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martes, 15 de mayo de 2018

Maduro el Protector


Por Ernesto Wong Maestre: 
A pocas horas de realizarse el séptimo proceso electoral en torno a la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela en el marco de las más de veinte elecciones realizadas desde 1998, resulta necesario repasar sucintamente lo que ha provocado en la mayoría de la población venezolana la profunda reflexión sobre: la satisfacción de sus necesidades, los problemas confrontados y las expectativas futuras. Son las tres claves en que se centrará la evaluación individual de cada elector que condiciona su comportamiento electoral. Cualquiera de los tipos de  decisiones posibles estará vinculada a alguna o a las tres motivaciones objeto del análisis y la síntesis de cada quien, y en ellas tendrá alta significación las políticas públicas y la formación ideológica, geopolítica y geoestratégica  llevadas a cabo por el líder de la Revolución Bolivariana, Nicolás Maduro Moros hacia los diferentes segmentos y grupos sociales del país.


 Al mismo tiempo, la decisión expresará el grado mayor o menor en que se encuentra el nivel de conciencia ciudadana o conciencia social, y más que el grado, expresará la calidad o sentido de sociabilidad y de visión de Estado que posee el pueblo, lo cual será a sí mismo un elemento muy significativo para la evaluación de lo que está ocurriendo en las subjetividades encargadas de llevar a cabo todos los procesos venezolanos de transformaciones sociales, en pleno desarrollo y en el contexto del mundo globalizado aún hegemonizado por el ideal capitalista. Todo ello condicionante de las motivaciones, necesidades, problemas y expectativas de las cuales surgirá la decisión de cada ciudadano o ciudadana.
 
En efecto, el elector puede decidir por participar o abstenerse de asistir a votar a su colegio electoral. Ya ahí hay una primera gran decisión que en la gran mayoría de los electores se fue construyendo desde que el Presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, llamó públicamente a la sociedad a realizar elecciones presidenciales y el Consejo Nacional Electoral (CNE) aprobó la fecha de las mismas. En el segmento social restante, hay una porción cada vez más minoritaria, que corresponde al tradicional abstencionista que ni siquiera se ha registrado en el CNE o que aún estando registrado nunca ha asistido a votar, sea por cualquiera de las causas posibles.

Por ello, de lo que aquí se trata es de precisar qué sentido final dará esa gran mayoría decidida a participar en todo el proceso de construcción individual-social de su decisión para elegir su Presidente. No resulta necesario argumentar lo que es tan evidente en la Venezuela Bolivariana: hay una población adulta electoral mayoritaria que desde hace más de diez a quince años ha optado por alguno de los dos caminos o vías de conducir al país: la de rechazar las propuestas del gobierno bolivariano o la de apoyar el proceso de transformaciones sociales iniciado formalmente desde las elecciones presidenciales de 1998 donde la mayoría optó por dar su apoyo al candidato y líder del Movimiento V República, Comandante Hugo Chávez. Para esas dos grandes poblaciones que abarcan más del 65% de la población apta para votar la decisión actual de asistir a las urnas estará influida hacia una u otra dirección por la posición que asuman ante las amenazas proferidas desde la Casa Blanca hacia Venezuela o ante las expectativas que les han creado los candidatos opuestos al líder bolivariano Nicolás Maduro.  Para quienes consideren la Patria primero, el deseo a participar se acrecentará mientras que para las personas: a) comprometidas con su origen de clase pudiente, b) leales a sus patrones o c) interesadas o ilusionadas con llegar a ser de esa clase pudiente, la decisión tomará dos rumbos. Para una mayoría de ella el deseo a participar encaminará su decisión final hacia uno de los candidatos opositores pero para la minoría, quienes su visión está fuertemente influida por las expectativas o ilusiones del modo de vida estadounidense difundido en películas, comics, novelas, webpages o por otra vía, el ideal de Patria soberana e independiente está lejano o ausente total, y en tales casos optarán por aceptar el llamado de Washington y se abstendrán de votar.

Ello no quiere decir que los factores recién mencionados no actúan también sobre las personas que han decidido apoyar a alguno de los candidatos de la oposición, sino que en ellos prima precisamente la idea de que alguno de esos candidatos les haría más rápidamente realidad su ilusión de ascenso individualista a través del mejor relacionamiento con EE.UU y algunas de sus instituciones financieras que históricamente han beneficiado a las exclusivistas minorías pero amparadas en campañas mediáticas para ilusionar a las mayorías.       

Por otro lado, y es donde está la clave de esta elecciones presidenciales hay una población adulta tradicionalmente abstencionista de conciencia o por exclusión, o incluso movida por resortes materiales y que han sido votantes por los candidatos opositores que su decisión a participar –en los últimos cinco años- se ha ido tomando gradualmente y por pequeños o amplios segmentos, unos más comunicados que otros con las propuestas gubernamentales, según estos fueron relacionándose a uno u otro proyecto o procesos de transformaciones sociales impulsados desde el Gobierno, llámese Misión, Gran Misión, proyecto comunitario, cooperativista o incluso proyecto individual de vida no dependiente del poder privado globalizado.

Es a esta población la que más ha motivado incorporarse al padrón electoral, sea joven, joven adulto, de la tercera edad en sus dos grandes segmentos (antes y después de los 75) debido al mayor índice de esperanza de vida actual logrado por las bondades sociales del proceso revolucionario bolivariano. No es entonces nada casual que de casi 19 millones de inscritos en el padrón electoral de 2013 se haya ampliado en 2018 a casi 21 millones pues sin haber concluido el registro se informó por “la directora de la Oficina Nacional del Registro Electoral (RE), Amelia Alter” que hasta el 20 de febrero ya se habían “contabilizados 20.374.829 venezolanos en el país y 107.284 residenciados en el extranjero” (Telesur, 26/2/18).

En la influencia del aumento del padrón electoral en los resultados electorales debido al arribo de cientos de miles de jóvenes y adultos a estas elecciones presidenciales, debe tenerse muy en cuenta, y evaluarse profundamente el impacto sociopolítico que tendrá esa explosión demográfica que viene sucediendo desde el año 2000, unida a la elevada  inmigración colombiana que se ha residenciado en el país y, sobre todo, las transformaciones realizadas en todo el sistema educativo, nunca suficientes pero si necesarias y que han tenido un significado muy positivo en la elevación de la autoestima y el auto reconocimiento de los hoy ciudadanos o ciudadanas de la Nación, dos rasgos de la personalidad que inciden en el trabajo diario para lograr la reproducción de la vida social, en toda la vida política y en las llamadas “capacidades de acción colectiva” para la defensa integral y seguridad de la Nación, sobre todo ante las amenazas externas.

Si esto no fuera cierto la compleja coyuntura sociopolítica de 2017 no hubiera derivado en una Asamblea Nacional Constituyente, ni el momento actual, a pocas horas de las elecciones, sería de paz en todo el país, a pesar de las constantes campañas mediáticas injerencistas lanzadas desde el Comando Sur del Ejército de EEUU, su decena de bases militares en Colombia y desde los propios medios de comunicación privados que hábilmente se articulan y complementan entre todos esos actores externos.

Esa irrupción de la juventud venezolana en todos los ámbitos de la vida nacional con una visión e imaginario propio y las diversas misiones con las cuales se ha identificado, tendrán en estas elecciones un peso decisivo. De ahí que el Presidente Maduro haya puesto tanta atención y depositado en la juventud patriota, que es la inmensa mayoría, tantas esperanzas y le haya motivado y encauzado hacia tantas tareas de proyección social con un sentimiento protector, precisamente del mismo sentido del deseo y aspiración que fue formándose –a través de la educación, la familia protegida por la Revolución y las organizaciones sociales del entorno-  en la juventud de proteger a la Patria, en lo cual está posicionado como líder, “Nico”, como popularmente llama la juventud a Maduro. ¡Vamos Nico! grita la juventud en los actos masivos, junto al tradicional lema “El Pueblo Unido Jamás será Vencido” que tiende a emplear la población bolivariana más adulta en esos momentos de pasión patria.

En todo ese imaginario y praxis política de la nueva ciudadanía o del nuevo republicano que se está formando viene incidiendo significativamente el carácter protector y transformador de la Revolución y en este período de tránsito al socialismo en Venezuela donde el líder es muy significativo, como ha sucedido en la historia de las revoluciones sociales profundas, más no en las abortadas antes de consolidarse, como ha ocurrido en algunos otros países debido a que no han podido ser defendidas con éxito por sus pueblos frente a las clásicas estrategias de desestabilización usadas por la fuerza retardataria y ultraconservadora oligarquía-imperialismo. En nuestro caso, el líder transformador, Chávez primero y ahora Maduro, debieron priorizar la protección del pueblo para poder continuar y profundizar las transformaciones ya que estas dependen de la comprensión y el poder con que pueda actuar la población comprometida con la Patria desde sus diferentes segmentos sociales que integran el Bloque Histórico.

Por ello, el carácter protector del liderazgo revolucionario se expresa en la capacidad de controlar los recursos y riquezas del país para poder redistribuir la renta nacional y poder distribuir más justamente las riquezas, procesos que no siempre son concientizados por la población en general –como bien reconocieron recientemente Dilma Roussef y Rafael Correa-  debido a la dialéctica comunicacional entre las fuerzas en pugna y a los problemas  que generan las estructuras capitalistas, todo lo cual sigue constituyendo la base objetiva-subjetiva sobre la que se desarrolla el ritmo de transformaciones necesarias para consolidar la independencia y construir el socialismo como la única opción hacia la emancipación social.

En ese empeño debe comprenderse el liderazgo de Maduro quien protege a la población con políticas públicas efectivas, más eficaces y más conducentes a desarrollar las capacidades psíquicas de auto reconocimiento y autocontrol que contribuyen tanto a la elevación de la autoestima,  no solo de la juventud y de las mujeres y la familia sino también de las fuerzas sociales dispuestas a defender la Patria de las agresiones imperiales bajo el principio de la unidad cívico-militar. Los elementos meta cognitivos de naturaleza colectivistas en los integrantes del Bloque o Sujeto Histórico han tenido un alto significado para la resistencia popular frente a los procesos afectivos (emocionales, intencionales o pasionales) individualistas estimulados desde las campañas contrarrevolucionarias contra esos integrantes, en donde recae el peso de llevar a cabo las transformaciones o la propia labor de protección ideada y aplicada por el líder.

El carácter protector del liderazgo de Maduro es heredado del legítimo legado emancipador de Hugo Chávez y consecuencia del sentir y aspiraciones del pueblo pero también condicionado (impactado el ritmo y la profundidad) por la estrategia política del gobierno de EE.UU, decidida desde mediados de la pasada década y puesta en ejecución con mayor fuerza “blanda” e “inteligente” por el entonces presidente estadounidense Barack Obama quien aplicó –a diferencia de los dos anteriores-  la estrategia del enfrentamiento tridimensional (violento, financiero y comunicacional) directo contra el pueblo venezolano y su Revolución Bolivariana y lo ha continuado el actual presidente Donald Trump con su peculiar estilo empresarial-hollywoodense-gansteril, aunque en una coyuntura económico, social y política nacional de EE.UU e internacional mucho más crítica como superpotencia y con las mismas ínfulas de gendarme mundial, pero con los alcances muy contrarrestados por el poderío del socialismo chino y el potente nacionalismo ruso e indio que hacen el contrapeso mundial a EEUU.

Maduro hoy está más obligado a proteger y al mismo tiempo a transformar, lo que es la garantía más viable y pertinente para poder proteger masivamente de forma más oportuna y sostenible. He aquí la razón clave para haber usado las tecnologías comunicacionales de punta como es el Carnet de la Patria o el criptoactivo Petro, así como el internet con toda la plataforma digital necesaria con la cual es posible el uso exitoso de ambas herramientas. Todo ello, quien mejor y más rápido lo interpreta, es la juventud patriota, aunque también muchos sectores juveniles otrora apáticos que ya han empezado a involucrarse y por ello a ser más protegidos por los proyectos lanzados por Maduro como líder de un gobierno imbuido por el ideal revolucionario y con mucha presencia de jóvenes en los altos cargos. Con ellos Maduro protege el salario contra las campañas de especulación e inflación inducida por la burguesía, y por tal razón el Presidente está dedicada a proteger también a la empresa pública, la cual no debe descapitalizarse o arruinarse ante la incruenta competencia de precios.

En medio de todo ese macro proceso, Maduro protege el rendimiento de los deportistas, la salud de las embarazadas, el ingreso integral de las familias, los hogares vulnerables y la mejor vida de las personas con alguna discapacidad. Mencionar cómo lo hace, de todos es conocido, sólo falta darle la significación y el sentido más justo en el momento histórico que se vive, deber de cada ciudadano y ciudadana antes de ir a votar. Eso lo hará la mayoría que el 20M va a las urnas, y frente por frente al rostro de su líder dirá ¡Vamos Nico! ¡Vamos contigo al futuro!. 

Sin todos esos recursos físicos debidamente concatenados en un proyecto emancipador y el talento humano desencadenado, la protección de Maduro hubiera transitado por caminos tortuosos y no exitosos como los que lo han animado y motivado a seguir profundizando las transformaciones. Él ha tenido la inteligencia, las virtudes y el valor que requirió el Libertador Simón Bolívar para poder proteger estratégicamente al pueblo y este comprenda mejor los problemas, el por qué del alcance de la satisfacción de sus necesidades y de sus expectativas de manera que éste pueda más conscientemente proteger a la Patria.

He aquí la fórmula de la protección dialéctica que marca el rumbo de la vía venezolana al socialismo liderada por Maduro, el audaz y el protector de la vida de todos y de todas, sin excepción, porque mantener al país en paz y en una perspectiva de desarrollo sostenible, como bien lo han reconocido hasta los industriales y agroindustriales privados, es una aspiración de más del noventa por ciento de la población.

wongmaestre@gmail.com

lunes, 11 de septiembre de 2017

Nicolás: los anuncios y medidas adoptadas

Por Manuel José Montañez: 
Papeles para el Debate

En el marco de su reciente visita a la ANC, el compañero Presidente, Nicolás Maduro Moros, desarrolló un discurso alentador y bastante claro; tomándose decisiones, que fueron aplaudidas por Tirios y Troyanos.



Las denuncias sobre el bloqueo financiero impuesto contra la República y el pueblo venezolano desde la Casa Blanca, incluso a los propios gringos les han molestado y preocupado; pues afectan no solo sus inversiones en el territorio nacional, sino también, el devenir económico en el sur de los EE.UU., región muy afectada por los avatares de la naturaleza, que según teóricos de la conspiración, son fenómenos producidos por la mano humana. Hasta voceros de la burguesía criolla han manifestado su incomodidad (por el arrecio de las medidas que los neocon han impuesto a través de Trump desde la Casa Blanca), no por patriotas sino porque no hay nada más cobarde que un millón de dólares.

Por cierto, las "aladas" de oreja fueron celebradas.
En anteriores trabajos, he argumentado sobre la necesidad de consolidar en el Estado -si de verdad se quiere hacer una revolución- un fuerte, robusto y sólido aparato tecno político (el ilustre investigador y planificador chileno, Ministro de Salvador Allende, Carlos Matus, escribió estando en nuestro país, donde falleció, mucho sobre ese tema), que trabaje para la República y el pueblo y no continuar con una hidra de mil cabezas al servicio de grupos (nacionales e internacionales), históricamente vinculados a la corrupción, apropiación indebida del erario público y de la renta petrolera.

Llevamos más de cien años en ese macan y si no se desmonta ese modelo, no habrá posibilidad alguna de construir -en el discurso de moda- una Venezuela Post Petrolera, ya que mientras exista posibilidad de continuar apropiándose (directa o indirecta), de los petrodólares, jamás habrá en serio, voluntad de consolidar un aparato productivo (público y privado), autárquico. Lo primero que debemos hacer, es satisfacer la demanda interna y una vez ello ocurra, entonces pensar en exportar los excedentes. No en balde, en la IV república, los ministros neoliberales, desmantelaron el poco y pobre aparato industrial productivo y se dedicaron a estimular la economía de puertos que heredamos y no hemos podido desmontar. Miguelito Rodríguez, fue uno de los precursores con CAP.

Al igual que la Dra. Pascualina Curcio, yo me pregunto, ¿hasta cuándo le seguiremos dando dólares petroleros a "empresarios" parásitos y a las corporaciones extranjeras? Quien quiera ser empresario en nuestro país, que invierta; que traiga sus dineros. Estoy seguro, se le darán garantías constitucionales. En todo caso, el Estado no puede seguir siendo chuleado. Necesitamos esos dineros para modernizar el país de cara al siglo XXI que cabalgamos. No los exige, además, la globalización. No podemos competir ni ser eficaces y eficientes en los negocios internacionales, sino tenemos infraestructura adecuada.

No hacemos nada con tener Ministros o Viceministros, teóricamente "comprometidos"; incluso Directores Generales, Directores de línea y hasta Jefes de División, si aguas abajo de cada Despacho, quienes hacen el trabajo de carpintería, elaboran y construyen propuesta, en la mayoría de los casos, son fichas que no viven del sueldo que ganan en ese ministerio, sino que son asalariados e incluso informantes de corporaciones y grupos económicos o de poder político, los cuales terminan engatusando a sus respectivos jefes (generalmente son políticamente leales pero técnicamente incompetentes), quienes más luego le presentan al ciudadano Presidente y Jefe del Estado, bodrios que afectan la soberanía y por decir lo menos, dan pena.

Estos técnicos no tienen compromiso revolucionario ni de patria, a ellos los mueve otros intereses. Generalmente, don dinero. Son nómina de esos grupos de poder (mercenarios y mezquinos), los mismos que tanto ayer en la IV como ahora en la V república, continúan apropiándose (valga decir robando), la renta petrolera que es de todos los venezolanos y para ello, tienen infiltrados los distintos despachos por seudo servidores públicos, que elaboran e impulsan propuestas que no tienen nada que ver con el país sino con los intereses de los negocios de sus patronos nacionales o transnacionales.

Cuantas veces se denunciaron papeles de trabajo salidos de instancias gubernamentales como: Bancoex, Cancillería, Finanzas, BCV, del Ministerio de Economía, entre otros (construidos bajo el criterio de la propuesta gringa para América Latina del Plan Puebla Panamá "PPP", el IIRSA y soportados todos, por los constructos técnico jurídicos de los famosos Tratados de Libre Comercio "TLC"), que los tecnócratas privatizadores infiltrados elaboran y presentan a sus ministros respectivos para que más luego, en el marco de las relaciones internacionales, nuestro Presidente suscribiera bilateralmente con países vecinos, cuestiones que horadan y lesionan la integridad y soberanía nacional.

Por eso es que sostengo, que también debe llevarse a cabo una Constituyente Universitaria. No es posible que las Casa de Estudio del Estado venezolano, sigan formando gente académicamente positivista, neoconservadoras, doctrinariamente atrasados y una vez egresados, se colocan al servicio de bastardos intereses.

En el cuadro de lo anterior, quiero recordar algunos pasajes (guardando la distancia), del accionar gubernamental del Presidente Putin, quien recientemente se planteó resolver el tema de la corrupción y la ineptitud de los burócratas en su país, para lo cual realizó programas en vivo (muy al estilo de Los Domingos con Maduro), donde los llamaba a botón y les preguntaba, interrogaba y cuestionaba sobre sus tareas y de por qué no las habían realizado o concluido y al no responder o dar alegatos sólidos, inmediatamente eran botados; sacados del gabinete e incluso presos por ineptos. Allí no valió enroques, ni falsas lealtades partidistas, ni amiguismos, ni tendencias o grupos. Primero la Patria y miren ustedes, le funcionó.

Finalmente, el actual proceso político, que como herencia nos dejó el Cdte Eterno y Supremo, no tiene marcha atrás. Insisto, no hay posibilidad de medias tintas. Eso debe quedar muy claro.
La gente, el pueblo llano, dio una nueva oportunidad y la lectura correcta es, "no queremos reformismo"…...

 ¡El Socialismo se Conquista Peleando!
 ¡La Línea Justa es, Luchar hasta Vencer!
 (*) Politólogo e Internacionalista Venezolano
 Magíster en Seguridad y Defensa

monlan2001@yahoo.com 

sábado, 3 de septiembre de 2016

La ligereza del Sr. Almagro y la Carta Antidemocrática Interamericana

Por Grupo Expresión Karuachi

Se le conoce a esta parte del mundo como el “Hemisferio Occidental”; sin embargo, este es un término producto de la influencia y posicionamiento de una potencia hegemónica, la cual se reconoce a sí misma como el centro de poder omnímodo, que luego de la II Guerra Mundial redefinió a su antojo el juego de las Relaciones Internacionales basadas en su “interés nacional”, colocándose así por encima de los proyectos nacionales del resto de los países americanos. Con esta breve caracterización nos referimos al hegemonía estadounidense, el cual desde 1948, en el fragor del Bogotazo, empujó la conformación de la Organización de Estados Americanos (OEA).



Dicho organismo, tenía como propósito ser un espacio político deliberativo de la post guerra, que al igual que la recién creada Organización de Naciones Unidas (1945), permitiera crear un nuevo orden mundial. Sin embargo, esa concepción de nuevo orden, ha sido imaginada como un salvoconducto y carta blanca para en nombre de la democracia y de la libertad causar intervenciones como las ocurridas en: Cuba (1952), Guatemala (1954), Cuba (1961), Brasil (1964), República Dominica (1965), Argentina (1976), Nicaragua (1981), Granada (1983), Panamá (1989). Así vemos como a lo largo de la historia contemporánea de América, esas y otras muchas intervenciones, auspiciadas desde EE.UU. han sido validadas ya sea por voz y voto o por silencio de la OEA.

Pues fue concebida como la expresión de un imperialismo que ya se posicionaba como la reacción ante el Socialismo o gobiernos nacionalistas contrarios a los intereses imperiales. Para nadie es un secreto, que luego de un respiro político el 6 de diciembre de 2015, sectores de la oligarquía venezolana agrupadas en Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una suerte de salvavidas para el remanente de otrora líderes de partidos políticos caídos en desgracia por su pésima gestión pasada y para las “caras nuevas” nacidas de ese mismo pasado que en esencia no pueden desvincularse del mismo, iniciaron una especie de cruzada internacional.

Con el único propósito de debilitar al gobierno del Presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros, para sacarlo del poder en un lapso de 6 meses (Discurso del Presidente de la Asamblea Nacional el 05 de enero de 2016, con motivo de la instalación del período legislativo).

Bajo las premisas de supuesto régimen dictatorial, violaciones a la Constitución Nacional - eliminada de un sólo plumazo en el Golpe de Estado del año 2002 por este mismo sector-, violaciones a los derechos humanos, inseguridad, desabastecimiento de alimentos y de medicinas, actores de la oposición, hoy desde espacios de poder al que legítimamente accedieron por vía democrática, han logrado posicionar con el apoyo de las grandes trasnacionales de la comunicación (CNN, BBC Mundo, ABC de España, entre otros) y el desenfrenado lobby político internacional, especialmente, en países como Estados Unidos y España, que Venezuela vive actualmente una crisis humanitaria y que estamos ante la presencia de un Estado forajido.

Con actitudes entreguistas al imperialismo norteamericano y de desespero político por el vencimiento de un lapso autoimpuesto, estos actores de la oposición venezolana y de la derecha internacional lograron que el Sr. Luis Almagro, Secretario General de la OEA bajo una especie de somnolencia, de visión parcializada, sin conocimiento de la realidad política, económica y social de nuestro país, invocara con ligereza la aplicación del artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana a Venezuela, el cual establece: “Artículo 20: En caso de que en un Estado Miembro se produzca una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático, cualquier Estado Miembro o el Secretario General podrá solicitar la convocatoria inmediata del Consejo Permanente para realizar una apreciación colectiva de la situación y adoptar las decisiones que estime conveniente.

El Consejo Permanente, según la situación, podrá disponer la realización de las gestiones diplomáticas necesarias, incluidos los buenos oficios, para promover la normalización de la institucionalidad democrática. Si las gestiones diplomáticas resultaren infructuosas o si la urgencia del caso lo aconsejare, el Consejo Permanente convocará de inmediato un período extraordinario de sesiones de la Asamblea General para que ésta adopte las decisiones que estime apropiadas, incluyendo gestiones diplomáticas, conforme a la Carta de la Organización, el derecho internacional y las disposiciones de la presente Carta Democrática. Durante el proceso se realizarán las gestiones diplomáticas necesarias, incluidos los buenos oficios, para promover la normalización de la institucionalidad democrática.

Ante, esta decisión unilateral, ilegal, de atropello y altamente injerencista surgen las siguientes dudas: ¿Qué entiende el Sr. Almagro como alteración del orden constitucional y democrático? ¿A través de qué mecanismos el Sr. Almagro determinó que en Venezuela existe una crisis humanitaria y una violación de derechos humanos? ¿Cómo comprobó que la voluntad de todo el pueblo venezolano es solicitar la activación de mecanismos internacionales como la mal llamada “Carta Democrática Interamericana”, para una solución pacífica de los conflictos internos?
Es cierto que la situación venezolana tiene dificultades atribuibles a una serie de elementos conspirativos que han buscado por distintas vías debilitar la democracia participativa y protagónica, y la persistencia de una economía eminentemente rentista. Llama por demás la atención, que esta solicitud del Sr. Almagro se produzca tras el inicio de la primera fase de reuniones de diálogo entre representantes del Gobierno Bolivariano y representantes de esa misma oposición venezolana, promovida por el Presidente Maduro y por el Secretario General de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) Ernesto Samper, y avalada presencialmente por 3 expresidentes: Leonel Fernández, Martín Torrijos y José Luis Rodríguez Zapatero. Vale la pena inquirir:

¿No es ese el papel del Secretario General de una Organización Internacional?, impulsar las vías pacíficas de negociación para dirimir las controversias internacionales, creemos que sí. Pero el Sr. Almagro no se ha puesto al nivel que demanda su jefatura, sino al servicio de aquel Poder Imperial que sigue empañando la independencia de los americanos y las americanas.
De ser aprobada la aplicación del Art. 20 de la CDI en Consejo Permanente por 18 votos (mayoría simple) estaríamos en presencia de la activación de los denominados “buenos oficios”, que no es otra cosa que la legalización de los lobbies imperiales para dar al traste con nuestra Constitución , con nuestro orden constitucional.

Pero, ¿Qué mayor democracia que el triunfo de la oposición venezolana en las pasadas elecciones legislativas? ¿No es eso un hecho de consolidación de la democracia? ¿Cómo es que el orden democrático está afectado en un país donde la oposición logra posicionarse con una mayoría de votos y escaños en el Poder Legislativo tras un proceso electoral? Indagando un poco más allá sin profundizar mucho en la argumentación presentada por el Sr. Almagro, al inicio de su informe expresa textualmente que su apreciación sobre la situación venezolana se basa en un informe presentado por la Asamblea Nacional ante este organismo.

Visto que la OEA es un espacio en el que son los Estados los que tienen representación en el mismo y siendo Venezuela un país Presidencialista, en donde el Jefe de Estado es también Jefe de Gobierno (Art. 226 CRBV) ¿Qué justifica la aberración leguleya cometida por el Sr. Almagro para atreverse a cometer soberana torpeza?; Más aún, ¿se detuvo a pensar que las decisiones de Estado en Venezuela competen al Jefe de Estado quien además dirige la política exterior y es quien representa a la República legalmente a nivel internacional (Art. 236 CRBV)?. A la luz de la dinámica de las relaciones internacionales, el pueblo venezolano, bolivariano, chavista y antimperialista, tiene la imperiosa tarea de desmontar por diversas vías, las matrices de opinión fabricadas por sectores de la derecha nacional, demostrando con hechos concretos que en Venezuela no existe una ruptura del orden constitucional, y de la institucionalidad democrática.

¡Que no quede dudas! Con la aplicación de la Carta Democrática Interamericana de la OEA, bajo un disfraz de legalidad, subyace la intención de irrumpir en Venezuela el orden constitucional para derrocar al gobierno del Presidente Nicolás Maduro, legítimamente electo por la voluntad de más de siete millones de venezolanos. “Me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie”. Intervención de Ernesto “Che” Guevara en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas el 11 de diciembre de 1964, en uso del derecho a réplica.