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sábado, 29 de febrero de 2020

EE UU quiere 175 años de cárcel para Assange


Por Sergio Ortiz:
Libertad al fundador de Wikileaksi

El 24 de febrero comenzó en Londres el juicio para saber si se extradita o no a Julián Assange a EE UU, donde lo aguardan 18 causas penales y riesgo de 175 años de cárcel.

El lunes 24 empezó en la corte de Woolwich Crown, cercana a la cárcel de máxima seguridad de Belmarsh, en el sureste de Londres, el juicio donde se resolverá si el Reino Unido acepta o no extraditar al fundador de WikiLeaks hacia EE UU, tal como lo reclamó en la primera audiencia el fiscal estadounidense, James Lewis. El enviado judicial de la administración Trump declaró que Washington aplicará la misma persecución judicial que sufre el líder de WikiLeaks contra cualquier periodista que revele secretos de Estado.


El detalle que Lewis omitió es que lo divulgado en 2010 por el australiano en su sitio son pruebas sobre crímenes de guerra cometidos por militares de EEUU que la justicia estadounidense no ha investigado. Ésta es una de las grandes paradojas de este infame proceso: los generales norteamericanos masacraron a población civil en Irak y Afganistán, torturaron prisioneros en Abu Ghraib (Irak) y Guantánamo, etc., pero están libres, percibiendo sus salarios y ostentando sus condecoraciones. En cambio, el medio que denunció esas atrocidades fue demonizado como si fuera parte del enemigo terrorista. Su director vio negada su condición de periodista y debió padecer en vida mil calvarios.

Su supuesto delito fue publicar hace diez años 250.000 cables diplomáticos cruzados entre el Departamento de Estado y las embajadas norteamericanas (incluyendo la de Argentina, como ya se verá) y unos 500.000 documentos confidenciales sobre las actividades del ejército estadounidense en sus invasiones de Irak y Afganistán.

El primer cargo que le hicieron fue ayudar a la analista militar Chelsea Manning a extraer de computadoras los cables referidos a esos dos teatros de agresión. Por esa acusación la pena máxima era relativamente menor, 5 años de cárcel. Casi una invitación a aceptar la acusación y entregarse mansito porque en poco tiempo recuperaría la libertad. Luego le adosaron otros 17 cargos basados en una ley de Espionaje de 1917, de tiempos de la Primera Guerra Mundial, agravándose la eventual condena.

Si la jueza británica Vanessa Baraitser que dirige el juicio en Woolwich fallara a favor de la extradición, al australiano podrían condenarlo a un total de 175 años por esos 18 cargos. Como ya tiene 48 años de edad, sería una condena de más de dos penas de muerte.

Eso supondría una tremenda injusticia y virtual condena a perpetua, a morir en prisión. Pero hay algo peor aún: sería una condena para todo el periodismo, sobre todo el de investigación, el que escudriña en los secretos del poder imperial y los ventila para conocimiento de millones de personas. Washington estaría condenando al periodismo todo, no sólo al prisionero australiano. ¿Quién se animaría luego a repetir las hazañas del fundador de WikiLeaks o del norteamericano Edward Snowden, que también sacó a relucir las miserias de las agencias de espionaje norteamericano? A pesar de todo es posible que aparecieran nuevos Assange y Snowden, en un clima aún más peligroso que el que se respiraba entre 2010 y 2020.
A Chelsea Manning la condenaron a 35 años de cárcel acusada de pasar esos datos a WikiLeaks; estuvo presa 7 años y en 2017 fue indultada por Barack Obama. Entre marzo y mayo de 2019 fue nuevamente detenida para presionarla a declarar en contra de Assange, a lo que ella se negó.
Muchos años sufriendo
Para tratar de llevarlo detenido a yaquilandia, a Assange le inventaron una doble denuncia por abuso sexual formulada por dos mujeres en Suecia; la justicia de ese país decidió cerrar esas causas tras muchos años sin elementos para sustentarla.

Esa denuncia sirvió para que la justicia inglesa, donde Assange vivía, dispusiera juzgarlo y tenerlo 50 semanas bajo arresto domiciliario. Cuando venció ese lapso, se asiló en la embajada de Ecuador en Londres, con permiso del entonces presidente Rafael Correa, entre el 17 de junio de 2012 y el 11 de abril de 2019. Ese día el traidor “Kautsky” Moreno le quitó la protección y permitió que la policía inglesa lo llevara preso a Belmarsh. Desde entonces pasaron otros 315 días en prisión, esperando el juicio de extradición.

Si los números no fallan, el creador de WikiLeaks ha estado 3.154 días entre preso y asilado en un pequeño ambiente, sin poder cuidar su salud ni sus afectos, sometido a aislamiento, espionaje, campaña de demonización y sin poder armar su defensa. Eso ya suma 8,7 años de una detención arbitraria y como equivalente a tortura, como la calificó desde 2016 el relator el Relator de la ONU contra la Tortura, Nils Melzer.
El juicio actual tiene dos fases previstas. Una durará esta semana y luego se reanudará entre el 18 de mayo y el 5 de junio próximo, cuando se emitirá el fallo.

Éstos son meses claves para la libertad y la vida de Assange, motivo por el cual no sólo los comunicadores del mundo deberían tomar posición pública. El cronista ya firmó la solicitada de 1.348 periodistas de 99 países (https://desinformemonos.org/periodistas-alzan-la-voz-en-defensa-de-julian-assange/).

Una razón extra para ser agradecidos con esa víctima del imperio militarista es que gracias a WikiLeaks se pudieron conocer los enjuagues de la embajada estadounidense, en tiempos de Vilma Martínez y de Earl Wayne con políticos como Mauricio Macri y Sergio Massa, el fiscal Alberto Nisman, los dueños de Clarín y operadores como Joaquín Morales Solá, Eduardo van der Kooy y Jorge Lanata.

De los miles de cables develados, 2.510 eran de la embajada yanqui en Buenos Aires, analizados por Santiago O’Donnell en “ArgenLeaks” (Ed. Sudamericana). Uno del 7 de mayo de 2007 informaba: “tenemos una fuerte relación de trabajo. Nos comunicamos de arriba a abajo con la línea gerencial, involucrándonos en conversaciones diarias con editores y periodistas de Clarín sobre la relación bilateral, y rutinariamente los incluimos en programas de entrenamiento en los EE UU” (pág. 99).

En noviembre de 2009 Massa, en reunión con la embajadora Martínez, “llamó a Néstor ‘psicópata y cobarde’ y dijo que su actitud de matón en la política esconde una profunda sensación de inseguridad e inferioridad” (pág. 213).

Una pena que los cables de WikiLeaks hayan sido olvidados por quien volvió a cultivar una amistosa relación con Héctor Magnetto y puso a Massa como titular de Diputados. Esas páginas les dio vuelta.

ortizserg@gmail.com

viernes, 22 de noviembre de 2019

Vida de Assange se apaga de a poco en Belmarsh

Por Sergio Ortiz:


Desde hace más de 7 años la vida de Assange es un infierno. Aislado en la embajada de Ecuador en Londres y luego en una cárcel británica. ¿Delito? Dar información verdadera.

Julián Assange tiene 48 años y se hizo conocido en 2010 por su sitio WikiLeaks, cuando publicó 750.000 cables secretos norteamericanos develando crímenes en Irak y Afganistán, incluyendo videos donde se asesinaba a civiles.
El australiano se convirtió así en el enemigo público número 1 de EEUU, por encima de Saddam Hussein que ya había sido asesinado en Irak, y de Bashar Al Assad que recién en 2011 llegaría a ese podio con el inicio de la guerra para derrocarlo en Siria.



La gran diferencia es que Assange no tenía gobierno, recursos ni misiles. Sí un arma formidable, WikiLeaks, para develar esas miserias del imperialismo global. Este hablaba de democracia y derechos humanos, pero bombardeaba pueblos, saqueaba recursos y secuestraba y torturaba en prisiones ilegales manejadas por la CIA, en países aliados como Arabia Saudita, amén de Guantánamo, robada a Cuba.

Las pesquisas de las 16 agencias de seguridad estadounidenses, todas en la órbita del Pentágono, llegaron a la conclusión de que Assange había tenido la colaboración de una analista militar, Chelsea Manning (ex Bradley). La detuvieron y condenaron en 2013 a 35 años de prisión, de los cuales cumplió 7 hasta ser indultada por Barack Obama en su tramo final de la Casa Blanca.
Chelsea se mantuvo leal a Assange y se negó a testimoniar en su contra. Toda una lección de humanidad y valentía de este ex hombre, devenido en mujer.

En ese momento, EEUU le abrió un primer cargo a Assange: conspiración para cometer acto criminal. Aunque sonara muy fuerte, por lo de criminal, tenía una pena de 5 años. Era parte de la táctica: entrégate que no la vas a pasar muy mal, con buena conducta en 3 años te vas. También perseguía engañar a los países donde se asilara el australiano: mándenlo a Virginia, que los cargos no son tan graves.

En el medio el de WikiLeaks tuvo dos acusaciones de mujeres en Suecia. Una de las denunciantes, de 30 años, lo acusó «de haber mantenido relaciones sexuales mientras ella dormía y sin preservativo, a pesar de que ella había rechazado cualquier relación sin protección». ¿Raro no? Si a cierta edad no es tan fácil tener relación entre dos personas despiertas, más complicado lo es cuando una de las dos está dormida…

Esta causa en Suecia, abierta en 2010, fue cerrada por la fiscalía en 2017, ante la imposibilidad de conseguir pruebas. Reabierta en mayo de 2019, esta semana la fiscal general adjunta sueca, Eva-Marie Persson, informó que cerró la investigación contra Assange. Detalló que la investigación adicional realizada desde mayo «demostró que las evidencias utilizadas en el caso no eran lo suficientemente convincentes». Una buena para Julián.

Esas denuncias en Suecia dieron lugar en 2010 a un pedido de extradición al Reino Unido, donde Assange residía. Lo detuvieron brevemente y lo dejaron en libertad al aguardo de una resolución sobre la extradición. Ante el temor de ser enviado a Suecia, como estación de paso hacia EEUU, donde las acusaciones serían gravísimas en su contra, incluso con la posibilidad de ser condenado a muerte, Assange se refugió en la embajada de Ecuador en Londres. Era el 19 de junio de 2012.

Todo en contra.
Su ingreso allí fue autorizado por Rafael Correa, quien luego le extendió un salvoconducto para que pudiera viajar a Quito. El gobierno inglés no le permitió salir y estuvo 2.488 días (casi 7 años) viviendo en 20 metros cuadrados, con sus movimientos acotados. Mientras en EEUU se preparaban más y graves acusaciones en su contra, el asilado no podía armar su defensa porque la CIA lo espiaba con cámaras y grababa todo lo que hacían y decían él y sus abogados en su albergue.

Esa embajada se convirtió en cárcel cuando Correa fue reemplazado por «Kautsky» Moreno, quien -coherente con su traición a su mentor y a su pueblo- la completó contra Assange. Luego de recibir en Quito a Mike Pence y luego a Mike Pompeo, le quitó el asilo y permitió que el 11 de abril de 2019 la policía británica lo llevara detenido.

En mayo pasado la justicia inglesa dictaminó que debía estar preso 50 semanas mientras se resolvía sobre la extradición solicitada por EEUU. Y lo recluyó en la prisión casi de máxima seguridad de Belmarsh, en el sudeste de Londres, construida para alojar terroristas luego de los atentados de 2001.

Si lo mandan a Virginia lo estarán condenando a morir porque el 23 de mayo pasado allí le sumaron otros 17 cargos, que junto con el original tienen una pena potencial de 175 años de cárcel.

Por eso el relator especial de las Naciones Unidas sobre la tortura, Nils Melzer, declaró en octubre que el fundador de WikiLeaks había sido sometido «a la tortura psicológica y violaciones sistemáticas de su derecho al debido proceso por parte de los Estados involucrados». Ya en junio pasado había dictaminado igual sobre la situación vejatoria del detenido. Su nota periodística fue enviada a los principales diarios de Europa y EE UU, y sus respectivos gobiernos, pero ninguno se hizo eco. Eso se llama censura.

El juicio sobre extradición será en febrero de 2020 de modo que el australiano seguirá recluido las 23 horas en una celda de 4 metros, aislado, con la sola visita de un abogado, deprimido, enfermo, pesando 9 kilos menos y sometido a fuerte presión psicológica.

Entre el asilo en la embajada y su prisión actual, lleva 7 años, cinco meses y dos días privado de su libertad. Y su perspectiva es sombría, pues hasta febrero estará recluido en Belmarsh. Después se abren dos perspectivas: ser extraditado a Alexandria, en el estado asiento de la CIA (Virginia), o la libertad.

Esto interpela a los comunicadores, que en forma amplia y universal deberíamos reclamar por la vida y libertad de Assange. Su único «delito» fue desnudar los procedimientos criminales y secretos del imperio.

No hay que esperar nada de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). En su 75° Asamblea de Coral Gables, Florida, del 4 a 7 de octubre pasado, defendió al periodista de Clarín, Daniel Santoro, que sería cómplice de la red extorsiva de Marcelo D’Alessio. La SIP está obsesionada con Cuba y denunció los supuestos crímenes castristas: «a Sandra Haces, Henry Constantin, Yunier Gutiérrez y Ariel Maceo, se les prohibió el acceso a zonas donde se desarrollan eventos noticiosos. Fuentes de información y algunos lectores de Ricardo Fernández Izaguirre y Constantín han sido hostigados. A Inalkis Rodríguez Lora, Yoe Suárez y Constantín se les han practicado revisiones exhaustivas de equipaje en aeropuertos». Uy, ¡qué barbaridades!

En cambio, a Donald Trump no le votaron ninguna resolución crítica específica reclamando por Julián Assange.
ortizserg@gmail.com

sábado, 13 de abril de 2019

Julián Assage hombre digno y valiente hoy lucha por su vida


Por Blas Curtin Sánchez :

El periodista australiano Julián Assange que se encontraba asilado en la embajada ecuatoriana del Reino Unido desde junio del 2012, fue expulsado de esa sede diplomática por instrucciones del propio presidente de la República del Ecuador Sr. Lenin Moreno e inmediatamente fue detenido por las fuerzas policiales de Inglaterra.

El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, fue detenido en Londres. Hoy temprano, la policía británica retiró a Assange a la fuerza de la embajada ecuatoriana en Londres, donde vivía desde el año 2012. La Policía Metropolitana de Londres dijo en declaraciones que Assange fue detenido en nombre de las autoridades de Estados Unidos. Estados Unidos acusó a Assange de ayudar a la denunciante del ejército Chelsea Manning de hackear una computadora del Gobierno. La imputación fue revelada poco después de su detención.



El Sr. Assange que es el fundador del Wikileaks portal que llevó a la luz pública las actividades oscuras de los servicios secretos del gobierno estadounidense, con millares de falsos positivos contra dirigentes populares del mundo, de los millonarios depósitos de fortunas de políticos en paraísos fiscales (Papeles de Panamá), abusos y crímenes de las fuerzas militares de los EE.UU., en distintos países invadidos así como espionaje de la CIA hasta presidentes de gobiernos aliados del gobierno gringo, entre otras informaciones que demuestran el doble moral de los últimos gobiernos del imperio norteamericano con el fin de mantener su supremacía mundial, se vio obligado a pedir asilo político cuando fue acusado falsamente por el abusos sexuales a una dama australisna.

La posibilidad de que el Sr. Julián Assange de sea extraditado a los EE.UU., y sea juzgado por develar secretos de estado y pueda ser condenado a la "pena capital" son reales y solo demuestra cómo el gobierno estadounidense impone su supremacía y control sobre los países periféricos que no solo los considera "su patio trasero" sino que algunos gobiernos serviles así lo aceptan cobardemente y que triste papel el que le toca ejercer el traidor presidente ecuatoriano Sr. Lenin Moreno en ese dantesco libreto.

El respaldo al periodista Julián Assange debe ser mundial por parte de todas y todos los seres dignos que luchamos por el respeto y el derecho a saber la verdad y ser libres.

sábado, 26 de enero de 2019

La nueva fórmula Hitler Mussolini para el Siglo XXI


Por Homar Garcés:
El fundador de WikiLeaks, Julian Assange (asilado desde 2012 en la embajada de Ecuador en Londres) afirmó en fecha reciente que la generación que nacería sería la última libre a nivel mundial. Para una mayoría de personas, una afirmación de este calibre quizá no llame para nada su atención, envueltas como se hallan en la cotidianidad de su mera existencia.


A otras, tal vez les alarme tal posibilidad; especialmente, si avizoran un mundo donde el libre conocimiento alcanzado en los últimos doscientos años termine subordinado al dogma de aquellos que aspiran mantener a la humanidad en un estado permanente de minoridad, domesticándola y haciéndola, en consecuencia, menos rebelde de lo habitualmente permitido. Una situación similar que ya fuera expuesta, en uno u otro sentido, por una extensa lista de escritores -en distintas épocas, como Franz Kafka (El proceso), Aldous Husley (Un mundo feliz), George Orwell (1984), Ray Bradbury (Fahrenheit 451) y Phillip K. Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?)- que da cuenta de las acciones absurdas y extremas de poderes absolutos, muchas veces invisibles y de larga data, cuyo objetivo central es la erradicación de todo rasgo de individualidad y de raciocinio propio de los seres humanos sometidos.

En el mundo contemporáneo, no son pocos los analistas que advierten que se está viviendo el advenimiento de una nueva época oscurantista e inquisitorial que tiende a uniformar la opinión pública y a borrar las opciones opuestas a los intereses de los factores de poder, aglutinados, en primera instancia, en las grandes corporaciones transnacionales que controlan la economía global. Algunos de ellos, al revisar los acontecimientos políticos suscitados, principalmente, en Estados Unidos, Brasil y Argentina, hablan de fascismo, aunque diferenciándolo del implantado en Italia, Alemania y España hace casi un siglo atrás.

Todos conocemos la fórmula con que Benito Mussolini cimentó las bases de su régimen fascista en Italia, «Todo por el Estado; nada fuera del Estado; nada contra el Estado», cuyos rasgos esenciales (nacionalismo, militarismo, corporativismo y totalitarismo) fusionaron orgánicamente Estado y partido, de una manera omnímoda que muchos ciudadanos evitaron enfrentar por temor a sufrir desenlaces negativos para sí y sus familias. Igual senda seguiría Adolf Hitler en Alemania, impidiendo toda manifestación de disidencia.

Esto también corresponde a lo seguido, con escasas o nulas excepciones, por los distintos regímenes existentes en todo el planeta, apenas diferenciados en cuanto a discursos, símbolos, nomenclaturas y modalidades, pero demasiado semejantes en cuanto a procedimientos y justificaciones; ahora en función de la preservación de los «sagrados» intereses del mercado global. Dicha fórmula, como se puede intuir, no requiere la existencia o vigencia de derechos colectivos e individuales que puedan eventualmente oponérsele, así que -simplemente- se desechan. Es lo que ha comenzado a hacer el capitalismo neoliberal global. A la vista de todos y a pesar de todos, supeditando así la vida social en general a la lógica e intereses capitalistas; tal como ocurre en la actualidad en nuestra América, más específicamente en Argentina y Brasil.

 En esta categoría, el neoliberalismo capitalista requiere crear las condiciones adecuadas que le permitan imponer su fundamentalismo (anti)ideológico y su totalitarismo de mercado en la totalidad de los países; incluso recurriendo al uso de los ejércitos a su disposición y las amenazas de guerra.
 Así, las diversas expresiones chauvinistas, xenófobas y reaccionarias que ahora conforman el discurso de odio de muchos dirigentes políticos, sobre todo, ultraderechistas -ampliamente divulgadas, además, a través de redes sociales y distintos medios de información- han ocasionado una depreciación creciente de los valores de la convivencia.

El elitismo económico dominante -delineado a partir de la década de los 80 de la mano del binomio derechista representado por Margareth Thatcher y Ronald Reagan, imponiéndose en algunos casos a sangre y fuego- creó en muchas personas la ilusión de un mundo próspero en constante expansión, al cual, luego de atravesar la senda de unos sacrificios individuales y colectivos -vistos y entendidos como algo forzosamente necesario e inevitable- se podría acceder finalmente en igualdad de oportunidades.

Sin embargo, la realidad resultaría ser otra tras el colapso producido por el sector financiero internacional, lo que indujo a varios gobiernos -mayormente en las naciones al sur de nuestra Abya Yala, algunos considerados como progresistas y/o izquierdistas- a adoptar medidas que contrariaban en casi todas las recomendaciones ortodoxas del Fondo Monetario Internacional; permitiendo reenrumbar las economías hacia un horizonte un poco más diversificado y menos dependiente que el tradicional.

Esto se plasmó, a contracorriente, en mayores posibilidades de mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores populares, resaltando en ello, inicialmente, Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela, cuestión que permitió también que sus respectivos gobiernos consiguieran, a lo interno, un amplio respaldo popular.

 La construcción de una sociedad postcapitalista y, en todos los aspectos, una que esté especialmente caracterizada por la hegemonía y la cotidianidad democrática de parte de los sectores populares (al mismo tiempo que ellas sirvan para reafirmar su soberanía por encima de cualquier razón de Estado u oligarquía gobernante) siempre ha sido una aspiración revolucionaria postergada. Por diversos motivos. Básicamente por la realidad histórica -común en diversas regiones del planeta- de unas relaciones de poder, engendradas (o derivadas) del modelo de Estado burgués liberal vigente y de los valores excluyentes heredados de la cultura eurocentrista. Esto podría cambiar y acelerarse, a medida que el capitalismo neoliberal confíe en que logrará, sin resistencia alguna, la sumisión total de los pueblos. -

mandingarebelde@gmail.com

martes, 29 de agosto de 2017

De espía global encubierto a censor vergonzante en favor del imperio

Por Carlos E. Lippo:

Como es sabido por muchos, la empresa Google es una subsidiaria de la multinacional gringa Alphabet Inc., cuya especialización son los productos y servicios relacionados con Internet, software, dispositivos electrónicos y otras tecnologías. Su principal y más conocido producto es el motor de búsqueda de contenidos en Internet que lleva su mismo nombre, pero ofrece también muchos otros productos y servicios como el correo electrónico llamado Gmail, sus servicios de mapas Google Maps, Google Street View y Google Earth, el sitio web de vídeos YouTube y otras utilidades web como Google Libros o Google Noticias, el navegador web Google Chrome y la red social Google+, todos ellos de carácter gratuito, lo que les garantiza una inmensa cantidad de usuarios a nivel planetario.


 Según su propia publicidad cuenta con más de un millón de servidores y centros de datos operativos a todo lo largo y ancho del planeta, lo que le permite ser capaz de procesar más de 1.000 millones de peticiones de búsqueda diarias, haciendo de su motor de búsqueda el sitio web más visitado a nivel mundial; así mismo, desde comienzos del 2016 el correo electrónico Gmail cuenta con más de 1.000 millones de usuarios activos al mes.

Edward Snowden, consultor tecnológico estadounidense que trabajó para la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y Julian Assange, periodista y activista de Internet de origen australiano, fundador, editor y portavoz del sitio web WikiLeaks, quienes después de haber difundido miles de documentos secretos de los Estados Unidos han demostrado saber “algo” de ciber espionaje han declarado en numerosas entrevistas que tanto el correo Gmail, como el buscador de Google son las más importantes fuentes cibernéticas de información utilizadas por las agencias de inteligencia del imperio.

En relación a Gmail ambos han señalado que sobre el mismo opera un nuevo patrón tecnológico de espionaje que permite interceptar todos los mensajes cursados al igual que sus anexos (fotografías, audios, videos, etc.), de un determinado país, para almacenarlos en gigantescas bases de datos, de las que posteriormente se extrae la información cuando es requerida. La interceptación se ve enormemente facilitada por el hecho de que todos los servidores de dicho sistema de correo electrónico están localizados en el territorio de los Estados Unidos.

En relación a Google, el motor de búsqueda más grande del planeta, Julian Assange, en  entrevista con el periodista Jorge Gestoso (1), dijo que cuando uno hace una búsqueda en Google, éste lo registra permanentemente, agregando que “Google te conoce mejor de lo que te conoces a ti mismo. Google recuerda lo que estuviste buscando hace dos días, hace tres horas. Google sí lo recuerda, te conoce incluso mejor que tu mamá”. Esa información es almacenada por Google, pero también es interceptada por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), al pasar por Estados Unidos, según Assange. 

 Según información divulgada por los diarios “The Guardian” (Gran Bretaña) y “The Washington Post” (USA), el acceso de los analistas de las agencias de seguridad a los datos confidenciales de los usuarios de estas aplicaciones de Google, al igual que a las de las otras grandes empresas de Silicon Valley, es posible gracias a un programa secreto de la Agencia Nacional de Seguridad de EE.UU., cuyo nombre código es PRISM (2), en el cual han estado trabajando desde el año 2007.

Los mismos diarios dicen haber han tenido acceso a un documento en Power Point que al parecer fue utilizado para entrenar a los agentes de inteligencia sobre las capacidades del programa PRISM. El documento estipula "la recopilación (de la información) directamente desde los servidores" de Google y de los principales proveedores de servicios de Estados Unidos. El citado programa permite a la agencia acceder a los datos de cualquier usuario de Google, dentro o fuera de EE.UU. Imposible pensar que un programa de tal naturaleza y alcance pueda ser ejecutado sin el conocimiento de Google y más aún, sin su expresa colaboración.

Sin embargo, el gobierno del imperio ha tratado por todos los medios de encubrir a Google, como lo demuestra un fallo de la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia, Estados Unidos, que apoya la decisión de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de no publicar los documentos que prueben o refuten los vínculos de la Agencia con Google (3).

A pesar de ello, viene a ser un hecho comprobado el que las agencias de inteligencia del imperio tienen libre acceso a los datos de todos los usuarios, a nivel mundial, almacenados en los servidores de Google y de las más importantes corporaciones tecnológicas de los Estados Unidos.

A quienes esta última aseveración pueda parecerles un tema de literatura de ficción, generado por alguna mente Orwelliana, debería bastarles con conocer la defensa de la eficacia del PRISM, hecha en su momento por la Administración Obama, través de James Clapper, su Director Nacional de Inteligencia, el más alto cargo del espionaje en el imperio, quien en un comunicado llegó a afirmar sin pudicia alguna que, conforme a la legislación estadounidense, el sistema sólo es utilizado para obtener información de ciudadanos extranjeros que residan fuera de Estados Unidos (4). Como diría un abogado: a confesión de parte, relevo de pruebas.

Esta última confesión tiene necesariamente que producir una extrema inquietud en nuestra región, más aún si se toma en consideración que según Raúl Zibechi (5), escritor y activista social de origen uruguayo, el 80% del tráfico internacional de datos de América Latina, aún entre países limítrofes, pasa por Estados Unidos, esto es, el doble que Asia y cuatro veces el porcentaje de Europa, así como también que el 99 % del tráfico de Internet desde Sudamérica es controlado desde Washington. En este punto considero necesario llamar la atención sobre la urgencia de evitar que en muchos de nuestros organismos y empresas públicas, aun en aquellos que cuentan con sus propios sistemas de correo, se siga utilizando Gmail para transmitir información sensible sin encriptar, sólo por la comodidad que representa su amplia capacidad de transmisión. ¿Quién podría saber cuánta información estratégica habremos entregado involuntariamente al imperio por esta vía?

Antes de comenzar a tratar en detalle el tema de Google como censor de contenidos de Internet bajo la tutela del imperio, debo decir que Google siempre ha tenido gran vocación por censurar ciertos contenidos que juzga lesivos a sus intereses; en demostración de ello pasaré a relatar los siguientes hechos: durante un tiempo en el que la página www.ensartaos.com.ve tuvo que ser alojada en un servidor de Google, ante la negativa de las empresas que prestan este servicio en el país, era frecuentemente bloqueada sin motivo alguno, con la “excusa” de que difundía contenidos antijudíos y con lenguaje obsceno. En descargo del equipo editor de dicho portal, del cual tengo el orgullo de formar parte, debo decir que sólo atacábamos al “sionismo”, jamás al “judaísmo”, y que lo que Google llama en este caso lenguaje obsceno no es más que el uso de algunos “venezolanismos” de esos que en algunos casos son más descriptivos que 10 palabras. La defensa a ultranza del sionismo se explica por sí solo, sin embargo no deja de sorprender la falsa pudicia de una empresa que a través de su servicio YouTube difunde abiertamente contenidos pornográficos de distinto tipo.

También ha establecido desde siempre cierto tipo de censura en los portales web alternativos de carácter revolucionario existentes en nuestro país, manipulando descaradamente hacia la baja los reportes sobre la cantidad de lecturas de algunos contenidos que juzgan lesivos a sus intereses, por medio de Google Analytics, o manipulando por medio de la herramienta de búsqueda “related:” que sirve para mostrar portales relacionados con uno cualquiera solicitado; en efecto, si con esa herramienta Usted intenta buscar www.laiguana.tv , que es uno de los portales alternativos revolucionarios de más audiencia en el país, no obtendrá ningún resultado, mientras que si los obtendrá conwww.lapatilla.com y con www.caraotadigital.net , que son portales de la contrarrevolución venezolana con ubicaciones muy parecidas a aquel según el ranking de Alexa (6).

No obstante, lo que ha convertido a Google en un vergonzante censor cibernético global aplicado activamente a la defensa del imperio, es la implantación de un nuevo algoritmo de búsqueda anunciado a fines del mes de abril (7), con el falso propósito declarado de dificultar que sus usuarios podamos acceder a lo que ha llamado información de “baja calidad”, tales como “teorías de la conspiración” y “noticias falsas”, porque ya sabemos en atención a qué criterios subjetivos determinaría Google cuales contenidos representan una “teoría de la conspiración” y cuáles noticias son falsas, en estos tiempos del imperio de la “pos verdad” o de la “pos mentira”, como la ha llamado Fernando Buen Abad.

El algoritmo en cuestión logra que aquellos contenidos que expresen puntos de vista políticos que la compañía considera objetables sean desplazados de las primeras páginas de resultados de cada búsqueda, dificultando el acceso a aquellos contenidos que no le convengan, hasta lograr de hecho “desaparecerlos”.

Aquellos que como nosotros somos antimperialistas convencidos y confesos podríamos dar fe de la efectividad del nuevo algoritmo de búsqueda, que nos ha puesto a navegar a través de páginas y páginas de Internet cuando utilizamos los mismos criterios y trucos para la búsqueda que habíamos venido usado desde hace años. Si pone en duda este planteamiento, trate Usted de buscar información sobre las Maniobras Navales UNITAS LVIII, fase del Atlántico, que como es costumbre habrán de celebrarse entre los meses de noviembre y diciembre del presente año y sobre las cuales la armada del cipayo país anfitrión ya debe haber subido infinidad de contenidos, con el rastrero propósito de congraciarse con el amo imperial y hacer alarde de sus relaciones con él.

Una evidencia importante de que Google está aplicando una verdadera censura política es aportada por una denuncia de David North (7), director de la Junta Editorial Internacional del World Socialist Web Site (WSWS), según la cual en los últimos tres meses después de su anuncio de intentar bloquear las “noticias falsas”, ha caído significativamente el posicionamiento global de tráfico de un amplio abanico de organizaciones izquierdistas, progresistas, contrarias a la guerra y a favor de los derechos democráticos.

A pesar de todo lo señalado en estas notas resulta más que evidente que el ciberespacio sigue siendo aún un campo en disputa en el que actúan con ventaja las fuerzas del imperio y de todas las élites empresariales, políticas, religiosas y militares del mundo aliadas a él, que tratan de controlarlo y moldearlo de acuerdo a sus intereses y visiones mercantiles y militaristas, pero también están presentes  actores  que se oponen al capitalismo depredador proponiendo proyectos alternativos y promoviendo la paz y la democrática popular. Combatir en este auténtico campo minado y lograr quebrar la hegemonía del imperio y sus fuerzas asociadas es tarea inaplazable de todos aquellos que creemos que un mundo mejor es posible.

¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!

(1)    http://alainet.org/active/58171
(2)    https://actualidad.rt.com/actualidad/view/96688-nsa-google-facebook-apple-eeuu
(3)    https://mundo.sputniknews.com/spanish_ruvr_ru/2012_05_14/Google-servicio-de-inteligencia-seguridad-relaciones-estados-unidos/
(4)    https://elpais.com/internacional/2013/06/07/actualidad/1370564066_752776.html
(5)    http://www.rebelion.org/noticias/2017/6/227948.pdf
(6)    https://www.alexa.com/topsites/countries/VE
(7)    http://www.radiomundial.com.ve/article/nuevo-algoritmo-de-google-limita-el-acceso-portales-de-izquierda 
celippor@gmail.com