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miércoles, 23 de septiembre de 2020

“Dios los cría y el diablo los junta”

 Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Hace ocho años, en marzo de 2012, escribí un artículo titulado “El conflicto árabe-israelí. Una falacia imperial”. En dicho texto exponía algunos puntos de vista que causaron mucha polémica e incluso rechazo por parte de algunos lectores. En esa ocasión explicaba que:

“Es común escuchar hablar de un supuesto “conflicto árabe-israelí” No existe tal conflicto, por lo menos en lo que a la mayoría de los gobiernos se refiere. Lo que ocurre en realidad es la confrontación entre los aliados de Estados Unidos y Europa y los pueblos árabes doblemente oprimidos por la intervención imperial en sus territorios en connivencia con sus gobiernos y el carácter represivo, autoritario y antidemocrático de la mayoría de los gobiernos de la región. Es así, que Israel tiene excelentes relaciones con varios gobiernos árabes con los que supuestamente está en conflicto

Israel, las monarquías autocráticas y los gobiernos árabes han establecido una virtual alianza bajo la égida de Gran Bretaña primero y Estados Unidos después, en las que la voluntad  de Palestina por construir su nación, la lucha por la soberanía del Sahara Occidental y el espíritu liberador y democrático de los pueblos árabes más recientemente, han sido, a través de la historia, moneda de cambio para perpetuar el dominio de unos y otros en una lógica imperial que la da a esta región importancia geopolítica trascendental por ser la mayor compradora de armas y la más importante productora de energía del planeta.

La falacia de un supuesto conflicto alimentado desde Occidente no hace más que sostener un mercado vital para el mantenimiento de un modelo de sociedad decadente. Por igual, las satrapías autocráticas árabes y el Estado sionista de Israel se han prestado para ser la comparsa necesaria para la presencia e intervención imperial cada vez que sus intereses se ven amenazados”. Hasta ahí partes del articulo de 2012.

Algunos hechos recientes me han venido a dar la razón, el establecimiento de relaciones diplomáticos del Estado sionista con Emiratos Árabes Unidos y Bahréin con patrocinio estadounidense, ha corroborado lo que es sabido: Estados Unidos está haciendo esfuerzos superiores para construir un gran bloque árabe-sionista reaccionario que sirva como instrumento “amplio” de aplicación de su política en la región encaminada a quitar presión al Estado sionista para que pueda jugar mejor su rol de portaviones de Estados Unidos; destruir al eje de la resistencia vanguardizado por Irán; evitar que los palestinos puedan construir un Estado que por derecho y por historia le corresponde; salvar a sus aliados saudíes y emiratíes de la debacle de sus ejércitos y el desastre de su política en Yemen y, finalmente, proteger de la competencia al mayor mercado importador de armas del mundo, que se sostiene gracias al “conflicto” existente, toda vez que Estados Unidos le vende a ambos oponentes. Es conocido que sin esta industria, su economía no podría sostenerse.

Dhahi Khalfan subjefe de Policía de Dubái, la mayor ciudad de Emiratos Árabes Unidos, ha ejemplificado con una frase el sentir de la plutocracia emiratí respecto de su relación con Israel. En un escrito publicado en redes sociales, el jefe policial dijo que: "9 millones de judíos son mejores que 400 millones de árabes en términos de capacidades científicas, financieras y políticas... la razón está en nosotros y no en los judíos... ¿por qué siempre culpamos al otro?"

Está visto que los intereses de clase son mucho más poderosos que cualquier otro tipo incluso los familiares o los nacionales. En este sentido, los intereses de la ultra derecha sionista que ostenta el poder en Israel son plenamente coincidentes con el de las putrefactas monarquías suníes árabes a pesar que éstas son profundamente anti judías, a diferencia de la corriente chií del islam que no profesa sentimientos en su contra. El secuestro del judaísmo por parte del sionismo fue el primer eslabón adoptado por las potencias imperiales -europeas primero y estadounidense después- para establecer el control moderno del Asia Occidental, región que como se dijo antes, posee las mayores reservas de petróleo y gas del planeta.

Vale decir que la tan publicitada contradicción política entre las corrientes chiíes y suníes del islam, también es un artificio occidental para promover la división entre árabes y musulmanes. En conocido que, por ejemplo en Siria, el presidente Al Assad es alauita, una rama chií minoritaria en el país, mientras que la mayor parte del ejército y toda su plana mayor es suní, lo cual no es óbice para la unidad nacional en contra del terrorismo y el imperialismo.

De la misma manera, (mirado en sentido contrario) se observan las profundas contradicciones entre los gobiernos suníes promotores del terrorismo wahabí de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos en confrontación con los también gobiernos suníes  de Turquía y Catar. Es más, siendo que la mayoría del pueblo palestino es suní, tiene en Irán, Siria y el Hezbollah libanés (todos chiíes) sus máximos aliados.

De esta manera, resulta evidente que el manejo de aparentes conflictos y contradicciones en Asia Occidental, no son más que subterfugios mediáticos occidentales para sembrar odios y segmentaciones, mientras se construyen alianzas entre aparentes enemigos que en realidad constituyen la columna vertebral de la intervención imperial en la región.

Las palabras de Khalfan son expresión de la ignorancia y de un pensamiento racista y clasista basado en una presumida superioridad de algunos árabes respecto de otros. El policía emiratí alimentó su diatriba asegurando que: “…No somos Palestina. Palestina esencialmente, no es un Estado soberano. No tiene moneda, ni ejército, policía, presidente o ministros…”. Sus repulsivas opiniones avergüenzan a toda la humanidad decente, incluyendo por cierto a una buena parte de judíos, sobre todo a los no sionistas.

Su ignorancia no le deja ver a Khalfan que él es jefe de la policía de un país sin historia, toda vez que fue inventado por los colonialistas británicos cuando se retiraron de la región para dejar instaladas monarquías (también inventadas) a las que a cambio de la sujeción a Londres, París y Washington sentaron sobre un mar de petróleo que le proporcionó riqueza y poder,

Pero lo que no pudieron transferir los poderes imperiales a estos ignorantes criadores de cabras del desierto devenidos en millonarios estadistas a los que les regalaron estos países de diseño colonial fue la inteligencia, la cultura y la sapiencia de las grandes civilizaciones persa, mesopotámica y egipcia cuna de algunos de los mayores descubrimientos científicos de la historia antigua. 

Khalfan y todas estas satrapías que hoy veneran a Trump y a Netanyahu ni siquiera son capaces de sentir amor por su religión, por el profeta y sus califas sucesores, haciendo mal uso del culto, solo para nutrir y fomentar el terrorismo, en primer lugar contra sus propios hermanos musulmanes y contra toda la humanidad.

Árabes y judíos son hermanos, tienen un origen común, son semitas, según las escrituras religiosas, ambos pueblos descienden de Sem, uno de los hijos de Noé. Por eso deben vivir en paz, para lograrlo tendrán que seguir luchando hasta derrotar por igual al Estado sionista y a las retrogradas monarquías árabes que hoy se reúnen bajo el alero del Satán que vive en la Casa Blanca de Washington.

sergioro07@hotmail.com

martes, 16 de octubre de 2018

La Marcha del Eterno Retorno del judío errante frente al israelita invasor


Por Rolando Prudencio Briancon:
Fue Friedrich Nietzsche a quien se le atribuye la idea de que la vida del ser humano es un eterno retorno. Vale decir una existencia que se extiende como un contínuum devenir en el que se vuelve a un punto en el que se inició la misma.

Es en ese secuencial sentido que podríamos posicionar; no el “conflicto” palestino-israelí, como mediáticamente se lo ha posicionado en las mentes de la opinión pública, como si se tratara de un “conflicto”, una disputa en el que en igualdad de condiciones se ha dado, y se está dando entre palestinos e israelitas; sino que éste es un verdadero: ¡GENOCIDIO!, ya que desde se ha iniciado la Marcha del Retorno el pasado 30 de marzo, se han matado a más de 200 palestinos a manos de las fuerzas israelitas -si eso no es genocidio entonces, ¿qué es?- Pero además entre las víctimas: 50 son menores de edad, 10 mujeres, 2 paramédicos y un periodista local, según informó el portavoz del Ministerio de Sanidad en Gaza, Ashraf al Qedra.

Y si faltaran pruebas, a parte de ese número de víctimas aproximadamente 18.000 manifestantes han resultado heridos (entre ellos, 370 médicos y enfermeros); amén de que los palestinos que han sido desplazados no cuentan hoy ni con luz, combustible, y apenas se aprovisionan de agua una vez a la semana, por lo que sí este es un verdadero GENOCIDIO; y por el que la comunidad internacional parece que lo asumiera como una maldición bíblica, contra los palestinos, quienes no son sino judíos, que desde que fueron condenados a errar; soportan hoy la más perversa persecución, genocidio y destierro, después de la creación del Estado israelí que se ha convertido en el gendarme geopolítico de los poderes imperiales; tanto de Inglaterra y los EE.UU., arremetiendo contra ellos. 

Esta es la razón por la que hoy que cada vez que el pueblo palestino sigue soportando ese eterno retorno al punto de partida de lo que parece ser una maldición bíblica que han soportado, y que se ha visto más agravada aún por la instrumentalización de esta historia por los poderes imperiales que lo han  hecho para escarmentar a todo un pueblo a que cargue con una infame injusticia que los ha condenado a ser parias en su propia tierra, como lo son los palestinos hasta el día de hoy.

Claro que es al mundo al que le toca cambiar el rumbo de la marcha de la historia del Eterno Retorno de los palestinos, tomando partido por ellos que como el judío errante, ha sido condenado por los poderes imperiales.

prudenprusiano@gmail.com 

viernes, 28 de septiembre de 2018

Trump y Macri disparan contra Venezuela


Por Sergio Ortiz :
Los presidentes de EE.UU. y Argentina han atacado al gobierno de Venezuela como si fuera una dictadura. Falso. Además, si el mundo anda mal no es por Nicolás Maduro.
La 73ª Asamblea General de la ONU se abrió con discursos de presidentes de los 193 países miembros (continúa el oprobio de negarle a Palestina el derecho a miembro pleno número 194, por bloqueo estadounidense-israelí).

 Cada representante plantea su visión del mundo, desde su óptica de clase y nacional, marcando los riesgos y tareas que considera fundamentales.
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, sin ser ningún estadista, dio campanazos de alerta sobre aquellos peligros pues señaló que los esfuerzos de paz están fracasando y que las normas humanitarias internacionales están colapsando.
También admitió que “hay indignación frente a nuestra inhabilidad para poner fin a las guerras en Siria, Yemen y otros lugares”, que “la solución para el conflicto israelí-palestino está cada vez más distante” y que “la amenaza nuclear no se ha alejado”.
En relación al cambio climático, alertó que era una prioridad urgente y que si no se adoptan medidas en los próximos dos años para reducir los gases de efecto invernadero, “el mundo corre el riesgo de un calentamiento acelerado”.

Si bien omitió el núcleo de esos dramas, esto es el dominio de las grandes potencias y las corporaciones financieras, y la expoliación de los pueblos, sobre todo los del Tercer Mundo, lo dicho por el secretario de la ONU tiene su miga.
Obviamente el gran responsable de esos males no es Venezuela ni Nicolás Maduro, su gobernante reelegido en elecciones democráticas.
Aunque el portugués no lo nombró, muchos deben haber pensado en Donald Trump cuando se aludían esos gravísimos riesgos para la humanidad. Trump dio continuidad a la guerra terrorista contra Siria. Trump agrede a Venezuela, mantiene el bloqueo a Cuba y quiere levantar un muro en la frontera con México. Trump rompió el acuerdo internacional de 2015 con Irán. Trump sancionó a los palestinos y llevó su embajada a Jerusalén.

Trump fomenta la carrera armamentista nuclear. Trump abandonó los acuerdos del Cambio Climático de París diciendo que el calentamiento global era un cuento chino.
Está bien que Guterres diga aquellas cosas. Y mejor aún que los países del Tercer Mundo puedan utilizar la tribuna de Nueva York para decir sus verdades. De todos modos Naciones Unidas, sin llegar a ser el ministerio de Colonias que fue y es la OEA, se le parece muchísimo. Así se explica que el miércoles 26 el magnate neonazi haya presidido la reunión del Consejo de Seguridad dedicada a la no proliferación de armas de destrucción masiva. Fue como si Adolfo Hitler presidiera una convención de la ONU sobre la igualdad de razas…

“Disparen contra Maduro”.
El martes 25 el presidente norteamericano dio un discurso por segunda vez en la ONU, siempre en formato brutal en toda la expresión del término: animal en sus conceptos y por la forma ídem de expresarlos.
Dedicó toda su artillería a atacar a Venezuela e Irán, que no son culpables de la preocupante situación regional y mundial. Ambos están sancionados con duras medidas comerciales y financieras, e incluso amenazados con agresiones militares como una carta de última instancia contemplada por Trump y el Pentágono, según propias admisiones y de funcionarios como John Bolton, asesor de Seguridad Nacional.
En su mensaje en la Asamblea General, más declaraciones previas y posteriores a la prensa, tras reunirse con Iván Duque, su aliado colombiano contra Venezuela, el presidente norteamericano embistió repetidamente contra Maduro. Dijo que era un “régimen represivo” que guiado por el socialismo llevó a la bancarrota su nación y a la pobreza de su pueblo, afectado “por el régimen socialista y su sponsor cubano”. Así trataba de matar dos pájaros de un mismo tiro.

Trump apostó a un golpe militar en Caracas, algo que George W. Bush ya hizo en abril de 2002 contra Hugo Chávez. Y si los militares venezolanos no dan ese paso antidemocrático, EE.UU. jugará la carta de la intervención militar disfrazada de “misión humanitaria”. “Todas las opciones están sobre la mesa, las fuertes y las no tan fuertes”, declaró el miércoles, en un alto en las reuniones de Naciones Unidas.
Opiniones no tan crudamente agresivas, pero de similar nivel belicista tuvo para con el gobierno iraní de Hassan Rohani, al que calificó de régimen terrorista que busca dotarse de armas atómicas.

Los gobiernos de Caracas y Teherán tienen sus defectos y errores, que sus mismos presidentes ponen sobre el tapete; por ejemplo Maduro ha aludido públicamente a la corrupción y el burocratismo. Pero si son blancos del imperio no es precisamente por esos problemas sino por sus virtudes tercermundistas, pacifistas e integracionistas, además de sus riquezas petroleras ambicionadas por Washington. Las venezolanas, certificadas internacionalmente, alcanzan los 300.000 millones de barriles de crudo, cuyo precio está subiendo hace tiempo.
Para justificar una invasión la Casa Blanca necesita la excusa de una “intervención humanitaria”, como la llamó la OTAN cuando agredió y desmembró a Yugoslavia.

Y esa es la tarea sucia de Mauricio Macri, quien confirmó en la ONU que con Colombia y Perú preparan una presentación ante la Corte Penal Internacional para que investigue los supuestos crímenes de lesa humanidad que habría cometido Maduro.
Macri paga miles de millones de dólares por los usurarios préstamos del FMI y “fondos buitres”. ¿Pretenderá premios y que le condonen una parte, considerando su colaboración de socio menor del Pentágono en agredir a naciones hermanas?
Maduro ya llegó a Nueva York y les va a enseñar cuántos pares son tres botas.
ortizserg@gmail.com

miércoles, 8 de agosto de 2018

Israel -Un Estado judío pero no democrático


Por Michel Warchawski:
La adopción por el Parlamento israelí de la ley sobre la Nación es una confirmación de la deriva del gobierno de extrema derecha para el que el carácter judío del Estado es prioritario a la democracia. Y marca, según una periodista israelí, el fin de la democracia.

En el último momento, justo antes del final del período parlamentario y el inicio de las vacaciones de las y los diputados, el Parlamento israelí ha votado la Ley sobre la Nación”, una ley constitucional que no puede ser derogada más que por una mayoría calificada. Una ley que pone al Tribunal supremo fuera de juego si contemplara anularla por estar en contradicción con los fundamentos de Israel como Estado judío y democrático. Esta ley se añade a otra, votada este año, que cambia radicalmente el equilibrio entre los poderes, y limita las posibilidades del Tribunal Supremo de declarar anticonstitucional una ley votada por el Parlamento (en hebreo ‘hoq ha-hitgabrut que se puede traducir por ley sobre la preeminencia).


¿Por qué esta urgencia? ¿Por qué dar a esta ley tanta importancia?
Antes de responder a estas preguntas, resumamos los diez artículos de la ley sobre la Nación: srael es la patria histórica del pueblo judío; el símbolo del Estado es el candelabro, su himno es La Hatikvah (La esperanza); la capital de Israel es el gran Jerusalén reunificado; la lengua oficial es el hebreo; el Estado está abierto a la inmigración judía; el Estado dedicará medios para conservar sus lazos con los judíos del extranjero el estado promoverá la colonización judía; los calendarios oficiales son los calendarios hebreo y extranjero (sic); las jornadas del judeocidio, del recuerdo (de los soldados caídos en el frente) y de la independencia son jornadas oficiales; el Sabbat y las fiestas (judías) son jornadas no laborables; enmiendas a esta ley solo pueden ser aprobadas por una ley fundamental (constitucional), con una mayoría de 61 diputados.

Habrá mucha gente que diga: ¿qué hay de nuevo en esta ley? ¿Por qué enfadarse contra esta ley puesto que todo lo que está escrito en ella ha estado en el trasfondo de la política de Israel desde hace 70 años? ¿Significa algo nuevo la Ley sobre la Nación? ¡Pues claro que sí!

Durante más de medio siglo, Israel ha sido definido como un Estado judío y democrático, Judío con una gran J, es decir el Estado de los Judíos -entendido como comunidad y no como religión. Aunque para mucha gente esta definición es  un oxímoron (¿cómo ser una democracia si se excluye a una o varias comunidades de la soberanía real?), la caracterización de Estado democrático contaba mucho para la dirección y el pueblo israelíes. Se quería pertenecer al mundo civilizado, al Occidente democrático o que se pretendía tal, y no al tercer mundo o al totalitarismo soviético.

Para las y los ciudadanos, los derechos civiles eran reales, y a partir de 1996, tanto las libertades públicas como el derecho a la organización y a expresión no eran solo consignas vacías de contenido. El racismo antiárabe no desapareció, ni mucho menos, pero no se puede negar que el espacio público dejaba cada vez más lugar a la minoría árabe.

El carácter democrático (ilusorio) del régimen israelí no era solo una cuestión de imagen internacional; era también una cuestión de percepción de sí mismo: la gente que fundó el Estado y las primeras generaciones de inmigrantes se consideraban parte de la filosofía de las Luces que supuestamente guiaba al mundo occidental.

Es ahí donde se puede comprender el giro cualitativo dado por la extrema derecha, que, hay que recordar, tiene el poder desde hace ahora más de dos decenios. En la línea ideológica y política del neoconservadurismo ha emprendido una contrarreforma política, social e ideológica, y una verdadera cruzada contra los valores de las Luces. Benjamín Netanyahu ya no corteja a la Europa liberal, sino a los regímenes semi totalitarios polaco, checo y húngaro, y está dispuesto a reescribir la historia antisemita de esos países; él, que ha instrumentalizado sistemáticamente la acusación de antisemitismo para deslegitimar todas las críticas a su política que vinieran de la izquierda del tablero político. Al primer ministro israelí, a sus ministros y amistades no les plantea ya ningún problema mostrarse con antisemitas notorios, reivindicarse de las nuevas derechas europeas, y cerrar los ojos sobre los amigos neonazis de Donald Trump.

En este espíritu, el poder israelí no tiene ya ningún complejo en romper el viejo oxímoron que calificaba a Israel de Estado judío y democrático. La ley sobre la Nación tira a la basura la vieja pretensión de ser a la vez un Estado judío y un Estado democrático: Israel pertenece ya al pueblo judío y únicamente a él. Las y los ciudadanos palestinos son inquilinos; su presencia en el país y el ejercicio de sus derechos cívicos son condicionales, y por tanto siempre provisionales.

El eslogan electoral que lanzó hace una decena de años el partido de Avigdor Lieberman: “Sin lealtad no hay ciudadanía”, refleja completamente esta concepción de la nueva democracia israelí. Con la nueva ley constitucional, está ya grabado en mármol. Cuando escribo estas líneas, la presentadora de los
informativos de la primera cadena de la televisión acaba de comenzar las noticias

Con la frase siguiente: “Esta semana negra marca el fin de la democracia israelí”.
El presidente Reuven Rivlin se ha rebelado también, públicamente, contra esta nueva ley.
La Ley sobre la Nación declara además que la colonización judía (en Israel y en los territorios ocupados en 1967) es una prioridad nacional, abriendo así el camino a nuevas olas de expropiaciones masivas, incluso de las pocas tierras dejadas a las y los ciudadanos árabes. Simbólicamente, la ley declara también que la única lengua nacional es el hebreo, derogando así una de las condiciones impuestas por la ONU en 1949 para integrar a Israel en su seno.

Volvamos a las preguntas planteadas al comienzo de este artículo: ¿por qué ahora, por qué tan rápidamente, por qué dar a la Ley sobre la Nación tanta importancia, cuando su contenido no aporta nada nuevo desde un punto de vista práctico? Para responder a ello, tenemos que pasar de la gran política institucional y constitucional a la pequeña política politiquera, y a la competencia entre Benjamin Netanyahu y su ministro de educación Naftali Bennett del partido de extrema derecha.

El Hogar Judío. Entre estos dos personajes se desarrolla una batalla de poder para la determinación de quien será el líder de la derecha el próximo decenio.

El insulto que significa esta ley para la minoría árabe de Israel no es de hecho sino una miserable maniobra electoralista entre un primer ministro que corre el riesgo de ser condenado por graves asuntos de corrupción, y quien querría ocupar su lugar.
palestinaymexico@lists.mayfirst.org

miércoles, 9 de agosto de 2017

Israel y su “solidaridad” con los terroristas en Siria

Por Leandro Albani

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, apenas puede contener la sonrisa. Está rodeado por militares y funcionarios. Su brazo derecho se extiende y aprieta la mano de una persona herida sobre una cama de hospital. Es febrero de 2015 y esa imagen dio la vuelta al mundo. Netanyahu no está saludando a una persona cualquiera, sino a un integrante de un grupo terrorista que opera en el sur de Siria.


Desde ese momento, las sospechas de la colaboración israelí con grupos irregulares en territorio sirio fueron confirmadas. El viernes pasado, el portal Al Masdar News difundió nuevas imágenes en las que se ven a personal médico de las fuerzas armadas israelíes (IDF, por sus siglas en inglés) atendiendo a terroristas heridos en los Altos de Golán, territorio sirio usurpado por Israel en la década de 1960.

Según la cadena de noticias HispanTV, los terroristas “tras recibir los primeros auxilios por parte de los sanitarios militares en la parte de los Altos ocupada por Israel, retornan a sus posiciones iniciales para seguir combatiendo contra las tropas sirias”.

Hospitales
A los pocos años de iniciada la crisis interna en Siria, se supo que en los Altos del Golán el gobierno de Tel Aviv mantenía instalados hospitales de campaña donde los terroristas son asistidos. El 19 de julio pasado, el teniente coronel de las IDF, Tomer Koler, declaró que su país fundará un centro médico para atender a los terroristas.

“El hospital estaría ubicado en el lado sirio de la cerca, pero en el lado israelí de la línea de demarcación en los Altos de Golán”, detalló el militar y agregó que comenzará a funcionar durante este mes, con una capacidad para atender a 50 pacientes diariamente.

En agosto de 2016, el diario Al Quds Al Arabi publicó las declaraciones de un responsable médico de un grupo terrorista quien afirmó: “Hace casi 40 días que el gobierno jordano ha cerrado sus pasos fronterizos con Siria. Esto ha hecho que murieran diversos combatientes heridos en Siria. Por lo tanto, hemos decidido trasladar a nuestros heridos a hospitales israelíes”. Al mismo tiempo, el diario israelí Yedioth Ahronoth confirmó que equipos médicos del ejército hebreo habían intensificado las misiones para el “rescate” de los terroristas.
Diversos medios de comunicación calculan que hasta el año pasado, unos 1.300 terroristas fueron atendidos en hospitales de campaña israelíes. El diario británico Daily Mail informó a finales de 2015 que durante el año 2013, el gobierno de Tel Aviv gastó cerca de 13 millones de dólares en servicios médicos para integrantes de los grupos irregulares que operan en Siria.

En enero de este año, el jefe del estado mayor de Israel, Gadi Eizenkot anunció que su gobierno destinaría siete millones de dólares para “asistir” a los terroristas que combaten en Siria. Durante una conferencia sobre desafíos de seguridad desarrollada en el centro interdisciplinario de Herzliya, el militar afirmó que “veintiséis millones de shekels (siete millones de dólares) del presupuesto de las IDF se va a destinar a la asistencia médica” para los extremistas. Eizenkot confirmó que “en total, más de 3.000 de ellos han sido hospitalizados en Safed y Nahariya”, ciudades localizadas en el norte de los territorios ocupados palestinos.

Otra prueba de la injerencia israelí en Siria la brindó la propia Organización de Naciones Unidas (ONU). En junio de 2016, el organismo internacional publicó un informe en donde señaló que la Fuerza de la ONU de Observación de la Separación (UNDOF, por sus siglas en inglés), durante el periodo de marzo a mayo de 2014, “detectó contactos entre los terroristas de Frente Al Nusra” y “el ejército israelí en los Altos de Golán”.

En la investigación se detalló que las fuerzas de la ONU fueron testigos de cómo los terroristas transportaron a 89 heridos en el Golán. En el informe se citaron declaraciones de Mohammad Qasim, activista sirio de la oposición en la provincia de Quneitera, quien manifestó que las fuerzas israelíes proporcionaron al Frente Al Nusra mapas de la zona fronteriza y de puestos estratégicos del Ejército sirio. “Durante los enfrentamientos, las fuerzas israelíes bombardearon ferozmente muchos de los puestos del gobierno sirio, derribando un avión de combate sirio que estaba tratando de impedir el progreso de los combatientes”, aseveró Qasim.

ISIS, la mejor opción
A mediados del año pasado, el profesor Efraim Inbar, director de BESA -un centro de estudios estratégicos de la Universidad ortodoxa Bar-Ilan de Tel Aviv-, publicó el artículo La destrucción del Estado Islámico es un error estratégico, en el que sostiene que “la existencia continuada del Estado Islámico sirve a nuestros intereses estratégicos” y “puede servir como herramienta para socavar los planes de Irán, Hezbolá, Siria y Rusia” para Medio Oriente. Inbar, señalado como un influyente asesor del gobierno de Netanyahu, calificó como un “error” y una “locura” destruir a ISIS.

Las declaraciones de funcionarios israelíes confirman por qué Tel Aviv bombardea cada vez con mayor asiduidad diferentes zonas de Siria. Mientras tanto, las denuncias del gobierno de Damasco presentadas en la ONU sobre la injerencia israelí se siguen acumulando sin que nadie tome cartas en el asunto. Es claro que al Estado israelí le interesa que Siria sea desmembrada, objetivo que comparte con Arabia Saudí y Turquía, sus principales aliados en Medio Oriente.

En abril de este año, el ex ministro de Seguridad de Israel, el general Moshe Yaalon, confirmó algo que era un secreto a voces: la relación de Tel Aviv con los grupos terroristas que operan en Siria. En una entrevista al Canal 10 de Israel, Yaalon relató que “hubo un caso reciente en el que Daesh abrió fuego y se disculpó”. Los disparos del grupo terroristas habían impactado contra los Altos del Golán, territorio sirio ocupado por Israel luego de la denominada Guerra de los Seis Días en 1967.

Eliminar al presidente
“Es hora de eliminar a Al Assad, literalmente”, declaró, sin perturbarse, Yoav Galant, ministro israelí de la Vivienda en mayo de este año. Luego de que Estados Unidos acusara al gobierno sirio de tener un supuesto crematorio construido en el complejo de la prisión de Sednaya, cerca de Damasco, Galant no perdió el tiempo y le exigió a Washington que “se haga algo ahora”.

“Esto es algo que no hemos visto en 70 años, estamos cruzando una línea roja y es hora de eliminar a Al Assad, literalmente”, expresó el funcionario y ex comandante general de las Fuerzas de Defensa de Israel.
Por si fuera poco, Galan subió la apuesta y argumentó que el gobierno del presidente sirio Bashar Al Assad es “el peor desde los nazis encabezados por Adolf Hitler en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial”.
En enero de 2017, mientras participaba en el Foro Económico Mundial celebrado en la localidad suiza de Davos, Netanyahu sostuvo que “la opción más benigna para Siria sería una balcanización o fragmentación del país árabe, que bajo las actuales circunstancias es lo mejor que se podría obtener. Esto, porque tengo serias dudas que un Estado unitario vuelva a gobernar el país”.

No hay fisuras en las declaraciones de Netanyahu. Aunque al primer ministro en ocasiones los medios lo muestren como un desaforado o “políticamente incorrecto”, Netanyahu representa al Estado israelí más profundo, comandando por la ideología sionista. El primer ministro es consciente, como lo es la mayoría de la clase política israelí, que la caída de Siria es un paso más para la desaparición de Palestina y, a su vez, una nueva escalada para desestabilizar a Irán, el principal contrincante de Israel en Medio Oriente.

Desde el comienzo de los planes desestabilizadores para golpear a Siria y lograr el derrocamiento de Al Assad, el gobierno de Tel Aviv mantuvo, en apariencia, un segundo plano, mientras Estados Unidos y Rusia todavía hoy se disputan el territorio comprendido entre Irak y Siria. Al mismo tiempo, en estos últimos años los hechos de injerencia protagonizados por Turquía y Arabia Saudí en suelo sirio, respaldando al Daesh y a otros grupos irregulares, continuaron, llegando al punto de que el gobierno de Recep Tayyip Erdogan sostiene una invasión por tierra y aire sobre el norte de Siria, región habitada y defendida por el pueblo kurdo y de otras nacionalidades.

Si hay algo que no se les puede negar a los gobernantes y militares israelíes es un sinceridad que roza lo perverso. En el caso de Palestina, nunca tienen tapujos en decir que el objetivo del Estado israelí es exterminar a las palestinas y a los palestinos. Después de seis años de guerra de agresión contra Siria, el discurso es similar: destruir al Estado sirio, “eliminar” a su presidente y acompañar este discurso con bombardeos que, por lo visto, los organismos internacionales no registran.
Resumen Medio Oriente
leandroalbani@gmail.com