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sábado, 26 de enero de 2019

Estados Unidos contra Venezuela: un bufón para un circo de 12 países.


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Es difícil responder algunas preguntas en la Venezuela de hoy. Creo que ni el gobierno de Venezuela ni el de Estados Unidos (los únicos actores verdaderos en este conflicto tienen todas las respuestas), sobre todo porque lo ocurrido es una situación inédita, en Venezuela, en América Latina y posiblemente en el mundo, es decir un golpe de Estado que se planifica, organiza y dirige desde el exterior, lo cual es normal desde que Estados Unidos existe como potencia, pero en este caso también se ejecuta en el exterior, lo cual es una novedad. El resto de participantes de este drama, incluyendo la oposición venezolana y los 10 países del Grupo de Lima más Ecuador -que se plegó a éste para ajustar el comportamiento fascista del traidor que ostenta la presidencia, al de sus colegas de la región- son meras fichas de relleno para la consumación de los planes imperiales.

En Venezuela, el golpe de Estado se inició con las declaraciones del vicepresidente Pence y se consumó con el reconocimiento de Guaidó por parte de Trump. De hecho, la manifestación convocada por la oposición amenazaba con ser un nuevo fracaso y fue solo tras el reconocimiento de Trump que las fuerzas opositoras se movilizaron masivamente al sentir el respaldo de Estados Unidos, esto se corrobora con las declaraciones de Diosdado Cabello respecto de su reunión el día anterior con Juan Guaidó ( que no desmintió en una entrevista con una periodista colombiana de Miami) en la que éste hizo ciertos compromisos que fueron incumplidos al día siguiente después de recibir una llamada desde Washington. En este sentido, se repite la actuación en República Dominicana, en años anteriores, cuando tras llegar a un acuerdo negociado con el gobierno para solucionar pacíficamente las controversias, dos llamadas telefónicas, una desde la capital imperial y otra desde Bogotá, hicieron que sus delegados no suscribieran el acuerdo. Esto reitera que la oposición venezolana no tiene criterio propio y actúa como marioneta de la presidencia de Estados Unidos. 

Pero, volviendo a los acontecimientos recientes, hay que decir que fue Trump el que movilizó a la oposición el día 23 al anunciar el reconocimiento de Guaidó como “presidente interino”, con lo que trataba de dar respaldo de masas a una decisión que violenta los aspectos más elementales del funcionamiento del sistema internacional.
No sé si seré muy grandilocuente, pero en el futuro se podrá decir que el 23 de enero de 2019 se le descerrajó el golpe más artero que jamás haya recibido el derecho internacional, así como los principios que regulan los vínculos entre Estados después de la segunda guerra mundial y los fundamentos jurídicos, políticos y éticos  que rigen estos vínculos.

Los que creían haber visto todo en materia de transgresión jurídica en el mundo, los que vimos el golpe de estado contra Allende organizado y financiado por Kissinger los que estructuraron el Plan Condor para asesinar luchadores sociales y políticos en América Latina, los que destituyeron y secuestraron impunemente a los presidentes Aristide en Haití y Zelaya en Honduras, los que propiciaron la destitución sin pruebas de la presidenta Rousseff en Brasil y la prisión injusta de Lula para nombrar a su responsable como ministro de justicia del gobierno neofascista que se instaló en el poder en Brasil, los que auparon a las dictaduras de seguridad nacional en los años 70 y 80 del siglo pasado, los que protegen a los delincuentes que gobiernan en la mayor parte de los países del Grupo de Lima, los que apoyan ilimitadamente el genocidio en Colombia, ahora intentaron una nueva modalidad: sustitución del derecho por la fuerza, nombramiento de presidentes desde Washington y utilización de la embajada de Estados Unidos como “palacio de gobierno” de los usurpadores del poder. Ni siquiera en el siglo XIX, en tiempos del “Gran Garrote” o de la “Diplomacia del Dólar”. Pasó al olvido aquella frase de que la democracia solo vale cuando emerge de elecciones: se les olvidó en Honduras al nombrar a Micheletti, se les olvidó en Brasil al nombrar a Temer y ahora su putrefacta democracia lo olvida en Venezuela. Ni los gobiernos más intervencionistas de Estados Unidos: el de Nixon, el de Reagan, el de Bush y el de Obama habían llegado tan lejos.  

 Todo esto no dejó otra opción al presidente Maduro que romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos, un gobierno soberano no puede aceptar que otro país, por muy potencia que sea, asuma derechos constitucionales que solo les competen a los venezolanos, mucho más cuando se trata de designar a un presidente y no lo puede aceptar porque dejaría de ser soberano y por tanto no tendría razón de existir. Ahora, Estados Unidos anunció que no consideraba válida esa decisión por lo cual acogió a Guaidó en su embajada, transformándola en “palacio de gobierno” del autonombrado, es decir Guaidó “dirige” desde el exterior, está en otro país, mientras que su otro cargo: el de presidente de la Asamblea Nacional en desacato si lo ejerce desde Venezuela. Habla de dictadura, pero un mismo personaje ostenta la máxima responsabilidad de dos poderes públicos, hablan de respeto a la Constitución, pero la violentan al crear la figura de “presidente interino” que no existe en la Carta Magna, ¡una total incongruencia!

Está claro que Guaidó recibe órdenes directas de Washington y es Estados Unidos el que toma las decisiones.  Quedó de manifiesto cuando se produjo su autonombramiento y se puedo observar la cara de sorpresa de los vicepresidentes de la Asamblea en desacato quienes se enteraron en ese momento de la “movida”. En su desesperación Guaidó se olvidó de comentarle la última instrucción recibida desde la Casa Blanca. El próximo paso fue el dado por el Secretario de Estado Pompeo, el que, cual típico matón que recuerda a sus antepasados italianos de la provincia de Pescara en la Región de Abruzzo al este de Roma, amenazó con una invasión militar si el gobierno de Venezuela tomaba acciones contra Guaidó o contra la sede de la Embajada de Estados Unidos en Caracas.
Esto ha creado una situación inédita en el marco del derecho internacional. Hasta el momento, Guaidó ha sido reconocido por 12 países incluyendo a Estados Unidos, por el secretario general de la OEA y por el secretario del Consejo Europeo, Donald Tusk. En otro claro ejemplo de timo político han creado una ficción, para autodenominarse comunidad internacional, asumiendo su representación apoyados en que uno de esos 12 países tiene la mitad del arsenal nuclear del planeta, y actuando como si el resto de los más de 180 naciones independientes del planeta no existieran.

Al ser una situación inédita, es difícil predecir el desenlace, se podría prever que Guaidó pueda tomar disparatadas medidas encumbrado por Estados Unidos y sus casi 7000 ojivas nucleares además de las 800 bases militares que tiene dispersas por el mundo. Por ejemplo podría solicitar ayuda militar a Estados Unidos, lo cual en los hechos sería la justificación “legal” de una intervención armada, o apoderarse de las instalaciones de Citgo, la filial de PDVSA en Estados Unidos, intentar ocupar las embajadas e instalaciones diplomáticas de Venezuela en los países que han reconocido a Guaidó y por supuesto, Estados Unidos podría firmar con Guaidó un “acuerdo de cooperación” que permitiría la aprobación legal por parte del Congreso de Estados Unidos de una partida financiera para que haga política e intente realizar acciones de mejoramiento de la situación económica del país esperando ganarse el apoyo de la población que vive agobiada por la crisis económica.

Habrá que esperar en los próximos días el desarrollo de los acontecimientos, considerando que Guaidó no ha logrado ningún apoyo de las fuerzas armadas y que las instituciones del país siguen respondiendo al gobierno de Venezuela, a la Constitución y a las leyes del país.

Ya en la noche del 23 de enero se desataron acciones violentas por parte sectores de la oposición, lo cual se inserta en el plan de Estados Unidos. La supuesta transición no puede producirse sin violencia, porque mientras las fuerzas armadas se mantengan leales a Maduro no hay transición posible, por eso necesitan una guerra civil o una intervención armada. En el primer caso -para desatarla- se requiere que haya un quiebre en las fuerzas armadas, lo cual teóricamente se podría producir si una situación de violencia generalizada obliga a la institución castrense a actuar para restablecer el orden interno. En ese caso, Estados Unidos apuesta a que las fuerzas armadas no tengan una opinión única de cómo operar, se produzca un quiebre que se exprese como enfrentamiento entre dos sectores militares que sirva para justificar una “intervención humanitaria” a fin de “restablecer el orden”. Hasta este momento, ese plan ha fracasado porque las fuerzas armadas se mantienen unidas y leales al gobierno, por lo cual se puede prever que intenten incrementar las acciones violentas, esperando llegar a una situación similar a los fracasados experimentos terroristas de 2014 y 2017.

Ante esto, el presidente Maduro en su discurso del día 23 de enero, con mucha serenidad planteó las directrices más generales del accionar del gobierno:  mantener movilizado al pueblo, garantizar la unidad cívico militar, hacer una administración más eficiente y actuar con paciencia y tino político para evitar las provocaciones que Estados Unidos implementará, sobre todo en lo relacionado a la creación de este gobierno paralelo sin sustento en la Constitución. El espacio de maniobra es reducido cuando hay que enfrentarse a la mayor potencia del mundo controlada además por un gobierno en el que prima la irracionalidad tanto en su política interna como internacional.

Finalmente, este aspecto: el internacional es muy relevante en este contexto, China y Rusia deberían jugar un papel activo denunciando la violación del derecho internacional, la Carta de la ONU e impidiendo cualquier resolución que intente Estados Unidos en el Consejo de Seguridad para legalizar la intervención , tal como lo logró en el caso de Libia, e incluso promover una resolución del Consejo de Seguridad llamando a la búsqueda de un desenlace pacífico y por vía de negociaciones del conflicto interno de Venezuela sin intervenciones extranjeras de ningún tipo y rechazando de plano la acción militar. Muy posiblemente Estados Unidos lo vetaría, pero obligaría a los timoratos a tomar una posición respecto de la paz o la guerra, de la democracia o la dictadura, a favor de solucionar el conflicto en el marco de la Carta de la ONU o en favor de una intervención armada ilegal, toda vez que no ha sido aprobada en el Consejo de Seguridad.

México, tras retomar el apego a su tradición constitucional de o inmiscuirse en los asuntos internos de otros países, está señalando el camino del respeto a la Carta de la ONU en la solución de conflictos, estoy seguro que cada vez mayor cantidad de países de la región seguirán su ejemplo. Almagro ha logrado que la OEA sea superada por el Grupo de Lima: Estados Unidos se vio obligado a crearlo para conseguir con rapidez y seguridad lo que la OEA no ha sido capaz de proporcionarle: el soporte político para una invasión. Los países del Grupo de Lima al avalar la intervención militar de Trump, se hacen cómplices de éste, y en caso que el pueblo de Venezuela no logre evitar una invasión, serán juzgados como criminales de guerra por la gran cantidad de muertos, desaparecidos, mutilados y desplazados que tal acción producirá. El incremento de la migración que toda guerra produce vendrá a señalarles en la cotidianidad de sus calles, el impacto de su subordinación a la potencia imperial. Si quieren saber cómo es esto, solo deben mirarse en la realidad de la Europa de hoy impactada por la llegada de millones de migrantes provenientes de los países en los que se han desatado guerras imperiales y coloniales.

sergioro07@hotmail.com

martes, 18 de septiembre de 2018

Venezuela-China: potencial y poder en desarrollo


Por Ernesto Wong Maestre:
La avalancha de acuerdos bilaterales firmados por el Gobierno Bolivariano durante la visita de alto nivel presidida por el líder de la revolución chavista y Presidente Constitucional, Nicolás Maduro, a la República Popular China, recién finalizada, contribuirán estratégicamente a elevar el nivel del potencial de Venezuela y también de China, de ahí que ambos gobiernos, actores populares y fuerzas empresariales de una y otra nación se hayan manifestado con entusiasmo e interés por los alcances de las negociaciones y sus resultados. Esos acuerdos tuvieron como fundamentos filosóficos tanto el Pensamiento Chavista como el Espíritu de Shanghai y como referentes principales el desarrollo integral y sostenible de ambos países y la mayor prosperidad para sus pueblos. De su relevancia y sentido tratan las siguientes ideas. .

Como bien reconocen los estudiosos de la potencia y poder de una Nación, desde el alemán Hans Morgenthau (1) o el francés Raymond Aron (2) hasta el venezolano Víctor Maldonado Michelena (3) o el cubano Roberto González (4), el potencial de un país está dado por el conjunto de recursos materiales e inmateriales, capacidades intersubjetivas, competencias subjetivas y tecnologías en sus diversas magnitudes, desde las nanotecnologías hasta las macrotecnologías que pudieran emplearse en momentos determinados para alcanzar fines de política exterior o para la defensa de su soberanía, independencia y libertad, mientras que se le llama poder al uso concreto de ese potencial en las estrategias y operaciones tácticas para ir logrando objetivos ante las amenazas, conflictos u oportunidades, tanto para fortalecer el potencial, condición clave de la estabilidad política, como para apoyar a un aliado. O incluso, solidarizarse con un pueblo necesitado, como solo lo hacen los gobiernos enfocados al socialismo.

Acuerdos, potencial, poder y estructuras
Varias obras de los autores antes mencionados dan cuenta detallada de los “factores” que definen el potencial de una Nación. No es necesario mencionarlos aquí pero si recordar que no deben concebirse o estudiarse fragmentados sino en un amplio haz de relaciones como totalidad dialéctica y por ello, relaciones con diversos niveles de significación entre ellas, algunas “duras” y otras “blandas”, como bien recuerdan De la Garza y Leyva (5). Basados en esos factores, es posible comprender que los 472 proyectos bilaterales en ejecución,  más los 28 acuerdos anunciados que fueron firmados durante la visita de Maduro a China junto al equipo liderado por Xi Jinping tienen un caleidoscopio de significados, tanto para el Plan de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad (RCP) echado a andar en el pasado agosto por el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela como para el ya exitoso gran proyecto de la Franja y la Ruta ideado y puesto en marcha desde hace más de un lustro por la República Popular China en alianza con más de cincuenta países de Asia, Eurasia, Europa, África y más recientemente con América Latina y El Caribe, en lo que Cuba y Venezuela tienen significados particulares.

Los acuerdos potencian y los proyectos derivados de los planes dan poder al mismo tiempo que se ejecutan con el poder acumulado de los Estados, que al realizarlos se alcanza mayor potencia y también se incrementa el poder para continuar transformando las sociedades. Todo ello proporciona el sentido histórico y último de toda esa acción bilateral: sentar las bases firmes hacia el desarrollo integral de las dos naciones y con ello alcanzar la mayor suma de felicidad y seguridad social para ambos pueblos y la mayor suma de estabilidad política para las Naciones.

Venezuela desarrolla el proyecto de transformaciones sociales que más atracción popular global ha tenido en los últimos quince años complementado con una política exterior dirigida a integrar a los pueblos mediante los proyectos ALBA-TCP conformado por Cuba, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Dominica, Antigua y Barbudas, San Vicente y Granadinas, Granada, San Cristóbal y Nieves y como invitados Surinam, Irán, Siria, Rusia, India, Malasia y Vietnam. Venezuela se solidariza y comparte con ellos la riqueza petrolera que posee a través de Petrocaribe, calculada como una de las más grandes del mundo, y se apresta a desarrollar integralmente la minería al poseer grandes reservas de oro, coltán, bauxita, caliza, diamantes, carbón, hierro, fosfatos, dolomita, manganeso y muchos otros minerales estratégicos o de amplio uso tradicional. Y en toda la labor que realiza o planea está presente el principio de la democracia participativa y protagónica del pueblo y la decisiva unidad cívico-militar, con su expresión concreta en la praxis diaria del país. La visión del Socialismo Bolivariano que anima el proyecto social se va transformando y enriqueciendo, en la misma medida en que se va desarrollando en la praxis según las particularidades de Venezuela, y ello despeja mejor el camino hacia una mayor integración con el gigante asiático. 

China, por su parte, ya disputa con EE.UU la primera plaza mundial como potencia económico, financiera y tecnológica, mostrando -a diferencia del imperio- una alta capacidad de sacar anualmente a millones de personas de la pobreza y también de crearles condiciones sostenibles para que disfruten de buenos salarios, eficiente infraestructura comunicacional y de servicios, y cantidades diversas de productos de primera necesidad, para el hogar e incluso suntuarios mediante una integración, cada vez mayor de todas sus regiones y estas con el mundo a través de la histórica Ruta de la Seda. Coches eléctricos ya son producidos y exportados en proporciones similares a otras superpotencias desde Nanjin a varias capitales y ciudades de Asia, Europa y Medio Oriente, con la participación de empresas mixtas formadas con grandes corporaciones emergentes (stars up), las cuales se expanden por el extenso territorio de más de 9 millones y medio de km². En China están creciendo aceleradamente las inversiones en investigación y desarrollo (I&D) para situarla dentro de pocos años en el primer lugar mundial y ya ha desplazado a varias potencias en la escala de generadoras de tecnologías. Ningún analista deja de reconocer que nuevos emporios tecnológicos y zonas económicas especiales con grandes urbes están surgiendo aceleradamente desde Shanghai hasta Urumchi y desde Guangchi hasta Jilin. Por ello, China se ubica en la cima de los llamados mercados de exportación e-commerce.

Recientemente el destacado analista ruso orientalista, Alexei Maslov, abogó por crear grandes corporaciones globales mixtas de productos o servicios para competir en el mercado mundial, constituidas por los ocho países de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), conformada por China, Rusia, India, Pakistán, Kasajistan, Tiyikistán, Kirguistán, Uzbekistán y con observadores como Bielorrusia,  Afganistán, Irán y Mongolia, así como otros cinco aspirantes a integrarla. Todo ello hizo que el canciller chino, Wang Yi,  reconociera que el Espíritu de Shanghai es "la razón fundamental por la que la OCS puede seguir creciendo". Pero la propuesta de Maslov tiene su asidero, entre otras condiciones concretas, en que hace solo un año China y Reino Unido inauguraron el primer tren de carga que conecta directamente ambos países y en 18 días recorre 12.000 kilómetros con cargas en ambos sentidos y de varios de los países por donde transita  y se aprestan a moverlo en un futuro con energía solar, reduciendo así los costos y ahorrando la energía fósil que se agota aceleradamente.

Respecto a África y guiada por el Espíritu de Shanghai, China ha atraído la atención de los 55 países africanos y coopera con ellos para fortalecer el recién Acuerdo de Libre Comercio Africano o Tratado Continental Africano de Libre Comercio, del pasado marzo, porque, como recién reconocieron los analistas de Xinhua, “el involucramiento de China en África es beneficioso para los 2.600 millones de chinos y africanos, que representan un tercio de la población mundial”(6). Más de 60 mil millones de dólares de China se invertirán en proyectos conjuntos, siguiendo los objetivos y estrategias de la Agenda África 2063.

China actualmente espera que con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se pueda avanzar aceleradamente como en África y a través de ella se puedan lograr acuerdos y proyectos de beneficio mutuo que fortalezcan la independencia y la soberanía de los 32 países que la integran. Ella, al igual que Venezuela, espera que Mercosur y Alba-TCP unan esfuerzos y condiciones para beneficio de toda Suramérica aún cuando el actual gobierno pentagonista de los EE.UU sienta tanto temor y desesperadamente siga haciendo todo lo que esté a su alcance para bloquear tal posibilidad. No obstante, China -con la paciencia confuciana que la caracteriza-  se está convirtiendo en el primer socio comercial y financiero de América Latina y el Caribe 

Dialéctica chino-venezolana: principios, transformaciones y circunstancias
En este articulo se insiste en resaltar que los recientes acuerdos bilaterales que tributan a los más de 470 proyectos establecidos entre Venezuela y China, transversalizan el Plan RCP, es decir, impactan con relevante poderío en los diez lineamientos estratégicos que componen el Plan venezolano proyectado por Maduro, centrado fundamentalmente en: a) dimensiones financiero-monetarias sean de nivel nacional como familiar (elevar ingreso de divisas, reconversión monetaria, paridad y modalidad cambiaria, mejores salarios, más poder adquisitivo y ahorros), b) en la producción de bienes y servicios (agrícolas, industriales y bancarios), y c) en la infraestructura (transporte y comunicaciones). Logran impactar porque los acuerdos están firmados precisamente en los sectores y áreas más necesitadas que permitirán alcanzar el éxito del Plan RCP: área energético-petrolera, sector transporte, minería, tecnologías, educación, comunicación, cultura, salud y seguridad.

Comprender esa totalidad dialéctica requiere eso que Hugo Zimerman llamó la “descripción articulada” y que De la Garza y Leyva han estudiado ampliamente (7). A manera de síntesis y su aplicación podría decirse –en este caso-  que es saber articular, desarticular y volver a articular categorías y conceptos intra-dimensionalmente e inter-dimensionalmente contenidos en: a) los principios o fundamentos en que se apoyan ambas políticas exteriores, b) las dimensiones y componentes (conjunto de operaciones estructurantes) del Plan RCP y del proyecto “La Franja y la Ruta” con sus logros u obra ya alcanzada o por alcanzar, y c) las circunstancias nacionales e internacionales o globales en que ambas naciones están inmersas o las contextualizan. Veamos.

El Espíritu de Shanghai tiene su base en los Cinco Principios del Pancha Shila y es el principal fundamento del proyecto La Franja y la Ruta que establece como meta crear una gran Comunidad de Futuro Compartido, con los cual ya van más de 70 a 80 naciones que han manifestado su disposición a aliarse a China en este proyecto. asumiendo los principios sustentos del proyecto: a) confianza mutua, b) beneficio compartido, c) igualdad, d) solución pacífica de las controversias, e) consultas permanentes entre las partes, f) respeto a la diversidad cultural, g) concordancia estratégica o visión estratégica común, h) desarrollo común, i) solidaridad y j) cooperación integral: Estos son los componentes y a esto es a lo que se le llama actuar internacionalmente con el “Espíritu de Shanghai”. Su contraparte venezolana es el Pensamiento o Ideal Chavista el cual tiene su base en la doctrina del bolivarianismo, de la Patria Grande y de la actitud antimperialista, a lo que se le pudiera denominar el Espíritu Bolivariano.

Ese bolivarianismo y el desideratum chavista están plasmados y aprobados por el pueblo a lo largo de toda la Carta Magna de Venezuela (8) aunque resumido en su Preámbulo, los primeros seis artículos y los relacionados con los artículos 299 al 327 referidos al régimen socioeconómico, la función del Estado en la economía y la seguridad de la Nación, así como a las normas fijadas en los artículos 152 al 155 respecto a las relaciones internacionales. La necesidad de la refundación de la República, plasmada en el propio Preámbulo, presupone transformar el sistema de economía rentista petrolera y consolidar la economía productiva,  siempre que en ese proceso se mantengan vigentes y pujantes los valores que fijó desde 1999 el pueblo en su Constitución, de “libertad”, “independencia”, “paz”, “solidaridad”, “bien común”, “integridad territorial”, “convivencia”, “imperio de la ley”, “derecho a la Vida”, “trabajo”, “cultura”, “educación”, “justicia social”, “educación”, “igualdad”, “cooperación pacífica”, “integración latinoamericana”, “no intervención” y “autodeterminación”.

Resulta entonces evidente la identidad de valores y principios que animan las políticas exteriores de Venezuela y China en aras de incrementar sus potenciales y poderes transformadores en las actuales circunstancias y compleja coyuntura internacional. En ésta debe jerarquizarse, para la mejor comprensión de las relaciones bilaterales, el reagrupamiento de fuerzas emergentes que desde Eurasia marcan la actual hegemonía en las decisiones interestatales para afrontar los problemas globales, y destrabar las economías de los países del sur, así como también que en Occidente las viejas potencias se enfrentan al tradicional hegemón y en el seno de esos actores se desarrollan y se hacen críticas innumerables contradicciones entre los grupos de poder, y entre estos y la ciudadanía que no les permiten crear espacios de posibilidades para la acción viable con EE.UU pero sí con el gigante asiático y de aquí que muchas de ellas establezcan cada día más negocios con China y a su vez muestren desinterés o rechazo a la tradicional política impositiva y prepotente del gobierno de Donald Trump, volcado ahora sobre América Latina pero donde ya China en alianza estratégica con Venezuela y Cuba crean bases de apoyo para que sus alianzas sean integrales e indestructibles porque en ellas los principios guían y motivan subjetivamente las operaciones transformadoras de la realidad, incididas estas por las circunstancias y condiciones histórico-concretas (políticas, económicas, sociales) del tránsito mundial al socialismo que la humanidad se ha propuesto para poner fin al depredador capitalismo.

Bibliografía
(1) Morgenthau, Hans J. (1948) Política entre las Naciones.La lucha por el poder y la paz. Grupo Editor Latinoamericano, Colección de Estudios Internacionales, 3ra edición, Madrid. Consultada en https://es.scribd.com/doc/314086351/Hans-J-Morgenthau-Politica-Entre-Las-Naciones-Completo          
(2) Aron, Raymond (1962). Paz y guerra entre las Naciones. Alianza Editorial, 1985, tomo 1 y 2. Madrid.
(3) Maldonado Michelena, Víctor (1994). Seguridad del Estado. Desarrollo-Defensa. Ediciones de la Presidencia de la República, 3ra edición, Caracas, 1998.
(4) González, Roberto. Teoría de las Relaciones Políticas Internacionales. Ediciones Pueblo y Educación e ISRI, La Habana, 1990.
(5) De la Garza Toledo, Enrique (2012).- La metodología marxista y el configuracionismo latinoamericano. En Tratado de Metodología de las Ciencias Sociales, Ediciones FCE, México, 2012, págs. 229 a la 255.
(6) Spanish.xinhuanet.com (2018). China y África: una verdadera amistad y algo más. Consultado en http://spanish.xinhuanet.com/2018-09/06/c_137449405.htm.
 (7) De la Garza Toledo, Enrique (2012). Ob.cit.
(8) Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) con la Exposición de Motivos y las reformas aprobadas mediante referendo universal en 2009. Publicada en Gaceta Oficial Nro. 5.908 extraordinarios de fecha 19 de febrero de 2009.
wongmaestre@gmail.com


(*) Profesor de las Maestrías en Derecho Internacional Público (UBV), en Relaciones Internacionales (UMBV), en Política Exterior de Venezuela (IAEDPG) y de la Licenciatura en Relaciones Internacionales (EEI-UCV).  Doctor en Seguridad de la Nación 2018.  Autor de la tesis doctoral “La macroestructura de sentido del discurso del líder transformador socialista”. Analista internacional invitado de Telesur, VTV, RNV, YVKE, ANTV, Ávila TV y ViveTv.