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miércoles, 30 de septiembre de 2020

Estados Unidos y Colombia. Con estas democracias, no se necesita de dictaduras

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Para nadie es un secreto que Estados Unidos y Colombia configuran el dúo dinámico fundamental a través del cual gira la ejecución de la política intervencionista contra Venezuela. Más allá que ambos países son administrados por gobiernos de la ultra derecha extremista que con características propias, en lo interno, desarrollan políticas de apoyo de los sectores minoritarios que se encuentran en el pináculo de la sociedad, y en lo externo son rey y peón en la agresión a otros países. Algunos analistas se preguntan si lo que acontece, no es más bien, expresión de las propias crisis internas que atraviesan a su sociedad y su Estado.

En este sentido, el fin de semana pasado con pasmosa coincidencia fueron publicados dos artículos que muestran sin cortapisas las complicadas situaciones que se desprenden de la crisis institucional y el déficit democrático de dos naciones que se venden como ejemplos a seguir en esas materias.

El primero, un artículo titulado “Estados Unidos. Receta para el caos: las elecciones de 2020 amenazan con romper a un país ya llevado al límite”, escrito el pasado sábado 26 de septiembre  por David Smith corresponsal del periódico británico The Guardian en Washington, hace un largo análisis respecto de la ostensible carencia de garantías electorales de cara a las próximas elecciones en el país norteamericano. El periodista alerta que estas elecciones “podrían quebrar a Estados Unidos”, un dilema que supera la definición de quien ocupará la Casa Banca por los próximos cuatro años.

Smith opina que: “Existe una sensación generalizada de que el destino de la democracia constitucional más antigua del mundo está en juego”. Cree, que a los efectos de la pandemia de coronavirus, el colapso económico y el remezón producido por el rechazo al racismo, se le suma ahora la posibilidad de una elección que no ofrece garantías democráticas, todo lo cual reúne “una receta para el caos”.

En todo esto, el elemento más perturbador es la actitud del presidente Trump que ha estado creando condiciones para justificar lo que él llama “la elección más manipulada de la historia”, ante la cual se ha negado a confirmar si en caso de perder, permitirá una transferencia pacifica del poder. En esta situación, el país podría ser conducido a una crisis constitucional de inéditas consecuencias, que podría significar incluso el enfrentamiento armado si las huestes de Trump salen a la calle a manifestarse a favor de su “engañado” líder.

Los instrumentos de Trump para generar desconfianza respecto del voto por correo que se supone será mayoritario a favor de los demócratas, ha pasado por el nombramiento de Louis DeJoy, un donante republicano como nuevo director general de correos. DeJoy se apresuró a tomar medidas para hacer que el voto por correo sea más difícil, incluyendo “la eliminación de los buzones de correo de las calles y la codificación de las máquinas clasificadoras”.

En este sentido, Smith cita a Neil Sroka, portavoz del grupo progresista Democracy for America, quien afirmó que: “Donald Trump tiene los dedos en las palancas del poder y claramente las está maniobrando de todas las formas posibles, legales y posiblemente ilegales, para tratar de asegurar una victoria estrecha en noviembre”, agregando que: “La amenaza de supresión de votantes es muy real. Ya estamos viendo llamadas automáticas en lugares como Pensilvania que disuaden a las personas de votar anticipadamente, votar en ausencia o divulgar información errónea”.

Estas acciones están encaminadas a mostrar en primera instancia a un Trump triunfante en las urnas cuyos resultados son obtenidos el mismo día de las elecciones, de manera que cuando se comiencen a registrar la mayoría de votos demócratas provenientes del correo, ya el presidente haya declarado su victoria generando en la opinión pública la idea de que tal modificación de las cifras son producto de un fraude.

El periodista británico avizora que este escenario podría también ejercer una tremenda presión sobre los medios de comunicación, que evitarán manifestarse como hicieran la noche de las elecciones de 2000 entre George W. Bush y Al Gore.

En otro ámbito de este conflictivo escenario se inscribe el reemplazo de la fallecida jueza liberal de la Corte Suprema Ruth Bader Ginsburg, porque si como todo indica va a ser sustituida por la ultra conservadora Amy Coney Barrett romperá el equilibrio en la correlación de fuerzas dentro de la máxima instancia judicial del país que sería el ente encargado de definir una eventual controversia en relación al resultado electoral.

Smith recuerda que en el año 2000, fue la Corte Suprema la que decidió a favor de Bush y en contra de Gore en una votación 5-4 “siguiendo líneas ideológicas”. Si las elecciones de 2020 se disputan de manera similar, el tribunal podría volver a ser el árbitro final, en una contienda mucho menos reñida si se confirma el nombramiento de Coney Barret que configurará una correlación 6-3 a favor de los republicanos. De ahí la prisa de Trump por nominar a la nueva jueza, lo cual según Smith “ha alimentado un sentido más profundo de déficit democrático, un abismo creciente entre el gobierno de la minoría blanca de derecha y los valores de la mayoría diversa. Trump perdió el voto popular ante Hillary Clinton por casi 3 millones de boletas, y su último nombramiento en la Corte Suprema significará que la mayoría de los jueces fueron nominados por un presidente que inicialmente no ganó el voto popular”.

Además, la matemática electoral en el sistema político estadounidense expone una falsa mayoría en el Congreso si se parte de la base de que todos los estados eligen dos senadores independientemente de su población. Por ejemplo, Montana con un millón de votos tiene la misma representación que California con cuarenta millones, eso hace que los 53 senadores republicanos representen 15 millones menos de votos que los 47 demócratas.

Finalmente, el artículo exterioriza el peligro que significa que Trump se niegue a abandonar el cargo ante una probable derrota. El presidente ha dicho que: “La única forma en que vamos a perder esta elección es si está amañada”, lo cual es entendido como que hará uso de todos los instrumentos legales o ilegales para no abandonar el poder. Al respecto, el autor del escrito cita a Rashad Robinson, presidente de Color of Change, una organización de justicia racial quien al referirse a Trump dice que: “Lo que sí tiene de su lado es que controla la infraestructura federal y entonces la pregunta será, ¿usa esa infraestructura federal para hacer trampa? Y lo que sabemos sobre Donald Trump es que no ha hecho nada en su vida sin hacer trampa”

Esta situación obliga a los demócratas a una amplia victoria si quieren volver a la Casa Blanca. Es la única manera de anular los instrumentos ilegales que el presidente utilizará para sostenerse en el poder. La incerteza de que se produzca esa dilatada diferencia es lo que está generando incertidumbres, dudas y angustias respecto del futuro inmediato en la que se ha autodenominado la más perfecta democracia del planeta.

En tono similar pero no referido de manera directa a una dinámica electoral inmediata, el domingo 27 de septiembre el senador colombiano Gustavo Petro escribió un artículo en el portal Cuarto de Hora al que tituló “Un Congreso de la República de pacotilla”  en el que advierte respecto al peligroso rumbo que ha tomado su país, sustentando su punto de vista en: “La debilidad manifiesta de Duque, tanto para gobernar como para ganarse el apoyo popular; la debacle política de Uribe y del uribismo que ya no tienen propuestas serias para solventar la crisis que vive la sociedad colombiana, como  no sea entregar más y más recursos a las grandes corporaciones privadas del país sin importar la ruina de la economía o del pueblo hambriento”.

Tan atrevida aseveración se fundamenta en que el país está siendo conducido hacia la extrema derecha que se propone “construir una dictadura violenta” a partir de la “destrucción física de sus oponentes”.

El senador de la Colombia Humana señala en su artículo que el ministro de defensa Carlos Holmes se ha dedicado a proyectar su candidatura presidencial ante el fracaso de Duque y el desprestigio crecente de Uribe. Sin embargo, opina que lo está haciendo “simplemente dejando matar gente por la fuerza pública, que sin estrategia alguna, termina en manos de la corrupción, la violencia y el asesinato” y asevera en forma determinante que: “La campaña política de Holmes Trujillo le ha costado muchos muertos al país”.

Pero lo que resulta más peligroso es que según Petro la crisis del gobierno y del uribismo se pretende resolver en primer lugar, concentrando todo el poder público y en segundo, a través de un quiebre constitucional que se manifiesta aen “la masacre de Bogotá, la muerte de Juliana [Giraldo, por un miembro del ejército], y el desacato repetido del ministro de defensa a la Corte Suprema de Justicia”, señalando que todo esto es producto de la desmoralización de la fuerzas de seguridad a partir de la formación que reciben, enmarcada en una doctrina sustentada en el ensañamiento contra el pueblo a partir de su definición como enemigo, heredada de la guerra fría que aún se mantiene en Colombia.

Señala que la exaltación de esta doctrina por parte de los políticos conduce a que se militarice la lucha contra el delito y se comience a considerar a los luchadores sociales como criminales. De la misma manera, se necesita revivir enemigos externos para ser usados como “chivos expiatorios” que le permitan sostener su política, entre ellos reseña “al comunismo soviético, a Castro, a Chávez…”

Considera que la mayor causa de debilidad de la democracia es la desigualdad social que en el caso de Colombia “es la tercera más alta del mundo”, concluyendo que: “La articulación de doctrinas de extrema derecha, enemigo interno, violencia, militarización del narcotráfico, régimen de privilegios, genera el ambiente propicio para la dictadura” que se comienza a expresar como un quiebre constitucional, el cual a su vez se manifiesta como desacato a la justicia, masacres y burla de los asesinados por los gobernantes.

En otra arista del problema apunta que la prensa renunció a jugar su papel de freno a los desmanes del poder, transformándose en propagandista del mismo, “defensora a ultranza de Uribe, destructora de la independencia judicial y macartizadora de la juventud que se rebela”.

Finalmente, en lo que parecer ser el aspecto más importante de su desesperado análisis, el Senador le atribuye al Congreso el papel más triste en este contexto al renunciar a ser contrapeso del gobierno.  En este aspecto denuncia que el parlamento se sometió a un auto silencio que ha permitido el desacato del ministro de defensa ante la paralización que se ha impuesto el máximo ente legislativo para lo cual   inventan “cuanta excusa sea posible para evitar que los parlamentarios se reúnan en su sede”. Considera que este silencio “es el símbolo de la dictadura”.

Denuncia que la alianza entre Duque y el presidente del congreso Arturo Char, ha logrado paralizar ese ente, haciéndolo inexistente e imposibilitándolo de hacer cambios en la situación porque sus mayorías están acostumbradas a “ordeñar” al Estado “a partir de cupos de contratación [y] de la entrega de sectores estatales a sus bolsillos…”

Petro concluye afirmando que la crisis de Colombia se ve reflejada en la crisis del Congreso que caracteriza como “de pacotilla” y de “hazmerreir permanente” al mantener un silencio cómplice ante lo que ocurre en el país.

El Senador opositor cree que el presidente del Congreso es cómplice de la muerte de esa instancia parlamentaria y en general de la democracia, instando a su defensa y a la derrota de la dictadura para permitir que Colombia se transforme en “un país pacífico, productivo y libre”.

Venezuela, un país que como todos, tiene muchos problemas por resolver, debería meditar ante la posibilidad que estos dos países que se han asumido como nuestros principales enemigos, nos quieran imponer a través de la violencia y la fuerza estos modelos de “democracia” que a todas luces adolecen de algunos de los más elementales sustentos que la pueden hacer acreedora de tal condición.

sergioro07@hotmail.com

 

sábado, 14 de septiembre de 2019

Dos miradas sobre la degradación de John Bolton



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
La película “Vice” estrenada en diciembre de 2018 dirigida por Adam McKay, producida entre otros por Brad Pitt y Will Ferrell y protagonizada por Christian Bale en el papel de Dick Cheney, le valió a Bale para obtener el premio Globo de Oro como mejor actor.  La misma es caracterizada precisamente como un film biográfico de Cheney, quien después de ocupar varios cargos en diferentes administraciones llegó a ser vicepresidente de Estados Unidos durante el gobierno de George Bush hijo.


En la cinta se observa una escena en la que Cheney comienza en el año 2001 a organizar un aparato paralelo que transformó en el verdadero gobierno de Estados Unidos, ante el carácter dubitativo y la notable incapacidad y estulticia del presidente George W. Bush, lo cual queda claramente evidenciado en la película. Al pasar revista -junto a un asesor- de los leales que tiene dentro de la administración, Cheney expone que en el Departamento de Estado estaba John Bolton a quien caracteriza de alocado pero leal. La película muestra con interesante genio descriptivo el verdadero rol del poder en las sombras que dirige a Estados Unidos, al cual John Bolton ha servido siempre como un soldado.

Lo cierto es que desde enero de 1982 cuando ocupó el cargo de Administrador Auxiliar de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) con la responsabilidad de dirigir la Coordinación de Programas y Políticas cuando tenía 33 años durante el gobierno de Ronald Reagan, John Bolton ha estado involucrado -desde el gobierno o desde la academia- en la elaboración y ejecución de puntos de vista y políticas que han sido y son la expresión del sector más conservador, reaccionario y extremista de Estados Unidos. 

Su destitución/ renuncia (dependiendo de la óptica con que se vea) como Consejero de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump ha venido a estremecer el ya inestable sistema internacional en la perspectiva de la influencia que la mayor potencia mundial tiene sobre el mismo.

Tal decisión tiene dos miradas, una de carácter táctico y coyuntural y otra desde su análisis en el espacio estratégico y estructural. En el primer ámbito, está el examen circunstancial del hecho. Bolton es expresión del sector más guerrerista del establishment estadounidense. Su pensamiento denota una ideología recalcitrantemente conservadora, rayana en un fanatismo pocas veces visto y portador de opiniones racistas, misóginas y excluyentes que solo tienen comparación con el ideario del nazi fascismo y el nacionalismo japonés que hizo erupción en Europa y el lejano Oriente en la primera mitad del siglo pasado con todas las consecuencias conocidas para la humanidad.

Durante su gestión en la Casa Blanca, Bolton desarrolló -con la mayor impudicia- una agenda propia hasta que se hizo incluso incontrolable para el propio presidente Trump, al asumir posiciones contrarias a las que ha pretendido enarbolar en su intento de volver a lograr la grandeza de Estados Unidos apelando a las políticas que le permitieron –a partir de su expansión territorial, económica y militar en el siglo XIX- llegar a ser la primera potencia mundial para desatar toda su vocación imperialista desde 1898.

Trump, cuyos arrebatos se dan en el marco de una estructura mental sicopática, no de un pensamiento, ideología o doctrina racionalmente determinada, tiene un acercamiento a la política desde una lógica empresarial en la que las gestiones solo tienen validez si producen resultados económicos y financieros positivos. En esa medida, considera como un lastre poseer un gigantesco contingente militar desarrollando guerras y conflictos por todo el planeta en” defensa” de ciertos aliados que no pagan por ello. También entiende que no es viable desde el punto de vista económico realizar operaciones militares contra países que son capaces de resistir la acción estadounidense, produciendo prologadas guerras que podrían continuar mermando las alicaídas arcas de su país.

Este aspecto fue el que le condujo a un choque sin solución con Bolton quien era partidario de mantener, profundizar e iniciar conflictos con Irán, la República Popular Democrática de Corea, Siria, Afganistán, Cuba, Nicaragua y Venezuela, llevando incluso algunos de ellos a la intervención militar sin descartar la guerra como instrumento de la política. Tampoco ocultaba su animadversión contra Rusia o China, potencias en las que clamaba por el incremento de sanciones económicas que hasta ahora no han denotado propósito efectivo alguno.

Que Bolton se haya ido, mientras los presidentes de esos países se mantienen en el poder, sus pueblos resisten y se debilita la hegemonía estadounidense es una gran cosa. Que el más alto exponente de la ideología de terror imperante en las altas esferas del poder de Estados Unidos haya sido destituido y humillado por su jefe es indudablemente una buena noticia. Que el supremacismo blanco, el racismo y el extremismo fascista se hayan visto impotentes por la salida del espacio de poder que poseía su máximo exponente en el gobierno, es algo de lo que el pueblo noble y valiente de Estados Unidos debe enorgullecerse porque también es expresión de su propia resistencia. Que el creador del Grupo de Lima, el principal socio de Almagro, el que parió a Guaidó y a su camarilla lumpen haya sido expulsado de la Casa Blanca, no deja de generar disfrute y felicidad. Todo ello es motivo de celebración y dicha y debe ser entendido como una victoria de los pueblos que luchan y resisten.

En otro plano, resulta ilusorio suponer que la variación que se producirá en la administración de Estados Unidos, pueda tener significación alguna en la política real. Sería desconocer la esencia del sistema imperial estadounidense o, visto desde otra perspectiva, considerar que su ADN pueda ser modificado con el simple cambio de un funcionario por muy encumbrado que esté en la estructura del sistema, no pasa de ser un sueño.

El imperialismo estadounidense es un sistema de dominación que no considera los vaivenes de la organización gubernamental para la toma de decisiones. Por eso, éstas se llaman administraciones o “gobiernos temporales” como siempre nos recuerda el investigador cubano Luis Suárez al hacer referencia al documento de Santa Fe I. Es posible detectar algunas diferencias entre gobiernos demócratas o republicanos en materia de política interna sobre todo el ámbito social o en su acercamiento a ciertos valores de la civilización, pero en materia de política exterior, actúan sobre la base de una política de régimen único en que sobresale su carácter totalitario y agresivo con pequeñas acciones de ajuste a fin de modificar políticas evidentemente fracasadas.

En esa medida, la destitución de Bolton no tiene mayor significación independientemente de quien sea su sucesor o de donde provenga, siempre debe saberse que para llegar a esas instancias es necesario tener la aprobación de lo que el antes mencionado documento de Santa Fe I denomina “gobierno permanente” configurado por los “grupos de poder y poderes fácticos”.

Desde este punto de vista, no hay nada que conmemorar, solo seguirse preparando para enfrentar los avatares que implican la decisión de ser libres e independientes porque la lucha será eterna mientras la sociedad de clases exista y el poder imperial siga utilizando la irracionalidad de la fuerza para imponer un modelo de sociedad excluyente, agresiva, injusta y desigual.

sergioro07@hotmail.com

jueves, 20 de junio de 2019

Guaidó aprovechará para robarse lo más que pueda antes de pirarse del país.



Por Juan Martorano:

Juan Gerardo está tratando de aprovechar su cuarto de hora. Hemos dicho que ciertamente las expectativas que creo a comienzos de este año se han ido desvaneciendo. Ya entramos a la segunda quincena del mes de junio, que marcará el fin del primer semestre de este año y comienzos del segundo, por lo que se acelera su fecha de caducidad.

Los errores que ha cometido en la ejecución de sus planes en contra del proceso revolucionario han estado a la orden del día. Y esto ya hace mecha en su pretendido liderazgo, sin contar en las disputas subterráneas y arteras en las que ha caído con su antiguo jefe y mentor político, Leopoldo López, creador y jefe del engendro terrorista Voluntad Popular.


Una de las debilidades de Guaidó tiene que ver con la ostentación y los lujos que le dan su pretendido e imaginario interinato. Hasta el punto que ha concedido entrevistas y prestar su imagen para revistas de moda, cuál si fuera un top model. Está inmerso en una burbuja y no se da cuenta de su entorno y alrededor. Por ello, sólo será cuestión de tiempo para que lo veamos cómo queda en el basurero de la historia, como pasó con otros predecesores que ha tenido de la talla de Ramos Allup o Julio Borges.

Su pareja (real o no) Fabiana Rosales, ha realizado constantes giras al exterior, y se ha reunido con importantes gobernantes de derecha en el mundo. Ella, al igual que su consorte, le ha gustado estos devaneos del poder y de este “interinato”. Ella también ha entrado en un círculo terrible donde el poder y el dinero abundan. Pero aquí cabría la pregunta: ¿Qué ocurrirá cuando lleguemos a las postrimerías de este año y comienzos del próximo, cuando de acuerdo a los propios acuerdos de la alianza opositora, Guaidó (si es que tiene palabra) debería entregar la “presidencia del parlamento” a una fuerza minoritaria dentro de la extinta MUD? Ya de esto me referí en artículos anteriores.

De hecho, se estima que el motivo real de las giras internacionales de Fabiana Rosales de Guaidó por el mundo tiene que ver con monitorear y rastrear cuentas de la Nación venezolana, a objeto de que se les impongan bloqueos en el marco de las medidas coercitivas unilaterales. Pero peor aún, además de ello, Fabiana sería la encargada de la apertura de cuentas personales en otros países, incluso en aquellos que son considerados paraísos fiscales, a fin de depositar el dinero de lo que se están robando de los activos de nuestro país en el exterior.

Ante la inoperancia (y expresó esto con profundo sentido crítico y de molestia) con nuestro actual sistema de administración de justicia, léase Ministerio Público y Tribunales, que no terminan de accionar y ponerle los ganchos a Guaidó (el cual a mi juicio no representa un peligro ante el desplome de su liderazgo y pérdida de su capacidad de movilización de la base opositora antichavista furibunda, lo que suma una decepción y frustración más) sólo será cuestión de tiempo, y esperemos esto, que este sujeto con todo el dinero robado y el daño que ha causado al país, es que huya de nuestro país a disfrutar de este dinero mal habido. Obviamente continuará montando algunos shows, y expresará que ahora hará un Gobierno desde el exilio.

Y sostengo que Guaidó no representa un peligro en estos momentos, porque la alta dirigencia del chavismo que hace vida en el PSUV, ha disminuido en las convocatorias a las movilizaciones y marchas (las cuales en más de un 99% de los casos se ha constituido en una medida de reacción ante los intentos del fascismo por llenar de sangre y violencia las calles de nuestro país, y la excepción fue la convocatoria a la marcha de los CLAP a comienzos de este mes). Lo que a mi juicio es un indicador de que Guaidó viene presentando desde hace algunas semanas, no sólo un estancamiento, sino un desplome de su liderazgo y de su convocatoria en sus movilizaciones y acciones de calle.

Y si a eso le agregamos las recientes denuncias y casos de corrupción incipientes con el tema de la supuesta ayuda humanitaria que se encontraba desde Colombia, más el bajo perfil que operadores políticos fascistas como Rick Scott y Marco Rubio han tenido en estos últimos tiempos; aunado a que el día de mañana 18 de junio de 2019, Donald Trump lanza oficialmente su campaña a la reelección a la presidencia de EEUU, es evidente que Guaidó pasará a ocupar en la agenda de este país un segundo orden, y ante los engaños y frustración en sus expectativas por una “salida rápida” de Nicolás Maduro del poder, sus amos imperiales ya hayan decidido deshacerse de él y buscar otro que les haga el trabajo sucio.

Sin embargo, y ante de darle la extrema unción a Guaidó, no podemos bajar la guardia, puesto que la navegación del “buque hospital” USS Confort por aguas del Caribe, pasando muy cerca de las costas venezolanas, y de la visita de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet a Venezuela desde el miércoles 19 de junio hasta el viernes 21, con el consecuente llamado del “autoproclamado” de llenar de protestas y violencia las calles de Venezuela, serían los últimos actos de un dirigente al cual ya se ha dado la orden de sacarlo del juego, ante su evidente fracaso e inoperancia para la consecución de exterminar la Revolución Bolivariana.

Y será otro, y no será paja, cuando expresemos, que se secó por querer destruir a Venezuela. 
Y dios quiera, que sus últimos días los pase tras las rejas, pero pareciera que hay sectores enquistados dentro de nuestro Estado que lo prefieren en el exilio que preso. Es importante que entiendan que este país para que pueda haber paz tiene que haber justicia, y para que haya justicia, tiene que cesar de una vez por todas la impunidad, venga de donde venga y caiga quien caiga.

¡Leales Siempre! ¡Traidores Nunca!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!

jmartoranoster@gmail.com

miércoles, 6 de septiembre de 2017

La carencia ética y la cínica imprudencia Gringa

Por Jesús Arenas Hernández:

Sin duda alguna, la ética ha sido la lección que jamás ha aprendido el imperialismo yanqui. Según Aristóteles, ésta conlleva la prudencia como virtud esencial y la responsabilidad en los actos de ejecución. Esto, porque en el campo moral para que funcionen las ideas es necesario revestirlas de racionalidad, lógica y justicia. El desfile de gobernantes gringos ha desengañado a este filósofo griego. La ética es un terreno minado para el imperialismo. Desacostumbrado a arrodillarse, es hora buena para tratar de llevarlo al reclinatorio y enseñarlo a predicar la bondad social. Gran problema. Es demasiado para Trump. Exigirle una agenda racional donde predomine la templanza y la generosidad, es tratar de enseñarle a parir ángeles.


A través de su historia, el pueblo norteamericano ha demostrado acciones de nobleza. Nobleza pisoteada por sobrevenidos gobiernos, con ligeras excepciones, déspotas racistas y sectaristas, que solo han servido para empañar el legado de sus héroes. Ninguna gloria han conquistado sus soldados enseñados a la droga y la matanza de naciones inocentes y débiles. Grandes en su dignidad, han sido los pueblos bravos de Vietnam y  la Corea de antaño, que han tenido que desgarrar en dos toletes para dominarlas. El irrespeto y la violación a todas las normas internacionales, morales, sociales, económicas y culturales ha sido el prisma cotidiano imperial. En cónclaves secretos se fraguan las invasiones, los asesinatos y las conspiraciones permanentes.

Todos sus gobiernos hacen la cola hacia el infierno. Hábitos de conquistas inclementes son las agendas prepagadas en sus elecciones fundamentadas en un sistema electoral tramposo y sistemático. Quizás más democracia demuestra el Vaticano porque por lo menos deja asomar el humo blanco. Los elegidos gringos son como ciertos personajillos criollos quienes prenden candela a sus libros y actas para evitar ser descubiertos. La torta se quemó completa con Trump. No solo es prepotente y soberbio sino incoherente en sus decisiones. Suerte que no merecía el pueblo norteamericano. Sabemos que el ejercicio  de buenos modales y un trato justo para las naciones menos favorecidas, requiere un esfuerzo que permita desarrollar confianza y aprecio en cada uno de sus actos. Mucho pedir.

Pero no es así. La economía agiotista y la política generada basada en el desplante es su fuerte. El caos es la orden dictada, la agresión y el acoso, son formas de penetración reiteradas. Acosar y chantajear a Venezuela con amenazas constantes no solo es una grosera intervención sino un desconocimiento de aquella lealtad arrodillada con que anteriores gobiernos nuestros rindieron en el pasado, para mal de nuestro pueblo. Ni eso lo reconoce el Tío Sam. Las cosas cambiaron para sus apetencias y esto los ensombrece e irrita. Buscan por todos los medios recuperar el dominio absoluto del poder en Venezuela. Pero lo hacen con el estandarte de la antiética y la inmoralidad.

Escudados en una supuesta “democracia universal” y bajo el amparo de “personajes ocultos” insisten en dominar a capa y espada el planeta. EL propósito y el objetivo planeado por sus amistades foráneas, no es difícil alcanzarlo pero con una acción más justa y bondadosa y no con esas muecas fingidas. Si en realidad proyectan viajar, háganlo dejando buenas impresiones en los pueblos de la tierra. Esa imprudencia obstaculiza la evolución de las demás naciones y causa sufrimiento colectivo. Pero no deseo salirme del tema específico. Será otro tema futuro. “Por ahora” Venezuela resistirá y vencerá. Ignoran que este es un país privilegiado y destinado.

El problema vital del gobierno yanqui es que ha seleccionado mal los medios, cuando cuenta con un sinfín de ellos, menos díscolos y más convenientes, para coordinar libertad y progreso de todas las naciones. Ese lenguaje lo podemos entender, dentro del respeto mutuo, la reciprocidad y la independencia. Venezuela es y ha sido un país de dialogo y abundante libertad. Pero si insisten en la violencia y la irracionalidad para sus conquistas se encontrará con un pueblo decidido, alimentado por aquel espíritu revolucionario de Bolívar, Miranda, Guaicaipuro y toda esa pléyade de hombres libertarios. Por otra parte, estimo que Suramérica no està dispuesta a ceder su independencia por más dólares que regale a sus títeres.

Es la sangre indígena que aun corre por las venas de sus pueblos. A propósito sería bueno que Trump se diera un tiempo para leer aquel libro que una vez  donó  Chávez a uno de sus gobernantes. Para concluir, el mundo actual es complejo. Si es cuestión de terminología: la injerencia sería aceptable para mejorar, avanzar y ayudarnos a construir un mundo justo y ético, pero jamás la aceptaremos para continuar el saqueo, la destrucción y la injusticia. Afinar el paso para la convivencia debe ser la misión del imperio si desea sobrevivir, aunque creo que tanto daño causado, hace tardía esta propuesta. Chávez vive, la lucha sigue.

 fundapoder@hotmail.com