo de 1918). En reuniones y asambleas, explicó sus Tesis de Abril: pasar a la etapa socialista y “Todo el poder a los soviets”, terminando la dualidad de poderes. Las palancas para movilizar a los trabajadores soldados eran “Paz, Pan y Tierra”.

Hasta julio de 1917 había expectativas que ese traspaso fuera pacífico, vista las fuerzas del pueblo y la debilidad extrema del gobierno. Esas esperanzas terminaron en julio, cuando se reprimió salvajemente las protestas contra el hambre y el crac económico derivado de la guerra.

Allí se decidió preparar la insurrección en Petrogrado. El II Congreso de los Soviets sería a fines de octubre de 1917. La estrategia de Lenin fue atacar antes y llegar a esa cita obrera pidiendo se hiciera cargo del gobierno y adoptara medidas de fondo sin perder ni un minuto.

Los soldados revolucionarios tomaron el poder en un día. El Soviet deliberó en el Palacio Smolny y el 26 de octubre aprobó los primeros decretos redactados por Lenin. El de la paz proponía un armisticio de tres meses a todos los países en guerra para negociar un acuerdo definitivo. El de la tierra daba la tierra a los campesinos, incluso en forma de asignación a éstos tal como habían preconizado los eseristas de izquierda. Los bolcheviques resignaban su programa de nacionalización de la tierra para dar sustento campesino al flamante gobierno. Ya habría tiempo, razonaron, de convencer a los campesinos de las bondades de la cooperación. El tercer decreto nombró al primer gobierno soviético.

Todo eso fue aprobado por los obreros, campesinos y soldados del Soviet. Los acontecimientos de Petrogrado se expandieron a Moscú y otras latitudes. Más complicada fue la llegada de la revolución a parajes asiáticos de Rusia, con diferentes idiomas y religiones, como lo cuenta John Reed, el norteamericano autor del célebre “Diez días que conmovieron al mundo” y al que se refiere la película Reds dirigida en 1981 por Warren Beatty.

Grandes avances
Desde entonces y cuando en 1922 nace la URSS con Rusia y otras repúblicas, el socialismo dio grandes frutos. No fue fácil porque a la agresión alemana en Brest-Litovsk le siguieron invasiones de Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Japón, etc, en algunos casos con tropas propias y en otras apoyando a ex generales zaristas Denikin, Kolchak y Wrangel. Todos fueron derrotados.
No había manuales para construir ese nuevo modelo de sociedad y hubo que aprender sobre la marcha. En medio del hambre se aplicó un comunismo de guerra, incautando todo lo producido por los campesinos. Posteriormente se le cobró en especie o un impuesto del 10 por ciento; se le dejaba sembrar voluntad y lo producido de más era suyo. En 1921 se inició la Nueva Política Económica (NEP) abriéndose a la inversión extranjera y fomentando los negocios para aumentar la producción y el consumo, con estímulos materiales y altos salarios para los directivos y jerárquicos. Manteniendo el rol central del Estado y los planes centrales, se permitieron empresas privadas pequeñas y medianas.

Esa fue orientación de Lenin, quien estaba mal de salud luego de sufrir un atentado de Kaplan, una eserista de izquierda, en una visita fabril. Aún en 1922 tenía una bala alojada en el cuello, que le fue extirpada. Falleció en 1924, apenas siete años después del triunfo (los cubanos tuvieron a Fidel Castro 57 años luego de 1959).
Moscú puso en el espacio a Yuri Gagarin en 1957 y luego a Valentina Tereshkova, como muestra de lo alto que llegó el socialismo, convirtiendo a la URSS en el segundo país más importante del mundo.

Además hay que mensurar la destrucción que sufrió en la agresión nazi de junio de 1941-mayo de 1945. Los soviéticos partían a la defensa con el grito de “Por la Patria y por Stalin”. Más de 20 millones de soviéticos dieron su vida para batir al III Reich. “Los hitlerianos destruyeron 1.170 ciudades, más de 70.000 pueblos y aldeas, decenas de miles de industrias, escuelas, clínicas, centros de enseñanza” (Museo Central de Lenin, pág. 127). El protagonista de esa proeza fue el pueblo, con la conducción política y militar de José Stalin, secretario general del PCUS desde 1923, quien tuvo otros méritos como la colectivización del campo y la industrialización. Sin eso no se habrían podido forjar las armas de defensa para ganar la “Gran Guerra Patria”.

El coloso se desplomó en 1991 por mérito de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y el Papa Karol Wojtyla, pero también fruto de desviaciones propias. Mijail Gorbachov y Boris Yeltsin favorecieron la implosión con el contrabando que la “perestroika” y “glasnost” eran “más socialismo y más democracia”.

La Comuna de París fue la primera gesta de las clases laboriosas. Octubre la segunda y vinieron otras en Beijing, Hanói, Pyongyang y La Habana. La primera duró 71 días y la segunda 74 años, pero la historia no finalizó. Puede haber otros pueblos que asalten el cielo con las manos y el Palacio de Invierno con los soviets.

ortizserg@gmail.com