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miércoles, 4 de marzo de 2020

Los desesperados ex concertacionistas



Por Juan Pablo Cárdenas S.
Más de trescientos ex integrantes o partidarios de los gobiernos de la ex Concertación han convenido un texto público en que hacen un desesperado llamado a un acuerdo nacional en “pro del bien superior del país, a fin de evitar un lacerante enfrentamiento entre los chilenos”.  Se trata de una nómina de quienes fueron ministros de estado, subsecretarios y otros altos funcionarios públicos, además de embajadores y parlamentarios, algunos incluso en ejercicio todavía.


Conscientes, como indican, de que su propuesta será repudiada por quienes están “movidos por la estrategia de la confrontación y de la polarización”, a lo que aspiran en realidad estos firmantes es a lograr la atención de la derecha y del oficialismo, lo que rápidamente han logrado con la rápida acogida que les brindara el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, apenas unas horas después.  El secretario de Estado valoró el texto y aseguró que éste recoge el reciente llamado del presidente Piñera para construir un acuerdo por la democracia, en su esfuerzo por tratar de salvar un régimen ya colapsado en su adhesión popular y credibilidad.

Más allá de la presencia entre los firmantes de algunas figuras bien reputadas, lo que predomina en esta propuesta son los nombres de quienes por largo tiempo ocuparon cargos en La Moneda y en el Parlamento sin satisfacer mínimamente las más importantes demandas sociales, legitimando con sus actos la Constitución heredada de la Dictadura, junto con demostrar una pavorosa conformidad con el modelo económico que ha llevado a Chile a ser considerado en el mundo como uno de los países de mayor inequidad.

En la lista destacan también los nombres de varios miembros de la cúpula política enriquecidos a la zaga del poder y altamente cuestionados por su flagrante renuncia a los valores social cristianos y socialistas que antaño profesaron y que los llevara a militar en las colectividades de más radical izquierdismo. Para muestra de ello, baste el nombre del lobista Enrique Correa, uno de los operadores de las bochornosas colusiones político- empresariales para financiar la política y llenarse los bolsillos de dinero. Sin que hayan trepidado para ello en cederle soberanía sobre nuestros recursos naturales a las transnacionales u otorgarles impunidad a los ejecutivos de Soquimich, Penta, de las cadenas de farmacias y otras poderosas empresas concertadas para para comprar leyes o estafar al fisco y a los consumidores.

Parece ser que todas “figuras” (así los tilda El Mercurio) saben que será imposible que su llamado reciba acogida del mundo social, laboral, sindical, como de las organizaciones de Derechos Humanos. Como tampoco tuvo demasiado eco el engañoso acuerdo parlamentario cupular logrado entre éstos mismos actores y el oficialismo para convenir el plebiscito de abril próximo y la posibilidad de convocar a una entidad constituyente, en que se le asegura a la derecha un poder de veto a cualquier norma de la nueva Constitución que no obtenga un quorum de dos tercios.

Además, llama la atención en esta iniciativa la presencia de varios políticos que rompieron con los partidos de la Concertación y abandonaron sus cargos gubernamentales por sus desacuerdos dentro de la alianza que más largamente ha gobernado durante los últimos treinta años sin emprender los cambios insistentemente prometidos y que explican el estallido social que hoy lamentan y los tiene tan acongojados. Perece ser que a todos los une su común embriaguez de poder, riqueza y figuración pública, por lo que su llamado ha recibido una bajísima acogida desde los mismos partidos en que todavía militan la mayoría de ellos. Especialmente de la Democracia Cristiana y el Partido Socialista.

No es extraño, entonces, que, en su arrinconamiento político, Piñera y los partidos de derecha reciban con beneplácito la propuesta de los llamados ex concertacionistas y pudieran resolverse otorgarles algunos cargos públicos para, con ello, amarrarlos y buscar morigerar las movilizaciones sociales y la posibilidad de que, de una asamblea constituyente, contra quorum y mareas, pueda darnos una nueva Carta Fundamental. Que, por primera vez en nuestra historia republicana, sería aprobada por genuinos representantes del pueblo y refrendada por la ciudadanía.

Era obvio que, ante una insurrección social, la clase política va a tratar de hacer todo lo posible para impedir un conflicto como el de 1891. Una guerra civil que pueda ocasionar miles de muertos como los que cayeron en los enfrentamientos de Concón y Placilla a propósito de los desacuerdos de la casta gobernante que oficiaba en La Moneda y el Congreso Nacional. Un conflicto en que se involucraron, por supuesto, las Fuerzas Armadas, los inversionistas extranjeros, a pesar de que el pueblo se mantuvo prácticamente al margen y bastante conteste con las obras que emprendía el presidente Balmaceda. A quien la historia terminó reconociendo como uno de los mandatarios más fructíferos y consecuentes de nuestra trayectoria republicana.

Ya sabemos que las diferencias entre quienes hoy ocupan el Palacio de Gobierno y quienes han elaborado una propuesta como la que comentamos son realmente nimias si se considera lo que unos y otros hicieron mientras se rotaban en el poder después de Pinochet. De allí que la rebelión social no concentre sus dardos solo en Piñera y sus colaboradores, sino en el conjunto de la casta política, lo que augura que en el Plebiscito también los ciudadanos van a preferir abrumadoramente que todos los integrantes de una entidad constituyente sean todos elegidos por el pueblo, sin otorgarle espacio alguno a los legisladores actuales.

No parece extraño que, entre estos firmantes, que piden “un acuerdo para frenar la violencia y avanzar en reformas y crecimiento”, haya varios que ya reconocen o confidencian en privado su deseo de alentar la presencia de los actuales parlamentarios en la redacción de un nuevo texto constitucional. Se trata de salvar de la insurrección popular a los que se sienten ungidos para gobernar y definir los destinos de Chile. Para lo cual de nuevo desatan una campaña del terror y manifiestan su histeria respecto de las acciones de violencia, cuando en realidad el caos y el terrorismo han sido siempre ejecutados por los que detentan el poder político y económico. Para oponerse a toda posibilidad de profundizar la democracia y consolidar una justa distribución de nuestra riqueza.

Tampoco nos sorprendería que próximamente el Gobierno y la derecha se valgan de ésta y otras destempladas declaraciones públicas para justificar a una nueva asonada cívica, empresarial y militar que aborte otra vez en nuestra historia una victoria popular. Esto es de los millones de chilenos abusados por las oligarquías y de sus consabidos operadores o verdaderos “achichincles”. Al decir de una conocida expresión mexicana, país en que varios de estos firmantes vivieron su exilio y aprendieron las trampas de la dictadura del PRI, un régimen que los acogiera tan generosamente. Cuando en 1973 arrancaron de las fauces de Pinochet retornando con los años a Chile para ser definitivamente encantados y engullidos por la derecha.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 30 de octubre de 2019

Chile Abriendo las grandes Alamedas



Por Eduardo Contreras:
Hasta la prensa más reaccionaria de Chile, “El Mercurio”, “La Tercera” y otros, así como los medios televisivos y radiales del más variado espectro, han debido reconocer que las manifestaciones de protesta en curso del pueblo chileno son las más grandes registradas en toda su historia. No pueden ocultarlo. Un hecho reconocido por todos es que el viernes 25 de octubre fueron más de 2 millones de personas las que desfilaron por el centro de Santiago mientras en provincias se registraban a la par las demostraciones más entusiastas y masivas de todos los tiempos, hasta en pueblos pequeños.


Es la inmensa mayoría del pueblo chileno la que está en pie de lucha protestando por lo esencial: la mantención del modelo económico y social privatizador y expoliador de los derechos fundamentales de la ciudadanía impuesto por la dictadura de Pinochet sobre la base de miles y miles de asesinados, detenidos desaparecidos, torturados, prisioneros, exiliados, a partir de septiembre de 1973.

Un modelo que todos los gobiernos posteriores, aunque democráticamente electos, no han modificado en lo esencial. Tanto es así que Chile continúa rigiéndose por la Constitución Política impuesta precisamente por la dictadura y que sólo ha tenido leves modificaciones que no van al fondo del problema.
¿Y cuál es el fondo del problema? ¿Por qué lucha hoy el pueblo? ¿Por qué el tema constitucional está en el centro de sus demandas?

Porque esa ley suprema de la sociedad chilena que es la constitución pinochetista consagra un modelo económico que en los hechos terminó con el rol del Estado en materias esenciales para entregárselas al sector privado y transformar entonces los derechos esenciales de las personas en meros negocios de un pequeño grupo de empresarios chilenos y a empresas extranjeras.

En Chile hace 46 años que se privatizó la Salud, la Previsión Social, la Educación, el Transporte y las grandes empresas estatales, como Soquimich, entregada a un yerno de Pinochet. El Estado no tiene los recursos necesarios para resolver los grandes problemas de la gente y nadie se atreve a tocar a los privados. Eso no está en el imaginario de los gobernantes, son intocables.

Un ejemplo claro es la “agenda social” con la que respondió Piñera, sólo un par de migajas, ¡¡ah!! Pero sin tocar un centavo de los grandes empresarios. Obviamente el sujeto no está a la altura de los acontecimientos. Detengámonos un momento en esto.

Principal orador en los actos en defensa de Pinochet cuando el dictador estaba arrestado en Londres, constituye una vergüenza para chilenas y chilenos haber elegido en dos oportunidades como presidente de la República a un individuo como éste que registra una orden de detención y su calidad de prófugo por el delito de estafa al Banco de Talca, que fue el origen de su fortuna, hoy estratosférica. Si alguien duda, puede ya buscar su historia en Google y hay copias del expediente judicial.

Un personaje así no tiene altura para enfrentar situaciones como las que se viven y, si tuviera un mínimo de honestidad, que no parece ser el caso, debiera renunciar al cargo, ya ahora y dar paso a convocar a nuevas elecciones. Habrá acusación constitucional en su contra.

Su respuesta real ha sido la violencia brutal. Muertos, desaparecidos, torturados, prisioneros ilegales marcan estos días y hacen recordar otros hechos que suele olvidarse y es que estricto rigor la historia de Chile está signada por la violencia, las masacres contra el pueblo. Desde el nacimiento de la república y hasta hoy son decenas y decenas de sucesos funestos en que la burguesía gobernante – usando como hoy a militares y carabineros - ha dado muertes a miles de hombres y mujeres de la patria de todas las edades. Desde luego vienen a la memoria las masacres de comienzos del siglo pasado en el norte, aunque todo ese horror habría de ser dolorosamente mayor con Pinochet.

No está de más señalar que a los mandos de las FFAA y Carabineros la convulsión social en que sus tropas participan brutalmente de algún modo les ayuda a que pasen a segundo plano los procesos judiciales por estafas y latrocinios que hoy afectan a varios de sus ex jefes superiores. Ni está de más señalar que la violencia haya sido claramente más dura y sostenida en contra de dirigentes políticos y sociales, en especial en contra de dirigentes adultos y juveniles que son reconocidos como militantes comunistas. Hay varios y claros ejemplos de lo que denunciamos.

En este contexto y a la luz de la realidad del actual gobierno, no deja de llamar la atención que Chile sea sede de eventos internacionales y que alguna vez se haya dicho que éste era un país de bienestar económico. Eso es enteramente falso. Como ha dicho con razón la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, que es sin duda una institución fundamental de la República, “aun cuando nuestro país ha tenido un significativo desarrollo material en las últimas décadas, éste ha venido acompañado de niveles crecientes de desigualdad, abuso de privilegios, segregación e injusticia, que han motivado el profundo malestar que se expresa en esta crisis.”

Así es en efecto, y como señalaron en su artículo “La Propaganda Engañosa sobre Chile. Agotamiento Relativo del Capitalismo Neoliberal” escrito por los economistas Graciela Galarce y Orlando Caputo en el año 2011, “Las estadísticas oficiales muestran que Chile creció 7,8% en el período 1987-1997. En los últimos 12 años (1998-2009) ha tenido un crecimiento de sólo 3,2%.  Sin considerar la crisis de 2009, el crecimiento 1998-2008 fue de sólo de 3,7%. “y agregaron “Con cifras oficiales mostraremos también que Chile tiene una de las peores distribuciones del ingreso del mundo y niveles de pobreza que superan el 30%, porcentaje 50% mayor a los niveles de pobreza previa y durante el gobierno de Allende. Es decir, una pobreza mucho mayor en el modelo neoliberal del desarrollo hacia afuera que en el modelo de desarrollo hacia adentro”.

Y concluyeron señalando que: “Una verdad científica incontrarrestable pero que el control de los medios de comunicación y las mentiras sobre la economía chilena de economistas, autoridades internacionales y de máximas autoridades de Israel y de Estados Unidos se encargan de ocultar”. En rigor el llamado “crecimiento económico” del país sólo guarda relación con las fabulosas ganancias de las grandes empresas por más que se trate de disfrazar la verdad.
El movimiento actual estalla por el alza del pasaje del Metro, pero el fondo de su proyección va mucho más allá y expresa un malestar contenido durante ya muchos años y dice relación con el sistema de vida en su conjunto,

Es cierto que el movimiento carece de una dirección única y que es tarea de las organizaciones políticas y sociales asumir el compromiso de encausar la hermosa lucha en función de lograr objetivos reales. Es la tarea del momento de la Izquierda chilena. Pero claro está ya la prensa de derecha recoge denuncias del gobierno norteamericano en el sentido que hay fuerzas y personajes de países extranjeros que estarían dirigiendo el movimiento en Chile. Habrá que poner atención a todo tipo de provocaciones que tienden a abortar con violencia este histórico proceso.

El pueblo entre tanto recoge en sus luchas la hermosa herencia de los que dieron su vida por el bienestar de todos.  No es casual, por ejemplo, que en Chile y el exterior, todos los días conozcamos de actividades en que en el centro está la interpretación de canciones del gran Víctor Jara horrorosamente torturado y asesinado por la dictadura de la derecha chilena. Su exigencia del “Derecho a Vivir en Paz” está permanentemente presente. Ni es casual que el grito central de las manifestaciones es el mismo de varias decenas de años y desde antes de la dictadura: “ El pueblo unido jamás será vencido”
Es decir que pese al cambio generacional hay principios unitarios que siguen orientando al clamor popular. Bien lo sabía el propio presidente Salvador Allende cuando nos dijo en sus palabras finales, que “Puesto en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. La historia es nuestra y la hacen los pueblos. Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino.

Superarán otros hombres este momento gris y amargo en que la traición parece imponerse. Sigan ustedes sabiendo que más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas para que pase el hombre libre para construír una sociedad mejor”.

Eso y no otra cosa es lo que ha empezado a suceder en Chile y estas grandes batallas darán sus frutos en días ya no tan lejanos. La unidad y la combatividad que hoy apreciamos llega para quedarse y con esos valores y la solidaridad internacional todo es posible. Ahora o muy pronto.

eduardocontreras2@gmail.com