Mostrando entradas con la etiqueta Pompeo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pompeo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de julio de 2020

¿Estamos ante una inminente tercera guerra mundial?



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Durante las últimas semanas se ha ido sembrando la idea de que el mundo avanza inexorablemente a una nueva guerra fría, esta vez entre Estados Unidos y China. La idea debería ser causa de investigación y estudio, dadas las implicaciones que ello tendría para el sistema internacional. En mi caso será motivo de un próximo artículo en días venideros.

Ahora, quería hacer notar los niveles de paroxismo que permean al gobierno estadounidense en su afán de confrontar a China. Así, el secretario de Estado Mike Pompeo instó a las naciones de todo el mundo a rechazar al Partido Comunista de China y crear una coalición para que asuma tal responsabilidad. Llama la atención que la mayor potencia mundial esté pidiendo ayuda para hacer frente a lo que considera su principal amenaza en el plano estratégico. Lejos de ser expresión de fuerza, las declaraciones de Pompeo reflejan debilidad.


A pesar que Estados Unidos ha tenido un sostenido crecimiento de su gasto militar desde finales del siglo pasado -con un breve intento de disminución durante el gobierno de Obama- la situación de sus fuerzas armadas parecen no estar en un buen momento para confrontar a China, mucho menos si ésta constituye una alianza con Rusia cuyo poder militar supera a Estados Unidos en varias áreas.

Desde septiembre del año pasado se ha estado filtrando información que da cuenta de un deplorable estado de los componentes de las fuerzas armadas estadounidenses además de un acentuado deterioro moral de sus soldados.

Una primera alerta en la flota de portaviones de Estados Unidos fue dada por el Harry S. Truman, que no pudo navegar debido a un fallo en su sistema de distribución eléctrica, que lo obligó a permanecer en puerto. Otro desastre ocurrió en el Gerald R. Ford, del cual se dice que es el más avanzado y costoso de la Marina de Estados Unidos. Este navío que fue construido a un costo de 13 mil millones de dólares, fue botado el 9 de noviembre de 2013, teniendo prevista su incorporación formal a la Amada para ese año, pero no fue hasta 2017 que pudo concretarse su disponibilidad operativa. Una de sus características más importante que lo hace diferente a sus pares son los elevadores electromagnéticos de armas avanzadas (AWE), que sirven para subir las bombas, misiles y otras municiones hasta los hangares donde están las aeronaves. Pero a mediados del año pasado en el Gerald R. Ford solo funcionaban 2 de sus 11 elevadores de armas, según informó los primeros días de octubre el Instituto Naval de Estados Unidos. Ahora, se supone, que el barco estará en pleno funcionamiento en 2024 cuando el fabricante se comprometió a que los ascensores estarías totalmente operativos para 2018.

En ese mismo mes de septiembre se produjo el colosal fallo de los sistemas de defensa antiaérea Patriot y Aegis de fabricación estadounidense que no pudieron repeler los ataques lanzados el 14 de septiembre del año pasado contra dos refinerías de Arabia Saudí, porque no cumplen con las características declaradas que dicen tener según fuentes militares de Rusia e Israel. Por su parte, el general Joseph Dunford, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos insultando los conocimientos mínimos en materia militar que puede tener cualquier especialista afirmó que "Ningún sistema [de defensa antiaérea] es capaz de defenderse de una amenaza como esa". Cabe destacar que el bombardeo fue realizado por fuerzas militares irregulares yemeníes que distan mucho de ser el aparato de guerra regular de cualquier potencia.

A mediados de ese mes, el mismo general Dunford reconoció tras la reunión del Comité Militar de la OTAN en Eslovenia que en los últimos años esa alianza ha venido perdiendo superioridad militar sobre Rusia agregando que la ventaja de ese bloque militar sobre el país euroasiático "se ha erosionado". Según Dunford el reconocimiento de tal situación obligó a que el alto mando militar de Estados Unidos se haya propuesto desarrollar una nueva estrategia para la alianza militar que dirige Estados Unidos.

En el plano moral, la situación no es mejor. Prueba de ello es el suicidio de tres miembros de la tripulación del portaviones George H.W. Bush ocurridos durante una semana en "incidentes separados y no relacionados", según anuncio del alto mando naval el 25 de septiembre.  Los tres suicidios se suman a los dos que ya habían ocurrido en el mismo portaviones en los últimos dos años, dando cuenta de una práctica habitual entre los atribulados soldados que no entienden el supuesto rol que juegan en defensa de su país y que deben recurrir a la coacción y las drogas para sostenerse en el cumplimiento de sus misiones.

A esto se suma que muchos navíos de la flota estadounidense fueron diezmados por la epidemia de COVID 19 a partir de abril de este año sin que los servicios médicos militares hayan podido dar una respuesta efectiva a tal contingencia. Ello derivó en la cuasi rebelión que se produjo en el portaviones Teodoro Roosevelt, en el que hubo 430 infectados entre los 2.000 marinos que conforman su tripulación.  El informe de tal realidad por parte del capitán Brett Crozier, comandante del navío, se filtró a la prensa produciendo la baja deshonrosa del oficial que no hizo más que decir la verdad de lo que ocurría y que se retiró del barco bajo aclamación de sus subordinados.

Como señaló en su momento el portal venezolano “Misión Verdad”, simultáneamente a este hecho también dieron positivo por coronavirus dos marineros a bordo del portaaviones Ronald Reagan, existiendo dudas  de si otro portaviones, el Nimitz estuvo en la misma situación antes de desplegarse en el Pacífico, mientras que el Carl Vinson, que está en mantenimiento en una base del Pacífico de Estados Unidos, también reportó algunos casos.

Así, en algún momento de este año 4 de los 11 portaaviones nucleares de Estados Unidos estuvieron con limitada disposición combativa por la incapacidad de controlar la epidemia, situación inédita en una institución militar que se maneja bajo rígidas medidas de control y una gran disciplina.

Citando al general John Hyten, vicepresidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, “Misión Verdad” señala que éste, afirmó que lo ocurrido en el portaviones Roosevelt no es único. Lo intenta explicar al decir que “Tenemos demasiados barcos en el mar. Tenemos demasiadas capacidades desplegadas. Hay 5.000 marineros en un portaaviones de propulsión nuclear” y advierte “Pensar que nunca volverá a suceder no es una buena forma de planificar”.

Esta incapacidad en el manejo de la epidemia configura una crisis mucho más profunda que abarca bases militares que están comprometidas con los planes estratégicos de confrontación con China y Rusia, afectando también a la industria militar estadounidense.

Según documentos obtenidos por la revista especializada Defense News, tal situación ha llevado a que el alto mando de las fuerzas armadas de Estados Unidos se propusiera reevaluar sus capacidades en la perspectiva de una confrontación militar con China. Así, la secretaría de defensa habría estado evaluando la reducción de 2 portaviones de su flotilla, la paralización de la cantidad de destructores y cruceros a cambio de agregar barcos no tripulados o con poca tripulación.

De esta manera, se estarían aceptando los planes del actual secretario de Defensa Mark Esper quien ha formulado la idea de desestimar el rol de los portaviones como elemento central de la fuerza de agresión de Estados Unidos para irlos sustituyendo por naves aéreas y marítimas no tripuladas “que pueden sacrificarse más fácilmente en un conflicto”. En esa misma lógica se está estudiando la propuesta del nuevo jefe del cuerpo de marines, general David Berger a fin de que este componente deje de ser una fuerza autónoma para subordinarse operativamente a la Armada.

Si se produjeran estas modificaciones, la Armada contaría con 9 portaviones en servicio, de los cuales 6 o 7 podrían estar disponibles simultáneamente considerando que siempre se encuentra uno en repostaje de combustible nuclear y uno o dos en el transcurso de mantenimientos imprescindibles.

Incluso, en la hipotética situación en la que Estados Unidos pudiera concentrar todos estos portaviones en los mares adyacentes a China, abandonando sus misiones en el Golfo Pérsico, el Mediterráneo y el Atlántico y además, se le agregaran las fuerzas basificadas en Guam, Japón, Corea y el resto del Pacífico, pareciera no ser suficiente para una confrontación victoriosa en una guerra contra China para la cual, el hecho bélico tendría características estrictamente defensivas.

Tomando nota de esta situación, en mayo de este año en un informe del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos (CRS, por sus siglas en inglés) se afirma que si el país no aumenta sus capacidades navales, el potencial de su Armada podría eventualmente ser alcanzado y hasta superado por el de China. El informe resalta que las fuerzas armadas chinas se han modernizado en los últimos 25 años conduciendo a un aumento sustantivo de su capacidad combativa naval, no solo en áreas adyacentes, también en zonas un poco más distantes.

Pero, no sería el único problema de Estados Unidos. Una hipotética guerra contra China, lo llevaría a debilitar sus fuerzas en otros escenarios de guerra, en particular en Asia Occidental y Europa. En la primera de ellas, el necesario abandono de sus “responsabilidades” en la región llevaría a la desaparición de Israel como fuerza que sostiene la política de Estados Unidos, incapaz de enfrentarse a una coalición militar conducida por Irán a la cual se plegarían varios países árabes y musulmanes. El cambio en la correlación militar de fuerzas en la región, conduciría a un inevitable cambio en la correlación de fuerzas políticas, incluso con el debilitamiento de los aliados árabes de Estados Unidos.

En Europa, la doctrina militar de Estados Unidos ha comenzado a cambiar, trasladando su foco desde las zonas occidentales con costas en las cercanías del Atlántico a la fronteras directa con Rusia, construyendo una gran alianza con los tres países bálticos (Letonia, Estonia y Lituania), Polonia y Ucrania, naciones ancestralmente anti rusas y, en esa medida naturales aliados de Estados Unidos en este escenario. A diferencia de otros Estados europeos, estas países que en conjunto tienen una población de casi 90 millones de habitantes, ocupan un territorio de más de un millón de km² y poseen costas en el Mar Báltico y el mar Negro, profesan un identitario odio irracional contra Rusia que los hace proclives a participar en cualquier aventura estadounidense en la región.

Ello es lo que explica el traslado de un gran contingente militar estadounidense de Alemania a Polonia, el fortalecimiento de la presencia militar de la OTAN en los países bálticos y el apoyo al golpe de Estado en Ucrania en 2014 para colocar un gobierno afín a sus intereses. Ante el menor atisbo de agresión, Rusia se defenderá, obligando a Europa a tomar posición en condiciones del abandono de las responsabilidades de Estados Unidos en la OTAN, organización que virtualmente desaparecería si la potencia norteamericana le exige a sus aliados europeos medidas agresivas contra Rusia, como respuesta a un eventual apoyo de ésta a China tras una agresión estadounidense.

Como ocurre con todos los imperios, su debilidad radica en la gran extensión de territorio que debe controlar y en el que debe actuar, solo una economía muy poderosa es capaz de soportar ese esfuerzo. La situación de la economía de Estados Unidos no le permite sostener un conflicto de dimensiones globales. El mismo sería un suicidio y el fin del imperio estadounidense. Sus estrategas tendrán que estudiar con suma atención la posibilidad de lanzarse en una aventura de este calibre, so riesgo de perder definitivamente su condición de potencia mundial. En este escenario sólo les quedaría el recurso de las armas nucleares. He ahí el peligro del momento que vivimos.

sergioro07@hotmail.com

viernes, 8 de mayo de 2020

Los pescadores venezolanos igual que los vietcong humillaron a los marines yanquis



Por Rolando Prudencio Briancon:

Las imágenes que se han visto durante la detención de dos mercenarios marines norteamericanos: Luke Alexander Danzan y Airan Seth Barry -junto a varios otros venezolanos- por parte de pescadores en las costas del Macuto en la Guaira, no sólo que serán inolvidables, sino que darán testimonio de recrear en nuestro recuerdo aquellas de campesinos vietnamitas, quienes fusil en mano arrestaban a los marines hace medio siglo atrás en Vietnam.



Aunque más humillados aparecieron ambos mercenarios marines tendidos en el suelo, boca abajo, lamiendo el piso y amarrados con cintas nylon, quienes fueron contratados por el golpista de Juan Guaidó, a través de la empresa de la contratación de servicios mercenarios Silvercorp de Jordan Goudreau, para esa incursión terrorista frustrada.

Las reacciones de retórico rechazo de Trump, como las poses de perdonavidas de Pompeo, son las típicas de quienes son descubiertos, y por ese motivo mostrando su molestia Pompeo ha señalado: "si hubiéramos estado involucrados sería diferente", como queriendo dar a entender que no hay quién pueda con ellos.

Es más, la propia posición de Trump, ha sido la típica de quien tiene algo que ocultar, y ha salido del paso señalando que: "No tiene nada que ver"; sin dejar de advertir en tono de una arrogante amenaza que: "no les pase nada los dos estadounidenses".

La verdad es que el gobierno golpista de Trump desconoce no sólo la realidad sociopolítica venezolana; sino el espíritu de la Revolución Bolivariana, ya sea porque Trump no es más que un empresario, y Pompeo no es sino un ex militar retirado, quienes no tienen la más remota idea de la irreductible identificación de los venezolanos con la defensa de la Revolución, tal como se enteraron durante el frustrado intento de la invasión con el pretexto de la "ayuda humanitaria" -Live Aid Venezuela- hace más de un año atrás; y hoy con éste intento de incursión armada, pero frustrada.

Y es que la Revolución bolivariana, ya sea a la cabeza del comandante eterno Hugo Chávez, y la que dirige Maduro, se han esmerado en estructurar la UNION CÍVICO MILITAR, que no es sino el sustrato y sustento de la Revolución, y que otra vez ha vuelto a ratificar su disponibilidad de defender la Revolución ante cualquier amenaza, que intente acabar con ella.

Pero no son sólo ellos, quienes por más talla de líderes que tengan ambos; quienes han humillado; no sólo a estos dos mercenarios, sino y sobre todo es al propio gobierno norteamericano; pero además a su política imperialista que es la que como en Vietnam no ha podido prosperar en Venezuela; peor aún les ha hecho morder nuevamente polvo de la derrota a esa su desquiciada política todopoderosa yanqui.

prudenprusiano@gmail.com

miércoles, 29 de abril de 2020

Beijing no se quedará de brazos cruzados.



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Casi al finalizar el año pasado escribí un artículo que titulé: “2019: primer año de la confrontación estratégica entre Estados Unidos y China”. Algunos lo catalogaron de alarmista y me escribieron (incluso un colega chino), para decirme que era exagerado. Eso fue el 19 de diciembre, solo unos días después, el último del año, China notificó a la OMS y al mundo el surgimiento del brote de un virus desconocido hasta ese momento.


El alba del año 2020 no presagiaba el alcance que habría de tener este hecho para la humanidad, su posterior irradiación a todo el planeta llevó a que el 11 de marzo, la OMS decretara al ya conocido como coronavirus COVID-19 como pandemia. Las implicaciones subsecuentes aún están en curso. Variadas conjeturas –desde las más apocalípticas hasta las más optimistas- están emergiendo como visiones de futuro del mundo que habrá de sobrevenir.

Por mi parte, por muchos esfuerzos que hago, todavía no alcanzo a visualizar el curso de los acontecimientos en toda su dimensión. Cuando arribo a ciertas conclusiones, nuevas variables se cruzan en el razonamiento, haciendo interminable el análisis de la perspectiva y las consecuencias que se podrían avizorar.
Por supuesto, el contexto de las relaciones internacionales no está ajeno a este raciocinio. En el ámbito estratégico de la disciplina quedará por ver cómo evolucionan las relaciones entre China y Estados Unidos, que a mi juicio es el factor determinante para concluir alguna hipótesis respecto del mundo del futuro.

En el artículo antes mencionado –repito- sin que apareciera aún el COVID-19 en el horizonte, aseveraba que el conflicto entre las dos mayores potencias mundiales era mucho más que una “guerra comercial” como profusamente se aseguraba en espacios académicos, mediáticos, políticos y diplomáticos. Afirmaba también, que este trance “…se enfoca en discrepancias de tipo político e ideológico de carácter antagónico y estructural que no tienen solución…”. Así mismo, alertaba en el sentido de que había que tener cuidado porque “…en política la no comprensión y la confusión entre las dimensiones estratégica y táctica suelen conducir a errores de extrema gravedad, y consecuencias que dejan improbables secuelas” y que los acuerdos alcanzados en la disputa comercial entre los dos países eran “…solo una pausa que [debía] ser entendida en esa dimensión…”

Ya en octubre del año pasado, el presidente Trump creó la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos con un presupuesto de 60.000 millones de dólares (tres veces mayor que en de la agencia antecesora) a fin de conceder préstamos, garantías de préstamos y seguros a empresas dispuestas a hacer negocios en naciones en vías de desarrollo Con el claro objetivo de contrarrestar la influencia geopolítica de China, el presidente estadounidense se propuso confrontar la iniciativa de “Un cinturón y una ruta”, incluso contraviniendo su propuesta de campaña que apuntaba a reducir y eliminar en algunos casos, la ayuda internacional.

Este vuelco de política exterior -contrario a lo que se pudiera suponer- no obedece a un repentino cambio de opinión del atribulado Trump, sino a su desesperada necesidad de intentar bloquear los efectos de la expansión de la cooperación internacional de China que se expresa en el financiamiento de grandes proyectos en Asia, Europa del Este, América Latina y el Caribe y África.

Lamentablemente, la pausa acordada en enero fue rota antes de tiempo, el COVID-19 fue su causante. Cuando el ambiente negociador y de distensión que llevó a tal tregua a mediados del primer mes del año, podría haber sido un buen preludio para desarrollar la cooperación en medio de la pandemia, pudo más la confrontación estratégica de carácter ideológico que el interés de atreverse a actuar de forma articulada para dar respuesta al peor peligro que ha desafiado a la humanidad durante este siglo y desde el fin de la segunda guerra mundial.

En el orden táctico, ningún análisis puede obviar que los dos partidos del sistema político de Estados Unidos están incapacitados para desprenderse de la campaña electoral de cara a los comicios de noviembre, lo cual los motivó a usar la pandemia como instrumento de propaganda. En este sentido, la hasta febrero, segura victoria de Trump ha comenzado a ponerse en entredicho tras su deplorable manejo de la pandemia durante los últimos dos meses.

En el lado demócrata, como era de esperarse Bernie Sanders se rindió temprano ante la avalancha de recursos financieros de sus oponentes con los que no pudo competir por lo que tristemente llamó a apoyar a Joe Biden firmando de esa manera su acta de defunción política. Aunque Biden no se diferencia mucho de Trump, el mayor problema es que está entrando en una natural etapa de demencia senil como informa ABC Internacional, lo que hace que no se acuerde de sus dichos, llegando incluso a olvidar lo que tiene que exponer en sus discursos, muchas veces desvariando sobre hechos, cifras y nombres. Así, en noviembre, Estados Unidos se debatirá entre un sicópata y un demente, complicando aún más el porvenir de la humanidad.

En este sentido, la cancillería china expresó el pasado 27 de abril “su enérgica oposición a ser involucrada en la política electoral de Estados Unidos”, en respuesta a un memorándum de 57 páginas exhibido por el medio periodístico Político  en el que se exhorta a los candidatos republicanos a resolver la crisis de la COVID-19 atacando agresivamente a China a través de tres enfoques principales que deben ser acometidos: 1. “China causó el virus al ´ocultarlo, 2. Los demócratas son ´suaves con China, y 3. Los republicanos ´impulsarán sanciones contra China por su papel en la propagación de esta pandemia`.

En este contexto, Trump ha optado por el ataque contra China para desatar un nacionalismo populista que en el corto plazo lo lleve a ganar las elecciones y más tarde, continuar el esfuerzo iniciado hace dos años para apartar a China de su línea de desarrollo que –si bien limitada por la pandemia- ha cobrado nuevos ímpetus tras enfrentarla exitosamente para, con posterioridad, colaborar con la OMS y más de 80 países del mundo con el mismo objetivo.

La opción de Estados Unidos por la confrontación ha tenido un repunte sobre todo en este último mes cuando pareciera que el COVID-19 se ha salido de las manos de Trump y su gobierno. Ya el primer día de abril, funcionarios estadounidenses y de otros países occidentales trataron de de culpar a China por la pandemia, acusándola de encubrir la cifra real de infectados y desinformar sobre el COVID-19. También afirmaron que le reclamarán a China después que la pandemia pase.

En particular, en la campaña anti china ha destacado Peter Navarro, asesor comercial del presidente, quien se ha transformado en uno de los más insaciables enemigos de China en la Casa Blanca, acusando al país asiático de “un encubrimiento que retrasó seis semanas la respuesta mundial”. En una entrevista, Navarro llegó a decir que “China sabía desde mediados de diciembre, que tenía casos de transmisión de coronavirus de persona a persona”.

La respuesta de Beijing fue contundente, Hua Chunying vocera de la cancillería expresó que: “Las mentiras contadas por este político estadounidense no valen la pena refutarlas. Me di cuenta de que durante esa entrevista, incluso el periodista lo interrumpió varias veces y señaló que estaba [haciendo perder] el tiempo de todos”, calificando además sus comentarios como “desvergonzados” al culpar sin pruebas a China por el coronavirus, asegurando de la misma manera que Estados Unidos “debería dejar de politizar un problema de salud y centrarse en la seguridad de su pueblo”.

Por su parte, en otra entrevista, el día 16 el Secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, continuó la línea de ataque al afirmar que China fue “engañosa” y “no transparente” al informar sobre la epidemia. China respondió diciendo que esta falacia es exactamente la misma que la de algunos otros políticos de Estados Unidos y que esta excusa de culpar a otro no era nada nuevo.

En este marco, un grupo de abogados estadounidenses lanzó una acción legal histórica para demandar a China por billones de dólares, acusando a sus líderes de negligencia por permitir que estallara el brote de coronavirus, y luego encubrirlo. La demanda colectiva que involucra a miles de demandantes de 40 países, se presentó en Florida el mes pasado. El estratega jefe de la acusación, Jeremy Alters, aseguró que "los líderes de China deben rendir cuentas por sus acciones".

Todo esto fue echado por la borda por el propio doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos quien en rueda de prensa el 17 de abril desde la propia Casa Blanca rechazó la teoría conspirativa de que el nuevo coronavirus fue creado y escapó de un laboratorio chino, según informó Business Insider.

En la continuación de la ofensiva anti china el 22 de abril, un grupo de 16 senadores republicanos pidió al presidente Donald Trump que obligue a los países solicitantes de reestructuración de deuda o ayuda económica a dar cuenta a Washington de sus compromisos con Beijing. Asimismo, Mac Thornberry, jefe del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes presentó un proyecto de ley en el Congreso con el apoyo de republicanos y demócratas con miras a crear un fondo de 6.000 millones de dólares para reforzar el potencial disuasorio contra China.

Ante similares acusaciones por parte del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, China se vio obligada a dar una respuesta al margen de su tradicional práctica diplomática. En un artículo publicado en el Diario del Pueblo, órgano del partido comunista de China, escrito por Zhu Feng, decano del prestigioso Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Nanjing se esboza una muy dura réplica a Estados Unidos en la figura de Pompeo que es expresión de un nuevo lenguaje para las relaciones internacionales de China.

Después de catalogar al ex jefe de la CIA y actual secretario de Estado como “el oficial más arrogante de la administración de Donald Trump a la hora de atacar a China”, Zhu expone que: “La identidad política de la derecha republicana, la arrogancia de la élite estadounidense y las ambiciones políticas personales constituyen el ´gen político` anti-chino del secretario de Estado” .

Agregó que “…el ataque de Pompeo contra China es típico de la postura hegemónica de los políticos de derecha estadounidenses que se caracteriza porque primero, “Estados Unidos siempre tiene la razón y es el ´dueño de la verdad`, lo que permite la distorsión y la manipulación de los hechos. Segundo, Estados Unidos es el poder más grande del mundo y puede obligar a las organizaciones y al derecho internacional a someterse a las cogniciones e interpretaciones estadounidenses. […] tiene derecho a abandonar las convenciones, pero otros países ´tienen` que respetar el derecho internacional y permitir que Estados Unidos anule las organizaciones internacionales y otros países soberanos”.

 La caracterización que se hace de Pompeo y de otros políticos por su condición política de “derecha”, hace referencia a un aspecto ideológico no habitual en las relaciones internacionales de China, ni siquiera en el ámbito académico, que toma nota de contradicciones que van mucho más allá de lo estrictamente comercial o incluso -en este caso- de la contradictoria visión en el manejo de la pandemia. Así, se incursiona en un plano que ha sido conscientemente obviado desde Beijing incluso ante el ostensible involucramiento de Estados Unidos en el apoyo a la desestabilización de Hong Kong y en su intervención como soporte de la administración de Taiwán en clara violación de los propios acuerdos bilaterales en materia de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y China.

No se sabe aún cuál será el devenir del mundo tras el fin de la pandemia, tampoco se puede prever con certeza el rumbo que tomará una inminente restructuración de las relaciones internacionales, pero lo que sí parece seguro es que, en su desesperación por la pérdida de la hegemonía global, Estados Unidos escalará sus ataques contra China. A diferencia del pasado, pareciera que esta vez, Beijing no se quedará de brazos cruzados.

sergioro07@hotmail.com

miércoles, 21 de agosto de 2019

La intimidación imperial como la política de la postrimería de EE.UU.



 Por Rolando Prudencio Briancon:

La política del gobierno Trump viene a encarnar la política que cualquier otro imperio impulsaría, o a lo que cualquier otro imperio recurriría para resistirse asumir una realidad que cíclicamente le llega a todo imperio. Vale decir que no se limita a tener que aceptar que su condición de tal vaya a terminar de ser parte de lo que es parte del acervo de la historia que la humanidad ha conocido. Más allá de lo que es la verificabilidad de esta realidad, es tan sólo el recuerdo lo que quedará en adelante.
Parte del rechazo de resistirse asimilar esta realidad se manifiesta en una serie de acciones, como también de desafiantes declaraciones que están destinadas a mostrar el poderío que, en el mejor de los casos se pretende por lo menos conservar, o en el peor de los casos, por lo memos mostrar.



Es obvio que cualquier imperio que se resiste dejar de ser tal, debe contar con los operadores que mejor encajen en una estrategia que esconda los estertores de su hegemonía, y para ese efecto Trump es un operador clave para esa trama, la cual tiene por objeto ocultar esa realidad. Pero a la vez también confirmar que se continúa conservando esa imbatible condición imperial.

Así es como, si es que se revisan las políticas que Trump ha emprendido desde que ha llegado a la Casa Blanca; las mismas muestran una agresividad innecesaria para contra distintas “amenazas” creadas, y que las considera tales a parir de aquella nostálgica neurosis de “Volver Hacer Grande América” que se ha trazado, desatando toda una campaña de identificación de los “enemigos”, o los causantes de la pérdida de aquella grandeza. Una de las muestras de esa nostálgica inclinación ha sido el hecho de rodearse de viejos “halcones”, como John Bolton, Eliot Abraham, Pompeo, etc.

Ha sido a partir de esa vindicativa visión que tiene Trump que se abierto distintos frentes de ataque; no sólo contra los migrantes, y los hijos de los mismos, que es el grupo contra el que más ha focalizado su fobia; sino hasta contra las propias instituciones internacionales contra las que también no ha dejado de desacreditar, como lo ha hecho contra la misma ONU o la UNESCO, acusándolas de haberse aprovechado de la generosidad de los EE.UU.; y ni qué decir de varios gobiernos como el venezolano el de Corea del Norte, Siria, Irán etc., últimamente China sobre el impase con la península de Hong Kong, con quienes mantiene una línea de agresión permanente.

Claro que no menos cierto es que en muchos casos, sino en la mayoría, lo que  ha quedado las más de las veces es tan sólo el tono amenazante de Trump, y que en el mejor de los casos ha terminado en la imposición  de sanciones unilaterales de parte de los EE.UU., o en la conminatoria para que terceros sean quienes hagan del  trabajo que Trump no se anima a llevar hasta el final, como es lo que hoy sucede la en la, península del estrecho de Gibraltar, para que sea el gobierno de ese país quien imponga sanciones a Irán por el paso del buque Grace I.

Tal vez por el momento lo más aconsejable para el gobierno de Trump es que se convierta en el facilitador de la transición de aquello que no acaba de nacer ni tampoco de morir, antes de seguir insistiendo en un imparable descredito como imperio.

prudenprusiano@gmail.com

martes, 2 de julio de 2019

Piñera, su gobierno y las “alucinaciones” de Maduro…



 Por: Iván Oliver Rugeles:

 Este último jueves 27 de junio el ministro de Relaciones exteriores de Chile, Teodoro Ribera, calificó de alucinaciones las denuncias de nuestro Gobierno Bolivariano, las que, en  voz de su canciller, Jorge Arreaza, ha hecho del conocimiento público, sobre la complicidad del gobierno chileno en  los continuados planes  golpistas de la oposición venezolana para derrocar al Presidente Nicolás Maduro, como parte muy activa del llamado Grupo de Lima, ente creado, -precisamente- para lograr ese objetivo.



Tal conducta chilena ha sido notoria, pues la mediática mundial concentrada la ha divulgado ampliamente no para cuestionarla, para auparla, para aplaudirla, de allí que se hace demasiado evidente que  la misma ha sido impuesta por el imperio estadounidense, ya que su propio “emperador”, Donald Trump es quien la comanda, pues a voz en cuello ha sido constante en su amenazas hasta de sacar por la fuerza a Maduro, a la par que lo hacen igualmente sus halcones, Pompeo, Bolton, Abrams y el Jefe del Comando Sur, Almirante Craig Fuller…

El canciller Ribera debe tener su testa en otro planeta, porque no es posible explicarnos que él se atreva a negar la directa y activa participación de su gobierno y de manera abierta la del Presidente Piñera en ese plan conspirativo  contra nuestro gobierno Bolivariano, de cuyas actividades él debió haber recibido de manos de su antecesor, Roberto Apuero, cuando asumió la cartera de Relaciones Exteriores el pasado 13 de junio, hace menos de quince días, no solamente un resumen de las minutas de las actuaciones de la cancillería en el “caso Venezuela”, incluidas, obviamente, las del mismo Presidente Piñera, sino el manual de instrucciones de dicho plan que ha sido elaborado por los órganos de inteligencia del gobierno norteamericano y que es de obligatorio acatamiento por parte de los gobiernos cipayos del Continente, en resguardo muy riguroso de la “estabilidad” de su Patio Trasero, acerca de lo cual, pues Sebastián es un fiel y muy celoso defensor de los intereses de su amo y si no véanlo aquí en este vídeo grabado durante su visita a Trump en la Casa Blanca, en septiembre del pasado año:
https://www.youtube.com/watch?v=tKMvOj1_XMU 

No es necesario investigar absolutamente nada para enterarnos que el gobierno chileno ha estado conspirando para derrocar al Presidente Maduro, pues la realidad así lo atestigua. No hay nada clandestino en sus actividades, todas han estado a la vista de tirios y troyanos. Piñera fue parte y muy activa en el diseño y creación del llamado Grupo de Lima, cuyos países, no habiendo logrado sancionar a Venezuela en el seno de la OEA, porque nunca contaron con la mayoría requerida para ello, de acuerdo a las normas internas del organismo multilateral, creyeron que, si le caían en cayapa a la Patria de Bolívar, detrás de los halcones de Washington, era posible -finalmente- salir bien rápido de Maduro e instalar luego en Miraflores al monigote de Guaidó…

Sin embargo no podemos dejar de recordar la convocatoria de Cúcuta del pasado 23 de febrero a la que Piñera acudió presuroso para hacer parte de una comparsa que pasará a la historia como el espectáculo más grotesco que en política se conozca al menos en esta parte del mundo en sus últimos cien años, y tanto lo fue que él mismo al advertirlo le sobrevino lo que  se conoce como el  Mal de San Vito que preocupó a más de uno de sus anfitriones, como lo pueden ver en este vídeo: https://www.eldesconcierto.cl/2019/02/23/video-no-muevas-tus-brazos-sebastian-mira-los-extranos-movimientos-de-pinera-en-conferencia-de-prensa-con-guaido/
 
Pero es que además se han hecho señalamientos muy graves que involucraron a la embajada de Chile en Caracas de haber estada implicada en los planes del atentado con Drones al Presidente Maduro del 4 de agosto del año pasado, las cuales las hizo uno de los autores materiales en sus confesiones a la policía venezolana, cuya grabación se hizo pública y aquí copiamos el enlace para que las escuchen: https://www.youtube.com/watch?v=hOmTkX_IgFI

Ese atentado de magnicidio resultó, gracias a Dios, frustrado, pues de haber tenido éxito habría acabado con la vida no solamente del Presidente Maduro y de su señora esposa, sino de la casi totalidad de su gabinete y de los integrantes del Alto Mando Militar y con todas aquellas personas que se encontraban muy próximas a la tarima que fue instalada en la Avenida Bolívar de Caracas, con motivo de los actos en conmemoración de un aniversario más de la Guardia Nacional Bolivariana.

El gobierno de Piñera rechazó lo que calificó de “gravísimas y calumniosas insinuaciones y amenazas” del Gobierno de Venezuela”, alegando además que Chile es un país amante de la paz, de la democracia, la libertad y respeta el derecho internacional”, lo cual se contradice con lo que ha sido su activa participación en ese Grupo de Lima, el que, repetimos, se constituyó para destruir la institucionalidad venezolana y la mejor prueba de ello, es el comunicado que el grupo hizo público cuando anunció el inicio de sus actividades, en septiembre de 2017:  https://ve.usembassy.gov/es/declaracion-del-grupo-de-lima-sobre-venezuela-27-de-octubre-2017/

De manera que, lo reiteramos, el canciller Teodoro Ribera anda por las nubes o se hace el pendejo como decimos aquí en nuestra tierra venezolana, en el tema de la política exterior chilena respecto a Venezuela, la cual ha involucrado al país de Gabriela Mistral, de Neruda y de Allende, activamente en, quizás, la Madre de todas conspiraciones e injerencias que ha fraguado y llevado a cabo los Estados Unidos en estas tierras Latinoamericanas y Caribeña en estos últimos 170 años, para destruir la democracia de la Revolución Bolivariana, ratificada en poco más de 24 eventos electorales realizados en menos de 20 años, lo cual constituye un gran ejemplo de civilidad y de auténtica democracia (Abrir este enlace y escuche al ex presidente estadounidense, Jimmy Carter: https://www.youtube.com/watch?v=f3LRHKw2MTc)
Pero, por supuesto, hay mucho más, pero antes nos preguntamos: Este señor Ribera antes de asumir la cancillería, ¿¿¿acaso vivía como un ermitaño apartado de la civilización, donde le era imposible enterarse de cuanto sucedía en su país y en el mundo…???

Vamos a prestarle nuestra ayuda al novel canciller de la Patria de Bernardo O'Higgins, a cuyo efecto le copiamos seguidamente, sin que de nuestra parte hagamos algún comentario, pues no hacen falta, las declaraciones de Elliott Abrams (el mismo sujeto del Irán-Contras en Nicaragua)* en el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos sobre Venezuela, en sesión que fue convocada hace escasos días, en su condición de representante especial de Trump para “resolver” los problemas que se confrontan en ese país, el cual es parte de su “Patio Trasero” y que, además, posee en sus entrañas las reservas petroleras más grandes del globo terráqueo, es decir que tiene petróleo para más de 200 años…

Estos son fragmentos de las declaraciones de semejante joya en el Congreso gringo:
1- “Esto de atacar al chavismo es sencillamente para nosotros una guerra de sobrevivencia y la imposición de una razón que debe prevalecer sobre las demás, porque de otro modo estaremos admitiendo y dando campo para que se nos destruya. ¿Imagínense, señores representantes, por un segundo que nosotros dejáramos gobernar a los chavistas sin ponerles trabas, sin hacerles la guerra, permitiéndoles hacer sus proyectos sociales sin tomar en cuenta nuestras empresas y socios, siendo que los valores nuestros han sido los suyos por casi dos siglos? Imagínense que le sigamos permitiendo tener toda clase de relaciones extrañas con todo ese mundo adverso a Estados Unidos, llenando a su pueblo de conceptos e ideas que van todos contra nuestros valores.

Imagínenselo por un momento, señores representantes: esto conduciría a la debacle y a la perdición de la democracia en el hemisferio occidental, aquí mismo en nuestras entrañas. He ahí, la razón primordial por la cual ese tipo de régimen constituye una amenaza para la seguridad nacional de nuestro país, algo que ustedes lo deben saber muy bien. En esencia, de eso se trata la lucha que estamos librando contra este tipo de regímenes que pondrían en peligro nuestro propio destino, la paz mundial”.

2- “Nosotros, que somos los campeones de la democracia en el mundo, siempre hemos probado que el socialismo ha sido un fracaso en todos los lugares en donde ha tratado de imponerse, y por lo tanto no podemos permitir que en Venezuela eso sea la excepción. ¿Entonces vamos acaso a permitir que en Venezuela sea exitoso el socialismo, señores Representantes? ¿Pueden ustedes creer lo que eso provocaría en toda la región de América Latina?”

3- “¿Ustedes pueden imaginarse lo que representa construir tres millones de viviendas sin la participación de la empresa privada? ¿Cuál sería el destino de nuestro modelo si no intervenimos allí en los proyecto de salud o educación, en la formación de sus militares y en la adquisición de los elementos para su defensa?”
4- “Por lo tanto, el que no esté con nosotros debe pasar por las más dolorosas privaciones, las más terribles inseguridades, las más penosas necesidades de todo aquello que durante tanto tiempo disfrutó teniéndonos por aliado y por el sostén de sus costumbres, de sus hábitos y entretenimientos más preciados…”.

Suficiente, no hace falta que agreguemos algo más para entender y explicarnos las causas que tiene el imperio yanqui y sus lacayitos de aquí y del otro lado del charco, para agredir bárbaramente a nuestra Patria, ¡¡¡Venezuela…!!!
rioliverr@gmail.com

miércoles, 5 de junio de 2019

Trum busca legitimar la intervención Militar en Venezuela


Por Eduardo Andrade Bone:

El sector más reaccionario y golpista del Partido Republicano y algunos Demócratas, junto a los pistoleros de la Casa Blanca (Bolton-Pompeo) presionan al führer Trump para que desate un baño de sangre en Venezuela, para tales efectos el Secretario de Estado Mike Pompeo, despliegan grandes esfuerzos ante la comunidad internacional y diplomática para justificar y legitimar una intervención militar en el país caribeño.
Así se desprende, de diversas notas de prensa aparecida en la prensa estadounidense con el objeto de crear y estimular un estado de ánimo, que permita emprender una nueva aventura bélica, con el objeto de tomar el control directo de los recursos naturales más importantes con los que cuenta Venezuela.


Después del fracaso del intento golpista de la marioneta de ultraderecha Juan Guaidó y su pandilla y cuando este conspirador viene a la baja y ya casi sin respaldo ciudadano, en el centro de la conspiración de la Casa Blanca se están barajando diversas cartas para poner fin al proceso de cambios que vive Venezuela.

El conflicto en el seno del gobierno del führer Trump, pasa por desplegar una campaña propagandística y conspirativa exigiendo el fin de la presencia cubana en Venezuela, terminar con la cohesión de las fuerzas armadas y su apoyo al gobierno de Maduro o comprar militares corruptos y traidores, además de seguir asfixiando la economía venezolana que tanto daño causa al pueblo caribeño y que es promovida por Guaidó y sus secuaces de la derecha golpista venezolana.

Todos los esfuerzos del führer Trump, están destinado a agudizar al máximo la situación socio económica venezolana con el objeto de estimular el caos y la violencia, para así, justificar plenamente su intervención militar en Venezuela todo esto precedido de una fuerte campaña mediática y del terror, que les permita crear las condiciones pertinentes para transformar a Venezuela en un nuevo Vietnam u otra Irak, que es el riesgo que quiere correr la pandilla de la Casa Blanca.  De allí que la intervención militar directa, es lo que esta en el centro de la discusión de los halcones de la administración Trump, para lo cual necesitan convencer al resto del mundo, que esta es necesaria y urgente.

Sin embargo, en el seno de la oficina oval del führer Trump, la discusión suele ser agria, destacan medios de prensa estadounidense, pues las posiciones están en los que dicen que las condiciones políticas y militares no están dadas y los que estiman que la intervención militar debe ser rápida, efectiva y exitosa, de lo contrario la situación podría afectar aún más, la ya alicaída imagen del führer Trump, ante la posibilidad de una reelección del presidente para un segundo mandato el 2020 y que se le está tornando un tanto difícil.

Por otro lado, en Venezuela tenemos una oposición completamente dividida, corrupta, que se pelea por los dólares de la conspiración que llegan desde diversas fuentes americanas, los cuales se enriquecen con esas dadivas y que son repudiados por el pueblo venezolano, con un Juan Guaidó que se le va deteriorando su imagen y futuro político y que además administra millones de dólares para la conspiración, pero que no cuenta con el apoyo de los sectores más moderados de la derecha venezolana.

También se estima que, para Estados Unidos, en su llamado “patio trasero” han surgido una serie de dificultades que impedirían una intervención militar exitosa en Venezuela. Por ejemplo, el títere colombiano, Iván Duque, esta enfrentando una serie de escándalos que están relacionados con asesinatos de rebeldes y grupos ligados al narcotráfico, en manos de grupos operativos militares, que involucran directamente al jefe nacional del ejército de Colombia, Nicacio Martínez Espinel, por encubrimiento en la muerte de civiles.
Además, el führer Trump está molesto con el presidente Duque, porque este no permite un control directo del negocio de la cocaína para su casinos y hoteles.

Entre otras cosas cabe destacar, que una parte del alto mando militar colombiano no comparte la idea de una intervención militar y menos la posibilidad de involucrarse en un presunto conflicto bélico con Venezuela y a todo esto se suma además la caída ostensible de la popularidad del narco presidente Iván Duque. 
Ahora en el caso de Brasil, el vicepresidente del país,  Hamilton Mourão, del cual se dice además que es el verdadero poder en Brasil, producto de la incompetencia y mediocridad del mandatario ultraderechista Jair Bolsonaro, ha expresado que en su país los militares no comparte la idea de una intervención militar en Venezuela.

Y siempre en la región, los mandatarios alineados con el golpismo y la intervención militar, como el presidente de Chile, Sebastián Piñera y el de Perú, Martín Vizcarra, que en más de alguna oportunidad han sido imputados por corrupción, hoy gozan de muy poca popularidad en sus respectivos países, los que para el führer Trump, no constituyen una garantía efectiva para su aventura militar y genocida en Venezuela.

Ahora el caso más patético de todos es la situación que vive el mandatario y empresario argentino, Mauricio Macri, otro golpista, que tiene los días contados producto de la catástrofe económica en que tiene sumido al país y con su imagen y popularidad por los suelos. En este sentido podríamos decir que la correlación de fuerzas no está por apoyar ninguna salida violenta, sangrienta, ante la crítica situación que vive Venezuela, creada por la oposición golpista y sus padrinos de la Casa Blanca.

Lo que es ratificado además por organismos como las Naciones Unidas, el Grupo de Lima, la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europa, los países no alineados (MPNA o MNOAL), el Alba, Grupo de Contacto (UE, Uruguay, México), que tampoco comparten cualquier salida de fuerza, llámese intervención militar directa, golpe de estado o guerra civil, que son las cartas diabólicas que ha estado barajando el führer Trump en el país caribeño.

Y por último tenemos a China, Rusia Y Turquía, países los cuales han estrechado su cooperación en diverso ámbitos con Venezuela, los que se oponen tajantemente a cualquier salida violenta y menos que ponga en peligros las inversiones e intereses mutuos entre estos países y el país caribeño, lo que refleja la complejidad de los pasos de la muerte que quiere dar Estados Unidos, buscando legitimar su presunta intervención militar y genocidio en el sureste de América del Norte y que podría sepultar la candidatura del führer Trump, para un segundo periodo.

Ahora dentro del circulo más cercano al führer Trump, todos se preguntan si será capaz de intervenir militarmente en Venezuela, productos de las presiones del sector más conservador y reaccionario del Partido Republicano, sin que esto signifique tener que correr un riesgo que vaya a perjudicar su candidatura para un segundo mandato, más aún cuando el psicótico y narcisista mandatario, tiene bastantes problemas internos y con anuncios de una presunta destitución, patrocinada por los demócratas en el Congreso de los Estados Unidos.

aindoamericanap@gmail.com

sábado, 27 de abril de 2019

Piñera genuflexo ante la Casa Blanca



Por Juan Pablo Cárdenas S.:

Afortunadamente para el mundo, quienes gobiernan ahora en la Casa Blanca no son personas inteligentes, moralmente sólidas o cultas. De allí que se sucedan en contradicciones, querellas internas y adopten torpes decisiones. A esta altura de la intensa y cobarde acción imperialista para desestabilizar a Venezuela lo que apreciamos es un enorme ridículo, que de todas maneras resulta trágico para la población bolivariana, así como amenazante para toda el área latinoamericana y del Caribe. Lo único que ha podido materializar Donald Trump hasta aquí es el robo de las petroleras y fondos venezolanos en su territorio, así como el bloqueo comercial impuesto a este país, lo que de todas maneras ha logrado es estimular el espíritu soberano de esta nación, cohesionar a sus Fuerzas Armadas y poner el pie de lucha a un pueblo indómito, que podría llegar a cobrarle un suculento precio a cualquier intento de invasión militar de parte de Estados Unidos. Como en el pasado sucediera con los vietnamitas.


Ya se ve que lo que menos le importa al gobierno de Trump es la democracia en Venezuela, en nuestra región o en cualquier lugar del orbe. Por algo son las principales aliadas de la potencia imperial las más temibles tiranías mundiales, como la de Arabia Saudita o aquellas naciones en que se violan sistemáticamente los derechos humanos, sociales y políticos. El propio país de Washington compite en la actualidad con las naciones más desiguales del mundo, con una pavorosa y creciente cifra de pobres y bajo un estado de violencia y criminalidad verdaderamente terroríficos, como cualquiera puede comprobarlo en la prensa mundial.

Después de su fracasada acción en Cúcuta, viaja a los países que le son más dóciles el Secretario de Estado Norteamericano Mike Pompeo. Esto es a Chile, Paraguay, Ecuador y Colombia, donde lo reciben mandatarios abyectos convencidos de que el Emisario les señalaría nuevas tareas para continuar acosando al régimen de Nicolás Maduro. Craso error, cuando en su gira lo que más preocupó a Pompeo fue trazarle línea a Piñera y los otros jefes de estado respecto de lo que deben hacer para oponerse a los propósitos chinos de invertir y comerciar con América Latina.  Preocupado por esa “peligrosa penetración” comercial china que, en realidad, se explica en las “ventajas comparativas que la industria y los capitales de la gran potencia asiática le ofrecen a la región y a todo el mundo. Incluso a los Estados Unidos.

En la inminencia de un viaje a China del cual ya Piñera no le sería fácil desbaratarse, Pompeo le hizo indicaciones respecto de qué hacer y hasta donde desplegar su agenda original en Beiging. Particularmente, Pompeo busca que el presidente chileno frene las inversiones de la empresa Huawey en nuestro país, las que ya están muy consolidadas en el mercado chileno. Una presión insólita como ilícita respecto de la cual el Mandatario chileno ya le prometió suspender la visita a las instalaciones de esta empresa en el Asia, aunque ahora último dice estar dispuesto a reunirse con algunos de sus ejecutivos. Episodio que, por supuesto, molestó a los chinos e indujo al embajador de ese país a publicar una airada carta en la prensa chilena para fustigar las expresiones del emisario norteamericano en cuanto a que, detrás de este gigante empresarial chino, estaría la presencia el régimen comunista y su afán de penetrar ideológicamente nuestro continente.

Sabedores de que Estados Unidos, más que amigos, tiene intereses en el mundo, es que sus emisarios se relacionan con nuestros jefes de estado como si fueran simples peones de su política injerencista. Ejerciendo una grosera e indisimulada presión, más encima, ante aquellos gobernantes latinoamericanos que han ido antes a golpear las puertas de la Casa Blanca y el Departamento de Estado cuando necesitaron ayuda para derribar a Allende y a otros presidentes efectivamente democráticamente, para después sostener por largos años a los militares en el poder. A los que, por fin, los abandonaron cuando ya se aseguraron de que los eventuales sucesores de los regímenes autoritarios no se propondrían otra cosa que conservar el modelo económico social que conviene a los Estados Unidos, proteger a sus inversionistas, continuar la extranjerización de sus recursos básicos y, a lo sumo, velar por una “democracia protegida” como la que Pinochet nos legara hasta hoy.

Sebastián Piñera tampoco tiene muchas luces más que Trump, Pompeo y otros hazmerreíres de la política norteamericana y regional. Sin embargo, en materia de negocios se le suponía un defensor del libre mercado que ahora Estados Unidos quiere borrar de un manotazo en las relaciones económicas internacionales. Como los políticos de su generación, sufrió también la deslealtad que Pinochet y sus secuaces sintieron, por ejemplo, respecto de Estados Unidos, cuando este país decidió que ya era hora que se fueran de La Moneda. De allí que nos extrañe tanto su actual docilidad hacia el Imperio y que, para satisfacer las demandas de Trump, haya echado por la borda nuestra soberanía, independencia y dignidad nacional para comprometer a Chile con un golpe de estado fratricida orquestado por los Estados Unidos. Que se haya fotografiado con Trump, incluso, arrimando nuestra bandera a la de los Estados Unidos y se haya refocilado con la visita de Pompeo, allanándose a cumplir cabalmente sus instrucciones.

Es claro que los dueños de la economía chilena, de sus yacimientos, aguas, instituciones financieras y previsionales son las empresas transnacionales, protegidas por Estados Unidos y la institucionalidad internacional que les sirven. A ratos se nos señala que solamente nos hace falta hablar en inglés y reemplazar a nuestra moneda por el dólar, como ya está materializado, por lo demás, en el lenguaje de las cifras de Hacienda y nuestro presupuesto nacional. Sin embargo, podíamos jactarnos de tener todavía cierta autonomía para negociar con China y otras naciones, así como abrirnos a inversionistas de distintas proveniencias. Pero tal parece que ahora el gobierno norteamericano dijo basta y ni siquiera quiere permitirnos una rendija abierta al mundo en tal sentido. Y, si Piñera está conteste con esto, podría explicarse que haya propuesto a nuestro país (con ese montaje que hizo ante Trump de ambas banderas) para que Chile se constituya en un socio más de los que integran el pabellón norteamericano.

¿Terminarán también las fuerzas armadas chilenas desfilando e integrando operaciones internacionales conjuntas con Estados Unidos? ¿Podríamos seguir vendiéndoles nuestro cobre a China y otras naciones si nos cerráramos a sus inversiones y productos?

juanpablo.cardenas.s@gmail.com