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miércoles, 12 de agosto de 2020

¿Hacía una nueva guerra fría? (Parte II)


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
A mi hermano y amigo nicaragüense Paulino Castellón en su 75° aniversario
Dando continuidad al estudio iniciado la semana pasada en el que tratábamos de dilucidar si se ha iniciado o no una nueva guerra fría, corresponde ahora aportar otros elementos de análisis que ayuden a obtener respuestas.

En este sentido, podríamos preguntarnos qué ha hecho China que explique la furia de Estados Unidos con la consecuente adopción de medidas que son expresión de una franca confrontación. Fundamentalmente se debe a que China ha creado un modelo propio de desarrollo que se podría considerar híbrido, toda vez que, sobre la base de la aceptación de que se vive una etapa de transición hacia el socialismo en el que la economía global sigue teniendo un sustento capitalista, se debe construir una superestructura económica que sea lo suficientemente poderosa para enfrentar con éxito las embestidas imperiales, el desarrollo y el mejoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos.


Este modelo no copia el capitalista occidental fracasado como se ha hecho evidente en el enfrentamiento de la pandemia. Al contrario, está edificando uno propio que considera sus peculiaridades, su historia, su cultura y su filosofía milenaria. Esto le ha permitido resistir con éxito la confrontación occidental capitalista y nipona y perseverar en su camino al socialismo, lo cual es inaceptable para Estados Unidos.

La interrogante entonces es, si esto conduce irremediablemente a una nueva guerra fría o incluso, es válido preguntarse si ya comenzó. Al respecto, me parece que efectivamente Estados Unidos quiere llevar al mundo hacia una nueva guerra fría, pero es menester afirmar que por una serie de razones no es seguro que esta se desate o al menos, si lo hace, será distinta de la que se vivió el siglo pasado tal como está presente en el recuerdo y las vivencias de los ciudadanos de mayor edad que guardan una imagen de su devenir a lo largo de la historia.

Veamos algunas de sus diferencias:
  1. La guerra fría del siglo XX se dio en un contexto de polarización que hoy no existe. Es verdad que Trump, tras el éxito obtenido en la elección de 2016 al apostar por polarizar la sociedad, intenta repetir el hecho en el escenario internacional. He aquí una primera diferencia con el pasado: la Unión Soviética aceptó participar de la guerra fría y lo asumió. China hoy, no lo desea.
  2. La anterior guerra fría se desató contra un país débil económicamente. No es la situación de la China actual.
  3. La guerra fría del siglo XX tenía una línea fronteriza simbolizada en el Muro de Berlín en el que ambos sistemas (capitalista y socialista) se “tocaban” sin estar presentes directamente pero que mantenía un permanente estado de tensión. Esta línea no existe ahora. Estados Unidos tiene que crearla en un territorio que a diferencia de Europa no le es necesariamente favorable. Por eso genera conflictividad en el Mar Meridional de China. Es la forma de justificar su presencia en la región y “tocarse” con China a fin de sostener el clima de tensión necesario que explique los condicionantes de una guerra fría. Para ello utiliza el diferendo limítrofe marítimo entre China y otros 4 países que se encuentran en la mesa de negociaciones
  4. A diferencia del pasado, la guerra fría que Estados Unidos pretende desatar, no se hace contra un país que aspira a la hegemonía mundial ni a la expansión ideológica.
  5. No existe posibilidad de enfrentamientos bipolares como el ocurrido en Cuba en 1962, ni de guerras “delegadas” como la de Corea en 1953, la de Vietnam en los años 60 y 70 del siglo pasado, las que generaban el apoyo a la lucha por la independencia de los países africanos versus el apoyo de Estados Unidos al régimen del apartheid en Sudáfrica. Tampoco hay países divididos por la guerra fría como lo eran Alemania, Vietnam y Yemen, aunque permanece Corea en el que, sin embargo, a diferencia de Estados Unidos, China tiene excelentes relaciones con las dos partes.
  6. No existe presencia militar de China fuera de su territorio, tampoco bases militares salvo una en Yibuti que aloja un contingente limitado a dar apoyo logístico a fuerzas militares chinas que participan en misiones de paz de Naciones Unidas en África y una muy pequeña base en Sri Lanka cuya misión es “observar” los cargueros y supertanqueros chinos que transportan petróleo desde el Golfo Pérsico.
  7. China, a diferencia de la Unión Soviética no tiene ni se propone tener un desarrollo militar acorde la intención de “dominar” el mundo, para lo que eventualmente tendría que enfrentar a Estados Unidos. La doctrina militar de China es defensiva y el desarrollo de su tecnología militar está en relación a esa lógica. Su presupuesto militar sigue siendo una sexta parte del de Estados Unidos.
  8. A diferencia de la Unión Soviética, China no se ha propuesto internacionalizar ni exportar su modelo a ningún otro país.
  9. Otra diferencia, es que en el siglo pasado, Estados Unidos y la Unión Soviética no tenían casi ningún vínculo de tipo económico ni tampoco un intercambio comercial que hiciera que la confrontación tuviera repercusiones económicas en sus relaciones bilaterales. Hoy China y Estados Unidos tienen economías imbricadas, un amplio intercambio comercial, tecnológico y financiero que haría que una guerra fría tuviera impensables repercusiones para ambos países y para todo el mundo, que vive enlazado por altos niveles de interconexión en los que China y Estados Unidos son imprescindibles.
  10. Finalmente, en Estados Unidos hay elecciones en noviembre. En enero de 2021 podría haber un nuevo presidente. No es seguro que este quiera hacer cambios profundos en la política exterior (que como sabemos en Estados Unidos no es de gobierno sino de Estado), pero también es probable que otro presidente desee mantener el conflicto en niveles más manejables que los actuales, evitando la guerra fría.

Frente a esta situación, ¿cuál es el plan de China? La propuesta de su gobierno y del Partido Comunista es de seguir creciendo económicamente, expandir su comercio para mejorar las condiciones de vida de la población, eliminar la pobreza y avanzar hacia la construcción de un país “moderno, próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado, armonioso y hermoso” tal como lo planteó el presidente Xi Jinping en su discurso ante el XIX Congreso del Partido Comunista de China en 2017. Xi además afirmó que “este país y su sociedad serán socialistas”.

Por supuesto, China debe resolver innumerables problemas en materia laboral, ecológica, de desequilibrios entre la ciudad y el campo, de participación de la mujer y otros que no ocultan, los reconocen entendiendo que la construcción del socialismo es un proceso dialéctico de aciertos y errores, de avances y retrocesos, en el que se debe aprender de ellos para subsanar las deficiencias y lo mal hecho y superarlos.

Parten de la idea de que el mundo es interdependiente, está formado por múltiples culturas y civilizaciones que deben aprender a vivir en paz, para lo cual es indispensable construir una comunidad de destino compartido que en lo inmediato obliga a defender el sistema multilateral, a diferencia de Estados Unidos que pretende destruirlo.

En el otro flanco, ¿es posible suponer que Estados Unidos tenga un plan? Claro que lo tiene, pero está basado en su aspiración de imponer su lógica al planeta por cualquier vía -incluso la violenta-. No obstante, en el mediano y largo plazo, ello parece poco probable. Como lo afirmé en un artículo reciente “entre 1980 y 2019 [el crecimiento de la economía de Estados Unidos] fue de 2,7% de promedio anual, con una inflación también promedio de 1,6%, lo cual es técnicamente, expresión de crecimiento, sin embargo para un país que aspira a mantenerse como potencia hegemónica global, con un presupuesto militar creciente año tras año, tales cifras no lo aseguran, incluso lo impedirán”.

Su industria está en crisis, en los hechos es un país desindustrializado desde que pretendiendo aprovechar las facilidades de la globalización localizaron sus empresas a través del mundo en la búsqueda de bajar costos y maximizar ganancias. Hoy, Estados Unidos es importador de productos… estadounidenses, lo cual le genera un abultado déficit de balanza y una gran dependencia del exterior en el interés de mantener sus altos niveles de consumo. Así mismo, la distancia tecnológica con China que hasta hace pocos años mantenía con amplia ventaja, hoy se ha acortado, incluso en algunas áreas ya el gigante asiático lo ha superado con creces.

Además, como dice el investigador gallego Xulio Ríos, hoy Estados Unidos necesita que “la OTAN le pague su factura” para seguir sosteniendo su poder global. Finalmente, el desacoplamiento de la economía de Estados Unidos de la de China -que Trump ha anunciado como posible- no pasa de ser una quimera a causa del tiempo que requeriría implementar tal decisión, pero sobre todo por los altos costos que implica, los cuales, las empresas no están dispuestas a asumir, tampoco el gobierno posee los recursos ineludibles para ejecutarlo.
En resumen:
  1. El mundo no quiere una nueva guerra fría. No habrá una nueva bipolaridad.
  2. Hay otros actores: Rusia, Europa aunque bastante debilitada y subordinada a Estados Unidos, Asia Occidental, Asia oriental (los países agrupados en la Asean), Japón, (en decadencia pero todavía con una economía fuerte) e incluso África que pugnan por una presencia en el escenario donde se toman las decisiones globales.
  3. América Latina no tiene ninguna posibilidad de ser un actor global importante en el corto plazo y no lo será mientras las oligarquías locales retrógradas ciegamente subordinadas a Estados Unidos sigan controlando el poder en la mayoría de los países. América Latina y el Caribe es -políticamente hablando- la región más atrasada del mundo toda vez que reniega de sus propias posibilidades integracionistas en pro de construir trasnochados mini bloques ideológicos cuyo único interés es mostrar su lealtad a Estados Unidos.
  4. El mundo buscará nuevas formas de organizarse. Ya lo está haciendo.
  5. China no aspira a ser el nuevo hegemón del planeta. Además, no tiene como serlo.
  6. Estados Unidos aún controla el poder cultural mediático a través del manejo de las grandes trasnacionales de la información, las redes sociales y Hollywood, además conserva el poder militar. Pero está perdiendo en la economía y la tecnología y comienza a decaer su poder financiero en la medida que varios países se deslastran del dólar como moneda de intercambio.
  7. El modelo chino no colapsará. Será más temprano que tarde la primera potencia económica mundial. Nunca la militar.
  8. Lo deseable sería la cooperación entre las dos mayores potencias del planeta, pero eso es inaceptable para el sistema capitalista en crisis que no ve la política mundial como espacio de colaboración sino como competencia.
  9. Si Biden llegara a ser presidente no cambiará nada en términos estructurales, el carácter agresivo e intervencionista de la política exterior de Estados Unidos se mantendrá inalterable. No olvidemos que el Partido Demócrata es el verdadero partido imperialista de Estados Unidos.
  10. China se está preparando para lo peor. Lo han manifestado sus voceros gubernamentales y empresariales. No creo que Estados Unidos lo esté haciendo.

sábado, 14 de abril de 2018

La guerra y la paz (esta vez no escrita por Tolstoi).


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

La humanidad nunca había estado tan cerca como ahora de una nueva guerra mundial desde la crisis de los misiles en Cuba en 1962, sin embargo entre un hecho y el otro hay una diferencia sustancial, en aquella ocasión había evidencia de la presencia de cohetes soviéticos en la isla, y en ésta, todo surge de una fabricación mediática y de organizaciones interesadas en mantener el conflicto como vía de autofinanciamiento y lucro, lo cual, fue utilizado por los enfebrecidos sectores de la ultra derecha que ostenta el poder en Estados Unidos como justificación para colocar al mundo en vilo y al borde de decisiones de impensables consecuencias.



En esto influye no solo el temperamento cambiante, la superficialidad e irresponsabilidad del jefe imperial, también el de su entorno que pretende manejar el mundo a partir de su talante mafioso y bajo los dictados de su ambición hegemónica. Veamos: en su comparecencia ante el Congreso de Estados Unidos, al referirse al tema, el Jefe del Pentágono James Mattis, aseguró que "Ha habido varios ataques de este tipo. En muchos casos, usted sabe que no tenemos tropas, no estamos involucrados en el terreno allí, así que no puedo decir que tuviéramos pruebas, a pesar de que contáramos con muchos indicios de medios y redes sociales de que se usó cloro o sarín", con lo que confirmó la fuente de donde se ha obtenido la información respecto a los supuestos ataques químicos. Al igual que Gran Bretaña en el caso de los espías rusos envenenados, Estados Unidos se ha negado a una inspección internacional por los organismos autorizados de Naciones Unidas, con ello además, se le da un golpe a la credibilidad de la estructura internacional garante de la paz en el planeta, creando un peligroso precedente en esta materia.

Desde otra óptica, Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos ante la ONU aseguró que se había llegado a un momento en que el mundo (es decir Estados Unidos y la OTAN) deben hacer justicia. Haley afirmó que “la historia registrará éste como el momento en que el consejo de Seguridad cumplió con su deber o demostró su completo fracaso para proteger a Siria” y concluyó con su ya habitual amenaza “De cualquier manera, Estados Unidos responderá”. En palabras entendibles quiso decir que no le importaba en lo más mínimo la opinión de la ONU y de los miembros del Consejo de Seguridad. Estas opiniones, no son más que la configuración modernizada de la Doctrina Bush: “O están con nosotros o están con el terrorismo”, que sirvieron para dar inicio a la guerra en Afganistán que ya dura 17 años, sin que Estados Unidos haya podido conseguir la victoria y si, un aumento de la producción de opio en el país centro asiático, que llegó a crecer un 87% en 2017.

El paraguas protector de estas declaraciones vino dado por el propio Trump quien con su habitual retórica banal y frívola se permitió amenazar a Rusia. Al referirse a los misiles que lanzaría contra Siria alertó: ¡Prepárate, Rusia, estarán llegando, bonitos, nuevos e inteligentes! Para echar más “leña al fuego”, el director de la CIA Mike Pompeo, en su comparecencia ante el Congreso, en la búsqueda de su ratificación como secretario de Estado aseguró que: “En Siria, hace unas semanas, los rusos fueron castigados. Murieron un par de cientos de rusos”.

Dígame usted amigo lector, si no es sumamente peligroso que la humanidad esté en manos de este grupo de mafiosos para quienes el único valor respetable es la obtención de lucro a cualquier precio y en cualquier lugar del mundo, entendiendo que la mejor forma de lograrlo es a través de la exportación del modelo neoliberal y de democracia representativa estadounidense, para lo que cuentan con la OTAN como principal instrumento de imposición.

En el caso de Siria, ¿a quién se le puede ocurrir que un gobierno y un ejército victorioso que han derrotado al terrorismo con la ayuda de sus aliados internacionales, quiera utilizar armas de destrucción masiva contra un enemigo prácticamente derrotado y confinado a escasos rincones del país, solo protegidos por Estados Unidos y Turquía? Hay que recordar que esa práctica de atacar a un enemigo derrotado, es también parte de la doctrina militar estadounidense cuya habitual cobardía, los llevó a lanzar dos bombas atómicas contra ciudadanos inermes, destruyendo las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en Japón, en agosto de 1945, cuando el emperador estaba rendido y solo negociaba su permanencia en el trono. El dicho popular refiere que “todo ladrón juzga por su condición”

En otro ámbito, toda esta parafernalia ha servido como justificación para la suspensión de la participación de Trump en la Cumbre de Lima, toda vez que el presidente debió quedarse en el país por los preparativos que Estados Unidos está haciendo para un eventual ataque militar a Siria y para “vigilar los acontecimientos globales”, según informó su vocera
.
Los medios de difusión hablan preeminentemente de este tema, por las posibles repercusiones que pueda tener para la paz mundial, pero también por las razones reales que pueda haber tenido Trump para desistir de participar en la Cumbre. A esto se le dan varias interpretaciones: en primer lugar los problemas que está enfrentando internamente. Se sabe que Trump está indignado por el allanamiento del FBI a la oficina y residencia de Michael Cohen, su abogado personal. En este caso, no se trata de investigar sobre “fantasmas rusos” sino sobre prostitutas de carne y hueso, cuyos servicios están lejos de corresponder a alguno de los deberes que la Constitución establece para el jefe de la Casa Blanca. Esta y otras medidas parecen indicar que se va cerrando el círculo sobre él y que podría llevarlo a enfrentar un 'impeachment' en los próximos meses.

Por otra parte es evidente la falta de interés de Trump en América Latina y el Caribe, es claro que la región no es una prioridad para él. No ha tenido una agenda clara, solo la imposición de sus intereses. Los pocos beneficios que ha tenido algún país de América Latina (Colombia, México y Argentina) han sido a cambio de concesiones soberanas. No ha habido búsqueda de intereses comunes, salvo la agresión contra Venezuela.

Trump desprecia a América Latina. Ha culpado a México por la pérdida de empleos, amenazó con romper un pacto comercial con su vecino del sur y Canadá y lanzó su campaña describiendo a los inmigrantes mexicanos como “violadores” y traficantes de drogas. También apuntó a la migración desde Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador y ha amenazado con cortar la ayuda a Colombia y Perú por el tráfico de drogas. Uno de sus proyectos más importantes es construir un muro a lo largo de toda la frontera entre México y Estados Unidos, lo que ha sido rechazado en todos los países. A pesar de esto, en una muestra clara de servilismo, el ministro de economía de México, Ildefonso Guajardo, al enterarse de la ausencia de Trump en Lima exclamó: “Vamos a extrañarlo”.

Lo curioso es que Trump estableció como cuartel general para “vigilar los acontecimientos globales” y para dirigir la guerra contra Siria su lujoso palacio personal de Mar-a-Lago. Lejos del cada vez más desagradable ambiente de Washington que lo acosa y aburre, en Palm Beach, estado de la Florida, donde el 96% de la población son euroamericanos y de ellos 93,8% blancos no hispanos, Trump se siente más a gusto. Además, está feliz por haber tenido una coartada que le evitó tener que reunirse con los desagradables presidentes latinoamericanos y del Caribe, entre los cuales hay varios “negros de mierda”.
Estos, tendrán que ir a Lima para encontrarse con el vicepresidente Pence quien a regañadientes viajó al Perú a participar en una Cumbre que nació muerta. Por eso la queja del Senador Marcos Rubio, quien deseoso de utilizar la reunión para continuar cerrando el dogal contra Venezuela y Cuba exclamó: “Se sienten desatendidos, y he escuchado eso una y otra vez durante casi una década”, “No importa quién esté a cargo, ellos sienten que Estados Unidos habla de la boca para fuera con el hemisferio occidental, pero en gran medida lo descuida”.

En fin, mientras esto ocurre en Occidente, del otro lado del planeta se ha realizado en China el Foro de Boao, casi simultáneamente a la Cumbre de las Américas en Lima, ambos persiguiendo aparentes objetivos similares en la medida que los dos eventos pretenden ser instrumentos para la integración y la cooperación entre países, toda vez que ambos cónclaves convocan a aquellas naciones que configuran el espacio inmediato, es decir el entorno de las dos mayores potencias económicas del mundo…pero hasta ahí llegan las semejanzas.

La Cumbre de las Américas es un evento convocado para acentuar la hegemonía imperial estadounidense, en el que en pie de desigualdad, los países de la región acuden puntualmente bajo el mandato predominante de Estados Unidos.

El Foro de Boao convocado bajo el auspicio y la promoción de China es un marco propicio para seguir avanzando en la búsqueda de "una Asia abierta e innovadora para un mundo de mayor prosperidad", por lo que el debate busca ampliar los espacios de concertación política, apertura económica y colaboración en cuanto a la innovación tecnológica y productiva. Con ello China se propone el objetivo de construir una comunidad de destino común, a partir de la influencia y el apoyo mutuo entre los países que conforman este espacio geográfico. En el contexto actual, en el que la administración estadounidense ha tomado medidas que afectan el comercio mundial y avanzan en dirección contraria a la tendencia general de la economía, el presidente Xi Jinping ha enfatizado en el Foro que, en cumplimiento de los acuerdos del XIX Congreso del Partido Comunista de China, el país profundizará la política de reforma y apertura que en este 2018 cumple 40 años de su inicio y que al mostrar su éxito, permite al país abrir mucho más su economía al mundo, dando una señal positiva al planeta en medio de las turbulencias generadas desde Washington.

En este marco los anuncios del presidente Xi de facilitar el acceso al gran mercado de China, flexibilizando restricciones y ampliando la cooperación entre el mercado chino y los mercados extranjeros, así como la creación de un entorno más atractivo para las inversiones, una mejor protección a la propiedad intelectual y la ampliación del espacio para las importaciones chinas tienden a configurar un ambiente beneficioso para la economía global.

Todo este esfuerzo coadyuva indudablemente en la creación de un ambiente positivo para la paz, el desarrollo y la cooperación, no solo para Asia, también para toda la humanidad. La tradición china de relacionarse como iguales con otros países del mundo, la promoción del diálogo y la armonía y el respeto a la naturaleza crean condiciones para que los pueblos del planeta puedan pensar en un futuro más promisorio. El esfuerzo de China y del presidente Xi quien en sus palabras en el Foro de Boao ha reiterado la voluntad de su país y de su pueblo de avanzar hacia la construcción de una comunidad de destino común para toda la humanidad, tal como fue inscrito recientemente en la Constitución de la República Popular China, significan un aporte sustancial en el camino de lograr ese objetivo deseado por los ciudadanos de todas las longitudes y latitudes del planeta.

sergioro07@hotmail.com