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miércoles, 1 de abril de 2020

Después de la peste vendrán rebeliones



Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez :

La primera guerra mundial, se negó a irse sola, en su final dejó el rastro de la peste. Un enemigo invisible, al que no detectaron los radares, ni pudieron predecir la física y las matemáticas. No hubo tiempo para descifrar los códigos enigmas como si ocurrió con las operaciones de asalto y bombardeo. De la pandemia, se supo por las calles inundadas de cadáveres, cuando nadie podía esperar cosas peores a las ya vividas. Eran tiempos de hambruna y degradación, de miseria y olor pestilente a barbarie que salía de paredes derruidas, ensangrentadas. Lo poco de humanos que había quedado en pie, lo derrumbó la peste. Lo que no destrozó la guerra lo carcomió el contagio.


Hace 100 años el mundo era disperso y a la soledad se le sumaba silencio. Hoy el mundo es otro, 3000 millones de humanos confinados en sus casas, tratando de estar en en línea (on line), junto a una pantalla que emite en directo la tragedia, en la que mientras unos lloran a sus muertos, a otros los divierte el dolor ajeno, y quizá ya afectados mentalmente por el paso arrasador del virus, dedican tiempo a memes, fakes news, falsedades y mentiras, que los deleita metiendo miedo entre los huesos y la mente de los más débiles, si el contagio cae sobre ellos, ya no habrá lagrimas para despedirlos. Entonces no había manera de predecir, ni cálculos basados en variables y dimensiones complejas.

No existían como ahora preocupaciones por males neuronales, ansiedades, depresiones y sentimientos de soledad especialmente para jóvenes, más inmunes a la peste y más frágiles ante el dolor, nadie estuvo exento de riesgo al contagio y la muerte, cualquiera podía ser trasmisor o receptor, aunque no todos habrían de contagiarse.

La guerra y la peste permanecen juntas, van cambiando al mundo de inmediato, no hay un antes y un después, si no un continuum. La que parecía ser la última guerra a inicios del siglo XX, sellada con el armisticio, fue la antesala de una barbarie peor, instalada por el partido nazi, que destruyó el sentido de ser humano, de humanidad y de dignidad. Aisló en campos de concentración a los que califico de apestados ideológicos para exterminarlos, llevó las condiciones de trabajo a su peor condición creativa, eliminó de la sociedad el espíritu colectivo y arrebató en serie la vida de millones. Nada de eso parece tener relación con la peste de hoy, pero en muchos discursos se repiten coletazos del holocausto vitoreado por fascistas y diseñado con una inigualable maldad puesta a prueba.

Después del contagio, nada será igual, como había ocurrido con la peste negra que cambio las percepciones de la vida y las maneras de organizar al mundo medieval en el siglo XIV. El mundo hace 100 años empezó a ser más rápido y hace 75 las cosas tomaron aún mayor velocidad, en una imagen pasar de la locomotora a la fórmula uno. Los fenómenos se globalizaron y lo que pasa en un lugar repercute en otro. Los dueños del capital, después de la peste o la guerra, siempre se han propuesto recuperar rápidamente lo perdido, así ampliaron los límites del despojo con la conquista de otras galaxias, del espacio, del fondo del mar y del cerebro humano para cambiarle su rumbo. Todo eso ocurrió después de la guerra y la peste de hace 100 años.

El holocausto hace 75 años, se selló con nuevos bloques económicos asociados a sistemas políticos que reinventaron la guerra para dos, pero librada en otros territorios y en el último cuarto de siglo entre bilateralismo y multilateralismo el mundo quedó a merced de trasnacionales que hacen girar sobre su órbita a estados débiles, que deciden quien puede vivir y quien debe morir.

Hoy la peste articula una acumulación de pequeñas variaciones y señala el tránsito hacia nuevas formas organizativas sociales, económicas, políticas, culturales. Turismo, oficios, profesiones, modos de educar y de aprender, no quedarán a salvo, saldrán afectados, se perderán millones de puestos de trabajo, que parecían estables, inamovibles, economías sin rumbo, como el virus, buscarán donde posarse, y habrá vidas sanas serán lisiadas. Las iglesias cerraron puertas, la fe cambia, se ora sin altar, a lo lejos se divisan cruceros aislados en mitad de la mar, aeropuertos sellados, estados de sitio sin levantamientos armados, intolerancias sin destino fijo, psiquis rotas.

Después de la peste la humanidad quedará agotada, lista a recomenzar de otra manera, ojalá con más sentido colectivo que egoísmo, individualización y violencias. La tempestad de lluvias y malas cosechas produjo las hambrunas del siglo XIV y después vinieron guerras sin tregua, hambrunas y nueva peste, que conectó al siglo XX y ahora reaparece en siglo XXI y de la que apenas se sabe que existe. Cuando cese el agotamiento, si es que hay tiempo para el descanso, vendrán mutaciones sociales desatadas por la peste.

Siempre después del contagio han florecido levantamientos, grandes movilizaciones, las ha habido de campesinos, obreros, rebeliones contra el orden judicial y financiero, ataques a la propiedad y a la opulencia. Y el orden natural parece aprovechar para recordar cosas y remover la memoria, el darwinismo social anuncia animales de selva que regresan a pasearse en las ciudades solitarias y moribundas, aisladas por la peste y a gentes de ciudad queriendo regresar a la selva, huir para esconder su debilidad y hastió o simplemente buscando sobrevivir al contagio de incognitos, entre soledad y silencio.  Sea lo que sea es tiempo de prudencia, paciencia, inteligencia, solidaridad y esperanza, esta batalla contra el virus se gana. 

mrestrepo33@hotmail.com

sábado, 29 de febrero de 2020

Por el camino equivocado



Por Carolina Vázquez Araya:

Por qué no funcionan las estrategias institucionales para detener la violencia feminicida.

De nada sirve tratar de explicar los motivos detrás de la tortura, violación y muerte de niñas y niños, de adolescentes y de mujeres, los cuales suceden a diario en nuestros países. Esto, porque no existe tal cosa como un “motivo” capaz de llevar a otro ser humano a cometer semejantes atrocidades y mucho menos la recurrente justificación de los crímenes como resultado de arrebatos pasionales o situaciones de orden privado. Basta leer las noticias para constatar hasta qué punto el feminicidio y la violencia contra la niñez se han ido consolidando como un problema sin solución, como una carga cuyo peso sacude los cimientos morales y los valores de nuestras sociedades, pero para la cual nadie ofrece solución.



Algunos intentos por hacer visible la dimensión del horror chocan de frente contra una comunidad humana cuya sensibilidad se ha perdido junto con su sentido de pertenencia. Por lo general, se utiliza como excusa el desconocimiento o la desestimación de la gravedad del fenómeno, y todo se reduce a dejar pasar para no comprometerse en una lucha para la cual es necesario un acto de suprema valentía: reducir en pedazos la escala de valores caduca y deshumanizante que nos gobierna y, a partir de esa latitud cero, asumir como sociedad la tarea de reconstruir un tejido social en donde la vida ha perdido valor y la justicia es poco menos que una utopía. 

Para nadie es un secreto la connivencia entre sectores de poder y organizaciones criminales. A partir de ahí, resulta casi imposible detener la incidencia de crímenes tan espeluznantes como la trata de personas, entre cuyas víctimas se encuentra toda clase de seres inocentes; desde niñas y niños recién nacidos hasta hombres y mujeres adultas capturadas por estas organizaciones para esclavitud laboral, prostitución, adopciones ilegales y toda clase de atrocidades, en un flujo indetenible que los separa para siempre de sus comunidades y sus familias.

En el origen de la degradación en el trato a niños, niñas y mujeres, se puede identificar con absoluta certeza esa visión patriarcal y machista de reducir la significación de esas vidas en una escala según la cual son prescindibles y sujetas a la propiedad de otros. Asesinar a una mujer en un arrebato de celos o violar a la hija porque “pertenece” a su padre han sido actos tolerados por sociedades inmersas en un esquema imperante durante siglos, cuyas normas permanecen activas por un sistema de poderes totalmente desequilibrado y deshumanizante. Ante esta realidad, las estrategias institucionales diseñadas por algunos gobiernos para eliminar o por lo menos reducir esta clase de crímenes, de nada servirán en tanto no exista una revisión profunda de las causas que los provocan. Esa tarea, aún pendiente, representa la eliminación de obstáculos a la integración de todos los sectores en la toma de decisiones, pero también en programas sociales ausentes en los planes políticos de la actualidad.

Sumado a ello, otro factor indignante es la manera de presentar los feminicidios y los crímenes contra la niñez en los medios de comunicación social. La forma despectiva y sensacionalista de divulgar en detalle estos actos atroces con el único fin de alimentar el morbo de sus audiencias, retrata de manera puntual una de las más graves falencias humanas de nuestras sociedades. A eso, es preciso añadir la indiferencia de esa audiencia, cuya actitud de ver y dejar pasar demuestra cuán enraizada es la tolerancia de la violencia contra las mujeres y la infancia y cuánto de esa tolerancia –aún en estos tiempos- es considerada una herencia cultural incuestionable.

ROMPETEXTO: La vida de niñas, niños y mujeres depende de un retorcido marco cultural.

quintopatio@gmail.com

miércoles, 9 de octubre de 2019

La dolarización de facto de Venezuela



Por Homar Garcés:
La dolarización de la economía venezolana -pese a los esfuerzos del gobierno nacional para impedirla, antes y ahora- se inició prácticamente con la campaña orquestada desde los diferentes medios de comunicación de los sectores de la ultraderecha, implantando un clima ficticio de inestabilidad económica apoyado por páginas como DolarToday, que permitió incrustar un dólar paralelo a su total conveniencia. Simultáneamente, se desarrolló una espiral descontrolada de acaparamiento, especulación y contrabando de productos de primera necesidad que han afectado, principalmente, a la población de menor poder adquisitivo, una porción de la cual se ha visto obligada a emigrar a otras naciones donde el trato recibido no es el mejor de todos, dada la xenofobia desatada en su contra, incluso desde instancias oficiales.

Como parte de su estrategia, la derecha local (estimulada y asesorada desde el exterior) inventó un culpable. Inmediatamente, la burguesía parasitaria señaló al gobierno como único responsable de la crisis que ella misma ideara y aupara. Sus más conspicuos representantes se dieron a la tarea de contactar a gobiernos (liderados por Estados Unidos) que incrementaran la presión sobre Venezuela, de modo que Nicolás Maduro se viera obligado a dimitir como única alternativa para sacar al país de los graves aprietos en que éste se halla.

Esta degradación sistemática de la gobernabilidad y de la economía venezolanas -causada, como ya se sabe, por los enemigos del chavismo, pero también, no hay que dudarlo, ni porqué negarlo, por la codicia, la ineficiencia y la falta de visión política de muchos de sus principales actores- ha permitido que la dolarización sea un asunto cotidiano entre venezolanas y venezolanos, en tiempos pasados ajena al vaivén de los tipos de cambio de divisas extranjeras y, ahora, víctima de la especulación diaria de empresarios, con base en lo que el dólar sería respecto al bolívar; cuestión ésta que no se corresponde con la realidad, ya que la hiperinflación tiende a incrementarse más por razones particulares que por efecto del alza del dólar.

Ahora esta misma oposición, estrechamente ligada a los factores de poder hegemónico estadounidense, se presenta ante el país como la única capaz de solucionar la crisis que ha tratado de agudizar por todos los medios, lo que, según sus propósitos, forzaría a los sectores populares a alzarse contra el chavismo, consintiendo revertir totalmente la situación creada por este durante estos últimos veinte años.

Refiriéndose a este tema, Pascualina Curcio, en su artículo “Nuevo orden económico mundial”, describe que “la hegemonía del dólar es un arma poderosa no solo por el dominio que puede ejercer Estados Unidos al tener el control del suministro de la moneda a nivel mundial y las transacciones financiera que con ésta se realicen, sino que, además, basar el sistema monetario en la ‘la confianza’ y no en activos reales y palpables, le ha permitido al país norteamericano accionar otra de las armas imperiales más poderosas: el ataque a las monedas de los países que no se alinean a sus intereses. Manipular los tipos de cambio resulta más sencillo cuando el precio depende de una variable tan etérea como es la fiduciaria”. Siguiendo el curso de esta aseveración, tendría que aceptarse que, pese al modelo económico fomentado por el chavismo, nominalmente socialista, la economía venezolana no alcanzó independizarse de esta hegemonía del dólar; al contrario, se estimuló la inversión de empresas transnacionales, sobre todo petroleras, con sede en Estados Unidos.

A la par de ello, muchos gobernantes chavistas fundaron empresas bajo el esquema capitalista y, por ende, sometidas a las fluctuaciones de la moneda gringa, creando un escenario enteramente contrario a sus discursos. No es extraño, entonces, que la dolarización pregonada por varios dirigentes opositores tuviera alguna posibilidad de concretarse, llevando al país a lo que sería un inevitable callejón sin salida. No obstante, en medio de esta realidad, todavía cabe pensar en la perspectiva (nada ilusoria) de una democracia económica, incluso sin renegar del todo del capitalismo (para escándalo de algunos), en lo que sería la promoción de las economías productivas en sus niveles regionales y locales, con pequeños y medianos empresarios, además de emprendedores populares, más que basar cualquier medida en la flexibilización laboral y el apoyo financiero brindados a las grandes empresas, nacionales o extranjeras.

Esto exige que el liderazgo político del país (chavista y opositor) entienda como mínimo que la salida de la crisis creada impone la adopción de medidas orientadas a la producción interna, en especial de insumos agrícolas, medicinas y alimentos, evitando la libre importación de rubros que se elaborarían en Venezuela. Es decir, comprender la importancia de la producción social, lo que tendría un peso significativo en la economía venezolana si no se coarta su autonomía y no se le somete al absolutismo de engorrosos procedimientos administrativos que rezagan y frustran su pleno funcionamiento. Otro tanto debiera hacerse en lo que respecta a las diversas empresas en manos del Estado, poniendo al frente de las mismas a personas idóneas para su manejo en vez de activistas o simpatizantes del gobierno que solo se contentan con asumir el cargo, careciendo del perfil requerido y de la conciencia revolucionaria para medianamente entender el gran compromiso a asumir para hacerlas realmente productivas y sacarlas adelante, en bien de todos los venezolanos. 

mandingarebelde@gmail.com

sábado, 21 de septiembre de 2019

La guerra impide ver la tragedia nacional



Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

Políticamente lo que otros usan para unir, en Colombia se usa para separar. Cuando hay ideas comunes se buscan fisuras que justifiquen ruptura. La izquierda logra despolarizar diferencias con la derecha, pero no lo logra hacerlo fácilmente con la misma izquierda. Los ríos que unían culturas y pueblos fueron convertidos en barreras para separar territorios y alimentar odios. Las elites como los conquistadores, vigilan que lo que une no tenga garantías, porque peligra su propia existencia. Conocen bien sus ventajas y han tomado atenta nota de las debilidades de las mayorías, que podrían ponerlas en riesgo y cambiarles su destino, por eso las ataca políticamente todo el tiempo. Mantienen ejércitos formados con sus mismas víctimas y hacen creer que política es la que separa, sabiendo que, en su soberbia, politiquería y clientelismo, radica el trípode que sostiene su estabilidad y lealtades.



La tragedia humana nacional, es tratada como una sucesión inconexa de hechos violentos y de degradación por hambre, enfermedad, exclusión, útil para exacerbar pasiones y mantener el ciclo de violencias, imponer límites a derechos y libertades y eliminar límites a su propicia codicia. Se especializaron en imponer la guerra y la hostilidad como principios a seguir. Enseñaron a discriminar a los distintos y a eliminar primero a sus dioses y después a sus líderes sociales y mandos insurgentes para provocar la retirada y minar cualquier resistencia civil o armada ante su autoridad. Convirtieron la guerra en valor absoluto, le dieron un valor especial sobre la vida y la dignidad humana, así lo anuncia la publicidad estatal que ofrece recompensas, altera conciencias y promete falsos cambios, manipulando los conceptos de adversario y enemigo político.

Al adversario lo presentan como enemigo y al enemigo como una especie a la que es inaplazable exterminar. La masacre, el genocidio, la crueldad, tienen impulsores, apologistas y defensores, cuyo encargo es minimizar o ridiculizar la tragedia a la que usualmente señalan como asunto colateral a su codicia, que impide competirles el poder. Las palabras reiteradas del ministro de guerra así lo muestran, siguen un libreto, no son equivocaciones ni errores de cálculo, son parte de una manera de pensar y gobernar. Así piensa y se lo cree cuando afirma que los asesinatos de líderes ni son sistemáticos, ni son políticos.

A las elites, el modo de vivir en un estadio de guerra, les ha dado sus mejores resultados, la economía crece, pero las guanacias son para pocos. Unas veces triunfan como empresarios, otras como políticos, le llaman carrusel, pero es la dinámica mafiosa de un sistema de poder, que no podría permanecer en momentos de paz, en los que estarían inseguros, sin los privilegios originados muchas veces en viejos fraudes que les dieron un status social que por nada están dispuestos perder. En eso basan su derecho a tener para sí lo que arrebataron o negaron a otros, a lo que suman las rentas de la nación y bienes comunes a cargo del estado. Su alta capacidad de maniobra y control del estado, se reduce para ellas en época de paz, de la que desconfían por temor a quedar inestables. Por su incomodidad es que recurren a justificar rápidamente la necesidad de tener activa la guerra.

Para el partido en el poder, la paz pactada es una afrenta a su propia existencia, un intento de su enemigo por prohibir la guerra, que les permite romper todo limite y reivindicar la legalidad de la justa causa. Mantener en ofensiva al estado autoriza al gobierno a crear discrecionalmente escenarios de confrontación, emprender nuevos empréstitos, intervenir instituciones, reordenar presupuestos, comprar medios y costosos equipamientos de guerra, preparar ejércitos y movilizar civiles a favor de su ideología, pero también desorientar imaginarios sociales y generar percepciones de peligro. El estadio de guerra le facilita al poder estigmatizar instituciones y personas, agredir, vigilar, controlar, sancionar, condenar y arremeter contra quien entre en su esfera de sospecha o esquizofrenia.

Estudiantes de universidades públicas que habían logrado aprender a movilizarse con imaginación son otra vez retados para violentar sus acciones. Los opositores y grupos sociales conminados a ir otra vez a la defensiva judicial, mediática o social y las ONG defensoras de derechos, colectivos políticos, intelectuales, indígenas, campesinos, sindicalistas a esperar su turno para ser puestos en la condición de adversarios a negar o de enemigos a eliminar al amparo de confusas razones de estado o de seguridad democrática en la versión original o ajustada. Con el estado de guerra el gobierno obtiene la gracia política y judicial de considerar ilegal toda acción, expresión u opinión estructurada contra su poder. Los limites son eliminados y el oponente individual o colectivo declarado criminal e inhumano, lo que les resulta suficiente para invalidarlo y liquidarlo, en cuanto queda privado de todos sus derechos y con el estigma de enemigo del que todos deben saber que quedarse sin derechos equivale a ser portador de una extraña peste que contagia al que se acerque.

P.D. La guerra le mejora las cifras de poder a pocos, pero destruye la vida de muchos. Un homenaje a la memoria de Alfredo Correa de Andreis, Profesor, Sociólogo, Rector de la U del Magdalena, víctima de un execrable crimen de estado en el nombre de la seguridad democrática hace 20 años.

mrestrepo33@hotmail.com

miércoles, 15 de agosto de 2018

Tres genocidios en busca de responsables


Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:
La Justicia Especial de Paz (JEP), construida como herramienta para entender la degradación humana padecida, es un instrumento de esperanza en la justicia, que por estar construida con múltiples voces, historias y verdades, podrá esclarecer el relato del horror vivido, para que la sociedad toda, pueda entender las consecuencias que la espiral de violencia ha producido. Sus conclusiones servirán de base para insistir en que todos deben saber de la crueldad vivida, para que de tanto oírla cobre sentido y al fin el país comprenda la destrucción de tal degradación moral y ética y haga causa común por la defensa de la vida con dignidad y la búsqueda de verdad y castigo.


Pero a la vez tiene legitimidad para enjuiciar a los responsables de determinar el horror, cuyo mayor triunfo, como en el nazismo, ha sido saber borrar las huellas, lograr que la sociedad no perciba la totalidad y profundidad de lo ocurrido, que por su crueldad desafía la imaginación y ofende la inteligencia y la misma idea de ser humano. La táctica de la negación del exterminio, ha consistido en presentar cada hecho en solitario, aparte, fragmentado, aislado y contado por épocas, regiones o pequeños grupos, en una lógica de poder que impide comprender la magnitud del horror y desatar la fuerza de la indignación. 

Al ponerle historia y memoria colectiva a las cifras, emerge la posibilidad, no solo hipotética, si no real, de calificar parte de lo ocurrido como genocidio (que es el crimen más grave entre todos los crímenes de lesa humanidad) al menos sobre tres grupos sociales. Ha habido sistematicidad, intencionalidad y cálculo para destruir y afectar parcialmente sus modos de existencia y cultura. Sobre los tres grupos hay innumerables hechos de barbarie, que permiten trazar una línea de conducta brutal del poder, planeada y ejecutada con actos dirigidos a eliminarlos, impedir su preservación y desarrollo y destruir las características esenciales de sus modos de vida, cosmovisión e identidad. Los agresores se justifican con el rechazo mismo a su existencia histórica como Indígenas, Afro, Campesinos. La JEP por su composición, función y capacidad, podrá entrar en este terreno de tipificación, hasta ahora negado por la falta de herramientas adecuadas o a veces producidas por los mismos agresores.

I. Con la constitución de 1991 el país volvió a saber de la existencia de los blos indígenas, con la voz del Taita Lorenzo Muelas, quien en el Congreso de la Republica, con identidad y cultura propia, con palabras cortas pero honestas, simples y profundas, empezó a contar otra vez la historia olvidada. Tres décadas después se volvió a saber de ellos por las mingas que caminan la palabra y por los insistentes bombardeos sobre ellas, ordenados por terratenientes a veces disfrazados de funcionarios y gobernantes. Aunque el estado anuncie reconocerlos los niega como pueblo. Ahora vienen a la JEP a contarle que 39 de los 102 pueblos indígenas están en vía de extinción física y cultural (Según Corte Constitucional), que han sufrido 123 masacres y que 2954 lideres han sido asesinados, aparte de los miles de agresiones para aislarlos, engañarlos, separarlos, dividirlos, tenerlos bajo amenaza, impedir su vida en calma. Son pruebas de un plan sistemático de exterminio, con una intencionalidad clara y un modus operandi para asesinarlos y usurpar sus territorios, eliminar su lengua y su cultura y borrar la memoria de esos pueblos. Esos rasgos definen un genocidio, que los tribunales de justicia ordinaria, difícilmente podrán determinar, porque los principales responsables y agresores de la tragedia, lo impiden, controlan el poder y la riqueza e imponen la ley desigual, de que defender territorio y cultura basta para ser asesinados. Ese genocidio esta presente en el cuerpo mutilado de cada colombiano, al que se le impide recuperar su memoria de luchas y olvidos.

II. Con la misma sistematicidad e intencionalidad ocurre otro genocidio contra las comunidades afro, cuyas realidades ponen al descubierto que 32 de cada 100 personas fueron víctimas del conflicto armado, que 813.000 negros, raizales y palenqueros han padecido el rigor de esa barbarie (RUV) que sigue vigente, y que han sido asesinados mas de 34000 afros. En los límites entre la mar y la tierra exuberante de riqueza, la violencia genocida se mueve como una ola de sangre que va y viene, alimentando la crueldad. Es otro genocidio, evidente, sistemático, intencional, con ánimo de destrucción y convertido en parte del juego morboso, discriminatorio y excluyente de las palabras de odio de las mismas elites que se niegan a entender que las conquistas de resistencia hace tiempo derrotaron a la institución de la esclavitud y se resisten a perder su condición de amos y raza superior.

III. El campesinado, que corresponde a la otra parte del olvido, es degradado como pueblo por la ambición de las elites por controlar la tierra y también, con los mismos rasgos, de sistematicidad, intencionalidad y animo de destrucción de su cultura y modos de existencia, ha sufrido otro genocidio. La barbarie reconoce al campesino como su objetivo, pero la democracia lo niega como sujeto histórico y al desconocerlo en su condición, ocurre una honda alteración política que impide la realización de su dignidad humana como grupo, siendo esta la mayor señal de violación a derechos humanos. Los campesinos hechos colonos han sido expulsados, despojados y eternamente condenados a sobrevivir como excluidos, salvo para legitimar con votos a las elites que provocan su desgracia. Para despojarlos les han inventado guerras en sus territorios, creado ejércitos depravados que degüellan, descuartizan e invaden hasta sus propios cuerpos.

 Los han desterrado y convertido unas veces en mano de obra barata, otras son raptados de los campos de cultivo y llevados a servir en el ejercito mas poderoso de américa, pero también el que más lisiados, locos, enfermos y mercenarios deja, y otras tantas veces, han sido sometidos a la voluntad criminal de narcotraficantes que los ponen a merced de sus fusiles, como obedientes y silenciados sobrevivientes, sin otro derecho que aprender a morir en medio del terror y la humillación. Solo con el inicio de la seguridad democrática (2001-2002) fueron asesinados 2221 campesinos (Cinep 2011, IDH 2011), como parte del genocidio en marcha, que en su etapa anterior (1948-1958) había dejado 200.000 campesinos muertos, en ambos momentos por la misma causa de desigualdad, que impide la lucha por el derecho a vivir con dignidad, a cuidar de la tierra y cosechar comida, a ser tratados como pueblo, como humanos de primera clase.

¿Qué cosechar entonces cuando la tierra está sembrada con los mismos odios, que han producido tres genocidios a grupos sociales?  Las apuestas del estado y sus instituciones no pueden ser en favor de más odio y campos sembrados de muerte, los campos requieren nuevas siembras, de derechos con garantías de realización, de democracia, de justicia con juicio y castigo a los responsables, de honestidad de los gobernantes y funcionarios, de sustitución de las elites en el control del estado. El poder del estado no puede estar convertido en un fortín de fuerzas oscuras, que, agazapadas entre mayorías decisorias, arrogantes y temerarias, llegan a empujar el genocidio y debilitar aún más la democracia, que es la que sufre daño cada vez que los insensatos y guerreristas triunfan por vitorear la muerte y ofrecer más guerra, mientras los que reclaman por la vida con dignidad son perseguidos y asesinados. Es hora de otras siembras y cosechas de afectos, solidaridades y esperanzas y la JEP junto a la Comisión de la Verdad serán dos efectivos y necesarios instrumentos de Paz.

P.D. Difuso y peligroso lenguaje del sí y el no del poder en ejercicio, porque el presidente dice que sí a la paz (y la condiciona a su medida), a la lucha anticorrupción (a su voluntad), a la reconciliación (a su antojo); y su partido (del No) alienta otra guerra. Hay acuerdo, astucia, estratagema, estrategia, calculo, plan, ¿para que él (presidente) diga sí y su partido (AUV) diga no? ¿Hay una lógica de: ¿confunde, engaña, miente y reinarás?

 mrestrepo33@hotmail.com

miércoles, 1 de noviembre de 2017

¿Será necesario levantar un muro en la frontera con Colombia?

Por Carlos E. Lippo:

El vecino país de Colombia otrora gran productor y exportador de esmeraldas y de café, ambas especies producidas con una calidad tal que le permitía ostentar el primer lugar a escala mundial, ha venido perdiendo aceleradamente estos sitiales de privilegio desde hace algunos años.



En efecto, desde el año 2009 Colombia fue desplazada por Zambia del primer lugar en la producción mundial de esmeraldas; pero no es sólo eso, sino que la explotación de tan valioso recurso no se traduce en los esperados beneficios para el estado y el pueblo colombiano por estar en manos de organizaciones criminales, según puede deducirse de un informe de la Contraloría General de la Nación que data de 2014 y señala textualmente, entre otras cosas, lo siguiente: “… en los municipios productores de esmeraldas confluyen violencia y degradación social con poderosos empresarios y grupos armados, vinculados algunos con bandas de narcotraficantes y paramilitares, que el estado ha tolerado durante décadas” (1).

El caso del café es aún más patético ya que Colombia, según datos del año 2015, fue desplazada al tercer lugar mundial de productores/exportadores, muy por debajo de Brasil y Vietnam, que ocuparon los lugares cimeros; pero no es sólo eso, sino que existen fundados indicios de que una parte importante de esa menguada exportación está constituida por café venezolano introducido en ese país de contrabando (2) y que es vendido violando su “denominación de origen”. Aunque nuestro café es de una calidad igual o  superior a la del colombiano, se estaría consumando una estafa a los consumidores que obviamente constituye un delito.

De forma lamentable, Colombia que era conocido internacionalmente a partir de logros como éstos, ha pasado a serlo a través de una serie de hechos altamente negativos, una suerte de “anti logros”, como lo son: su primer lugar mundial en la producción/exportación de cocaína; su gran cantidad de desplazados internos y de migrantes; su elevada exportación de mercenarios; y su alcahuete marco legal, promotor de los delitos de contrabando y ataque a nuestra moneda. En los párrafos siguientes habremos de presentar en detalle cada uno de estos aspectos, haciendo énfasis en los que mayor daño nos causan, ya que por el solo hecho de compartir con ella una frontera de más de 2.200 km., es imposible que alguno de ellos deje de impactarnos adversamente de cualquier manera.

Colombia primer productor/exportador mundial de cocaína

Así lo indica el informe “antidrogas” del Departamento de Estado de Estados Unidos divulgado en marzo de este mismo año, según el cual en el 2016 los cultivos ilícitos de coca en Colombia alcanzaron la cifra récord de 188.000 hectáreas, con una producción potencial de cocaína de 710 toneladas métricas; siendo necesario apuntar que el mismo informe señala que el 90 % de la cocaína incautada en Estados Unidos tiene su origen en Colombia (3). Como desde tiempo inmemorial una parte importante de la producción colombiana necesita pasar por Venezuela para ser transportada a Estados Unidos y Europa, esto nos convierte ipso facto en un país de tránsito para el tráfico de drogas, obligándonos a hacer grandes esfuerzos para combatirlo, actividad en la que hemos tenido resaltantes éxitos sobre todo después de que el Comandante Chávez expulsase del país en el año 2005 a la Administración de Control de Drogas de EEUU (DEA), ya que la inefable agencia gringa estaba usando como máscara la lucha contra las drogas, tanto para apoyar al mismo narcotráfico como para hacer inteligencia en contra el gobierno.

Colombia ocupa el primer lugar en el mundo en cantidad de personas desplazadas

Con una cifra histórica de 7,2 millones, Colombia es primer país del mundo con el mayor número de personas desplazadas, según el más reciente informe del Observatorio de Desplazamiento Interno del “Consejo Noruego para los Refugiados” y del “Observatorio de Desplazamiento Interno” (IDMC) (4). Curiosamente, de esa cantidad, 171.000 desplazamientos ocurrieron durante el 2016, año en el que se firmaron los convenios de paz con las FARC, principal ejército popular de liberación del país. En esta lamentable estadística Colombia es seguida por Siria (país que sufre una feroz invasión exterior), Sudán, Iraq y República Democrática del Congo. Es evidente que una parte importante de esta gran cantidad de desplazados ha atravesado la frontera en busca de mejores condiciones de vida, pasando a aumentar la abultada cifra de ciudadanos colombianos que viven entre nosotros. No podríamos terminar este tema sin antes decir que para el año 2016, el Presidente Maduro señaló que habíamos recibido alrededor de 100 mil refugiados, señalamiento que fue confirmado Christian Krüger, director de “Migración Colombia”, quien afirmó que para ese año ese flujo había sido más de 109 mil personas, agregando además un dato más que contundente: “esta cifra ha bajado un 70% frente a años anteriores”, ya que el 2015 “ingresaron a Venezuela 371.521 colombianos” (5).

Colombia es el país con mayor cantidad de emigrantes en la región

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Colombia es el país con mayor cantidad de emigrantes en Suramérica, seguido por Perú y Brasil, y es también uno de los países de la región que recibe menos inmigrantes (6). El Ministerio de Relaciones Exteriores estima que 4,7 millones de colombianos reside actualmente en el exterior, un 10% de su población total, pero si tomamos en cuenta que sólo en Venezuela vivían alrededor de 5 millones de ciudadanos colombianos, según señalase el presidente Maduro en febrero de 2005 (7), resulta evidente que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia miente descaradamente sobre este tema. En relación al tema de la migración colombiana en Venezuela, dice Juan Carlos Tanus, presidente la asociación “Colombianos y Colombianas en Venezuela”: “Quienes somos migrantes salimos de Colombia porque no habían buenas condiciones en ese ámbito para sostener los puestos de trabajo, en Venezuela sí lo encontramos; nos garantizan el derecho al trabajo” (8). Y tenemos que añadir nosotros, no sólo se les garantiza el derecho al trabajo, sino el acceso, como a todos los venezolanos, a todos los beneficios en materia de salud, educación y vivienda, que la revolución bolivariana garantiza a los nacionales.

Mercenarios colombianos, producto de exportación

Con la frase anterior titula BBC Mundo una nota fechada en mayo de 2011 (9), basada en un artículo del diario The New York Time, que da cuenta de que Irak, Afganistán y Emiratos Árabes Unidos eran algunos de los destinos de individuos paramilitares formados y reclutados en Colombia vía Internet, desde inicios de la década pasada. Posteriormente se ha sabido de la existencia de mercenarios colombianos entre los monstruos que asesinaron vilmente al Coronel Gadafi (10), así como también en Siria y hasta en Yemen, vistiendo el uniforme de la vesánica monarquía saudita. La formación de estos mercenarios en Colombia, negada en forma recurrente por el gobierno y el ejército de colombiano, no constituiría delito, ya que ese país no ha suscrito la convención de Naciones Unidas contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y el entrenamiento de mercenarios. En Venezuela son innumerables las acciones terroristas de la contrarrevolución ejecutadas por mercenarios de origen colombiano. En relación a esto, es emblemático el caso de los viles asesinatos del joven diputado revolucionario Robert Serra y su asistente María Herrera, en octubre de 2014, perpetrados por una banda paramilitar colombiana dirigida por (a) “El Colombia” (11), un despreciable sujeto que por cierto habitaba en una de las casi 1,8 millones de viviendas construidas por la revolución en el marco de la Gran Misión Vivienda Venezuela.

Un marco legal que legitima y promueve el contrabando de extracción desde Venezuela

La Ley 1762 de 2015, eufemísticamente llamada “Ley Anticontrabando” (12), prescribe en su Artículo 6°, “Favorecimiento y facilitación del contrabando”: Modifíquese el artículo 320 de la Ley 599 de 2000, el cual quedará así: “Artículo 320. Favorecimiento y facilitación del contrabando. El que posea, tenga, transporte, embarque, desembarque, almacene, oculte, distribuya, enajene mercancías que hayan sido introducidas al país ilegalmente, o que se hayan ocultado, disimulado o sustraído de la intervención y control aduanero o que se hayan ingresado a zona primaria sin el cumplimiento de las formalidades exigidas en la regulación aduanera, cuyo valor supere los cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales vigentes… incurrirá en pena de prisión de tres (3) a seis (6) años…”. Entonces, según este artículo, un cargamento con un valor inferior a los USD 12.250 (monto equivalente a esos 50 salarios mínimos calculados en dólares a la tasa del día de ayer), introducido ilegalmente en Colombia desde Venezuela, no se consideraría como contrabando, ni quienes lo introduzcan podrían ser objeto de sanción penal alguna.
Así mismo, el Artículo 7° de la precitada ley señala: Artículo  7°. Favorecimiento de contrabando de hidrocarburos o sus derivados. Modifíquese el artículo 320-1 de la Ley 599 de 2000, el cual quedará así:
“Artículo 320-1. Favorecimiento de contrabando de hidrocarburos o sus derivados. El que posea, tenga, transporte, embarque, desembarque, almacene, oculte, distribuya, enajene hidrocarburos o sus derivados que hayan ingresado al país ilegalmente, o que se hayan descargado en lugar de arribo sin cumplimiento de la normativa aduanera vigente, o que se hayan ocultado, disimulado o sustraído de la intervención y control aduanero cuya cantidad sea superior a veinte (20) galones… se impondrá una pena de prisión de tres (3) a cinco (5) años…”. Ocurre sin embargo, que como los contenedores (pimpinas) a través de los cuales se extraen los combustibles de Venezuela a través de las trochas fronterizas, tienen una capacidad de apenas 5 galones, cualquiera puede pasar hasta 4 pimpinas sin incurrir en contrabando; ocurre también que vaciando estas “pimpinas legales” logran llenar grandes contenedores desde los cuales expenden la gasolina o el diésel en el territorio colombiano o en el exterior, con la anuencia de ECOPETROL, que es la petrolera estatal colombiana.

El connotado economista venezolano Juan Carlos Valdez, con base en datos suministrados por el Presidente Maduro y el Vicepresidente Arreaza a mediados de 2015, ha estimado que las pérdidas en las cuales incurre el estado venezolano por concepto del contrabando de extracción de derivados de hidrocarburos, alimentos, artículos de higiene y aseo personal, medicinas, repuestos, etc., ascienden como mínimo a USD 10.000,00 millones anuales (13). Es evidente que un negocio de tales magnitudes, sólo puede ser manejado por las mafias del narcotráfico, las cuales al demandar ingentes cantidades de dinero venezolano en efectivo para pagar las mercancías en Venezuela, generan además un intenso contrabando de billetes venezolanos de alta denominación que prácticamente nos dejó sin billetes de 100 bolívares durante el pasado mes de diciembre y que continúa llevándose los billetes de mayor denominación de nuestro nuevo cono monetario.

Un marco legal que promueve la devaluación del bolívar frente al peso en las zonas fronterizas

La tasa oficial Peso Colombiano/Bolívar establecida el día de ayer por el Banco de la República de Colombia, que es equivalente a su Banco Central, fue: 1 Peso Colombiano = 0,003414 Bolívares, o lo que es lo mismo: 1 Bolívar = 292,91 Pesos Colombianos. Sin embargo, tal tasa de cambio no se aplica en la frontera ya que con arreglo al artículo 70 de la Resolución Externa 8 del 2000 (15), emitida por el mismo Banco de la República, “las tasas de cambio de compra y venta de divisas que apliquen los intermediarios del mercado cambiario (IMC), son aquellas que libremente acuerdan las partes en la operación”. Como podemos ver, se trata de que el estado colombiano ha declinado sus atribuciones en materia de política cambiaria en las 8 casas de cambio de Cúcuta, controladas por las fuerzas del narcotráfico y el “lavado” del dinero proveniente de todo tipo de actividades delictivas, las que de manera coercitiva determinan esa tasa cambiaria y la divulgan a través de la página www.bolívarcucuta.com. Con arreglo a dicha página, al día de ayer, un Peso Colombiano se cotizaba en 0,14 Bolívares, esto es, a un valor 41 veces mayor que el valor oficial determinado por el Banco de la República. Con base en una manipulación de este último valor, quienes editan la misma página determinan que la cotización del dólar frente al bolívar es de: 1 Dólar = 45.901,64 Bolívares, que pasa a ser un criminal marcador de los precios en nuestra economía actual.

Lo señalado en todos los párrafos anteriores es una clara demostración de cuanto nos afecta el ser vecinos de un país que ha caído en tan severa crisis de valores. Los dos últimos demuestran además, de manera indubitable, que el gobierno burgués colombiano ha pasado a ser el más importante ejecutor de la guerra económica que nos viene aplicando implacablemente el imperio desde finales del año 2012.

Por todo lo anteriormente expuesto, si no remato proponiendo el levantamiento de un muro fronterizo similar al que se vio precisado a levantar la República Democrática Alemana al inicio de la “Guerra Fría”, con muchas menos presiones de parte del imperio y sus aliados occidentales, no es por razones derivadas del Ideal Bolivariano, sino por los enormes costos que la ejecución de tal proyecto acarrearía en las actuales circunstancias. En todo caso, como se trata de la pervivencia de la patria, si voy a ser reiterativo en el planteamiento del cierre de todos los pasos de nuestra frontera terrestre con Colombia, con la ejecución de todas las operaciones militares asociadas.
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!

(1)          https://elpais.com/internacional/2016/05/14/colombia/1463185065_658956.html
(2)          https://www.aporrea.org/actualidad/a194879.html
(3)          http://www.semana.com/nacion/articulo/cultivos-ilicitos-en-colombia-informe-del-departamento-de-estado/517216
(4)          https://www.telesurtv.net/news/72-millones-de-desplazados-en-Colombia-la-mayor-cifra-en-el-mundo-20170522-0034.html
(5)          https://www.elespectador.com/noticias/politica/con-cifras-en-mano-colombia-desmiente-nicolas-maduro-articulo-679779
(6)          https://viventa.co/colombianos-en-el-exterior-quienes-somos-cuantos-somos-y-en-donde-vivimos/
(7)          http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/5-millones-de-colombianos-han-huido-hacia-venezuela
(8)          https://www.telesurtv.net/news/Colombianos-migran-a-Venezuela-en-busca-de-una-mejor-vida-20150826-1578.html
(9)          http://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/05/110526_colombia_mercenarios_ao
(10)        http://www.taringa.net/posts/info/12926881/Los-asesinos-de-Gadafi-hablaban-castellano.html
(11)        http://www.radiomundial.com.ve/article/los-asesinos-de-robert-serra-y-mar%C3%ADa-herrera-les-lleg%C3%B3-la-hora-de-la-justicia-audio
(12)        http://wp.presidencia.gov.co/sitios/normativa/leyes/Documents/LEY%201762%20DEL%2006%20DE%20JULIO%20DE%202015.pdf
(13)        https://www.aporrea.org/contraloria/a212983.html
(14)        https://es.exchange-rates.org/Rate/COP/VEF
(15)        http://www.banrep.gov.co/sites/default/files/reglamentacion/archivos/re_8_2000_compendio.pdf


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