viernes, 12 de octubre de 2018

Colombia, Venezuela y la traición en las FARC-EP


Por Narciso Isa Conde:

Antes, durante y después de los denominados DIALOGOS DE PAZ DE LA HABANA (entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP), existió, existía y existe un Estado Terrorista, con paramilitarismo incluido, siete bases militares y calificadas unidades militares estadounidenses en territorio colombiano… más el acuerdo con la OTAN.


El PENTÁGONO, específicamente su Comando Sur –sin desistir de la conquista de Brasil para esos mismos fines y con mayor fortaleza militar- concibió y concibe a Colombia como una especie de Israel de cara al Norte de Suramérica (principalmente como factor de agresión a la Venezuela bolivariana)…de cara a la Amazonía y al Caribe. Un gendarme de mediana dimensión e intensidad.

LA PAZ COMO FARSA.

No había que ser adivino, ni tener demasiada inteligencia, para apreciar que la desmovilización y desarme unilateral de las FARC-EP, principal ejército irregular antiimperialista de la región, provocaría un costoso desequilibrio interno y regional a favor de las derechas locales y del imperialismo occidental (EEUU y EUROPA OCCIDENTAL); ambos empeñados, por demás, en una feroz y violenta contra-ofensiva anti-reformas, anti-autodeterminación y anti-revolución en toda nuestra América; con especial énfasis contra la soberanía Venezolana, procurando asaltar sus enormes riquezas naturales

Sin embargo, la mayoría del poderoso SECRETARIADO de las FARC-EP, capitaneado por su jefe político-militar, Comandante Timochenko (Rodrigo Londoño), desoyendo todas las advertencias, optó por precipitar (combinado con Santos) –mediante sorpresivas maniobras espurias- un desenlace claudicante en las referidas negociaciones.

Esto incluyó desmovilización de bloques guerrilleros, entrega de las armas, aceptación de la permanencia de la mayoría de los presos políticos en la cárcel, convivencia con el Estado tal y como está conformado a nivel civil, militar y policial; permanencia de las estructuras paramilitares asesinas, renuncia a la convocatoria de una CONSTITUYENTE SOBERANA y continuidad de las bases militares estadounidenses, del acuerdo con la OTAN y de todo el andamiaje guerristas de Israel y EEUU en su territorio.

Examinadas con detenimiento la modalidad de esa imposición junto a la evolución posterior del accionar legal de sus artífices, y evaluando específicamente lo que acontece alrededor del infame apreciamiento del comandante Jesús Santrich y la conjura contra el Comandante Iván Márquez… así como las múltiples, diversas e importantes disensiones de contingentes político-militares farianos, no tengo dudas de que esa imposición reúne las característica de una rendición militar y una claudicación política-ideológica con fuertes componentes de traición interna.

IMPACTOS NEGATIVOS DE LA TRAICIÓN.

Esta derrota no fue consumada en el campo de batalla, sino inducida por una astuta inteligencia militar que logró la renuncia a las ideas, a la ética y al compromiso revolucionario de su contraparte; evidentemente asumida por componentes relevantes de la jefatura de esa fuerza insurgente, no por todos sus dirigentes; menos aun por toda su membrecía.

Sus impactos negativos no tardaron en manifestarse dramáticamente a consecuencias de los desequilibrios registrados. Veamos:

El NO ganó el plebiscito con que se pretendió refrendar ese mutilado “acuerdo de paz”, en medio de una mayoritaria y significativa abstención del universo de votantes y de una votación minoritaria a favor de ambos bandos: uribismo y Gobierno.

El Secretariado de las FARC, en lugar de darle una correcta lectura a la desconfianza popular así expresada, decidió hacer más concesiones, acentuando la claudicación.

Las matanzas y persecuciones de combatientes, líderes y activistas de las izquierdas y los movimientos sociales no se hicieron esperar.

A continuación la expresión legal de las FARC fue castigada electoralmente por la sociedad colombiana, al extremo de exhibir una ridícula votación; más aun si se compara con las dimensiones de las fuerzas que integraron su ejército popular, sus milicias, su partido comunista clandestino y su movimiento bolivariano, y de su importante gravitación en la MARCHA PATRIÓTICA y en numerosos movimientos sociales. Evidentemente el viraje a la derecha provocó una hecatombe en sus filas.

La extrema derecha uribista ganó las elecciones, potenciada por su coherente embestida contra el Acuerdo de la Habana y por la inconsistencia de FARC, ya abrazada a la candidatura de Petro, uno de sus antiguos adversarios a la cabeza de una opción centrista-liberal pro-imperialista y hostil al gobierno venezolano.

El nuevo gobierno se propone desmontar los limitados avances consignados en las letras del “ACUERDO DE PAZ”, mientras arrecia la represión y profundiza la tendencia neo-fascista y la hostilidad contra la Venezuela bolivariana y contra el proceso boliviano; aliado de bruces e incondicionalmente a los contra-ataques de Trump contra la independencia continental y los procesos de reformas.

La Fuerzas Armadas y el paramilitarismo colombianos, articulados con el Pentágono, la CÍA y el MOSSAD israelí, con el apoyo de la gran burguesía y las derechas de ese país, han reforzado su compromiso de desestabilización y agresión política, económica y militar contra el Gobierno de Maduro y el chavismo venezolano, incluidos expedientes como el magnicidio y la invasión militar tutelada por EEUU. La falsa PAX colombiana ha estimulado la guerra imperialista contra Venezuela y más allá.

LA PELEA CONTINUA.

Sin embargo, todos esos factores negativos juntos, no anulan la multifacética resistencia y las nuevas ofensivas del pueblo colombiano, del pueblo chavista venezolano y de los pueblos de nuestra América.

Ni la reacción imperial-derechista, ni las inconsecuencias de los denominados gobiernos progresistas, ni la derechización de ciertas izquierdas, ni las traiciones registradas… tienen poder en el contexto de esta multi-crisis del capitalismo para provocar una derrota estratégica del campo popular y aplacar definitivamente la tendencia a la rebeldía; menos aun en casos como el venezolano y el colombiano.

En Venezuela crece la resistencia popular al golpe y a la agresión política, militar y económica interna y externa. Voces autorizadas llaman a formar nuevas milicias populares y se expresa la disposición a recibir brigadas latino-caribeñas; al tiempo que el componente chavista de las Fuerzas Armadas Bolivariana reafirma su lealtad al proceso y su disposición combativa; por lo que los factores revolucionarios que se han acumulado allí no son fáciles de aplastar.

En Colombia los traidores a la insurgencia heroica que forjó Manuel Marulanda han perdido la autoridad y el liderazgo que forjaron en los campos de batalla; mientras crece el respaldo a los que siguen firmes y dispuestos a revertir el revés y a recomponer las fuerzas transformadoras. Esto, a su vez, amerita multiplicar la solidaridad internacional en casos como el de los comandantes Satrich y Márquez, la libertad de los presos políticos y el apoyo a las víctimas de la represión.

Hay claras señales de que muchos/as combatientes, milicianos/as, militantes y comandantes no han aceptado la ruta de la rendición y deciden optar por la recomposición y rearticulación de las fuerzas dispersas, aun en medio de grandes riesgos.

El ELN no se ha desmovilizado y se opone a la paz como maniobra del régimen y como trampa, esto es, a una paz sin garantías y sin agenda de cambios sustanciales.

El territorio colombiano está sembrado de protestas sociales y políticas de todo tipo, mientras la mayoría electoral relativa del candidato triunfador no logra superar la existencia de un gobierno de minoría, que habrá de apoyarse fundamentalmente en la violencia. Y si damos una mirada más allá, es inocultable el enorme rechazo popular que han provocado las formulas ultraderechistas y mafiosas derivadas de los llamados golpes blandos y los contra-ataques imperialistas en Honduras, Brasil, Argentina, Paraguay…

No hemos sido derrotados.

EEUU y sus sucios socios locales tienen capacidad paras desestabilizar procesos de cambios que se han estancado o degradado, pero no para estabilizar su dominio.

La pelea sigue y habrá de ser cada vez más dura.

Se pelea peleando y luce que donde estamos fallando es en la falta de cualificación y en las debilidades todavía no superadas de las fuerzas llamadas a conducir y articular exitosamente las múltiples y diversas batallas necesarias; lo que exige una profunda direccionalidad anticapitalista y antiimperialista; y, sobre todo, claras reformulaciones, forjadas estrecha relación con los pueblos en lucha y su capacidad creativa, de los proyectos de transición hacia sociedades justas y solidarias.

Vale todo lo que pueda hacerse en esa dirección dentro de una consistente vocación revolucionaria e internacionalista.

0 comentarios:

Publicar un comentario