Mostrando entradas con la etiqueta Ankara. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ankara. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de enero de 2019

La obsesión de Erdogan por exterminar al pueblo kurdo

Por Leandro Albani:


Turquía redobla su política expansionista sobre las regiones kurdas de Irak y Siria. Para aplicar esta política, cuenta con la venia de Estados Unidos y Rusia.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan es claro en sus objetivos y no vacila demasiado en conseguirlos. Entre sus “prioridades” políticas, se encuentra el exterminio del pueblo kurdo. Puede sonar exagerado, pero la realidad confirma que el mandatario lleva adelante un plan represivo sistemático contra los kurdos tanto del sudeste de Turquía (Bakur) como también de los pueblos del norte de Siria e Irak (Rojava y Bashur).

A mediados de diciembre, el gobierno de Ankara ordenó el bombardeo del campo de refugiados de Makhmur y de Shengal, en Bashur. Los ataques contra el campamento, en el que viven más de 13 mil personas desde la década de 1990, dejaron como saldo cuatro mujeres muertas que se encontraban trabajando con su ganado: Asya Ali Muhammed, de 73 años; Narinç Ferhan Qasım, de 26 años; Eylem Muhammed Emer, de 23 años, y Evin Kawa Mahmud, de 14 años. Tres de ellas eran abuela, madre e hija de una misma familia. En Shengal, los bombardeos apuntaron contra el pueblo yazidí, que sufrió, en 2014, los ataques mortales del Estado Islámico (ISIS).

El problema de Erdogan en Makhmur y Shengal tiene que ver con que los pueblos de esas zonas llevan adelante una política independiente de las potencias extranjeras y regionales. Nucleados bajo el paragua del Con federalismo Democrático, ideología del Movimiento de Liberación de Kurdistán (MLK), kurdos, árabes, musulmanes, yazidíes y asirios se autoorganizan y declararon las autonomías de sus territorios en los últimos años. Para el mandatario turco, es inaceptable un planteo concreto que rompa con sus sueños de reinstalar el imperio Otomano en Medio Oriente.

Campamento de Makhmur después de los bombardeos turcos 
Lo mismo sucede en Rojava. Desde marzo, el ejército turco -junto a mercenarios del Ejército Libre Sirio (ELS)- ocupa de forma ilegal la región kurda de Afrin. Este territorio se había convertido en una zona de paz en medio de la guerra de agresión en Siria. Hacia Afrin, habían llegado alrededor de 500 mil desplazados internos, que fueron ubicados en casas y campamentos temporarios por las autoridades de la Federación Democrática del Norte de Siria (FDNS). Por estos días, las plantaciones de oliva que hicieron famoso a Afrin son destruidas o comerciadas ilegalmente a Turquía. Además, los mercenarios del ELS (muchos de los cuales prestaban servicios a ISIS) son los encargados de saquear hogares, secuestrar a hombres y mujeres por los cuales luego piden rescate, y aplicar un cambio demográfico que tiene como fin de expulsar a la población kurda, árabe, armenia, asiria, para “liberar” el territorio. ¿Cuál es el objetivo de este cambio demográfico? El más visible es que Afrin se convierta en la retaguardia de los terroristas apoyados por Turquía. Esto ya sucede, luego del acuerdo entre Damasco, Ankara, Teherán y Moscú para trasladar a Afrin a los terroristas desmovilizados de Ghuta Oriental.

En su escalada de confrontación, Erdogan anunció la semana pasada que sus fuerzas militares estaban preparadas para incursionar nuevamente en Rojava y ocupar más porciones de territorio. La respuesta de la FDNS y de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) y de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG/YPJ) fue concreta: redoblar la resistencia, continuar en la construcción de una nueva sociedad que tenga a las mujeres como principales protagonistas y apelar al diálogo interno para resolver el conflicto sirio, que ya lleva siete años y dejó como saldo 500 mil muertos.

El plan de invasión y ocupación de Erdogan para las regiones kurdas no sólo tiene mérito propio. Existe una alianza –por momentos difusa- con las principales potencias internacionales, en especial, Estados Unidos y Rusia. En el caso de Makhmur, los bombardeos de la aviación no pudieron escapar del control aéreo que ejerce Washington sobre Irak. El cielo iraquí tal vez sea el más vigilado del mundo. Entonces, ¿por qué, después del ataque sobre el campamento de refugiados, la Casa Blanca mantuvo silencio? Naciones Unidas –responsable oficial de Makhmur junto al gobierno iraquí- tampoco se pronunció sobre este ataque, que además violó las fronteras de Irak, en un claro incumplimiento de leyes internacionales.

Sobre la ocupación turca de Afrin, la responsabilidad recae en Rusia. La invasión a esa región estuvo precedida por dos meses de bombardeos turcos. El encargado de controlar el espacio aéreo de Afrin era Moscú. En el Kremlin, apenas pronunciaron unas tibias palabras que buscaban la “distensión” de la situación. También Estados Unidos carga con responsabilidades. Se calcula que, en Rojava, la Casa Blanca mantiene a dos mil soldados que asesoran a las FDS y a las YPG/YPJ, en lo que las autoridades de la FDNS califican como “alianza táctica”. La inacción de las tropas estadounidenses fue justificada con el argumento de que solo “combaten” a ISIS.

Es claro que el poder regional de Turquía no es para nada menor. Aunque Erdogan mantenga encarcelados a cinco mil militantes del movimiento kurdo, haya clausurado más de cien medios de comunicación y encarcelado a decenas de periodistas, Estados Unidos y Rusia continúan pujando por profundizar sus alianzas con Ankara. Para esas potencias, la moneda de cambio es el pueblo kurdo. Un pueblo que, esta vez, tiene en claro que su libertad e independencia no será negociada o vendida al mejor postor

leandroalbani@gmail.com

miércoles, 4 de abril de 2018

El avance turco en Oriente Medio


Por Leandro Albani:

Mientras los días de los pobladores de la región kurda de Afrin transcurren en medio de masacres y saqueos, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan siente que se difuminan los límites de su poder. Con la toma del enclave kurdo, que costó la vida de más de trescientos civiles, Erdogan se repone de la crisis que hizo tambalear su poder en 2016, cuando sufrió un intento de golpe de Estado. Pero, además de controlar Afrin, el presidente turco parece buscar la expansión de su régimen sobre territorio sirio e intensificar sus operaciones en Kurdistán iraquí.



La invasión de Afrin que inició Turquía a principios de año confirmó que la guerra en Oriente Medio está lejos de finalizar y que el gobierno turco no duda en hacer más profunda la crisis, darle oxígeno a grupos terroristas que estaban casi extintos y barrer con las minorías que conviven en el norte de Siria, principalmente sus archienemigos kurdos, que considera una amenaza para la integridad nacional turca.

Cuando el 20 de enero Erdogan ordenó los bombardeos masivos contra Afrin, Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea (UE) intentaron mirar para otro lado. No importaba que Afrin fuera la región más segura en estos siete años de guerra interna en Siria, ni que esa región –conocida por sus olivares, ríos y valles– se convirtiera en el refugio de al menos 500 mil desplazados internos que, pese a las duras condiciones humanitarias, fueron recibidos, ubicados en campamentos o casas particulares y asistidos por el pueblo de Afrin y sus autoridades. Europa tardó mucho en condenar la ofensiva, las primeras reacciones oficiales de la Unión Europea se limitaron a señalar su “extrema preocupación”. Recién a mediados de marzo el Parlamento Europeo condenó claramente la invasión y recién hace días Merkel hizo lo mismo. La semana pasada, Naciones Unidas se pronunció con cierta contundencia sobre lo que sucede en Afrin. El coordinador humanitario en Siria, Ali al Zaatari, expresó que “tras haber visto de primera mano las condiciones de la gente de Guta Oriental y Afrin, que están cansados, hambrientos, traumatizados y temerosos, necesitamos proporcionarles ayuda urgente”.

Las ambigüedades y los silencios selectivos de los grandes actores internacionales tienen varias explicaciones. Los de la UE se explican por el millonario acuerdo con Turquía para que actúe como muro de contención y frene a los refugiados que intentan entrar en su territorio. Otras explicaciones son las ventas millonarias de armamento por parte de Alemania a Ankara, la puja entre Washington y Moscú para que el gobierno de Erdogan elija cuál será su mejor aliado internacional. En estos días las grandes potencias priorizan su alianza con Turquía, una economía emergente en Oriente Medio que aporta el segundo ejército con mayor poder de fuego a la OTAN.

La ofensiva de Turquía –secundada en el terreno por mercenarios del Ejército Libre Sirio (ELS)– ha dejado más de trescientos civiles muertos, miles de pobladores heridos, el principal hospital bombardeado, y generó el desplazamiento de al menos 200 mil civiles de la ciudad de Afrin, horas antes de que el ejército turco y sus aliados entraran a sangre y fuego. Las primeras imágenes del ingreso en la ciudad son estremecedoras: los miembros del ELS saqueando casas y comercios, la estatua de la plaza principal –que representa al herrero Kawa, símbolo mitológico y fundacional de la nación kurda– destruida y pisoteada, y decenas de personas detenidas por el solo hecho de ser pobladores originarios del Kurdistán sirio, un territorio conquistado en 2012, en el que se construyó un sistema de gobierno autónomo, inclusivo, que respeta a las minorías étnicas y a las religiones.

Durante los últimos 60 días de invasión en Afrin, las Unidades de Protección del Pueblo (YPG-YPJ) sostuvieron una resistencia armada contra el ejército, al tiempo que evacuaron a miles de civiles afectados por los bombardeos. Mientras que Turquía afirma que les infligió alrededor de tres mil bajas a sus enemigos en Afrin, las fuerzas de autodefensa kurdas sostienen que en total no superaron las 650. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, las tropas turcas y sus grupos aliados habrían tenido más de quinientas bajas, mientras que las YPG y las autodefensas habrían sufrido 1.500.

Cuando la ciudad de Afrin fue tomada, las YPG-YPJ anunciaron que la guerra de posiciones sostenida hasta ahora daría un vuelco. Las autodefensas kurdas explicaron que iban a desatar una guerra de guerrillas contra los invasores, una táctica en la que están fogueadas luego de varios años de combates contra el Estado Islámico.
leandroalbani@gmail.com

martes, 27 de febrero de 2018

Afrin El pantano de Erdogan


Por Leandro Albani:

Una caravana de camionetas artilladas de las Fuerzas Populares, leales al presidente Bahsar Al Assad, arribaron el martes al cantón kurdo de Afrin, en el norte de Siria. El arribo de la larga fila de Toyotas se dio ante la mirada de los milicianos de las Unidades de las Protección del Pueblo (YPG/YPJ), que desde hace más de un mes defienden la región de los bombardeos lanzados por Turquía y de las incursiones de Al Qaeda y el Ejército Libre Sirio (ELS).



Ondeando banderas de la República Árabe Siria y con armamento pesado y fusiles Kalashnikov, los combatientes ingresaron por el cruce de Al-Ziyara, al norte de la ciudad de Nubl. El mismo día, la agencia de noticias estatal siria SANA informó que “la arterilla de las fuerzas turcas bombardearon” a las Fuerzas Populares. El ataque turco fue confirmado por las agencias kurdas ANF y Anha, que indicaron que el ataque se cobró la vida de dos miembros de las Fuerzas Populares y otros tres resultaron heridos.
Nouri Mahmoud, portavoz de las YPG, confirmó la llegada de los refuerzos y dijo que el gobierno “atendió el llamado” de enviar tropas. Mahmodu también explicó que las unidades militares se concentrarán en la frontera para defender la unidad territorial de Siria.

Quien se refirió al ataque contra las fuerzas sirias en Afrin fue el propio presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. “Se vieron alrededor de una docena de camionetas moviéndose hacia Afrin. Pero luego hubo bombardeos y tuvieron que regresar”, declaró el mandatario, que unos días antes había asegurado que si las tropas sirias ingresaban al cantón kurdo el ejército turco no dudaría en atacarlas.
Desde hace varios días, las noticias sobre un acuerdo entre las autoridades de la Federación Democrática del Norte de Siria (FDNS) y Damasco recorren los medios de todo el mundo. Medios estatales sirios habían anunciado el arribo inminente de un contingente a Afrin, luego de que las milicias kurdas y de otras nacionalidades que solicitaran al Ejecutivo el envío de tropa para contener los ataques de Turquía.
Con la llegada de las fuerzas leales a Damasco, el conflicto sirio -que está por cumplir siete años- suma una nueva jugada en un tablero de ajedrez sostenido por finas capas de hielo que se van resquebrajando con el paso de los días.

Tres horas de tensión
Limar asperezas y rebajar las tensiones que vienen creciendo desde hace meses a paso acelerado. Esa fue la misión del titular del Departamento de Estado norteamericano, Rex Tillerson, durante su visita oficial a Turquía los días 15 y 16 de febrero. Durante tres horas, Tillerson se reunió con el presidente Recep Tayyip Erdogan, quien estuvo acompañado por el canciller turco, Mevlüt Çavuşoğlu, único testigo de una conversación que, entre varios temas, tuvo como punto de preocupación la situación en Afrin. Y no es para menos. El gobierno turco acusa a Washington de respaldar a las YPG/YPJ, calificadas por Ankara como “terroristas”. Mientras tanto, la Casa Blanca sigue respaldando a este grupo, que es el principal componente dentro de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), el grupo de autodefensa de la FDNS.

Aportando al segundo ejército más poderoso dentro de la OTAN, Turquía sabe que su autoridad no es menor en el plano militar. Por eso, las duras declaraciones de Erdogan contra la administración de Donald Trump llevaron a Tillerson a viajar a Ankara e intentar bajar los decibeles entre ambos países.
En la actualidad, las tropas enviadas por Washington se encuentran apostadas en la ciudad de Manbij, liberada por las FDS en abril del año pasado, luego de que la población local solicitara su intervención. Durante tres años, el Estado Islámico (ISIS) gobernó Manbij, de mayoría árabe, con mano de hierro. La derrota de ISIS después de 73 días de combate contra las FDS fue uno de los últimos golpes de gracia recibidos por la organización del misterioso Abu Bakr Al Baghdadi.
Un día antes del arribo de Tillerson a Turquía, el gobierno de Erdogan propuso a Estados Unidos una acción militar conjunta para liberar esa localidad de los “terroristas”. En el lenguaje de Erdogan, esta iniciativa es barrer, a sangre y fuego, con la propuesta de autogobierno que los kurdos sostienen en el norte de Siria.

En un mapa de alianzas volátiles, y marchas y contramarchas continuas, los kurdos consideran que Estados Unidos necesita estabilizar su relación con Turquía, para de esa forma tener un punto de apoyo en un futuro ataque contra Irán. Pero al mismo tiempo, Washington desconfía de Ankara y sus reflotados acuerdos militares y comerciales con Rusia, el gran jugador dentro de Siria. Lo que los kurdos saben con certeza es que si Afrin cae ante el ejército turco, Estados Unidos no vacilará en entregar Manbij a Erdogan, un posibilidad que no estaría mal vista por Rusia. Desde hace bastante tiempo, las fuerzas turcas, en alianza con remanentes de ISIS, mantienen el control de la fronteriza Jarablus y de la ciudad de Al Bab, cercanas a Manbij y a Alepo. Si Afrin y Manbij son conquistadas por Turquía, la FDNS recibiría un fuerte golpe a sus aspiraciones políticas y sociales –basadas en la democracia, el respeto a todas las etnias y religiones, y con una participación activa de las mujeres- que, pese a la guerra, viene desarrollando desde su creación hace dos años. Además, se alejaría todavía más la posibilidad de unir los tres cantones kurdos.
Si bien el viceprimer ministro y portavoz del gobierno turco, Bekir Bozdag, descartó una operación contra Manbij, nadie puede asegurar que esto se cumpla. Hay que recordar que, hasta el día de hoy, Erdogan afirma que su lucha es contra ISIS, aunque sus fronteras siempre estuvieron abiertas para el tráfico ilegal de petróleo que el Califato robaba en Siria.

A las calles
Miles de personas movilizadas. Las imágenes conmueven. Son hombres, mujeres, niños y ancianos de Afrin, que desde sus aldeas marchan casi todos los días para repudiar los ataques de Turquía. Pero no son sólo ellos. Otros miles de pobladores de Alepo, la segunda ciudad en importancia en Siria, comenzaron el lunes una larga marcha hacia el cantón kurdo, para demostrar su respaldo a los habitantes de la región.
“Creación fructífera” o “bendición”, ese es el significado de Afrin en kurdo. No es para menos. Sus valles y ríos permiten que en esa tierra se puedan sembrar frutas y verduras. Los olivares, que Turquía se empeña en bombardear, son la principal producción del cantón, habitado por un millón y medio de personas, y conformado por más de 300 aldeas. En Afrin, vivir en comunidad, un anhelo que los kurdos llevan marcado en la piel, no es tan extraño como en otras zonas de Medio Oriente.

Cuando Siria llegaba a su implosión en 2011, con las revueltas que ponían en vilo al país y su posterior correlato de crisis permanente, en el norte sirio (Rojava, en kurdo) ya se gestaba un cambio sistémico que los kurdos planeaban hacía años. Y cuando el ejército sirio se retiró de Rojava y se abrieron paso los grupos terroristas –primero Al Qaeda y después ISIS-, los kurdos no dudaron en liberar la región -que comparte una frontera de 900 kilómetros con el Kurdistán turco (Bakur)- e iniciar la construcción de sus propias instituciones gubernamentales y sus milicias de autodefensa.
Afrin es una región de suma importancia. Por un lado, palió las necesidades alimenticias de los cantones de Kobane y Jazira cuando eran asediados por los terroristas, pero también permitió el ingreso de 500 mil refugiados que huían de todas partes de Siria.

El 20 de enero pasado, el presidente Erdogan aseguró que en tres días Afrin estaría bajo su control. Pasó más de un mes y las tropas turcas, junto al ELS y Al Qaeda, apenas sobrepasaron cinco kilómetros de la frontera. El estancamiento del ejército no es un inconveniente para Erdogan, quien hace gala de su incursión en el arte de la mentira: hace unos días afirmó que las tropas turcas controlaba 300 kilómetros cuadrados de Afrin.

Los informes periódicos de las Fuerzas Democráticas de Siria demuestran que las fuerzas de Ankara reciben golpes certeros sobre el terreno. Esta semana, al menos 70 soldados fueron abatidos y se calcula que 100 integrantes de grupos terroristas cayeron en los combates contra las FDS.
Hasta el cierre de esta edición, el Centro de Salud de Afrin había contabilizado 170 civiles muertos por los bombardeos y 470 heridos por las incursiones turcas.

La denuncia más preocupante difundida por las autoridades de Afrin tiene que ver con ataques que se podrían haber llevado a cabo con gases químicos. El Consejo de Salud de Afrin alertó de la existencia de huellas de ataques con gas cloro en la aldea de Erende, según relató en conferencia de prensa el doctor Xelil Sabri, directivo del hospital Avrin. “Como resultado de la inhalación de gases químicos tóxicos, los heridos fueron sofocados, además de los síntomas de arañazos e irritación en la piel”, explicó Sabri.

“Haremos de Afrin el segundo Vietnam para el segundo ejército más grande de la OTAN”, declaró el 12 de febrero el comandante de las YPG, Manî Egîd. Y hacia ese final parece embarcado Erdogan.
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 17 de enero de 2018

Erdogan y su obsesión por el norte de Siria

Por Leandro Albani:

El objetivo del presidente turco Recep Tayyip Erdogan es cada día más claro: destruir, por el medio que sea, la experiencia revolucionaria que desde el 2012 se profundiza en el norte de Siria, donde los pueblos de la zona, traicionados por el movimiento kurdo y sus fuerzas de autodefensa, consolidan la liberación del territorio a través de autonomías democráticas, transformaciones sociales, la participación plena de las mujeres en todos los ámbitos y plantean un nuevo modelo que se abre paso en todo Medio Oriente.



Desde hace varios meses, el Ejército turco repite de manera sistemática los ataques militares contra la zona, principalmente apuntando sus armas contra el cantón de Efrîn, donde se aglutina el polo económico de la Federación Democrática del Norte de Siria (FDNS). Para Erdogan y sus aliados en Turquía, la caída de la experiencia de la FDNS es fundamental para detener el avance del pueblo kurdo en su liberación y contener a los más de 20 millones de kurdos que habitan en el sureste de Turquía.

Respaldado por grupos terroristas, el Ejército turco todavía no tiene la vía libre total para invadir el norte de Siria, mientras que Ankara continúa negociando esa posibilidad con Estados Unidos y Rusia, las principales potencias que se disputan la guerra en Siria y el futuro control regional de Medio Oriente.

Como muestra del accionar de Ankara en la frontera, este jueves se conoció que soldados turcos capturaron a Xalid Hemed y a Usame Reshid Hemid, quienes intentaban ingresar a Turquía. Los dos civiles fueron torturados y luego arrojados hacia el norte de Siria a través del muro fronterizo que Turquía construye, como otra forma de caotizar la región. Según la agencia de noticias ANF, Hemed, un refugiado de Ramadi (Irak) fue encontrado muerto y Reshid Hemid, oriundo de Serekaniye (Kurdistán siria) resultó gravemente herido.

Un día antes de este hecho, pobladores de la aldea de Burc Sileman, cercana a Alepo, denunciaron que las fuerzas turcas atacaron con fuego de mortero el lugar, causando daños materiales.

Al mismo tiempo que esto sucedía, la agencia de noticias ANHA informó que el ejército turco atacó “las escuelas de los pueblos fronterizos donde se enseña el idioma kurdo” para, de esa manera, “borrar la identidad y el idioma materno” en el Kurdistán sirio. Esta vez, las incursiones militares turcas apuntaron contra la aldea de Suesk, en la cual varios pobladores recibieron disparos de balas y muchos de sus familiares fueron asesinados. ANHA detalló que Turquía “atacó varias veces la escuela del pueblo de Suesk, al oeste de Girê Sipî” con diversos tipos de armas ligeras y pesadas.

El 9 de enero pasado, Erdogan volvió a confirmar su plan de desestabilizar el norte de Siria y, en lo posible, continuar invadiendo todo el territorio de ese país, sobre todo desde que sus tropas se encuentran en Idlib, con la aprobación de Rusia y Estados Unidos. La agencia Europa Press indicó que el mandatario aseguró que sostendrá las operaciones militares sobre Manbij y Efrîn, zonas liberadas por las Unidades de Protección del Pueblo (YPG/YPJ) y bajo la órbita de la FDNS.
Por estos días, el gobierno turco ordenó un nuevo despliegue del ejército en la frontera. En esta ocasión, blindados de transporte, camiones y maquinaria pesada fue trasladada al noroeste de Siria, a la provincia de Kilis, ubicada a poca distancia de Alepo. Toda esta movilización de tropa tiene como objetivo asediar todavía más a la población de Efrîn.

Desde la Federación Democrática del Norte de Siria denuncian de forma permanente que el ejército turco cuenta con el respaldo de grupos terroristas, como el Frente Al Nusra y el Ejército Libre Sirio (ELS). En el juego geoestratégico que representa Siria, en los últimos tiempos Moscú y Washington permitieron que el gobierno de Erdogan avance sobre el territorio, reagrupe a mercenarios desperdigados luego de la derrota del Estado Islámico, todo esto a cambio de cierto “control” sobre la decisiones de Ankara. Hasta el momento, la decisión conjunta de las principales potencias mundiales tuvo resultados casi nulos.

La nueva confirmación sobre la relación del Estado turco con los terroristas la dio el propio Ministerio de Defensa de Rusia, que publicó fotos de los 13 drones utilizados por grupos irregulares para atacar las bases rusas de Hmeimim y Tartus, en el noroeste y oeste de Siria. Según la cartera, los aviones no tripulados partieron de una zona de distensión en Idlib, controlada por grupos armados de la oposición siria apoyados por Ankara. “Se ha establecido que los drones se lanzaron desde la localidad de Muazzara, situada en el suroeste de la zona de distensión de Idlib y controlada por grupos armados de la ‘oposición moderada’”, detalló el medio oficial ruso Krasnaya Zvezda.

Aunque el presidente turco redobla su apuesta a destruir militarmente la experiencia de la Federación Democrática del Norte de Siria y trabe las posibilidades de que el pueblo kurdo participe en las reuniones internacionales para encontrar una salida pacífica a la crisis siria, desde ese territorio habitado históricamente por kurdos, turcomanos, armenios, asirios y árabes la decisión de un futuro más justo ya fue tomada. Y pese a los sofisticados armamentos con los que cuenta Turquía, los pueblos del norte de Siria continúan creando una sociedad nueva, a veces contradictoria, pero con raíces profundas de libertad, igualdad y fraternidad.


leandroalbani@gmail.com