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miércoles, 22 de abril de 2020

Obras Ciyberpunk con una ambientación distopía



Por Franklin Ledezma Candanedo

En el segundo aporte periodístico enviado a contactos inteligentes de la Patria Grande y Universal, en el sub título DISTOPÍA puntualizamos:

Otras más recientes son obras de ciencia ficción ambientadas en un futuro cercano y etiquetadas como cyberpunk, que utilizan una ambientación distópica, en que el mundo se encuentra coercitivamente dominado por las grandes transnacionales capitalistas con altos grados de sofisticación tecnológica y carácter represivo.


Hacemos un paréntesis para indicar que, con el surgimiento de una Internet ubicua, es decir, que está en todas partes, la mayoría de los ciudadanos han pasado a depender mecánicamente, de la televisión, de las redes sociales, del propio internet, en el que es fundamental la configuración del ciberespacio, para lo cual la persona, como tal, cambia a una relación denominada biodata, que no es otra cosa que un cuestionario con su información biográfica.

Al respecto, la seguridad de la información ofrecida tiene un efecto significativo respecto a la privacidad individual, principalmente en el mundo de hoy, en el que abundan los llamados hacker (*), quienes actúan por iniciativa propia o por encargo de personas naturales o jurídicas interesadas en robar datos, para causar daño (difamar, calumniar y/o chantajear), o para para favorecer intereses mercantiles y/o político-hegemónicos.

Aclaramos que el cyberpunk es una cultura que busca la rebeldía contra el sistema corporativo, es decir, crea el caos a través de la tecnología. Este género. por sí mismo, subvirtió la ciencia ficción y para entenderlo debemos observar desde muy lejos el mundo contemporáneo, en el que lo natural, lo orgánico, lo real, se confunde con lo artificial, lo mecánico y lo virtual.

El término pudo originarse en el cuento corto Cyberpunk, de Bruce Bethke y, más tarde, en sus autores centrales que, en general, aceptan haber sentado las bases del movimiento, como William Gibson, considerado el fundador, Bruce Sterling, Pat Cadigan, Rudy Rucker y muchos otros.

Destacamos que el cyberpunk es el modo de expresarse de quienes se encuentran atrapados en una lucha romántica entre el individuo y la sociedad. Para algunos el tema se convierte, incluso, en una obsesión por la privacidad y la seguridad, tanto online como en las calles.

El cyberpunk se percata que el mundo va en la dirección equivocada, ya que los ricos se vuelven más poderosos, mientras que los pobres se vuelven indefensos, trabajan más y ganan menos. A medida que aumenta la desigualdad, las tácticas se vuelven más desesperadas y se busca usar las herramientas del sistema contra el sistema.

El cyberpunk, en este mundo saturado de violentos cambios acelerados,  debe estar armado con una aguda conciencia de lo que sucede a su alrededor: Los avances en las tecnologías biológicas, de información, la inteligencia artificial y otras,  ya están cambiando radicalmente nuestras vidas. Pero probablemente solo serán más coercitivos e invasivos en el futuro, especialmente con el nacimiento del organismo cibernético y la interfaz cerebro-ordenador. Aunque estas tecnologías no son inherentemente malignas, sabemos los riesgos que pueden traer – y traen- si están exclusivamente en manos de la élite corporativa.

El aspecto más underground (**) del cyberpunk es la subcultura etérea (***) de hackers, y netrunners (****), una cultura sofisticada, una cultura que busca el equilibrio entre el mundo analógico y el digital, evitando la atención y la opresión del sistema.

El aspecto más conocido del cyberpunk es el subgénero literario de ciencia ficción que presenta una visión oscura, aunque dolorosamente realista, del próximo futuro colectivo, aunque observando lo que sucede en el mundo, ya existe y produce consecuencias negativas para todos, principalmente, para los desarrapados, los humildes, los sin tierra y obreros, a los que se les quitaron derechos adquiridos, a raíz y con motivo de la criminal pandemia pre elaborada: Covid-16.

Los programas inteligentes, los robots o droides y el cyberpunk frecuentemente desdibujan lo que significa ser humano. Generalmente, dentro del género Cyberpunk encontramos la historia de una o varias mega corporaciones controladoras que dirigen a la sociedad.

Es una palpable realidad que la línea entre el ser humano y la máquina ya empezó a desvanecerse, proceso que culminará con la estética de «luces de la ciudad por la noche», presente en gran parte del arte cyberpunk.

En un futuro cercano cibernético, pero que ya se vislumbra en el presente, la tecnología funciona de manera desenfrenada y, por lo general, manipula la mayoría de las interacciones entre los ciudadanos. Ya se entrelazan las fronteras sociales, la casa común está severamente dañada, lo mismo que el ambiente, el calentamiento global y la contaminación ambiental son realidades visibles, también lo son las hambrunas, guerras y pandemias pre fabricadas, al igual que falencias tantas, como el déficit de agua potable, entre otras, la corrupción pública y privada, la violencia y el crimen organizado, femicidios, discriminación, xenofobia, el narcotráfico y muchos más. Todos son temas claves que debemos denunciar, combatir frontalmente y ofrecer respaldo a quienes tengan respuestas sostenibles.

Un tema común para el control corporativo implica una distopía futurista, donde los últimos vestigios de la alta civilización existen solo en una ciudad cerrada y protegida, donde las libertades civiles se eliminan bajo el pretexto de proteger a la humanidad.

Mientras que algunas inteligencias parcialmente sometidas y/o esclavizadas pueden disfrutar, tal vez como fetiche (*****) del mundo distópico presentado en la literatura ciberpunk, sólo la mayoría consciente de las aberraciones fabricadas por la bestia (666) hegemónica y secuaces aliados, los compañeros progresistas-solidarios de la Patria Grande y Universal,  presentan resistencia y luchan mancomunadamente contra las mismas y enfrentan, con valor y dignidad al imperio neoliberal genocida-depredador de recursos ajenos.

Con la frase  “pon send (enviar) y a volar seguro”, recomendamos a contactos progresistas de la Patria Grande y Universal, que protejan sus correos electrónicos, para que no sean objeto de un acto de piratería o un ataque informático al ordenador,  y  para  que fructifiquen sus  acciones e iniciativas solidarias, En nuestro caso, la posibilidad de enviarles  aportes periodísticos de combate, aunque con sospechosos inconvenientes temporales, significa que los amos del mundo todavía no han dañado todo el sistema operativo de la computadora, ni han colocado un malévolo chip, para la manipulación mental, uno de sus15 objetivos siniestros.
Así concluimos esta tercera parte titulada OBRAS CYBERPUNK CON UNA AMBIENTACIÓN DISTÓPICA.
(*) Hacker: Persona con grandes conocimientos de informática que se dedica a acceder ilegalmente a sistemas informáticos ajenos y a manipularlos (Wilkipedia).

(**) Underground: Término de origen inglés con el que se designa a los movimientos contraculturales que se consideran alternativos, paralelos, contrarios, o ajenos a la cultura oficial (Wilkipedia).

(***) Etérea: Algo que es intangible o poco definido y, a la vez, sutil o sublime    (Wilkipedia).

(****) Netrunners es un juego de cartas coleccionables (CCG) diseñado por Richard Garfield, el creador de Magic: The Gathering. Fue publicado por Wizards of the Coast e introducido en abril de 1996. El juego tuvo lugar en el escenario del juego de rol Cyberpunk (Wilkipedia).

(*****) Fetiche: De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española (RAE), un fetiche es un elemento de culto al cual se le atribuyen determinadas cualidades místicas o mágicas. En pueblos de la antigüedad, los fetiches eran ídolos materiales. Fraternal saludo y adelante, siempre adelante (indoame08-15/04/20).

Periodista y Escritor

indoame08@gmail.com

sábado, 11 de abril de 2020

El mundo del Siglo XXI y la política de la supremacía Yanqui



Por Homar Garcés:

Quienes delinearon lo que habría de ser el “Proyecto para un nuevo siglo americano” (es decir, estadounidense, gringo, yanqui o norteamericano), dado a conocer a finales de la última década del siglo XX, concluyeron que «Estados Unidos no tiene rival a escala global. La gran estrategia de Estados Unidos debe perseguir la preservación y la extensión de esta ventajosa posición durante tanto tiempo como sea posible. Nuevos métodos de ataque electrónicos, no letales, biológicos serán más extensamente posibles; los combates igualmente tendrán lugar en nuevas dimensiones: por el espacio, por el ciberespacio y quizás a través de los microbios; formas avanzadas de guerra biológica que puedan atacar a genotipos concretos pueden hacer del terror de la guerra biológica una herramienta política útil».



Bajo esta orientación, los sucesivos gobiernos estadounidenses que el mundo ha conocido en estas tres últimas décadas, activaron diversas medidas a fin de impedir, bajo cualquier aspecto, el surgimiento de alguna otra potencia -aliada o enemiga- que opaque o frustre el papel que asumiría Estados Unidos como imperio mundial dotado de una supremacía militar presente en todos los continentes, en áreas vitales para el sistema capitalista globalizado, lo que le aseguraría ejercer un control directo de las soberanías del resto de las naciones.

Con base en esta directriz, Washington se permitirá intervenir en los asuntos internos de toda nación donde considere amenazados sus intereses o, sencillamente, ambicione sus recursos naturales estratégicos. Todo ello en el marco de un proceso de reestructuración global, iniciado en la convulsiva región del Medio Oriente, cuya máxima expresión es lo aplicado a Irak y a Libia, cuestión se proyectará, con un mayor énfasis, como una guerra justa contra el terrorismo y el narcotráfico internacionales, al modo de las viejas cruzadas medievales europeas.

Sin embargo, la unipolaridad económica y militar gringa subestimó, o no previó con suficiente sentido de realismo, la posibilidad que Rusia y, luego, China pudieran restarle espacio en la escena mundial, habiendo centrado su atención principal en la destrucción de la República Islámica de Irán, su piedra de contención en el vasto plan de reconfiguración del Oriente Medio; contando para ello con el rol neocolonialista de Israel.

Otra eventualidad no anticipada por los ideólogos del hegemonismo yanqui fue la situación política creada en Venezuela por Hugo Chávez, a la cual sucedieron y se sumaron procesos similares en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Nicaragua, los que, en conjunto, derrotaron la imposición del Área de Libre Comercio de las Américas y darían vida a organismos multilaterales de integración regional, con la expresa exclusión de Estados Unidos y Canadá. El teatro de operaciones global diseñado por los estrategas del Pentágono y del Departamento de Estado gringos se vería afectado así por tales situaciones, lo que impulsó a los gobiernos de George W. Bush, de Barack Obama y, ahora, de Donald Trump a emprender una política exterior agresiva y a desatar intervenciones militares de distintos rangos en algunos países, en abierta violación a lo estipulado en el derecho internacional con el aval de la Organización de las Naciones Unidas y en aparente defensa de la paz, la libertad y la democracia. 

El reto geopolítico, cultural y socioeconómico que todo lo anterior significa para el complejo industrial-financiero-militar que rige a Estados Unidos, a lo cual se agrega la presencia innumerable de inmigrantes en su frontera sur, ha permitido (o legitimado) que Donald Trump asuma un belicismo más frontal y peligroso que el de todos sus antecesores al frente de la Casa Blanca.

La reestructuración del capitalismo globalizado en beneficio directo de un reducido grupo de grandes corporaciones transnacionales requiere disminuir y eliminar cuanto antes semejante reto. Así, la militarización progresiva estadounidense de diferentes regiones estratégicas del planeta, iniciada por James Carter y reforzada por sus sucesores, es complementada por las acciones desestabilizadoras de grupos opositores a los regímenes hostiles a Estados Unidos (como en el caso de Venezuela), alentados, dentro y fuera de sus países, por medios de información encargados de tergiversar y magnificar los hechos que desemboquen en una eventual caída de los gobiernos que afectan (directa e indirectamente, real o aparentemente) los intereses geopolíticos, económicos y de seguridad nacional estadounidenses.

En un sentido estricto, lo que llamara el entonces presidente George Bush padre el nuevo orden mundial, tras la implosión de la Unión Soviética, exige la puesta en práctica de tácticas y estrategias que contribuyan a asegurarle a su nación una hegemonía global infinita, indisputable e indiscutible.

Esto supone la subordinación y eventual erradicación de las autonomías e identidades nacionales y culturales en un mundo dominado por la lógica capitalista neoliberal y, obviamente, por el american way of life. Quien se oponga a este designio imperial será automáticamente calificado como enemigo, lo que justificaría cualquier iniciativa tomada en su contra: elaboración y difusión de noticias falsas, atribución de delitos diversos, sanciones y bloqueos económicos, actividades terroristas, propaganda de guerra y asesinatos selectivos de líderes políticos y sociales, en lo que, sin duda, encaja en la definición de terrorismo de Estado y de crímenes de lesa humanidad, sobre todo cuando se miden sus impactos negativos en los niveles de sobrevivencia de poblaciones enteras. En el statu quo pretendido por los jerarcas de Estados Unidos nada que contradiga su visión y misión “civilizadoras” imperiales (imbuida de eurocentrismo al extremo) tiene cabida.

Como lo refleja Miguel Ángel Contreras Natera en el libro “Una geopolítica del Espíritu. Leo Strauss: La filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense”, a propósito del cuatrerismo encarnado por George W. Bush, “la política de la supremacía intenta consolidar, explotar y expandir las ventajas estadounidenses desde una perspectiva nacionalista y unilateral enfatizando el uso preventivo del poder militar y la coerción.

Esta fórmula se refiere al peligro representado por el terrorismo transnacional y los Estados canallas”. Los elementos esenciales de la política exterior yanqui siguen siendo los mismos de siempre, ahora extendidos en un contexto internacional dinámico y cambiante donde sus competidores (reales o ficticios), Rusia, China o Irán, tienen también sus respectivas áreas de influencia, a tal punto que se han hecho presentes en el ancho territorio de nuestra América, habitualmente considerado como el patio trasero de Estados Unidos.

La paz, la libertad y la democracia que dicha política defiende y proclama no son otra cosa que la mercantilización de cada espacio de vida existente sobre la Tierra, según los principios del neoliberalismo económico globalizado, en lo que constituiría entonces un meta Estado, de alcance transnacional, cuya característica fundamental será la máxima productividad a obtener de todo pueblo subordinado.

mandingarebelde@gmail.com