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martes, 30 de octubre de 2018

El estado Bolívar: ¿Otro Esequibo?


Por Juan Martorano:
Inicialmente, había pensado realizar un análisis sobre los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y regionales en Brasil, pero ya varios compañeros y compañeras me antecedieron en los análisis y apreciaciones sobre el tema (incluso mucho mejores que las opiniones que podía haber dado). Y es por ello, que pudiera tocar tangencialmente el tema, pero con un tema que, a mi juicio, insisto, debe ser tratado como de seguridad de Estado.

Me refiero una vez más al estado Bolívar, y más específicamente a los municipios del sur de dicha entidad federal, que son 7 en total (Angostura, Cedeño, Piar, Roscio, El Callao, Sifontes y Gran Sabana) de los cuales, dos comparten fronteras con países como Guyana y Brasil, cuyos gobiernos hoy en día son hostiles al venezolano, y prestos a los planes que la administración Trump tiene para con Venezuela.

Hemos podido observar, como en menos de dos semanas, se han registrado hechos de particular violencia en el municipio Sifontes, y particularmente en la localidad que sirve de capital a tan estratégico e importante municipio: Tumeremo. Se ha comprobado como los denominados “sindicatos” han tenido fuertes disputas con fuerzas irregulares, bandas criminales, efectivos del Ejército, Guardia Nacional Bolivariana, policía estatal y municipal corruptos con fuerzas de seguridad y orden, por el control territorial de minas y de importantes yacimientos en la zona, que se ha traducido en acciones que en la mayoría de las ocasiones los habitantes de esos sitios prefieren mantener en silencio, son pena de pagar con su vida si cometen declación de lo que allí viene ocurriendo.

Vaya que los dossiers escritos en su momento por este servidor, entregados en las propias manos del Comandante Inolvidable sobre varias alertas que hicimos, sobre uno de los epicentros de la conspiración contra la Revolución Bolivariana se encontraba (y se encuentra) en el estado Bolívar es una triste realidad, la cual estamos obligados a cambiarla.

Como una pequeña digresión, ya pudimos enterarnos que en el municipio Caroní de la referida entidad federal (Puerto Ordaz y San Félix) el que electoralmente tiene la mayor cantidad de votantes, y por ende tiene una importancia político- electoral considerable, la tarifa del pasaje de transporte urbano amaneció en 5 bolívares soberanos. Imagino que situaciones como estas se replican en el resto de la geografía nacional, pero esto será objeto de un artículo aparte para referirnos a tan espinoso tema.

Los sucesos que se vienen registrando en el sur del estado Bolívar son sumamente peligrosos, y evidencian la ausencia tan siquiera del más mínimo estado de Derecho. Debemos entender que ESTA EN RIESGO LA SOBERANÍA del sur de Bolívar, y, por ende, del país. La indiferencia, o la posible COMPLICIDAD en el tráfico del oro por los responsables de hacer justicia, amenazan esa zona y de que pueda convertirse en otro Esequibo (que de hecho lo tienen bien cerca).

Desde que en su momento ciertos actores políticos supuestamente revolucionarios, y que en vida del Comandante Chávez lo traicionaron, entregaron a sus mafias y a sus criminales intereses, en Bolívar se encuentran sumidos en la malsana y hasta mortal falta de derechos, de ahí para adelante, todo ha ido cuesta abajo. Nada ayuda.

La amenaza en el sur del estado Bolívar crece ante la CERO autoridad y la AUSENCIA DE ESTADO. Ahora, con la llegada de la extrema derecha en Brasil, quien se expresa contra Venezuela, prometiendo tomar acciones con insinuaciones CLARAMENTE BÉLICAS.

De ahí que la evaluación que debe hacer el Presidente Nicolás Maduro, como Jefe de Estado y conocedor de la realidad guayanesa (ya que, como Canciller y Vicepresidente Sectorial de Política, varias veces visitó la zona por instrucciones del Comandante Chávez y por su ascendencia sobre varios de los dirigentes obreros y sindicales de la zona)  y del magistrado- presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, y entender que nada de lo que hagan se resolverá contra las bandas y el crimen organizado que allí operan, si como una de las primeras medidas que se adopten sea el allanamiento e intervención de tribunales, sacudón en las estructuras jurídicas de la zona, y PONGAN PRESOS A MÁS DE UN JUEZ CORRUPTO, CÓMPLICE Y ALCAHUETE.

Insisto en lo que en otras oportunidades he señalado. En buena hora llegó el M/G Justo Noguera Pietri y está realizando un trabajo encomiable en la región. Pero Justo Noguera sólo no puede, y digo más de lo que ya he señalado aún. No solo debe contar con un buen equipo técnico político que lo respalde en su gestión como gobernador y ahora como vicepresidente del PSUV en la región sur; sino contar con un apoyo más fuerte y decidido de la Vicepresidencia Sectorial de Política, Soberanía y Paz, dirigida y de la mano del G/J y actual ministro del Poder Popular para la Defensa, Vladimir Padrino López, del Comandante del Comando Estratégico Operacional (CEO), A/J Remigio Ceballos Ichazo, y del M/G y Ministro del Poder Popular para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Néstor Luis Reverol Torres, para hacer un trabajo similar al que realiza el protector del Tàchira, Freddy Bernal, de golpear duramente a las mafias de dicha zona, que al igual que Bolívar, es estado fronterizo, y cuyo gobierno es hostil al nuestro.
¡Bolívar y Chávez viven! ¡Y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
jmartoranooster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com,  juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar  

miércoles, 15 de agosto de 2018

La vergüenza de la Corte Suprema al liberar a asesinos

Por Dr. Tito Tricot:
Ustedes jueces de la suprema vergüenza, no tienen idea lo que es ser torturado. O a lo mejor sí lo saben y les da lo mismo, por eso dejan libres a 7 asesinos en nombre de una supuesta reconciliación nacional, como señaló Hugo Dolmestch. Pero, su señoría, lo que sucede es que yo no quiero reconciliarme con mi torturador ni con ningún asesino, pues –les reitero– ustedes no saben o no quieren saber lo que es ser torturado. Yo se los voy a decir.

Desnudo, encapuchado, amarrado, te enfrentas ante la más terrible de las soledades. Sí porque no es una, son varias al mismo tiempo: la soledad de la incertidumbre, de la oscuridad, del silencio, de los gritos, de la vida y la muerte. Nunca sabes de donde vendrá el primer golpe, y el torturador –al que tú otorgaste el beneficio de la libertad– gozaba con tu miedo. Disfrutaba cada minuto, mientras uno, enclaustrado en las fronteras de su capucha, intentaba adivinar entre los gritos propios y de ellos, por dónde vendrían los puñetazos o patadas en un vano esfuerzo por aminorar el dolor. Era imposible. Así sobrevenía la avalancha de golpes, y luego, el silencio que asomaba como un oasis de tranquilidad en medio de la tormenta, mas era tan solo un espejismo. Estaba todo calculado; ahí estaban los militares, civiles y médicos vigilando cada uno de tus movimientos para continuar la tortura.

Y de pronto la electricidad, la maldita electricidad. La misma que sirve para encender las cómodas lámparas que sin duda utilizaron los jueces para firmar los decretos de libertad de asesinos irredentos. Pero cuando uno se encontraba en la sala de interrogatorios únicamente atizaba la morbosidad de los torturadores y la carne viva de las indefensas víctimas. Hasta el día de hoy, supremos de la vergüenza, no se me olvida lo que se siente cuando a uno le aplican electricidad. Se te mete por las venas, se convulsiona el cuerpo, se contraen piernas y brazos, se crispan los dedos. Se abren desmesuradamente los ojos en la profunda oscuridad de la pestilente capucha que te cubre la cabeza cuando el esqueleto se te sale por la boca en un alarido catedralicio. Grito que no puedes detener, aunque quieras, grito imparable que te surge desde el alma o que es el alma misma. Es el desgarro de la soledad, el golpe de Estado que te está golpeando una y otra vez hasta fracturar tres vertebras. Por eso jamás se me ha olvidado, aunque hayan pasado 31 años o que transcurran mil más. Por ello no quiero reconciliarme con mi torturador ni acepto que ustedes lo hagan en mi nombre. Yo no perdono.

Ustedes jueces de la suprema vergüenza, no tienen idea  lo que es ser asesinado. O a lo mejor sí lo saben y les da lo mismo, por eso dejan libres a 7 asesinos en nombre de una supuesta reconciliación nacional. Yo se los voy a decir. A un compañero, hermano, lo secuestraron, lo torturaron inmisericordemente, lo mataron sin contemplación alguna en el Cuartel Borgoño de la CNI. Metieron su cuerpo a un saco, ataron rieles al mismo, lo subieron a un helicóptero y lo lanzaron al mar en las costas de San Antonio. Una viuda, un hijo, un desaparecido más para ustedes; una simple estadística sin sonrisas de niño, sin abrazos, sin navidades perdidas para siempre. Todo lo que han tenido los asesinos que ustedes generosamente han liberado, porque –digamos las cosas por su nombre- ellos, antes de ser beneficiados ahora, han sido condenados a penas simbólicas después de haber gozado de una vida absolutamente normal por décadas.

Dicho de otra manera: la suprema vergüenza es compartida por la Derecha, las Fuerzas Armadas, los gobiernos de La Concertación y la Nueva Mayoría que con el discurso de “justicia en la medida de lo posible”, han transformado a los violadores de derechos humanos en pobres víctimas. Los crímenes de lesa humanidad, las atrocidades cometidas en Chile mediante un proceso de alquimia legalista de pronto se han convertido en delitos comunes. Cualquier día, o peor aún, cualquier noche, nos encontraremos a la vuelta de la esquina con un torturador y asesino porque los jueces de la Corte Suprema decidieron que merecían la libertad a pesar que no habían cumplido toda su condena, no se habían arrepentido de sus crímenes ni habían colaborado con la justicia.

Los supremos de la vergüenza estudiaron derecho pero no saben de justicia. Los crímenes de Lesa Humanidad o Crímenes contra la Humanidad son, precisamente, un atentado a la condición o calidad de nuestro Ser Humano. Como tales pensamos, reímos, lloramos, cantamos, hacemos el amor. Simplemente vivimos. La dictadura y sus agentes, a los que ustedes liberaron, nos impidieron  Ser: ser humanos. Ese es un crimen contra la humanidad. Punto. Lo demás es lírica.

Jamás perdonaré a torturadores ni a asesinos que aún se solazan con el sufrimiento de millares de víctimas de la dictadura cívico-militar y de sus familiares. A esta extensa lista de imperdonables deberé agregar a tres jueces de la Corte Suprema y a dos abogados integrantes que no saben lo que es ser torturado o asesinado, o sí lo saben y les da lo mismo.

Sociólogo
Director
Centro de Estudios de América Latina y El Caribe-CEALC
tricot18@gmail.com