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viernes, 28 de agosto de 2020

Incendios forestales en 11 provincias argentinas y Duhalde nos revela su intención golpista


Por Norma Ferreyra: 
La codicia de los agronegocios y la aparición posterior de Barrios cerrados y Countrys en las reservas forestales, no bien se apagan los incendios , habla a las claras que la destrucción de dichas reservas en mi país y seguramente, en el mundo, lo que lleva a un ecocidio y a un genocidio. Estos hechos son, en un 95 %, producidos por la mano del hombre, interesado en culpar al calentamiento global, para que los políticos se apoderen del territorio mediante testaferros. Una tristeza sin fin por ver tanta destrucción y la inacción de todos los gobiernos. La historia interminable de la depredación de nuestros recursos, que no respeta pandemia alguna, sino que aprovecha la cuarentena, para hacer estas cosas.


En la foto que ilustra mi artículo, tomadas casi en tiempo real, se pueden ver desde los satélites de la NASA, los focos de incendio que hay en el mundo, por lo que puedo mostrar los de mi país,  mientras los gobiernos nada previenen  y nos ocultan los beneficios que suelen traerles esos incendios, que se pretenden justificar en “el calentamiento global”, que siempre es usado por las ONG cómplices, para que se pretendan disminuir la población en por lo menos 2/3 como dicen las teorías conspirativas, que son menos mentirosas que los políticos que salen siempre beneficiados con los incendios. ¿Cómo? Pues hay algo que aparece siempre, cuando se apagan estos fuegos,  en los terrenos quemados de la Reserva ecológica y son las edificaciones de Barrios cerrados y Countrys, donde todos ignoran quién es el dueño o testaferro que los autoriza. Pero atención: porque es fácil acabar con todo el fuego, que se reitera todos los años, sin que nadie les dé una solución para que no se extiendan, de la manera como lo hacen con total tranquilidad. Hay formas de cortar fuego. Yo no entiendo de ello pero sí los bomberos, aunque jamás reciben recursos del Estado para hacerlo. Pienso que se trata de cortar la reserva, con espacios sin árboles para evitar la propagación, según  explicaron los lugareños.

De cualquier modo, jurídicamente, es mucho más fácil cortar el fuego intencional, mediante el dictado de una ley, que obligue a reforestar como obligación prioritaria del Estado. Claro que la clave del éxito, es que la introdujéramos los ciudadanos en la legislatura, juntando millones de firmasEl proyecto de ley,  debería prohibir ocupar, edificar o sembrar en esas zonas de  reservas establecidas en un mapa y por 20 años, tiempo en que sí o sí, debería consolidarse la reforestación.  Sería bueno, también, ubicar en otro mapa campos agrarios incendiados con cualquier otro fin, aunque no fueren zona protegida y que también son intencionales, por poner en peligro a la población y con penas de de un mínimo de 10 años, sin que se pueda sembrar en ellas. Y que se permita exportar únicamente lo cosechado en ese año, para impedir los granos con conservantes y venenos excesivos, en los silos, con el fin de especular con ganancias siderales. La llave de la exportación la tiene el Estado y por supuesto, el control de cosechas y eso, hay que ejercerlo. ¿No es fácil y rápido? ¿O vamos a creer que son las colillas de cigarrillo las que provocan esos incendios? ¿Y si el mundo nos copia? ¡Vamos Argentina!

Pasando a otro tema, resulta que un golpista que nadie votó pero que se hizo cargo de la presidencia de la noche a la mañana, lo que es largo de explicar y que anteriormente fue el vice de Carlos Menem, ese famoso y falso peroncho que se colgó de los periodistas liberaloides Neustad y Grondona y que cuando fue elegido presidente, hizo todo lo contrario de lo que había prometido, tal como Macri y Alberto Fernández. Pero claro, él se disculpó cínicamente y expresó, que “si hubiera dicho lo que realmente iba a hacer, no lo hubieran votado”. Y precisamente, el vice de este oportunista, era Eduardo Duhalde, el que hoy nos pronostica un golpe de Estado, sacando cuentas de los 14 golpes militares que hubo en la Argentina desde hace aprox. un siglo. Y él los lleva muy bien contados en su cabeza enorme y vacía, porque siempre tuvo que ver con alguno de ellos, ya que hubo muertes que se derivaron de sus actuaciones solapadas, como la muerte de Cabezas, la destitución del presidente elegido por asamblea legislativa, después de la sucesión de varios presidentes en donde se designó a Rodríguez Saá, pero luego de declarar el default, fue Duhalde el que conspiró para a pocos días de asumir, propusiera a todos quienes lo consagraron, dejarlo sólo y así, lo hizo renunciar. Duhalde tuvo que ver con varias conspiraciones, hasta que logra derrocar a De la Rúa, algo que también costó  varios muertos. Y en esa transición se nombra a Duhalde quien, luego va a elegir a Kirchner en el gobierno, con un resultado del 23 % de votos, pretendiendo usarlo como títere, Lo que nunca ocurrió. Este escandaloso sujeto, de Cabeza grande y hueca, era más comunista que peronista, ya que durante su gobierno, como presidente  transitorio, sin aval popular, se mostró más comunista que Fidel, con sus “manzaneras”, que son como los encargados de resolver los problemas de unas 20 familias, directamente, como aquellos “pioneros” del comunismo y donde puso al frente, a su esposa “Chiche”. 

Hoy ambos colgados de puestos públicos del Peronismo. Y no sólo dice que vendrá un golpe de Estado, porque se lo contó un militar, sino porque es el vocero de Clarin. Luego, dijo que tuvo un rapto psicótico. Confesó que le dijo a Alberto que se desligara de Cristina. Y no sé cuántas cosas tan incoherentes como Biden, el candidato demócrata de EEUU, enfermo por su senilidad. Un mal bicho es Duhalde que hoy propone un gran acuerdo nacional entre todos los partidos, en unión nacional. Lo que él pretende, es que unamos el agua con el aceite, para perpetuarse en el poder, pero sin Cristina, tiene alergia a los Kirchner, porque no los pudo dominar. Y esa unión o diálogo cómplice entre todos, pasa hoy como complot en contra del pueblo trabajador y de los jubilados. Un diálogo de unión, donde la elite de Soros y Bill Gates imponen las condiciones y ya son 3 las vacunas que probarán en nuestros cuerpos. No… Sr Duhalde, ya es hora de que se retire a un geriátrico experto en psiquiatría, créame, las cabezas grandes y vacías suelen llenarse de parásitos y de hongos, con el paso del tiempo. Sepa que los militares, defienden hoy a la democracia. ¿Y sabe qué? Ya deje de darnos lástima.

normaef10@hotmail.com

sábado, 21 de septiembre de 2019

El anticapitalismo de la Revolución Verde



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
El mundo ha logrado alarmarse frente a los catastróficos pronósticos sobre el cambio climático. Para una o dos décadas más es posible concebir una calamidad universal de no cambiar drásticamente nuestras formas de producción y consumo a fin de ponerle freno al calentamiento global y la depredación de nuestros bosques, fuentes de agua y dispendio de materias primas. Pese a las guerras, catástrofes medioambientales y otros fenómenos que se suceden a diario, lo cierto es que la población mundial crece constantemente y el planeta empieza a colapsar en el abastecimiento de tantos millones de seres humanos.


 Hace unos sesenta años, en París, un grupo de calificados científicos nos advertían que de continuar las formas de explotación capitalista de nuestra naturaleza, el mundo se condenaría a su destrucción y, aunque la advertencia nos sonaba entonces algo exagerada, la verdad es que ya podemos apreciar los nocivos efectos de la llamada sociedad de consumo, de los intereses escocidas del ahora autodenominado neoliberalismo y de la creciente confrontación entre las grandes, medianas y pequeñas naciones para imponer su hegemonía al mundo o proteger sus reservas naturales. Por algo se dice que la próxima guerra mundial podría ser la del agua, ante su inminente agotamiento, cuando el acceso al petróleo ya ha ocasionado y seguirá produciendo graves conflictos mundiales.

Aunque tuvimos falsos profetas que nos auguraron el triunfo definitivo del capitalismo, por sobre todas las experiencias socialistas o comunistas, lo cierto es que la paz del mundo debiera revolucionar rápidamente las bases actuales del comercio mundial, prohibir la concentración económica y la extrema riqueza, además de rescatar a más de la mitad de los habitantes del mundo de la pobreza y el atraso. El mismo planeta ya no soporta tanta inequidad social y amenazas tan extremas y arriesgadas como la producción de armamentos de destrucción masiva o “disuasivas”. Asimismo, es preciso que los seres humanos se acostumbren a vivir con lo esencial y en equilibrio con tu entorno natural, lo que supone sepultar necesariamente las ideas propiciadas por las naciones hegemónicas, la voracidad empresarial y el afán de los pueblos devenidos en simples consumidores y mano de obra de intereses ajenos.

Cada país y continente debe hacer frente a la catástrofe que se avecina y que se expresa tan locuazmente en el derretimiento de nuestros hielos, las múltiples inundaciones, los incendios forestales, los ciclones y otros fenómenos que ciertamente se vienen multiplicando y acentuando en intensidad. Entre las mayores iniciativas, ya se ha dicho, hay que descarbonizar y olvidarse de los recursos fósiles para producir nuestra energía industrial y familiar; adoptar las fuentes limpias que las naciones más conscientes están ya alentando, aunque todavía más acicateados por la una nueva oportunidad de negocios que por un imperativo moral.

De la misma forma es que hay que variar nuestros hábitos alimenticios, adoptando el consumo de proteínas también limpias y no tan provenientes de la carne animal que, como se ha comprobado, es una de las principales causantes de la crisis hídrica, la deforestación e, incluso, de un sinnúmero de trastornos a la salud.
Lo cierto es que el colapso nos amenaza a todos y que esta vez los países y poblaciones más ricas no podrán escapar a sus consecuencias, porque ciertamente la ciencia y la tecnología no le darán tiempo para escapar de la Tierra y asentarse en otro lugar del universo como algunos han llegado a fantasear en su delirio y renuencia a cambiar sus formas de vida. Pero de todas maneras nos tememos que la tozudez del pensamiento de derecha, los intereses creados y la simple condición humana impidan o retrasen la llamada “revolución verde”, la conciliación del ser humano con la naturaleza y la adopción de formas solidarias de desarrollo entre los pueblos.

De allí que el progresismo universal tenga tantos deberes y posibilidades a partir de la hecatombe que se avecina. Que las llamadas o autodenominadas izquierdas puedan confluir en un imperativo ético y político, al mismo tiempo que se alejen de todas esas ideologías o caprichos mesiánicos que perdieron realmente vigencia en el mundo actual, no tanto por el fracaso de algunas de sus experiencias reales, sino por la irrupción de nuevos problemas y desafíos. Que ya no son de cada país, etnia y clase, sino de todos los habitantes del planeta.

En lo que más conocemos, el caso chileno, asumimos que la preocupación por el medio ambiente y nuestro frágil territorio ya ha entrado al debate público y ello ha estimulado implementar muchas y novedosas acciones a lo largo de todo el país en el desarrollo de la energía solar y geotérmica, la posibilidad de desalinizar nuestro mar o, incluso, considerar seriamente la idea de esa carretera hídrica que nos permitiría conducir nuestras abundantes aguas del sur hacia el centro y el norte del país. Sin embargo, muchas autoridades soslayan el hecho de que en las últimas décadas lo que se ha propiciado son más plantas de carbón, incluso por sobre las cuestionadas hidroeléctricas. Así como se comprueba la indolencia de todos nuestros últimos gobiernos al soslayar las inicuas depredaciones provocadas por la minería y la agroindustria, con sus criminales consecuencias contra la salud de varias ciudades y poblaciones. El envenenamiento de ríos mediante sus relaves y el agotamiento de nuestros manantiales subterráneos de Santiago al norte del país.

Realmente pensamos que, sin renunciar a objetivos tan nobles como los de la verdad y la justicia (que tanto compromete a algunos partidos y movimientos), todas las expresiones vanguardistas debieran avanzar hacia los nuevos objetivos y urgencias de los Derechos Humanos, tan conculcados por nuestras grandes empresas y la frivolidad de nuestros gobernantes. Felizmente, el agotamiento de ciertas ideologías y métodos de lucha tiene como feliz corolario la decepción del pueblo respecto de los partidos y otros referentes. Al mismo tiempo que crece el interés de nuestras poblaciones por las ideas de la ecología y las manifestaciones de defensa de la “casa de todos” y la igualdad social.

Debemos asumir necesariamente que es muy poco lo que puede hacer Chile frente a los desafíos de salvar el Planeta en un país cuyos verdaderos soberanos son las empresas transnacionales, con la Constitución y las leyes que inhiben la voluntad popular y democrática, como el poder del Estado.  Pese a que somos una de las naciones más ricas del continente, con gigantescas reservas monetarias pero que solo pueden tocar el desmedido y absurdo gasto militar, como la incontinencia de una clase política que se hace pagar caro en su papel de cancerbera del orden institucional vigente y las inversiones foráneas.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 18 de agosto de 2018

El lento suicidio de una nación


Por Carolina Vásquez Araya:

Hay muchas maneras de acabar con las posibilidades de progreso para un país.

Cuando presumimos de ser inteligentes, solemos compararnos con otros seres vivos de la naturaleza. Grave error. Nuestra capacidad para pensar, analizar, diseñar nuevos modelos de sociedad, desarrollar tecnología y modificar el entorno se ha divorciado paulatinamente de las necesidades vitales de las personas. Los animales y las plantas, en cambio, funcionan de manera colectiva y no solo se protegen, sino además administran sus recursos para evitar sufrir las consecuencias de una depredación total de su hábitat.


En estas primeras décadas del siglo nuestra dependencia de los sistemas tecnológicos tiende a acentuarse de modo acelerado. Quienes poseen los recursos económicos para tener acceso a la tecnología, esta dependencia alcanza visos de obsesión. Lo que no nos dicen es cómo van a enfrentar las nuevas generaciones –y quizá nosotros- los enormes desafíos cuando los fenómenos atmosféricos alcancen un nivel catastrófico: calentamiento global y desertización con su cauda de inundaciones, pérdida de fajas costeras, agotamiento de los recursos hídricos, sequías y otros fenómenos de los cuales ya hemos tenido los primeros anuncios.

Si esto resulta fatal en países desarrollados, para aquellas naciones menos afortunadas, cuyos gobiernos corruptos se sostienen gracias a un balance desigual de los poderes, el futuro presenta riesgos de enorme envergadura. Entre estos países se encuentran algunos de los más afectados por las intervenciones políticas, económicas y militares de Estados Unidos, como los que componen el triángulo norte de Centroamérica –Guatemala, El Salvador y Honduras- cuyas frágiles democracias se encuentran bajo constante amenaza.

En estos países, los indicadores de desarrollo humano revelan un cuadro de abandono y abuso indescriptibles. La desnutrición crónica, miseria, violencia y falta de oportunidades para las nuevas generaciones auguran un futuro marcado por la profundización de sus carencias, con una gran masa poblacional bajo la línea de la pobreza cuyas capacidades intelectuales -reducidas por efecto de su condición nutricional- les impedirá tener acceso al mercado laboral; y cuya pobreza será, por razones obvias, un obstáculo insalvable para emprender cualquier iniciativa como salida hacia el desarrollo.

Lo más preocupante de este cuadro es la falta de inteligencia de quienes poseen el poder económico. Ocupados en consolidar sus privilegios y aumentar sus riquezas, han olvidado el hecho elemental de su dependencia de la fuerza laboral, gracias a cuyo trabajo mal remunerado han amasado algunas de las mayores fortunas del continente. Sumado a ello, su indiferencia hacia las graves consecuencias de sus industrias extractivas y cultivos extensivos, que han destruido por completo algunos de los más importantes ecosistemas de la región, denota una absoluta falta de sentido común.

En otras palabras: la combinación de gobiernos corruptos y empresariados miopes da como resultado el suicidio lento de naciones ricas en potencia, pero miserablemente administradas por castas fincadas por siglos en los poderes de esos Estados. A ello se suma una clase media con afanes aspiraciones y bajo la ilusión de pertenecer al sector privilegiado aun cuando lo sirven por migajas. Este colchón poblacional –entre los ricos muy ricos y los pobres muy pobres- se conforma mientras no haya síntomas de colapso y reeligen, una y otra vez, a sus mismos representantes políticos. Quizá sea ahí en donde se necesita empezar a reconstruir la autoestima de estas naciones castigadas por siglos.

La codicia es capaz de anular la inteligencia y el sentido común.

elquintopatio@gmail.com

viernes, 11 de mayo de 2018

El humanismo sin dogmas

Por Rafael A.Ugalde:
Tres años después de su nacimiento, el mundo  cimbró como nunca, presagio ineludible  de que Europa y “los salvajes” descubiertos por Cristóbal Colón cambiarían la historia para siempre. Desde 1810 hasta 1821, en  varios sitios de los territorios subyugados por los “civilizados” europeos levantaron la voz y dijeron basta ya de depredación y saqueo. La independencia llegaba.



Por eso se dice que el nacimiento del filósofo, economista, abogado y periodista, Carlos Marx, el 5 de mayo de 1818 en  Tréveris, Alemania, es  preludio de una tempestad que dos siglos después sigue agitando la ciencia, la política, la ética, el odio, el amor.

 Nacido dentro de un hogar religioso, de padre rabino, el pensamiento de Marx no está desligado de las creencias de sus progenitores ni de la base fundamental de la teología alemana, que tantos aportes sigue dando a todo el pensamiento filosófico  contemporáneo.
Con su entrañable amigo, Federico Engels,  pusieron el mundo de cabeza, hasta el día de hoy; sin embargo, la obra magna de Marx, el Capital, fue el que produjo “temblaría” en todo el orbe.
A diferencia de los economistas de la época, él  explicó de forma irrefutable que la pobreza  obedece a que una parte importante del esfuerzo humano se queda en el bolsillo del  empleador.
De tal manera, que no hay casualidades en la economía, ni tampoco existen en las relaciones sociales, pues todo está definido por cómo  producimos, vendemos, usamos y explotamos, en un determinado momento histórico.

Marx, que ejerció muy joven  el periodismo a través de su “Gaceta”,  enseñó después que no hay tal neutralidad ni objetividad en las noticias porque ellas son “mercancías” vendibles y consumibles.
Su cuestionamiento a ese mundo superficial le costó que perdiera una de sus hijas de hambre, pues este hombre, de corazón bondadoso, mirada atenta pero pensamiento mordaz, sus enemigos lograron presentarlo como “el diablo” encarnado en un ser humano.

Sus rivales – muchos de ellos autonombrados “marxistas” para seguir vigentes-  después de muerto tergiversaron su método científico, convirtiendo su análisis en dogma.

Y muchos de ellos extendieron su dogmatismo hasta América Latina, elevando a categorías relevantes contradicciones banales  para entretenernos  viendo el árbol y no el interior del bosque.
Es hasta los años 60 que el “marxismo” latinoamericano emerge como ciencia renovada, y empieza a ver en las diferencias hemisféricas  la riqueza verdadera de las naciones.

Para el marxismo latinoamericano hoy  la paz y la democracia participativa y protagónica, como un constante hacer, es preferible que la guerra; que no hay dignidad sin respeto ni igualdad, que no hay independencia política sin autodeterminación.
 rafaelangelu@yahoo.com

martes, 8 de mayo de 2018

La lucha proletaria en el nuevo contexto capitalista


Por Homar Garcés:
La historia humana de los dos últimos siglos tiene como rasgo característico el antagonismo y las contradicciones existentes entre el capital y el trabajo asalariado. Esto generó concepciones políticas e ideológicas (algunas con intenciones conciliadoras) que defienden o justifican a uno u otro elemento en pugna. Otro tanto hay que decir de la diversidad de derechos socioeconómicos que conquistaran los trabajadores, a costa de sus vidas, luego de librar múltiples luchas en diferentes épocas, las cuales no son, por consiguiente, concesiones generosas y espontáneas de quienes conforman la clase capitalista dominante. En contrapartida, la clase capitalista dominante -como siempre- busca expandir sus ganancias a expensas de la fuerza de trabajo asalariada, juntamente con los recursos existentes en toda la naturaleza, en un proceso de explotación y depredación que amenaza seriamente con destruir todo vestigio de vida sobre la Tierra; cuestión ésta que se ha acelerado gracias a la globalización neoliberal y a la oferta engañosa sostenida de un progreso compartido armoniosamente entre todos (que nunca deja de ser desigual y excluyente, pero que aún motiva a muchos a creer que sí es posible).


«Cuando las fuerzas conservadoras toman la ofensiva, quien paga el precio más caro es el trabajador. Él ve amenazado su empleo, sus derechos, su salario, su educación, su salud. Este primero de mayo -día del trabajador y no del trabajo, como algunos insisten en decir- encuentra a la gran mayoría de los trabajadores del mundo en situación penosa. Perdiendo derechos y con muchas dificultades para defenderlos», explica Emir Sader en su artículo «El día y la noche del trabajador». Amparados en su poder económico y, ahora, político, los dueños del capital globalizado (junto a sus asociados nacionales) han conseguido «socializar las pérdidas» y «privatizar las ganancias», imponiendo sus intereses por encima de las mayorías. Esto hace que la lucha proletaria se disperse, se desmovilice y se reduzca a conquistas laborales parciales, favoreciendo en muchos casos la posición del sector privado de la economía, en la confianza absurda de que éste compartirá sus dividendos con todos.

La confrontación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción (propiedad, dominación), fuerza de trabajo, medios de trabajo y medios de producción materiales trasciende los marcos de entendimiento y de lucha del pasado. Asimismo, aun cuando algunos insistan en su simplificación, la realidad creada por el capitalismo neoliberal en el mundo contemporáneo traspasa los límites nacionales, convirtiéndose en una realidad global, cuyos tentáculos abarcan ya no solamente lo económico, sino que se desparraman abiertamente hacia lo político y su rama militar, como en los casos de Estados Unidos, Brasil y Argentina.  

«No es necesario leer El Capital de Marx -nos asegura Octavio Alberola, histórico teórico y militante anarquista de origen español- para comprender que la apropiación de la plusvalía, producida por la explotación del trabajo, es la única razón de ser del capitalista y que esta ambición de apropiación no tiene límites para él, salvo lo que en ciertos momentos históricos le ha impuesto la lucha de clases. Así ha sido hasta ahora y, por el momento, nada indica que los capitalistas estén dispuestos a renunciar a la acumulación sin límites, pues ni siquiera les parece suficiente una justa retribución entre el trabajo y el capital». A pesar del tiempo transcurrido y de las diferentes mutaciones que ha podido sufrir el capitalismo desde que Marx la revelara al mundo, esta es una verdad incuestionable; máxime ahora cuando el capitalismo global apunta a controlar enclaves productivos de exportación en diferentes puntos del orbe que gozarían de una excepcionalidad jurídica y arancelaria, sin que se vea perjudicado o sometido por las legislaciones locales o nacionales donde éstos funcionen, en una especie de nuevas regiones coloniales.

Ello enmarca la lucha proletaria en la actualidad, lo que impone como reto adoptar una serie de objetivos por obtener como lo son la democracia económica, la sostenibilidad ecológica, la justicia ambiental, el desarrollo de las economías locales, la libre determinación y la soberanía de los pueblos, la defensa de las tierras comunitarias, la cooperación mutua y equitativa, además de otros bienes comunes que resultan inconvenientes e incompatibles en el nuevo contexto capitalista. -    
mandingarebelde@gmail.com