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miércoles, 9 de septiembre de 2020

El Vía Crucis de Europa (Parte I)



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

En un editorial del 3 de mayo del periódico francés Le Monde se hace un análisis acerca de cómo la crisis producida por el coronavirus ha transformado el entorno geopolítico global. En la publicación se señala que Estados Unidos ha perdido el liderazgo mundial y que el orden internacional creado al final de la segunda guerra mundial "ya no se adapta a la realidad del equilibrio de poder del siglo XXI".


El vespertino parisino aprecia que este sistema ya era frágil antes de la pandemia, aunque reconoce la opinión de aquellos que estiman que lo era incluso antes, es decir desde el momento en que se produjo el fin de la guerra fría. También valora que estos hechos, a los que suma la emergencia de China “desequilibraron gradualmente” el orden bipolar, dando paso a uno de carácter multipolar.

En este contexto, el editorial establece que la unidad de Europa no resistió el golpe propinado por la pandemia, toda vez que no fue capaz de dar una respuesta solidaria con los miembros más afectados. Así mismo, el artículo deplora el “egoísmo” de algunos países que han optado -en la práctica- por restituir sus fronteras poniendo en riesgo “dos pilares de la Unión Europea”: el espacio Schengen y el mercado único. Finaliza diciendo que a pesar que Europa cree en el multilateralismo está siendo “abandonada por Estados Unidos, codiciada por China, fría con Rusia", por lo cual si desea tener una participación protagónica en el mundo de la post pandemia, debería comenzar por restablecer su organización interna.

Tres días después de la publicación de este editorial, se realizó de forma virtual la reunión cumbre de la Unión Europea (UE) conducida desde Zagreb, Croacia, país que ocupa la presidencia rotatoria de esa alianza. A pesar que el tema principal fue la lucha conjunta contra el coronavirus y las medidas a tomar para la recuperación económica del conglomerado, no se tomó ninguna resolución que indicara la voluntad de los 27 por ampliar su membrecía, a la que aspiran 6 países de los Balcanes.

Los esfuerzos desesperados de Serbia para aceptar ser incluida en la organización regional europea ha llevado al presidente de ese país Aleksander Vučić a contradictorias opiniones que han ido desde la aceptación  en marzo de este año de que “la solidaridad europea no existe” y que “solo China nos puede ayudar” hasta la decisión ahora en septiembre, bajo influjo de Estados Unidos, de hacer un acuerdo comercial con Kosovo, país al que no reconoce, al mismo tiempo que ambos (Serbia y Kosovo) decidieran instalar sus embajadas en Jerusalén, violando una resolución de Naciones Unidas.

Tal vez este hecho sea sintomático, más que ningún otro, de la pérdida de brújula y de los desvaríos de Europa en materia internacional lo cual ha repercutido en la merma de su prestigio y la pérdida de posicionamiento y protagonismo en el escenario global. Su indefinición identitaria que la ha llevado a ir abandonando su vocación europeísta para ir asumiendo una de carácter atlantista que la subordina a Estados Unidos (a pesar de las evidentes contrariedades y conflictos que le genera), auguran un futuro complicado para la alianza que agrupa a una buena parte de los países  del Viejo Continente.

En primera instancia, la preocupación inmediata de la UE es intentar reparar los daños de la crisis” y preparar un futuro mejor para la próxima generación” según señaló la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen  al presentar en el Parlamento Europeo las líneas principales de su propuesta de fondo de recuperación en la UE frente a la crisis del coronavirus. Sin embargo, para el Dr. Juan Torres López Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, “los propios términos utilizados y la naturaleza de las medidas adoptadas indican que lo que se puede conseguir con ese plan es algo muy distinto [de] lo que se dice”.

Más allá de las complicaciones internas y de la ineficiencia mostrada en el manejo de la crisis de la pandemia, la UE confronta otros problemas que, como se dijo antes, dicen referencia a definiciones de carácter identitario. Una de ellas, es su decisión aún no establecida de definir si es aliada o subordinada a Estados Unidos. En este ámbito, Alemania, la principal potencia regional, que ha sido caracterizada como la “locomotora económica” de la Unión enfrenta un variado menú de presiones por parte de Estados Unidos.

Por una parte, Trump amenazó con la retirada de 9.500 de sus 34.500 soldados estacionados en el país centroeuropeo en una decisión unilateral de su gobierno que no fue consultada con su contraparte. En una tibia y vergonzosa respuesta el ministro de Exteriores de Alemania, Heiko Maas, comentó que "la decisión” no fue consensuada al 100% dentro del Gobierno de Estados Unidos por lo que "no sorprende" que no haya acordado la iniciativa con Berlín. Al consultársele al alto funcionario alemán sobre la relación bilateral con su “aliado” norteamericano, Maas se limitó a decir que la relación entre los dos países era "complicada".
Por su parte, en la víspera de que Alemania asumiera la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea el 1° de julio, la canciller de ese país, Angela Merkel, sorpresivamente aseguró que la hora de la soberanía estratégica europea aún no ha llegado, pues todavía existen "sobradas razones", como China o India, (Ojo, no mencionó a Rusia) para "continuar apostando por una alianza transatlántica de defensa y por un escudo protector nuclear común". Una primera mirada a esta declaración refleja las dudas de la principal líder europea respecto de su capacidad de defenderse a sí misma y la justificación –por tanto- de la necesaria subordinación a Estados Unidos. Merkel lo dejó claro cuando afirmó que el actual entorno mundial requiere que la UE "aporte más" a la causa común de la OTAN, que en épocas de la Guerra Fría cuando Estados Unidos y la Unión Soviética luchaban por alcanzar el rol de ser la mayor potencia mundial. Resulta más que curioso que el hecho de no haber un aporte mayor de Alemania a la OTAN sea la causa esgrimida por Trump para retirar los soldados estadounidenses de las bases militares en ese país.

No obstante esto y agregando una nueva arista al juego geopolítico mundial, Merkel se ha visto obligada a reconocer -a despecho de Trump- que China tiene un papel relevante en las decisiones políticas y económicas en el mundo. Por ello, la canciller alemana ha dejado claro que Berlín va a continuar colaborando con Beijing.

Incluso en la presidencia rotativa alemana de la Unión Europea, el gobierno de Merkel y ella misma están trabajando para llevar a cabo la primera cumbre entre la UE y China en formato 27+1 por primera vez en 45 años, a pesar de los aplazamientos debidos al coronavirus y de las tensiones surgidas entre Occidente y China tras los sucesos de Hong Kong.  Alemania no puede olvidar –también a despecho de Trump- que China es su principal inversor externo.

Es por ello que Alemania no ha asumido las mismas medidas que Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia en relación a Hong Kong, no adoptando sanciones contra China y tratando de mantener una neutralidad que no genere reticencias en Beijing donde  también están viendo la presidencia alemana como una posibilidad de incrementar los vínculos.

Aquí se manifiesta una de las expresiones del “Vía crucis” al que me refiero. Aunque Europa sabe que las negociaciones con China no serán fáciles si se considera que debe tomar una decisión que se presenta antagónica entre la necesidad de contar con el mercado chino, el comercio creciente entre las dos partes y sobre todo la inversión que está fluyendo a raudales desde la potencia asiática por una parte, y por otra, la necesidad de contar con Estados Unidos para que la proteja de un enemigo que ellos mismos han fabricado a expensas de la voluntad de Estados Unidos, toda vez que no hay amenaza creíble a Europa ni desde Rusia ni desde Irán.

Se trata de definir hasta donde llega la autonomía real de la UE respecto de Estados Unidos, eso que parecía evidente en tiempos de De Gaulle, hoy ya no lo es tanto. Europa busca desesperadamente encontrar un enfoque equilibrado y pragmático como lo señala el vicedirector del Instituto de Europa de la Academia de Ciencias de Rusia, Vladislav Belov.

Europa pareciera estar resolviendo el asunto de su relación con China, lo hace por razones económicas ineludibles y por pragmatismo forzoso, pero la agenda internacional está nutrida de muchos elementos en los que no se manifiesta la misma condición en tanto no hay exigencias económicas obligatorias. Ese mismo pragmatismo la lleva a no mostrar rubor en el momento de postrarse ante el amo imperial que la acosa y la humilla.
Continuará la próxima semana

sergioro07@hotmail.com


martes, 21 de julio de 2020

Algunas pistas de cara al futuro post-pandemia



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Nadie sabe con certeza que pasará y hacia dónde irá el mundo de la post pandemia, pero me atrevo a asegurar que, en el largo camino de la revitalización deseada, la economía global o mejora de la mano de China o no se arreglará nunca.

Los signos en ese sentido son claros. De una parte, la crisis de Estados Unidos no parece mostrar que ese país esté capacitado para acudir en ayuda del renacimiento de la economía planetaria. Un informe del Departamento del Tesoro, dado a conocer el pasado martes 14 de julio, da cuenta de que el déficit presupuestario del país alcanzó un récord de 864 mil millones de dólares en junio a causa de la pandemia de Covid-19 que ha obligado a elevar el gasto en programas destinados a combatir la recesión económica, a esto se ha unido la pérdida de millones de empleos conduciendo a una reducción de los ingresos fiscales del país.


En este contexto, se hace evidente que la meta de alcanzar un déficit de 3,7 billones de dólares para el año fiscal que había sido pronosticado por la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) será superada ampliamente antes de la fecha de cierre del 30 de septiembre. Según esta instancia parlamentaria, la deuda del país se incrementaría hasta el 101 % del PIB por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, lo cual expresa que la deuda pública será mayor que la producción económica nacional del año.

La cadena de televisión ABC News señaló que, de alcanzarse esa cifra, el registro anual de déficit superaría en más del doble el récord anterior de 1,4 billones de dólares establecido en 2009 cuando el gobierno estaba gastando mucho para sacar al país de la recesión causada por la crisis financiera de 2008. Vale decir que, en el pasado, el déficit federal se consideraba abultado cuando rondaba el billón de dólares al año.

En el otro lado de la balanza, el comercio exterior de China registró un crecimiento interanual del 5,1% en junio, con un alza de 4,3% en las exportaciones y de un 6,2% en las importaciones según datos oficiales publicados también el martes 14. A pesar de la pandemia, los resultados son mejores que lo esperado según afirmó en conferencia de prensa Li Kuiwen, portavoz de la Administración General de Aduanas.

Tras la abrupta caída del primer trimestre del año, a partir de abril el comercio exterior ha mostrado evidentes signos de recuperación. Como datos interesantes vale decir que la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) se mantuvo como el mayor socio comercial de China con un aumento del 5,6%, mientras que la Unión Europea y Estados Unidos disminuyeron un 1,8% y un 6,6% respectivamente durante el mes de junio. En el primer semestre del año, el comercio bilateral entre China y Estados Unidos cayó un 9,7% en comparación con el año pasado. Es importante resaltar que, del total de 233.900 millones de dólares, 177.500 millones corresponden a exportaciones chinas a Estados Unidos y 56.400 millones a importaciones de bienes estadounidenses al gigante asiático, destruyendo de esa manera el plan de sanciones y aumento de aranceles de Trump que se proponían disminuir el déficit. Ha quedado claro que tal política ha fracasado estrepitosamente 

Sin querer echar “las campanas al vuelo” y asegurando que todavía deben seguir haciendo grandes esfuerzos en este segundo semestre del año, las autoridades chinas aseguran que “el comercio exterior del país es resiliente y tiene mayor margen de maniobra”.
sergioro07@hotmail.com

miércoles, 27 de mayo de 2020

Pistas para analizar el probable mundo de la post pandemia



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
En varios de mis artículos he dicho que es muy pronto para hacer predicciones respecto de lo que pudiera ocurrir en la post pandemia cuando todavía la primera potencia mundial no ha logrado controlar el virus y en el mayor país de la región se encuentra en plena expansión.

La capacidad que tengan los gobiernos de ambos países en el sometimiento de la pandemia va a influir en gran medida en la vida del planeta y de nuestro continente. De ahí que me parece aún prematuro esbozar un punto de vista acabado sobre las perspectivas que se vislumbran en el futuro cercano y un poco más allá.
No obstante eso, varios lectores me han escrito para decirme que intente una suerte de análisis simple de variables que permitan hacer una proyección de la situación creada por el Covid19 y sus consecuencias.


Habiendo dicho eso, me atreveré a formular algunas impresiones que podrán servir como aproximaciones para el estudio, nunca como ideas selladas sobre este asunto, considerando que aún está en pleno progreso.

Tal vez lo primero que habría que decir es que entre los bloques de poder mundial el que saldrá menos golpeado de la pandemia será China. Si hacemos un símil con el fin de la segunda guerra mundial de la que Estados Unidos emergió en las mejores condiciones económicas tras no haber sido golpeado por el conflicto, podríamos proyectar que ahora China tendrá una capacidad análoga de superar las consecuencias de la crisis e incluso seguir desarrollando un “Plan Marshall” que ya estaba en pleno funcionamiento antes de que apareciera el primer caso de Covid19, me refiero a la Iniciativa de la franja y la Ruta de la Seda”.

Si nos atenemos a que ya en abril la exportación de bienes desde China comenzó su recuperación al tener un crecimiento del 8,2% interanual en comparación con la caída de 11,4% en el primer trimestre, se podría mirar el futuro con esperanza si se acepta que estas cifras son expresión de la “fuerte resistencia de la economía china y la sólida demanda externa de productos fabricados en China” como apuntó Zhuang Rui, vicepresidenta del Instituto de Economía Internacional de la Universidad de Comercio y Economía Internacional de Beijing.

Sin embargo, vale decir que durante este mismo mes las importaciones se contrajeron en un 10,2%, lo que si bien es cierto eso significó un superávit comercial de 44,38 mil millones de dólares, se refleja una tendencia que no apunta hacia una posible tracción de la economía mundial a partir del mejoramiento de la situación económica de China. Por esta situación, el comercio exterior chino se contrajo en abril en un 0,7% interanual lo que sin embargo significa una ostensible mejoría si se le compara con la caída de 6,4% del primer trimestre. Si se suma el primer trimestre con abril, la contracción es de 4,9%

Empero, hay que resaltar que el comercio de China con la totalidad de los países de la Franja y la Ruta creció un 0,9% para llegar a casi 385 mil millones de dólares, ocupando un 30,4% total del comercio internacional y alcanzando un crecimiento interanual de 1,7%

En cuanto a las importaciones y exportaciones de bienes de China con la Unión Europea, Estados Unidos y Japón se redujeron durante el período, según los datos de la administración. Sin embargo, el transporte de carga hacia la Unión Europea por vía férrea se ha transformado en un sustituto vital tras la paralización de una parte importante del transporte aéreo. De enero a abril, un total de 2.920 trenes de carga realizaron el recorrido China-Europa, es decir, un 24 % más respecto del mismo período en 2019, haciendo crecer en un 27 % interanual de este tipo de carga.

Con todo, el primer ministro Li Keqiang fue muy cauto al ofrecer una perspectiva para la economía durante este año.  Todas las previsiones iniciales han ido a la baja, sin embargo, se pronostica un crecimiento de alrededor del 1,2% al finalizar el año, lo cual resulta muy positivo si se considera que la contracción de la economía del primer trimestre llegó a un 6,8%. Vale decir que no obstante esto, China se propone difíciles metas en materia de empleo (9 millones en comparación de los 13,2 millones de 2019), de inflación (3,5 %frente al 2,9% de 2019), de déficit público (por encima del 3,6), lo que no ha obviado la mantención de los objetivos más cruciales para el desarrollo y para la preservación del nivel de vida alcanzado. Vale decir que el FMI ha previsto un crecimiento de 9,2% para la economía china en 2021 lo cual resulta muy alentador.

Como apunta el analista español Xulio Ríos: “Parece improbable que China alcance algunos objetivos del XIII Plan Quinquenal, en concreto, la duplicación del PIB y del PIB per cápita en este año con respecto a los niveles de 2010. Menos dudas ofrece el objetivo de erradicación total de la pobreza extrema y la sociedad modestamente acomodada, dos prioridades que el Partido Comunista de China estableció de cara a su primer centenario a celebrarse en 2021” y que se mantienen como logros a obtener durante este año.
Del otro lado del Pacífico, la perspectiva de mejoramiento de la economía de Estados Unidos no ofrece cifras alentadoras ni en el corto ni en el mediano plazo. El índice de desempleo en abril según cifras aportadas por el Departamento de Trabajo de Estados Unidos en un informe presentado el pasado 11 de mayo no tiene precedentes históricos.

Ese día la caída en el nivel de empleo llegó a 20,5 millones de personas. Este es el mayor colapso mensual en la historia.  No solo eso, sino que también superó el récord previo en más de 10 veces. La tasa de desempleo oficial aumentó de menos de 4% a 14,7%, mucho más que cualquier índice desde la Gran Depresión de 1929.

Estas cifras no consideran a los millones que perdieron sus empleos durante las últimas tres semanas que hace que alrededor de 33,5 millones de ciudadanos hayan solicitado beneficios por desempleo desde el comienzo de la cuarentena hace un poco más de dos meses atrás. Según el informe: “6,4 millones de trabajadores más dejaron la fuerza laboral en su conjunto y no se muestran como desempleados, llevando la tasa de participación laboral a su nivel más bajo desde 1973. Otros 11 millones de trabajadores reportaron estar trabajando a tiempo parcial porque no encontraron un empleo a tiempo completo, un aumento de 7 millones desde antes de la pandemia”. Esto lleva a afirmar que aproximadamente una tercera parte de la fuerza laboral se encuentra sin trabajo. Muy difícil que el “America First” propuesto por Trump pueda ser cumplido por mucho que se siga activando la maquinita de hacer dinero.

En contraste, se mismo día 11 de mayo, el mercado bursátil tuvo un manifiesto crecimiento lo cual da cuenta de que en condiciones de pandemia la economía especulativa continúa su “éxito” en detrimento de la economía productiva que tanto necesita el país y que es el centro del proyecto político del presidente Trump. En otras palabras, los casi cien mil muertos y más de millón y medio de contaminados por Covid19 no son óbice para paralizar o estancar a Wall Street, aunque la economía real siga dando tumbos. Al contrario, los multimillonarios han sido beneficiados por el Covid 19 logrando un incremento sustancial y acelerado de sus ganancias.

Ni la administración republicana ni la oposición demócrata parecen tener idea de cómo manejar el asunto más allá de una retórica que solo apunta a ganar votos en las próximas elecciones No hay propuestas de corto plazo para recuperar le economía. Trump ha dicho que no tiene prisa para aprobar una ley que proporcione instrumentos para avanzar en ese sentido y su principal asesor económico Larry Kudlow, apuntó que las conversaciones sobre más medidas de “estímulo” están “en una tregua ahora mismo”.

Por su parte, los demócratas a quienes las circunstancias le han dado oxígeno para una elección que tenían perdida a comienzos de año, mencionan ayudas adicionales que saben no serán aprobadas por el Congreso, pero que publicitan con desmesura en la búsqueda de votos para un senil y desprestigiado Joe Biden quien no ofrece mejores perspectivas que Trump en caso de llegar a la Casa Blanca. En el fondo, la clase política estadounidense se encuentra paralizada e indiferente frente a la crisis y frente a la recuperación de la economía, ofreciendo así oscuras perspectivas, independientemente de quien ocupe la más alta magistratura del Estado a partir del próximo enero.

Pero una situación más patética aún, es la que ofrece la Unión Europea. En la reciente cumbre virtual realizada el pasado 6 de mayo con participación de los jefes de Estado y gobierno de sus 27 miembros no se transmitieron buenas noticias. Además de hacer patente su desesperación por sentirse secuestrados por Estados Unidos y la OTAN y sabiendo que en caso de una hipotética contienda nuclear con Rusia no tienen ninguna opción de victoria, los gobernantes europeos no ofrecen comprensibles respuestas frente a la obsesión estadounidense de llevar al Viejo Continente a una confrontación innecesaria y absurda con Moscú. Aunque la “doctrina De Gaulle” de independencia de Europa de cualquier otro poder mundial, ha vuelto a aparecer en el horizonte, salvo algunos temas muy puntuales, los líderes actuales parecieran no tener la suficiente entereza para retar la dominación estadounidense y avanzar en un camino propio que los lleve a una política exterior autónoma favorable a la solución de las necesidades de sus pueblos.

Europa hoy esta permeada de divisiones, no sólo por la retirada de Gran Bretaña, también por las diferencias entre países deudores y acreedores que es lo mismo que decir entre aquellos que imponen las normas y los que las acatan, como se hizo patente con el reciente fallo del Tribunal Constitucional de Alemania que declaró inconstitucional el programa de compra de bonos de deuda del Banco Central Europeo generando una explosión en los cimientos de la alianza que tiene su sede en Bruselas.

En una encuesta realizada por el periódico español La Vanguardia se señala que el 88,89% de los participantes opinaron que ha habido falta de solidaridad en la Unión Europea para el manejo de la pandemia. Así mismo, el 94, 92% cree que el Covid19 hará más daño a la Unión Europea que el Brexit. Ambas cifras son clara expresión del estado de ánimo de un conglomerado que parece desvanecerse.

Sobre este tema, valdría la pena exponer la opinión del influyente diario parisino Le Monde recogida en un editorial de los primeros días de este mes de mayo, en la que se afirma que  Europa no "resistió el asalto del coronavirus", toda vez que quedó “desarmada ante una pandemia que no ha podido ver venir, no ha logrado organizar la solidaridad para los estados miembros más afectados", agregando que el "egoísmo" de los países miembros y el retorno de las fronteras "han puesto en peligro dos pilares de la Unión Europea": el espacio Schengen y el mercado único.

Vale remembrar las dramáticas declaraciones del presidente serbio Aleksandar Vucic quien elogiara la cooperación de China sosteniendo que "la solidaridad europea no existe". En fecha tan temprana como marzo, Vucic dijo que: "Le hemos pedido todo a China. Hemos pedido a China hasta que nos envíen médicos". Al referirse al presidente de la nación asiática confesó que confiaba en “mi hermano y amigo Xi, y confío en la ayuda china. Añadió que: “El único país que puede ayudarnos es China. Y los otros, pues muchas gracias" señalando finalmente que: "Ya entienden que la gran solidaridad internacional de hecho no existe. La solidaridad europea no existe. Fue un cuento de hadas sobre el papel".

El mencionado editorial de Le Monde enuncia que la Europa abandonada por Estados Unidos, codiciada por China y fría con Rusia "todavía cree en el multilateralismo", pero advierte que si quiere ejercer alguna influencia en el orden mundial de un futuro post pandemia "debe comenzar organizando su propia reconstrucción económica, en solidaridad y decididamente".

En referencia al orden mundial que emergerá del control del Covid19, que es el origen de la inquietud de los lectores que me escribieron motivando este artículo, vale la pena también analizar la opinión del periódico francés, vocero de las élites de ese país que afirma que ante la crisis global producida por el Covid19 y las transformaciones geopolíticas que esta produce, Estados Unidos ha perdido su papel de liderazgo mundial.
En el mencionado editorial se afirma que el orden internacional existente desde el fin de la segunda guerra mundial era débil incluso antes del inicio de la pandemia y que el mismo "ya no se adapta a la realidad del equilibrio de poder del siglo XXI". Además, asegura que habría que retrotraerse al fin del mundo bipolar para entender el colapso del sistema actual asumiendo que el fin de la Guerra Fría, la desaparición de la Unión Soviética y el surgimiento de China como potencia económica global “desequilibraron gradualmente" un mundo basado en la dualidad estadounidense-soviética, de manera que "el orden bipolar fue sucedido por un desorden multipolar”.

De igual manera, Le Monde establece que esta crisis también enseña que Estados Unidos ya no puede ejercer el papel de liderazgo global que se había auto asignado en el siglo XX.
Como dije al comienzo, este panorama puede aportar algunas pistas de hacia dónde se orienta el mundo en el futuro de la post-pandemia. Cada quien debe sacar sus propias conclusiones.