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sábado, 18 de abril de 2020

Desarticulación social y mayor pobreza gracias al coronavirus



Por Rubén Alexis Hernández:
La pandemia que azota en la actualidad al mundo entero, además de los efectos sanitarios negativos, ha generado terribles consecuencias sociales y económicas. Por un lado ha sido la excusa perfecta para que las élites y los Gobiernos subordinados a éstas, desarticulen de forma casi perfecta a la sociedad en gran parte del mundo; mediante la cuarentena colectiva o aislamiento social han logrado un control casi total, justificado mediáticamente por el aparente grave peligro que representaría una propagación mayor de la infección por el COVID-19, presentado ante la opinión pública como una seria amenaza para el homo sapiens,  y como tal ha sido enfrentada con todos los recursos, herramientas y estrategias disponibles.


De forma abierta el Statu Quo ha confinado obligatoriamente a un alto porcentaje de la humanidad en sus hogares, para lo que evidentemente hubo de apelar al toque de queda completo o parcial, a la violación de derechos y libertades y a la suspensión de numerosas garantías constitucionales, tales como el derecho a manifestar pacíficamente y a no ser detenido arbitrariamente. Incluso el Gobierno de Filipinas llegó al extremo de ordenar el asesinato de quienes no cumplan la cuarentena en ese país asiático.

No quedan dudas que las élites y los Gobiernos están allanando el camino para ir acostumbrando a los pueblos a un confinamiento global “voluntario”, y así lograr poco a poco la desmovilización y deshumanización social completa, y controlar la rebeldía manifestada hasta ahora en contra de las políticas impopulares cortesía de los Estados burgueses, y en general contra el capitalismo global y sus nefastas consecuencias.

El poder no deja nada al azar, y situaciones como la crisis sanitaria actual, enfrentada prácticamente como si de una guerra se tratara, es bien aprovechada para seguir golpeando a los pueblos, e impedir que se levanten en contra del orden prevaleciente. Gracias a la coacción estatal y al terror que genera en las masas la posibilidad de que la pandemia de turno mate a muchísima gente en el orbe, en parte por la ignorancia y por la manipulación de la información, ha sido relativamente fácil lograr el aislamiento social, violar derechos y suspender garantías constitucionales. Y de no haber una reacción popular enérgica a escala global, posiblemente la casi totalidad de la humanidad va ir quedando reducida a vivir numerosas horas encerrada en casa, “comunicándose” unos con otros exclusivamente vía electrónica por correos, mensajes y otras formas on-line (como redes sociales).

En este contexto estaríamos asistiendo al surgimiento de una especie de sociedad virtual-cibernética dentro de un Nuevo Orden Mundial a los pies de la corporocracia planetaria, menos humana y más fácilmente controlable. De hecho, en nuestros días es bien sabido que el internet es estrictamente vigilado día tras día por las agencias de inteligencia y de seguridad de las potencias y del resto de las naciones.

Por otra parte, los efectos económicos de esta crisis sanitaria no son menos dramáticos que los sociales. Si bien el capitalismo como tal está siendo perjudicado por la paralización de buena parte de las actividades económicas, no pasará mucho tiempo antes de su recuperación, considerando, por ejemplo, el apoyo estatal por medio de los rescates a la gran empresa privada en todo el planeta. Pero quienes sí están viéndose seriamente afectados por la pandemia son los medianos y pequeños empresarios y millones de empleados del sector público y del sector privado.

Estimaciones iniciales, quizá conservadoras, consideran que habrá al final de la crisis sanitaria más de 25 millones de desempleados, lo que evidentemente se traduce en el crecimiento notable de la pobreza y de la miseria. Obviamente las peores consecuencias serán padecidas por las naciones “subdesarrolladas”, las que por desgracia estarán aún más a merced del Statu Quo capitalista, en especial de la banca internacional, que toma ventaja de todo tipo de catástrofes y crisis para seguir acumulando dinero. Un panorama desolador el que se avecina en la Tierra, y ante la lógica reacción de los pueblos contra la tiranía de las élites y los Gobiernos, la respuesta de la gran burguesía se está dando anticipadamente, mediante el aislamiento, la desmovilización y la desarticulación social.

www.rubenhernandezinternacional.blogspot.com


miércoles, 15 de abril de 2020

Estados Unidos, Colombia, el coronavirus y el narcotráfico. (I parte).



Por  Tony López R.:
He querido hacer llegar, en varias entregas, a mis lectores algunas reflexiones, análisis e información de porque el gobierno de Donald Trump, es capaz de pérfidas mentiras y acusaciones falsas que tienen la doble intención de desviar la atención de la grave crisis de salud que vive el pueblo norteamericano para que no le perjudique su reelección presidencial y cobardemente intervenir militarmente en Venezuela.  


Acusado por Trump de “dictador” y ahora de “narcotraficante” el presidente Nicolás Maduro, quien en unión a sus FANB   y su bolivariano pueblo, se preparan para responder contundentemente, a una no descartable agresión, amenazados por Fuerzas Navales del Comando Sur, cerca de las costas venezolanas y el desembarco de fuerzas elites de la 82 División, donde operan mercenarios y paramilitares, en el Norte de Santander, frontera de Colombia con Venezuela. Mientras el gobierno y fuerzas militares bolivarianas combaten fuertemente la pandemia del Covid-19.

Resulta, una gran felonía tal acusación al presidente venezolano, como pérfida   ha sido la crítica y amenaza sancionadora de Trump al acusar al director de la Organización Mundial de la Salud, (OMS) por no advertir de la Pandemia a tiempo y que, por tal razón, hoy Estados Unidos se ha convertido en el centro mundial de contagiados con el virus-Covid-19. Acusación   de un cinismo, tan falaz, que resulta verdaderamente cobarde, porque el mayor responsable de la grave crisis interna de salud en Estado Unidos es responsabilidad del señor presidente Donald Trump.

El pasado martes 7 el inquilino de la Casa Blanca, criticó a la OMS señalándola de ser “demasiado amable con China y de dar malos consejos sobre la lucha contra la pandemia”. Y continuó señalando en su cuenta de Twitter que “la OMS lo arruinó”. “Por alguna razón, financiada en gran medida por Estados Unidos, está muy centrada en China”. “Le echaremos un buen vistazo” Este mismo día en una rueda de prensa Trump, anunció que Estados Unidos, suspenderá su contribución a la organización. Expresando:

“Vamos suspender los pagos a la OMS” “Vamos poner una supervisión muy poderosa sobre ellos, y ya veremos” al argumentar que el organismo parece, "estar muy centrado en China" y "se equivocó en muchas cosas" “al anunciar la propagación del coronavirus por el mundo”. Pero tal y como acostumbra, unos minutos después, seguramente al darse cuenta de la bestialidad que dijo, aseguro que “no había dicho que su país vaya a cortar el apoyo financiero”. Pero aseguró que “vamos a estudiar y vamos a ver”, o sea el método de la amenaza y la sanción a quienes no se le subordinan, porque este señor se cree el emperador del universo. 

La digna respuesta del director de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, no se hizo esperar, en una conferencia de prensa virtual, advirtió contra el uso político de la crisis tanto a nivel nacional como internacional.

Expresando: "Si ustedes quieren ser explotados y tener muchas más bolsas de cadáveres, entonces háganlo. “Si no quieren muchas más bolsas de cadáveres, entonces absténganse de politizarlo”, “Mi consejo: tres cosas. Por favor, unidad a nivel nacional, sin usar el covid-19 para fines políticos. Segundo, solidaridad honesta a nivel global. Y liderazgo honesto de Estados Unidos y China". Por último, comentó. "Sin unidad, les aseguramos que incluso cualquier país que pueda tener un mejor sistema de salud, estará en problemas y en más crisis”. “Este es nuestro mensaje".

Muy precisa y clara, la respuesta del director de la OMS, al presidente Trump, que al parecer padece de amnesia, pues al señalar que la OMS no había advertido a tiempo, sobre este virus y de sus peligros de convertirse en una epidemia o derivarse en una pandemia, de manera burlona, en respuesta a la alerta de la OMS,  en enero de este año, dijo “este es un catarrito, con una fiebrecita, no hay que preocuparse, EE: UU,  está preparado, este no es más que un virus Chino”. Intencional y politizado comentario de Trump, que fue oficialmente rechazado fuertemente, por el gobierno chino.

Lamentablemente, su irresponsabilidad como Presidente, al no tomar urgentes medidas contra la Pandemia, hoy tiene a su pueblo sufriendo y en gran peligro, con resultados desgarradores de más de 14 mil fallecidos y casi 500 mil ciudadanos contagiados, un importante, por ciento de ellos,  afrodescendientes,  latinos y caribeños, se habla de un 64 por ciento, la mayoría sin recursos, ni seguros, ni plata,   la estampa más deplorable es la que estamos observando con lo que sucede en la llamada capital del mundo,  New York.
Sin embargo, en medio de este terrible y desbastador fenómeno que avanza inconteniblemente contra la humanidad, el señor presidente de los Estados Unidos, se le ocurre, promover un conflicto armado contra Venezuela, o sea, precisamente desoyendo lo que el director de la OMS, ha precisado y advertido, no politizar lo que está aconteciendo con el Virus Covid-19.

Y porque politizar, y aprovechar esta ocasión, pues porque el señor presidente Trump y sus incondicionales, como Mike Pence, Pompeo, Elliot Abrams, el senador Marco Rubio, y algunos generales guerreristas, quieren cumplir la promesa electoral de derrocar al presidente Nicolás Maduro y acabar con la Revolución Bolivariana y Socialista de Venezuela, basados además en grandes falsedades, como las que usaron para invadir, Granada, Panamá e Irak. 

En el fondo el interés desde hace muchos años es la de apoderarse de los recursos minero-energético  de Venezuela, aposentarse en Caracas y tal vez entonces, irse contra su mejor aliado hoy en esta aventura, el gobierno de Colombia, gobierno y estamento político y económico impresentable, por el alto nivel de corrupción, vinculación a la mafia narco-paramilitar y el mayor productor de Cocaína en el mundo   y  cuyos líderes y sistema   están relacionados con el trafico de narcóticos a Estados Unidos y algunos con viejas alianzas con el Chapo Guzmán, como Álvaro Uribe Vélez,  pero de esto nos ocuparemos en próximos artículo, como bien anuncié en el primer párrafo.

(*) Periodista, politólogo y analista internacional.
jorgarcia726@gmail.com

miércoles, 22 de mayo de 2019

La política en las fauces de la farándula mediática



Por Juan Pablo Cárdenas S.:

Hasta hace algunos años, la farándula mediática estaba acotada a lo que sucedía en el ancho mundo de los espectáculos, pero ahora, en realidad, la política ha pasado a ser un ingrediente fundamental de los matinales de la televisión, las radios frívolas y las páginas de los diarios y revistas que les gusta inmiscuirse en la privacidad de las personas y especular con la vida íntima de los actores públicos. Fomentando con ello que los pueblos adormezcan su conciencia y se mantengan en un lamentable desconocimiento respecto de los temas verdaderamente relevantes y que tocan a su situación y futuro.
Son las redes sociales las que hoy procuran más información que los medios de comunicación, pero se sabe que su profusa actividad conlleva la difusión de muchas noticias falsas e irresponsables. Y, casi siempre, tratadas superficialmente.


A los periodistas de los grandes medios de comunicación habitualmente se los ve empantanados en la ignorancia y despreocupación por lo que realmente importa. Por lo sustantivo de la cotidianeidad que deben atender. Devenidos en “opinólogos”, más que en analistas o buenos reporteros, los “rostros” de la televisión parecen forzados a cuidar o corregir sus características anatómicas, vestir como se los indican sus productores y cultivar un lenguaje cada vez más básico e incorrecto para mantenerse vigentes y ganar fama. Se podría comprobar que muchos de estos comunicadores sociales no saben identificar, siquiera, los países del mapamundi, entender mínimamente la abigarrada realidad internacional y adoptar compromiso con la misión ética, educativa y liberadora de su quehacer.

De esta manera es que sus mensajes son calcados de los que emiten las grandes y poderosas fuentes informativas internacionales, de lo que conviene a los propietarios de sus medios y a las pautas que les entregan los índices del rating y circulación. Incluso cuando son enviados al extranjero, es posible descubrir que no logran indagar algo más de lo que ya se difunde en Chile, como, tampoco, proponerse obtener alguna primicia. De esta forma es que sus cámaras de lo que andan preocupadas es de captar imágenes intrascendentes, que sirvan al discurso mediático preconcebido, aunque intentan, muchas veces, quedar como héroes por haberse aproximado a “donde las papas queman”. En esto del envanecimiento tan adherido actualmente a la condición de periodistas.

No es extraño, por lo mismo, que las escuelas de periodismo  no tengan ahora mayor preocupación por la formación ética y cultural de los futuros comunicadores. Hace rato que le dijeron adiós a las cátedras de historia, economía, arte, ciencia y otras disciplinas, a no ser por algunos cursos tangenciales, dícese de deporte, por ejemplo, aunque en la práctica se limitan al fútbol u otras actividades que estén o se pongan de moda. Tampoco se preocupan mucho que sus alumnos sepan expresarse correctamente a través de la palabra o la escritura. De allí que los noticiarios de radio y televisión, como los propios escritos de la prensa, adolezcan cada día más de incongruencias gramaticales y toda suerte de barbarismos idiomáticos. Además, por cierto, de sus inconsistencias de contenido.

El tratamiento de la crisis venezolana es muy contundente ejemplo de lo que señalamos por la forma en que nuestra prensa se alineó frente a un tema complejo, imitando la conducta de nuestra Cancillería y de la Casa Blanca. Exponiéndose a los errores y pronósticos antojadizos que ahora se reconocen y que les ha hecho perder tanta credibilidad.

En la propia Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, los profesores constatan y se lamentan de la falta de preparación de quienes ingresan a sus aulas. Poco tiempo atrás, en segundo año, ninguno de mis alumnos supo responderme quién era el Che Guevara, cuyo rostro todavía luce, curiosamente, en las pancartas de sus manifestaciones callejeras, como en sus estampadas camisetas. Solo un estudiante levantó la mano para señalarme que el Che había sido un guerrillero, pero que, por favor, no le preguntara de qué país… Asimismo, una profesora del mismo plantel descubrió que una de sus discípulas, muy sorprendida, no sabía que en Chile habíamos tenido una “dictadura”.
Se dirá y se argumenta efectivamente, que se trata de estudiantes de las nuevas generaciones, que no tienen porqué saber lo que ocurrió antes que nacieran o que la responsable de su ignorancia en tantas materias es la educación secundaria de donde provienen. Pero todas estas excusas valen muy poco, especialmente si se trata de estudiantes de periodismo, para quienes la historia debe ser fundamental para entender el presente y el porvenir.

En efecto, si la política debiera interesarse por los procesos educacionales, ésta pwermanece indolente frente a la falta de diversidad de los medios, la grosera concentración y la ausencia de comunicadores avezados. Da la impresión que a los gobernantes, parlamentarios y otras autoridades les incomodan los periodistas preguntones, más informados que ellos y, desde luego, con una sana irreverencia. Tampoco tienen interés de que la ciudadanía se informe adecuadamente y pueda descubrir la falta de solvencia de quienes dicen ser sus representantes.

La tendencia general de todos éstos es a que el pueblo acate sin chistar sus decisiones, delegue enteramente en ellos sus facultades, aunque los diputados y senadores, o el propio presidente de la República, sean elegidos a lo sumo con el 26 por ciento de los votantes. Es decir, en una flagrante falta de identidad con las preocupaciones o demandas populares. La abstención de más del 50 o 60 por ciento es indicativo de cómo un país que transitó entusiasta hacia la democracia, hoy manifiesta su desencanto.

El periodismo de farándula destaca en sus emisiones toda suerte de curvilíneas figuras, opinólogos con menos de dos dedos de frente, como políticos variopintos, ahora que las diferencias entre unos y otros, es decir entre los centros derechistas y centro izquierdistas, han pasado a ser imperceptibles. En estos diálogos o convivencias banales y promiscuas ha ocurrido que son nuestros legisladores, desgraciadamente, los que están asumiendo el lenguaje soez y el desinterés por los asuntos relevantes. Acompañado todo con el garabato o los modismos criollos (dirán algunos) que cada vez envilecen más el lenguaje de los chilenos y nos distancia del fluido hablar y pronunciar de colombianos, peruanos, venezolanos y otros, que felizmente han llegado al país.

Al mismo tiempo, y como ha ocurrido en las últimas semanas, las comisiones legislativas, las cortes de justicia y otras instancias republicanas se han ido convirtiendo en set de televisión abiertos, donde la reyerta y las descalificaciones se impone entre los participantes, todo lo cual solaza a los noticieros “periodísticos”. Esto explica que los diputados anden ahora a patadas con los reporteros y que muchos de éstos no demuestren el más mínimo interés por la función parlamentaria, sino únicamente en sacar la “cuña” sensacionalista que alimente los espacios de televisión que desde las primeras horas de la mañana despiertan al país para competir en sus puerilidades.

En medio de toda esta farándula, el país ya no percibe mucho si las autoridades están o no interesadas en mejorar las pensiones de la Tercera Edad, procurar realmente la excelencia e inclusión de nuestros establecimientos escolares, o implementar medidas efectivas para combatir la delincuencia. No deja de sorprender la forma en que los canales de TV profitan de las actividades de narcotraficantes que ahora despliegan en las poblaciones y barrios toda la arrogante la pirotecnia de su impunidad.

Gobiernistas y opositores creen que en sus mediáticas grescas les permitirá llegar mejor aspectados a las próximas elecciones, que es de lo que realmente interesa a los partidos políticos. Incluso las señales de televisión parlamentarias, que muy pocos sintonizaban, han pasado a ser expresiones de la farándula instalada en el Parlamento. Y en vivo y en directo podemos ver ahora como se mordisquean sus distintas bancadas, aunque fuera de cámaras son buenos amigos y colegas, asumiendo siempre una estricta defensa corporativa cuando se trata de reajustarse sus emolumentos y consolidar, también, sus impunidades. Como esos 500 mil pesos que han decidido incrementar en sus ingresos mensuales.

Ni qué decir cómo se están apagando los últimos vestigios de la televisión cultural, cuando florecen programas, por ejemplo, que ya no se proponen descubrir talentos artísticos sino destacar imitadores y humoristas también deplorables en sus rutinas y forma de arrancar prosaicas risotadas de las audiencias. Con un programa muy exitoso como el Pasa palabras que aporta conocimientos pero se somete al colonialista Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE),  desconociendo que en Chile existe una entidad propia que hace invaluables aportes a nuestro acerbo idiomático, algo inadvertido por nuestros medios de comunicación.

Pero no todo es malo, a fin de cuentas. El país está conociendo a su clase política y descubriendo la precariedad de sus medios de comunicación. Es tan exitosa la farándula que hay quienes se apartan de ella para convertirse fácilmente en legisladores, alcaldes y concejales. Sin duda, en un país de precaria vocación democrática, la exhibición pública da muchos dividendos. Lo que han entendido muy bien, además de los políticos, los titulares de nuestros Ministerio Público, en tan poco tiempo ensoberbecidos, enriquecidos ilegítimamente y traicionado abiertamente los valores del Derecho.

Como excepción, felizmente hay también dos o tres ediles que han logrado buena cobertura informativa. Auténticos servidores públicos que concitan el respeto de los buenos ciudadanos y que bien pudieran convertirse en candidatos presidenciales o aspirar a otros altos cargos, nada más que por tratar los asuntos que le interesan y acosan la existencia de millones de chilenos. Figuras demarcadas de la farándula política que compiten en resolver sus problemas sociales, sin dejarse arrastrar por el permanente ritmo, risotadas y estridencias de la televisión, la radio y hasta de los medios escritos que en el pasado al menos procuraban seriedad y buen nivel analítico. Ojalá que estas excepcionales figuras no caigan también en las fauces de la frivolidad mediática o se los haga trastabillar con las consabidas zancadillas de sus adversarios y correligionarios.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

viernes, 27 de abril de 2018

Un pueblo informado es poder colosal


Por Ilka Oliva Corado:

Los medios corporativos tienen el dinero y el poder para manipular cualquier tipo de información,  porque corresponden a intereses oligárquicos: que son los de las bandas de criminales que hacen del sistema la cadena que esclaviza a los pueblos  y enriquece a los lacayos. Estos medios corporativos tienen infinidad de rostros, apariencias y personalidades, una caja de resonancia que muchas veces aparenta ser la melodía dulce de la fantasía, que mantiene a gran parte de la sociedad dentro de una burbuja de comodidad e ignorancia. Porque un pueblo desinformado es un festín para el hambre de los lacayos.



Medios que distribuyen masivamente y meticulosamente, desinformación con apariencia de verdades y realidades que, esconden la crueldad de los gobiernos que se han postrado a los pies del amo, para recibir sobras a cambio de la opresión de sus pueblos.

Estos medios corporativos podrán tener el dinero y el poder, los tentáculos suficientes para maniobrar a su gusto en el imaginario colectivo: tanto en televisión, prensa y radio  y mucho más aún en la plataforma de las redes sociales. Pero no tienen la voz,  el corazón y la dignidad  de los pueblos enardecidos que buscan su libertad y; un pueblo informado es  el arma más poderosa del mundo, por esa razón la inversión en la desinformación es millonaria.

Los pueblos deben estar atentos y despiertos ante este tipo de adormecimiento amnésico, que busca mantenerlos sedados y ajenos a las realidades, esto como estrategias de dominación masiva.

Los ciudadanos tienen la obligación individual y colectiva  de cuestionar, investigar,  leer, divulgar y  compartir información una y otra vez por vertientes distintas, para que no se logre borrar de un plumazo la Memoria Histórica y sean la memoria  individual y colectiva los ejes centrales de la resistencia de los pueblos que se niegan a dejarse engañar y pisotear.

Es un mínimo de esfuerzo, es amor propio, es solidaridad, es consecuencia política y humana, es una estrategia de resistencia, es un empoderamiento colectivo, es pasar la estafeta, es no resignarse, es no bajar los brazos, es seguir caminando. 

Es sembrar en tierra fértil aunque los medios corporativos nos digan que son baldíos, el páramo más seco es capaz de florecer; los pueblos del mundo aún no están vencidos, nos quieren hacer creer que lo estamos pero no es así, aún no han logrado apagar el fuego de nuestras almas que mantienen el rescoldo de la dignidad de nuestras raíces ancestrales y los sueños de nuestros  mayores.

Es un mínimo de esfuerzo, es confiar en la capacidad de comprensión lectora y formular el análisis propio, que siendo diferente representa una oportunidad de resistencia, de las tantas que un pueblo es capaz de crear con su ingenio, su amor, su cultura, su lealtad y su raíz milenaria.

Es un esfuerzo mínimo mantenernos despiertos,  para salir a encontrar la alborada, porque siempre llega, aunque nos quieran hacer creer que la noche y su densa oscuridad  es una oda a la impunidad, pero tan solo es  la fuerza que nos nutre para enfrentar la luz del nuevo día.

 ilka@cronicasdeunainquilina.com

sábado, 31 de marzo de 2018

Las malas palabras


Por Carolina Vásquez Araya: 
El derecho de los demás es también mi derecho. Una idea para reflexionar.

Hubo un tiempo no muy lejano –mediados del siglo pasado- cuando no se hablaba de derechos humanos. Era un concepto desconocido para las mayorías; no se había desgastado por la manipulación mediática ni el manoseo social y era algo así como una parte decorativa del léxico diplomático en los círculos internacionales. Luego, con el transcurrir de los años y la violencia política ya bien instalada en los países del Tercer Mundo, fue tomando protagonismo por la obvia necesidad de proteger a la población civil de los desmanes de sus gobiernos y de grupos extremistas.


 Sin embargo el tema de derechos humanos nunca parece haber tomado cuerpo más que en círculos muy reducidos de las sociedades, quedando como un tópico de discusión entre expertos pero nunca, o casi nunca, como una materia obligatoria en las escuelas, colegios y universidades para que las nuevas generaciones comprendieran en toda su extensión el significado de esos códigos de comportamiento y de respeto por sus semejantes, pero también la dimensión de sus propios derechos como persona. Por el contrario, se fue desarrollando una especie de anticuerpo dedicado a distorsionar y destruir la esencia misma del concepto.

El respeto por los derechos humanos y todo mecanismo para garantizar su protección, constituyen un capítulo indispensable de la vida en cualquier sociedad democrática en donde las óptimas condiciones de vida de sus miembros representen un objetivo primordial para sus gobernantes. Por el contrario, los regímenes autoritarios y dictatoriales se han caracterizado precisamente por reprimir los derechos de los ciudadanos, oprimiendo y coartando sus libertades por la fuerza de las armas, la intimidación o la amenaza, abierta o velada.

Esta clase de sistemas opresivos muchas veces cuentan con la colaboración entusiasta de un sector de la sociedad cuyos parámetros valóricos e intereses coinciden plenamente con los de sus líderes, ya sea por protegerse contra una eventual pérdida de privilegios o por pura convicción. Entonces orquestan hábiles campañas de desprestigio contra quienes se empeñan en la defensa de los derechos de la ciudadanía para debilitar su discurso y socavar sus funciones. Estas campañas pretenden destruir no solo a los defensores de los derechos humanos; también atentan contra esos derechos retorciendo su significado con la intención de anular el potencial poderío de una sociedad fuerte y, por lo tanto, consciente de su papel en la vida de la nación.

El desgaste provocado por esos grupos antidemocráticos resulta en un incremento de la violencia social y un creciente escepticismo sobre el papel de la justicia en la resolución de conflictos. Al no comprender la trascendencia de los valores humanos en las relaciones entre individuos y grupos, las tensiones fácilmente derivan en la aplicación de la fuerza anulando toda posibilidad de diálogo y búsqueda de consenso. Se intenta bloquear el flujo de la información, se amenaza a quienes ejecutan una labor periodística, social, humanitaria o ambientalista y poco a poco se van cerrando las posibilidades de crear las condiciones necesarias para el desarrollo de un auténtico sistema democrático.

En otras palabras, el respeto por los derechos humanos no conviene a las fuerzas antidemocráticas por ser la base del desarrollo de una ciudadanía poderosa, educada y consciente de su papel en el mundo que le rodea. Las libertades consagradas en convenios y tratados resultan una amenaza para quienes no poseen las calidades para sobresalir sin el recurso del miedo y la tiranía. Derechos humanos son, para ellos, malas palabras.

Sin el respeto por los derechos humanos no existe la menor posibilidad de vivir en democracia.

elquintopatio@gmail.com

domingo, 18 de marzo de 2018

Una manera distinta de leer las noticias


Por Sergio Rodriguez Gelfenstein

La avalancha de información política que recibimos cada día está orientada a mostrarnos realidades que señalan derroteros dirigidos a fijar puntos de vista y opiniones, así como a hacer dictámenes y veredictos sobre los distintos temas del acontecer nacional e internacional. Otro tanto ocurre con lo relacionado a la publicidad y la propaganda comercial dispuesta y configurada para forjar gustos y crear intereses, encaminados a incrementar las ventas de una serie de productos no obligatoriamente necesarios para la vida cotidiana. 


La información política es algo parecido: los ciudadanos terminan consumiendo lo que el vendedor (en este caso los medios de comunicación del establishment) desean que sean consumidos, de esa manera dirigen la construcción de razonamientos y la aprobación de juicios acerca de temas que incluso, resultan perjudiciales para el que los recibe y los transmite. Esta es una manifestación de la lógica perversa del capital, para el que los ciudadanos son solo objetos de consumo, no sujetos de cambio de la sociedad que los oprime, lo cual se debe impedir a toda costa. Para ello, se utiliza lo que Carlos Fazio llama “instrumentos de colonización mental”.

Pero, en el mundo siguen ocurriendo hechos que influyen, condicionan y transforman la cotidianidad de los ciudadanos. Hoy, este proceso transcurre a tal velocidad que no tenemos capacidad de medir cuánto ascendiente tienen en nuestras vidas, aunque lo peor no es eso, sino la evolución de lo anormal, lo inusual, lo aberrante, lo brutal a estadios de normalidad y natural convivencia que casi pasan inadvertidos. Sin embargo, podríamos leer las noticias desde diferentes ópticas, siempre y cuando uno tenga la imaginación necesaria… y algo de valor para hacerlo, si quiere desprenderse de la visión dominante y totalizante que nos vende verdades como si fuéramos ignorantes e iletrados.

En Colombia, donde su gobierno regurgita democracia cotidianamente, han intentado asesinar a un candidato presidencial, pero eso es tan normal en ese país, que a nadie le importó, ninguna autoridad se ha inmutado. En el caso que lamentablemente tal bochornoso hecho se hubiera concretado, sólo habría constituido uno más en la larga lista de eventos de ese tipo que han ocurrido a la largo de la historia colombiana donde la vida tiene poco valor a la luz de las más de 200 mil personas asesinadas y los 83 mil desaparecidos en los últimos 60 años. De ellos, 282 líderes sociales, 106 defensores de derechos humanos asesinados impunemente desde el año pasado, así como 47 combatientes desmovilizados de las FARC, desde que comenzó ese proceso.  En ese marco, en la “normal” Colombia, el jefe paramilitar John Jairo Velázquez, alias Popeye opinó en público, -a través de las redes sociales- a favor del asesinato de Gustavo Petro, quien curiosamente puntea en las encuestas de cara a los comicios presidenciales de ese país. Unos días después, con la mayor naturalidad, el presidente de la máxima instancia electoral, en medio de los comicios para elegir en primarias a los candidatos de las alianzas que aspirarán a la más alta magistratura del país, ordenó que se sacaran fotocopias de las papeletas electorales, ante la carencia de las mismas en las mesas de votación. No cabe duda, que si Gabriel García Márquez estuviera vivo tendría suficiente material para una nueva novela de ese gran Macondo que es su país de origen.

Todo esto puede ocurrir en Colombia, porque tiene el aval de la llamada comunidad internacional (es decir Estados Unidos y Europa) para hacer cualquier desmán, Al presidente, confeso de ordenar la invasión militar de un país vecino y autor intelectual de la creación y aplicación de la política de “falsos positivos”, consistente en asesinar ciudadanos para mostrarlos como combatientes guerrilleros a fin de argumentar a favor de la eficiencia de las fuerzas armadas en la lucha contra los insurgentes y, de esa manera, hacerse acreedor de mayores recursos financieros de Estados Unidos, se le recompensó con el premio Nobel de la Paz. Es la razón por la cual el presidente de Estados Unidos ha dicho que ambos países tienen similares intereses y valores, lo que ha conducido a que las más altas autoridades militares y civiles estadounidenses hayan hecho de Bogotá su destino preferido en América Latina y el Caribe, incluyendo al propio Trump quien ha anunciado viaje para abril.

Por su parte en Chile, con total normalidad se ha producido el cambio de un gobierno de la derecha anti pinochetista a otro de la derecha pinochetista. Solo en eso radica la diferencia. Cuando menciono que tal traspaso del poder se ha dado en un marco de normalidad, no lo digo porque mi aspiración haya sido que el mismo se produjera en un ámbito de violencia, todo lo contrario, solo que uno podría suponer, que ante el retorno del pinochetismo al poder se produciría un estremecimiento de la sociedad. Nada de ello ocurrió, lo cual es normal, cuando no existen diferencias de fondo entre ambas administraciones. Finalmente, uno tiene que entender que ambos gobiernos son neoliberales, compiten por su lealtad y sumisión a Estados Unidos, protegen a los criminales de la dictadura y reprimen las justas demandas de estudiantes, trabajadores y mapuche. Bachelet pasará a la posteridad como el mayor fraude de la historia de Chile y la mayor traidora en transitar por la presidencia de la república, superando a González Videla y a Pinochet, su traición comienza por haber mancillado la memoria de su propio padre, asesinado por la dictadura. Quedará para siempre como el peor esperpento que haya pasado jamás por La Moneda. Ojo, en política, traidor no necesariamente es quien hace algo contra el pueblo, sino quien dice defenderlo y hacer todo lo contrario.  Se fue Bachelet, se fue Heraldo, el estercolero de la historia los espera junto a su amigo el corrupto General de Carabineros Bruno Villalobos a quien protegieron hasta el último momento, mientras que a Piñera les bastaron solo unas horas de gobierno para mandarlo a su casa.

Hablando de la toma de posesión de Piñera, pareciera que la era de los grandes eventos al que asistían decenas de jefes de Estado ha quedado en el olvido. Si al fraude que impuso a Juan Orlando Hernández en la presidencia de Honduras no asistió ninguno de sus colegas, el de Chile no fue menos sombrío: además de los ilegales mandatarios de Honduras y Brasil, solo estuvieron presentes, Macri, hijo de p…, la p…que te parió, según la frase de la canción más escuchada en los eventos públicos recientes de Argentina; también Kuczynski, quien fue a intercambiar experiencias de cómo se libera y se protege a un dictador asesino, a fin de sostenerse en el poder. Así mismo, Enrique Peña Nieto, acudió para conocer los hábitos del Chile dictatorial en materia de desapariciones forzadas, sin que posteriormente los culpables sean juzgados ni condenados. Él sabe que el fin de su mandato se acerca y los familiares de los 42 estudiantes de Ayotzinapa, además de la mayoría del pueblo mexicano claman por verdad y justicia. Además estuvo presente en el evento, el controversial presidente ecuatoriano quien sostuvo una “importante” reunión con Bachelet, cuyo contenido pareció no interesarle a nadie. El más aplaudido entre todos los jefes de Estado presentes fue Evo Morales, quien aprovechó la ocasión para dar a conocer un mensaje de futuro del pueblo boliviano al pueblo chileno, dando un furibundo golpe con puño de seda al racismo y la xenofobia que la oligarquía chilena interesadamente ha inoculado para mantenerse en el poder y maximizar sus riquezas. Hay que recordar que uno de los mayores detentores modernos de la riqueza producida por los territorios bolivianos usurpados en la guerra imperialista que enfrentó a ese país con Chile, es el yerno de Pinochet, quien utilizó esa riqueza para comprar indiscriminadamente a políticos de todas las corrientes de ese país, con la “vista gorda” necesaria de los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría, incluyendo a la ”izquierdista” Bachelet y su gobierno.

En fin: siguen pasando cosas, ocurren eventos y acontecimientos a los que los medios le dan una mirada condicionante, dirigida a ocultar la podredumbre del sistema capitalista, mientras esconden tras de sí, procesos que inexorablemente avanzan en otra dirección y que anuncian que no todo está perdido como nos quieren hacer suponer.

sergioro07@hotmail.com