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miércoles, 15 de abril de 2020

Estados Unidos, Colombia, el coronavirus y el narcotráfico. (I parte).



Por  Tony López R.:
He querido hacer llegar, en varias entregas, a mis lectores algunas reflexiones, análisis e información de porque el gobierno de Donald Trump, es capaz de pérfidas mentiras y acusaciones falsas que tienen la doble intención de desviar la atención de la grave crisis de salud que vive el pueblo norteamericano para que no le perjudique su reelección presidencial y cobardemente intervenir militarmente en Venezuela.  


Acusado por Trump de “dictador” y ahora de “narcotraficante” el presidente Nicolás Maduro, quien en unión a sus FANB   y su bolivariano pueblo, se preparan para responder contundentemente, a una no descartable agresión, amenazados por Fuerzas Navales del Comando Sur, cerca de las costas venezolanas y el desembarco de fuerzas elites de la 82 División, donde operan mercenarios y paramilitares, en el Norte de Santander, frontera de Colombia con Venezuela. Mientras el gobierno y fuerzas militares bolivarianas combaten fuertemente la pandemia del Covid-19.

Resulta, una gran felonía tal acusación al presidente venezolano, como pérfida   ha sido la crítica y amenaza sancionadora de Trump al acusar al director de la Organización Mundial de la Salud, (OMS) por no advertir de la Pandemia a tiempo y que, por tal razón, hoy Estados Unidos se ha convertido en el centro mundial de contagiados con el virus-Covid-19. Acusación   de un cinismo, tan falaz, que resulta verdaderamente cobarde, porque el mayor responsable de la grave crisis interna de salud en Estado Unidos es responsabilidad del señor presidente Donald Trump.

El pasado martes 7 el inquilino de la Casa Blanca, criticó a la OMS señalándola de ser “demasiado amable con China y de dar malos consejos sobre la lucha contra la pandemia”. Y continuó señalando en su cuenta de Twitter que “la OMS lo arruinó”. “Por alguna razón, financiada en gran medida por Estados Unidos, está muy centrada en China”. “Le echaremos un buen vistazo” Este mismo día en una rueda de prensa Trump, anunció que Estados Unidos, suspenderá su contribución a la organización. Expresando:

“Vamos suspender los pagos a la OMS” “Vamos poner una supervisión muy poderosa sobre ellos, y ya veremos” al argumentar que el organismo parece, "estar muy centrado en China" y "se equivocó en muchas cosas" “al anunciar la propagación del coronavirus por el mundo”. Pero tal y como acostumbra, unos minutos después, seguramente al darse cuenta de la bestialidad que dijo, aseguro que “no había dicho que su país vaya a cortar el apoyo financiero”. Pero aseguró que “vamos a estudiar y vamos a ver”, o sea el método de la amenaza y la sanción a quienes no se le subordinan, porque este señor se cree el emperador del universo. 

La digna respuesta del director de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, no se hizo esperar, en una conferencia de prensa virtual, advirtió contra el uso político de la crisis tanto a nivel nacional como internacional.

Expresando: "Si ustedes quieren ser explotados y tener muchas más bolsas de cadáveres, entonces háganlo. “Si no quieren muchas más bolsas de cadáveres, entonces absténganse de politizarlo”, “Mi consejo: tres cosas. Por favor, unidad a nivel nacional, sin usar el covid-19 para fines políticos. Segundo, solidaridad honesta a nivel global. Y liderazgo honesto de Estados Unidos y China". Por último, comentó. "Sin unidad, les aseguramos que incluso cualquier país que pueda tener un mejor sistema de salud, estará en problemas y en más crisis”. “Este es nuestro mensaje".

Muy precisa y clara, la respuesta del director de la OMS, al presidente Trump, que al parecer padece de amnesia, pues al señalar que la OMS no había advertido a tiempo, sobre este virus y de sus peligros de convertirse en una epidemia o derivarse en una pandemia, de manera burlona, en respuesta a la alerta de la OMS,  en enero de este año, dijo “este es un catarrito, con una fiebrecita, no hay que preocuparse, EE: UU,  está preparado, este no es más que un virus Chino”. Intencional y politizado comentario de Trump, que fue oficialmente rechazado fuertemente, por el gobierno chino.

Lamentablemente, su irresponsabilidad como Presidente, al no tomar urgentes medidas contra la Pandemia, hoy tiene a su pueblo sufriendo y en gran peligro, con resultados desgarradores de más de 14 mil fallecidos y casi 500 mil ciudadanos contagiados, un importante, por ciento de ellos,  afrodescendientes,  latinos y caribeños, se habla de un 64 por ciento, la mayoría sin recursos, ni seguros, ni plata,   la estampa más deplorable es la que estamos observando con lo que sucede en la llamada capital del mundo,  New York.
Sin embargo, en medio de este terrible y desbastador fenómeno que avanza inconteniblemente contra la humanidad, el señor presidente de los Estados Unidos, se le ocurre, promover un conflicto armado contra Venezuela, o sea, precisamente desoyendo lo que el director de la OMS, ha precisado y advertido, no politizar lo que está aconteciendo con el Virus Covid-19.

Y porque politizar, y aprovechar esta ocasión, pues porque el señor presidente Trump y sus incondicionales, como Mike Pence, Pompeo, Elliot Abrams, el senador Marco Rubio, y algunos generales guerreristas, quieren cumplir la promesa electoral de derrocar al presidente Nicolás Maduro y acabar con la Revolución Bolivariana y Socialista de Venezuela, basados además en grandes falsedades, como las que usaron para invadir, Granada, Panamá e Irak. 

En el fondo el interés desde hace muchos años es la de apoderarse de los recursos minero-energético  de Venezuela, aposentarse en Caracas y tal vez entonces, irse contra su mejor aliado hoy en esta aventura, el gobierno de Colombia, gobierno y estamento político y económico impresentable, por el alto nivel de corrupción, vinculación a la mafia narco-paramilitar y el mayor productor de Cocaína en el mundo   y  cuyos líderes y sistema   están relacionados con el trafico de narcóticos a Estados Unidos y algunos con viejas alianzas con el Chapo Guzmán, como Álvaro Uribe Vélez,  pero de esto nos ocuparemos en próximos artículo, como bien anuncié en el primer párrafo.

(*) Periodista, politólogo y analista internacional.
jorgarcia726@gmail.com

sábado, 21 de septiembre de 2019

El culpable de los ataques en Arabia Saudí es Arabia Saudí



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Tal vez no haya habido un hecho tan esclarecedor de cómo se dirige la política exterior de Estados Unidos en el último tiempo que su respuesta a los ataques de la resistencia yemení en contra de las refinerías de Arabia Saudita, aunque en general la forma como ha manejado sus decisiones respecto del Medio Oriente son expresión de la perturbación que agita a la Casa Blanca, la irracionalidad en la conducción y los desvaríos de su principal inquilino.


Lo preocupante de todo esto es que tales acciones tienen implicaciones en el escenario internacional y por tanto incide en la vida de miles de millones de ciudadanos de todo el mundo que tienen que vivir en la más completa incertidumbre porque en cualquier momento lo pueden agredir, bombardear, bloquear y/o sancionar. Lo más terrible es que el sistema internacional se ha mostrado incapaz de detener los dislates del presidente estadounidense y el poder que él encarna. Es verdad que Rusia y China han logrado impedir en el Consejo de Seguridad que la ONU le de legalidad a estos hechos, pero ante la imposibilidad de sojuzgar a otros pueblos a través de la razón, Estados Unidos se ha aferrado a la fuerza como instrumento principal de su política exterior.

Es perturbador que la ONU, su Secretario General y muchas de sus agencias hayan manifestado temor ante las represalias que Estados Unidos podría tomar contra el organismo, que lo podrían incluso llevar a su salida del mismo. Por lo menos así lo ha manifestado la señora Bachelet, quien ha justificado en privado que esa razón es la que la obliga a su vergonzosa subordinación a Washington.
Los ataques de la semana pasada contra las refinerías sauditas generaron asombro e incredulidad en la administración estadounidense y una similar “respuesta” inmediata insensata y aturdida del presidente Bush el 11 de septiembre de 2001 y días posteriores.

Hay que recordar que Bush se apresuró a culpar a su socio Osama Bin Laden de los actos terroristas en Estados Unidos, ello le permitió intervenir militarmente en Afganistán en un primer momento y en otros países del Medio Oriente después, lo cual le ha servido como excusa para mantener las fuerzas armadas de Estados Unidos en la región hasta hoy. Hay que recordar que en su momento Bush anunció lo que habría de venir. El 20 de septiembre de 2001 informó solemnemente que, a partir de ese momento, Estados Unidos utilizaría cualquier arma de guerra que sea necesaria, siempre que los intereses de Estados Unidos así lo requirieran. Así mismo, dejó establecido que las operaciones militares se prolongarían en el tiempo.

La principal arma de guerra que Estados Unidos siempre ha utilizado es la mentira. Así ha sido a través de la historia, hay muchas evidencias al respecto. Hoy, ha quedado aclarado a través de una larga investigación realizada por  los comisionados de bomberos de Franklin Square y el distrito de Munson, cerca de Queens en Nueva York, quienes el pasado 24 de julio afirmaron que la acción del 11 de septiembre de 2001 en esa ciudad “Fue un asesinato en masa, [en el que] tres mil personas fueron asesinadas a sangre fría” afirmando que las “pruebas abrumadoras” dan cuenta de la presencia de explosivos en las tres torres antes del 11 de septiembre. Es decir, los edificios no se cayeron por el impacto de los aviones sino por una implosión controlada que buscaba una justificación para desatar la guerra e imponer un mundo unipolar en el planeta.
Ni que decir de las armas nucleares de Saddam Hussein en Irak que nunca aparecieron, ni de la represión en la Plaza Verde de Trípoli que supuestamente había desatado Muamar el Gadafi, cuando en realidad se estaba mostrando a través de los medios de comunicación era un escenario hollywoodense construido ex profeso en Catar para justificar la invasión de la OTAN a Libia con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU.

Ahora Trump pretende repetir la historia o, mejor dicho, dar continuidad a la historia. Ante las acciones realizadas por los rebeldes yemeníes en las refinerías saudíes, Trump afirmó que “parece” que Irán está detrás de los ataques, otro tanto hizo el vicepresidente Pence quien en un discurso en la Fundación Heritage quiso ir más allá para afirmar que como “parecía” que los ataques provenían de Irán quería prometer que Estados Unidos estaba preparado para tomar represalias violentas.  Por su parte, el Secretario de Estado y principal influencer de la CIA, Mike Pompeo, que nunca se sabe a nombre de cual de las dos organizaciones está opinando, se apresuró a desmentir que habían sido los huties los autores del hecho, para -sin presentar prueba alguna- acusar de Irán de haberlos realizado. Según Pompeo, "Teherán está detrás de cerca de 100 ataques contra Arabia Saudita [...]. En medio de todos los llamados a la desescalada, Irán ha lanzado un ataque sin precedentes contra el suministro de energía del mundo" En ese marco, el Pentágono a su vez, afirmó que: "Tenemos evidencia de que de alguna manera los iraníes son responsables de esto. Pero dejamos que Arabia Saudita saque las conclusiones, para a continuación iniciar un nuevo despliegue de tropas en el Medio Oriente. Nada nuevo, todo consecuente con su política imperialista de mentiras y agresiones.

Al no tener pruebas, Estados Unidos incitaba a que fuera Arabia Saudí quien acusara a Irán de ser el culpable del ataque y asumiera las consecuencias inmediatas de una eventual acción de respuesta, para después aparecer como “salvador del mundo” y “defensor de la civilización occidental amenazada”. Esta es la razón por la que inicialmente, el martes 17 el ministro saudí de energía, Abdulaziz bin Salmán, reconocía que no se sabía quién estaba detrás de los ataques contra la principal productora de petróleo del país, lo cual fue refutado al día siguiente por el portavoz del ministerio de defensa del reino Turki al Malki quien se apresuró a afirmar que los ataques no se originaron en Yemen y que los mismos fueron lanzados desde el norte haciendo una evidente alusión a Irán, repitiendo casi textualmente la retórica de Pompeo.

En este contexto, ante la dimensión que estaba tomando el acontecimiento, la perversa irracionalidad y evidente falsedad de los argumentos de Washington, la portavoz de la Cancillería china, Hua Chunying hizo un llamado a no hacer afirmaciones peligrosas, asegurando que: "Hasta que se lleve a cabo una investigación exhaustiva y tengamos los resultados, es irresponsable acusar a nadie sin pruebas". Por su parte el portavoz del presidente ruso Dmitri Peskov, expresó que su país condenaba “…el aumento de tensión en la región" e instaba a todos los países" a que "no tomen medidas o saquen conclusiones apresuradas que solo puedan agravar la desestabilización", así como a "adherirse a una línea que ayude a amortiguar la tensión actual". 
En la misma línea, el ministro de Defensa de Japón, Taro Kono, dijo que no había pruebas que demostraran que Irán estuviera involucrado en los ataques, asegurando que: "No tenemos constancia de ninguna información que apunte a Irán", afirmando que su país creía "… que los hutíes llevaron a cabo el ataque teniendo en cuenta la declaración de responsabilidad".

Los días posteriores al hecho, varios países y organizaciones “rasgaron vestiduras” rechazando la acción yemení, la prensa internacional se encargó de cubrir con alarmismo los espacios informativos hablando de la probable alza incontrolada de los precios del petróleo, las implicaciones para la economía mundial y para la propia Arabia Saudí en su rol de gran productor y exportador de petróleo, mientras que el presidente Trump afirmaba que su país no necesitaba petróleo y gas del Medio Oriente, al mismo tiempo que Europa informaba del grave riesgo para la Unión Europea que “solo” tiene reservas de petróleo y derivados para 90 días.

Nadie hizo alusión a que este ataque se originó en la hecatombe provocada por Arabia Saudí y sus aliados con aval estadounidense para llevar a cabo desde 2015, una brutal agresión que ha causado la muerte de 91.600 personas por los combates, además de 84.701 niños fallecidos por hambre y 2.556 personas por la peste del cólera.

Todo generado por 19 mil 278 bombardeos aéreos, navales y terrestres de los que un 33,86% han apuntado a objetivos civiles como granjas, mercados, barcos de pesca y hasta fiestas familiares, un 31,89% a objetivos desconocidos y solo un 34,25% a blancos militares. El conflicto ha obligado a casi el 15% de la población (alrededor de 4,3 millones de personas) a huir de sus hogares. Esto incluye a 3,3 millones de personas que permanecen desplazadas en todo el país, mientras el 70% de la población (20 millones de habitantes) padecen hambre, en lo que se ha denominado "la peor crisis humanitaria del mundo en la historia”.

Hasta fines del año pasado se había contabilizado que un 79% de la población “vive” en condiciones de pobreza en comparación con el 49% de 2017, es decir, 30% entró en esa situación en este período En ese lapso, el PIB per cápita ha disminuido un 61%, mientras que alrededor de 2,9 millones de niños y mujeres padecen malnutrición aguda; el número de niños que la sufren ha aumentado hasta el 90% en los últimos tres años.

Entonces, cuando se busque el culpable de estos ataques contra la “economía del mundo” no se debe buscar en Adén o en Teherán, se debe apuntar directamente a Riad, Abu Dabi y Washington donde gobiernan algunos de los peores sátrapas del planeta.
sergioro07@hotmail.com


miércoles, 10 de abril de 2019

De Venezuela a Rusia el giro geopolítico imperial de EEUU hacia la OTAN



 Por Rolando Prudencio Brincón:

Estados Unidos siempre se ha valido de aliados, coaliciones, etc.; y últimamente grupos, como el grotesco “Grupo de Lima” para intervenir Venezuela, tal como lo ha hecho en  Irak el 2003 y otras naciones desde que la OTAN, en 1949 sirviera de brazo militar geopolítico, después de la caída del tercer Reich que fue para garantizar la defensa mutua y colectiva de sus Estados miembros, en el que el tratado se convertía en el garante para el apoyo de los EE.UU., en caso de agresión a uno de sus miembros.


Es más, organizaciones como la OEA, que vendría a ser el ministerio de colonias -como diría el Che- no es sino un correlato comparativo de la OTAN en Latinoamérica, y que ha servido para mantener su omnímodo Orden en su “patio trasero”, como lo ha intentado recientemente en la situación de Venezuela. Vale decir: EE.UU., se ha valido de varios países para imponer sus intereses geopolíticos en una relación imperio/colonia.

Claro que después del frustrado intento de invadir Venezuela hace más de un mes de febrero en el puente Simón Bolívar, y con el apoyo de Colombia; pero  con la inesperada irrupción de Rusia, que no sólo tuvo una presencia disuasiva a los intentos intervencionistas, sino que formalizó sus intereses geopolíticos, celebrando sendos acuerdos de asistencia y cooperación militar y de inversiones en suelo venezolano, la administración Trump quedó desencajada en su despótica decisión de tomar por asalto la hacienda de los hijos de Bolívar.

Y desde luego los roces diplomáticos entre Washington y Moscú no se dejaron esperar, después que casi en un tono desesperado Trump y Bolton advirtiera a Rusia a que: “Salgan de Venezuela”; como la respuesta de la portavoz rusa, María Zajarova aclarando que: “Ni Rusia ni Venezuela son provincias de EE.UU.”. Ante éste jaque al que ha jugado Rusia, ¿cómo le ha tocado responder a los EE.UU.?

No le ha quedado otra salida que jugar al jaque mate recurriendo ésta vez los EE.UU., ya no actúa como garante de los países suscribientes del mismo; sino a la inversa; vale decir en el que percatándose los EE.UU., de que su hegemonía está en duda, ha recurrido los miembros de la OTAN, para que ésta vez sean quienes respalden sus acciones contra la patria del libertador Bolívar.

Estado Unidos hasta antes era quien en todo caso activaba su arsenal para poner orden en el planeta, pero hoy hay un giro geopolítico en el que su unipolar ismo imperial es más una evidencia que una sospecha, por lo que ha recurrido a la OTAN para cumplir su cometido. Claro que una ficha que, en el tablero geopolítico, aún no ha jugado es la China, que podría dar el mate ya que ha advertido a EE.UU., que “responderá por las graves consecuencias de las sanciones impuestas a Venezuela”.

Vale decir entonces que el infame intento de asalto de los EE.UU., a Venezuela está dando un giro geopolítico a nivel global, en el que la unipolar hegemonía estadounidense es más un espejismo que una verdad verificable.

prudenprusiano@gmail.com

sábado, 26 de agosto de 2017

Colombia: Estados Unidos, la OEA, la Declaración de Lima y Venezuela.

Por Tony López R.:

Los gobiernos estadounidenses siempre han considerado que América Latina es su patio trasero y que está sometida a sus designios e  intereses, no es menos cierto, que muchos de los gobernantes latinoamericanos que han sido elegido por su pueblo, salvo honrosas excepciones,  se han puesto al servicio  y obedecido a las políticas de Washington  como lo hacen hoy, ante el pedido de aislar, sancionar e incluso no descartar la idea del presidente Donald Trump de intervenir militarmente en Venezuela.


Luego de fracasadas numerosas maniobras políticas y diplomáticas con el propósito de derrocar el gobierno de Venezuela y su Revolución Bolivariana, llevadas a cabo por  el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, apeló a utilizar una vía  alternativa y comisionó al gobierno de Perú y a su presidente Pedro Pablo Kuczynski, para que convoque a una reunión de cancilleres latinoamericanos y caribeños.

El pasado 9 de agosto tuvo lugar la reunión convocada por el presidente de Perú,  Kuczynsky a la que solo asistieron 17 países de los 35 que conforman nuestra región.  

De estas 17  naciones,  solo 12 firmaron la llamada “Declaración de Lima” presentada por el canciller peruano Ricardo Luna  y son: Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Chile, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú.  
 
No firmaron dicha declaración los representantes de Jamaica, Guyana, Granada, Santa Lucia y Uruguay.
La llamada “Declaración de Lima”  expresa que Venezuela “Ya no es una democracia” y “son ilegitimo los actos emanados de la Asamblea Nacional Constituyente”. Condena además “la violación sistemática de los derechos humanos y las libertades fundamentales, la violencia, la represión y la persecución política, la existencia de presos políticos y la falta de elecciones libres bajo observación internacional independiente". "Enérgico rechazo a la violencia y cualquier opción que involucre el uso de la fuerza".  Así mismo celebró la acusación de parlamentarios colombianos y chilenos ante la Corte Penal  Internacional contra el presidente Nicolás Maduro,  mientras que declararon su apoyo a las acciones de la hoy ex -fiscal  Luisa Ortega Díaz.
La intervención militar de Estados Unidos contra Venezuela está en marcha y decidida, pero faltan algunos pasos previos para legitimarla y a eso se ha prestado  el presidente peruano Pedro Pablo Kuczynsky, al convocar a la reunión de cancilleres en Lima, Perú.

El gobierno peruano violando todo lo establecido en la Carta de las Naciones Unidas y de la OEA, que plantea y exige el pleno  respeto a  la soberanía e integridad de las naciones, se ha prestado al trabajo sucio y como simple empleado de Washington, se ha coaligado con las oligarquías y sectores de la derecha latinoamericana con el objetivo de provocar el aislamiento político, diplomático y económico, contra Venezuela,  paso previo y necesario para afianzar el argumento del presidente Donald Trump de intervenir militarmente en la tierra del Libertador Simón Bolívar.

Las acusaciones contra Venezuela carecen de todo fundamento y están montadas sobre grandes mentiras divulgadas por la campaña mediática, que desde Estados Unidos y otros países latinoamericanos, se han unido  para ocultar la realidad venezolana y crear un estado de opinión desfavorable hacia la Revolución Bolivariana y justificar todas las acciones contra ella, incluyendo una intervención militar.

La Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela aprobada en 1999, sí establece que el Presidente de la Republica puede convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, sin la necesidad de realizar un plebiscito. La asistencia de más de 8 millones 100 mil votantes que asistieron a las urnas y eligieron a los constituyentes, fue un acto democrático y legitimo del pueblo venezolano. El reconocimiento de la legitimidad de la Asamblea Nacional Constituyente y del Centro Nacional Electoral, lo constituye el hecho de que para las elecciones regionales, se han inscrito numerosos candidatos que militan en la opositora Mesa de Unidad Democrática,(MUD)  lo cual desmiente totalmente lo que recoge la “Declaración de Lima” y estos mismos opositores venezolanos ponen en ridículo a ese grupo de cancilleres y revela el verdadero objetivo intervencionista de sus acciones.

De los países firmantes de la “Declaración de Lima” que vociferan sobre la violación de los derechos humanos, de salvar la democracia, de acusar y sancionar a dirigentes venezolano,  como el caso del presidente Maduro ante la Corte Penal Internacional, permítanme recordarle algunos sucesos aún por esclarecer: Ningún parlamentario colombiano ha acudido a la Corte Penal Internacional, para que se investigue a los culpables de la masacre del Palacio de Justicia en 1985; tampoco de los más de 5 mil asesinatos cometidos por la Fuerza Pública y sicarios contra líderes políticos de izquierda y dirigentes populares y comunales de la Unión Patriótica.

Más reciente aún, la masacre de Angostura, Ecuador  cometida el 1 de marzo del 2008 por un bombardeo aéreo ordenado por el presidente colombiano Álvaro Uribe Velez, en territorio ecuatoriano  contra un campamento de las insurgentes FARC-EP, asentado en ese país,  donde murieron no solo guerrilleros, también dirigentes estudiantiles mejicanos y civiles  ecuatorianos. La artera muerte del Comandante en Jefe de las FARC-EP, Alfonso Cano, quien fue capturado vivo, y ordenado su asesinato,  según denunció monseñor Monsalve,  obispo de Cali, en su momento. Ese es un crimen de guerra  que debe ser investigado y sancionado.

Qué derecho le asiste a los legisladores chilenos de acusar a otros, cuando no son capaces de exigir justicia por los crímenes de Pinochet y cuyo país es aún gobernado por una constitución pinochetista. Y con que moral se va a hablar de democracia, violación de los derechos humanos, persecución política en países, como Honduras cuyos gobiernos han sido elegido al calor o bajo la protección  de un golpe de Estado y tiene pendiente el asesinato de Bertha Cáceres,  o el caso de Méjico, donde estudiantes como los 43 de Ayozinapa, aún siguen desaparecidos, periodistas asesinados y  32 mil desaparecidos, según las organizaciones de Derechos Humanos de Méjico.

Democracia en Brasil, cuando Temer y su gobierno es producto de un Golpe de Estado parlamentario y  no tiene más del 6 por ciento de aprobación a su gobierno. En la Argentina  de Macri que debe responder por la desaparición  del joven activista defensor de derechos humanos Santiago Maldonado. 

Y el presidente peruano, convertido en el Caín de América, debe solucionar el tema de los maestros en huelgas desde hace varios meses y dejar de usar la represión policial contra mujeres y hombres que solo piden un salario justo, lo que  él dice condenar en Venezuela lo práctica en su país.

La reunión de este grupo de países latinoamericanos y caribeños en Lima, Perú, es la prueba más fehaciente de la crisis política, ética y de valores que aqueja a nuestra región, también  la inutilidad de la OEA, la división y la pérdida de influencia y poder del gobierno de los Estados Unidos en nuestro Continente.

(+)  Periodista, politólogo y Analista Internacional.
 jorgarcia726@gmail.com