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miércoles, 12 de agosto de 2020

Gestionar la ocupación y ocultar crímenes de guerra: cómo Israel ha transformado el paisaje en Palestina



Por Clothilde Mraffko:
Gestionar la ocupación y ocultar crímenes de guerra: cómo Israel ha transformado el paisaje en Palestina
Vegetación, arquitectura, carreteras, muros… El proyecto sionista ha remodelado el paisaje en Israel y en los territorios ocupados, creando complejos entrelazados en los que se oculta la presencia palestina, cuando no se mantiene bajo vigilancia o encerrada.



Para el viajero europeo que desembarca en el aeropuerto de Tel Aviv , entrar en Jerusalén ofrece un panorama extrañamente familiar. Poco antes de que la ciudad santa descubra sus primeras colinas, la carretera se ondula en medio de montañas verdes. Aquí, los árboles recuerdan más a los bosques de Europa que los paisajes del vecino Líbano. Pinos y cipreses bordean los relieves, lejos de la imagen bíblica de los campos de olivos.

Incluso antes de la creación de Israel en 1948, “las y los inmigrantes sionistas que vinieron aquí desde Europa, especialmente Europa del Este, querían que el paisaje fuera más verde, con árboles, para parecerse a lo que conocían», recuerda Noga Kadman, investigadora independiente y autora del libro Erased from Space and Consciousness: Israel and the Depopulated Palestinian Villages of 1948.

Mucha gente emigra con un mito en mente: Palestina es una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra, el pueblo judío. Salvo que, en realidad, al comienzo de 1948 unas 900.000 personas palestinas vivían dentro de las fronteras de lo que se convertiría en Israel.

A pesar de todo, queda en el imaginario de la gente recién llegada la «idea de que el país había sido descuidado durante cientos de años», continúa Noga Kadman. Por lo tanto, las y los inmigrantes comenzaron a plantar de todo en el territorio, utilizando principalmente dos especies de árboles: eucaliptos y el pino de Alepo o pino de Jerusalén.

Importado de Australia, el eucalipto se planta primero por todas partes: se utiliza para drenar las marismas y, sobre todo, crece muy rápidamente. Pero no está realmente adaptado a Palestina, al ser demasiado sediento de agua.

Se reemplaza gradualmente por el pino de Alepo que, al contrario de lo que su nombre sugiere, tampoco es una especie local. Lo encontramos más bien en el oeste del Mediterráneo, en el sur de Francia, por ejemplo. También crece rápidamente, es tolerante a la sequía, pero también es más vulnerable a los incendios.

Como consecuencia, el paisaje se va transformando gradualmente, bajo el impulso del Fondo Nacional Judío (FNJ). La agencia, creada a principios del siglo XX para adquirir tierras en Palestina para las y los inmigrantes judíos, fue encargada después de 1948 de ocupar las tierras de las que fueron expulsados las y los palestinos, designadas como propiedades del Estado en ausencia de sus dueños.

Hoy, el Fondo gestiona en particular los bosques en Israel y se enorgullece de haber plantado «cientos de millones de árboles«, defiende uno de sus portavoces, Alon Brandt, en una carta de respuesta a Middle East Eye. Especifica que la organización no solo ha plantado pinos de Alepo, sino también olivos, la especie local por excelencia.

Pero algunos críticos señalan que las plantaciones del FNJ no han creado un verdadero ecosistema. Por el contrario, debido a que las especies no son lo suficientemente variadas, estos espacios no tienen la apariencia de bosques reales; los pinos han hecho que los suelos sean ácidos, y los animales realmente no habitan en aquellos lugares donde la pequeña vegetación no ha echado raíces.

«Tomar posesión de la tierra»

Pero el FNJ no solo está tratando de reverdecer Palestina. «Plantar árboles era una forma de tomar posesión de la tierra», analiza Noga Kadman. Incluso hoy, en «localidades palestinas en Israel, si no se quiere que las ciudades crezcan con la construcción de nuevas casas, se plantan bosques a su alrededor», agrega.

En el Negev, en el sur de Israel, las autoridades israelíes demolieron incluso un pueblo entero para reforestar el desierto. El pasado 12 de febrero, la aldea de al-Araqib fue destruida por 175ª vez. En las parcelas que declaraban poseer las y los aldeanos, israelíes árabes beduinos, descendientes de las y los palestinos que permanecieron en sus tierras en 1948, el FNJ comenzó a plantar árboles en 2006; a medio plazo planea establecer allí dos bosques.

Los árboles también se utilizan para ocultar los estigmas del violento nacimiento de Israel. «La prioridad de la política de reforestación llevada a cabo por el FNJ es ocultar sus crímenes de guerra, para que Israel sea considerada como la única democracia en el Medio Oriente», denunció en 2005 el activista israelí por los derechos civiles Uri Davis.

Entre 1947 y 1949, entre 750.000 y 800.000 personas palestinas fueron desalojadas de sus tierras por las milicias sionistas, expulsadas por la fuerza o huyendo de la lucha para buscar refugio en los países fronterizos. En mayo de 1948, se creó el Estado de Israel; para las y los palestinos, esta fecha oscura se conmemora como la Nakba, la catástrofe en árabe.

Más de 400 aldeas fueron destruidas, recuerda Noga Kadman. “La mitad de estas aldeas están enterradas bajo ciudades israelíes o se han integrado en ellas”.

Pero una parte, 68 según ella, se encuentra hoy en tierras pertenecientes al FNJ, de las cuales “46 están enterradas bajo un bosque”. Después de 1948, se plantaron árboles rápidamente sobre las ruinas de las casas palestinas; Israel espera así disuadir a las y los refugiados de intentar regresar y reconstruir sus hogares.

Una política que continuó en 1967. Durante la Guerra de los Seis Días, las batallas de Latrun permitieron a los israelíes apoderarse de toda Jerusalén. También arrojaron a los caminos del exilio a unas 10.000 personas que vivían en ese enclave, entonces bajo control transjordano, muy cerca de la ciudad santa.

Hoy en día, tanto la gente palestina como la israelí en su mayoría conoce el lugar porque es una de las áreas recreativas más bellas de Jerusalén: 700 hectáreas con cascadas, pistas para bicis y mesas de picnic con sombra.

Pero lo cierto es que el Parque Ayalon está construido sobre las ruinas de dos pueblos palestinos, Amwas y Yalu, completamente arrasados en 1967, así como sobre la tierra de una tercera localidad, Beit Nouba. Hoy en día solo quedan un santuario y algunas higueras que, en Palestina se utilizaron para demarcar parcelas familiares. Siluetas espinosas con bayas rojas y amarillas, que paradójicamente le dieron a los israelíes su apodo (sabra), salpican los caminos del parque, como para recordar que las aldeas palestinas estuvieron una vez allí.

De esta trágica historia, las y los generosos donantes canadienses que ayudaron a construir el Parque Ayalon, inaugurado por el FNJ en 1976, no sabían nada.

En 1991, un reportaje de la televisión canadiense reveló al público del otro lado del Atlántico que el parque no solo se construyó parcialmente más allá de la Línea Verde, que sirvió como la frontera internacionalmente reconocida en 1949 entre un futuro estado palestino e Israel, por lo tanto, en territorios ocupados, sino que se usaba principalmente para enterrar las ruinas de más de mil casas destruidas. El FNJ se vio obligado a disculparse, pero no ha respondido a las preguntas de MEE sobre este punto.

También será necesario esperar hasta 2006 y una decisión de la justicia israelí para que las y los visitantes puedan finalmente tener conocimiento de la trágica historia del lugar, resumida en hebreo en carteles de madera. La organización israelí Zochrot, recuerdos en hebreo, ha presentado una demanda contra el FNJ para obligarlo a no borrar los recuerdos de Amwas y Yalu.

Una segregación visible
Si bien cientos de aldeas palestinas fueron arrasadas con la creación de Israel, las grandes ciudades se conservan, pero se las despoja de cualquier presencia árabe. Así, informa el historiador israelí Illan Pappé en su libro La limpieza étnica de Palestina (hay traducción al español ndt), 227 casas fueron demolidas en Haifa en 1948, junto con el mercado cubierto, «uno de los mercados más bellos de su tipo», y cerca de otras 500 casas palestinas fueron reducidas a polvo en Tiberíades, en el noreste del país, en Jaffa e incluso en Jerusalén Oeste.

Israel se construye pues alrededor de un principio: no hay mezcla entre israelíes judíos y quienes son llamados árabes israelíes, descendientes de palestinos que permanecieron en sus tierras en 1948 y que vivieron bajo administración militar hasta 1966.

Con raras excepciones, a menudo en las zonas más pobres, «hay segregación entre israelíes y palestinos en todo el país», dijo a Middle East Eye Efrat Cohen-Bar, arquitecto de la ONG israelí para la defensa de los derechos humanos Bimkom. Piensa que la idea principal, «es que no queremos estar juntos, y es válido en ambos lados». A cada cual su propio barrio, a cada cual su propia ciudad.

Un credo aún más marcado en Cisjordania, territorio palestino bajo ocupación israelí desde 1967. Aquí, dos mundos se cruzan, pero nunca se encuentran: las y los colonos israelíes y las y los palestinos bajo ocupación. Una segregación inscrita, de una manera mucho más brutal, en el paisaje.

Así, desde la salida de Jerusalén de camino a Belén, el símbolo más obvio de estos paisajes bajo ocupación aparece desde el primer túnel cruzado: a veces bloques de hormigón, a veces una valla apenas más alta que las barreras acústicas de las carreteras  o un muro imponente, el muro de separación construido por Israel en la década de 2000, considerado ilegal por la Corte Internacional de Justicia, cierra el horizonte. Difícilmente se pueden distinguir las casas palestinas detrás.

Esta frontera, inscrita en el paisaje, incorpora todas las demás estructuras militares que las y los palestinos encuentran tan pronto como se aventuran fuera de sus ciudades y pueblos: barricadas, puestos de control, torres de vigilancia, barreras…

Por el contrario, a través de un astuto laberinto de túneles, carreteras reservadas para automóviles israelíes y puentes, las y los colonos israelíes pasan de una colonia a otra, sin estar nunca en contacto con una localidad palestina. Un estado de hecho que la anexión de las colonias, prometida por Israel en los últimos meses con el apoyo de los Estados Unidos, debería consolidar. La segregación será aún más llamativa.

La ubicación misma de las colonias cuenta esta historia de dominación. «Las aldeas palestinas, históricamente, se construyeron alrededor de fuentes de agua, por lo que generalmente no se hizo en lo alto de la colina», analiza Efrat Cohen-Bar.

Pero prácticamente todas las colonias israelíes comenzaron en la cima. Otra forma de decir: somos dueños de esta tierra, es nuestra. Las cumbres de las colinas, menos fértiles, también son a menudo el lugar más disponible para nuevas construcciones.

La ocupación israelí se está expandiendo de forma estratégica; el paisaje cambia a medida que evolucionan los intereses israelíes.
“Al principio fue un intento de controlar el terreno, casi como si los asentamientos fueran tanques y bases militares. Luego, se posicionaron de tal manera que bloquearan la creación de un espacio palestino continuo, destruyendo así la posibilidad de un Estado «, dijo a Middle East Eye Eyal Weizman, fundador de Forensic Architecture , una organización que investiga las violaciones de los derechos humanos utilizando, entre otras cosas, la arquitectura.

El mapa del estado palestino imaginado por Donald Trump como parte de su plan de paz es, además, la culminación de esta estrategia: hay un conjunto de islotes palestinos unidos entre sí por túneles y puentes, sin coherencia geográfica.

En Cisjordania, el visitante puede identificar dos mundos de un vistazo: por un lado, las casas con techos planos palestinos, dispersas en la ladera, en los campos, por el otro, las colonias, a menudo un conjunto de edificios idénticos, identificables por sus techos rojos, inclinados, de estilo occidental, encaramados sobre los relieves.

«No necesitamos este tipo de techos en Israel, estos techos son útiles para la nieve», señala Efrat Cohen-Bar. “Pero no queríamos ser como ellos [los palestinos], queríamos diferenciarnos.»
Eyal Weizman sostiene que los techos rojos eran obligatorios: permiten que el ejército israelí localice rápidamente las colonias desde el cielo y, por tanto, los lugares que no deben ser bombardeados.

Las casas de las y los colonos israelíes están desplegadas en un círculo y «tienen vistas al paisaje para vigilar, por razones militares y de seguridad, y para disfrutar del panorama», resume. “Por un lado, las y los israelíes no quieren gente palestina allí, han destruido su cultura y quieren verlos fuera de allí. Pero por el otro, leen los elementos tradicionales del paisaje, como los olivares y las casas de piedra, como representaciones bíblicas».

Porque Israel, aunque modificó profundamente el paisaje palestino para sus necesidades estratégicas, continúa vendiendo a las y los turistas y a sus habitantes la imagen de una tierra virgen, idéntica a la que vivían las y los judíos en tiempos bíblicos.

“Cuando hacen publicidad [para que la gente se vaya a vivir a las colonias], dicen: ‘Ven a vivir en la naturaleza, ven a vivir en la tierra de la Biblia'», dice Eyal Weizman. Un paisaje que ha sido conformado sin embargo por aquellas personas a las que no quieren ver: las palestinas. «Es una paradoja», concluye el arquitecto.
palestinaymexico@lists.mayfirst.org

sábado, 1 de junio de 2019

Las siete grandes mentiras sobre Israel


Por Ricardo Angoso:

 1. Jerusalén es la capital de las tres religiones. Nada más falso. Una burda mentira. En Jerusalén ya apenas viven cristianos -menos de 11.000- y aparte del reclamo turístico de los lugares sagrados, que apenas son visitados ahora por la violencia de los terroristas árabes, no hay nada que una a esa ciudad con el cristianismo. Incluso el Santo Sepulcro siempre ha sido tierra de disputa entre católicos, ortodoxos y cristianos armenios; ni siquiera se ponen de acuerdo en la Semana Santa para utilizar este recinto sagrado y más de una vez se han liado a golpes -de una forma, desde luego, nada fraternal- por su derecho a utilizar el recinto.



En lo que respecta al islam, es un mito que la ciudad de Jerusalén esté emparentada con esa religión. ” Jerusalén no aparece mencionada en el Corán, mientras que La Meca es citada más de un centenar de veces. Pero lo que es Jerusalén, ni una sola (por contraste, su nombre aparece mencionado hasta ¡699 veces! en la Torá. De hecho, no hay ninguna prueba histórica de que el profeta Mahoma haya estado en Jerusalén”, explicaba muy acertadamente el estudioso del Islam Francis Nadizi, árabe y musulmán para más señas.

2. Palestina, una nación arrebatada a los árabes. Nunca ha existido Palestina, es otro mito inventado por la progresía internacional y los terroristas árabes en la década de los sesenta. El gran mito de Palestina nació tras la Guerra de los Seis Días, en 1967, y tras la fundación del grupo terrorista Organización para la Liberación de Palestina (OLP) por Yasser Arafat, uno de los mayores asesinos de la historia. Como recuerda el ya citado Nadizi, “No existe nada parecido a una lengua palestina. Ni siquiera existe una cultura específicamente palestina. Nunca ha existido una Palestina gobernada por palestinos.

En realidad, los palestinos son árabes, y son inseparables de los jordanos (Jordania también fue creada recientemente, en 1922, por los británicos)”. Los palestinos de hoy en día eran árabes hasta 1948 asentados en Israel y después pasaron a ser jordanos hasta 1967, en que Israel recuperó esos territorios para su Estado. ¡Palestina es un mito inventado por los progres, los antisemitas y los terroristas árabes!

3. Israel mantiene ocupados los territorios “palestinos”. Los territorios de Cisjordania -no los de Gaza, que ya fueron entregados los terroristas de Hamas en un craso error- nunca fueron ocupados a los “palestinos”, sino a Jordania que los administraba. Se pretende crear un Estado sobre lo que era el territorio jordano y ni siquiera las Naciones Unidas, al día de hoy, han aprobado una resolución solicitando a Jordania que renuncie a esos territorios para dárselos a los “palestinos”. No hay ninguna ocupación, sino el mantenimiento de unas fronteras que dieron a Israel seguridad, estabilidad y una relativa paz en estos años. Fueron los árabes los que expulsaron a las Naciones Unidas de la frontera con Israel y los que iniciaron las hostilidades contra este país en 1967. Pero las fuerzas hebreas fueron capaces, en apenas días, de infligir una severa derrota a la coalición árabe conformada por Jordania, Siria, Irak y Egipto.

 4. Los “palestinos” fueron exterminados y obligados a abandonar sus casas como parias. Absolutamente falso. En 1947, el Consejo General de las Naciones Unidas aprobó un plan para la partición del actual territorio de Israel, Cisjordania y Gaza que en aquel entonces estaban todavía bajo el mandato británico. Israel aceptó el plan y apostó por la paz, mientras que los árabes, presos de una codicia desmedida y un odio irracional, se embarcaron en una guerra contra lo que denominaban como la “entidad sionista”. Ese fuego, ese resentimiento brutal, dura hasta hoy y lo único que ha conseguido es generar odio, muerte e inútil derramamiento de sangre.

Sobre los presuntos refugiados, el analista y experto Daniel Pipes asegura tajante: “Presuntos porque de los casi 5 millones de refugiados oficiales que atiende la UNRWA (acrónimo de “Agencia de Ayuda Humanitaria y Trabajo de los Refugiados Palestinos de las Naciones Unidas”), solamente alrededor del 1% son refugiados de verdad que satisfacen el criterio de la agencia de ser “personas cuya residencia habitual era Palestina de junio de 1946 a mayo de 1948 y que perdieron tanto sus hogares como su sustento producto del conflicto árabe-israelí de 1948″. El otro 99% son descendientes de esos refugiados, o lo que yo llamo refugiados de imitación”.

5. Israel viola los derechos humanos. Israel es el único país de Oriente Medio donde realmente los árabes votan libremente, cuentan con partidos políticos legales y participan en las instituciones democráticas. Los casi dos millones de árabes que viven en Israel cuentan con los derechos y deberes fundamentales de cualquier Estado de Derecho occidental. Nunca se irían de Israel para vivir en una entidad “palestina” gobernada por Hamas. Esas quimeras solamente se las creen los cuatro progretas de Europa, los iluminados de Podemos y los medios izquierdosos de los Estados Unidos. Los que sí violan sistemáticamente los derechos humanos son los árabes. Entre 1948 y hoy, más de un millón de judíos han sido asesinados, expulsados, colgados, torturados y expropiados en una veintena de países árabes. Ha sido un exterminio silencioso y olvidado por los amigos de la causa “palestina”.

6. Israel, enemigo de la paz. Israel ha intentado en estos 70 años abril canales de comunicación con los árabes para resolver los contenciosos con sus vecinos. Y ha tenido éxito. Consiguió restablecer las relaciones con Egipto y les devolvió, de una forma generosa, la Península de Sinaí. Luego se llegaron a importantes acuerdos con Jordania y las fronteras fueron abiertas. De la misma forma, Ariel Sharon decidió retirar las colonias y abandonar el territorio de Gaza para dejarlo bajo la administración palestina, lo que constituyó quizá un gran error. Gaza cayó después en manos del grupo terrorista proiraní Hamas.

¿Por qué ahora no se puede llegar a un acuerdo con los “palestinos”? Primer asunto: los “palestinos” están divididos en dos entidades bajo dos grupos políticos distintos y que son antagónicos, en abierta lucha e irreconciliables. Y, en segundo lugar pero no menos importante: los líderes “palestinos”, en su gran mayoría, siguen sin reconocer el derecho de Israel a su supervivencia. Además, para complicar aún más las cosas, los “palestinos” siguen utilizando la violencia como instrumento de acción política, lo que les deslegitima en la región y ante la comunidad internacional.

7. Israel, colonia judía en Oriente Medio. Israel nació bajo la legitimidad y el paraguas de las Naciones Unidas. Israel fue reconocido como Estado por las Naciones Unidas en 1949. Tan solo los países árabes se opusieron a este reconocimiento e hicieron todo lo posible por destruir al Estado hebreo. Los judíos siempre vivieron en Israel, eso una realidad histórica innegable, y muchos de los lugares que hoy habitan estaban deshabitados a principios del siglo XX.

De una tierra indómita e inhóspita los judíos levantaron un vergel. Termino con un comentario de Nadizi como conclusión a este breve resumen sobre las grandes mentiras construidas sobre Israel:” Ya va siendo hora que comprendamos que el mundo árabe controla el 99,9 % del territorio de Medio Oriente, y de que Israel apenas representa el 0,1 % de su superficie total. Pero por lo visto, con esto los árabes no tienen suficiente. Lo quieren TODO. Y precisamente esto es el fondo de su rechazo a Israel. La avidez. La arrogancia. Y la envidia. La codicia. Por eso da igual que Israel haga concesiones: el mundo árabe nunca se dará por satisfecho”.
Fuente: Porisrael.org

rebcar40a@gmail.com

viernes, 19 de octubre de 2018

Cuanto acertó Marx respecto al opio de los pueblos


Por Homar Garcés:
Hasta qué punto puede admitirse como cierta la sentencia de Steven Weinberg, galardonado en 1979 con el premio Nobel de física, al aseverar que «la religión es un insulto para la dignidad humana. Con o sin ella, habría buena gente haciendo cosas buenas, y gente malvada haciendo cosas malas, pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta religión». Dependerá básicamente de la visión particular de cada persona y lo que ésta representa en su vida (sea cual su denominación y su dios particular); lo que determina su actitud ante el resto de sus semejantes, tanto en su forma individual como en su forma colectiva (social, cultural y/o étnica). Una posición que podría estar hincada en el prejuicio, el estereotipo y la ignorancia. O, contrariamente, fruto de un libre raciocinio y de una convicción propia de la necesidad de un respeto mutuo sincero que nos haga ver a todos los seres humanos dotados con los mismos derechos.

Quizás lo más difícil y más terrible que puede hacer cualquier ser humano en este mundo es defender y hacer valer su derecho a creer o no en una deidad determinada. Desde los tiempos más antiguos de la historia de la humanidad, la intolerancia religiosa ha sido uno de los detonantes principales de persecuciones, agresiones y muchos conflictos bélicos. Incluso entre personas y naciones que profesan la misma fe. Unos quinientos años atrás, el fanatismo religioso sirvió de motor para impulsar la invasión, el saqueo y el sometimiento colonial a manos de las monarquías cristianas europeas mediante las cruzadas sobre «Tierra Santa».

A fin de propiciarlas con éxito, la iglesia católica difundió la promesa que sus participantes serían redimidos de sus pecados y, de este modo, contribuirían a la recuperación de Jerusalén del dominio de los infieles, esto es, de los pueblos musulmanes que aún pueblan este amplio territorio, devastado y sacudido por la guerra. Fue el antecedente histórico de la beligerancia cotidiana que ahora tiene lugar en todo el Oriente Medio, lo que se pretende encubrir nuevamente con el ropaje religioso, magnificando un presunto enfrentamiento entre el Islam y el Cristianismo (entre Oriente y Occidente, como algunos gustan presentarlo) que sólo sirve para satisfacer los intereses de las grandes corporaciones transnacionales capitalistas que obtienen de la guerra, justamente, sus mayores dividendos.

También vale afirmar que ello es producto de la herencia cultural, eurocentrista en este caso, marcada -como se puede rastrear fácilmente en el resto del planeta- por una concepción racista que le hace creer a sus partidarios que están predestinados por la Providencia a doblegar a los pueblos considerados salvajes, incultos y supersticiosos con el sublime propósito de “civilizarlos”. En ello se debe incluir lo relativo al irrespeto, incluso las agresiones irracionales de todo tipo, que sufren quienes tienen la «osadía» de manifestarse ateos o, simplemente, que no comulgan con religión alguna, sea cual sea el territorio en que moren; dándose por sentado la existencia de un solo dios y, por tanto, la obligatoriedad de una adoración común para todos los seres humanos.

En «Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel», Karl Marx consideró la religión como una expresión alienada de la humanidad y dijo de ella que era «el opio del pueblo». Así, él escribió: «la miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra ella. La religión es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real del mundo sin corazón, así como es el espíritu de una época privada de espíritu. Es el opio del pueblo. La eliminación de la religión como ilusoria felicidad del pueblo, es la condición para su felicidad real. El estímulo para disipar las ilusiones de la propia condición es el impulso que ha de eliminar un estado que tiene necesidad de las ilusiones. La crítica de la religión, por lo tanto, significa en germen, la crítica del valle de lágrimas del cual la religión es el reflejo sagrado».

Pero no ésta no sería su única alusión a tan controversial tema. Para el autor de El Capital, la crítica de la religión no era un fin en sí misma: «La crítica del cielo se convierte así en una crítica de la tierra; la crítica de la religión, en la crítica de la ley; la crítica de la teología, en la crítica de la política». En otra de sus obras, "Sobre la cuestión judía», atacada a veces, injustamente, de antisemitismo, enunció por primera vez la idea de que la emancipación humana estaba ligada al fin del capitalismo.

En ella, establece que «la dignidad humana carece de ideologías y credos religiosos específicos. No es exclusividad de un grupo étnico o de una clase social. Ni está determinada por la subordinación o por la preeminencia de los otros valores que puedan regir los destinos y la vida en sociedad». No obstante, la historia nos revela que una gran parte de los conflictos humanos ha tenido su detonante en estas ideologías y credos, dando lugar a conclusiones sesgadas respecto al carácter belicoso que incubaría cada persona, independientemente de su extracción social y étnica; cuestión que es alimentada de forma interesada por los sectores dominantes, induciendo a las clases subordinadas a aceptarla como una fatalidad infranqueable.

En la actualidad, los fundamentalismos religiosos se han hecho notorios en la actividad política de una gran parte de nuestra América. Su influencia en ascenso (junto a la onda expansiva del fascismo que comienza a percibirse, sobre todo, en el escenario electoral brasileño) es, sin duda, una amenaza cierta para todas las libertades democráticas de nuestros pueblos; encubierta por aparentes llamados al rescate de sus valores tradicionales, del sagrado ámbito familiar y de la moral frente a la decadencia encarnada por los librepensantes, los diferentes defensores de los derechos humanos, los pobres que luchan por mayores condiciones de igualdad social y la comunidad LGTB (ésta última, blanco preferido de sus ataques).

Sus acciones apuntan a la eliminación del libre albedrío como rasgo común de la gente; explotando atavismos que parecían superados y ya olvidados, pero que ahora han aflorado y dan forma a una estrategia de miedo, rechazo y desprecio que hace ver al otro, al diferente, como un elemento prescindible al cual no le asiste ninguna clase de derechos.

Este opio «renovado» no difiere en mucho de la conclusión expuesta hace miles de años por el filósofo romano Séneca: «la religión es verdad para la gente común, falsa para los sabios y útil para los poderosos». Por ello, la comunión entre política y religión es, sin duda, liberticida. La división que ella fomenta en el seno de las clases populares es ganancia para los sectores dominantes (locales o no). Esta ha permitido, además, que el número cuantioso de víctimas causadas por las guerras imperialistas de las últimas décadas no cause demasiada indignación entre mucha gente; en especial si éstas son palestinos, africanos, asiáticos o latinoamericanos considerados inferiores, lo cual conduciría a la “normalización” de unas relaciones sociales marcadas por una violencia “justificada”. Todo esto no hace más que reforzar lo ya expresado hace más de un siglo por Karl Marx. -  

mandingarebelde@gmail.com

viernes, 3 de agosto de 2018

Trump el presbiteriano manifiesto


Por Msc. Félix Roque Rivero:

Donald Trump, el 45° presidente de los Estados Unidos de Norteamérica ha señalado que su país es “una nación nacida bajo el mandato divino”. Resume en esa frase la excepcionalidad de los estadounidenses. El Destino Manifiesto es una filosofía nacional que explica la manera en que este país entiende su lugar en el mundo y se relaciona con otros pueblos. A lo largo de la historia estadounidense, desde las trece colonias hasta nuestros días, el Destino Manifiesto ha mantenido la convicción nacional de que Dios eligió a los Estados Unidos para ser una potencia política y económica, una nación superior. (Mkt, 2016, Portal Se Piensa).


La frase “Destino Manifiesto” apareció por primera vez, la historia es harto conocida, en un artículo que escribió el periodista John L. O’Sullivan, en 1845, en la revista Democratic Review de Nueva York. En su artículo, O’Sullivan explicaba las razones de la necesaria expansión territorial de los Estados Unidos y apoyaba la anexión de Texas. Decía: “el cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino”. Como lo sostiene el profesor Vladimir Acosta en su extraordinario libro “El monstruo y sus entrañas”, “Estados unidos es una sociedad religiosa y fundamentalista”. (Acosta, Vladimir, 2017, p 26).

Esa sociedad que se cree predestinada por Dios para dominar el mundo, es hoy la sociedad que lideriza Donald Trump, un tipo que ha declarado ser presbiteriano practicante y seguidor de las enseñanzas del pastor Norman Vincent Peale, que predica el poder del pensamiento positivo y que fue el padrino en su primera boda. Como lo explica el profesor Vladimir Acosta, el fundamentalismo cristiano “es un producto de los EEUU y es una de sus expresiones culturales que cuenta con un peso descomunal”.

Dada la significación del elemento religioso entre los estadounidenses, importa realizar una brevísima cauterización de este elemento para así entender el porte presbiteriano de Trump y, sobre todo, sus arremetidas contra los pueblos, amparadas en esa “religiosidad” que como cartilla le imponen a los presidentes estadounidenses a la hora de tomar el juramento de ley. En esa sociedad que se jacta de ser libertaria, por un largo tiempo se usaba el The Bible Belt, una especie de cinturón adherido al cuerpo, que hacía referencia a los capítulos del Antiguo Testamento. Con ello se tenía la falsa creencia de que los mensajes de los profetas servían de escudos protectores de las personas. Ese cinturón, era en realidad un tremendo negocio ya que se vendía por un precio que superaba los quince dólares. En esa sociedad nació la organización del Ku Klux Klan, responsable de miles de muertes, sobre todo de negros en la zona de Carolina del sur.

En 1787 los EEUU nacen como Nación, con una profunda vinculación a la iglesia, a la religión. Ese Estado naciente, nunca se ha desvinculado de la Iglesia, aunque una de las Enmiendas a la Constitución así lo establezca. Las llamadas trece colonias respondían a los planteamientos religiosos de las más de 2.150 sectas que existían, como lo reseña Peter Scowen en el “Libro negro de América”. El catolicismo papista, los anglicanos, los puritanos calvinistas, los luteranos, los cuáqueros que fundaron a Filadelfia con el pastor William Penn que fue asesinado y los mormones, la “religión más original”, fundada por el profeta Joseph Smith.

De todas esas religiones, tal vez la más comprensiva de los derechos de los indígenas y de los negros lo fue la de los cuáqueros y que por practicar la poligamia, fueron perseguidos, asesinados muchos de sus líderes. Estas religiones fueron las sostenedoras del destino manifiesto que justificaba las más abyectas tropelías cometidas, siempre a nombre de la libertad y de un Dios Supremo. Cuando los EEUU invadieron a México y se apoderaron de más de la mitad de su territorio, lo que “legalizaron” con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo en 1848, en el periódico Whig Intelligencer escribieron un editorial que finalizaba diciendo “No tomamos nada por conquista…gracias a Dios”. (Zinn, Howard, La Otra Historia de los Estados Unidos, p. 159).

¿Qué significa ser presbiteriano?
Para Jonathan Muñoz Vásquez, pastor de la Iglesia presbiteriana de Chile, cuando se produce el movimiento conocido como La Reforma con Calvino a la cabeza, la iglesia ya reformada, una vez que se instala y difunde su predicación del evangelio en Escocia bajo el liderazgo de John Knox —alumno y colaborador de Juan Calvino—, tomó en el siglo XVI el nombre de iglesia presbiteriana. Ello fue así por la forma como se diseñó el gobierno, liderizado por estructuras integradas “por varones con sabiduría, experiencia y dones para ejercer el gobierno y la enseñanza en la iglesia”. A estos varones también se les llama en la Biblia de “presbíteros”, que significa literalmente “ancianos”. Al ser una iglesia gobernada por consejos de presbíteros, las iglesias reformadas de Escocia se popularizan más con el nombre de presbiterianas. (Muñoz Vásquez, Jonathan, portal TGC´, 30 de abril, 2015).

Ser presbiteriano es creer profundamente en Dios, en Cristo, no necesariamente en el Papa. Esto permite entender los enfrentamientos de Trump con su Santidad Francisco en materias como las relacionadas con la construcción del muro en México. Sobre esto Francisco llamó la atención de Donald Trump y le dijo textualmente que “quien esté pensando en construir un muro (para separar a los pueblos) no es cristiano”. Ser presbiteriano es asumir con fe las reformas de la confesión, es entender que existe un pacto renovado entre Dios y sus criaturas en una iglesia “eclesiológicamente reformada”.

Pero ¿qué religión han tenido los presidentes estadounidenses?; tres presidentes fueron abiertamente no religiosos:   Thomas Jefferson, Andrew Johnson y Abraham Lincoln y uno, Kennedy, católico. Los demás han sido cristianos sobre todo presbiterianos, bautistas y episcopales. Uno fue cuáquero: Richard Nixon.  De los   535 miembros del Congreso de los EEUU ninguno se identifica como ateo, y sólo uno declara no tener una afiliación religiosa concreta. Y ello pese a que en la sociedad americana existe un 20% que se declaran no afiliados a ninguna religión. (Antonio Gómez Movellán, ¿Qué religión tiene Donald Trump? 20 OCTUBRE, 2016). Con Donald Trump continua la saga de presidentes presbiterianos.

Las creencias religiosas de la familia Trump.
Los Trump, religiosamente hablando no son una unidad. Mientras Donald es presbiteriano declarado y confeso, su madre Mary Trump, influyó en su formación religiosa y lo encaminó desde niño en la fe a los presbíteros; su esposa Melania es católica de comunión y oración, así quedó demostrado en la visita al Vaticano cuando el Papa le regaló un rosario bendecido por él. Ivanka, la hija predilecta de Trump es judía, debió convertirse a esta religión para poder casarse con Jared Kushner, yerno y asesor principal del presidente. Ellos fueron los que impusieron a Trump el cambio de la embajada a Jerusalén e Ivanka se sintió “transfigurada” cuando oró ante el Muro de los Lamentos pidiendo por la salvación de Israel, el pueblo elegido por Dios para velar por la Tierra Prometida y por el regreso del Mesías.

Trump, con todo y ser el “jefe” de la familia, no es el conductor espiritual de ella y debe asumir las contradicciones en su seno, que no son pocas. Ivanka y su esposo son dos verdaderos halcones que asesoran al presidente en sus políticas para el Oriente Medio. Son los que atizan un eventual conflicto entre Israel e Irán, tienen conexiones muy poderosas con el sistema financiero-militar para la fabricación y ventas de armas y parten de su fundamentalismo religioso, aliados con el sionismo más recalcitrante que propugna por intervenir en Siria, que subsidia al ISIS y que aspira el control energético de toda la zona. Trump los apoya mientras Melania dirige sus oraciones al cielo.

¿En qué cree Mr. Trump?
Como lo afirma Umberto Eco, los laicos “viven obsesionados por un nuevo Apocalipsis”. (Eco, Umberto. En qué creen los que no creen. Ediciones Temas de Hoy, 1997). Donald Trump es uno de esos laicos que afirmando creer (en un Dios), sus acciones permiten concluir que ese Dios es la creación que nace de sus propias convicciones, lo que significa que ese Ser Supremo no es necesariamente el Dios de los demás sino su propio Dios, el cual le complace, le cuida, lo llena de fortuna, lo hace exitoso en el mundo de los negocios, orienta y guía su Gobierno, le dice qué hacer y cómo hacerlo. Como dice el filósofo italiano Gianni Vattino, Trump quiere hacernos creer que él cree en lo que cree. Para el periodista Daniel Burke, “Aunque Donald Trump dice ser presbiteriano practicante, sus comentarios sobre Dios y religión han sido confusos”. (Burke, Daniel. Editor de Asuntos Religiosos de CNN, octubre, 2016). Donald Trump vive de pecado en pecado pero afirma “que con la gracia de Dios y con el apoyo de su familia espera tener una segunda oportunidad”. Trump ganó las elecciones en los Colegios Electorales, prometiéndoles a sus electores, fundamentalmente a los representantes más recalcitrantes de la derecha racista, volver a los principios originarios de la Nación, regresar a la identidad de ser estadounidenses, a sus postulados religiosos ancestrales, vinculando los negocios capitalistas con la religión que les dio origen como país. En esto, Trump seguramente bien asesorado retomó parte de las tesis de Weber quien en su Ética Protestante señaló “Es más pronto que los protestantes, tanto en calidad de oprimidos u opresores, como en mayoría o minoría, han revelado siempre una singular inclinación hacia el racionalismo económico, inclinación que no se manifestaba entonces, como tampoco ahora, entre los católicos en ninguna de las circunstancias”. (Weber, Max. La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo).

¿Qué puede esperar el mundo de este presbiteriano?
Como reza la paremia bíblica atribuida a San Mateo “Por sus hechos lo conoceréis”, sin duda es este un buen indicador para desenmarañar la conducta religiosa de este hombre que a nombre de su Dios ordena realizar bombardeos, intervenir y derribar gobiernos, asesinar dirigentes, masacrar poblaciones enteras incluyendo a los niños. Este hombre que hizo de su vida una práctica común para abusar de las mujeres a quienes considera objetos de venta e intercambio. Un tipo que a nombre de sus dogmas religiosos ha sacralizado el pensamiento cristiano, poniendo al mundo a depender de un hilo ante las amenazas de una hecatombe nuclear. Con Trump, la geopolítica ha de contar con el elemento religioso para su cabal comprensión.

La mudanza de la embajada de los EE.UU a Jerusalén, cosa que no se le ocurrió jamás a ningún presidente, más que verse como un acto de provocación al mundo musulmán, bien pudiera tratarse de la convicción de Trump, fundamentada en el Destino Manifiesto, que la llamada “Ciudad de Dios” es en realidad una ciudad terrenal y esa ciudad lo es Jerusalén, la capital de Palestina. Que el texto del Apocalipsis de San Juan no es ya, como lo asienta Umberto Eco, el sonar de las siete trompetas, ni la caída de las estrellas, no los mares con sus aguas ensangrentadas, ni las langostas que surgen del pozo del abismo ni la bestia que emerge del mar, no, ese nuevo Apocalipsis tal vez lo vislumbra Trump en el fortalecimiento de los arsenales nucleares, en la continua destrucción del medio ambiente, en las llamadas lluvias ácidas. Sus intentos por “desnuclearizar” la Península Coreana no desecha la presencia militar gringa en la zona para contrarrestar la presencia de China y de Rusia. Sus intentos por doblegar a la Revolución Bolivariana y poner fin al gobierno revolucionario de Cuba, no tiene otro significado que recuperar la totalidad de lo que otrora llamaron su patio trasero, fundados en la Doctrina Monroe de la “América para los americanos”. Para Trump, “Dios es lo máximo, no hay nadie como Dios”. Mientras tanto, en las monedas norteamericanas y en los billetes, continuará apareciendo la frase In God We Trust. La verdadera creencia religiosa de Donald Trump son los negocios y si debe echar mano al fantasma del Apocalipsis, no dudará en hacerlo, para ello es menester, como lo escribe San Juan, que Satanás sea liberado, que las fuerzas del mal y del bien se destrocen en fiero combate y que se imponga el Juicio Universal. Sin embargo, no olvidemos que San Juan también dice que Dios es amor y por amor entiéndase, como dice Ernesto Cardenal, “la causa del pobre y del indigente”. En el capítulo final de la novela “Anima Mundi” de la escritora Susanna Tamaro se lee “Sin respeto, sin amor, el hombre sólo es un mono que corre por el mundo con las manos sucias de sangre”. Que no olvide esto, el presidente presbiteriano, si en verdad desea ganarse un puesto en el paraíso.

roque.felix@gmail.com

viernes, 15 de junio de 2018

Cada vez más judíos estadounidenses protestan contra la violencia del Gobierno de Israel


Por Tom McCarthy:
La masacre de esta semana de docenas de palestinos a manos de soldados israelíes en Gaza ha provocado nuevas protestas de grupos de judíos estadounidenses progresistas que rechazan la ubicación de la embajada estadounidense en Jerusalén y que consideran que los gobiernos de Donald Trump y Benjamin Netanyahu son enemigos de la paz en la región.



Grupos como IfNotNow, Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz), J Street, Jews for Racial and Economic Justice (Judíos por la Justicia Racial y Económica) y otros comenzaron a intensificar las protestas –manifestaciones, vigilias y reuniones comunitarias– a fines de marzo, cuando las fuerzas israelíes mataron a 17 palestinos e hirieron a al menos 1.400 personas más en Gaza.

A las protestas se les sumó la voz de personalidades judías influyentes como la actriz Natalie Portman, que el mes pasado canceló su viaje a Israel para recibir el premio Genesis, afirmando a través de su portavoz que "los acontecimientos recientes en Israel la han angustiado muchísimo".

El comediante Sarah Silverman tuiteó: "Yo sé que da miedo porque no cuesta nada que el mundo odie a los judíos, pero lo que está mal está mal. Y los judíos  deberíamos ser los primeros en decirlo. ¿VERDAD?"
El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí aseguró que lo que se hizo fue "proteger a los ciudadanos de miles de violentos alborotadores en Gaza, que intentaban romper el alambrado y cruzar a territorio israelí con el objetivo de asesinar o secuestrar israelíes".
Esa explicación fue repetida y amplificada el martes por la embajadora de EE UU en la ONU, Nikki Haley, por las organizaciones judías AIPAC y ADL (Liga Anti-Difamación) y otras instituciones influyentes en Estados Unidos.

Pero estas organizaciones son cada vez más cuestionadas por grupos con miembros más jóvenes y nociones diferentes de lo que significa apoyar al Estado judío. "La violencia que se está cometiendo en nuestro nombre, la masacre de más de 50 palestinos que protestaron el lunes en Gaza, no podemos sentarnos y mirar sin hacer nada mientras se cometen estos actos, señaló Ethan Miller, portavoz de IfNotNow.
"Lo que vamos a hacer será actuar y construir un movimiento dentro de nuestras comunidades para asegurarnos de no apoyar la ocupación, y nuestra comunidad está trabajando activamente contra la ocupación".

Rebecca Vilkomerson, directora ejecutiva de Jewish Voice for Peace, se manifestó contra la yuxtaposición del acto de inauguración de la embajada estadounidense, con la presencia de Ivanka Trump y Jared Kushner, y por otro la muerte de palestinos.

El lunes de la vergüenza
"Creo que el lunes fue uno de los días más vergonzosos de la historia de la relación de Israel con los palestinos, con la celebración de la anexión mientras se estaba disparando contra palestinos, que son en su mayoría refugiados, solo por protestar por sus derechos básicos de vivir con libertad y dignidad", dijo Vilkomerson. "Es absolutamente inaceptable la idea de que esto se esté haciendo en nuestro nombre o que se justifique en nuestro nombre".

El lunes, unos 100 protestantes de IfNotNow cortaron la Avenida Pennsylvania en la ciudad de Washington durante dos horas gritando "No más violencia" y otras consignas.
Jewish Voice for Peace ha ayudado a organizar 45 acciones en todo Estados Unidos desde fines de marzo, explicó Vilkomerson, y el lunes el grupo lideró eventos en New Haven, Connecticut; Montclair, Nueva Jersey; Filadelfia, Boston, Ohio Central, ciudad de Washington y Nueva York.
En la última década ha aumentado la preocupación por un posible "divorcio entre los judíos israelíes y los judíos estadounidenses".

Un estudio de Pew de 2013 concluyó que los judíos estadounidenses no religiosos se sienten cada vez menos vinculados a Israel. Solo el 38% de los encuestados judíos estadounidenses afirmó que el gobierno israelí está haciendo un esfuerzo por lograr la paz con los palestinos.

"Durante varias décadas, el establishment judío ha pedido a los judíos estadounidenses que dejen su progresismo a las puertas del sionismo, y ahora, para su espanto, están comprobando que muchos jóvenes judíos han preferido  abandonar el sionismo en lugar del progresismo", advirtió el editor y escritor Peter
Beinart en un importante ensayo de 2010 titulado El fracaso del establishment judío estadounidense.
Los grupos de judíos estadounidenses progresistas han asegurado que han tenido conflictos con otros grupos tradicionales.

"A menudo, organizaciones como Jewish Voice for Peace sufren presiones de otras instituciones judías porque reclamamos por los derechos de los palestinos", dice Vilkomerson. "Sin embargo, hay mucha gente que se siente alienada del judaísmo por la forma en que las instituciones judías apoyan a Israel sin ningún cuestionamiento. La gente se acerca a nosotros y se reencuentra con su parte judía gracias a comunidades como la nuestra".

Miller describió la campaña "Nunca me lo habías dicho" de IfNotNow, que busca que los centros de educación judíos como campamentos de verano y escuelas enseñen la historia de la ocupación.
"Lo que hemos notado es que por un lado la comunidad judía estadounidense enseña a los niños valores de justicia social, como ayudar al prójimo, y por otro están estas grandes instituciones que trabajan apoyando y sosteniendo la  ocupación.

"Y nosotros ya no estamos dispuestos a aceptar esta hipocresía. Sabemos que debemos poner los valores por delante".
palestinaymexico@lists.mayfirst.org
pedrogellert@yahoo.com

sábado, 19 de mayo de 2018

Doble ocupación genocida de Jerusalén del sionismo y el imperialismo


Por Rolando Prudencio Briancon: 
Hasta ahora no sólo la ocupación del territorio palestino estaba cobardemente comandada por el sionismo israelí que manda a su Ejército para que masacre a los palestinos, sino que hoy se ha consumado una provocadora doble ocupación; ésta vez adredemente acompañada por la presencia mercenaria de los EE.UU., que siempre hizo del  bruto guardaespaldas que le “cubre” todas las barbaries que comete Israel contra Palestina, y contra cualquier otro que pueda afectar su rol de genocida gendarme geopolítico en el Medio Oriente.



Es en ese sentido que más patentes no podían haber sido las palabras de Netanyahu, reconociendo el patético paternalismo que ejercen los estadounidenses sobre Israel, servilmente señalando: "No tenemos mejores amigos en el mundo que los Estados Unidos”, agradeciendo además a Trump -quien como un gran cobarde no estuvo en el acto de inauguración de la embajada, mandando a su hija Ivanka y su yerno Jared Kushner- por el haber cumplido con traslado de la embajada norteamericana a Jerusalén, declarando descaradamente. "Este es un momento histórico. Gracias por tener el coraje de cumplir sus promesas”
Para nadie es un secreto a voces la relación de casi de un consentido y convenido Complejo Edipo que ha mantenido siempre el sionismo israelí y los halcones del Pentágono para asegurar el control del Medio Oriente -junto a su aliado Arabia Saudita- y al simbólicamente ocupar Jerusalén, como corazón de Palestina, es clave para afianzar a su dominio sobre la Franja de Gaza.

Si bien es cierto que hasta ahora los EE.UU., no ha metido bala contra el pueblo palestino; sí es el causante de que con la déspota decisión de ordenar el traslado de su embajada a Tel Aviv a Jerusalén, provocadoramente producido una ostensible ocupación y un genocidio; ésta vez ya cometida por los propios EE.UU., al haberse materializado lo que en diciembre era el preludio de la nueva barbarie que hoy se ha consumado, cobrando la vida de 60 personas y dejado a 200 mil heridos.

Después de esta nueva barbarie cometida; la pregunta es ¿qué acciones se van a tomar contra Israel y lo EE.UU, después que fueran expulsados por el sionismo de sus territorios; y hoy se ha consumado ésta doble ocupación genocida de Jerusalén, por parte del sionismo y el imperialismo?

prudenprusiano@gmail.com

jueves, 17 de mayo de 2018

A pesar de Trump, Palestina sobrevive.


Por Homar Garcés;
La decisión de Donald Trump de establecer la embajada de Estados Unidos en Jerusalén, reconociéndola como capital del Estado de Israel, suscitó la protesta legítima del pueblo árabe de Palestina, en lo que muchos analistas estiman el inicio de una escalada de enfrentamientos que terminarán por envolver a toda la región de Oriente Medio. Según reseñan algunos medios informativos, el ejército israelí ha matado una cantidad elevada de palestinos en Gaza durante las grandes protestas no violentas en contra del traslado de la embajada estadounidense. Pero todo esto parece no motivar mucha solidaridad entre las naciones occidentales, cuyos gobiernos -contrario a ello- se manifiestan a favor de lo hecho por Trump y se preparan a secundarlo no sólo en cuanto a la instalación de sus respectivas embajadas en Jerusalén sino también en la guerra que estaría desencadenándose, con la cual se perseguiría acabar con el régimen teocrático de Irán, al mismo tiempo que asegurar el control geopolítico de Siria y los yacimientos petroleros de todo este amplio territorio, en lo que ya muchos califican de neocolonialismo.     



La tragedia de más de medio siglo que sufre el pueblo de Palestina podría hacernos concluir que son seres humanos sin dolor de nadie. La pregunta lógica es: ¿por qué no se apoya decididamente el derecho a la autodeterminación de Palestina y se zanja definitivamente el conflicto árabe-israelí, creado y fomentado hace más de cien años atrás por las potencias de Occidente?

Es dificultoso defender o apoyar la lucha de un pueblo por aspirar a disfrutar de los mismos derechos que tienen y le han sido reconocidos a otros pueblos para afianzar su cultura, su soberanía y su autodeterminación cuando es víctima de prejuicios y de una incesante campaña de desinformación y de manipulación de la realidad como acontece en diversos contextos con Palestina. A tal grado se extiende la influencia de esta campaña que muchas personas terminan por creer, sin discusión alguna, que a los palestinos no les asiste ningún derecho sobre el territorio que vienen ocupando desde hace siglos; tal como sucediera en Europa con los antepasados de quienes lo propician cuando fueran víctimas indefensas de la oprobiosa política racista del Tercer Reich nazi alemán.

Al escribir sobre este tema en La ocultación política y mediática de las causas del atentado contra "Charlie Hebdo", sus consecuencias y retos, Said Bouamama concluye: “el discurso mediático y político de legitimación de este apoyo (por parte de Europa y Estados Unidos) se construye sobre la base de una representación del grupo Hamás palestino, pero también de la resistencia palestina en su conjunto (a través de recurrentes imprecisiones verbales), de la población palestina en su conjunto y de sus apoyos políticos internacionales, como portadores de un peligro «islamista». La lógica del «doble rasero» se impone una vez más a partir de un enfoque islamófobo adoptado por las esferas más altas del Estado y que retoman la gran mayoría de los medios de comunicación y de actores políticos”.

Así, cualquier rasgo de historicidad que puedan exhibir y confirmar los palestinos (como el reconocimiento de la ciudad de Hebrón por parte de la UNESCO), es sistemáticamente por la dirigencia sionista de Israel, de manera que estos carezcan de la identidad y de los argumentos suficientes para contrarrestar sus pretensiones de desarraigarlos por completo de sus hogares ancestrales.

Adicionalmente, la política expansionista, con asentamientos ilegales condenados recurrentemente por la Organización de las Naciones Unidas, viola todo derecho humano, sin que exista una mejor disposición de la comunidad internacional para impedirlo de un modo definitivo. Esto último se obvia en los distintos canales informativos, pasando a ser un elemento accesorio en medio de la situación explosiva existente en el Oriente Medio donde, justamente, se ponen en constante tensión los intereses de las potencias europeas y de Estados Unidos, que -afanados en ejercer un control directo sobre sus respectivos yacimientos petrolíferos- no escatiman recursos de toda clase para ocasionar en esta región una guerra general, similar o mayor a la de los Balcanes. Algo que ha sabido explotar en su beneficio la clase gobernante sionista, la cual, por otra parte, no ha dudado en respaldar sin disimulo al ejército mercenario del Daesh y en vincularse con los regímenes más reaccionarios de esas latitudes (o petromonarquías), como Arabia Saudita. No obstante, el pueblo de Palestina insiste en sobrevivir. A pesar de que el régimen sionista ha convertido el escaso territorio que aún ocupa en la mayor cárcel a cielo abierto existente en la Tierra y somete a toda su población, sin importar la edad ni las condiciones físicas de quienes las padecen, a las más insólitas y crueles prácticas de un terrorismo de Estado.
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mandingarebelde@gmail.com