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miércoles, 1 de mayo de 2019

“La lucha contra la ideología de ISIS la vamos a dar como mujeres para cambiar la sociedad”



Por Lucrecia Fernández y Leandro Albani:

Mizgin Ahmed, asesora de la Federación Democrática del Norte y el Este de Siria (FDNES), habló sobre la situación de los miles de personas que se encuentran en campos de refugiados luego de la liberación de Deir Ezzor. Las columnas de cientos de mujeres y niños cruzan con enormes dificultades las tierras áridas de la provincia siria de Deir Ezzor. Esas mujeres -vestidas de riguroso negro-, y esos niños –con miradas perdidas y harapos como ropa- vivieron durante varios años -algunas de ellas por más de seis años- bajo los mandatos del Estado Islámico (ISIS o Daesh), la organización fundamentalista que llegó a controlar miles de kilómetros cuadrados en Siria e Irak.


Esas caravanas, que se mueven lentas en los pocos momentos en que la guerra les da un respiro, salen de la pequeña aldea de Baghouz, donde ISIS encontró su derrota final luego de meses de combates contra las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), conformadas por las Unidades de Protección del Pueblo (YPG/YPJ) kurdas, y milicias árabes, armenias, turcomanas, asirias, e internacionalistas, que conviven en el norte y el este de Siria.

En la actualidad, las FDS –según sus propios datos difundidos- tienen a su resguardo, luego de liberar grandes regiones de ISIS, alrededor de 72 mil personas de 54 nacionalidades diferentes -la mayoría mujeres y niños-, en el campo de refugiados de Al Hol, en las cercanías de Baghouz. A su vez, las fuerzas de autodefensa, encabezada por los kurdos, mantienen retenidos a 11 mil yihadistas de ISIS en diferentes prisiones de la región.

Dentro de ISIS, las mujeres fueron sometidas a todo tipo de violaciones y vejámenes. La interpretación ultraortodoxa del Islam que sostienen los seguidores de Abu Bakr Al Baghadadi, justificó que las mujeres secuestradas por el ISIS, o que optaron sumarse al autodenominado Califato, sufrieran castigos inimaginables. En la actualidad, se calcula que ISIS tiene secuestradas a casi dos mil mujeres, la mayoría integrantes del pueblo yezidí, que son vendidas en mercados de esclavos a los propios comandantes y combatientes del grupo fundamentalista.

Antes de ser derrotado militarmente, ISIS ordenó a sus seguidores el repliegue dentro del territorio sirio y a realizar atentados en todas partes del mundo. En Baghouz quedaron los últimos combatientes y sus familias, por lo cual las FDS tardaron varios meses en liberar ese pueblo, ubicado en la frontera con Irak.

Con un escaso apoyo internacional, tantos las FDS como las autoridades de la Federación Democrática del Norte y el Este de Siria (FDNES) ahora buscan una salida política ante una situación en la que se mezclan varios factores: el aumento de la crisis humanitaria en Al Hol, los cada vez más frecuentes incidentes cometidos por los miembros de ISIS dentro del campo de refugiado y la necesidad de reinsertar en la sociedad a esas mujeres y niños que sólo conocen las reglas del Califato. Como escribió recientemente la periodista kurda Medya Doz, ISIS no sólo ocupó territorios “sino que ha destruido la química de la sociedad al ocupar a las mujeres. No sólo atacó fenómenos históricos y culturales, sino que logró crear una concepción artificial y hacer de cada sujeto un objeto. Con gran maestría ha creado una comunidad de mujeres sin alma y así ha cometido un feminicidio”.

Esta afirmación es compartida por Mizgin Ahmed, que por estos días se encuentra en el corazón mismo del campamento Al Hol, donde es asesora de la FDNES. En esta entrevista con ANF y Kurdistán América Latina, Ahemd asegura que “Daesh no fue solamente una fuerza militar en Medio Oriente, sino que su fuerza ideológica todavía es muy poderosa. Su ideología es fuerte porque aparece en el nombre del Islam. Su pensamiento todavía se encuentra dentro de la sociedad en los territorios que antes ocupaban”.

Como ejemplo de esta situación, Mizgin Ahmed recuerda que las FDS liberaron en los dos últimos años las ciudad de Manbij y las provincias de Raqqa (esta última considerada la capital de ISIS) y Deir Ezzor, “pero en esos lugares hay grupos de Daesh escondidos que siguen haciendo propaganda. Hace seis años que Daesh ocupó este territorio y lo único que hicieron fue implementar su formación ideológica y su educación. También implementaron un sistema de vida y cambiaron todo lo anterior. Con esta propaganda llegan islamistas de todo el mundo a integrarse a Daesh”.
Para Ahmed, la lucha ideológica de ISIS es mucho más poderosa que sus acciones militares, por lo cual el combate futuro más importante es terminar con esa ideología, emparentada con el wahabismo que profesa la monarquía de Arabia Saudí.

“Podemos decir que todas las personas, familias y niños que estaban bajo esta ideología en el territorio todavía viven bajo esa idea –analiza la asesora de la FDNES- Un ejemplo puede ser que liberamos a niños yezidies que estaban en mano de Daesh, que son de familias yezidies muy religiosas y conservadoras, pero en estos cinco o seis años Daesh pudo islamizar a esos niños”. Ahmed remarca que esta es una muestra de la fuerza ideológica del grupo comandando por Al Baghadadi.

Las profundas heridas producidas por ISIS a los niños y a las niñas que vivían en sus territorios son una problemática compleja y dolorosa que, por lo visto, la comunidad internacional no está dispuesta a asumir. “Cuando hablamos sobre estos niños, hablamos de que ellos nunca pudieron jugar como niños, nunca comieron como niños, nunca se vistieron como niños, sus relaciones dentro de la familia son muy estrictas, por eso todavía viven una vida como si fueran militares en los territorios controlados por Daesh”, destaca Mizgin Ahmed.

Las FDS y la FDNES trasladaron a campamentos a mujeres y niños liberados en estos años de combates. En esas zonas se trata de asistirlos no sólo con alimentación y salud, sino también con una contención psicológica y humana. “En estos campamentos, los niños y las niñas tenían problemas para concentrarse, para aceptar su situación, pero después de un tiempo comenzamos un trabajo social para que vuelvan a tener una vida normal –señala Mizgin Ahmed-. Primero llevamos cosas para que ellos pudieran jugar y volver a la vida real. Abrimos escuelas. Los niños que hace dos o tres años están con nosotros, con el nuevo sistema de educación cambiaron mucho. Esto mismo queremos organizar para las familias que estaban con Daesh”.

Según la representante de la FDNES, trabajar con jóvenes de entre 11 y 17 años es más difícil, pero igualmente la realidad golpea a todos por igual. “Estos niños aprendieron a cortar cabezas, a matar. Ellos viven la ideología de Daesh mucho más fuerte. Ese era su sistema de educación”, resume.
Una medida tomada por la FDNES fue crear el centro cultural Heri, en el que los niños y adolescentes de ISIS estudian y trabajan. “En uno o dos años aprendieron cómo es el pensamiento de Daesh, cómo se organizaba, y de esa forma ven la realidad de ese grupo”, explica.

“Para las mujeres que hace dos años están con nosotros, organizamos un sistema de educación y formación para madres e hijas –relata Mizgin Ahmed-. En la formación no pudimos hablar mucho sobre Daesh, pero hablamos sobre la violencia de la sociedad y el poder de los hombres, porque no aceptan las críticas al Daesh. Nuestra formación y educación es sobre las mujeres, sobre violencia de género, sobre días importantes como el 8 de marzo y el 24 de noviembre, hablamos qué significan esos días. Nuestro programa sirve para que estas mujeres puedan volver a participar en la sociedad”.
Al mismo tiempo que se realizan estos esfuerzos, la situación en el campamento de Al Hol es más frágil. Mizgin Ahmed cuenta que las mujeres en el lugar “son más agresivas, son más fascistas y hasta ahora continúan luchando por el Daesh dentro del campamento. Nos dijeron que ellas siguen con el Daesh y no van a dejar ese pensamiento”. Frente a este panorama, reconoce que “todavía no existe un programa para abordar esta problemática particular”. Y agrega que en Al Hol la mayoría de las personas son extranjeras y que reconocen haber llegado a Siria para sumarse a ISIS. “Nos dijeron que iban a seguir luchando contra nosotros y que cuando Al Baghdadi diga que hay que volver a luchar, lo harán”, expresa Ahmed.

La gravedad en Al Hol llega al punto de que a varias mujeres a las que se les permitió abandonar el campamento luego “se inmolaron, porque la ideología del Daesh en ellas es muy fuerte”, afirma Mizgin Ahmed. Igualmente, “estamos tratando de cambiar la mentalidad dentro del campamento, para que estas mujeres acepten convivir con otras personas. Porque ellas no aceptan a todos los musulmanes, porque su ideología es muy estricta. Los niños, mujeres y hombres en este campamento tiene una forma de hablar muy militarizada, como también sus pensamientos y su forma de vida”, asevera la asesora de la FDNES.

Desde la Federación Democrática se vienen realizando llamados repetidos a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a las principales potencias mundiales, para que asistan a las miles de personas que sobreviven en Al Hol. A eso se suma el pedido que los combatientes de ISIS que cometieron crímenes sean juzgados en sus países de origen, o que se constituya un tribunal internacional para procesarlos. Las FDS ya reconocieron que no tienen capacidad suficiente para mantener a tanta gente prisionera y que si los miembros de ISIS escapan volverán a cometer atentados y masacres.

“Para poder educar a más personas necesitamos más apoyo –manifiesta Mizgin Ahmed-. Hasta ahora nos apoyaron para dar un poco de comida y otras cosas necesarias, pero para reeducar a estas personas necesitamos más apoyo. Por eso, es necesario un acuerdo a nivel internacional para que se pueda apoyar a un grupo enorme de personas. La ONU debe participar en este campamento, porque nuestra fuerza no es suficiente. La ONU tiene que llevar un sistema educativo para que puedan trabajar, para garantizar sus vidas y se sientan como seres humanos”.

Mizgin Ahmed enfatiza que muchas mujeres de ISIS “lucharon con armas, entonces es necesario que ellas sean juzgadas dentro del sistema de la ONU. Cuando la justicia internacional diga que son culpables, los países de donde vienen tienen que recibirlos para que cumplan sus condenas”.
Para la asesora de la FDNES, en el norte de Siria existe una lucha entre dos ideologías: por un lado, el con federalismo democrático, teorizado por el líder kurdo encarcelado Abdullah Öcalan, que promueve la democracia, la convivencia entre pueblos y religiones, y el empoderamiento de las mujeres; y por el otro, “el capitalismo, del cual nació el Daesh”.

Mizgin Ahmed asevera que la lucha por la liberación de los pueblos del norte de Siria todavía continúa: “Es una lucha femenina contra el patriarcado. Como en Rojava las mujeres lucharon contra Daesh y ganaron, asimismo la lucha por la ideología la vamos a dar como mujeres para cambiar la sociedad y liberarla del capitalismo, el patriarcado y el Daesh. El pensamiento del Daesh y el capitalismo son como un virus, y tenemos que terminar con este virus que está dentro de la sociedad”.
Las mujeres y niños que vivieron dentro de ISIS son una bomba a punto de estallar. Niños que perdieron su identidad étnica, lingüística, cultural y, en la mayoría de los casos, familiar. Mujeres que no han conocido más que el sometimiento del patriarcado de ISIS, algunas de ellas engañadas en medio de la crisis y la guerra en Siria; otras fueron secuestradas y convertidas en esclavas, casadas por la fuerza, utilizadas como mercancía de cambio, reproducción y servidumbre. Muchas mujeres todavía creen que el Califato de ISIS debe volver. En el medio, los niños y las niñas, una generación que solo conoce el odio, la crueldad y el desprecio por la vida humana.

Del otro lado, las mujeres de las milicias kurdas, las mismas que vieron a sus familias morir a manos de ISIS, pero que intentan construir una sociedad nueva e inédita para Medio Oriente. Sobrevolando esta situación, la comunidad internacional no parece dispuesta a asumir responsabilidades en un territorio en llamas e inestable, aún para soportar todo lo que es escenario implica.

Ante esta realidad, queda un largo camino por recorrer, años de trabajo por delante, cuyo peor enemigo son la indiferencia y el silencio internacional.
 leandroalbani@gmail.com


sábado, 7 de octubre de 2017

Che. Un hombre de otra época*

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Hablar del Comandante Ernesto Che Guevara entraña una gran responsabilidad y un inmenso honor. Pocas personalidades de la historia contemporánea han copado la multitud de opiniones y comentarios de índole tan disímil, que su figura ha transitado por las inconmensurables facetas de leyenda o aventurero y “Quijote” del siglo XX, con la misma intensidad.



El problema de fondo es que el Che no fue un hombre de su época, como todas las grandes personalidades de la historia, se antecedió a ella, su visión de mundo transcurría mucho después de los acontecimientos cotidianos que le tocó vivir, y como aquellos adalides extraordinarios, podía otear los sucesos del futuro, adelantándose a su época. Como Bolívar y Fidel, como Einstein y Galileo, como Newton, Darwin y Copérnico, el Che fue un incomprendido, alguien que con su práctica trazó un camino señero en el comportamiento del hombre del futuro, a partir de una práctica y de una cotidianeidad basada en el realce de los mejores valores de la condición humana para ponerlos al servicio de la construcción de una nueva sociedad en la que la humanidad pueda, en plenitud de condiciones, desatar su espíritu constructor de un mundo mejor.

El aniversario de la caída del Che que hoy conmemoramos en su quincuagésimo aniversario nos trae el recuerdo de un hombre que incluso después de su muerte ha resistido en el tiempo, las falsas imágenes que se pretendieron erigir en torno a él. Mucho se ha hablado del Che como un estereotipo, como un mito mediante el cual el movimiento revolucionario y especialmente Cuba intentaban edificar una falsa “deidad” que sirviera para desatar el ímpetu de la lucha contra el capitalismo y el imperialismo, es decir como si fuera un “Superman” comunista que permitía desbrozar el camino de la revolución.

Desde el momento de su muerte, la propaganda imperialista pretendió asociar al Che con la idea de fracaso, de derrota, de fin de una época. Así, su ausencia física y el fin del proyecto que inició en Bolivia se podía exponer como la liquidación de una idea y de la posibilidad de construir un mundo distinto. Aunque no existía la posverdad y los medios de comunicación no eran tan tenebrosamente poderosos como ahora, la falsificación de la historia pretendía eliminar la mejor imagen de lucha inclaudicable y desinteresada que un hombre podía emprender en contra de los explotadores, incluso al precio de sacrificar su propia vida. Se equivocaron, con su sangre, el Che sembró un camino que no se ha dejado de transitar ni un solo día de la historia de Nuestra América.

La amplitud del pensamiento político y las facetas que transitó en su fructífera vida, nos permite tener una visión sino acabada, bastante aproximada de la impronta del Comandante Ernesto Guevara. El Che dedicó parte de su vida a teorizar sobre la estrategia y la táctica para la toma del poder en América Latina. Muy comúnmente se le ha adjudicado una supuesta visión dogmática respecto del papel de la lucha armada y la guerra de guerrillas como única opción para la toma del poder, acusándolo además de intentar extrapolar la experiencia de la revolución cubana. Sin embargo, la realidad es que, como lo reflejan sus escritos, siempre concibió la lucha guerrillera, como lucha de masas, como lucha popular.

Muy pocos analistas de la época (y él no era un a analista sino un luchador social) tuvieron la capacidad del Che para esbozar una interpretación tan acabada de la forma como se manifestaba la acción imperialista en América Latina, también en África y Asia, así mismo estudió y expuso acertadas ideas respecto de la situación económica de la región, la lucha de clases, el papel del Estado y el carácter de la revolución. Así mismo, su conocimiento de la historia latinoamericana, su capacidad para tener una visión totalizante de la problemática global y su influencia en los países subdesarrollados, le permitió construir un sólido paradigma que aportaba sustancialmente al camino de la liberación.

Vale decir, que, como es conocido, no se quedó en la confección teórica, su obra es sobre todo práctica, la llevo a cabo en su quehacer como estadista, como dirigente político, edificador de instituciones en la Cuba de los primeros años de revolución, también en la lucha en la Sierra Maestra y en las misiones internacionalistas en diferentes latitudes y longitudes del planeta.

La lucha ideológica cobró fuerza en estas condiciones, no sólo en el proceso de construcción socialista en Cuba, también en los debates que se generaban por la influencia de la revolución en los luchadores y en las organizaciones políticas de la región. Esto es primordial para alejarlo del dogma y ubicarlo responsablemente en su condición de pensador dialéctico y de ejecutor práctico de los procesos de transformación de la sociedad. Afirmó que “La Revolución Cubana ha mostrado una experiencia que no quiere ser única en América Latina” y reprochó a quienes trataron de “implantar la experiencia cubana sin ponerse a razonar mucho si es o no el lugar adecuado “. Pareciera que estaba “mirando” el futuro más inmediato cuando solo tres años después de su muerte habría de fructificar esta idea en Chile de la mano del presidente Salvador Allende, en la Revolución Sandinista un poco más de una década posterior a su partida y en los recientes procesos populares que el devenir del siglo XXI trajeron para América Latina y el Caribe.

Así mismo, contrario a lo que se suele pensar, jamás hizo de la lucha armada una condición obligada del camino revolucionario, opinaba que  ello dependía de encontrar el momento adecuado en que existieran las circunstancias que la hicieran posible, para lo cual eran necesario dos factores que deben complementarse  en lo subjetivo, “…la conciencia de la necesidad del cambio y la certeza de la posibilidad de este cambio revolucionario”, a lo cual agregaba como imprescindible, la existencia de condiciones objetivas, la firmeza en la voluntad de lograrlo y una correlación de fuerzas favorable en el mundo, entendiendo si, que era responsabilidad de los luchadores revolucionarios, trabajar por crear esas condiciones, y no sentarse a esperar que ellas maduraran por sí mismas. Pensaba que las fuerzas progresistas debían “utilizar hasta el último minuto la posibilidad de la lucha legal dentro de las condiciones burguesas” como lo expuso con determinación en su obra “Táctica y Estrategia de la Revolución Latinoamericana”, sin embargo no dejó de alertar acerca de que una victoria electoral del movimiento popular, que diera paso a la aplicación de un programa de gobierno orientado a  grandes transformaciones sociales en un país, traería necesariamente la resistencia de los instrumentos de dominación de clase, en particular de las fuerzas armadas a fin de impedir la ejecución de tal programa, afirmando premonitoriamente que esa ejecutoria podría devenir en golpes de Estado como lamentablemente ocurrió en varios países de nuestra región muy pocos años después de la muerte del Che.

En su rol de estadista, el Comandante Guevara dejó una estela de dignidad y principios. En julio de 1960, durante un congreso latinoamericano de juventudes, expresó incluso, comprensión hacia aquellos gobiernos latinoamericanos que se prestaban para confabularse al lado de Estados Unidos en su agresión contra Cuba y se manifestó respetuoso de la soberanía de esos países, pero precisamente aquí en Uruguay, en Punta del Este en agosto de 1961, solo unos meses después de la derrota de la invasión mercenaria en Playa Girón, el Che advirtió que Cuba no podría ser separada del corazón de las naciones latinoamericanas, y que lucharía por no ser apartada de la organización que los agrupaba, aceptando incluso que la Alianza para el Progreso, podría llevar una mejoría de las condiciones de vida de decenas de miles de habitantes de la región. No es la opinión del guerrero desalmado que el imperialismo y sus voceros han querido mostrar, sino de un líder, un estadista que ante todo tenía la capacidad de entregar una gran cuota de amor y solidaridad a la humanidad, poseedor de una inconmensurable flexibilidad táctica en el análisis, mente fría y pasión revolucionaria en el tratamiento de asuntos sumamente complejos.

Ese sentir humanista del Che, lo llevó a una vida de sacrificios en pro de dar el ejemplo sin proponérselo, sino como actitud cotidiana de vida, a diseñar y seguir caminos, estuvo totalmente alejado de la vanagloria personal. Percibió como nadie la necesidad de un hombre nuevo que debería estar motivado por valores que superaran la visión mercantilista del trabajo, lo cual se manifestó en los hechos, en la promoción de un gran movimiento de trabajo voluntario que encaraba la construcción de la obra humana alejada de la búsqueda del beneficio personal, que para el Che era parte sustancial de la edificación del socialismo en Cuba, creando preceptos que no se han sido mellados por las necesarias transformaciones que se deben hacer para enfrentar los retos de una economía mucho más interdependiente en el marco de un sistema capitalista cada vez más agresivo e intervencionista.

La consumación de la obra del Che vino dada por su convicción internacionalista que lo llevó a una prédica de la cual no quiso estar apartado en la práctica. Esta semana estamos recordando precisamente, los primeros cincuenta años desde que aquel 8 de octubre diera un paso a la inmortalidad, entregando su vida en las selvas de Bolivia, dando con ello al internacionalismo, el horizonte más alto de desprendimiento en favor de la humanidad, sin importar en qué rincón de la geografía del planeta se lucha y se está dispuesto a la victoria o la muerte.

El Che, se entregó al internacionalismo como expresión de solidaridad activa en su proyecto de luchar por una sociedad mejor, de manera leal, auténtica y aherrojado de un soporte ético que le hacía ponerse al frente de cualquier tarea que enfrentara, incluso la postrera hace ya cincuenta años, lo hizo como siempre, como un soldado más, alejado de las glorias de su pasado como comandante de la revolución cubana o como dirigente del más alto nivel del gobierno de la Cuba revolucionaria. Lo encaró con el mismo desprendimiento con que se incorporó al Granma, entusiasmado por el inicio de la epopeya que Fidel le había propuesto, lo hizo con la misma entereza que le permitió resistir los brutales ataques de asma en la humedad de la selva tropical de la Sierra Maestra, lo asumió con el mismo fervor con que resolvió las responsabilidades gubernamentales de una gestión que se inició casi de inmediato bajo el asedio imperial.
¡Y cuando cayó, llegó a la muerte, con la misma convicción que vivió, para estar junto a nosotros, encabezando las nuevas batallas que se libran y se habrán de librar hasta la victoria, siempre!!!!

*Palabras en la conmemoración del Quincuagésimo aniversario de la caída del Che en el acto organizado por el Sindicato Único de la Construcción y Anexos (SUNCA) de Uruguay el 4 de octubre de 2017.    

sergioro07@hotmail.com