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sábado, 20 de julio de 2019

Maduro en la Encrucijada



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Todos los procesos de cambio van a encontrar siempre duros detractores. Es cuestión de revisar la historia universal, y muy especialmente la de nuestro Continente, para comprobar todo lo ocurrido durante la gesta, por ejemplo, de los héroes y libertadores de América, hasta la de un Salvador Allende y otros genuinos mandatarios propuestos a luchar por la dignidad de sus pueblos.

Nicolás Maduro no podía esperar otra actitud del gobierno de Estados Unidos y de las grandes empresas y consorcios que han colonizado nuestra región, especialmente en el país que tiene las mayores reservas petroleras del Planeta y está tan cerca de la codicia norteamericana y su enorme poder militar y comunicacional. Toda una maquinaria de guerra para desestabilizar y derrocar regímenes e invadir toda suerte de países para apoderarse de sus riquezas y destino político.


Todos los que se proponen concitar el apoyo y el fervor popular para cambiar la historia de sus naciones incurren, desde luego, en errores de distinta naturaleza y casi inevitablemente llegan a ejecutar acciones que dañan la integridad y los derechos de sus opositores y disidentes. Pero también es razonable asumir que siempre estos procesos van a despertar la ira y las conspiraciones criminales de los que necesariamente deben ser afectados en sus intereses; de los que se organizan para atentar contra de la infraestructura y las fuentes de la producción del país; de los que rápidamente se ponen a disposición del imperialismo y aquellos poderes contrarios a que haya pueblos dispuestos a torcerle el rumbo a las inequidades fragrantes y consagradas. Situación que vivía Venezuela con sus enormes riquezas en manos de unos pocos y de las llamadas empresas transnacionales.

Lo que no puede pretender Maduro es que sus transformaciones sean asentidas por el Imperio y el orden internacional que ha consagrado las ideas neoliberales y toleran la democracia y la soberanía popular solo hasta que ven la necesidad de promover dictadores y tiranos que salven o restauren el sistema económico social que los favorece. Libia, Irak, Palestina, Cuba, Irán y otros numerosos ejemplos sirven para explicarse cómo las naciones más poderosas acostumbran a borrar con el codo lo escrito con la mano, tanto en la Revolución Francesa, la Emancipación Americana y otros grandes acontecimientos libertarios.

Los chilenos sufrimos en carne propia la furia del Departamento de Estado, del Pentágono, de la CIA y tantas otras entidades para consumar en 1973 el derrocamiento y magnicidio de nuestro régimen democrático. Para lo cual decidieron financiar y alentar a los militares traidores, a los partidos reaccionarios y, como siempre, reducir o seducir a los llamados centroizquierdistas que, con el tiempo devienen invariablemente en centroderechistas, como tan bien lo expresa ahora nuestra escena política.  Fue así como, una vez acometido el asalto a La Moneda, tomaron posesión de nuestros yacimientos, empresas públicas, medios de comunicación, universidades y tantas otras entidades. Además de asesorar por largo tiempo a Pinochet para organizar campos de concentración, tortura y exterminio, e impregnar enseguida de autoritarismo y leyes terroristas toda nuestra institucionalidad. En el acompañamiento, también, de crímenes que se cometieron en territorio norteamericano, Argentina, Italia y otros países.

Lo que nadie puede negar es que Hugo Chávez y su revolución bolivariana llegaron al poder después de la corrupción de su clase política, los partidos y sus gobiernos. Ganando sucesivas elecciones y consolidando un sistema electoral, después, que fuera calificado por el ex presidente Carter como uno de los más probos y transparentes del mundo, junto con su proceso constituyente y su nueva Carta Fundamental. Porque no se puede ignorar, tampoco, la raigambre que mantienen las ideas chavistas en el pueblo venezolano, su enorme capacidad de movilización enfrente de la dispersión y las contradicciones que manifiestan sus opositores, a los cuales el Gobierno de Maduro les reconociera un triunfo en los comicios legislativos para llegar a instalar al propio Guaidó como presidente del Parlamento.

Difícil sería explicar lo anterior bajo un régimen verdaderamente dictatorial, como se lo acusa, al tiempo que explicarse el severo bloqueo impuesto por Trump a la economía venezolana, en la que no ha trepidado en confiscar depósitos de este país en el extranjero y apropiarse de sus refinarías sin consentimiento alguno del derecho internacional. Junto con ejercer toda suerte de amenazas y alentar la postura fratricida de Colombia, Brasil, Perú y Chile, entre otros, en contra de Venezuela. De gobernantes que son, por supuesto, discípulos de los regímenes militares alentados en la década de los sesenta y setenta en América Latina. Cuyo caso más vergonzoso es el de Sebastián Piñera que hasta llegara a Londres para solidarizar con Pinochet y salvarlo de un juicio internacional. Para luego garantizarle de por vida su impunidad.

Posiblemente sea un error el de Maduro pretender concitar apoyo mundial a su gobierno después de lo sucedido en Chile y tantos otros países. Que haya tenido la ilusión de que un informe de la señora Bachelet pudiera resultar ecuánime, por más abrazos y besos con ésta en el pasado. Solo tendría que haber preguntado cómo llegó la expresidenta chilena a ese alto cargo en las Naciones Unidas, después de sus horribles bemoles en materia de probidad gubernamental, tráfico de influencias y crímenes cometidos contra los mapuches bajo sus gobiernos, cuanto de la mano de su socialista subsecretario de Interior y su operación Huracán. Porque ella podría haber aspirado a una serie de otros cargos internacionales para prolongar su carrera política y peculio, pero jamás a uno que tuviera que ver con los Derechos Humanos, cuando por dos períodos gobernó una de las naciones más desiguales del mundo, sin que haya alterado lo más mínimo nuestra distribución del ingreso y la dependencia extranjera.

De allí que Maduro esté ahora tan complicado y ante una real crisis, luego de la férrea oposición extranjera a sus propósitos, la caída del ingreso petrolero y las enormes demandas económico sociales que abrió su proceso. A lo que hay que sumar el desabastecimiento alentado por la industria y el comercio, tal como lo conocimos en Chile. De todas maneras, debiera renunciar a la bendición de Estados Unidos y de los mismos países que en su momento traicionaron el sueño de la patria común de Bolívar. Preferible sería conformarse con el apoyo de China, Rusia, Turquía y otras poderosas naciones que todavía tendrán que comprobar si su adhesión es sincera y no interesada. Para ocupar, justamente, el espacio que dominaba Estados Unidos.

Debiera también valorar y cuidar mucho Nicolás Maduro la fidelidad de sus Fuerzas Armadas, las que desde hace largos años marcan diferencia con las de otras naciones del continente en materia de formación profesional, composición social y vocación democrática. Proponerse, más bien, ganar amigos en las expresiones realmente progresistas y de izquierda del mundo, despreciando los vaivenes y fragilidad ideológica de toda esa suerte de oportunistas que en el pasado hacían gárgaras de antiimperialismo y ahora se los ve debajo de la mesa del gobierno de Chile, por ejemplo, para recibir sus migajas o agenciarse algunos cargos menores o fugaces como el que se le otorgó al primer Canciller de Piñera por traicionar sus ideas o “pecados” de juventud.

No le vaya a pasar lo mismo a Maduro de lo ocurrido con la Unidad Popular, varios de cuyos dirigentes ya estaban escondidos al momento del 11 de septiembre, mientras Allende combatía y moría en La Moneda.  Los mismos políticos que después terminaron renegando de todo su pasado a la primera invitación de Washington y que, ahora, se instalan a la vanguardia intelectual en la guerra contra Venezuela, bien premunidos de recursos e impudicia. 

Evidentemente, hay que sacar lecciones de la historia y no rendirse a la campaña de desinformación alentada por los medios de comunicación estadounidenses y sus sucursales en nuestra televisión, diarios, radios y redes de internet. El Gobierno de Maduro ha cometido graves errores, si se quiere, pero el peor podría ser la búsqueda de reconocimiento de los que son y serán enemigos de todo cambio y objetivos de justicia. Y que ante el fracaso experimentado en Cúcuta, por ejemplo, ahora alientan mesas de diálogo e intermediación internacional.

La ética debe acompañar siempre los cambios. “La revolución es moral o no es revolución”, escribió Peguy, pero ello no debe llevar a los reformadores a tolerar las acciones criminales de los detractores, el sabotaje y la mentira organizada. Nos parece muy encomiable, sin embargo, que los que mataron a un opositor y conspirador encarcelado sean ejemplarmente juzgados, como ya lo han decidido el Mandatario Venezolano y su Ejército. Ojalá que ello hubiera ocurrido alguna vez bajo las dictaduras militares del Cono Sur o, incluso, bajo los gobiernos pretendidamente democráticos que les siguieron.

Por cierto que no es grato ver a cientos de miles de venezolanos emigrar hacia otros países, muchos de los cuales luego han comprobado su enorme error y desazón. En todo caso, estos movimientos parecen ser inevitables y reiterados, de lo cual sabemos también nosotros los chilenos cuando llegamos a tener más de un millón de compatriotas en el exterior dentro de una población que entonces no superaba los 12 millones de habitantes. Es decir, tres o cuatro veces menos que la venezolana actual. Cuando todavía hoy son más los chilenos en el extranjero que todos los inmigrantes avecindados en nuestro territorio en estos últimos años.

Sería muy triste para todo nuestro continente el fracaso del proceso político venezolano. El gobierno de ese país cuenta con una de las geografías más ricas de América, con un respaldo popular contundente y que nadie puede ignorar, además de la fidelidad profesada por los militares bolivarianos. Por el contrario, su enemigo principal, el presidente Trump, cada día está más desacreditado en el mundo, así como crecen los estadounidenses renuentes a seguirlo en sus disparatados caprichos y despropósitos. Ni qué decir los jefes de estado títeres de la Casa Blanca, como el de nuestro país, con una penosísima adhesión popular, a causa de haber traicionado una vez más las aspiraciones de los chilenos, rendido a los intereses foráneos y cediendo toda nuestra soberanía al Imperio. Lo que se revelara en su infeliz encuentro con el mandatario norteamericano cuando quiso anexar nuestra estrella patria a las de la unión estadounidense. Lo que sonrojó incluso a su huésped.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 9 de agosto de 2017

Venezuela Análisis de la Coyuntura Actual.

Por Juan Martorano

Ha resultado una tarea compleja, totalizar los resultados de las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, puesto que estamos hablando de más de 6120 candidatos y candidatas, y por el formato diseñado por el Consejo Nacional Electoral no ayuda mucho para ello. Sin embargo, lo haremos de una manera calmada, serena, para determinar los puntos en donde avanzamos y pudimos haber tenido algún retroceso, que sería necesario reforzar de cara a los comicios regionales del próximo 10 de diciembre de 2017.


Sin embargo, nos permitiremos realizar un análisis de coyuntura, a cinco días de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, y los últimos acontecimientos suscitados en la República Bolivariana de Venezuela.

La instalación de la Asamblea Nacional ha sido, como se diría en el argot taurino, cortando “rabo y oreja”, a propósito del recibimiento ante este cuerpo supraconstitucional del oficio del Tribunal Supremo de Justicia, que en Sala Plena, aprobó el antejuicio de méritos en contra de la doctora Luisa Ortega Díaz, para ese entonces, Fiscal General de la República.

Una vez conocida esta decisión, y por propuesta del constituyentista Diosdado Cabello, se procedió a la destitución de la doctora Luisa Ortega Díaz como titular del Ministerio Público, y se designó en su lugar al doctor y defensor de Derechos Humanos, Tarek William Saab.

Pero, es importante destacar, que los camaradas del Partido Comunista de Venezuela, en rueda de prensa de fecha 31 de julio de 2017, advirtieron que el fascismo tratará de escalar en la violencia en el país, y activará una serie de ataques y asesinatos selectivos.

En ese sentido, el propio Jefe del Estado, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, en encuentro con los constituyentistas, advirtió sobre la preparación de una agresión económica, política, diplomática y hasta militar, por parte del gobierno estadounidense en contra de nuestro país.

Algunos indicios sobre la preparación de ese zarpazo, denunciado tanto por el PCV como por el propio Primer Mandatario Nacional, lo podemos encontrar en el hallazgo del cadáver, el pasado miércoles 2 de agosto de 2017, del periodista del semanario “El Nuevo País” José Daniel Hernández, en las inmediaciones de la Universidad Central de Venezuela (siendo él estudiante de la Universidad Santa María), y el ataque con bomba a la embajada del reino de España en nuestro país.

Llama poderosamente la atención de cómo el ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, desde un foro en Cartagena, el mismo día que fue removida para poder proseguir el enjuiciamiento a la doctora Luisa Ortega Díaz, pidió la intervención de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de Venezuela, ante “la actual crisis que afronta el hermano pueblo de Venezuela”.

Asimismo, la hoy destituida Fiscal General, en sus primeras declaraciones, señaló que “no le preocupaba su destino en el cargo, sino el destino del país a partir de este momento”. (Resaltado del articulista).
Veinticuatro (24) horas después, se suscita el ataque paramilitar al Fuerte Paramacay en la ciudad de Valencia. ¿Casualidad? ¿Qué sabía Uribe Vélez o la doctora Ortega Díaz que nosotros ignoramos?

 El fascismo ha convocado a un nuevo “trancazo”, que pareciera más bien un llamado retórico que una acción real de agresión. Sin embargo, como ellos mismos señalaron que estaban en una “redefinición de su hoja de ruta”, no podemos bajar la guardia ni descuidarnos, así que estemos muy atentos y prevenidos.

De acuerdo a lo que se pudiera observar, pareciera que la oposición venezolana jugará a “dos bandas”, es decir, participar en los comicios regionales a escenificarse en nuestro país el próximo 10 de diciembre de 2017, y a su vez, continuar la vía insurreccional y sediciosa que iniciaron en el país desde hace más de cuatro meses. Ya el lapso de postulaciones para las elecciones a gobernadores, gobernadoras, diputados y diputadas a los Consejos Legislativos estadales se ha aperturado, pero, si bien es cierto que casi todos los factores de la oposición han manifestado públicamente su intención de participar en los referidos comicios, sin embargo, su inscripción, y por ende, su participación real y efectiva en los mismos, es una verdadera incógnita por parte de estos factores políticos. Por lo menos señalo esta tesis, para el momento en que escribo y puedan salir publicadas estas líneas.

Tampoco podemos obviar las afirmaciones del general MacMaster, quien es uno de los asesores de seguridad del presidente estadounidense Donald Trump, y con quien el diputado opositor a la Asamblea Nacional Julio Borges se reunió para pedir la injerencia de ese país a Venezuela, señaló, una vez electa esta Asamblea Nacional Constituyente. Señaló Mac Master que esta Asamblea Nacional Constituyente será “un punto de inflexión sobre la situación que vive Venezuela”. ¿A que se referirá MacMaster con esto?

Sin embargo, esta Asamblea Nacional Constituyente ha iniciado sus sesiones adoptando decisiones clave. Además de la ya mencionada en párrafos más arriba, ha aprobado dos acuerdos en aras de la paz y la estabilidad del país. Dictó un decreto constitucional sobre el funcionamiento y convivencia de este cuerpo supraconstitucional con el resto de los poderes constituidos, incluso con la posibilidad de remover a funcionarios o funcionarias de la Administración Pública y del Estado que pretenda obstruir su funcionamiento, y comprometer la paz y el funcionamiento de las instituciones democráticas en nuestro país.
La segunda, tiene que ver con la aprobación de la primera ley constitucional, donde se le da competencias y atribuciones a la Comisión por la Justicia y la Verdad, que preside también la constituyentista Delcy Eloina Rodríguez Gómez.

El tiempo de duración de hasta dos años de la Asamblea Nacional Constituyente tiene una lógica: la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, fundamentalmente se dedicó y asumió la tarea de redactar una nueva Constitución para que se pudiera refundar el Estado sobre bases sanas; esta Asamblea Nacional Constituyente asume la tarea no sólo de blindar y mejorar las actual Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, sino la ciclópea tarea de transformar el Estado y crear un ordenamiento jurídico adecuado a las circunstancias políticas, económicas, sociales, culturales y hasta espirituales que actualmente vive nuestro país.

Todo esto dependerá de las tareas y de la capacidad de respuesta que nuestra Asamblea Nacional Constituyente pueda dar, por eso ese tiempo de duración, que ha ocurrido en otros procesos constituyentes, como por ejemplo, el Congreso Constituyente de Angostura, el cual duró prácticamente un año.

Pero también, la pelea es peleando. Tratan de agredirnos, de asediarnos y ahogarnos, y no lo dudo, vendrán momentos duros y difíciles, pero, la pelea es peleando, y tenemos una Asamblea Nacional Constituyente con la que nos defenderemos y protegeremos a los sectores más vulnerables en nuestro país.

Esa es una primera aproximación sobre los acontecimientos más recientes en nuestro país. Pendiente de los próximos artículos, donde profundizaremos algunos de los tópicos señalados en este artículo.
¡ Bolívar y Chávez viven, y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!.
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Hasta la Victoria Siempre!
j_martorano@hotmail.com