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viernes, 25 de octubre de 2019

Dejan desnuda esencia neoliberal



Por Rafael A. Ugalde:   
Quienes duden de que el neoliberalismo llegó para quedarse en América Latina, si no se extirpa su talón de Aquiles: la corrupción, ausencia de bien común y fascismo remozado (judicializa la protesta social, garrotea si no le obedecen, prohíbe huelgas, lincha mediáticamente a sus opositores, esconde lo que le perjudica, etc.), termina siendo aliados de él, defendiendo pinches reivindicaciones propias de una “economía inmoral”.
Busca desarticular toda organización que no sean sus cámaras y organizaciones, precisamente entre los grupos más “golpeados”. Además, “legitima” un modelo insaciable y arropado con un discurso mesiánico y cargado de miedos, de tal magnitud que, el tecnócrata inteligente se vuelve tonto y el tonto se hace loco.


Mientras tanto, con algunas excepciones, la llamada “izquierda” y algunos gremios siguen plantados en focalizaciones “reivindicativas”, a lo sumo. Útiles cincuenta años atrás cuando en nuestros países existían dos o tres confederaciones ideológicamente enfrentadas en la defensa del llamado “Estado del bienestar”.

Erigido por los sectores agroexportadores, dependientes de una estable metrópoli, no necesitaba transformación alguna del statu quo, pues sus naciones satélites experimentaban contradicciones fácilmente focalizadas. De esta forma, si ese Estado social carecía de fondos, no tendríamos escuelas y los hijos de jornaleros no irían al liceo ni a la universidad pública, etc.

Eso importaba mucho a los líderes sindicales; por ende, todos debíamos contribuir para que la comunidad más lejana tuviera su escuela nueva, hubiese agua potable, seguridad social y electricidad. Ahora, cuantos más ignorantes produzcamos, más barata es la mano de obra y el rebaño mejora.

Con la caída de 36 años de neoliberalismo en México y la llegada del presidente Andrés Manuel López Obrador, quedaron entredichas las “mentirillas” de este modelo voraz. Los “sesudos” escribidores, periódicos y telenoticieros, otrora defensores del sistema, son hoy el mejor ejemplo de cómo identificar una “news fake”. Nunca vieron que la corrupción y la impunidad tenían su origen en las altas esferas de los poderes republicanos, controladas estrictamente por los partidos PRI, PRD y PAN.

Esta “economía inmoral”, a todas luces concebida para que la corrupción fuera una forma de cotidianidad: perdonaba impuestos a sus grandes contribuyentes, imponía agresivas reformas (fiscales, educativa, constitucionales, etc), estrujaba las pensiones de hambre, excluía docentes incómodos, asesinaba ambientalistas y estudiantes, y lucraba con la maltrecha seguridad social, etc.

Los auténticos ladrones de combustible (huachicoleros) eran escondidos con sus ganancias anuales de 60.000 millones de pesos (unos $3.000 millones), mientras los influyentes diarios y las voces oficiales “moralizaban” sus auditorios presentando como “sinvergüenzas” de barrio a quienes extraían hidrocarburos. Pero la realidad era distinta: gente de hogares desechos por el neoliberalismo, niños excluidos de la educación por no pagárseles escuela privada y jóvenes desempleados entregaban su combustible extraído clandestinamente a una mafia oficial para que lo distribuyeran en estaciones de servicios, donde vendían el 75% de gasolinas robadas y el 25% comprada a Pemex.

Dicha refinadora quebró por la alta gerencia parasitaria, puesta allí para venderla por su supuesta falta de rentabilidad. De ese modo engañaron a la ciudadanía y le informaron que la “muerte” de tan importante empresa estatal era por causa de los altos salarios pagados a sus miles de trabajadores.

La seguridad social mexicana también era candidata a venderse, quebrada con sobreprecio de medicamentos, induciendo la falta de especialistas, con la remisión de enfermos al sistema privado de atención, etc. Triangulaban, incluso, recursos públicos vía concesiones, para encarecer tres o cuatro veces estratégicas carreteras, puentes, escuelas y otros proyectos.

Contrario a lo anterior, las organizaciones sociales en Bolivia, con el mayor crecimiento económico de la región e inclusión social aprendieron, por ejemplo, que el neoliberalismo se enfrenta con un plan alterno y realizable, situando a los más pobres en el centro de las ocupaciones estatales.

Para que eso sea posible hay que fomentar el ahorro interno y los valores éticos, en la actualidad descabezados -la solidaridad, la transparencia, la honestidad, el bien común, la autodeterminación como política estatal, el respeto mutuo entre todos los Estados del mundo, etc.-, sin perder de vista la exigencia de terminar –no el cuento ese de “vamos a combatir”– la corrupción. Pues es falso ubicarla en las gradas de abajo de toda escalera del poder, porque está en las de arriba. ¡Habían olvidado barrer de arriba hacia abajo!

rafaelangeluq@yahoo.com

domingo, 19 de mayo de 2019

El gobierno de López Obrador es popular, no es de los trabajadores, tampoco de la burguesía



Por Pedro Echeverría V.:

1. Acabo de leer una declaración del Ejército Popular Revolucionario (EPR); conozco la posición del Ejército Zapatista, así como la el pensamiento y la lucha política-sindical de los maestros de la CNTE. Con parecidos argumentos rechazan las políticas del presidente López Obrador desde la izquierda, desde el lado de los explotados y oprimidos. Creo que tienen un poco de razón porque AMLO no deslinda totalmente con la burguesía, porque le da miedo hacerlo por aquello del gran poder empresarial y del imperialismo que también busca joderlo. ¿O se piensa acaso que los conservadores, la derecha, no está lista para derrocar a AMLO cuando se lo proponga?


 2. Yo le tengo un gran respeto y admiración a todos aquellos revolucionarios izquierdistas que se juegan la vida luchando a diario -y por muchos años- con las armas en la mano, en las calles y las cárceles (como mi único héroe, el anarquista Ricardo Flores Magón). Sin embargo, la mayoría de las veces para destruir a la burguesía y el capitalismo, se necesita un pensamiento que entienda y explique la realidad. Por ello hay pensadores “FIFIS” como Petras, Chomsky, Amín, Wallerstein y otros, metidos en este asunto de los cambios revolucionarios. Pienso que mis amigos de las tres corrientes tienen que pensar en serio buscando la unidad, antes que muchos se arrepientan.

 3. Marx, al estudiar el capitalismo –particularmente europeo- definió que la contradicción principal, el enemigo antagónico del capitalismo, era la clase obrera o proletaria.  Que los campesinos fueron importantes en la época feudal, pero en el capitalismo jugaban un papel secundario en los procesos revolucionarios. Lenin, gran dirigente de la revolución rusa de 1917, discípulo de Marx, planeó que como en Rusia había poquísima clase obrera, los intelectuales “obrerizados” dirigirían la revolución. A partir de los años sesenta, ya intelectuales como Marcusse y sus amigos, demostraban que la clase obrera se había aburguesado al subsumirla el capitalismo.

 4. En Europa no hubo revolución anticapitalista, aunque electoralmente triunfaron gobiernos socialdemócratas (bautizados tramposamente de izquierda) que han gobernado haciendo reformas progresistas, pero reafirmando terriblemente el capitalismo. En Rusia los bolcheviques de Lenin tomaron el poder en nombre de la clase obrera, pero no pudieron construir el socialismo, quedándose en una especie de capitalismo de Estado. En China triunfó el campesinado de Mao en 1949, no se construyó el socialismo, pero a 30 años Deng iniciaría el desarrollo capitalista que la convertiría en un poderoso país en el camino de superar con creces al imperio yanqui.

 5. Pienso que intelectuales como Dussel, Bartra, Taibo (que no tienen ni la más mínima cola que les pisen), deben crear una comisión formal para ayudar a analizar y discutir con los compañeros del EPR, EZLN, CNTE y otros, acerca de la necesidad de unir esfuerzos para frenar un posible golpe de Estado dela burguesía y abrir de par en par las puertas para profundizar reformas socialdemócratas, por ahora; más adelante no sabemos.  Los gobiernos yanquis tienden a acelerarse porque sienten que están perdiendo terreno en el mundo frente a China que no deja de avanzar en los mercados. López Obrador es la gran oportunidad de México frente a un capitalismo salvaje. Pienso que otra oportunidad está lejos aún.

 6. López Obrador nunca fue marxista, pero levantó movimientos que ni 20 marxistas juntos –yo entre ellos- pudimos levantar nunca. Ha integrado un gobierno socialdemócrata, de clases medias o pequeño-burguesas, que ha sacudido a los empresarios, que ha puesto al borde de la desaparición a partidos burgueses (PRI, PAN, PRD,) que durante décadas nos patearon por atrás a los izquierdistas. ¿Representará el López obrador ismo otra forma de política que en vez de ser la clásica burguesa o la clásica de los trabajadores, sea amplia y popular? Quizá es tiempo de repensar nuestras concepciones poco antiguas para entender el futuro.

alterar26@gmail.com


miércoles, 11 de julio de 2018

AMLO esperanza a México, pero ¿irá a fondo?


Por Emilio Marín:
Era falso el “fin del ciclo progresista” en Latinoamérica
El 1 de julio hubo elecciones en México y ganó el candidato de centroizquierda. AMLO encendió grandes esperanzas en su país y la región. ¿Podrá cumplirlas?

En 1992 Francis Fukuyama publicó “El fin de la historia y el último hombre”, dando por sentado la victoria no sólo estratégica del capitalismo. Los hechos mostraron que era un embuste. Proyectos progresistas y antiimperialistas florecieron en América Latina. Y las crisis sacudieron los cimientos del capitalismo, incluso de metrópolis. En 2008 colapsó Wall Street y en 2011 protestaron los indignados, incluso los de Occupy Wall Street.

Algo parecido a la sentencia de Fukuyama se dictó en nuestra región tras las irrupciones de la derecha de fina sintonía con Washington en Brasil, Argentina, Chile, Perú, Colombia, Paraguay, Honduras, etc, por la vía golpista o por elecciones. La última gota que rebalsaba el vaso fue la traición de Lenin Moreno a la Revolución Ciudadana de Ecuador y Rafael Correa.

Esas conclusiones sobre “el fin de ciclo progresista” mezclaban deseos con realidades. Había hechos que le daban verosimilitud, pero también mucha intencionalidad política disfrazada de sociología trucha y academicismo de cuarta. La fuente ya no era Fukuyama sino Rosendo Fraga o Julio Bárbaro, el consejero político de Luis Barrionuevo. La ciencia huía espantada cuando esos personajes abrían la boca…

Y esa refutación es lo extraordinario del comicio de México, el 1 de julio, cuando más de 30 millones de mexicanos y mexicanas (53 por ciento de los votantes) le dieron la victoria a Andrés Manuel López Obrador, del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), socio mayor de Juntos Haremos Historia.
El Instituto Nacional Electoral dio las cifras oficiales. El ganador le sacó más de 30 puntos a Ricardo Anaya Cortés, del derechista PAN aliado al PRD, cuya coalición Por México al Frente, tuvo el 22,26 por ciento. Más atrás quedó la centroderecha que gobernaba con Enrique Peña Nieto, el desprestigiado PRI, eje de Todos por México, con José Antonio Meade, con 16,42 por ciento.

Algo pésimo hicieron en estas décadas los tres partidos (PRI, PAN y PRD, sobre todo los dos primeros, del decadente bipartidismo), para que Morena los derrotara de modo concluyente. Esta vez no hubo fraude que salvara al régimen del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, el latifundio, la dependencia, la corrupción, el narcotráfico, los crímenes de Ayotzinapa, la postergación de los originarios y la impunidad.

Hubo un voto castigo a gobiernos que arruinaron al país, sus finanzas y recursos naturales. También en vidas: en la guerra contra el narcotráfico y por causas políticas han muerto en los últimos años entre 180 mil y 240 mil personas, entre ellos centenares de candidatos a estas elecciones. “AMLO mejor”

Los resultados no se agotan en lo mal que actuaron quienes se alternaron en la residencia presidencial de Los Pinos. En el voto masivo a Morena también pesó el carisma de AMLO, que prometió un cambio para los más humildes, jóvenes y pueblos originarios, como lo reiteró ante una multitud en el Zócalo, el domingo de la victoria.

Durante la campaña recorrió el país a favor de un cambio que mejorara la situación de esos sectores, desarrollara la economía, garantizara los derechos humanos, las cuestiones de género y medioambientales. Su bandera principal fue luchar contra la corrupción y que no habría impunidad para nadie, ni sus funcionarios.

Dijo que aumentará la inversión pública para impulsar actividades productivas y generar empleos, fortaleciendo el mercado interno. Tendrá mayoría de los 128 senadores y los 500 diputados electos, pues triunfó en 31 estados y sólo perdió en Guanajato. Por primera vez una mujer, Claudia Sheinbaum, de Morena, será jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Sus primeros anuncios fueron positivos, aunque limitados: habrá una beca para 2,.6 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, y un subsidio a adultos mayores. Otros sonaron a gesto para la tribuna: no vivirá en Los Pinos, que se convertirá en museo, no viajará en aviones privados ni tendrá la custodia oficial.
Eso no alcanza a disipar las nubes sobre su futuro gobierno, a partir del 1 de diciembre. Son buenos indicios, en la dirección anhelada por esa multitud alegre del Zócalo y la buena onda del país y la región, deseando que el suyo sea un reinicio del “ciclo progresista”. Por ahora no hay tal ciclo, sino una prometedora cuasi excepción, mirada con cariño por quienes están en esa trinchera (Cuba, Venezuela y Bolivia).

Las señales no prometedoras también existen. El primero en llamarlo y dialogar durante media hora fue Donald Trump, y ambas partes hablaron maravillas de esa conversación.

Otra duda: el electo aún no se reunió con los sindicatos ni pueblos originarios, pero sí con los popes de monopolios privados del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Al término de la reunión en un hotel de Polanco en Ciudad de México, el 4 de julio, Gustavo de Hoyos Walther, titular de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), “calificó de satisfactoria la cita y dijo que otorgaron un voto de confianza al tabasqueño”. AMLO tuvo igual valoración: “hay un ambiente de confianza mutua. Nosotros con el sector empresarial, y ellos, que han manifestado su confianza en el nuevo gobierno”.
Los zapatistas no tienen expectativa. “Podrán cambiar al capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo”, comunicaron.

Frente al desastre de corrupción, AMLO es lo mejor. Pero la historia regional mostró que la centroizquierda no se propone cambios de fondo para un poder popular y meter en caja a los monopolios y el FMI. “AMLO mejor” esta vez es diferente.

ortizserg@gmail.com