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sábado, 25 de abril de 2020

El verdadero tamaño de Estados Unidos y América Latina en el Nuevo Orden.



Por Pltgo. Oswaldo Espinoza:
La mayoría de los análisis y artículos de opinión coinciden en que luego de la pandemia del Covid-19, el mundo será diferente, y entre esos cambios trascendentales se potenciará o acelerará la transición de un orden unipolar neoliberal y globalista, encabezado por los Estados Unidos como súper potencia política, económica y militar con un poder incontestable y cuya voluntad se impone por encima de cualquier soberanía u orden legal alguno en el planeta; sistema que daría paso definitivamente a un nuevo orden pluripolar y multicéntrico, en el que las grandes potencias China, Rusia y Estados Unidos definirían grandes áreas de influencia y sistemas de alianza con potencias menores de carácter regional; un orden que debería estar regulado por un sistema institucional multilateral revisado o sustancialmente transformado. Ante ese escenario surgen dos grandes preguntas de nuestro interés; en primer lugar ¿Cuál es el tamaño real de los Estados Unidos?, o el que adquiriría en el nuevo orden, y ¿Qué papel le corresponde a Latinoamérica en ese nuevo mundo?

Entre los analistas rusos se suele hacer alusión a la necesidad que tiene el mundo de devolver a Estados Unidos a su verdadero tamaño, por cuanto, es obvio que no debe y ya no puede, o quizás nunca pudo abarcar todo el globo, en realidad más que un orden unipolar hay que hablar de un momento unipolar en el que EEUU aprovecho el colapso de la URSS y la juventud incipiente de China como potencia para asumirse como gendarme mundial, pero incluso los propios expertos estadounidenses, incluidos los militares, saben que ese momento ya pasó y que resulta insostenible pretender prolongarlo indefinidamente, precisamente por esta razón el régimen actual ultranacionalista de derecha se enfrenta en una guerra civil  y política subyacente a las elites globalistas para retomar el Estados Unidos gigante industrial de la primera mitad del siglo XX, que vio su cúspide en los 50; esa política de “American First” implica necesariamente una reducción.

No obstante, como ningún imperio retrocede o cede sus dominios con facilidad, la política exterior de esa potencia parece seguir una doble estrategia, por cuanto mientras por un lado se adapta a las nuevas realidades globales de distribución de poder, por el otro se aferra a sus posiciones y hace demostraciones de poder para desafiar, peligrosamente, a sus rivales geopolíticos, aun cuando parezcan contradictorias adquieren sentido si las interpretamos como un retroceso en el que sería muy costoso mostrarse débil, y además bastante comprensibles si entendemos que el imperio que retrocede tratará al máximo de retrasar el avance y consolidación de sus oponentes.

Si el escenario planteado hasta ahora tiene sentido para el lector, resulta pertinente volver sobre la primera pregunta, ¿Cuál entonces es el verdadero tamaño de los Estados Unidos?, hasta donde retrocederá, y que zonas del mundo quedarán bajo su área de influencia. Sí las cosas salen bien para los Estados Unidos, al final ellos pudieran continuar siendo gigantescos y controlando prácticamente la mitad del mundo; es decir que si sus ambiciones se cumplen conservarían control sobre ambas orillas del Atlántico y en ambas latitudes (norte y sur), de la mano de sus aliados (vasallos) europeos, control sobre África y la cuenca del Mediterráneo, con la complicidad de Israel y las monarquías del golfo conservarían una presencia clave en el occidente de Asia garantizando control sobre buena parte del petróleo de la zona; por otro lado con Japón, Corea del Sur, Australia y la India el control sobre el indico y la mayoría del pacifico; en ese caso, para su pesar estarían cediendo el control de las rutas comerciales más importantes del mundo y los recursos minerales que se encuentran en territorio continental asiático y sus rutas marítimas del sur de China y el Ártico ruso.  

En el peor de los escenarios para Estados Unidos y el mejor para Rusia, China y otras potencias emergentes, los EEUU se restringiría hasta la llamada anglo esfera, una zona del planeta que comprende básicamente el Atlántico norte con Canadá y México como escuderos continentales de este lado y el Reino Unido como aliado incondicional y estratégico del otro lado, teniendo al resto de Europa en una relación más tensa y distante; mientras del lado del Pacifico la anglo esfera se refiere a Australia, Nueva Zelanda y los territorios extra continentales de los estadounidenses, siempre en sociedad con Japón y Coreo del Sur que por razones históricas de rivalidad no girarían geopolíticamente. Esta reconfiguración implicaría que Rusia además de reinar en el Ártico recuperaría buena parte de su área de influencia en la Europa oriental (a pesar de los altos niveles de rusofobia de hoy el giro como recurso de adaptación es posible); lo mismo ocurriría en el Oeste de Asia y el norte de África en alianza con Irán, aunque con la notable excepción de Israel, y por su parte en el océano Indico con la India, que en este planteamiento abandonaría su postura ambivalente y terminaría de alinearse.

Por su parte China recuperaría Taiwán y consolidaría sus dominios en el mar de China con control sobre la primera y la segunda cadena de islas en un tenso equilibrio con los aliados de los estadounidenses Japón y Coreo del Sur, África, o al menos su mayor parte estarían en la zona de influencia de China. Ambas potencias tendrían además relaciones estratégicas que permitirían la consolidación del cinturón y la ruta y la ruta ártica, controlando de esta forma el centro de la economía global.

Es tiempo de ver la segunda cuestión, pues como notarán no he mencionado el papel de Latinoamérica en cualquiera de esos planteamientos posibles de reconfiguración del poder mundial; entonces ¿Cómo queda América Latina en el nuevo orden? Para ello hay que plantear también dos posibilidades: En la primera, es decir en la más favorable para Estados Unidos, simplemente seguiríamos siendo su patio trasero, condenados todos a las relaciones de dependencia económica y sumisión política y social.

Por otra parte es el segundo planteamiento el que resulta más que interesante; del lado del pacifico, sinceramente veo muy probable que continúen como aliados sumisos e incondicionales de EEUU contribuyendo a su dominio sobre el pacífico sur de la mano la mayoría de Centroamérica, Colombia, Perú y Chile con la posible excepción de Ecuador y Bolivia con el regreso de la revolución; no quiero descartar aquí toda esperanza, los pueblos de Chile y Colombia luchan, se levantan y un milagro es posible.

Del otro lado del continente es donde reside la mayor esperanza de una Latinoamérica con un rol más importante en el nuevo orden, pero eso depende, en primera instancia de salvar, consolidar y recuperar el progresismo en Cuba, Nicaragua, Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina; en segundo lugar, de avanzar hacia una verdadera integración total, social, política, económica y militar, que permita crear y controlar una zona de influencia que cubra el Caribe con el triángulo Cuba, Nicaragua, Venezuela y el Atlántico central y sur con el eje Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina, esto además requerirá de la integración extra continental sur-sur con los pueblos africanos para asegurar ambas orillas de esta parte del océano, aun considerando la mancha de las Malvinas en posesión británica.

Finalmente mantener una influencia real y disuasoria sobre esta área exigirá alianzas globales con Rusia y China, cuya forma de relacionarse con sus socios ha demostrado, hasta ahora, ser sustancialmente diferente a la de los Estados Unidos, en el sentido de ser más respetuosa de la soberanía, la identidad y la libre determinación, brindando oportunidades reales de desarrollo de la producción e  industrialización nacional, con transferencia tecnológica y sin injerencia en los asuntos internos: si bien nada garantiza que esto no cambie a futuro, actualmente representa una mejor oportunidad para ir construyendo la patria grande, mejor que la ya conocida relación con los estadounidenses, una oportunidad para alcanzar nuestro merecido lugar en la historia.

Obviamente no se trata de hacer futurología, por eso se plantean algunas posibilidades para un nuevo orden que se avizora y que a la larga nos puede dar más de una sorpresa; sin embargo creo que sólo podría asegurarse que un nuevo orden es inevitables, que será pluripolar y multicéntrico, que como bien dijo el Presidente China Estados Unidos tendrá que aprender a ser una potencia responsable, que como dicen los rusos el nuevo orden implicará una reducción del tamaño de la gran área de influencia de EEUU, y finalmente que nuestro papel en ese nuevo orden emergente dependerá ahora más que nunca de la capacidad de lucha de nuestros pueblos para conquistar sus espacios, convertirse en sujetos de su propia historia y ganarse el derecho de escribir y construir su futuro, un futuro para el vivir bien con la mayor suma de felicidad posible.

Docente UBV
Investigador CEPEC-UBV
oswaldoespin@gmail.com


domingo, 25 de noviembre de 2018

El fascismo ¿qué viene?


Por Jorge Luis Ubertalli Ombrelli:

El recién consagrado presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, decidió visitar el Chile de Piñera antes que la Argentina de Macri. Esta visita, según analistas, no sólo estrecharía lazos comerciales y políticos, sino que conllevará a una nueva división del trabajo en cuanto a aunar el poderío militar brasileño con el chileno en el marco de controlar y hegemonizar la política, la economía y el desarrollo militar en el sur del subcontinente, en consonancia con la nueva administración Trump y su ‘retorno’ al belicismo y la prepotencia fascistas. Chile y Brasil, en el cono sur, son países que han mantenido sus fuerzas armadas funcionando en sintonía con sus ‘necesidades’ de expansión. La antigua OTAS (Organización del Tratado del Atlántico Sur), concebida para neutralizar un supuesto avance de la URSS en el confín atlántico del subcontinente, ahora se remedaría- sui géneris- en el marco de una nueva confrontación de EE.UU. y sus aliados con China, país orientado al Pacífico, pero con aceitadas relaciones con Rusia y Estados europeos. La biooceanidad reaccionaria en el Cono Sur estaría garantizada por el Brasil Bolsonarista y el chile Piñerista.


El fascismo
Movimiento reaccionario y anticomunista por excelencia, el fascismo nació en el marco de una crisis del imperialismo que se había iniciado en el marco de la primera Guerra Mundial. Como lo sostuviera Lenin, las contradicciones y confrontaciones entre los países europeos entre sí, más la participación de EE.UU. en la confrontación Inter imperialista, permitió a la naciente URSS hacerle frente por separado a los enemigos. La crisis imperialista, causa y efecto de la guerra, culminó con una casi bancarrota de los países contendientes y a la par una ascensión del movimiento revolucionario y las luchas obreras en Europa y Asia, que llevaron a las grandes burguesías a extremar cuidados para recomponer las tasas de ganancia necesarias para su funcionamiento, y a la par declarar la guerra a los trabajadores. Así nació el fascismo. Italiano primero, nazi y franquista-salazarista, más tarde, que se caracterizó por:

-una centralización del capital en grado sumo, con la consiguiente liquidación de  los pequeños y medianos empresarios, lo que determinó el control del poder de la gran burguesía en los países donde se instaló, mediatizada por el Estado fascista, que contaba con una base importante de masas.

- una presencia de masas importante que alimentaron al Fascismo, y que fueron utilizadas para reprimir extralegalmente a la clase trabajadora y a los movimientos y partidos revolucionarios. Esta masa de pequeños burgueses furiosos ante la crisis, obreros desclasados y elementos lúmpenes, sirvieron al Estado fascista como soporte político y parapolicial para anatemizar y reprimir al movimiento obrero, a sus organizaciones sindicales y a sus vanguardias, y se fundieron más tarde en el aparato del Estado represor.

-un desarrollo de la industria militar, en la perspectiva de una confrontación con sus ‘enemigos-competidores’ capitalistas por mercados, materias primas y espacios territoriales, mediante la guerra.
- una ideología demagógica y contradictoria, que a la par que blasfemaba contra el ‘capitalismo’, acusaba a comunistas, socialistas y otros revolucionarios de ‘extranjerizantes’, y admitía la centralización y reproducción ampliada del capital en grado sumo por parte de la gran burguesía industrial y financiera.
-la exaltación de los ‘valores’ de la ‘nacionalidad y la tradición’, entremezclándolos con el odio a lo extranjero, el racismo, la religiosidad sectaria y reaccionaria, la consagración de las peores costumbres y tradiciones surgidas del oscurantismo, la ignorancia, la superstición, la superioridad racial, nacional, etc., etc.

- el uso de la violencia paraestatal y estatal contra los trabajadores organizados, a fin de destruir cualesquiera de sus organizaciones que significaran conquistas y derechos.
‘Consecuentemente, el fascis¬mo es un producto del capitalismo monopolista e imperialista. Todas las demás tentativas de interpretación del fascismo en términos puramente psicológicos conllevan la misma debilidad fundamental’. (Ernest Mandel, El Fascismo, 1969).

Cabe destacar una vez más que el fascismo se diferencia de una monarquía o una dictadura militar por la base de masas, que lo hace posible. “Sólo un movimiento semejante puede diezmar y desmoralizar a la franja más consciente del proletariado, mediante un sistemático terror de masas, mediante una guerra de hostigamiento y de combates en la calle y, tras la toma del poder, dejarlo no sólo atomizado, como consecuencia de la destrucción total de sus organizaciones de masa, sino también desalentado y resignado”. (L. Trotsky, citado por E. Mandel en El Fascismo…)
Algunas falacias.

Si bien el Estado fascista es aquel que parece ‘autonomizarse’ en el contexto de la lucha interclasista y que persigue hasta destruir a toda organización de los trabajadores, sea comunista, social demócrata, social cristiana, etc., no es cierto que evite la ‘privatización’ de las grandes empresas de industria pesada y militares. Ante este punto es necesario reproducir un párrafo del trabajo de Mandel, vinculado a la ‘privatización’ de las industrias y materiales de guerra por la Alemania nazi:
 ‘La tendencia fundamental no era la nacionalización, sino la reprivatización, ni la primacía de cualquier “dirección política” sino los superbeneficios de las grandes empresas’- sostiene Mandel.
‘En plena guerra, cuando hubiera podido esperarse de los partidarios de la ”guerra a ultranza” que se mostraran absolutamente despiadados con los intereses privados, tuvieron lugar dos sucesos con las empresas Flick, que aclaran enormemente las relaciones de producción existentes. El 4 de mayo de 1940, una de esas empresas negoció un contrato con altos funcionarios del Estado para la producción de obuses y bazokas. Los funcionarios del gobierno habían calculado que, para obtener un beneficio razonable, Flick debía recibir 24 RM por obús. Pero la compañía exigió 39,25 RM por obús. Finalmente, el acuerdo se estableció en 37 RM, un beneficio suplementario de 13 RM por obús, es decir más del 35%, o sea, más de un millón de marcos suplementarios por todos los obuses fabricados hasta finales de 1943. Haciendo abstracción de la dictadura nazi, la diferencia entre la primera y la segunda guerra mundial no es tan importante, después de todo. En ambos casos, los soldados creían morir por la patria y, en ambos casos, morían por los beneficios suplementarios de los señores de la industria.

El segundo ejemplo es todavía más “precioso”. El ejército había construido sus propias fábricas (con capitales provenientes de fondos públicos, por supuesto). Estas fábricas se alquilaban generalmente a empresas privadas, recibiendo en contrapartida una participación del Estado en los beneficios del orden del 30 o 35%. En 1942, la compañía Flick hizo lo indecible por tomar la dirección de Machinenfabrik Donauwörth GmbH  (Sociedad de Construcción de Maquinaria Donauwörth).

El 31 de marzo, el activo de Donauwörth ascendía a 9,8 millones de RM en el mercado, mientras que su valor contable oficial era de 3,6 millones de RM. Flick compró la fábrica (equipada con el material más moderno) al precio indicado por el valor contable oficial. Klaus Drobisch evalúa sus beneficios en más de ocho millones de RM en ese caso concreto. Cuando se levanta la cáscara política se descubre el verdadero núcleo, la dominación de clase. Si el Estado nazi hubiese nacionalizado sistemáticamente todas las empresas de armamentos, si hubiese reducido despiadadamente los márgenes de beneficios al 5 ó al 6%, si hubiese exigido, por ejemplo, que al menos la mitad de los directores de las fábricas que participaban en la guerra, fuesen representantes directos del Estado y las Fuerzas Armadas (puesto que, sin duda alguna, es lo que exige una guerra eficazmente dirigida), entonces podrían justificarse parcialmente ciertas dudas sobre el carácter de clase de ese Estado. Pero los hechos demuestran con claridad lo contrario: la subordinación brutal de todos los intereses a los de las grandes compañías. Y la subordinación de todas las exigencias sectoriales a la dirección “total” de la guerra, llevada a cabo en el interés de esas grandes compañías, se detiene en el justo punto en que alcanza el alfa y omega: la acumulación de capital por las grandes empresas’.

Cabe aclarar entonces que el fascismo cipayo que caracteriza a Bolsonaro, y su anfitrión, el pinochetista Piñera, no los inhibe de reprivatizar empresas vinculadas a la industria pesada- léase también industria militar- en tanto y en cuanto la sujeción al capital monopolista local, en sintonía con el trasnacional- fundamentalmente el afincado en EE.UU.- los condicionan a tomar cualquier medida tendiente a beneficiar al capital monopolista.
El ‘sub imperialismo’ brasileño y el ‘Israel’ del cono sur iniciarían su periplo hacia la agresión a Bolivia, Venezuela y otros países de la región que no comulguen con el nuevo orden trumpista.
¿Y la Argentina qué?

El Isidoro Cañones que utiliza todavía el sillón presidencial para desde allí orientar el saqueo, la explotación y la humillación al pueblo argentino no es comparable, como ya lo dijimos, a Bolsonaro. Ni tampoco a Piñera. Y no es sólo por su distinto y payasesco sesgo personal ni por su ‘vocación democrática’, sino porque, además de ser un ‘producto político’ de otra era, no cuenta con fuerzas armadas poderosas ni organizadas para participar en el eje reaccionario, contrarrevolucionario y pro imperialista Brasil-Chile, ni siquiera como aliado menor. Y tampoco con una gran base de masas. A pesar de que algunos de sus funcionarios y funcionarias se hacen los ‘malos’, no les dá el cuero para aliarse en igualdad de condiciones con los fascistas brasileños y chilenos. Por lo tanto, la visión posible de sus homólogos de Brasil y Chile sería de la apurarlo a instaurar un Estado afín al de Bolsonaro y Piñera, donde ya se instauran penas contra los que difundan propaganda comunista y se critica abiertamente a los gobiernos socialistas no afines a la ‘democracia’ de EE.UU., o contribuir a su recambio por parte de los conocidos ‘nacionalistas’ de siempre, los fascistas vernáculos, que cuentan, como lo dijimos en otras oportunidades, con base de masas y aspiraciones bárbaras. (ver ‘No hay peor ciego’, del autor, en barometrolatinoamericano.blogspot.com. noviembre 2018).

Se hace necesario aunar a los trabajadores de los países donde el fascismo y el militarismo acechan a los pueblos y gobiernos no afines a los EE.UU. trumpianos en un frente único y encauzar la lucha común para dar vuelta la tortilla. Direccionar las luchas obreras y populares hacia la toma del poder y construir el socialismo es una cuestión de vida o muerte, de supervivencia ante la barbarie.
El fascismo debe ser nuevamente destruido, y con él el sistema capitalista, del cual es una de sus patas.
javierheraud24@yahoo.com.ar

miércoles, 19 de septiembre de 2018

La ONU como instrumento de dominación de EEUU


Por Diego Olivera Evia:
La sociedad humana sufre la violencia del capitalismo

Muchas veces se ha analizado el papel de la Organización Naciones Unidas (ONU), como su apéndice la Organización de Estados Americanos (OEA), concebidos como mecanismos de control político, con el objetivo de lograr un equilibrio a nivel mundial de los 193 países en la ONU, pero la realidad geopolítica ha creado  que EEUU, se ha trasformado desde la Segunda Guerra Mundial, el control con la armas nucleares, aplicadas en Japón, contra una nación derrota y millones de los ciudadanos japoneses asesinados, y crear una guerra fría con la desaparecida URSS, que permitió crear un estado gendarme.

De la misma manera los presidentes de EEUU hicieron caso omiso, a la ONU, usando a los Secretarios de esta organización, en títeres de los Estados Unidos, no pudiendo controlar la acciones militares, en mundo, creando guerras en Asia, en naciones en Europa, controlando a miembros de la ONU, como Iraq, Afganistán, Libia, Siria, aplicando acciones militares y sembrar bases militares en todo el planeta, creando ahora en la era del presidente Trump, el uso de sanciones a todas las naciones, miembros  de la ONU, hasta los 5 miembros  con derecho a veto, como con EEUU, Inglaterra, Francia, la URSS (ahora Rusia)  y China, contener acciones militares sin consenso de los miembros, pero la realidad ha sido que EEUU e Inglaterra, como Francia, además del gobierno de Israel sionistas, que con armas atómicas ilegales aportadas por EEUU, han creado una ONU, sin poder de su Secretarios en los 72 años de creación.

“La parte más importante del ente creador para regular, velar por los derechos humanos y como espacio para solventar conflicto entre naciones”, pero la realidad es un hecho vacío de contenido, la ONU no ha podido detener las guerra, con millones de seres humanos asesinados, entre el Siglo XX y XXI, han mostrado los desplazamientos humanos por las guerra, el fascismo en la 2da guerra mundial, mostro la parte feroz del capitalismo salvaje, al crear guerras globales, como en Viet Nam, Corea, países agredidos por EEUU, para combatir a los países socialistas, como la balcanización de Yugoslavia, con millones de personas, las guerras son de controlar los mercados, como adueñarse de las riquezas naturales, el petróleo, el gas, el oro, el Coltan, como el esclavismo en África, como las inmigraciones con miles desaparecidos,  muestran el rostro más feroz de una crisis mundial sin salida para la sociedad humana.  

¿Cumple la ONU su función reguladora?
La responsabilidad de Antonio Gutiérrez  como  el secretario general de la ONU., está concebida  como una estructura arcaica,  mucho bombo como la gran esperanza para el futuro de la humanidad después de la Segunda Guerra Mundial, la ONU ha tenido problemas para lograr un equilibrio global. Su órgano de gobierno, el Consejo de Seguridad, es un reflejo ya que China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos, son aún los únicos miembros permanentes con poder de veto. Para los críticos, esa parálisis ha conducido a fracasos en el tratamiento de crisis como las guerras en Siria y Ucrania.

El exsecretario general, Kofi Annan, había declarado que el Consejo debe tener nuevos miembros permanentes ya que podría terminar con un papel cada vez más irrelevante en el escenario internacional. Sin embargo, hay pocas señales de que los actuales miembros quieran renunciar a cualquier poder o compartirlo.

La ONU continúa con algunas discapacidades referente a sus funciones, como el caso del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba o su posición ante la situación crítica que mantienen el mandatario estadounidense Donald Trump y su homólogo Kim Jong-un, tras los reiterados ensayos nucleares, en las que el organismo sanciona solo a Corea del Norte.

Cabe destacar que Estados Unidos es una de las naciones que aportaba mayor ayuda económica a la organización internacional, lo que hace cuestionable el hecho que la ONU vela principalmente por sus intereses y no ejerce la función para la que fue creada, y ahora se salió de la comisión de derechos humanos, para poder seguir el Plan Trump, de no responder a la ONU y los derechos humanitarios en sus guerra militares, creando su poder de muerte para controlar los mercados y la ONU una marioneta.
La sociedad humana sufre la violencia del capitalismo

En ese sentido la guerra y la violencia, han creado efectos de desplazamientos de millones de inmigrantes, las mismas guerras del siglo XX , la primera y segunda, fueron realizadas para la conquista de Europa, África, Asia y Medio Oriente, creando la huida de millones de Europeos, rusos, las masacres por el Imperio Otomano entre ella a la nación armenia de 1894-1896, hacen referencia a las diferentes matanzas y asesinatos colectivos que, en esos años, sufrieron los armenios del Imperio otomano y cuyas bajas se estiman entre unas 200.000 y 300.000 personas.

Reciben este nombre del sultán reinante en esos años, Abdul Hamid II, quien en su esfuerzo de mantener la integridad territorial del imperio adoptó el panislamismo como ideología de estado. Aunque las masacres estaban destinadas mayoritariamente a los armenios, algunas poblaciones cristianas como los asirios también fueron víctimas.

Estos hechos que a veces los vemos como históricos, siguen siendo factores de nuevas conquistas, de querer apoderar las riquezas de las naciones, como la guerra criminal en Siria, la muerte de palestinos, la guerra sin fin en Afganistán, la agresión del presidente de la supremacía blanca Trump, en sus ataques a Corea del Norte, los ataques de EEUU a Rusia y China, aplicando bloqueos y sanciones económicas a estas naciones, como a Cuba, Venezuela, Nicaragua y a Bolivia, creando nuevas migraciones, ahora latinoamericanas, ante la medidas tomadas por Trump, de cerrar la entrada a la sociedad norteamericana, hoy enferma de muerte y violencia, la venta legal de armas, ha creado miles de muertos, en colegios por niños enfermos de violencia y droga.

Esta es la realidad de una sociedad agredida por los monopolios y las grandes trasnacionales, la misma crisis con los transgénicos de MONSANTO, han envenenado a las economías de América Latina, con niños y adultos con canceres por las fumigaciones del Glifosato, con deformaciones, de la misma manera ríos se han visto contaminados en Uruguay y el Cono Sur, no solo se mata en guerras, se crea una sociedad de consumo de productos nocivos, ante esta realidad solo la unidad de los pueblos y las naciones que luchan por una sociedad humana, contra el abuso de un capitalismo criminal.
diegojolivera@gmail.com

martes, 11 de octubre de 2016

Colombia La paz archidura

Por Félix Roque Rivero

Los colombianos desaprovecharon, por ahora, firmar una paz positiva que dé al traste con la guerra que tantos muertos y desplazados ha producido. En el análisis de lo ocurrido, es dado permitirse ciertas suspicacias

 Una parte importante del pueblo colombiano se expresó en las urnas y una lánguida mayoría, pero mayoría al fin y, en democracia eso debe ser respetado, le dijo no a los Acuerdos de Paz que el presidente Santos y el Comandante de las Farc-Ep, habían concluido en La Habana y refrendados en Cartagena de Indias ante un grupo importante de Jefes de Estado y el Secretario General de la ONU. Una ola de desencanto y de frustración se observó en la parte que propiciaba la victoria del SÍ mientras que en el bando de los partidarios del NO reinaba la alegría como si hubiesen obtenido una victoria. Ilusos los que así piensen.

Como dijo Lenin al propiciar una salida pacífica al conflicto que la naciente revolución soviética mantenía con Alemania por la pretensión de ésta de anexarse una parte de la URSS, “La guerra ha sumido en el hambre a los países más civilizados, más desarrollados en el aspecto cultural. Más, de otra parte, la guerra, como un ingente proceso histórico, ha acelerado de modo inaudito el desarrollo social”. La guerra ha exacerbado en grado extremo las reivindicaciones sociales más sentidas de los pueblos. Lenin tildó a la tan anhelada paz de “paz desdichada, de paz archidura”. La paz en su acepción más general significa ausencia, cese, solución de un conflicto. Los colombianos tienen un conflicto interno con connotaciones externas que dura ya más de 70 años.

Se trata de un conflicto donde los actores se conjugan entre los valores incompatibles –al decir de Norberto Bobbio- del deber y el placer, entre razón y pasión, entre interés propio e interés ajeno. La paz responde a diversos tipos. El Raymond Aron habla de la paz de potencia, de impotencia y de satisfacción. Interesa destacar la llamada paz de potencia la cual se subdivide en paz de equilibrio, de hegemonía y de compromiso, dependiendo esto de que los grupos políticos estén en relación de igualdad o de desigualdad basada en el predominio de uno sobre los otros, tal como sucede con los Estados Unidos respecto de los demás Estados del Continente Americano.

Los colombianos desaprovecharon, por ahora, firmar una paz positiva que dé al traste con la guerra que tantos muertos y desplazados ha producido. En el análisis de lo ocurrido, es dado permitirse ciertas suspicacias. Si bien la paz es justa y necesaria para el pueblo de Colombia y, en particular para los que viven en las periferias, zonas montañosas, para los más vulnerables; ¿lo será también para los que han fomentado el conflicto, para los que venden armas y trafican drogas para abastecer al principal mercado del mundo, el de los Estados Unidos, para los que hacen de las noticias sensacionalistas un negocio, para los que gustan mantener el terror y el miedo para controlar el poder, los que hacen de la guerra una justificación para reprimir y obedecer a sus amos?.

Por ahora, los enemigos de la paz para Colombia se han anotado una victoria pírrica, escuálida. Una victoria que más temprano que tarde el pueblo colombiano sabrá revertir para satisfacción de sí mismo y de toda la Región. Desde Venezuela pregonamos que estamos en contra de la violencia en el Planeta y decimos con toda certeza que queremos y practicamos la paz en la Región y a nivel internacional. Es archiduro lograrla, pero la paz es la victoria de los pueblos.

canaimaprofundo@hotmail.com