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sábado, 14 de abril de 2018

La guerra y la paz (esta vez no escrita por Tolstoi).


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

La humanidad nunca había estado tan cerca como ahora de una nueva guerra mundial desde la crisis de los misiles en Cuba en 1962, sin embargo entre un hecho y el otro hay una diferencia sustancial, en aquella ocasión había evidencia de la presencia de cohetes soviéticos en la isla, y en ésta, todo surge de una fabricación mediática y de organizaciones interesadas en mantener el conflicto como vía de autofinanciamiento y lucro, lo cual, fue utilizado por los enfebrecidos sectores de la ultra derecha que ostenta el poder en Estados Unidos como justificación para colocar al mundo en vilo y al borde de decisiones de impensables consecuencias.



En esto influye no solo el temperamento cambiante, la superficialidad e irresponsabilidad del jefe imperial, también el de su entorno que pretende manejar el mundo a partir de su talante mafioso y bajo los dictados de su ambición hegemónica. Veamos: en su comparecencia ante el Congreso de Estados Unidos, al referirse al tema, el Jefe del Pentágono James Mattis, aseguró que "Ha habido varios ataques de este tipo. En muchos casos, usted sabe que no tenemos tropas, no estamos involucrados en el terreno allí, así que no puedo decir que tuviéramos pruebas, a pesar de que contáramos con muchos indicios de medios y redes sociales de que se usó cloro o sarín", con lo que confirmó la fuente de donde se ha obtenido la información respecto a los supuestos ataques químicos. Al igual que Gran Bretaña en el caso de los espías rusos envenenados, Estados Unidos se ha negado a una inspección internacional por los organismos autorizados de Naciones Unidas, con ello además, se le da un golpe a la credibilidad de la estructura internacional garante de la paz en el planeta, creando un peligroso precedente en esta materia.

Desde otra óptica, Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos ante la ONU aseguró que se había llegado a un momento en que el mundo (es decir Estados Unidos y la OTAN) deben hacer justicia. Haley afirmó que “la historia registrará éste como el momento en que el consejo de Seguridad cumplió con su deber o demostró su completo fracaso para proteger a Siria” y concluyó con su ya habitual amenaza “De cualquier manera, Estados Unidos responderá”. En palabras entendibles quiso decir que no le importaba en lo más mínimo la opinión de la ONU y de los miembros del Consejo de Seguridad. Estas opiniones, no son más que la configuración modernizada de la Doctrina Bush: “O están con nosotros o están con el terrorismo”, que sirvieron para dar inicio a la guerra en Afganistán que ya dura 17 años, sin que Estados Unidos haya podido conseguir la victoria y si, un aumento de la producción de opio en el país centro asiático, que llegó a crecer un 87% en 2017.

El paraguas protector de estas declaraciones vino dado por el propio Trump quien con su habitual retórica banal y frívola se permitió amenazar a Rusia. Al referirse a los misiles que lanzaría contra Siria alertó: ¡Prepárate, Rusia, estarán llegando, bonitos, nuevos e inteligentes! Para echar más “leña al fuego”, el director de la CIA Mike Pompeo, en su comparecencia ante el Congreso, en la búsqueda de su ratificación como secretario de Estado aseguró que: “En Siria, hace unas semanas, los rusos fueron castigados. Murieron un par de cientos de rusos”.

Dígame usted amigo lector, si no es sumamente peligroso que la humanidad esté en manos de este grupo de mafiosos para quienes el único valor respetable es la obtención de lucro a cualquier precio y en cualquier lugar del mundo, entendiendo que la mejor forma de lograrlo es a través de la exportación del modelo neoliberal y de democracia representativa estadounidense, para lo que cuentan con la OTAN como principal instrumento de imposición.

En el caso de Siria, ¿a quién se le puede ocurrir que un gobierno y un ejército victorioso que han derrotado al terrorismo con la ayuda de sus aliados internacionales, quiera utilizar armas de destrucción masiva contra un enemigo prácticamente derrotado y confinado a escasos rincones del país, solo protegidos por Estados Unidos y Turquía? Hay que recordar que esa práctica de atacar a un enemigo derrotado, es también parte de la doctrina militar estadounidense cuya habitual cobardía, los llevó a lanzar dos bombas atómicas contra ciudadanos inermes, destruyendo las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en Japón, en agosto de 1945, cuando el emperador estaba rendido y solo negociaba su permanencia en el trono. El dicho popular refiere que “todo ladrón juzga por su condición”

En otro ámbito, toda esta parafernalia ha servido como justificación para la suspensión de la participación de Trump en la Cumbre de Lima, toda vez que el presidente debió quedarse en el país por los preparativos que Estados Unidos está haciendo para un eventual ataque militar a Siria y para “vigilar los acontecimientos globales”, según informó su vocera
.
Los medios de difusión hablan preeminentemente de este tema, por las posibles repercusiones que pueda tener para la paz mundial, pero también por las razones reales que pueda haber tenido Trump para desistir de participar en la Cumbre. A esto se le dan varias interpretaciones: en primer lugar los problemas que está enfrentando internamente. Se sabe que Trump está indignado por el allanamiento del FBI a la oficina y residencia de Michael Cohen, su abogado personal. En este caso, no se trata de investigar sobre “fantasmas rusos” sino sobre prostitutas de carne y hueso, cuyos servicios están lejos de corresponder a alguno de los deberes que la Constitución establece para el jefe de la Casa Blanca. Esta y otras medidas parecen indicar que se va cerrando el círculo sobre él y que podría llevarlo a enfrentar un 'impeachment' en los próximos meses.

Por otra parte es evidente la falta de interés de Trump en América Latina y el Caribe, es claro que la región no es una prioridad para él. No ha tenido una agenda clara, solo la imposición de sus intereses. Los pocos beneficios que ha tenido algún país de América Latina (Colombia, México y Argentina) han sido a cambio de concesiones soberanas. No ha habido búsqueda de intereses comunes, salvo la agresión contra Venezuela.

Trump desprecia a América Latina. Ha culpado a México por la pérdida de empleos, amenazó con romper un pacto comercial con su vecino del sur y Canadá y lanzó su campaña describiendo a los inmigrantes mexicanos como “violadores” y traficantes de drogas. También apuntó a la migración desde Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador y ha amenazado con cortar la ayuda a Colombia y Perú por el tráfico de drogas. Uno de sus proyectos más importantes es construir un muro a lo largo de toda la frontera entre México y Estados Unidos, lo que ha sido rechazado en todos los países. A pesar de esto, en una muestra clara de servilismo, el ministro de economía de México, Ildefonso Guajardo, al enterarse de la ausencia de Trump en Lima exclamó: “Vamos a extrañarlo”.

Lo curioso es que Trump estableció como cuartel general para “vigilar los acontecimientos globales” y para dirigir la guerra contra Siria su lujoso palacio personal de Mar-a-Lago. Lejos del cada vez más desagradable ambiente de Washington que lo acosa y aburre, en Palm Beach, estado de la Florida, donde el 96% de la población son euroamericanos y de ellos 93,8% blancos no hispanos, Trump se siente más a gusto. Además, está feliz por haber tenido una coartada que le evitó tener que reunirse con los desagradables presidentes latinoamericanos y del Caribe, entre los cuales hay varios “negros de mierda”.
Estos, tendrán que ir a Lima para encontrarse con el vicepresidente Pence quien a regañadientes viajó al Perú a participar en una Cumbre que nació muerta. Por eso la queja del Senador Marcos Rubio, quien deseoso de utilizar la reunión para continuar cerrando el dogal contra Venezuela y Cuba exclamó: “Se sienten desatendidos, y he escuchado eso una y otra vez durante casi una década”, “No importa quién esté a cargo, ellos sienten que Estados Unidos habla de la boca para fuera con el hemisferio occidental, pero en gran medida lo descuida”.

En fin, mientras esto ocurre en Occidente, del otro lado del planeta se ha realizado en China el Foro de Boao, casi simultáneamente a la Cumbre de las Américas en Lima, ambos persiguiendo aparentes objetivos similares en la medida que los dos eventos pretenden ser instrumentos para la integración y la cooperación entre países, toda vez que ambos cónclaves convocan a aquellas naciones que configuran el espacio inmediato, es decir el entorno de las dos mayores potencias económicas del mundo…pero hasta ahí llegan las semejanzas.

La Cumbre de las Américas es un evento convocado para acentuar la hegemonía imperial estadounidense, en el que en pie de desigualdad, los países de la región acuden puntualmente bajo el mandato predominante de Estados Unidos.

El Foro de Boao convocado bajo el auspicio y la promoción de China es un marco propicio para seguir avanzando en la búsqueda de "una Asia abierta e innovadora para un mundo de mayor prosperidad", por lo que el debate busca ampliar los espacios de concertación política, apertura económica y colaboración en cuanto a la innovación tecnológica y productiva. Con ello China se propone el objetivo de construir una comunidad de destino común, a partir de la influencia y el apoyo mutuo entre los países que conforman este espacio geográfico. En el contexto actual, en el que la administración estadounidense ha tomado medidas que afectan el comercio mundial y avanzan en dirección contraria a la tendencia general de la economía, el presidente Xi Jinping ha enfatizado en el Foro que, en cumplimiento de los acuerdos del XIX Congreso del Partido Comunista de China, el país profundizará la política de reforma y apertura que en este 2018 cumple 40 años de su inicio y que al mostrar su éxito, permite al país abrir mucho más su economía al mundo, dando una señal positiva al planeta en medio de las turbulencias generadas desde Washington.

En este marco los anuncios del presidente Xi de facilitar el acceso al gran mercado de China, flexibilizando restricciones y ampliando la cooperación entre el mercado chino y los mercados extranjeros, así como la creación de un entorno más atractivo para las inversiones, una mejor protección a la propiedad intelectual y la ampliación del espacio para las importaciones chinas tienden a configurar un ambiente beneficioso para la economía global.

Todo este esfuerzo coadyuva indudablemente en la creación de un ambiente positivo para la paz, el desarrollo y la cooperación, no solo para Asia, también para toda la humanidad. La tradición china de relacionarse como iguales con otros países del mundo, la promoción del diálogo y la armonía y el respeto a la naturaleza crean condiciones para que los pueblos del planeta puedan pensar en un futuro más promisorio. El esfuerzo de China y del presidente Xi quien en sus palabras en el Foro de Boao ha reiterado la voluntad de su país y de su pueblo de avanzar hacia la construcción de una comunidad de destino común para toda la humanidad, tal como fue inscrito recientemente en la Constitución de la República Popular China, significan un aporte sustancial en el camino de lograr ese objetivo deseado por los ciudadanos de todas las longitudes y latitudes del planeta.

sergioro07@hotmail.com

sábado, 6 de mayo de 2017

¿Por qué tanta obsesión contra Venezuela?

Por Antonio Guillermo García Danglades

Amnistía Internacional, Naciones Unidas e incluso el propio Departamento de Estado norteamericano han acusado recientemente al gobierno del presidente Peña Nieto de México de violaciones flagrantes a los derechos humanos. Sus respectivos informes coinciden en que la desaparición forzada, la tortura, la corrupción y la impunidad son prácticas generalizadas en todo el país. De acuerdo a Amnistía Internacional, en 2016 se registraron en este país más de 36 mil homicidios, fueron descubiertas decenas de fosas comunes con víctimas de ejecuciones extrajudiciales, y aumentaron considerablemente los casos de tortura y desapariciones forzadas cuyos registros llegan a la descomunal cifra de 29 mil 917 personas.


 Al menos una docena de periodistas fueron asesinados y cientos han sido objeto de amenazas, hostigamiento e intimidación por parte de funcionarios públicos. La libertad de manifestarse públicamente continuó siendo cercenada gracias a la Ley de Movilidad que, aun cuando la corte determinó que ésta solo pautaba un régimen de autorización previa, prohibió todas las manifestaciones en las principales avenidas de la capital.

En Brasil, los escándalos de corrupción que pesan sobre el gobierno de facto, y del propio Michel Temer, amenazan la aplicación exprés de reformas neoliberales que buscan retrotraer el país a un pasado de exclusión y pobreza generalizada. Apenas llegado al poder, Temer consiguió la aprobación de la llamada “enmienda del fin del mundo” que congela por 20 años la inversión social en educación y salud. Recientemente aprobó la nueva Ley de Tercerizaciones, que seguramente provocará el despido masivo de trabajadores de la administración pública, negándole además el derecho a los trabajadores tercerizados de que puedan estar representados sindicalmente, entre otras reformas estructurales que niegan los derechos laborales conquistados en los últimos años. Cuarenta millones de personas se sumaron a una huelga general convocada en vísperas del día del trabajador por las principales centrales sindicales del país, y salieron a las calle a manifestarse en contra de las medidas neoliberales de Temer.

El gobierno del presidente Mauricio Macri en Argentina también enfrenta una situación socioeconómica adversa. Sus políticas neoliberales han provocado el despido masivo de  trabajadores, aumento desproporcionado de las tarifas de todos los servicios públicos, y lo más preocupante, una inflación descontrolada. En respuesta, la sociedad argentina ha reclamado activamente sus derechos con “ruidosas”, cortes de rutas, ocupación de empresas y manifestaciones masivas que han venido creciendo significativamente.

Gobiernos en Paraguay, Colombia, Honduras y Perú, entre otros, enfrentan desafíos similares ante una sociedad latinoamericana mucho más madura políticamente y consciente de sus derechos sociales y económicos. 

Sin embargo, la respuesta de estos países, y del Secretario General de la OEA, a los preocupantes problemas socioeconómicos y de violaciones a los derechos humanos ha sido solo una, al unísono y de manera contundente: “¡Maduro debe salir ya!”.

El Petróleo Venezolano
Los gobiernos neoliberales de la región, en alianza con el Departamento de Estado y la oposición venezolana, han trabajado incansablemente para colocar a Venezuela en el foco de la atención mundial. Estos factores, a través de una campaña mediática totalmente sesgada, y aprovechando el deficiente desempeño comunicacional del gobierno venezolano y su escaso relacionamiento con las fuerzas sociales internacionales, han logrado imponer en la opinión pública la falsa noción de que el gobierno democráticamente electo del Presidente Nicolás Maduro es una “dictadura” que reprime y tortura salvajemente las manifestaciones “pacificas” de una oposición “democrática”, ocultando en todo momento su lado más oscuro y violento.

Es cierto que Venezuela posee las reservas de petróleo más grandes del planeta, las cuales fueron verdaderamente nacionalizadas a partir de la revolucionaria Ley de Hidrocarburos de 2001 que, desde entonces, ha contribuido a mejorar sustancialmente las condiciones de vida de la población más vulnerable al colocar la ganancia petrolera al servicio de la sociedad, y ha sido determinante en el proceso de integración regional. No es casual que esta misma ley fuera el detonador del golpe de Estado meses más tarde de su promulgación. Las empresas transnacionales enfurecieron al quedar sin el control exclusivo que habían disfrutado durante todo el siglo pasado, especialmente la Exxon, transnacional que ahora controla el Departamento de Estado y la política exterior de la administración Trump.

Históricamente, el petróleo venezolano fue asumido como propiedad de las transnacionales norteamericanas, y que el Estado venezolano, en pleno ejercicio de su soberanía, haya asumido su pleno control como derecho soberano e inalienable, ha sido considerado como un arrebato a la ganancia neta multimillonaria de este conglomerado, y por ende, una amenaza a lo que reclaman como sus legítimos derechos capitalistas. Como lo asegura el insigne intelectual Noam Chomsky (1994), es natural que las empresas rechacen “las restricciones externas a su capacidad de tomar decisiones y actuar libremente.”

En un escenario de incertidumbre planetaria provocada por el calentamiento global y las campañas de amenazas, guerras y violencia del imperio norteamericano en el Medio Oriente, y ahora en Asia, el apetitoso petróleo venezolano, en el “patio trasero” de la potencia militar más grande del planeta, constituye un rubro invalorable para la seguridad económica y geoestratégica del mayor consumidor de petróleo del mundo, que difícilmente le podrá sacar los ojos de encima.

No es solo el petróleo.
En 2005, durante la llamada “Cumbre de las Américas” en Mar del Plata, Argentina, los dignos presidentes Evo Morales de Bolivia, Lula Da Silva de Brasil, Hugo Chávez de Venezuela y su anfitrión Néstor Kirchner, debieron enfrentar las enormes presiones de la administración Bush y los gobiernos neoliberales de la región que pretendían adoptar el proyecto hegemónico de Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA).  La semilla que había sembrado el presidente Chávez con su solitaria reserva al libre comercio en la Cumbre de Quebec de 2001, había germinado en la región. Ante un claro rechazo regional, el ALCA finalmente debió ser abandonada, lo que constituyó una victoria histórica para las fuerzas progresistas de América Latina y el Caribe. El eco de “ALCA… ¡AL CArajo!” de Evo, Lula, Chávez y Kirchner, y hasta de Maradona, retumbó en todo el continente, y Estados Unidos, representada por el propio presidente Bush, debió admitir que “no están dadas las condiciones necesarias para lograr un acuerdo de libre comercio”. (Declaración de la IV Cumbre de las Américas, 5 de noviembre de 2005)

Después de la Cumbre de Mar del Plata, más nadie hablaría del ALCA.  Por el contrario, meses antes, el 28 de abril de 2005, los Presidentes Fidel Castro Ruz de Cuba y Hugo Chávez Frías de Venezuela, firmaban la Declaración Final de la Primera Reunión Cuba-Venezuela para la aplicación de la “Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA)”, novedoso mecanismo de integración, que a diferencia del ALCA, se fundamenta en los principios de solidaridad, cooperación y complementariedad, para acabar con la pobreza y la exclusión social, y lograr un desarrollo sustentable para los pueblos, y que ha cosechado numerosos éxitos en la región más desigual del mundo.

No ha sido casualidad que a partir de entonces, una ola de gobiernos progresistas resultaran electos y re-electos democrática y abrumadoramente en Ecuador, Uruguay, Paraguay, Honduras, República Dominicana, Perú, El Salvador, Santa Lucia, así como en Argentina, Brasil, Bolivia y Venezuela, cada uno con sus propias características y particularidades, pero con un fin certero. En tan solo ocho años la membrecía del ALBA ya superaba la docena de países, se había creado la UNASUR y el Consejo Suramericano de Defensa, el sistema de intercambio comercial SUCRE, los programas sociales continentales como la Misión Robinson y la Misión Milagros, y por si fuera poco, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) que por primera vez en 500 años de historia reunía a todos los países de la región en una misma organización, incluyendo a Cuba, y con un agenda social sumamente progresista.

Este cambio de época, como bien lo denominara el presidente ecuatoriano Rafael Correa, en primer lugar puso en evidencia el fracaso de los regímenes neoliberales que dominaron la región en los años ochenta y noventa, y más importante aún, significó el proceso de apropiación soberana de los recursos naturales para colocarlos al servicio de los pueblos, e iniciar un proceso de integración verdadera de toda la región latinoamericana y caribeña, incluso transversal a las tendencias ideológicas, que acabara con el tutelaje estadounidense y su Doctrina Monroe.

La nueva derecha Latinoamericana
Ante este equilibrio de fuerzas progresistas en la región, se inició una campaña restauradora del neoliberalismo con los golpes de Estado en Honduras y Paraguay, los cuales contaron con el apoyo y la bendición de Washington y la OEA. Estos golpes impunes fueron seguidos de una intensa maniobra internacional para desestabilizar económicamente a Argentina y Venezuela, lo que tuvo una incidencia determinante en los resultados electorales, a nivel presidencial y parlamentario respectivamente, y que aunado al fallecimiento del Presidente Chávez – para muchos asesinado -, abonaron el terreno para ejecutar con éxito el golpe de Estado en Brasil contra la presidenta Dilma Rousseff, provocando así una nueva geografía política en América Latina.

Las campañas de desestabilización se acentuaron igualmente en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, justo en la antesala de sus respectivos procesos electorales. Evo Morales en Bolivia perdió el referéndum que le permitiría buscar la reelección, y la Alianza País de Rafael Correa debió enfrentar conatos de violencia y acudir por primera vez a una segunda vuelta electoral para ratificar el triunfo de su candidato, el ahora presidente Lenin Moreno.

No obstante, la derecha que ha obtenido recientemente importantes cuotas de poder, tanto a nivel del ejecutivo como parlamentario, se caracteriza por el ejercicio de la anti-política. En su mayoría no son políticos tradicionales nutridos en luchas partidistas, donde la negociación y el consenso de posiciones políticas imperan sobre la imposición de normas y conceptos ortodoxos vinculados al capital. Así lo demuestran los empresarios Mauricio Macri en Argentina, Horacio Cartes en Paraguay, Pedro Pablo Kuczynski en Perú y el actor Jimmy Morales en Guatemala, entre otros mandatarios que, aun proviniendo de la política, mantienen estrechas relaciones con el aparato transnacional privado, como es el caso de Temer en Brasil, Santos en Colombia y Peña Nieto en México. Estos mandatarios ejercen la acción de gobierno de igual manera que en el ámbito privado corporativista. Estos gobiernos, que anteponen el capital al ser humano y el ambiente, se asemejan mucho a los regímenes instaurados por  los fascistas italianos a partir de 1920, que convirtieron las agrupaciones privadas en órganos del Estado, y que dio paso al “neue Ordnung” de Hitler y “ordine nuovo” de Mussolini, caracterizados por la “conglomeración de gobierno y grandes corporaciones”. (Chomsky, 1994)

El caso venezolano lo ilustra muy bien. Los líderes de la extrema derecha que hoy controla la oposición y su agenda de acciones violentas - a diferencia de los sectores tradicionales que promueven la moderación -, en su mayoría provienen de familias adineradas con estrechos nexos al aparato financiero y transnacional del país. María Corina Machado, una de las más fervientes defensoras del golpe de Estado, es hija de multimillonarios y familia de uno de los empresarios más poderosos del país, fundador del canal antichavista Globovisión. Incluso llegó a formar parte de la junta directiva de Sivensa, la primera corporación siderurgia venezolana de capital privado que surge en 1997 de la privatización de SIDOR, el mayor complejo siderúrgico de toda América Latina, donde compartía funciones con Pedro Carmona, el autoproclamado dictador tras el golpe de 2002.

 Del mismo modo, Leopoldo López Mendoza, quien dirigió las acciones violentas de la oposición en 2014, procede de una familia que, hasta la llegada al poder del Presidente Chávez, disfrutó por muchas décadas las mieles del poder. Esto le permitió formarse en los colegios privados más exclusivos del país, así como en centros de estudio en Princeton, Ohio y Harvard. Precisamente, los favores familiares le facilitaron ingresar a puestos de alto nivel en la industria petrolera, donde a través de su madre, para entonces Directora de Asuntos Públicos, consiguió ilegalmente el financiamiento necesario para la fundación de su propia ONG.
Ambas figuras personificaron la nueva generación de la derecha venezolana que, en lugar de insertar su acción política en los desacreditados partidos políticos, decidieron fundar organizaciones civiles privadas para adelantar su agenda neoliberal y que luego utilizarían como plataforma para dar el salto político con el financiamiento directo de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos (USAID) y el Instituto Republicano Internacional (IRI).

El objeto de la nueva derecha latinoamericana ha sido la instauración de lo que Chomsky definió muy bien como un sistema donde el Estado integra la mano de obra y el capital bajo el control de una estructura vertical corporativa, donde el poder reside en la mano de los banqueros, inversionistas y empresarios, en una palabra, “fascismo”. Chomsky argumenta que cualquier forma de poder concentrado no desea ser sujeto del control democrático popular, así como tampoco a la disciplina del mercado, por lo que sectores poderosos y ricos se oponen naturalmente al funcionamiento de la democracia, así como se oponen al funcionamiento del mercado.

Esta aseveración explica en buena manera la campaña restauradora del neoliberalismo en la región y particularmente en Venezuela las razones del golpe de Estado de 2002 y la usurpación del poder en ese momento por parte del presidente de la asociación de empresarios más grande del país, así como la furia con la que los gobiernos neoliberales de la región, junto a la extrema derecha venezolana y el Departamento de Estado dominado por la Exxon, han actuado en contra el proceso democrático venezolano, incluso exigiendo el desconocimiento de los poderes públicos democráticos y defendiendo las acciones violentas de la extrema derecha.

El inexorable retorno de la izquierda
El futuro de la derecha en América Latina no es muy alentador. En Brasil, el ex presidente Lula Da Silva lidera todas las encuestas de intención de voto para la elección presidencial de 2018, tanto en primera como en segunda vuelta, muy por encima del candidato neoliberal. Ante este escenario, la derecha transnacional ha debido activar mecanismos mediáticos y judiciales para impedir su candidatura. A la fecha, el ex presidente brasilero había acumulado cinco imputaciones judiciales admitidas, de las decenas intentadas, tres de las cuales son llevadas por el juez Sergio Moro, conocido por su defensa al neoliberalismo, apoyo al gobierno de facto y contrario a las políticas progresistas de Lula y Rousseff.

En México, el retorno al poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI) después de 12 años de fracasos electorales, significó la posibilidad de otros 70 años de imbatibilidad. Sin embargo, la esperanza del PRI ha sido sepultada por la estrepitosa gestión del presidente Peña Nieto, hundiendo en las preferencias electorales de la ciudadanía al partido forjado en la heroica revolución mexicana, ahora devenido a neoliberal e injerencista. Dos estudios sobre la intención del voto encargados por el propio poder ejecutivo, ubican al izquierdista Manuel López Obrador, líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), a la cabeza de las preferencias electorales cercano al 18 por ciento, siete puntos por encima de su más cercana competidora del partido neoliberal PAN, coincidiendo así con otras mediciones realizadas a nivel federal y local, que incluso lo colocan con una diferencia de hasta diez puntos. En sentido contrario, más de un tercio del electorado jamás votaría por el PRI. (La Jornada, 23 de marzo de 2017)

Por su parte, las elecciones legislativas en Argentina pautadas para octubre próximo, estarán signadas por el creciente declive de la gestión del gobierno de Macri en el electorado, que ahora cuenta con un rechazo que supera el 60 por ciento, lo que a su vez podría significar una excelente oportunidad para la izquierda si ésta logra conciliar las diferencias al interior del peronismo, particularmente de cara a la contienda presidencial de 2019. 
La obsesión: extirpar de raíz o retroceder
La estrechez política de la nueva derecha latinoamericana le debe hacer pensar que extirpar de raíz a la izquierda en su país pasa inexorablemente por el desprestigio y derrumbe de la Revolución Bolivariana en Venezuela. De allí que consideran necesario e impostergable el derrocamiento del Presidente Nicolás Maduro, el desplazamiento de todos los poderes públicos consolidados en revolución, y la desaparición de las fuerzas políticas que lo apoyan.

En Venezuela pues, la derecha continental se juega la posibilidad de su permanencia sostenida en el poder. Así como en los albores del nuevo siglo la solitaria reserva que hizo el Presidente Chávez al acuerdo de libre comercio en la Cumbre de Quebec significó un ejemplo a seguir en el futuro inmediato por los pueblos del continente, en esta oportunidad la derecha latinoamericana no puede permitirse otro vuelco político histórico.
La permanencia del Presidente Maduro en el poder y la continuidad de la Revolución Bolivariana, con la importancia geoestratégica que ésta tiene para el continente, podría tener un efecto devastador para las derechas de Brasil, México y posiblemente Argentina. La posibilidad de que los dos países más grandes de América Latina, Brasil y México, tengan gobiernos progresistas en 2018, significaría un nuevo equilibrio de poder que sin dudas amenazaría la propia existencia de la derecha neoliberal y enrumbaría nuevamente a la región hacia su plena independencia, soberanía y consolidación de sus procesos históricos, sin tutelajes ni dominio externo.
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