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martes, 11 de febrero de 2020

El sionismo no deja en paz a Palestina. Pero no hay mal que dure eternamente



Por Rubén Alexis Hernández:
El sionismo, con Israel y Estados Unidos a la cabeza, ya no oculta su interés en el exterminio lento pero seguro de la población palestina. A sus líderes les da igual que haya voces en la comunidad internacional (aunque pocas) que condenan su perverso proyecto de reprimir de forma indiscriminada, asesinar continuamente y arrinconar  a los palestinos en una porción de territorio cada vez más pequeña, quienes ya están viviendo prácticamente en un campo de concentración, sin libertad de movimiento y en general sin poder vivir una vida lo más  normal posible. Más aún, las resoluciones de la ONU en contra de la progresiva ocupación de tierras palestinas por colonos judíos, con el apoyo del asesino ejército israelí, no han sido más que letra muerta para el sionismo y para los Estados y grupos que respaldan a este nefasto movimiento. A los terroristas israelíes y sus aliados nada importa más que el logro de sus objetivos, y para ello pasan por encima de lo que sea, incluso de la jurisprudencia global.


Una verdadera desgracia ha caído sobre los palestinos, agredidos sin piedad día tras día por los terroristas israelíes, armados hasta los dientes para “luchar” contra civiles desarmados, en gran parte mujeres y niños. Y además de ser atacados brutalmente y perder cada día más territorio, los palestinos cuentan con la casi indiferencia de la comunidad internacional, salvo algunas excepciones. El famoso “acuerdo” del siglo para  alcanzar la paz entre Israel y Palestina, ideado por Trump y  Netanyahu, además de ser una farsa representa un macabro plan para someter definitivamente al pueblo palestino y arrebatar la totalidad de sus tierras en favor de Israel, que en el contexto geopolítico actual, necesita con urgencia la expansión territorial y el dominio económico en el Cercano Oriente; además Estados Unidos viendo peligrar su hegemonía por la consolidación de potencias como China y Rusia, requiere de un Israel con fuerte presencia para tratar de controlar a naciones poderosas como Irán y Turquía, aliados del gigante asiático y de los rusos.

Evidentemente las autoridades palestinas tenían que rechazar el tal acuerdo que no es acuerdo, sino la imposición de ciertas condiciones y aspectos que a la larga favorecerán única y exclusivamente al terrorista Estado de Israel y a su principal aliado Estados Unidos. Pero no es suficiente con el rechazo palestino del “acuerdo” del siglo; a estas alturas los perversos planes del sionismo solo pueden ser detenidos mediante acciones contundentes como bloqueos, embargos, e incluso por la fuerza. La cuestión es, ¿quién (es) le pone (n) el cascabel al gato antes que sea demasiado tarde para los palestinos? En todo caso no hay mal que dure eternamente, y quienes a hierro matan a hierro mueren, y tanto Israel como Estados Unidos verán en algún momento derrumbarse su reinado de terror en el planeta.
ruhergeohist@yahoo.com


sábado, 20 de julio de 2019

Maduro en la Encrucijada



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Todos los procesos de cambio van a encontrar siempre duros detractores. Es cuestión de revisar la historia universal, y muy especialmente la de nuestro Continente, para comprobar todo lo ocurrido durante la gesta, por ejemplo, de los héroes y libertadores de América, hasta la de un Salvador Allende y otros genuinos mandatarios propuestos a luchar por la dignidad de sus pueblos.

Nicolás Maduro no podía esperar otra actitud del gobierno de Estados Unidos y de las grandes empresas y consorcios que han colonizado nuestra región, especialmente en el país que tiene las mayores reservas petroleras del Planeta y está tan cerca de la codicia norteamericana y su enorme poder militar y comunicacional. Toda una maquinaria de guerra para desestabilizar y derrocar regímenes e invadir toda suerte de países para apoderarse de sus riquezas y destino político.


Todos los que se proponen concitar el apoyo y el fervor popular para cambiar la historia de sus naciones incurren, desde luego, en errores de distinta naturaleza y casi inevitablemente llegan a ejecutar acciones que dañan la integridad y los derechos de sus opositores y disidentes. Pero también es razonable asumir que siempre estos procesos van a despertar la ira y las conspiraciones criminales de los que necesariamente deben ser afectados en sus intereses; de los que se organizan para atentar contra de la infraestructura y las fuentes de la producción del país; de los que rápidamente se ponen a disposición del imperialismo y aquellos poderes contrarios a que haya pueblos dispuestos a torcerle el rumbo a las inequidades fragrantes y consagradas. Situación que vivía Venezuela con sus enormes riquezas en manos de unos pocos y de las llamadas empresas transnacionales.

Lo que no puede pretender Maduro es que sus transformaciones sean asentidas por el Imperio y el orden internacional que ha consagrado las ideas neoliberales y toleran la democracia y la soberanía popular solo hasta que ven la necesidad de promover dictadores y tiranos que salven o restauren el sistema económico social que los favorece. Libia, Irak, Palestina, Cuba, Irán y otros numerosos ejemplos sirven para explicarse cómo las naciones más poderosas acostumbran a borrar con el codo lo escrito con la mano, tanto en la Revolución Francesa, la Emancipación Americana y otros grandes acontecimientos libertarios.

Los chilenos sufrimos en carne propia la furia del Departamento de Estado, del Pentágono, de la CIA y tantas otras entidades para consumar en 1973 el derrocamiento y magnicidio de nuestro régimen democrático. Para lo cual decidieron financiar y alentar a los militares traidores, a los partidos reaccionarios y, como siempre, reducir o seducir a los llamados centroizquierdistas que, con el tiempo devienen invariablemente en centroderechistas, como tan bien lo expresa ahora nuestra escena política.  Fue así como, una vez acometido el asalto a La Moneda, tomaron posesión de nuestros yacimientos, empresas públicas, medios de comunicación, universidades y tantas otras entidades. Además de asesorar por largo tiempo a Pinochet para organizar campos de concentración, tortura y exterminio, e impregnar enseguida de autoritarismo y leyes terroristas toda nuestra institucionalidad. En el acompañamiento, también, de crímenes que se cometieron en territorio norteamericano, Argentina, Italia y otros países.

Lo que nadie puede negar es que Hugo Chávez y su revolución bolivariana llegaron al poder después de la corrupción de su clase política, los partidos y sus gobiernos. Ganando sucesivas elecciones y consolidando un sistema electoral, después, que fuera calificado por el ex presidente Carter como uno de los más probos y transparentes del mundo, junto con su proceso constituyente y su nueva Carta Fundamental. Porque no se puede ignorar, tampoco, la raigambre que mantienen las ideas chavistas en el pueblo venezolano, su enorme capacidad de movilización enfrente de la dispersión y las contradicciones que manifiestan sus opositores, a los cuales el Gobierno de Maduro les reconociera un triunfo en los comicios legislativos para llegar a instalar al propio Guaidó como presidente del Parlamento.

Difícil sería explicar lo anterior bajo un régimen verdaderamente dictatorial, como se lo acusa, al tiempo que explicarse el severo bloqueo impuesto por Trump a la economía venezolana, en la que no ha trepidado en confiscar depósitos de este país en el extranjero y apropiarse de sus refinarías sin consentimiento alguno del derecho internacional. Junto con ejercer toda suerte de amenazas y alentar la postura fratricida de Colombia, Brasil, Perú y Chile, entre otros, en contra de Venezuela. De gobernantes que son, por supuesto, discípulos de los regímenes militares alentados en la década de los sesenta y setenta en América Latina. Cuyo caso más vergonzoso es el de Sebastián Piñera que hasta llegara a Londres para solidarizar con Pinochet y salvarlo de un juicio internacional. Para luego garantizarle de por vida su impunidad.

Posiblemente sea un error el de Maduro pretender concitar apoyo mundial a su gobierno después de lo sucedido en Chile y tantos otros países. Que haya tenido la ilusión de que un informe de la señora Bachelet pudiera resultar ecuánime, por más abrazos y besos con ésta en el pasado. Solo tendría que haber preguntado cómo llegó la expresidenta chilena a ese alto cargo en las Naciones Unidas, después de sus horribles bemoles en materia de probidad gubernamental, tráfico de influencias y crímenes cometidos contra los mapuches bajo sus gobiernos, cuanto de la mano de su socialista subsecretario de Interior y su operación Huracán. Porque ella podría haber aspirado a una serie de otros cargos internacionales para prolongar su carrera política y peculio, pero jamás a uno que tuviera que ver con los Derechos Humanos, cuando por dos períodos gobernó una de las naciones más desiguales del mundo, sin que haya alterado lo más mínimo nuestra distribución del ingreso y la dependencia extranjera.

De allí que Maduro esté ahora tan complicado y ante una real crisis, luego de la férrea oposición extranjera a sus propósitos, la caída del ingreso petrolero y las enormes demandas económico sociales que abrió su proceso. A lo que hay que sumar el desabastecimiento alentado por la industria y el comercio, tal como lo conocimos en Chile. De todas maneras, debiera renunciar a la bendición de Estados Unidos y de los mismos países que en su momento traicionaron el sueño de la patria común de Bolívar. Preferible sería conformarse con el apoyo de China, Rusia, Turquía y otras poderosas naciones que todavía tendrán que comprobar si su adhesión es sincera y no interesada. Para ocupar, justamente, el espacio que dominaba Estados Unidos.

Debiera también valorar y cuidar mucho Nicolás Maduro la fidelidad de sus Fuerzas Armadas, las que desde hace largos años marcan diferencia con las de otras naciones del continente en materia de formación profesional, composición social y vocación democrática. Proponerse, más bien, ganar amigos en las expresiones realmente progresistas y de izquierda del mundo, despreciando los vaivenes y fragilidad ideológica de toda esa suerte de oportunistas que en el pasado hacían gárgaras de antiimperialismo y ahora se los ve debajo de la mesa del gobierno de Chile, por ejemplo, para recibir sus migajas o agenciarse algunos cargos menores o fugaces como el que se le otorgó al primer Canciller de Piñera por traicionar sus ideas o “pecados” de juventud.

No le vaya a pasar lo mismo a Maduro de lo ocurrido con la Unidad Popular, varios de cuyos dirigentes ya estaban escondidos al momento del 11 de septiembre, mientras Allende combatía y moría en La Moneda.  Los mismos políticos que después terminaron renegando de todo su pasado a la primera invitación de Washington y que, ahora, se instalan a la vanguardia intelectual en la guerra contra Venezuela, bien premunidos de recursos e impudicia. 

Evidentemente, hay que sacar lecciones de la historia y no rendirse a la campaña de desinformación alentada por los medios de comunicación estadounidenses y sus sucursales en nuestra televisión, diarios, radios y redes de internet. El Gobierno de Maduro ha cometido graves errores, si se quiere, pero el peor podría ser la búsqueda de reconocimiento de los que son y serán enemigos de todo cambio y objetivos de justicia. Y que ante el fracaso experimentado en Cúcuta, por ejemplo, ahora alientan mesas de diálogo e intermediación internacional.

La ética debe acompañar siempre los cambios. “La revolución es moral o no es revolución”, escribió Peguy, pero ello no debe llevar a los reformadores a tolerar las acciones criminales de los detractores, el sabotaje y la mentira organizada. Nos parece muy encomiable, sin embargo, que los que mataron a un opositor y conspirador encarcelado sean ejemplarmente juzgados, como ya lo han decidido el Mandatario Venezolano y su Ejército. Ojalá que ello hubiera ocurrido alguna vez bajo las dictaduras militares del Cono Sur o, incluso, bajo los gobiernos pretendidamente democráticos que les siguieron.

Por cierto que no es grato ver a cientos de miles de venezolanos emigrar hacia otros países, muchos de los cuales luego han comprobado su enorme error y desazón. En todo caso, estos movimientos parecen ser inevitables y reiterados, de lo cual sabemos también nosotros los chilenos cuando llegamos a tener más de un millón de compatriotas en el exterior dentro de una población que entonces no superaba los 12 millones de habitantes. Es decir, tres o cuatro veces menos que la venezolana actual. Cuando todavía hoy son más los chilenos en el extranjero que todos los inmigrantes avecindados en nuestro territorio en estos últimos años.

Sería muy triste para todo nuestro continente el fracaso del proceso político venezolano. El gobierno de ese país cuenta con una de las geografías más ricas de América, con un respaldo popular contundente y que nadie puede ignorar, además de la fidelidad profesada por los militares bolivarianos. Por el contrario, su enemigo principal, el presidente Trump, cada día está más desacreditado en el mundo, así como crecen los estadounidenses renuentes a seguirlo en sus disparatados caprichos y despropósitos. Ni qué decir los jefes de estado títeres de la Casa Blanca, como el de nuestro país, con una penosísima adhesión popular, a causa de haber traicionado una vez más las aspiraciones de los chilenos, rendido a los intereses foráneos y cediendo toda nuestra soberanía al Imperio. Lo que se revelara en su infeliz encuentro con el mandatario norteamericano cuando quiso anexar nuestra estrella patria a las de la unión estadounidense. Lo que sonrojó incluso a su huésped.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

martes, 20 de marzo de 2018

¡Oído Pueblo! El botín es tu Patria, no la pierdas


Por William Castillo Pérez (el indio):

Venezuela y el pueblo están siendo agredidos con inmensa crueldad, solo, por negarse a ser colonizada, a ser expoliada de sus haberes y a la reinstalación de regímenes de oprobio caracterizados por la explotación, exclusión, exterminio, humillación y todo tipo de vejaciones a sus ciudadanos, que, si decidiéramos detallarlos usaríamos muchas cartillas, y aún, quedaríamos cortos.



Ahora bien, muchos de esos atropellos y agresiones han sido reivindicados por la revolución bolivariana desde su arribo al gobierno de Venezuela en diciembre de1998.

Poniendo las cosas en contexto, es justo asegurar, que si no tuviera éxito la revolución, en su empeño de proveer al pueblo; de la mayor suma de felicidad, la mayor seguridad y la mayor estabilidad política, inscritas en el marco de la más sublime justicia social. Tomando en cuenta, como fiel de la balanza, sólo el esfuerzo, el empeño y constancia para ser congruente con la promesa a su pueblo. Solo ello, sería suficiente motivo, para calificar la revolución bolivariana de Venezuela, como exitosa y bondadosa.

Pero es que la revolución ha sido doblemente exitosa. Porque, ha tenido que enfrentar la resistencia que le ha opuesto la propia tarea de cambiar costumbres y maldades aplicadas al pueblo, así como corregir todas las desviaciones conceptuales y conductuales impuesta a una población durante más de 5 siglos. También ha tenido que soportar las agresiones constantes y exponencialmente violentas de la derecha neoliberal, imperialista abusiva y hegemónica, durante 19 años.

Podría decirse, con apego a la verdad, que la revolución ha efectuado un esforzado Gobierno, durante 39 años (el doble  del lapso que va desde 1999 hasta hoy) resistiendo rodilla en tierra, con buen tino, cumpliendo la promesa de hacer la revolución bolivariana con justicia y en paz. Triunfando sobre las agresiones, las adversidades, las rémoras del colonialismo, los desastres naturales, etc. Todo ello por partida doble, porque en la perpetración de la agresión a Venezuela el imperio ha involucrado, a varios países vecinos.

De allí puede afirmarse, que el ejercicio de gobierno revolucionario en el área de atención al pueblo, ha extendido su acción a suplir de insumos alimentarios, farmacológicos y energéticos a países vecinos y por extensión a países europeos que ejercen influencia y vinculación con colonias y ex-colonias en Latinoamérica. Todo por la vía del contrabando de extracción y la manipulación y afectación de la economía venezolana por injerencia nefasta en la política monetaria venezolana.
Como es el caso del Gobierno colombiano, que asociado con el dólar terrorista y mediante una doble tasa del dólar en Colombia, han hecho un delito económico contra la moneda venezolana.
De tal manera, que no es exagerado afirmar que la revolución ha ejercido 19 años laborando para el pueblo, y ejercido, 19 años protegiendo al pueblo de las agresiones de la derecha.

Todo lo expuesto debe obligarnos a interactuar y coadyuvar positivamente con el noble propósito de la revolución bolivariana. Porque de triunfar la derecha, en su empeño de destruir la revolución bolivariana, la consecuencia sería regresar al régimen colonial del pasado, con su carga de oprobio y humillación contra el pueblo.
Para ello es pertinente adquirir una sólida conciencia patriótica, socialista, ciudadana, revolucionaria, que nos blinde contra la cultura depredadora capitalista, que nos quiere mantener en el status de mano de obra barata y consumidor seguro.

No sigamos el juego a las profesias autocumplidas de la oposición apatrida, cuando pretende angustiarnos al predecirnos los males que nos producirán la agresión económica y la guerra de cuarta generación, que nos perpetran. Ubicando la causa de dichos males, en un supuesto fracaso del modelo económico de la revolución: falso de toda falsedad.

Pues todos esos daños, son consecuencia del plan destructivo del imperialismo y ellos los conocen, porque los programaron con ese objetivo.

Por lo contrario, esa descarada violación de  los ddhh del pueblo venezolano simplemente, es consecuencia de los delitos económicos, tales como alza injustificada  de precios, escases, condicionamiento de la venta, producción manipulada, contrabando de extracción, sanciones económicas ilegales e  injustas, destrucción de la política monetaria, entre muchas otros. Perpetrados por la derecha para desestabilizar al Gobierno revolucionario de Nicolás Maduro.

En ese delictual propósito, el imperio y acólitos criollos, aprovechan al máximo el hecho, que la revolución bolivariana es pacífica y actúa en estricto apego a los derechos humanos y la legalidad total. A ello podemos agregar, que la revolución no ha logrado desmontar la estructura económica capitalista que le permite al imperio y aliados criollos manipular la cadena productiva -si la hubiere- y/o la procura, la distribución y venta al mayor y menor de todos los rubros de consumo del pueblo.

Todo lo descrito evidencia el desarrollo de una guerra, que indefectiblemente debemos enfrentar y ganar obligatoriamente. Para ello, en el ejercicio del mandato inscrito en el marco de nuestra Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, debemos ser firmes, identificados con la revolución bolivariana, la patria y nuestro pueblo.

No debemos caer en la desesperanza, en la desilusión que nos produzca un cambio de percepción favorable de nuestra revolución y el Gobierno del Presidente Maduro. Caer en ello, sería hacerle el juego al imperio, en su propósito de recolonizarnos.

No seamos cómplices del agresor.

Nuestro esfuerzo máximo debe dirigirse a empoderarnos plenamente y acompañar la revolución en el desarrollo de los motores de la economía, avocarnos a producir todo lo que necesitemos, fomentar y apoyar el usufructo de todos los servicios públicos destinados a satisfacer las necesidades del pueblo, evitando al máximo incurrir en el uso de servicios privados, que al final destruyen el poder adquisitivo del pueblo.

Ningún aspecto o campo de acción debe ser ajeno al pueblo. Así como el pueblo ejerce su poder originario con la ANC. Igual en el devenir de la Patria el pueblo debe ser protagonista.

El próximo 20 de mayo, debemos confirmar nuestra revolución, socialista, democrática, participativa protagónica, con un triunfo contundente.

El enemigo está identificado, y el botín también. Tú selección, debe ser la correcta, el balón está en tu campo.

¡Independencia y Patria socialista y soberana!
¡Chávez vive!
¡La Patria sigue!
¡Viviremos y venceremos!

¡Anakarina rote, Aunicon paparoto mantoro, Itoto manto!

wiliancastillop@gmail.com

sábado, 2 de diciembre de 2017

El mito de la civilización

Por Carolina Vásquez Araya:

A propósito de la violencia contra las mujeres, también están el racismo y la exclusión.

Si nos detenemos a analizar con los ojos bien abiertos nuestro entorno y más allá, es probable que deseáramos pertenecer a una especie distinta. Una noble, una que se desarrolle en armonía con la tierra, incapaz de hacer lo que los humanos hacemos a diario: matar por placer, sin más razones que el hecho de poder hacerlo; acabar con nuestro entorno natural porque nos convencieron de ser superiores a todo y de detentar el poder para disponer de él a nuestro antojo. Así es como hemos llegado al extremo de carecer de lo más esencial: la sensibilidad y la conciencia.



Nuestro concepto de civilización, esa palabra tan ambigua como engañosa, es algo muy distinto de su significado real, el cual aludía al conjunto de ideas, creencias, artes y costumbres característicos de un conjunto humano determinado. En la realidad, su significado ha variado hacia la capacidad de enriquecimiento de unos a partir de la explotación de otros. En el léxico de la lucha de poderes entre gigantes por la consolidación de sus privilegios, significa la imposición; la capacidad de obtener sin dar a cambio y, por encima de todo, el poder de subyugar a los más débiles después de llevarlos casi a la extinción.

Resulta saludable repasar –como uno de los ejemplos más ilustrativos- la trágica historia del continente africano a partir de las invasiones europeas, la explotación irracional y sanguinaria de sus recursos humanos, minerales y naturales en un afán expansionista cuyo saldo fue la pérdida de identidad de sus habitantes, la esclavitud, las guerras de exterminio, las enfermedades y el hambre. Una estrategia aplicada contra nuestros países latinoamericanos con similares resultados en la imposición de dictaduras, abolición de libertades políticas y la devastación de las riquezas naturales para incrementar el poderío de compañías multinacionales protegidas por los Estados más poderosos del planeta.

Dentro de este escenario, la violencia de género está implícita en la fórmula para anular cualquier intento de cambiar las reglas del juego, evitando que una mitad de la población tenga igual poder que la otra. Las mujeres, tanto por nuestra capacidad reproductiva como por el papel central del segmento femenino en la organización social a partir del núcleo de familia, entramos en un esquema mucho más amplio de dominio y en el cuadro general constituimos un “bien” al cual resultaría riesgoso cederle capacidad de decisión en los campos económico, social y político.

Este esquema de poderes se ha perpetuado a lo largo de generaciones. Los importantes avances en la lucha feminista son pálidos comparados con lo que falta por conquistar. El voto femenino, por ejemplo, un derecho negado por generaciones, representó siempre una amenaza contra el patriarcado, como también lo fue el derecho al trabajo y a la salud reproductiva. En países como los nuestros, con sus centros de poder atado a las normas de la iglesia y a los estereotipos sexistas de la época colonial, los derechos de la mujer continúan bajo un absurdo y criminal embargo político, pero no solo eso las afecta. También su destino como un “producto” para el contrabando a través de poderosas redes de trata, trabajo forzado, esclavitud.

La idea de una civilización como fuente de riqueza moral, ética, intelectual y científica ha sido sustituida por un esquema basado en la riqueza material concentrada en una esfera de poder carente de visión humanitaria y de valores. Volver a plantear su significado a la luz de un humanismo real es otra de esas locas utopías y en ella las mujeres jugamos un importante papel.

Los avances tecnológicos no son la única muestra de avance cuando hablamos de civilización.

elquintopatio@gmail.com