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viernes, 11 de septiembre de 2020

Las elecciones presidenciales en los EEUU

Por Julio Sergio Alcorta Fernández.:
Para muchos de nosotros se ha hecho interminable la expectativa de conocer cuáles son los acontecimientos que nos deparan, en estos dos meses que quedan para que llegue y se celebre el primer martes del mes de noviembre las famosas elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América.

En mi caso particular, sigo insistiendo en que la estrategia principal de la administración de Donald Trump y sus asesores, es diseminar, o más bien desparramar en todo ese pueblo, tan acostumbrado a padecer de las barbaries y el salvajismo de mandatarios inescrupulosos, embusteros e ineptos, imágenes ficticias, a veces fabulosas, y por qué no, también auténticas, cuando se les ocurre utilizarlas, atiborrándolo de episodios y lances de MIEDOS Y DE TEMORES.


Miedo a los emigrantes, al terrorismo, a las drogas, a la criminalidad, al comunismo, a lo socialista, al resquebrajamiento del imperio del consumo, al deterioro del bienestar, a sus congresistas corruptos, a la pérdida de hegemonismo, a sus guerras infinitas. Miedo a China, a Rusia, a Irán, y hasta Maduro; y naturalmente a los estúpidamente señalados por Bush hijo, de los 60 y más oscuros países.

Y es tanto así que Donald Trump y su pandilla han estimado ser poseedores de esas habilidades, por su exaltado nacionalismo, el énfasis en el slogan “América First”, una actitud y un estilo prepotente, machista, duro, a veces grosero, y sus discursos de enfrentamientos.
¿No fue algo parecido, salvando épocas y peculiaridades de pueblos, como en la década del 30 del pasado siglo en Alemania, recurrieran a una figura como Hitler?

Por otro lado, ¿se ha analizado con suspicacia y detenimiento, y a veces considerando posibilidades de ser exagerado y fantasioso, de que dentro de las maniobras y las estratagemas a emplear exista una confabulación, en que se evalúe como de gran provecho y utilidad las manifestaciones en contra del actual gobierno, sobre todo las que se tornan radicales y violentas?

Mientras más violentas y crueles, MÁS MIEDO Y TEMOR de la población, y lógicamente mejor para Trump. Incluso muchos otros pudieran pensar que las mismas se han desvirtuado en su esencia y hasta que se han politizado para beneficio del Partido Demócrata.

Al mismo tiempo, estamos en presencia de un proceso eleccionario totalmente diferente, pues se trata de cometidos tan irracionales, extravagante y a veces absurdos, que se utilizan y manipulan para llegar a elegir sus mandatarios: EL VOTO ELECTORAL, que fue aprobado hace más de 200 años, permaneciendo intacto hasta la fecha, en perjuicio de la democracia popular.

Como sabemos, las elecciones no la ganan el que más votos populares recibe, sino el que obtenga la mayoría de los VOTOS ELECTORALES, que se componen de 538 votos, equivalente a los 435 representantes y 100 senadores, más 3 del Distrito de Columbia, que representa la Capital Federal.  A cada Estado se le otorgan tantos votos electores según su población y otros índices importantes escogidos.

Recordemos que esto ha dado lugar a serias contradicciones, que han obstaculizado el consenso social, como las que acontecieron en las elecciones del año 2000, en las que, Al Gore, por el Partido Demócrata, perdió con George W. Bush hijo, a pesar de recibir más votos populares, interviniendo el Tribunal Supremo, que decidió que el ganador fuera Bush, después de un mes sin conocerse quien iba a ser el elegido.

Y otro caso reciente, en el año 2016, cuando Hillary Clinton, por el Partido Demócrata, perdió con Donald Trump, por el Partido Republicano, a pesar de haber obtenido, según se publicó, más de un millón de votos populares que el contendiente republicano.

Además de todo este desbarajuste de la tan afamada democracia de ese poderoso imperio, lo más significativo y asombroso, es que, en los Estados Unidos de América, con una población de aproximadamente 320 millones de habitantes, los ciudadanos con derecho al voto ascienden a alrededor de 227 millones, y las abstenciones siempre oscilan entre un 40 a un 50%. O sea, que el presidente de esa nación es elegido por un 30 a un 35% de los ciudadanos con derecho al voto.

Para concluir, lamentablemente nos encontramos en estos momentos , en una insólita y muy preocupante definición  de quien será definitivamente el próximo mandatario de esa poderosa nación, con la seria agravante de que dentro de sus dos únicos bandos, nos tropezamos con elementos y personajes que se han revelado como poseedores de la fuerza necesaria para obtener la victoria a como sea, dirigidos y guiados por el actual presidente a ser reelegido, con todas sus características de un nuevo ”fuhrer” al frente de sus hordas fascistas.

jalcorta@nauta.cu

martes, 11 de febrero de 2020

Por qué la Comisión de CIDH no debe visitar nuevamente a Venezuela



Por Ítalo Urdaneta:
Cualquiera pudiera pensar, debido a la manera como hemos titulado esta nueva entrega personal, que estamos apoyando que en Venezuela se violen los derechos humanos, pero valga la aclaratoria que no es así, por cuanto reconocemos que este es un principio universal que debe contar con el apoyo de cualquier ciudadano, indistintamente de sus creencias, raza o credo, así se encuentre en el más recóndito lugar del planeta.

Las razones que nos motivan a escribir estas nuevas líneas parte de la experiencia reciente que ha tenido Venezuela, por demás decepcionante, con los representantes de la Comisión Interamericana de Derecho Humanos (CIDH), apéndice de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), encabezada por su presidenta, Michel Bachelet, quien de manera descarada alteró la realidad del informe que hablaba sobre este derecho individual e internacional, en relación con nuestro país.


Defensores del imperio, que opera y actúa con su primacía de poder desde el Norte, han pretendido hacer ver que el gobierno revolucionario de Venezuela está en contra de que nadie venga a supervisar al país en representación de la CIDH, porque recientemente se comprobó que no es así, una vez que la propia Bachelet dispensó una visita al país.

Recordemos que el propio presidente Nicolás Maduro tuvo un encuentro con la Bachelet a mediados del año pasado, pero para asombro del país, y por qué no decirlo, de las naciones más equilibradas del mundo, el informe final que presentó posteriormente la ex presidenta de Chile, quien gobernó incluso a su país con la misma constitución que dejó el dictador Augusto Pinochet, presentó un informe amañado, tergiversado y carente de la realidad, de lo que pasa en nuestro territorio.

Bachelet, recuérdese, mientras ignora, por ejemplo las barbaries que se cometen a diario en Colombia, (Van más de 200 dirigentes sociales asesinados entre ellos periodistas) y lo que recientemente acaba de pasar en Bolivia, Chile y Ecuador, con similares números de muertos, incluyendo también a Perú y al propio Brasil, busca por el contrario, con lupa en mano, cualquier vestigio o causa, por muy insignificante que sea,  que permita perjudicar a Venezuela y a su gobierno revolucionario en materia de derechos humanos, con el solo deseo de crear un ambiente o unas condiciones que permitan sancionar o promover una intervención armada en perjuicio de nuestra nación, auspiciada por el propio imperio.

Acabamos de ver por “Globo terror” a otro mediático tratando de tergiversar los hechos en materia de derechos humanos en Venezuela. Puso como ejemplo como la CIDH, apoyada también por la OEA, intervino en la dictadura de Rafael Trujillo, en Santo Domingo, y rememoró como el ex presidente y novelista Rómulo Gallegos, desde Venezuela, promovió la supervisión de este organismo en nuestro país, por cuanto había sido objeto de un claro golpe de Estado.

Nadie en su sano juicio, si es un verdadero demócrata, humanista y un amante de la paz, puede estar en contra de que exista la CIDH, pero cuando vemos que el propio organismo se presta para apoya al imperio para que precisamente viole los derechos humanos en perjuicio de pueblos vulnerables y prácticamente indefensos, como viene ocurriendo con el caso de Venezuela, la cosa cambia, y eso le da el derecho a nuestra nación a rechazar la representación que dirige Bachelet para que visite nuevamente nuestro territorio.
La Organización de Estados Americanos (OEA), entre tanto, sigue pretendiendo aplicar sus políticas en contra de Venezuela, solo por resguardar los intereses del gobierno norteamericano, a pesar que nuestro país renunció a ese organismo multilateral precisamente por su grotesca manera de actuar, mientras ignora los desmanes que el propio imperio promueve, dirige y planifica en perjuicio del pueblo venezolano, así como lo hace también en contra de otras naciones, con el apoyo de la CIDH.

Aquí cabe preguntarse: ¿Por qué la CIDH nada dice del bloqueo que le mantiene el gobierno norteamericano a Cuba desde hace más de 60 años, y ahora a nuestro país, que incluso evita que se abastezca de medicamentos?

¿Importa poco acaso que, en Venezuela, y en remotas excepciones, mueran niños, jóvenes y ancianos por desnutrición, solo porque el imperio evita que lleguen con regularidad nuestros alimentos?
¿No es violar los DDHH evitar que Venezuela no reciba los pagos ordinarios por concepto de ventas de petróleo, oro y otros insumos, que le reportan los recursos necesarios para comprar precisamente alimentos y medicamentos, todo por culpa del imperio?

Venezuela, vale aclarar, es autónoma, libre y soberana, para tomar decisiones propias y decidir -al mismo tiempo- lo que le convienen o no. Al igual que EE. UU u otra nación del mundo, nuestro país tiene todo el derecho de determinar quién entra e incluso quién debe salir de su territorio nacional.
La experiencia nos dice que la CIDH que dirige Bachelet viene actuando de manera desproporcionada, pero además actúa amañada, interesada, sin equilibrio, sin razón y alejada de la realidad, como lo hizo la vez pasada en contra de Venezuela.

Por ello hay razones más que suficientes para evitar que esa CIDH de nuevo pretenda visitar al país, incluso sin solicitar el debido permiso como corresponde, solo porque desea tenderle la sábana al imperio para que promueva una intervención armada, repetimos, en perjuicio de todos los venezolanos.
Es evidente que la CIDH se hace la desentendida y evita al mismo tiempo reconocer que precisamente los DDHH los viola desde hace rato EE. UU, con sus políticas coercitivas que lleva a cabo en perjuicio de Venezuela.

Vale destacar que ahora la CIDH que pretendía entrar al país, como “perro por su casa”, ha dicho que despachará para atender las denuncias de Venezuela desde Colombia. Opinamos, en este sentido, que sería bueno que esa misma Comisión, aprovechando su estadía en Colombia, mire hacia los lados para tratar los incontables casos de asesinatos que a diario se cometen en el país granadino en perjuicio de dirigentes sociales, incluyendo ex guerrilleros que se acogieron al tratado de paz, pero que el narco estado colombiano, representado por Iván Duque, ha violado flagrantemente.
Decimos, finalmente, que en mi casa entra quien disponga mi esposa, y sino que lo diga ella. 

italourdaneta@gmail.com