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viernes, 31 de julio de 2020

Del genocidio armenio a las masacres de los kurdos

Por Leandro Albani:

El Estado turco recorre una línea histórica marcada por la represión de las minorías étnicas y religiosas dentro de sus fronteras. Ayer las víctimas fueron los armenios, hoy son los kurdos.

El Estado turco es implacable. En su versión otomana, laica y “moderna”, o –en los últimos años- erdoganista, las minorías étnicas y religiosas están en el blanco de una maquinaria militar e ideológica que no concibe diferencias y ni siquiera tibias oposiciones. En Turquía existe una línea histórica que oscila entre el genocidio y las masacres planificadas, la represión y la asimilación de grandes porciones de población bajo el lema de una nación, una bandera, un Estado. Este derrotero comenzó a finales del siglo XIX, con la decadencia del Imperio Otomano, y se reproduce de forma casi exacta hasta llegar al actual gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan.


El historiador armenio John Sahakí Kirakosyan es una referencia por demás interesante para observar la historia del Estado turco. En su libro Jóvenes turcos. Antecedentes históricos y geopolíticos del Genocidio Armenio, Kirakosyan investiga y documenta de forma sólida los últimos estertores otomanos y el nacimiento del movimiento que dio vida a la República turca en 1923, con el liderazgo de Mustafa Kemal (Ataturk) y los Jóvenes Turcos. Publicado a mediados de la década de 1980, y recién aparecido en Argentina en 2015 de la mano de Ediciones Ciccus, en Jóvenes Turcos también se pueden rastrear los choques geopolíticos alrededor de Turquía y las tensiones de potencias como Rusia, Gran Bretaña, Francia y, posteriormente, Estados Unidos para conquistar una alianza férrea, en un primer momento, con el Sultán Abdul Hamid II –último patriarca del Imperio Otomano-, luego con Ataturk hasta llegar a la actual e inflamable situación generada por Erdogan y sus planes de expansión y control territorial.

Algunos fragmentos del trabajo de Kirakosyan, en referencia a las matanzas contra armenios que derivaron en un genocidio en el que fueron asesinados entre un millón y medio y dos millones de personas, sirven para trazar esa línea histórica siniestra

El autor recuerda que durante el Imperio Otomano “se perseguía a los maestros (armenios) y se ejercía un estricto control sobre las escuelas. Se violaban y pisoteaban los derechos nacionales y los privilegios concedidos y consagrados por decretos de los sultanes anteriores”.
Kirakosyan cita al historiador y político irlandés James Bryce, que describió la persecución: “Infinidad de aldeas se convirtieron en pasto de las llamas, las iglesias fueron transformadas en mezquitas, las mujeres fueron violadas, las muchachas y los jóvenes fueron llevados lejos y vendidos como esclavos”.

Según el historiador armenio, cuando el Sultán era acusado de las masacres contra armenios sus respuestas eran lacónicas: “Las consideraba leyendas, y con el propósito de granjearse las simpatías y la solidaridad de monarcas y tiranos adictos, declaraba que no se hizo nada más que proteger el orden de los atropellos de los revolucionarios, que los agresores eran armenios, que en sus cárceles no se aplicaba ningún tipo de torturas y que, generalmente, las torturas, desde hacía mucho tiempo él las había prohibido en la realidad turca”.

El propósito de los turcos era –afirma Kirakosyan-, implementando un amplio sistema de matanzas, lograr que en un extenso territorio ninguna mujer armenia pudiera convertirse en madre de un niño armeni
Una de las bases de la política otomana era el odio étnico. Así se describen las medidas tomadas por el Sultán Hamid: “Clausuraba las escuelas armenias allí donde le era posible. Estaba prohibido el ingreso a Turquía de todos aquellos libros que, de una manera u otra, podrían alimentar las ansias de autonomía del pueblo armenio. Por ejemplo, estaba prohibida la entrada del Manual de Geografía donde se mencionará la palabra armenia. Los periódicos armenios eran censurados con particular severidad por parte de los organismos estatales. Se estimulaba el espionaje en todos los ambientes armenios”.
Si bien las palabras citadas son una pequeña muestra de lo sucedido con los armenios, describen los grandes rasgos de la política otomana que, con mediaciones y “nuevas formas”, sobreviven en la génesis del Estado turco moderno.

En muchas de las historias relatadas por Kirakosyan se podrían suplantar las palabras “armenio” por “kurdo” y “Sultán Hamid” por “presidente Erdogan”, y entonces sospecharíamos que la historia está congelada. Pero el fuego que hace mover los ejes de la humanidad no está en sus dictadores, sino en los pueblos que resisten y se rebelan. Muchos armenios y kurdos tomaron esta decisión que todavía no se apagó.
Las similitudes entre las políticas genocidas contra los armenios y la actual voracidad turca por enterrar a los kurdos es la misma.

Estos pocos ejemplos lo demuestran
El 4 de mayo de 1937, el gobierno turco dio inicio a la Masacre de Dersim, cometida en la región aleví de Bakur (Kurdistán turco). Miles de pobladores fueron asesinados y la mayoría de los sobrevivientes, expulsados. Las cifras oficiales indican que se asesinaron a 12.000 pobladores, aunque ese número, según las fuentes, aumenta a 90.000. El Estado turco no sólo mató, sino que cambió los nombres originales de la región. Desde entonces, en los mapas Dersim aparece con el nombre turco de Tunceli.

Con el avance de la República turca sobre los territorios dentro de sus fronteras, la prohibición de la lengua materna y la escritura en los idiomas originales fue una política de Estado. Nombres de ciudades y pueblos, calles e instituciones, se turquificaron. En la década de 1990, el gobierno turco llegó a cambiar los colores de los semáforos en varias ciudades de Bakur: el rojo, el amarillo y el verde son los colores que se ven en las banderas del Movimiento de Liberación de Kurdistán. En la actualidad, la misma turquificación fue denunciada en las regiones kurdas del norte de Siria, ocupadas por Ankara desde el 2018. En el cantón de Afrin o en la ciudad de Serekaniye ahora las clases se dan en idioma turco, los profesores fueron enviados desde el otro lado de la frontera, y la bandera roja con la media luna y la estrella flamea en los colegios.

Con el golpe de Estado de 1980, el poder militar turco buscó barrer la radicalidad de la izquierda del país y del creciente movimiento kurdo, impulsado por el Partido de los Trabajadores de Kurdistán. Además, abrió las puertas a la liberalización de la economía, dejando de lado los lineamientos de un Estado que controlara las finanzas y el desarrollo. Una característica del golpe militar fue la cantidad de personas encarceladas en apenas unas semanas: 30.000 hombres y mujeres fueron arrestadas y depositadas en los peores penales del país. Con el encarcelamiento masivo, los militares creyeron detener a los kurdos en sus demandas por que se respeten sus derechos básicos. Pero sucedió todo lo contrario: las cárceles se convirtieron en un hervidero de militancia y formación de cuadros. Sakine Canzis, una de las fundadoras del PKK, vivió esos años de cárcel y al salir se convirtió en un símbolo de la resistencia kurda hasta su asesinato, ocurrido en Francia en enero de 2013.

En 2012, los kurdos de Siria se levantaron en armas y declararon la autonomía de una región sometida durante décadas por los dictados del régimen del partido Baath. Ante este panorama, el gobierno turco puso manos a la obra: derramó financiamiento y logística hacia el Estado Islámico (ISIS) para que lograra ocupar Rojava. ISIS fue derrotado por las fuerzas de autodefensa kurdas YPG/YPJ, y posteriormente por las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), impulsadas por los kurdos y respaldada por la Coalición Internacional.

 Frente a la derrota de los yihadistas, Turquía lanzó una invasión abierta. En enero de 2018 comenzó a bombardear el cantón de Afrin, y en marzo los grupos terroristas respaldados por Ankara ocuparon la mayoría de la zona. A partir de ese momento, impusieron una política de desplazamiento masivos (se calcula que al menos 500.000 personas tuvieron que huir), asesinatos y violaciones sistemáticas de mujeres, saqueos y robos de bienes particulares, de reliquias arqueológicas y de la producción agrícola. En octubre de 2019, Turquía ocupó desde Serekaniye hasta Gire Spi (Tell Abyad), aplicando el mismo plan que en Afrin. La propia Naciones Unidas reconoció que Turquía cometió crímenes de guerra en Rojava. A esto se suman las denuncias de Amnistía Internacional, del Observatorio Sirio de Derechos Humanos y de organismos de derechos humanos locales.

—Desde que en Turquía el Partido Democrático de los Pueblos (HDP) se convirtió en la tercera fuerza política en el parlamento, la represión contra la organización, sus militantes y sus diputados, diputadas, alcaldes y alcaldesas electas, no cesó. De los 65 municipios kurdos ganados por el HDP en los comicios del 31 de marzo de 2019, ahora 46 son administrados por interventores estatales, luego de violentos desalojos de las fuerzas de seguridad. La justicia emitió órdenes de arresto contra casi 30 alcaldes y alcaldesas electas, 19 de los cuales se encuentran actualmente en prisión. En seis municipios, los co-alcaldes electos ni siquiera pudieron asumir el cargo, porque la justicia electoral se negó a reconocerlos. Todos y todas son acusados, sin pruebas reales, de “pertenecer a una organización terrorista”.
La línea histórica está marcada y es clara. Los métodos aplicados durante el Imperio Otomano y las décadas posteriores, profundizadas por el régimen de Erdogan, son constantes y calcados.

En Jóvenes Turcos, Kirakosyan también remarca un tema importante, que desde el siglo XIX recorre de Medio Oriente: la disputa de las potencias internacionales por el control territorial de la región. Con respecto a la última época otomana, el historiador armenio describe de forma meticulosa los “juegos” diplomáticos y políticos del Imperio Zarista, el Imperio Británico y el resto de Europa. Ante las matanzas de armenios, apunta Kirakosyan, “Europa no hacía más que enviar protestas vanas y sin sentido, y Rusia no tenía la intención de intervenir, el Sultán y su banda de seguidores se sentían con las manos libres para seguir adelante con sus crímenes”. Kirakosyan además recuerda que, ante los crímenes cometidos por la Sublime Puerta, las sedes diplomáticas europeas en territorio otomano por las noches apagaban sus luces, como forma de protesta: un símbolo de hipocresía que, con otras formas menos sutiles, se repite frente a los crímenes de Turquía contra los kurdos.
leandroalbani@gmail.com


sábado, 13 de junio de 2020

Incendios y cortes de agua: las armas de guerra de Turquía



Por Leandro Albani:

El gobierno del presidente turco Recep Tayyip Erdogan no escatima esfuerzos en su objetivo de destruir la revolución que los kurdos, juntos a otros pueblos, llevan adelante en el Kurdistán sirio (Rojava). Además de los bombardeos aéreos, el fuego de artillería y la invasión militar abierta al norte de Siria, el Estado turco incendia campos cultivados, y corta el suministro de agua a través de las represas que tiene diseminada en su territorio sobre el caudal del río Éufrates.


Los peligros que genera en Rojava esta política punitiva se acrecentaron con la pandemia de coronavirus, de la cual el territorio sirio no es ajeno. La Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES), que impulsa el autogobierno en la región, solicitó en varias oportunidades ayuda urgente para combatir la Covid-19. Hasta ahora, casi nadie respondió a ese llamado. Al no ser reconocida internacionalmente (aunque controla y administra casi el 40 por ciento del territorio sirio), la AANES sufre un nuevo bloqueo, el embargo de facto que le aplica Turquía y el Gobierno Regional de Kurdistán (norte de Irak). La Organización Mundial de Salud (OMS) negó enviar ayuda a la AANES, por el cual todos los suministros deben pasar por el gobierno central de Damasco.

En marzo de 2018, Turquía invadió el cantón kurdo de Afrin. Luego de dos meses de bombardeos, lo ocupó con sus fuerzas militares y un variopinto grupo de mercenarios y yihadistas, muchos de ellos ex integrantes de Al Qaeda y el Estado Islámico. En octubre pasado, Ankara volvió a la carga y ocupó una franja de unos 200 kilómetros entre las ciudades de Tel Abyad y Serekaniye. En ambos casos, el gobierno turco envió armamento y funcionarios que gobiernan de facto con el apoyo de milicias islamistas. Con la ocupación, en ambas zonas los saqueos de casas e instituciones, el secuestro y asesinato de personas, y los atentados se convirtieron en moneda corriente.

Si todo esto no fuera poco, Turquía trata de ahogar a la población de Rojava con un método medieval: incendiar grandes zonas cultivadas en una zona en donde la agricultura es su principal fuente económica.  El jueves, la agencia de noticias ANHA divulgó un informe en el que afirma que en los últimos meses fueron incendiadas un alrededor de 40.500 hectáreas de trigo y cebada, y 154 hectáreas de olivos. La mayoría de los incendios fueron provocados en los asentamientos situados en la frontera de las zonas ocupadas por el Estado turco.

En declaraciones a ANHA, Selman Barûdo, co-presidenta del Comité de Economía y Agricultura de la AANES, denunció que hasta tres civiles murieron cuando trataban de extinguir el fuego y otros dos resultaron heridos. Según los datos del Comité de Economía y Agricultura de la AANES, el año pasado fueron incendiadas por las fuerzas ocupantes un total de 176.240 hectáreas de tierras cultivadas.

Al mismo tiempo, el gobierno turco utiliza los cortes de suministro de agua para presionar a la población de Rojava. Según la agencia de noticias ANF, el río Éufrates, que cruza el norte de Kurdistán, “está casi completamente bajo control turco debido a un sistema de represas”, por lo cual “Turquía puede modificar a su antojo el flujo de agua” hacia la región.

La afluencia del Éufrates en la actualidad se redujo hasta 150 metros cúbicos de agua por segundo. La agencia ANF recordó que en el acuerdo “firmado entre el gobierno sirio y Turquía en 1977, se determinó un mínimo de volumen de 500 metros cúbicos por segundo”. Desde el medio remarcaron que esta situación “no solo restringe la agricultura y el suministro de agua, sino que también crea serios problemas para la generación de electricidad, ya que las plantas de la región no pueden funcionar”.

Sobre el Éufrates existen tres represas en un radio de 600 kilómetros del territorio sirio, siendo el más grande el embalse Tişrîn, situado en la ciudad de Manbij. Del lado turco, hay seis represas, siendo el embalse Ataturk el segundo más grande de su clase en Medio Oriente, con la capacidad de almacenar aproximadamente unos 48 mil millones de metros cúbicos de agua.

Frente al panorama actual, Mihemed Tarbuş, director del embalse Tişrîn, advirtió que “reducir la cantidad de agua desde Turquía puede ser peligroso para las represas. Si continúa así, se volverá una amenaza en unos dos meses”.

Otra arma de guerra de Turquía para reforzar la ocupación de varias zonas de Rojava, es el cambio demográfico de la población originaria de la región. El lunes, la copresidenta de Consejo Democrático Sirio (MSD) Ilham Ahmed se refirió a este tema durante una reunión en el barrio autónomo de Sheikh Maqsoud, en la provincia de Alepo. La cotitular del MSD –uno de los principales órganos de autogobierno dentro de la AANES- recordó que “ciento de miles” de personas fueron desplazadas por la invasión turca. Ahmed recordó que el Estado turco intenta “completar su proyecto de asentamiento, que está cambiando la composición de la población en la región y destruyendo la identidad histórica de la zona”.

Sólo en Afrin, unas 250.000 personas fueron desplazadas de manera forzosa luego de la invasión de Turquía, la mayoría de las cuales se encuentran en campamentos de refugiados en la zona de Shehba, sobreviviendo de manera crítica pese a la asistencia de la AANES. La metodología de Turquía es expulsar a los pobladores y reemplazarlo por familias enteras de grupos yihadistas, incluido el Estado Islámico (ISIS).

Por ahora, y más allá de las denuncias realizadas por la AANES, ni a la Organizaciones de Naciones Unidas (ONU) ni a ninguna potencia mundial le interesa demasiado molestar a Erdogan y sus planes militares de destrucción y expansión.
leandroalbani@gmail.com


sábado, 28 de marzo de 2020

Erogan la otra pandemia que arrasa en Turquía



Por Leandro Albani:
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, nunca pierde el tiempo. Ante cualquier posibilidad que le presente la realidad mundial, redobla sus políticas represivas contra las minorías étnicas en su país, especialmente, los kurdos.

En medio de la pandemia del coronavirus, el mandatario ordenó la destitución de otros ocho alcaldes y alcaldesas de municipios gobernados por el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), la tercera fuerza política del país que representa al pueblo kurdo, a las minorías étnicas y a organizaciones de izquierda y progresistas turcas.


La medida tomada por Erdogan no es nueva. Desde el 31 de marzo de 2019, cuando se efectuaron las elecciones regionales en Turquía, el Ejecutivo redobló su persecución contra el HDP y a todo que oliera a oposición. En esos comicios, el gobernante Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdogan perdió la alcaldía de Estambul, la más importante del país. Debido a los resultados adversos, la Comisión Electoral Suprema anuló las elecciones, que se repitieron en junio, donde el AKP volvió a ser derrotado. Para esos últimos comicios, la victoria se la llevó otra vez el Partido Republicano del Pueblo (CHP), que contó con el apoyo abierto del HDP.

Los nuevos municipios intervenidos son Batman (la ciudad central, de la provincia homónima), Silvan, Ergani, Lice y Egil (cuatro distritos de la región de Diyarbakir), Güroymak (distrito de Bitlis), Gökçebag (ciudad in Siirt) y Halfeli (ciudad in Igdir). Incluyendo estos últimos, el gobierno turco ya despojó al HDP de 32 municipios, en los que nombró de forma arbitraria interventores. Esta cifra –que, por lo visto, no conmueve a nadie en el mundo- no incluye a otros seis alcaldes electos, pero a los cuales se les negó asumir sus funciones.

En todos los casos, los alcaldes y alcaldesas destituidos son acusados de “pertenencia a una organización terrorista”, argumento que utiliza Erdogan para vincularlos con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), organización político-militar con más de cuatro décadas de vida, que el Estado turco considera ilegal.

El gobierno de Erdogan mantiene varios frentes abiertos que, con la crisis generada por el coronavirus, tendrán que ser seguidos de cerca. Hacia afuera, mantiene tropas y sostiene a grupos terroristas (muchos de ellos integrados por ex combatientes del Estado Islámico) en la provincia siria de Idlib y en el norte y el este de Siria. El cantón kurdo de Afrin (invadido en marzo de 2018) y una franja importante de la frontera común, con epicentro en la ciudad de Serekaniye (ocupada en octubre del año pasado), representan la principal avanzada de Ankara en su plan de extensión territorial, basada en los sueños neo-otomanos de Erdogan. Hacia adentro, antes del coronavirus, Turquía transitaba una sostenida crisis económica, con un desempleo masivo y una inflación que el Ejecutivo no puede controlar.

La persecución y la represión desatada desde el Estado pueden resumir ambos frentes, y, si bien son una constante desde la conformación de la República turca en 1923, en esta última década, Erdogan se encargó de perfeccionar esas herramientas punitivas.

El miércoles pasado, desde el HDP, fueron categóricos al afirmar en un comunicado que “el gobierno turco usa el clima de la pandemia como una oportunidad para poner en marcha las formas más malignas de represión contra las instituciones democráticas kurdas, concretamente, sus municipios, haciendo todavía más complicado para los kurdos combatir el coronavirus”.

Con respecto a las intervenciones del lunes, el partido explicó que “no hay ninguna orden judicial para estas nuevas detenciones y nombramientos de fideicomisarios (interventores). Los cargos presentados contra nuestros alcaldes tampoco son sorprendentes: apoyo al terrorismo”.

En el HDP, expresaron que, por estos días, “además de contra el coronavirus, estamos luchando simultáneamente contra otro virus: el del autoritarismo racista contra los kurdos y su voluntad democrática”. “Este virus del autoritarismo racista es también un grave problema de salud pública y estamos comprometidos a sobrevivirlos a ambos”, agregaron desde el partido.

Por su parte, el diputado y vicepresidente del HDP, Garo Paylan, presentó, el martes, un paquete de medidas económicas para paliar la crisis. Entre los puntos más destacados, se encuentran la suspensión del pago de alquileres, intereses de créditos bancarios; la prohibición de despidos y la gratuidad de los servicios básicos, además de un apoyo concreto a las pequeñas y medianas empresas. Paylan también comunicó que las compañías que terminaron sus operaciones deberían proporcionar a los empleados vacaciones pagas y todos los ingresos tributarios tomados de los trabajadores deben ser cubiertos por el Estado. Entre otros puntos, el HDP propuso que las mujeres de bajos ingresos -que son trabajadoras precarizadas, de limpieza o madres solteras- deben recibir un apoyo directo de ingresos.

Ante la situación que vive el país, una veintena de organizaciones de derechos humanos demandaron que el gobierno aplique medidas urgentes para proteger a los presos y a las presas del coronavirus. En una declaración conjunta, las agrupaciones indicaron que, en las cárceles turcas, hay aproximadamente 300 mil detenidos y detenidas, generando una superpoblación extrema. Las organizaciones exigieron que todos los presos en prisión preventiva y los condenados únicamente por ejercer su libertad de expresión sean liberados incondicionalmente.

Aunque el gobierno turco anunció medidas, todavía no se pronunció sobre la situación de los casi cuatro millones de refugiados y refugiadas que se encuentran en el país, luego de firmar con la Unión Europea (UE) un acuerdo millonario para retenerlos y que no crucen las fronteras. En las últimas semanas, este acuerdo comenzó a resquebrajarse debido a la presión de Erdogan para que la UE desembolse más dinero, por lo cual su administración ordenó liberar las fronteras, por lo cual miles de personas se precipitaron para cruzar hacia Grecia, hecho que desencadenó una dura represión contra los refugiados.

Turquía, con más de 83 millones de habitantes, hasta el momento, tiene -según cifras oficiales del jueves- un total de 75 personas muertas por coronavirus y 3.629 infectados. Mientras se conocía esta noticia, el ejército lanzó una operación militar en las aldeas rurales de Zenge, Kerwes y Licok, en el distrito de Lice, en Amed, en el sudeste del país.

leandroalbani@gmail.com

domingo, 2 de febrero de 2020

Thomas Friedman y la desinformación de la "estupidez"



Por Bruno Lima Rocha:
Diariamente nos sorprende la exageración en la arrogancia y la capacidad de desinformar, hacer circular las ideas equivocadas, en resumen, "mentir con algo de estilo". Estas técnicas de manipulación de audiencias masivas, aunque circulares y a menudo temporales, el Imperio y sus aliados han estado llamando "disputa narrativa o disputa sobre el control de la narrativa". Como en todas las guerras, la primera víctima es la verdad, en la guerra híbrida de cuarta generación el patrón es el mismo. Veamos un ejemplo de inversión de prioridades y nombres despectivos para afirmar una tesis falsa, donde los que reaccionan atacan y los que atacan se vuelven solo "preventivos".



El 03 de enero de 2020, incluso antes de la respuesta iraní al acto terrorista autorizado por el presidente del Imperio, Donald Trump, el famoso columnista y ex editor del New York Times, Thomas Friedman, produjo un artículo de opinión que dirigía el mundo occidentalizado. El título en inglés es "Trump mata al guerrero más sobrevalorado de Irán". Y la línea de ayuda dice. "Soleimani empujó a su país a construir un imperio, pero en su lugar lo arrojó al suelo". (en este enlace: https://www.nytimes.com/2020/01/03/opinion/iran-general-soleimani.html)

En nuestro país, el texto del autor de la infame oda a la globalización capitalista, el éxito de ventas neoliberal "El mundo es plano" (publicado en Brasil en 2005), fue traducido y publicado (publicado) en el periódico Folha de São Paulo y luego reproducido en varias publicaciones en internet. El principal vehículo de la familia Frias hizo circular la idea de Friedman, Thomas, que también publicitó a Milton, aunque de manera encubierta, cuando afirmó la "estupidez" iraní. El título portugués es "El general iraní muerto en un ataque estadounidense fue estúpido y sobrevalorado" (en este enlace:
https://www1.folha.uol.com.br/mundo/2020/01/general-iraniano-morto-em-ataque-americano-era-burro-e-superestimado.shtml?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=twfolha)

Cuando Friedman se refiere al mayor general Qasem Soleimani (1957-2020), se refiere al estado persa, considerando que los militares asesinados por orden de Trump informaron directamente al Líder Supremo, el Gran Ayatolá Ali, por lo que es el más alto nivel de toma de decisiones del país. Para él, Thomas, Irán sería "tonto" porque no siguió aprovechando el buen momento de crecimiento económico resultante de las negociaciones multilaterales coordinadas por la ONU. En estos, la administración de Barack Hussein Obama, con John Kerry al frente del Departamento de Estado, alivió una parte importante de las sanciones y el bloqueo económico. Las negociaciones para controlar la investigación atómica tuvieron lugar en 2015, con la intensa participación de la diplomacia brasileña en ese momento, lo que implica un crecimiento económico del 12% en 2016.

La "estupidez" sería no seguir el auge de su propia economía con una complejidad media y "aventurarse" a expandir su papel en la política regional en el Medio Oriente. Para Thomas Friedman, ser "inteligente" es "comportarse bien", de manera silenciosa, aceptar la hegemonía fáctica de Arabia Saudita e Israel, y no participar en conflictos donde operan sus principales aliados. De todos modos, la "inteligencia" sería entregar el shiísmo ampliado a sus propios dispositivos, incluida la relación con Hezbolá en la defensa de la soberanía nacional libanesa. La "inteligencia" podría estar ayudando a entregar Palestina a la traición de la Autoridad "Nacional", el asedio de Gaza y la ocupación de la mayor parte de Cisjordania, incluido el robo de tierras y valiosos recursos hídricos. "Sagaz", para Friedman, sería comportarse como Egipto después de la traición de Camp David o tal vez como los Hachemitas del Reino de Jordania, inventados por los ingleses..

Raramente he leído algo tan cínico, subestimando tanto las capacidades del estado persa como sobreestimando a los países "occidentales", entre los cuales se incluye a Israel sin serlo. De ninguna manera estoy "defendiendo" a Irán de los ayatolás incondicionalmente. Soy crítico, muy crítico por cierto, de su política interna, ya que me opongo a la relación con la mayoría sunita en Siria. La defensa de la democracia política, las libertades religiosas, la equidad de género, el federalismo étnico-cultural y una economía basada en la cooperación hacia un modelo socialista adecuado para Oriente Medio no tiene eco en el cinismo de Thomas Friedman.. 

Insisto en que si se tratara de una crítica humanista con honestidad intelectual, debería separar los niveles de análisis. La defensa de la socialdemocracia en Irán no nos impide comprender algunos éxitos en su política exterior. Quería ver un Irán con plenos derechos para hombres y mujeres, sunitas y chiítas, persas, árabes, azeríes, baluchis y kurdos. Simplemente no quiero ver a un Irán destruido por los gringos y ni siquiera con un gobierno títere de la Casa Blanca. 

El columnista del New York Times compara a Irán con la fuerza imperial en la región. De hecho, Teherán ejerce el poder, pero esta es la norma de las relaciones internacionales y no la excepción. En términos generales, el autor del libro "De Beirut a Jerusalén" (publicado en 1989, fácil de encontrar en portugués) critica a la única de las cuatro potencias regionales (Israel, Arabia Saudita, Turquía e Irán) que enfrenta directamente a los cruzados occidentales y no se adhiere. completamente a los ruso-bizantinos. 

Por lo tanto, la "estupidez" expresada por Thomas Friedman es la voluntad soberana de ejercer las relaciones exteriores de un país independiente con un asiento en la Asamblea General de la ONU. ¿O el ex editor del periódico más prestigioso de los Estados Unidos también considera que los países independientes con libre albedrío son "estúpidos", y que los pueblos del mundo deberían resignarse a las condiciones subordinadas del capitalismo periférico? ¿Inteligente es la adhesión al imperialismo de los Estados Unidos o quién sabe, la proyección del poder imperial de China es Rusia?

¿Fue la "estupidez" de independencia de Argelia a través de su guerra de liberación? ¿Es "estúpido" luchar por los derechos inalienables de unos siete millones de palestinos que viven bajo el asedio, la ocupación militar y el apartheid impuestos por el Estado de Israel, este último también financiado por Washington? ¿Fue la presencia "amenazante" de Irán en Líbano y Siria lo que "obligó" a Israel a influir en el gobierno del Imperio y cambiar su política en la región? El argumento absurdo contenido en el texto es este.

¿Considera Thomas Friedman que el Reino de Qatar es "estúpido" para afirmar su política exterior independiente, coordinando esfuerzos comerciales y productivos con Irán y Turquía? ¿Fue por el "razonamiento" del columnista que la existencia de un conglomerado de comunicación de muy alta calidad como Al Jazeera era "una tontería"?Pela

La "lógica" de Friedman, la lucha federalista y socialista del Kurdistán es otra "estupidez" ya que la izquierda kurda debe enfrentar al menos dos potencias regionales simultáneamente. Podría seguir diferentes ejemplos de esta caricatura de análisis, pero creo que ya he logrado el objetivo.

Thomas Friedman no quiere analizar nada, es pura guerra de propaganda, disputas por el control de la narrativa y la presentación de "historias" llenas de prejuicios supuestamente sofisticados de quienes la leen. La gran "estupidez" de Thomas Friedman es sobreestimar sus propias versiones, que, de ser ciertas, son simplemente "filtraciones" combinadas de los informes de inteligencia. Mejora tu rendimiento, columnista del Imperio, porque esta desinformación forzada no tuvo éxito.

La primera versión de este artículo se publicó originalmente en Monitor do Oriente (https://www.monitordooriente.com/)
Traducción al Español Por: Sylvia Ubal
blimarocha@gmail.com



miércoles, 6 de noviembre de 2019

A fin de sumar votos, viene bien un poco de circo en Washington y otro poco en los medios



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
En un momento en que la opinión pública de Estados Unidos observa y evalúa en estado de gran incertidumbre los primeros pasos para la realización de un juicio político (impeachment) a Trump, este trata de salvarse como lo hacen todos los presidentes estadounidenses: golpeando en el exterior a fin de atraer a los ciudadanos, escudado en un discurso de defensa de la seguridad nacional que persigue desatar ánimos nacionalistas y fortalecer identidades buscando transformar en votos una coyuntura que los medios de comunicación se esfuerzan en mostrar como adversa.


Los analistas que saben “de buena tinta” como se maneja el sistema político estadounidense en sus profundidades, que es donde realmente se toman las decisiones, descartan que Trump pueda ser destituido. Por dos razones fundamentales, la primera es que nunca antes ha ocurrido y la otra, mucho más tangible es que los republicanos tienen mayoría en el senado y no están dispuestos a hundirse con Trump de cara a las próximas elecciones para las que no tienen ninguna pieza de recambio.

A estas alturas, poco importa si Trump delinquió, tampoco si es culpable o inocente en las causas que se le imputan. Eso no pasa de ser un show más dentro del espectáculo de la política de este país en el que tanto demócratas como republicanos saben que deben poner sus cartas sobre la mesa del juego que realmente les interesa: las próximas elecciones.

El impeachment para los demócratas significa la posibilidad de golpear a Trump en ciertos sectores de una derecha fundamentalista, conformada por blancos mayores de cincuenta años para quienes ciertos valores de la sociedad estadounidense tradicional siguen teniendo alguna importancia, numéricamente (en términos electorales) todavía son la mayoría y, en la medida que los jóvenes aún no se incorporan a votar masivamente, tienen una influencia electoral no desdeñable.

Trump, por su parte, sabiendo –como se dijo antes- que es muy improbable que pueda ser destituido, apuesta al desprestigio de los demócratas que según él, malgastan tiempo y dinero de los contribuyentes en la búsqueda de una quimera que aleja a los legisladores de la que debería ser su principal responsabilidad.
Finalmente, en Estados Unidos el impeachment no es más que eso: un instrumento del sistema para mantener entretenida a la opinión pública mientras se siguen cometiendo toda clase de desmanes y perversiones en la ejecución de la política real, la que afecta e influye en los ciudadanos.

El último de ellos, realizado contra Bill Clinton, fue expresión de la hipocresía de la sociedad estadounidense cuando se quiso acusar al presidente por acciones éticamente repudiables según los falsos cánones de conducta que rigen a la sociedad de ese país. A Clinton no se le imputaba por lo que hizo –que además, se sabe, ha sido propio de su proceder durante todo su vida, antes durante y después de ser presidente- sino porque su desenfreno sexual había tenido efecto en los inmaculados salones de la Casa Blanca.

Al final no pasó nada, el Congreso, los ciudadanos y hasta la señora Clinton “perdonaron” al presidente por su actitud libertina que no le impidió seguir desarrollando sus funciones como si nada hubiera ocurrido, después de mantener al país en vilo durante varios meses.

Pero ahora, ante esta nueva puesta en escena, a diferencia de Clinton que ya estaba en su segundo mandato cuando se produjo el impeachment, Trump está aspirando a dar continuidad a su administración en las elecciones del próximo año. Ello cambia sustancialmente su forma de actuar en la coyuntura.

Pero, en este caso, dada la tradición estadounidense, en la que las diferentes administraciones se escabullen de los bretes internos realizando acciones de gran impacto fuera de sus fronteras, lo que se haga es de extrema peligrosidad. Para esto, no se escatima en mover ríos de tinta, muchas horas de televisión y millones de mensajes en las redes sociales. Todo es posible en la estupidizada sociedad norteamericana que vive obnubilada entre las drogas y la mentira hollywoodense creyendo que son una nación elegida por Dios.

En días recientes hemos sido testigos de una nueva película del “Capitán América”. Esta vez fue escenificada en algún lugar del Medio Oriente, en la que Trump informó de la muerte de Abu Bakr al-Baghdadi máximo líder de la organización terrorista Estado Islámico. Todo el mundo sabe que eso es falso.

En esta ocasión, Trump no hizo el anuncio del hecho por twitter, su principal instrumento que usa para exponer la perversión mediática con la que logra atraer incautos a través de la improvisación, la mentira y sin aportar pruebas. El showman-presidente supone que cualquier cosa que diga, se transforma en verdad indesmentible por la fuerza del poder militar, económico y mediático de Estados Unidos.

En la citada operación nocturna que supuestamente duró dos horas y en la que participaron fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos que se trasladaron en ocho helicópteros volando “muy, muy bajo y muy, muy rápido” durante una hora y media por un “territorio muy, muy peligroso” según Trump, fue aniquilado al-Baghdadi junto a algunos de sus secuaces y tres hijos que murieron cuando el líder terrorista activó un cinturón explosivo adherido a su cuerpo. En el momento de informar, el presidente de Estados Unidos agradeció a Rusia por su asistencia, así como a Turquía, Siria, Irak y a los kurdos sirios.

Todo podría parecer muy real y muy plausible, los problemas comenzaron a surgir cuando el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Mayor General Igor Konashenkov, aseguró que el ejército de su país no tenía “ información confiable" sobre operaciones especiales en la provincia de Idlib, en Siria, donde según Trump tuvo lugar la operación, toda vez que ni el día en que aparentemente se realizó tal acción ni en días sucesivos se produjeron ataques aéreos en esa zona por aviones estadounidenses. Pero además, ante la referida asistencia rusa a la operación Konashenkov informó que su institución armada no tenía “conocimiento de ninguna presunta asistencia para el paso de la aviación estadounidense al espacio aéreo de la zona de Idlib durante esta operación".

Esta información llevó al canciller ruso Serguei Lavrov a afirmar que la muerte de al-Baghdadi es “una creación de Estados Unidos”, pero además recordó que el líder terrorista “es, o era si ya está muerto, una creación de Estados Unidos”.

Mucho más lejos fue el presidente sirio Bashar el Assad quien en una entrevista concedida a la televisión de su país afirmó que: "No sabemos de verdad si esta operación tuvo lugar efectivamente o no”. Al caracterizar esta maniobra como un truco, el Assad afirmó que todo había surgido de la imaginación norteamericana, recordando además que el Baghdadi estuvo detenido en prisiones de Estados Unidos en Irak, de donde lo dejaron salir para que desarrollara acciones terroristas contra el gobierno de su país.

El presidente sirio explicó que las doctrinas fundamentalistas dentro del islam que son las que han desarrollado el terrorismo a lo largo de la región tienen más de dos siglos de antigüedad y no desaparecerán con la muerte de una persona, sugiriendo que toda esta escena es un arreglo entre Estados Unidos y el Estado Islámico para que emerja de una forma diferente en el nuevo escenario del conflicto, tras la casi absoluta derrota de este engendro criminal.

En los hechos, contrasta el festín y la celebración alborozada que hizo Estados Unidos tras el asesinato de Hussein en Siria y Gadafi en Libia (en la que incluso la secretaria de Estado Hillary Clinton exhibió su alegría al ver el cuerpo de Gadafi abatido y sodomizado), con lo ocurrido con Osama bin Laden en Pakistán y ahora esta nueva fantasía imaginariamente acaecida en Siria, en ninguna de las cuales hay pruebas ni experticias, salvo la palabra de los presidentes de Estados Unidos.

El Assad agregó que el afán de Estados Unidos de agregar a otros países como participantes de la acción sólo intenta dar credibilidad por una parte y no sentirse avergonzados por otra.

Muy probablemente, nunca se sabrá la verdad, solo que esta acción se agrega a la deleznable lista de mentiras que adorna el curriculum de la presidencia de Estados Unidos. A fin de sumar votos, viene bien un poco de circo en Washington y otro poco en los medios.
sergioro07@hotmail.com

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Los kurdos en el ajedrez sirio

Por Leandro Albani:


El pueblo kurdo de Siria afianza su proyecto confederal en medio de la guerra contra el terrorismo y haciendo equilibrio entre las potencias internacionales y regionales.
  
En la guerra de nunca acabar que hace siete años azota a Siria, el pueblo kurdo pudo desarrollar una propuesta política, social y económica que tiene grandes diferencias con las opciones más visibles. Estas opciones -que se tensan y enfrentan en el territorio sirio- son el mantenimiento del status quo del actual gobierno, liderado por Bashar Al Assad y el partido Baaz, o el desmembramiento del país a través de un sinfín de grupos terroristas, en un panorama similar a lo que sucede actualmente en Libia, donde existen dos gobiernos y cientos de organizaciones irregulares (incluido el Estado Islámico) que se disputan las regiones más importantes de la nación del norte de África.

Desde el norte de Siria (Rojava), los pueblos que habitan ese extenso territorio confluyeron a partir de 2012 en una organización política, social y económica que intenta superar la estructura estatal construida durante décadas por el gobierno del clan Al Assad, como también derrotar a los grupos terroristas en diferentes regiones del país e ir creando, al mismo tiempo, nuevos espacios de autoadministración y autodefensa.
Las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) como brazo armado y el Consejo Democrático Sirio (MSD, por sus siglas originales) y el Movimiento por la Sociedad Democrática (TEV-DEM) como principales organización de autogobierno y toma de decisiones, son las partes más visibles de la Federación Democrática del Norte de Siria (FDSN), el territorio autónomo que incluye a kurdos, árabes, asirios, turcomanos, armenios, musulmanes, cristianos y yezidíes, entre otros.

Los kurdos aseguran que en Siria se desarrolla la Tercera Guerra Mundial y, aunque pueda sonar exagerado, es real que las principales potencias mundiales y regionales están en el terreno, en el cual no sólo dirimen cuestiones militares sino que se disputan el control de Medio Oriente, una región rica en recursos naturales, ubicada en un punto geoestratégico. Estados Unidos, Rusia, Irán, Turquía, Israel, Arabia Saudí, Francia y Gran Bretaña dejan ver que en Siria sus posiciones muchas veces se enfrentan, pero en otras oportunidades se alinean bajo un pragmatismo sin fisuras. Los pueblos del norte de Siria, encabezados por los dos millones de kurdos que siempre vivieron en el territorio con sus derechos totalmente negados, atraviesan las tormentas políticas y la destrucción militar por una fina línea de equilibrio, con la premisa de defender su proyecto de país, en el cual la democracia plena y la convivencia son pilares fundamentales.
Destrucción y resistencia

El Estado turco es uno de los poderes que mayor incidencia (e injerencia) tiene en Siria. Están por demás de comprobadas las estrechas relaciones entre el gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan con diversos grupos terroristas, incluido el Estado Islámico (ISIS). En estos años, Erdogan no ocultó su objetivo de derrocar a Al Assad y, sobre todo después de 2012, exterminar a los kurdos de Siria y el proceso revolucionario que encabezan.

Cuando las Unidades de Protección del Pueblo y de las Mujeres (YPG/YPJ, autodefensas kurdas) comenzaron a liberar de terroristas a Rojava, la administración turca puso a disposición de ISIS y de otro grupos -muchos de ellos vinculados a Al Qaeda-, la logística y los armamentos necesarios para iniciar la ocupación de territorio. La zona que va de Jarablus a Al Bab fue la primera que el ejército turco, en alianza con los terroristas, arrancó al territorio kurdo de Siria, pese a las denuncias realizadas por este hecho. A principio de año, Erdogan ordenó la ocupación de Afrin, el cantón kurdo que junto a Kobane y Cizire conforman la administración autónoma kurda.

Aunque existe una alianza táctica entre las fuerzas kurdas y la Coalición Internacional, encabezada por Estados Unidos, y Washington mantenga apostados en diferentes zonas del norte de Siria unos dos mil soldados, desde la Casa Blanca –y también desde Moscú, que controlaba el espacio aéreo de Afrin- le dieron vía libre a Erdogan para bombardear durante dos meses y luego ingresar a sangre y fuego.

El resultado es que la zona más pacífica de Siria, que había recibido a 500 mil desplazados internos, ahora es una tierra de nadie, en donde los grupos terroristas saquean los hogares, secuestran a los pobladores –por los que piden rescates de entre 3000 y 5000 dólares-, islamizan a la fuerza a los habitantes que se quedaron y son responsables del éxodo de al menos 150 mil civiles, que tuvieron que trasladarse a Shehba, en el norte de Alepo, y refugiarse en campos de refugiados precarios y en los cuales no ingresa la ayuda humanitaria internacional.

Desde que comenzó la ocupación turca en Afrin, el gobierno de Erdogan no tuvo todas las de ganar. Las YPG/YPJ ultimaron a más de 2500 soldados turcos y terroristas luego de que anunciaran la guerra de guerrillas como táctica en el marco de la Operación “Resistencia de la Era”. Aunque el golpe más duro para Ankara es que la FDNS continúa afianzando su poder organizacional y aumentando el respaldo de los pobladores de la región.

Diálogos Rojava-Damasco
En julio pasado, el MSD mantuvo reuniones oficiales con funcionarios del gobierno sirio, por lo cual se abrió un canal de diálogo que hasta ahora no había existido. La administración de Damasco sabe que las YPG/YPJ y las FDS, que controlan entre el 30 y 35 por ciento del territorio sirio, son efectivas en la lucha contra los grupos terroristas. El gobierno de Al Assad tiene claro también que entre los principales peligros se encuentra Turquía, que por todos los medios quiere ver caer a la administración siria. Por su parte, el MSD –en representación de la Federación Democrática- con estas conversaciones intenta una profunda reforma constitucional, que amplíe los derechos democráticos y culturales en Siria, y permita la institucionalización de la autonomía de hecho que ya existe en el norte del país.

En un comunicado posterior a la reunión, el Consejo Democrático Sirio explicó que la delegación encabezada por Îlham Ehmed, co-presidenta del MSD, consideró las conversaciones “como un paso importante hacia una solución política a la guerra”. Los asistentes a la reunión, efectuada en la ciudad de Dirbesiye, enfatizaron que “todas las fuerzas y partidos políticos están de acuerdo en que se debe de buscar una solución política a la guerra en Siria”. Desde el MSD además propusieron “fortalecer las negociaciones para la elaboración de una hoja de ruta hacia una Siria democrática y descentralizada”.

A principios de agosto, Kemal Akif, portavoz del Comité de Relaciones Diplomáticas del TEV-DEM, indicó que en esa primera reunión las partes acordaron formar comités que tienen la tarea de “redactar una hoja de ruta”. Akif recordó que “el problema kurdo es un problema en el que MSD está trabajando como parte de la solución de los problemas de los pueblos sirios. Creemos que las negociaciones que deberían tener lugar con el régimen serían de interés para todos los sectores”.

A mediados de agosto, el MSD mantuvo otra reunión con Damasco para avanzar en diferentes puntos, entre ellos el restablecimiento de algunos servicios cortados en el norte de Siria. Riad Darar, co-presidente del Consejo Democrático, declaró al diario Al Watan que la reunión “se centró en el autogobierno local, las posibilidades para participar en ello y la futura visión de la descentralización” del país.
Saleh Muslim, titular de Relaciones Internacional de la FDNS, explicó a su vez que en los encuentros con el gobierno “hubo bastantes discusiones técnicas y se hizo un trabajo conjunto”, pero las reuniones “no tuvieron lugar en cooperación con las instituciones del régimen”.

¿Jaque mate en Idlib?
Desde hace semanas se anunció una operación masiva para liberar la provincia de Idlib, en el noroeste de Siria, en la que se recluyeron los principales grupos terroristas -como Hayat Tahrir Al Sham, Jahbat Al Vatania Lil Tahrir, Ahrar Al Sham o Fath Al Sham-, muchos de ellos vinculados a Al Qaeda y que cuentan con al menos 30 mil combatientes.

Desde Moscú, Damasco y Teherán declararon su intensión concreta de encabezar un operativo militar que derrote a las fuerzas irregulares, mientras que Turquía y Estados Unidos (más allá de las “diferencias” de sus presidentes) presionaron para que lo que todavía denominan “oposición” no sufra bajas masivas. En el medio, los civiles -que rondan los tres millones- se encuentran en pleno fuego cruzado. La aviación rusa y siria ya realizó varios bombardeos y los terroristas mantienen una férrea política represiva.

En los últimos días, Rusia y Turquía llegaron a un acuerdo luego de tensas reuniones por las cuales la operación militar masiva por ahora quedó suspendida. Además, estipularon la creación de una zona desmilitarizada de hasta 20 kilómetros de ancho que dividirá las posiciones de las tropas sirias y los grupos terroristas.

Idlib, al ser fronteriza con el territorio kurdo de Siria y con Turquía, se presenta como un problema para las autoridades de la FDNS, ya que conocen al pie de la letra los objetivos de Ankara: desplegar toda su logística para trasladar a los terroristas hacia Afrin, como lo hizo desde zonas como Guta Oriental y Deraa.
Ante este panorama se especuló que las fuerzas de autodefensa de las FDNS –teniendo en cuenta las conversaciones con Damasco- podían participar en la ofensiva sobre Idlib. El 17 de septiembre pasado, el portavoz de las YPG, Nuri Mahmud, declaró que “ante la posibilidad de una campaña militar en la ciudad de Idlib y sus alrededores, algunos medios de comunicación han hablado de la participación de nuestras fuerzas en la misma”. “Este tipo de alegaciones son meras especulaciones y están muy alejadas de la realidad”, aseveró.

Mahmud agregó que como YPG y YPJ “aseguramos a la gente que nuestras fuerzas continúan su dura lucha contra la organización terrorista ISIS y que estamos decididas a eliminarla del noreste de Siria”. El portavoz explicó que “continuamos con nuestra legítima lucha contra el ejército turco invasor que ha declarado su presencia en Afrin como lícita y contra la organización terrorista ISIS, apoyada por el Estado turco”. Las palabras de Mahmud se conocieron luego de que el ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, apuntara la posibilidad de que las YPG/YPJ participaran en la operación en Idlib.

Saleh Muslim, portavoz TEV-DEM, alertó el miércoles que las negociaciones entre Rusia y Turquía “solo fueron suficientes para reunir a las milicias de diferentes partes de Siria en Idlib”. “El debate sobre una gran ofensiva en Idlib –aseguró Muslim- no fue más que material de propaganda en los medios. Este fue un intento de engañar al público de Siria. No hay el más mínimo cambio en la cuestión de Idlib. En ese sentido, Irán y el gobierno sirio deben resolver este problema antes de que se convierta en un callejón sin salida”. Muslim denunció que la “mayoría de los mercenarios reunidos en Idlib eran extranjeros y fueron llevados a la región por la agencia de inteligencia turca (MIT).

“Durante su conversación con Putin, Erdogan declaró abiertamente que quería atacar el norte de Siria. A cambio del apoyo de Rusia en una nueva ocupación de Manbij, Turquía se ofreció a resolver el problema en Idlib. Sin embargo, Rusia rechazó esta propuesta porque Manbij no está bajo control ruso”, advirtió Muslim.

Mientras las presiones y tensiones se cruzan en Idlib, las Fuerzas Democráticas de Siria lanzaron la última etapa de sus operaciones para liberar la provincia de Deir Ezzor. Las FDS ya controlan la mitad de ese territorio, en el cual le dieron golpes mortales al Estado Islámico. Con la Operación “Tormenta de Cizire”, las FDS lograron liberar decenas de pueblos y aldeas y trasladar a sus habitantes a zonas seguras.
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 19 de abril de 2017

Los que dicen NO en Turquía

Por Nathalia Benavides y Leandro Albani

La decisión es NO. Así piensa y siente la mayoría de la población kurda de Turquía que, este domingo, debe recurrir a las urnas para participar en el referéndum que podría habilitar la reforma de la Constitución.
La propuesta de reforma fue realizada por el gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan y es duramente criticada porque, de ser aprobada, permitiría que el mandatario acumule un poder desmedido, tenga posibilidad de inmiscuirse en decisiones del Poder Judicial y saltearse controles parlamentarios.



Aunque en la población kurda en rechazo al referéndum es concreto, saben que su situación no va a cambiar después del domingo. Es más, sobrevuela que la guerra desatada desde 2015 por el gobierno turco se va a acrecentar.
El referéndum en Turquía se realizará en un escenario crítico, en el cual la administración de Erdogan mantiene el estado de emergencia en 15 localidades del sudeste del país, en el territorio kurdo histórico. A esto se suma la reciente denuncia presentada por un grupo de relatores de Naciones Unidas que alertaron que en el país se violan los derechos básicos de la población. Y por si fuera poco, los miles de kurdos desplazados internamente ahora vuelven a sus ciudades para votar, sin saber con qué se van a encontrar, pero entienden que su obligación moral es participar en el referéndum.

Frente a esto, el presidente turco encabeza una fuerte campaña por el SI en la que se combina un fuerte llamado a los sectores conservadores y a defender la “moral turca”, y la represión al movimiento kurdo y de izquierda, nucleado en el Partido Democrático de los Pueblos (HDP). El último golpe contra el HDP fue la prohibición de la canción de campaña por el NO que el partido había difundido.

Desde mediados de 2015, el gobierno turco desató una cacería contra el HDP y los kurdos en general. Once diputadas y diputados de la organización fueron encarcelados, entre ellos sus co-presidentes Selahattin Demirtaş y Figen Yüksekdağ.

Pese a la opresión en el sudeste de Turquía, los kurdos redoblaron la campaña por el NO y hasta los niños salen a las calles a rechazar la reforma constitucional, repartiendo volantes, sosteniendo pancartas con la palabra “Hayir” (No, en turco) y haciendo flamear las banderas con sus colores: rojo, verde y amarillo.
Desde Amed, Clair, una joven kurda militante del HDP que accedió a brindar su testimonio a este medio, es clara en sus palabras: “Frente al referéndum digo NO. Digo NO para continuar la liberación de las mujeres, por la libertad a los marginalizadxs, por la autonomía de Kurdistán. Y digo NO por  todos los pueblos reprimidos y por toda la sociedad”.

Brusk es un joven trabajador de la ciudad de Silvan, localidad que junto a las de Sur, Cizre, Nusaybin y Sirnak, fueron destruidas por el Ejército turco. Cuando relata esos días, Brusk recuerda que luego de los bombardeos contra su localidad, el gobierno ordenó que lo que quedaban en pie fuera arrasado por topadoras, orden que el ejército se encargó de cumplir. En Silvan, luego de declarado el estado de sitio, sus pobladores estuvieron “muchos días sin agua ni pan. Sobrevivieron comiéndose los animales que se iban muriendo”, cuenta Brusk. Por eso, sabe que rechazar la reforma constitucional es fundamental para “que el poder no se concentre en una persona, y para que ese poder no decida sobre todos los pueblos”. “Hay que entender que aquí no sólo vive el pueblo turco, sino que viven muchas minorías. Este país no es sólo de los turcos –remarca-.  Queremos que en este país también pueda vivir el pueblo kurdo. Por todo esto digo NO”.

Görkem, estudiante universitaria de Amed, explica que si triunfa el SI, los derechos de las mujeres se verán afectados. “Yo digo NO porque pienso que es necesaria la voz de la mujer –resalta-. Por los derechos de las mujeres y por mi libertad digo No”.

No hay dudas de que el próximo domingo se juega buena parte del futuro de Turquía. Con el triunfo del SI no sólo los kurdos, y otras minorías del país, perderán derechos conquistados pacientemente y pese a una represión que se remonta a 1923, cuando fue creada la actual República. Si Erdogan avanza con sus políticas de liberalización de la economía, de negación de otros pueblos y de acumulación de poder en su persona, los pobladores turcos también recibirán los golpes de un Estado que, día a día, cercena las libertades individuales y colectivas.

leandroalbani@gmail.com