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viernes, 11 de octubre de 2019

El dolor de escribir



 Por Carolina Vásquez Araya:

Escribir no es más un desafío intelectual. Es un reto moral que me deja exhausta.

Cada semana busco en el abrumador escenario del caos mundial ese tema crucial, esa parte de la realidad sobre la cual debería explorar conceptos, ideas, información relevante con el propósito de llegar a formar un texto suficientemente lúcido y veraz como para compartirlo. Es un parto difícil porque son muchos los monstruos que nos rodean a diario y nos colocan ante la disyuntiva de hincarles el diente o dejarlos pasar. Pero entonces surgen las dudas y las urgencias: ¿la invasión del imperio contra pueblos indefensos; el abuso del sistema económico o el creciente fenómeno de la búsqueda de justicia y libertad?



Luego, pienso en cuán relevante es el papel que nos toca en este concierto desafinado de lo mediático, en donde se cruzan los intereses diversos de nuestras sociedades ante una ciudadanía carente de los recursos para separar la paja del grano porque le han enseñado a creer en lo que leen; a dudar de lo que ven y a aceptar el discurso de los poderosos porque de ahí, de esos círculos de un bien aceitado poder, depende su trabajo y, por ende, su supervivencia.

Por lo tanto, ese prurito que a veces nos hace creer en la pertinencia e importancia de nuestro pensamiento se diluye cual nube de verano al sacudir el ego y comprender, en toda su dimensión, el hecho irrebatible de que somos un elemento descartable en el juego de las grandes ligas. Un juego en donde predomina el discurso predeterminado, diseñado con el propósito de controlar la información, definir los temas prioritarios y acallar las voces independientes: ese molesto rumor de la conciencia ciudadana capaz de alterar el orden de un mundo a la medida. De ese modo, las grandes batallas como las emprendidas por la igualdad de género o el derecho al aborto, el respeto por la diversidad sexual o los derechos de los pueblos originarios, el cese de la esclavitud y de la destrucción del hábitat, pueden convertirse en un molesto -pero más o menos tolerado- ruido ambiental.

Escribir una columna de opinión es un ejercicio doloroso si la intención tras ese esfuerzo cotidiano reside en abrir una ventana a la reflexión. Al abordar un tema de actualidad y desmenuzarlo en un texto limitado por cantidad de caracteres es necesario tener muy claro el lugar que nos corresponde en este concierto: no conocemos más detalles que los permitidos; no lo sabemos todo; nuestras fuentes muchas veces tienen el agua turbia y la única herramienta confiable al alcance es nuestra fortaleza moral para elaborar un mensaje coherente, honesto y bien estructurado. Su difusión –amplia o limitada- es, finalmente, un asunto secundario.

¿Por qué esa urgencia de compartir nuestras preocupaciones ante un universo de lectores totalmente desconocido? ¿Qué nos impulsa a lanzar nuestro llamado de protesta por las aberraciones cometidas por los más poderosos contra grupos específicos y pueblos enteros alrededor del mundo, pero también aquí, a nuestro lado, en nuestro entorno inmediato? ¿Es que acaso existe la posibilidad de incidir en el proceso de un cambio tan hipotético como remoto? Las inquietudes personales –porque al final de cuentas una escribe sobre sus propias batallas- van engrosando una lista interminable de actos impunes contra los cuales estrellamos las débiles lanzas de otro discurso, otra reflexión y, consecuentemente, otra frustración al comprobar cómo nuestro entorno sigue girando en la dirección equivocada. Esta digresión es solo eso: una pequeña revolución de las neuronas que todavía conservo, un vistazo breve a las dudas existenciales de esta columnista fiel.

elquintopatio@gmail.com

martes, 26 de marzo de 2019

Venezuela y el reflejo revolucionario en los EEUU



Por Rolando Prudencio Briancon
No creo que la fracasada invasión imperial del pasado 23 de febrero a Venezuela, vaya a quedarse así nomás; y no porque Washington vuelva a intentar a invadir -que puede ser unas de las “opciones”- sino porque las contraproducentes consecuencias de ésta derrota de Washington puede ser el batacazo para que en los EE.UU., se desate un proceso de cuestionamiento desde la sociedad civil hacia su gobierno, que tenga además insospechadas consecuencias para el inicio de una incisiva e incesante interpelación, y que germine un proceso de resistencia y rebelión contra su propio gobierno.


Y si añadimos a este análisis el cuestionado papel que Trump desempeña como gobernante, las condiciones para un descontento creciente pueden ser el caldo de cultivo para que la impugnación a las políticas norteamericanas vaya incrementándose.

Para nadie es un secreto que las políticas que Trump ha aprobado en su gestión, no gozan del respaldo de las mismas autoridades estadounidenses, como es el caso de la deportación de indocumentados, como el caso del alcalde Nueva York Bill de Blasio que ha rechazado ponerlas en prácticas. O las críticas recibidas de varias otras autoridades estatales por su rechazo a suscribir los acuerdos climáticos de París, y otras que no gozan de popularidad.

Es cierto que por ahora Trump ha manejado con solvencia la situación económica estadounidense, pero eso no garantiza que la opinión pública estadounidense sea condicionada para cohonestar con acciones que han comenzado a desatar una espiral de descontento por sus políticas agresivas contra Venezuela, y que ya han comenzado a aflorar, en más de una manifestación ciudadana de rechazo a Trump, y de apoyo más bien a Venezuela y Maduro.

Es por esa razón que el influyente diario New York Times ha dado a conocer, en una investigación realizada que el incendio de la “ayuda humanitaria” provocado en el puente Simón Bolívar el 23 de febrero, se trató de un auto atentado -algo que le suena traumáticamente familiar a la opinión pública estadounidense, por el también auto atentado del 11 de septiembre del 2001- que tiene la marca Made in USA.

Después del incidente en el puente Libertador Bolívar, puede ser éste el hito para que se inicie un descarnado cuestionamiento dentro los mismos EE.UU., contra aquel, ya impertinente e ineficaz mito del “Destino Manifiesto” de los EE.UU., que por obra gracia del poder divino están llamados a someter al resto de las naciones.

No en vano el libertador Simón Bolívar decía que: “EE.UU., parecen predestinados por la providencia a plagar de muerte y miseria nuestra América en nombre de la libertad”. Pero hoy, y después de esa derrota en el puente Bolívar, aquella profecía del libertador; y en honor a él, se ha roto; y en todo caso Venezuela parece que será Venezuela el artífice de proceso revolucionario en los mismísimos EE.UU.; y más aún si las desvergonzadas brechas entre ricos y pobres que existe, donde existen más de ¡30 millones! de personas que viven en la calle.

Venezuela es la cuna de quien ha sido el forjador de la liberación no sólo de su propia patria como fue la generosa gesta del libertador Bolívar para otras cinco naciones más; sino porque no podríamos pensar que hoy sea la causa para generar una verdadera lucha para su liberación; porque como dice ese dicho típico de Venezuela: “El que se mete con Venezuela se seca”.
prudenprusiano@gmail.com

sábado, 26 de enero de 2019

Un cóctel tóxico


Por Germán Ayala Osorio:
“Un gobierno que acababa de recibir un respaldo ciudadano unánime tras un acto terrorista, rompe esa unanimidad ciudadana con un capricho inútil sobre unos protocolos, e insiste en sostenerse en ese capricho. Esto pasará a la historia de las torpezas políticas”: @AndresMejiaV

La exigencia del presidente Duque al gobierno de Cuba de capturar y enviar a Colombia a los miembros de la cúpula del ELN que están en su territorio, jurídica y políticamente improcedente, según la inteligente explicación que nos brinda el jurista, Rodrigo Uprimny, tiene varios propósitos a saber:

1. Invocar el apoyo político y diplomático de los gobiernos de derecha de la región y por esa vía, convertir un asunto interno y bilateral, en un caso regional y global, con el que sea posible insistir en viejas lecturas maniqueas soportadas en nomenclaturas como “ejes del mal”, con las que claramente hoy se hace referencia a Venezuela y probablemente, se intente incluir a Cuba en ese “diabólico” grupo.
2. Poner al régimen cubano en el radar de los Estados Unidos y de otros países que “luchan” contra el terrorismo, desconociendo en muchos casos que los actos terroristas perpetrados en sus territorios son una consecuencia y respuesta a diversas formas de intervencionismo militar, político y económico.
3. Probar, nacional e internacionalmente, hasta dónde es viable, diplomática, jurídica y políticamente desconocer los protocolos firmados por el Estado colombiano durante el Gobierno Santos, quien, como jefe de Estado y de Gobierno, estableció en Cuba una mesa de diálogo con la guerrilla del ELN y unos protocolos en caso de que se diera una ruptura de las conversaciones, que dieran seguridad jurídica a los plenipotenciarios del grupo subversivo.
En este caso, cualquier duda que manifieste la ONU y los países garantes sobre el carácter vinculante del protocolo firmado por las partes, motivará al Gobierno colombiano a insistir en el regreso al país de los miembros del Comando Central del ELN, en calidad de detenidos.
4. Mostrarse decidido y comprometido, nacional e internacionalmente, para afrontar una “amenaza terrorista”, y por esa vía, ir insertando al país y a la opinión pública nacional en la necesidad, imperiosa para la derecha y la ultraderecha, de reactivar la política de “Defensa y Seguridad Democrática” implementada por el Gobierno Uribe Vélez (2002 -2010).
Es pertinente acotar que, inclusive, la elección de Santos (2010), se dio bajo la sombrilla de la Seguridad Democrática y obedeció a una especie de sentencia que ya se hizo popular en Colombia: “el que diga Uribe”. Santos, tomó distancia de ese proyecto político-militar, cuando decidió dialogar con las Farc. Pero, desde el punto de vista ambiental y económico, dio continuidad a las políticas neoliberales implementadas por Uribe Vélez entre el 2002 y el 2010.
5. Y, asociado este punto al cuarto propósito, exhibir sin tapujos queIván Duque Márquez llegó a la Presidencia para dar continuidad a un efectivo tercer periodo de lo que se conoce como el uribismo.
Es decir, aunque Duque no logre el regreso de los guerrilleros-terroristas en las condiciones exigidas al Gobierno cubano de Díaz-Canel, obtendría un triunfo moral y político importante: un fuerte aplauso del mundo derechista a la consolidación en Colombia de un régimen de mano dura contra el terrorismo, con todo lo que ello implica en materia de violación de derechos civiles y garantías constitucionales.

En síntesis, la reacción del Gobierno al ataque del ELN, pone en cuestión y pretende invalidar el carácter vinculante de unos protocolos firmados durante el Gobierno Santos, con un fuerte soporte moral, fruto de la dimensión social y humana del execrable atentado dinamitero a la Escuela General Santander, y de paso, liderar una nueva cruzada contra el terrorismo.

El Presidente Duque cree tener la suficiente capacidad moral y política para liderar un proyecto de esas dimensiones en una región convertida por los Estados Unidos, Rusia y China, en un escenario de luchas diplomáticas, políticas y económicas que, de muchas maneras, recrean lo vivido durante la Guerra Fría USA/URSS. Ejemplo de lo anterior es el régimen de Nicolás Maduro, convertido en un asunto de interés global, en la lógica de ese escenario, esta vez instalado en suelo latinoamericano.

Si Duque insiste y logra un importante apoyo internacional, político y diplomático, para desconocer el carácter vinculante de los protocolos firmados, estaríamos ante un cierre total de cualquier posibilidad de negociar con la guerrilla del ELN, o con cualquier otro grupo armado ilegal en el día de mañana. Parece ser que, en los cálculos políticos del Gobierno, poco o nada importaría comprometer la palabra y la imagen del Estado colombiano. Y es así, porque encontraron en el atentado terrorista el mejor escudo para resistir las críticas que pueda recibir ante el desconocimiento de los protocolos de negociación con el ELN y la embarazosa posición en que coloca al Gobierno de Cuba al pedirle que captura y extradite a Colombia a la cúpula guerrillera en calidad de detenidos.
Según el constitucionalista y exalcalde de Bogotá, Jaime Castro, existe entre Colombia y Cuba un viejo tratado de extradición que estaría por encima de los protocolos porque, dijo, “un tratado de extradición sí tiene un carácter vinculante entre estados” (Semana en Vivo).

Estamos, pues, ante una situación delicada cuyo desenlace final se puede resumir en tres puntos:
1. Si sale adelante la tesis de no vinculación al Gobierno Duque de los protocolos suscritos por el Gobierno Santos, Colombia le asestará un golpe definitivo a la posibilidad de abrir de nuevo etapas de una paz negociada.
2. Si el gobierno de Cuba sigue los protocolos y permite a los helenos el regreso a Colombia en las condiciones previstas y suscritas en el Gobierno Santos, es posible que el Gobierno Duque esté pensando en la posibilidad de entrar a revisar las relaciones diplomáticas con Cuba. Y si eso fuera así, seguramente las fuerzas militares activarán operativos para hacer la persecución en caliente, con todo y los riesgos que ello implicaría para las comunidades rurales.
3. A todo este corolario particular de Colombia, súmele el conflicto derivado de Venezuela del cual, no solo no nos podemos escapar, sino que somos parte interesada en lo que Duque llama, “la restauración democrática” en el hermano país que exige la caída del régimen chavista encabezado por Maduro.

El coctel no está para fiestas…
Adenda: si es cierto que la cúpula del ELN, instalada en Cuba, no supo o no sabía del operativo que terminó con el atentado dinamitero contra la escuela de cadetes de la Policía Nacional, estamos ante un problema evidente de fractura en la línea de mando de esa guerrilla. 

Fuente: La otra tribuna
oquinterofer@gmail.com

sábado, 24 de febrero de 2018

¿A qué le tiras mexicano?


Por Víctor Manuel Barceló R.:

Con Paraguay hemos revisado los procesos eleccionarios de tres países de la Región a saber: Cuba, Costa Rica y Paraguay, cubriendo el Caribe, Centro y Sudamérica. Veremos ahora las condiciones preelectorales y las perspectivas en los eventos eleccionarios de: Colombia (mayo), México (julio), Brasil (octubre) y Venezuela (diciembre) salvo el adelanto decidido hace poco tiempo que las trae a finales de abril. Sin considerar a Cuba y Venezuela, los demás mencionados se manejan en situaciones de tendencia centro y centro-derecha, con grupos en el ánimo de avanzar hacia la ruta del progresismo, cuya capacidad de convocatoria se verá en los eventos citados.



El sentido común puede llevarnos a realizar apreciaciones un tanto superficiales respecto a lo que viene ocurriendo en Colombia, con un acuerdo de la guerrilla (FARC-gobierno) y un gobernante que, por tales acciones se hizo acreedor al Premio Nobel de la Paz. Las posiciones están dadas, la Elección Presidencial se celebrará el domingo 27 de mayo del 2018. De acuerdo a las leyes electorales, el candidato ganador debe obtener la mitad más uno del total de votos válidos; de no ocurrir tal resultado, se realizará una 2ª vuelta entre los dos candidatos con mayor votación. Esta se realizará el domingo, 17 de junio del mismo año.

Secuencia de la incorporación del Partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), serán seis senadores más, -de 102 a 108- cinco curules se le asignaron a dicha expresión política, en el Acuerdo de Paz y otra que le corresponderá al candidato presidencial que saque la segunda votación -dispuesto por la Reforma del Equilibrio de Poderes que vale analizar-. Lo mismo ocurrirá en la Cámara de Representantes.

Previo a la elección presidencial, se realizarán los comicios para constituir el Congreso. Las votaciones se llevarán a cabo el 11 de marzo próximo, en todo el país. Se habla de que la mayoría de candidatos presidenciales tiene seguidores falsos, según una nueva investigación sobre la influencia en las redes sociales de los aspirantes a la presidencia, realizada por Adalid (empresa de seguridad informática forense) y Loor (agencia de reputación de marcas). Tales trabajos evidenciaron que algunos candidatos registran seguidores en Facebook, desde perfiles pertenecientes a países como Turquía, Egipto, Pakistán y la India. Ver:http://www.eltiempo.com/tecnosfera/novedades-tecnologia/estos-son-los-seguidores-falsos-de-los-candidatos-presidenciales-en-facebook-177262

Resta poco más de un mes para la primera cita electoral de los colombianos en este 2018, que definirá el nuevo mapa político del país y que determinará en buena parte, la gobernabilidad que tendrá el nuevo Presidente de la República. La composición del nuevo Congreso tendrá algunos cambios que pueden llegar a ser definitivos al momento de conformar las llamadas coaliciones. Para empezar,  habrá seis senadores más –según vimos-. Esa misma figura se adoptará en la Cámara de Representantes, donde asumirá el candidato a la Vicepresidencia, de la fórmula perdedora. En dicha corporación habrá más cambios: seguirán siendo 166 representantes fijos, dado que si bien el Equilibrio de Poderes, le quitó una curul a los colombianos en el exterior y se la dio a San Andrés y Providencia, a la del “vice” perdedor se suman los cinco escaños transitorios otorgados a FARC. En total serán 172 escaños que estarán en disputa el 11 de marzo para la Cámara.

Ahora bien, desde lo electoral, si un partido político quiere llegar a ocupar una curul en el Senado deberá pasar el umbral, cercano a los 500.000 votos. En las elecciones del 2014 se registraron 14,3 millones de votos y este año se calcula que saldrán a votar un millón más de personas, es decir 15,3 millones. Los cálculos para la Cámara varían de acuerdo al tamaño de cada departamento. Los escaños asignados a la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) son fijos, a ellos no se le aplicará el umbral, pero si obtienen más votos del mínimo requerido, podrán obtener más posiciones, en las dos corporaciones.

 En el actual mapa electoral colombiano (2014-2018), el partido mayoritario en el Senado de la República es el Partido Social de Unidad Nacional (de La U), con 22 senadores salidos de la línea liberal, pero con tendencia de derecha. En la Cámara las bancadas con más representatividad son la del Partido Liberal Colombiano y también la de La U, con 39. Los escándalos de corrupción -Odebrecht y el ‘Cartel de la Toga-, son algunos de los “escarnios” que enfrentarán los grupos políticos tradicionales, lo que hace inseguro que esa preponderancia se conserve.

En el momento las apuestas por los ocho partidos principales, son las siguientes: Partido de la U del presidente Juan Manuel Santos, se aprecian problemas que llevarían a resultados no muy buenos (escándalos de corrupción que envolvieron a varios de sus senadores (Bernardo Elías, Musa Besaile y Armando Benedetti, entre otros). De allí que, el partido no tenga candidato presidencial. El presidente del partido, Aurelio Iragorri, aseguró que proyectan alcanzar 15 curules en el Senado de 21 actuales. En la Cámara, de 39 se proyecta caigan a 20.

Partido Verde (Colombia) Alianza Verde. Salen a las elecciones con el fantasma del “umbral”. Son cinco senadores y seis representantes a la Cámara. La esperanza de ser una lista muy votada al Senado. Están en el ex candidato presidencial y profesor Antanas Mockus. Hay opiniones divididas: mientras la actual representante y aspirante al Senado Angélica Lozano prefiere “no hacer cábalas ni cuentas alegres, sino que con mucho entusiasmo toda la gente del partido está trabajando”, su presidente, el senador Jorge Iván Ospina, considera que: “Vamos a sacar 10 senadores y entre la Alianza Verde y el Polo sacaremos 24 representantes a la Cámara”.

Partido Liberal Colombiano. El más antiguo, junto con el Conservador (1848) busca mantenerse al menos en la misma cantidad de curules y crecer en cantidad de votos, 17 senadores y 39 representantes. El liberalismo tiene de cabeza de lista al joven barranquillero Mauricio Gómez Amín, quien actualmente es representante a la Cámara. “No bajamos la guardia, el ex presidente César Gaviria dio claras instrucciones de hacer una campaña las 24/7 y les pidió a todos los candidatos trabajar para obtener el favor, la aceptación de los colombianos”, aseguró el estratega de la campaña liberal Jhon Álvarez.

Partido Conservador Colombiano. En las antiguas huestes “azules” la proyección es moderada. Su presidente, senador Hernán Andrade, no se aventura a dar cifras. Esperan mantenerse en los dos millones de votos del 2014, lo que les permitió tener 19 senadores y 27 representantes y los ubicó como el tercer partido mayoritario. Las apuestas para el Senado están en el ex representante Miguel Gómez y el representante David Barguil. Apuntan a que, como mínimo, su presencia en el Congreso se duplicará (de 9 a 18 senadores y de 16 a 32 representantes a la Cámara). El candidato presidencial Germán Vargas Lleras sostuvo “nos hacemos la esperanza, y bien fundamentada, que seremos el partido mayormente representado en el Congreso”.

Centro Democrático (Colombia). El partido del ex presidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez tiene en sus proyecciones ser el más grande en el Congreso de la República, desde el próximo 20 de julio. Los cálculos son concretos: crecer al menos 5 senadores, para sumar 25, mientras que en la Cámara esperan pasar de 19 a por lo menos 29 representantes. El candidato presidencial del Centro Democrático, Iván Duque, indicó que “antes que ganar la Presidencia de la República, debemos asegurar que seamos la fuerza política más grande en el Congreso para poder aprobar la reformas que necesitaremos”.

 Partido Opción Ciudadana. Este partido actualmente tiene presencia en el Congreso y sopesa el reto de alcanzar el umbral. Cuentan con cinco senadores y seis representantes a la Cámara. El senador y cabeza de lista, Antonio José Correa, aseguró que confían en que el trabajo político que desarrollan en todo el territorio nacional les llevará a mantenerse en las cifras actuales.
 Polo Democrático Alternativo. Divisiones internas y el no ir en coalición con los ‘verdes’ le llevan a ver en el “umbral” su principal reto. La proyección del presidente, Álvaro Argote, es que el partido mantenga la misma representación actual: cinco senadores y tres representantes. El ex candidato presidencial y actual senador Jorge Enrique Robledo está a la cabeza de lista de este partido para el Senado de la República.

Para el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta, (Mira) de origen católico, cristiano, la del próximo 11 de marzo será la elección de revancha, ya que en 2014 no pudo ganar curul y solo tuvo tres puestos en la Cámara de Representantes. Su presidente, Carlos Baena, aseguró que la experiencia fue aprendida y que esperan volver a ganar curules en el Senado. También el umbral es su fantasma.
Ver: http://www.elpais.com.co/elecciones/elecciones-congreso/asi-van-las-apuestas-de-los-partidos-politicos-para-las-elecciones-al-congreso.html

La política Colombiana se caracteriza por una larga presencia de un predominante bipartidismo. Pocos países latinoamericanos o caribeños hay donde los Partidos Liberal y Conservador, sobrevivieran como corporaciones principales hasta el siglo XX, manteniéndose vigentes en pleno siglo XXI.

La historia colombiana vivió en tiempos pasados, un radicalismo político que desencadenó diversos conflictos armados intestinos, guerras civiles que le forzaron, por intereses transnacionales, estadounidenses para la construcción del Canal interoceánico, a la separación de Panamá (1903). Al final de la Guerra de los Mil Días que destrozó a los partidos tradicionales, los ideales comunistas tomaron fuerza en el ala radical del Partido Liberal y también conllevó a la creación del Partido Comunista Colombiano y otros partidos. Todas las expresiones de izquierda siempre fueron minoritarias. Recientemente, la socialdemocracia logra verse como una 2ª opción de poder con el Partido Liberal y el Polo Democrático Alternativo. En la derecha se consolida el Centro Democrático.
Para las elecciones de mayo por la presidencia de la República, participarán, hasta ahora: Iván Duque Márquez del Partido Centro Democrático; Germán Vargas Lleras del Partido Conservador Colombiano; Gustavo Francisco Petro Urrego del Polo Democrático Alternativo (o PDA) de tendencia socialdemócrata; Sergio Fajardo Valderrama por la Coalición Colombia conformada por el Polo Democrático Alternativo, la Alianza Verde y el Movimiento Compromiso Ciudadano. Finalmente Rodrigo Londoño Echeverri, comúnmente conocido por Timoleón Jiménez o Timochenko candidato del FARC.

Habrá que estar pendientes de los resultados de los comicios de marzo y conocer la nueva composición del Congreso colombiano. Si se disparan positivamente los grupos no tradicionales, podrían alterar las candidaturas a la presidencia que por ahora se concentran en cinco nombres apuntalados por partidos de diverso color, que hacen predecir dificultades para que alguno de ellos se levante con la victoria en la 1ª vuelta de mayo. Esto da amplio interés a la espera e intensifica la promoción de cada candidato con sus planteamientos, no solo para jalar el voto ciudadano, sino para hacer conocer los compromisos que están dispuestos a defender ante los ciudadanos y con respecto a la relación y postura internacional de Colombia. (Continuará)
V_barcelo@hotmail.com