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miércoles, 21 de octubre de 2020

Analizando la Era Trump (Parte I): La América Profunda o sobre la lógica del Make América Great Again

 Por Carlos A. San Vicente R.:

La culminación del periodo de Barack Obama como huésped de la Casa Blanca, inaugura un nuevo ciclo liderado por el extravagante republicano de fisonomía caucásica, Donald Jhon Trump (1946). El empresario neoyorkino del sector inmobiliario llega al Despacho Oval con 62.979.879 votos, equivalente al 46,1% del total escrutado, mientas que su adversaria, Hillary Clinton, obtuvo 65.844.954 votos, lo que representa el 48,2% del total. ¿Cómo llegó Trump a la primera magistratura habiendo perdido el voto popular?

La respuesta yace en las características del sistema electoral estadounidense, el cual no pone la elección del presidente en manos de sus electores, sino en un Colegio Electoral que se compone de 538 personas designadas por los gobernadores de los 50 estados del país . Como explica Heinz Dieterich:

“El Colegio Electoral estadounidense que dio el triunfo al perdedor Trump, consta de 538 electores, que son nombrados por las elites de los Estados de la República. Esos 538 personajes representan a la población total de la Unión Americana, unos 327 millones de ciudadanos. La razón de los fundadores de los Estados Unidos, de no confiar en el voto directo de la plebe, sino sobreponerle una instancia oligárquica supervisora de última decisión, es explicada por los Founding Fathers Alexander Hamilton, Jhon Jay y James Madison en los Federalist Papers (1.788). En palabras de Hamilton: el modo de elegir el presidente debe conceder el último poder a un pequeño grupo de personas (…) con mayor probabilidad de poseer la información y el discernimiento necesarios para investigaciones tan complicadas.

En un régimen imperial agrario-mercantil, basado en el esclavismo y la aniquilación de los pueblos indígenas, y con la masa de la población iletrada, el significado de este código normativo estaba fuera de duda; la nueva clase dominante blanca no entregaría el poder político a un sistema de democracia formal burguesa, es decir, al voto popular directo. Doscientos años más tarde, la democracia y el pueblo del  'land of the free' siguen esperando que la clase dominante le permita dar el paso de la democracia virtual a la democracia real” .

Aunado a ello, los votos obtenidos por el representante republicano-supremacista fueron resultado de una serie de diseños de captación desarrollados por un conglomerado de corporaciones dedicadas al marketing electoral, siendo una de las más emblemáticas la empresa Cambridge Analytica. Esta compañía aportó a la campaña de Donald Trump información básica obtenida desde la plataforma Facebook (cuestión que devela la fortaleza de las redes sociales) para conocer los intereses de 50 millones de usuarios evaluados. De ellos, 30 millones incluían datos personales suficientes como para elaborar un completo perfil psicológico de sus temas de interés .

Ahora bien, lo “resaltante” de esta fase que se inicia con el nuevo inquilino de la Casa Blanca, es que Trump representa los estertores del todavía predominante supremacismo blanco evangelista. Su controversial figura no es fruto exclusivo de un desquicio electoral de una parte de la sociedad estadounidense. Él responde a una variante de los poderes fácticos de ese país, que consideran que los Estados Unidos viven el quiebre final del formato continentalista-unipolar ante el auge del globalismo-multilateralista. En consecuencia, esta personalidad (la de Trump) constituye una salida desporalizante, con un enfoque industrialista-oligárquico y anti- globalista signado por la xenofobia de los White, Anglo-Saxon and Protestant (WASP). Esta salida visibiliza, a su vez, la disputa de tres grandes fracciones oligárquicas en pos de hegemonizar el Estado corporativo del país norteamericano: Globalistas universalistas-Continentalistas centralistas e industrialistas nacionales.

Para superponer la corriente local-nacional rooseveltiana es seleccionado Donald Trump, cuyo comportamiento verbal suele ser pugnas y desafiante, simbolizando el prototipo ideal de un conservador reactivo con un lenguaje propio de la liturgia anticomunista de la guerra fría. En otras palabras, Trump representa el Hard power en su forma anti-política y más allá de la versión domesticada y matizada del smartpower que llevó a la Casa Blanca a su antecesor, Barack Obama.

Por otro lado, la base dura electoral de Trump, conocida como The Bible Belt (El Cinturón de la Biblia), agrupa al fundamentalismo cristiano-evangélico-protestante, en combinación con las posturas aislacionistas de empresarios que evocan la Nueva Era a través de un programa de recuperación económica que rememora el otrora New Deal post gran depresión de 1929 del para entonces presidente, Franklin Delano Roosevelt (1882-1945). En la invocación de esta Nueva Era participan activamente histriónicos republicanos xenofóbicos y populistas, como Pat Buchanan y Ros Perot, entre otros.

Ello explica porque uno de los rasgos característicos de la campaña presidencial de Trump fue el uso de un lenguaje efervescente y escatológico para enfrentar a la demócrata Hilary Clinton (perteneciente a la nomenklatura globalista), disparándole todo tipo de escupitajos y exponiendo una postura xenofóbica contra todo aquello que no sea de origen sajón. Al mismo tiempo, otra peculiaridad de su campaña fue la exaltación de un nacionalismo mórbido a través del slogan “America First” (“Estados Unidos Primero”). Esta idea-fuerza le permite a Trump acusar a la inmigración, y a la idea de la libertad del liberalismo, como las causas de los desajustes/desequilibrios y la pérdida de competitividad del modelo capitalista en los Estados Unidos.

Este nacionalismo supremacista/industrialista exterioriza de forma ruidosa el malestar de las capas medias del país, víctimas de la crisis financiera de 2007-2009, así como de factores del capital que en razón de ese colapso han perdido empresas, dejando cesante una enorme masa de trabajadores que agobiados por la recesión laboral no pueden hacer uso del seguro social y la movilidad extensiva del consumo recreacional como viajar, entre otros indicadores para el sostenimiento de las tarjetas de créditos. Al mismo tiempo, esta fracción del capital estadounidense expresa su inconformidad sobre el desempeño del Estado Corporativo más poderoso del mundo. 

Al respecto, Trump hace gala de ser parte del sector inmobiliario aduciendo que ahí reside una de las claves para que el estadounidense recupere su empleo y así volver a obtener su bienestar.

Su personalidad es descrita elocuentemente por el escritor inglés, Nate White, como un individuo que “(…) no tiene clase, ni encanto, ni frialdad, ni credibilidad, ni compasión, ni ingenio, ni calidez, ni sabiduría, ni sutileza, ni sensibilidad, ni autoconciencia, ni humanidad, ni honor, ni gracia, (…) ni siquiera parece entender lo que es una broma: su idea de una broma es un comentario grosero, un insulto analfabeto, un acto casual de crueldad. (…) Trump es un troll, nunca es divertido y nunca se ríe; sólo canta o se burla, (…)”.  

No obstante, sería un acto de ingenuidad supina quedarnos en la excelsa descripción que realiza Nate White sobre la tormentosa personalidad de Donald Trump. Debe recordarse que se trata de un perfil seleccionado para una misión concebida por una parte del capital estadounidense perteneciente al llamado Estado Profundo y a la Sociedad Profunda Blanca-Judeo-cristiana, para cumplir la enorme tarea de compartir la explotación del planeta, hegemonizada en las últimas décadas por los globalistas con la llegada de William Jefferson “Bill” Clinton (1946) en 1993 a la Casa Blanca.

Esta figura empresarial (magnate del sector hotelero del país), fue apartado del club selecto de transnacionales e inversionistas que venía operando desde la Reserva Federal y la Oficina Oval, como son aquellas pertenecientes al sector  tecnológico (Silicon Valley) y la banca universal, liderada por los fondos de inversiones, las cuales protagonizan desde esas instancias el liderazgo a escala global el proceso de acumulación de capital sobre la economía mundial, desde finales del siglo XX y el transcurrir del siglo XXI..

Donald Trump es la respuesta de una elite económica industrialista que prioriza “lo nacional”, enfrentando el enfoque globalista que signó la administración que lo precedió desde una plataforma social que se agrupa en el “Make America Great 

Again” (MAGA). De ahí, el señalamiento que realiza Daniel Stulin cuando dice: “(…) teníamos claro que ningún liberal banquero financista como Clinton podía ganar porque cuando tienes una economía con cuatro cuatrillones de dólares de deuda (cuatro y 15 ceros), la única forma de desgravar esto sería con una guerra termonuclear. Porque las guerras desgravan deudas y responsabilidades y (…) Clinton nos hubiese llevado a todos a una guerra de esas características”.

El telón de fondo de todo lo descrito hasta ahora es la crisis sistémica del modelo edificado en Bretton Woods (1944) que modula el orden económico internacional que viene implosionando durante el primer tercio del siglo XXI. De modo que Trump es el instrumento que eligió ese sector del capital estadounidense para destruir esa pesada herencia liberal. Para ellos, personajes como el senador Bernard “Bernie” Sanders o la ex-secretaria de Estado, Hilary Diane Clinton, no le sirven, sino una individualidad anómica como la simbolizada por Trump, porque se requiere cambiar todo lo que la sociedad estadounidense conoce a nivel de enseñanza, cognición, lenguaje, etc. Es por ello que, como acertadamente indica Stulin, este personaje se muestra irreverente, incendiario, disruptivo.

Por su parte, el ex-director del Buró Federal de Investigaciones (FBI), James Brien “Jim” Comey, compara a la presidencia de Donald Trump con un “incendio forestal” para describir los tiempos aciagos que se gestan en la Casa Blanca. Estamos en presencia de la fractura de un sector del capital resentido contra quienes han hegemonizado la globalización en las últimas dos décadas, develando la lógica que encierra en buena parte la rabiosa jerga empleada por Trump, durante su campaña, cuando se pronunciaba contra empresas tecnológicas como AMAZON, Adobe Systems, Alphabet Inc., Apple Inc., Aglient Technologies, Advance Micro Devices (AMD), Applied Material, Brocade Communications Systems, Cisco Systems. Todas operan en el Silicón Valley.

Trump expone frecuentemente el estado de desolación que vive Detroit, el otrora centro industrial del automóvil a nivel mundial. Hoy la ciudad está execrada y olvidada por la crisis financiera de finales de los 80, secundada en los 90, y profundizada por el descalabro de 2007-2009. Los Estados Unidos dejaron de ser el. 

Número uno en la producción de vehículos desde la década de los ochenta, convirtiéndose en un gran importador. Actualmente, su industria automotriz representa sólo unos 100.000 empleos directos, equivalente a un grano de arena en comparación con el empleo general. Para Donald Trump, los automóviles fabricados en el territorio nacional son una fuente de “orgullo patriótico”. A inicios de 2017, un reportaje de la BBC reseñaba lo siguiente: 

“No hay absolutamente ninguna duda de que el ´fabriquen en EEUU´ de Donald Trump resuena entre muchos votantes, especialmente aquí en el corazón industrial del país. (…) La verdad es que las familias y los líderes de los sindicatos, los directivos de las automotrices y los empleados que trabajan en el sector han estado esperando décadas para que un futuro presidente de los Estados Unidos lo diga.

Por tanto, América First significa “(…) la reindustrialización de Estados Unidos vía desacoplamiento con la economía China y el regreso de la producción a suelo estadounidense con los consecuentes empleos y generación de riqueza localmente, es decir, una economía industrial que produce para sus propias necesidades y para un mercado mundial cautivo (literalmente hablando). También incluye la concentración de sus fuerzas militares en su territorio, conservando la capacidad de proyectar ese poder a escala mundial si fuese necesario, y el desarrollo de armas nucleares super duper en grandes cantidades que garanticen una ventaja absoluta sobre los rivales geopolíticos, dejando de lado la política del equilibrio estratégico por la confrontación estratégica entre potencias”.

A partir del 20 de enero del 2017, Trump tomó posesión de la primera magistratura de Estados Unidos para convertirse en el presidente número 45. Su lema: “Make America Great Again” (volver hacer grande a Estados Unidos) permite reeditar el American Way of Life en el nuevo milenio, revitalizando sus mayores estandartes: la industria de la construcción y el sector automotriz. Reactivarlos es su mayor promesa. 

Ambos estandartes están alineados con los 14 puntos del Plan Energético presentado por Trump y su vicepresidente, Michael "Mike" Richard Pence .

Este programa anula las restricciones a las emisiones de dióxido de carbono que limitan la extracción de combustibles fósiles, lo cual implica un desmantelamiento del Plan de Energías Limpias diseñado por su antecesor de la Casa Blanca, para reducir el uso de hulla en función de la generación de electricidad en el ámbito nacional. La base sobre la cual Trump sustenta ese propósito se ubica en lo que se conoce como la ventaja comparativa de los Estados Unidos.

“Nuestro país está bendecido por una extraordinaria abundancia de energía (…) tenemos gas para cerca de 100 años y para más de 250 años de limpia y hermosa hulla…tenemos mucho más de lo que pensábamos que sería posible. La verdad es que llevamos las riendas, ¿Y sabéis qué? No queremos que otros países se queden con nuestra soberanía y nos digan que tenemos que hacer y cómo la debemos hacer. Con estos recursos increíbles, mi administración no sólo trabajará por la independencia energética que hemos estado buscando durante tanto tiempo, sino por el predominio de Estados Unidos en materia de energía” .

Se trata de una agenda que mira hacia adentro de manera desesperada, ante las incertidumbres que generan las distintas tensiones socio-económicas sobre su governance como el cambio climático sobre el mayor consumidor mundial de energía fósil per cápita generadora de la mayor emisión de dióxido de carbono (CO2) sobre la atmósfera del planeta. De ahí su desafío contra las regulaciones ambientales por considerarlas un obstáculo al desarrollo de las ventajas comparativas en el área de los hidrocarburos.

Estados Unidos es poseedor de las mayores reservas de carbón, petróleo y gas natural no convencionales del planeta, reservas vitales para sus requerimientos en una reconversión del paradigma energético que se apoya en modificaciones tecnológicas en lo concerniente a la extracción del petróleo y gas natural de esquisto, más precisamente de pizarra o de lutitas. Un paradigma que está siendo 

Promocionado en medio de un proceso de financiarización de la economía mundial que se desplaza digitalmente con referentes bursátil en franca comoditización de las energías primarias en la figura de contratos a futuro.

Tanto Trump como Obama sostienen la tesis de que no explotar esos reservorios energéticos significaría acentuar la dependencia externa de los Estados Unidos en cuanto al consumo de hidrocarburos. De hecho, el presidente saliente le deja al nuevo inquilino la mesa servida con la denominada “iniciativa de los Tres Mares”, formulada en 2014, cuyo objetivo es crear un bloque anti-ruso para asegurar fuentes de energía alternativas en función de proteger a Europa del Este, para que esta región no sea más un rehén del suministro energético del oso euroasiático. En dicho proyecto participan 12 países situados entre el Mar Báltico, el Mar Negro y el Mar Adriático, a saber: Polonia (como punta de lanza), Lituania, Estonia, Hungría, República Checa, Bulgaria, Austria, Rumania, Croacia, Eslovaquia y Eslovaquia. Todos integrantes de la Unión Europea. Además, con la excepción de Austria, todos son miembros de la OTAN. Una especie de Nueva Guerra Fría en el siglo XXI.

El ajedrez de Donald Trump, y su lobby de multinacionales estadounidenses agrupadas bajo el paragua del “Make America Great Again”, apunta hacia el incremento de la producción nacional para aumentar el consumo doméstico, reducir las importaciones y desestabilizar a sus competidores internacionales, principalmente Rusia, Irán y Venezuela. Esa estrategia implica sostener una extracción de petróleo mucho más cara que la del reino saudita y Rusia que presentan costes de explotación de crudos ubicados entre 2,8$ y 5$ por cada barril, respectivamente. Esto significa mantener unos precios internacionales por encima de los 40$ el barril para que las compañías que explotan gas y petróleo de lutitas con la técnica del fracking obtengan atractivos dividendos.

El desafío mayúsculo de la administración de Donald Trump radica en: cómo seguir sosteniendo una actividad extractiva de hidrocarburos no convencionales, con auxilios financieros y bajas tasas de interés, a expensa de la emisión de bonos de la deuda del Tesoro, manteniendo al mismo tiempo un mínimo de costes por barril de 40$ frente a sus competidores naturales en presencia de una economía nacional profundamente financiarizada.

Para tales propósitos su gobernanza ha formulado una estrategia geoeconómica internacional que procura el regreso de los capitales globales estadounidenses a su país. En función de ello le impone a sus aliados tácticos como los halcones (quienes disponen de un fuerte predominio en el Pentágono), la tarea de presionar los Inversores con el objetivo de desincorporar sus colocaciones en México y Canadá. Los tiempos por venir dirán si será posible reconstruir el “American Way of Life” en su nueva versión “Make America Great Again” y, en paralelo, sortear la confrontación entre Continentalistas y Globalistas, sin morir en el intento.

La visión y misión de Donald Trump al frente de la Casa Blanca se concibe desde un giro sistémico contra el modelo de gestión que concibe la inversión y seguridad nacional de los Estados Unidos como un problema de agenda internacional, cuyo acento principal exige resaltar y afirmar la condición de Primera potencia  mundial, apoyándose en el gasto militar y la asistencia financiera desde un gran conglomerados de corporaciones multinacionales y globales en conjunción con organismos multilaterales como el FMI y el BM para garantizar el orden global del capital sustentado en la noción occidental de Democracia política y Libertad económica.

La prioridad ahora es, recomponer las bases internas del aparato productivo de raigambre fordista que hizo de los EE.UU. entre las décadas de los 40 hasta finales de los 60 el país “más próspero” del planeta en lo Industrial-financiero y comercial, con el mayor estándar de ingreso per cápita, donde sus edificaciones urbanas eran equivalentes a las sucursales del cielo, como expresión de su pujante PIB que la dotaba de un consumo exponencial.

La reconstrucción de ese sueño americano (American Drean) en la era Trump se asume desde la rancia élite sajona supremacista blanca judeo-cristiana-protestante localizada en la América Profunda en confrontación con el Estado Profundo, cuya invención la traduce en la lógica del Make America Great Again.

sanvicentec@gmail.com

sábado, 4 de julio de 2020

"No puedo respirar" y el retrato real del estrangulamiento de los EE. UU a su gente



Por Rolando Prudencio Briancon:

Alguna vez escuché decir que en los países capitalistas como emblemáticamente son los EE.UU., todo está privatizado, y que hasta por el aire que respiras te cobran.
Considere una exageración aquella frase, pero como decía Marx: "Sólo la realidad supera a la imaginación", que es una verdad que en los países que viven bajo ese modelo, y aceptan esa lógica de: cuánto tienes cuánto vales; no les es nada extraño pagar hasta por el aire que respiras.



Y es que en esa lógica está la razón de ser del capitalismo que todo vende y toda compra, o sea ése es el modelo de libre mercado, en el que, si tienes plata compras, y si no te aguantas. O si prefieren, tienes plata eres feliz, y si no eres un pobre diablo.

Pero el sistema bajo el que se ha fundado el capitalismo, tiene raíces más profundas para su prosperidad, como es que gracias al esclavismo tuvieron la fuente de su riqueza y poderío hasta el día de hoy, pero quienes fueron sus forjadores es de lo que hasta el día de hoy no ha podido liberarse, pues siguen siendo sus víctimas; aunque líricamente se llenen la boca con la Libertad, pues es el racismo el que no ha podido superar, aunque como recalco hoy declaren a los 4 vientos que son un país "libre".

Vale decir que el capitalismo como un sistema de acumulación de riqueza, y que se funda en el trabajo ajeno, ha sido a través de la esclavitud a la que sometieron a los negros cazados en el África y trasladados a América, que los EE.UU., se convirtieron en la nación más próspera, hasta el día de hoy, pero que también se vislumbra la pérdida de su hegemonía.

Y esta hecatombe de la hegemonía estadounidense, como suele suceder en toda crisis, está develando sus propias contradicciones internas como las que hoy están viviéndose precisamente contra la población negra. Vale decir aquella cuyos antepasados dieron sus vidas en las condiciones más inhumanas y protervas para la prosperidad de una nación que hoy; desde su propio presidente hasta sus policías los desprecian.

Así es como la muerte de George Floyd el pasado 25 de mayo, y durante este fin de semana la de otros afroamericanos; Derrick Scott y Rayshard Brooks; sin mencionar el de Javier Ambler en mayo del año pasado, no hacen más que develar lo demagógica que es la Carta de la declaración de derechos ( Bill of the rights); pero además hasta el propio valor de la "libertad", pues quienes antes fueron esclavos hoy son asesinados; y nada menos que por los propios policías, y que de la manera más humillante como es pisándole el cuello que los matan.
Y es que no debe haber representación más real y degradante del desprecio a la dignidad humana que morir pisado por alguien, suplicando porque le dejen de respirar.

Nuevos aires deben renovar el ya encarecido aire racista que respiran hoy los estadounidenses, y a quienes el gobierno racista de Trump, lejos de apaciguar los ánimos está dispuesto a echar gasolina, para que los EE.UU., arda igual que Roma.

prudenprusiano@gmail.com

sábado, 13 de julio de 2019

Un contrato social para vivir en Paz



Por Libardo García Gallego: 
Desde hace muchos siglos los líderes más humanistas, más solidarios con los de su misma especie, vienen haciendo intentos por construir una sociedad armónica, pacífica, donde todos los seres humanos vivamos felices. El último documento es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, diciembre 10 de 1948. ¿Pero por qué no es posible llevarlo a la práctica?



Intentemos alguna explicación. 
Un sector ambicioso, egoísta, autosuficiente, de la población, autoproclamado como más capaz e inteligente que sus congéneres, basado en la teoría de la selección natural, según la cual en la sociedad humana sólo los más astutos, los más feroces, tienen derecho a una vida feliz y los demás deben ponerse a su servicio, se ha inventado sistemas socioeconómicos y políticos para hacer realidad esa concepción. Inclusive hay personas tan convencidas de ello que predican a todos los vientos el origen divino de la misma y que nadie tiene derecho a contradecirla. Así ha vivido la humanidad en el esclavismo, en el feudalismo y hoy en el capitalismo. Hobbes resumió tal situación en la oración: “El hombre es un lobo para el hombre” y Marx la expresó así: “La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”.

Para ese sector autocrático, si las personas no compiten entre sí es imposible el progreso de la sociedad, dizque porque hay individuos que, por genética, son perezosos, incapaces, no creativos ni emprendedores y, en consecuencia, éstos no tienen por qué gozar de los mismos privilegios. Los autosuficientes hablan de democracia, pero de acuerdo con su propia interpretación, con ventajismos de toda índole; también se enjuagan la boca con la palabra justicia, entendida como la garantía de la desigualdad, laxa para los de arriba y represiva para los de abajo. Por hacer populismo prometen igualdad social, pero todas sus acciones tienen como objetivo pisotearle los derechos a los más desprotegidos.

Los pertenecientes a este grupo actúan como si estuvieran autorizados para asesinar a las personas que no comparten sus ideas o a cualquier humano que consideren perjudicial para sus propósitos, autorizados también para arrebatarles las tierras a los campesinos mediante chantajes y amenazas; para fundar empresas industriales y financieras, comprando con migajas la fuerza de trabajo y cobrando intereses exorbitantes. En todo lo que hacen cuentan con el respaldo incondicional de los poderes públicos, sin necesidad de preguntar: ¿Y el poder para qué?

En la orilla opuesta estamos quienes pensamos que con algo de racionalidad podríamos construir un mundo feliz para todos, claro, sin extravagancias, sin excesos, sin malversación. ¿Por qué los países escandinavos lo pudieron hacer? Un contrato corto, pero eficaz y eficiente; no es necesario añadir y añadir cláusulas con el fin de enredarlo y no cumplirlo; una Constitución lacónica, como la Suiza, en la cual se establezcan deberes y obligaciones, tanto para los individuos como para el Estado. Ejemplos: el homicidio intencional o voluntario, sin justificación, debe penalizarse con trabajos forzados en una colonia penal por el resto de vida del homicida, pues quien sin ningún motivo justificable le quita la vida a un congénere no merece vivir; la misma pena deben pagar los que roban los dineros públicos, usurpan tierras y propiedades ajenas, los corruptos, quienes deben devolver a sus dueños todo lo robado; igual castigo para los violadores de niños. Los atracadores, apartamentos y rateros de carros, motos, bicicletas, carteras, celulares, deben pagar largas condenas y someterse a un proceso de resocialización, sin el embeleco ese de casa por cárcel.

El Estado está obligado a garantizar los derechos humanos a toda su población, incluyendo los fundamentales (vida, educación, salud, empleo, vivienda, libre opinión, libre desarrollo de la personalidad, etc.), los sociales, económicos, culturales, colectivos y ambientales, y la omisión o violación de esta obligación también será penalizada con trabajos forzados para los responsables; la diferencia salarial entre un trabajador manual de bajo perfil y el de un intelectual del más alto rango no podrá ser superar a 15 veces; se fijarán límites a la magnitud de la propiedad privada tanto sobre medios de producción como de consumo. El Estado puede y debe poseer empresas productivas, cuyas utilidades vayan al erario público, es decir, a toda la población, en lugar de dejarlas en manos de particulares para su exclusivo beneficio. El Estado también estará obligado a crear empleos para aquellas personas que estando en edad económicamente activa se encuentran desocupadas.

El pluralismo ideológico, político y religioso tiene que ser respetado y garantizado; sin embargo, podemos ponernos de acuerdo en unas ideas fundamentales, cediendo ambiciones y privilegios desmedidos, principiando por aceptar que el primer derecho y objetivo primordial de todo ser humano es el derecho a su felicidad. El mundo necesita un pacto de convivencia equitativo y justo, y con uno que incluya puntos como los aquí propuestos, más otros similares que faltan, podríamos vivir pacíficamente bien entre los humanos y en armonía con la naturaleza. Sería la forma de empezar a terminar la lucha entre clases sociales antagónicas.
Armenia, 17 de enero de 2019

libardogarciagallego@gmail.com

miércoles, 14 de marzo de 2018

La crisis económica del capitalismo y el armamentismo


Por Diego Olivera Evia:
La sociedad humana en la zozobra de las guerras

Muchas veces hemos analizado la crisis del modelo capitalista, la crisis cíclicas han creado en el Siglo XX y XXI, han puesto al desnudo, la verdad de una crisis permanente de la economía monopólica, la crisis del dólar de una moneda sin respaldo de oro, ha creado una falsa realidad de un mero papel, la realidad ficticia ha demostrado el fracaso del modelo neoliberal, la crisis del petróleo en EEUU, los llevo a recurrir al fracking petrolero, como un paliativo a la demandas del crudo, esta realidad ha llevado al gobierno de Donald Trump crear nuevas acciones militares en Siria, como en Irak, además de la guerra económica con Venezuela, para lograr un control de los precios y los mercados, bajo las políticas del gran garrote, que de América Latina, se expanden a Europa y el Medio Oriente.



Recientemente senadores demócratas estadounidenses, han alertado sobre que EEUU, podrían sufrir un debacle como la desaparición de la ex Unión Soviética, debido a la crisis periódica de capital y se puede avizorar un posible Default, de una deuda global adquirida por China, creando un compromiso de millones de dólares, en el marco de esta realidad, de un gobierno manejado de manera incoherente, por un empresario sin escrúpulos y que maneja a EEUU de manera incoherente, hasta decenas de psiquiatras y senadores, como diputados de problemas mentales, que van desde el concepto de la supremacía blanca, hasta un modelo intervencionista, que no respeta ni a sus socios de la Unión Europea (UE).

La crisis creada con la guerra contra Libia por la OTAN, bajo la orden del presidente Barak Obama casi al final de su mandato, abrió la caja de pandora a destruir esta nación, matar al líder Ghadafi y asesinar a muchos ciudadano un país rico hundido, por la avaricia de Europa, recientemente en una de sus conferencias el nobel de la muerte reconoce y asume su error en este genocidio, y reconoce que la actual crisis de los inmigrantes es producto de este hecho y la guerra en Siria. En el marco de este análisis, nos parece importante resaltar un trabajo de The Guardian sobre la crisis de los inmigrantes en Europa 

Articulo extraído de Guardián
La última crisis económica no ha terminado del todo mientras que una nueva podría estar a punto de surgir. Los europeos han sufrido durante años y años el desempleo, un deterioro de su calidad de vida y unos recortes en los servicios sociales que se han hecho cuesta arriba hasta la aniquilación. La desintegración de Siria ha generado un maremoto de miseria humana que rompe contra las fronteras y a veces deja sus secuelas en las orillas del continente europeo. Y la derecha ya ocupa una posición de poder con sus políticas populistas anti-inmigración, desde Suecia hasta Francia, pasando por Grecia y Holanda.

Así que cuando el exministro de Finanzas griego, el todoterreno Yanis Varufakis, alerta de que Europa podría precipitarse hacia unos modernos años 30, es momento de sentarse, escuchar y prepararse.

Cualquiera es capaz de predecir la próxima crisis económica y luego atribuirse el mérito, pero esto es todo lo que sabemos. Nunca llegamos a superar la anterior crisis: nos mantenemos en las secuelas del desastre, una década perdida, y los gobiernos tendrán unas opciones bastante más limitadas si se enfrentan a otro hundimiento. En la Eurozona -donde los miembros de la moneda única dejan poco margen de maniobra y los años de recortes han derivado en una devastación social y económica- una de cada 10 personas sigue en el paro.

Es especialmente desalentador para los jóvenes, a quienes el desempleo afecta en una quinta parte; en Grecia y España el número de parados incluye casi  a la mitad de ellos; en Italia, al 38%; y en Francia a casi un cuarto . El "licenciado sin futuro", como lo describe el periodista Paul Mason, es reconocible por todo el continente. Un perfil que se corresponde con la gente joven que descubre que las oportunidades que esperan de su formación simplemente no existen.

La pobreza y la adversidad se han convertido en el destino de un número cada vez más preocupante de europeos. Intermón Oxfam afirmó que 7,5 millones más de europeos sufrían en 2013 una "importante carencia de bienes materiales" en comparación con los cuatro años anteriores.

Y ahora el fantasma económico de 2008 parece estar nuevamente de gira. El crecimiento global cada vez depende más de una economía china en retroceso. Los temores crecen ante una recesión de Estados Unidos, el despertar de la producción industrial europea y una posible crisis crediticia en los bancos de Europa. Las imágenes de inversores entrando en pánico, y echándose las manos a la cabeza cuando se desploma la bolsa, contribuyen a una sensación de déjà vu. La política económica de (George) Osborne ha dejado al Reino Unido poco preparado para una crisis, ya que el débil incremento salarial implica una menor recaudación fiscal y la reducción de la producción industrial nos deja más dependientes que nunca de los mercados financieros.

¿Y quién está ahí aguardando mientras se prepara y se consolida? La extrema derecha europea, que se está alimentando del desaliento de la crisis económica y del revés contra los refugiados que huyen de la violencia de Oriente Medio. Donde antes el objetivo principal era la comunidad judía, ahora es la musulmana.

A pesar de que no consiguió el éxito previsto en las elecciones regionales de diciembre, el ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen -combinando una política anti-inmigración con una audaz retórica de ataque contra la izquierda- ganó cerca de 7 millones de votos en Francia. Aunque, afortunadamente, la líder tiene pocas posibilidades de hacerse con la presidencia -al menos en el actual ambiente político-, es bastante posible que encabece la primera vuelta.

Además, la formación de extrema derecha Demócratas de Suecia -de origen neonazi- ha liderado en ocasiones las encuestas de opinión y recibe el apoyo habitual de una quinta parte del electorado. He aquí un partido cuyo líder identificó la expansión del Islam como "la mayor amenaza extranjera desde la Segunda Guerra Mundial". En Finlandia, afectada por la recesión económica, el partido de extrema derecha  Verdaderos Finlandeses está actualmente en el Gobierno.

La Liga Norte de Italia está avanzando posiciones en el país. Su líder, Matteo Salvini, ha exigido desmantelar los asentamientos de gitanos, y Luca Zaia, tras convertirse en gobernador de Venecia, reclamó el año pasado la expulsión de los migrantes africanos. Mientras, el ultraderechista  Partido de la Libertad de Austria -cuyo presidente Jörg Haider fue acusado de simpatizar con los nazis- no ganó las elecciones de Viena del año pasado pero batió el récord con sus resultados.

Los sondeos en Holanda señalan que la formación liderada por Geert Wilders, quien, como Donald Trump, quiere frenar la inmigración musulmana para impedir una "invasión islámica", va en camino de encabezar las elecciones generales. En la Grecia azotada por la austeridad, el partido neonazi  Amanecer Dorado aterroriza a los inmigrantes. Incluso en Alemania, donde en la posguerra evitaron el auge del fascismo, los populistas de extrema derecha de  Alternativa para Alemania cada vez cuentan con más apoyos.

Por lo tanto, en la izquierda recae la responsabilidad de ofrecer una salida alternativa. Es posible. España ha sido más castigada que muchos, pero no se ha impuesto ningún partido radical derechas con políticas anti-inmigración como los anteriores. En su lugar, el descontento popular se ha catalizado en Podemos, un partido progresista que plantea una alternativa a la austeridad.

Podemos ha prosperado gracias a movimientos organizados en comunidades locales tales como las plataformas contra los desahucios. Pero también vale la pena atender a su enfoque de la comunicación. El partido ha conseguido quedar muy por encima de la habitual zona tradicional de las formaciones progresistas, rompiendo con los símbolos y el lenguaje de la izquierda, incluso al resistirse a usar ese lenguaje contra el de la "derecha". Han atraído a una generación joven desesperada con un mensaje implacable de optimismo y esperanza. Podemos tiene un enfoque firmemente patriótico, pero que redefine el patriotismo en favor de la mayoría contra la élite y libera al país de la injusticia.

La izquierda -incluida la británica- tiene mucho que aprender. Generar una alternativa convincente y coherente a la tala y quema de la economía, entre otras razones porque si otra crisis económica está en camino, es también totalmente necesario. Pero debería ser mucho más urgente entre las filas izquierdistas, ya que las de la extrema derecha son más fuertes, están mejor organizadas y posicionadas para beneficiarse ante cualquier crisis inminente. La historia de Europa debería ser lo suficientemente alarmante. Ha llegado el momento de prepararse, y rápido. Fin del artículo.

La sociedad humana en la zozobra de las guerras
Este análisis del periódico londinense demuestra una vez la crisis mundial, la sociedad humana vive la borde de la guerra, los grupos terroristas del denominado Estado Islámico (ELI), o Dahes en su denominación árabe fueron creados por EEUU y reconocidos por el presidente Clinton y su pareja  Hilare, que en su frustrada campaña presidencial y su grave crisis emocional, reconoció la guerra en Siria, además en Iraq, como lo apoyos del Sionismo Israelí, como los acuerdos con Arabia Saudita, para crear una balcanización del Medio Oriente. Ahora con Trump se habla de crear un separatismo, en es Siria, donde el presidente Erdoğan es parte de la partida, siempre con su doble discurso, de la misma manera Israel y EEUU, buscan su tajada para apoderarse de las riquezas de Medio Oriente.

En esta realidad los pueblos del Medio Oriente, viven la peor realidad en sus propias naciones, los miles de sirios asesinados, los millones de iraquíes asesinados por EEUU, con la guerra de George W. Bush y la anterior de su Padre en la guerra del Golfo, una mentira de la tantas de los fascista abrió la puerta a la guerra del Medio Oriente, hoy Trump organiza más 30 mil Kurdos, para balcanizar a Siria, como los turcos buscan lo mismo, esta son la políticas y la realidad de una guerra sin fin. Ya que EEUU desde su independencia de los ingleses, se ha dedicado a las conquistas e invasiones en Centroamérica, México, del Caribe apropiándose de Puerto Rico, los pueblos de estas naciones y los millones de asesinado en Asia, Medio Oriente, África, Europa, han sido las fechorías de verdaderos piratas, han sido criminales sin bandera y han creado un imperio de muerte, hambre y racismo.

Hoy la vida de los seres humanos a nivel global, sufren las consecuencias del esclavismo, la explotación de los inmigrantes, los asesinatos afro americanos en EUU, la discriminación los latinos, el repudio de Trum y su equipo de gobierno a los negros, como a los pueblos originarios, en sus masacres de millones de nativos, para dominar las tierras. Ahora viven de la muerte en su propio patio, jóvenes enfermos y asesinos, el derecho a la violencia armada y la impunidad de los fascistas, socios de Trump en sus vínculos con el Ku Klux Klan (KKK), a través de sus padres miembros de esta secta, como otras supremacías fascistas que crecen bajo el apoyo del nuevo Hitler de la humanidad.
diegojolivera@gmail.com

miércoles, 5 de julio de 2017

La pérdida de valores en el capitalismo

Por Diego Olivera Evia
La violencia a escala mundial

La sociedad humana está regida por un modelo capitalista, que se sustenta en los anti valores, la realidad de la humanidad soporta la explotación, las grandes mayorías de África, Medio Oriente, Asia y América Latina, estas subyugadas por un modelo anti humano, las trasnacionales han creado una crisis alimentaria, a escala global, el uso de transgénicos en la agricultura, ha determinado la destrucción del eco sistema en el Mundo, hoy los seres humanos viven comiendo alimentos tóxicos.


Pero las grandes cadenas de la muerte, como Monsanto y Bayer, han trastocado el medio ambiente, como ríos y suelos envenenados, destruyendo los verdaderos productos naturales, como el maíz, la agricultura en general, los bosques con sus árboles transgénicos, para producir papel y no alimentos, a los millones de seres humanos.

La voracidad del capital se manifiesta en los multimillonarios, como los cinco hombres más ricos del mundo, que poseían más de 400 mil millones de dólares en riqueza. Así, de media, cada uno de ellos posee casi tanto como 750 millones de personas.

Mientras los estadounidenses se fijan en Trump, los súper-ricos se están fugando con nuestra riqueza, y la plaga de desigualdad continúa creciendo. Un análisis de datos de 2016 concluyó que las cinco décimas partes más pobres de la población mundial poseen unos 410 mil millones de dólares como riqueza total.

La pérdida de valores en el capitalismo
La sociedad humana vive los efectos de la acumulación capitalista, en su nueva fase el neoliberalismo, que implica el desarrollo de un modelo unipolar, regenteado por los Estados Unidos, que han creado a escala mundial, una mayor división de clases, entre los Monopolios, la Oligarquía sustentada, en la burguesía monopólica. En esta estratificación de clases, está un  sustrato considerado clase media o pequeña burguesía, considerado por pequeños comerciantes, burocracia estadal que vuele a los burócratas, gerentes, empleados de corbata, como parte de un sueño de crecimiento y pasar a superar a los ciudadanos naturales.
Esta realidad ha generado en el mundo, una crisis criminal donde las teorías del fascismo se arraigan, en los sectores de esta clase media, el capitalismo exacerba los anti valores, para enfrenarlos a los modelos populares, el odio inculcado por la burguesías criollas y dependientes del imperialismo estadounidense, con sus socios de la OTAN. Han creado un nuevo sectarismo o racismo, sobre los sectores populares, considerando a los pueblos originarios, como cholos, a los descendientes de afro americano como negro, mestizo, pata en el suelo, un desprecio hacia las clases populares, las cuales son explotadas por los empresarios y dueños de empresas, fincas, con mal trato, con salarios de miseria y abusos laborales.

Este mecanismo oprobioso de división de clases, han sido parte de la historia de la humanidad, desde la formación de seres humanos en aldeas, ciudades, donde la división social en siglos, se ha mantenido en el imperio romano, en el imperio persa, en la china imperialista, en todas las sociedades de la historia, con la colonización de África, Asia, América Latina y Norte América, aplicando la política de tierra arrasada, aniquilaron a millones de seres humanos a escala global, para crear el nuevo modelo en sus inicios mercantilista, en proceso al modelo de la burguesía, para crear el modelo capitalista, hacia la creación del neoliberalismo.
En este proceso de apropiación de naciones, con sistemas de vasallaje, para apropiarse de los recursos naturales de los continentes, aplicando el esclavismo, las muertes masivas en la minas, donde morían indígenas, afros y asiáticos, era la cultura de los Sajones y sus socios europeos, ejemplo claro de esta barbarie, fueron los españoles y su destrucción de las culturas aborígenes, al igual que los ingleses y luego los norteamericanos, destruyeron a los originarios.

En este sentido podemos hablar, de un pérdida de valores, de la desaparición del modelo humanista, cimentado en la revolución francesa con los principios, de igualdad, libertad, solidaridad, que creo y cimento la luchas independentista en América Latina y el Caribe, con hombres y mujeres que crearon una nueva realidad humana, pero que lamentablemente ha sido manipulada, por las burguesías y el imperio estadunidense.

La violencia a escala mundial
Si bien hemos analizado algunos hechos históricos y actuales del capitalismo neoliberal, nos parece importante señalar la violencia y las guerras como factor de conquista y dominación, las guerras del siglo XX y XXI han sido guerras imperialistas, de dominación y conquista de países, para obtener los recursos del petróleo, minerales, agua, territorios, pero en estos mecanismos, se ha balcanizado a Europa, dividiendo a lo ex países de la URSS, como los del modelo socialista, para crear un dominios territorial e ideológico  de EEUU.

Estos hechos han creado un nuevo mundo de violencia y muerte, como los hechos de los Balcanes, Ucrania, las revoluciones de colores, sustentadas en la violencia y en el surgimiento nuevamente del fascismo, que ahora se ha ampliado al Medio Oriente, contra Siria, Irán, El Líbano, como Yemen y en cierta manera Qatar. Pero esta nueva experiencia, de guerras mediáticas, ha creado la violencia contra Venezuela, reinventando al fascismo clásico, racista, criminal y de odio, para poder obtener el petróleo venezolano.

La ficción supera a la realidad, al ver como la prensa ha creado una falsa realidad de Venezuela, siendo los asesinos pagados de la MUD, siendo la muerte como parte de sus políticas, para derrocar al presidente Nicolás Maduro, sin esperar las elecciones en un año y medio, la misma compra de funcionarios es parte de la estrategia imperial. En esta caso de la Fiscal General Luisa Ortega, que ahora ataca al gobierno y se venda los ojos ante los crímenes, de los terroristas y sus marchas, que de pacificas no tienen nada, ataques al TSJ y al el Ministerio del Interior, como quema de hospitales, asesinatos de ciudadanos y destrucción de vías y vehículos, son parte del terror y la muerte, de esta nueva versión fascista criolla, apoyado por el presidente Donald Trump y su gobierno guerrerista.


 diegojolivera@gmail.com