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viernes, 24 de agosto de 2018

A la espera de los “otros” arrepentidos


Por Alberto Medina Méndez:

Muchos argentinos sienten, en estas horas, una enorme indignación y una gigantesca impotencia. Los “cuadernos” de la indignidad pusieron en evidencia, con brutal crudeza y sin atenuantes, ese secreto a voces que casi todos sabían y prefirieron ignorar, por comodidad o conveniencia personal.
Cuando aún se debatía sobre la veracidad de los documentos encontrados y su eventual validez como prueba formal en un juicio, empezaron a desfilar por los pasillos de tribunales un grupo de desprestigiados personajes.
A poco de andar y haciendo gala de una cobardía inigualable, escaso decoro y ningún código de lealtad estuvieron rápidamente dispuestos a aportar múltiples detalles a cambio de habilitar una negociación de sus condenas.

Empresarios prebendarios, políticos corruptos y jueces deshonestos integran, por ahora, esa nómina tan despreciable como incompleta. La nefasta grilla no está definitivamente cerrada y todo hace pensar que se seguirán sumando acusados y delatores a este patético culebrón.  
Claro que los primeros argumentos defensivos apelaron a la nulidad de los indicios, para luego dedicarse al sospechoso oportunismo de las denuncias, pero fue finalmente la abrumadora secuencia de auto inculpados lo que dejó poco margen para cualquier tipo de vanos pretextos y laxas justificaciones.

Pocos observadores toman verdadera dimensión del tamaño del escándalo y de sus posibles derivaciones políticas y económicas. Este puede llegar a ser un trascendente hito en la historia capaz de marcar un antes y un después.
Puede que estos acontecimientos se lleven puesto a los más importantes partidos políticos, a varias generaciones de dirigentes y hasta, tal vez, unas cuantas empresas vean severamente comprometido su futuro inmediato.

Es posible que se convierta en una bisagra positiva y que luego venga algo superador, pero queda espacio para que solo sea una mutación irrelevante que solo modifique la lista de protagonistas y no consiga torcerle el brazo a la perversa dinámica que, la corrupción estructural, ha logrado establecer.
No faltaron a la cita quienes intentaron explicar la crisis económica actual vinculándola exclusivamente con estos aberrantes hechos. Eso no es cierto, pero para algunos, resulta bastante ventajoso plantearlo de este modo.

La situación presente tiene profundas raíces que vienen de larga data, pero que no han sido ni debidamente corregidas, ni suficientemente mensuradas en esta nueva etapa. Si estos problemas no son encarados con contundencia brindando señales claras e inconfundibles, nada se resolverá.
Ante este triste despliegue que debería avergonzar a todos, en el que la política siempre hace de las suyas para sacar su tajada, los ciudadanos no parecen tampoco estar suficientemente preparados para revisar sus conductas y explicitar, de una vez por todas, su imprescindible “mea culpa”.
No se llegó hasta aquí por casualidad. La impericia serial, la incompetencia crónica y la omnipresente improvisación tienen mucha responsabilidad y explican buena parte de esta tormentosa realidad, pero eso no lo es todo.

Del mismo modo, la corrupción no ha calado tan hondo por azar, sino por la existencia de una participación cívica necesaria que ha sido muy funcional a los premeditados planes de los malandras de siempre.
Va siendo hora de que aparezcan entonces los otros arrepentidos. Los ciudadanos de esta Nación no se pueden hacer los distraídos y hacer de cuenta que nada tuvieron que ver en esta dolorosa y trágica involución.

Tal vez no formaron parte de las hipócritas hordas que saquearon al país, pero fueron demasiado indulgentes ante lo inaceptable y extremadamente dóciles frente al latrocinio, ese que se mostraba obscenamente a diario.
Desde los tiempos de las dictaduras, una ciudadanía tan ciclotímica como necia, ha aplaudido con convicción a todos los gobernantes. Con el retorno de la democracia votó masivamente a cada uno de los Presidentes que accedieron al poder, siempre con respaldos populares muy significativos.

Con la misma vehemencia con la que la comunidad acompañó esos procesos políticos, luego desmintió esos mismos apoyos, negando cualquier tipo de connivencia con lo que luego calificaría como catástrofe absoluta.
Existe poca vocación cívica para hacer autocrítica. Una sociedad que no tiene la capacidad de examinar sus errores más evidentes no podrá jamás salir de ese círculo vicioso y quedará condenada al eterno fracaso.
No se debe temer a asumir los desaciertos. Es imposible corregir rumbos si antes no se acepta con hidalguía y humildad que se ha tropezado y que se tiene una importante participación en ese funesto derrotero.
La gente no solo ha sido cómplice de la corrupción, sino que muchos han apoyado fervorosamente las políticas económicas que indiscutiblemente luego mostraron su estrepitoso derrumbe y dejaron secuelas insalvables.

Hay que hacerse cargo y dejar de lado las infantiles excusas. Las ideas que han ovacionado no funcionaron y fueron un gran desastre. Los políticos a los que votaron han sido un fiasco. Fueron ineptos o corruptos, y en demasiados casos terminaron exhibiendo ambos miserables atributos.

Nadie pretende que los ciudadanos se inmolen públicamente ni se flagelen a cara descubierta, pero si es vital que exista una serena introspección, una reflexión sincera y por sobre todas las cosas, un generoso, indubitable e inteligente cambio de actitud que pueda revertir tantos años de decadencia.
 amedinamendez@gmail.com

martes, 26 de junio de 2018

¡¡La terrible tragedia de las niñas y niños enjaulados en USA!!


 Por Julio César Belisario Rodríguez: 
Aura y yo. Quisimos empoderarnos. Vencer las distancias. Volar hasta ellos. Abrazarlos, sosegarlos, colmarlos de mimos y cariños. Tranquilizarlos. ¡¡Llenarlos de ternuras y apaciguar de alguna manera en ellos, su inenarrable tragedia!! Evocando al poeta y agregando alguna nota nuestra: -¡¡Cuando se tiene un hijo, una hija, una nieta, un nieto y les amamos y respetamos, somos madres, padres, abuelos y abuelas de todas las niñas y niños del mundo!!-


 De padre y abuelo. Anoche se nos trastornó el alma. De la misma manera que infaustamente sorprendidos, nos punzó y abrumó el dolor y la impotencia.

Admitimos que en compañía de nuestra esposa y compañera igualmente madre y abuela. Hicimos esfuerzos ambos; por contener las lágrimas producto del bochorno y pesar. Por tal tamaña y asquerosa tragedia. Admitimos que algo terriblemente obscuro e infame perturbó nuestra alma. Sentimiento que nos embargó cuando anoche 20 de Junio de 2.018 en el Mazo. Programa televisivo que gerencia nuestro camarada Diosdado Cabello Rondón. ¡¡De videos nos mostró lo que sucede en USA con respecto al abominable e insultante enjaulamiento de una considerable cantidad de niñas y niños; infantes  hijas e hijos de pretendidos inmigrantes en ruta hacia territorio gringo.

Vimos a los niños mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos, etc. Aterrorizados, llorosos enjaulados y clamando por la presencia de sus padres. Aura y yo. Quisimos empoderarnos. Vencer las distancias. Volar hasta ellos. Abrazarlos, sosegarlos, colmarlos de mimos y cariños. Tranquilizarlos. ¡¡Llenarlos de ternuras y apaciguar de alguna manera en ellos, su inenarrable tragedia!! Evocando los versos del poeta y agregando alguna nota nuestra:-¡¡Cuando se tiene un hijo, una hija, una nieta, un nieto y les amamos y respetamos, somos madres, padres, abuelos y abuelas de todas las niñas y niños del mundo!!-

Por eso por lo irreverente que quizás no encaje de a lugar. Deseamos ser terriblemente críticos y fulminantemente corrosivos. ¡¡Infames y aborrecibles madres y padres; abuelas y abuelos, tíos o tías de puta madre, de esas desventuradas criaturas!!

¡¡No existe miseria ni precariedad existencial alguna que justifique exponer a los hijos a tamaña desventura!! ¡¡Indignos y podridos madres y padres que de viles muestran su asquerosa y cloacal catadura moral pretendiendo justificarse en la búsqueda de individuales mejoras materiales!! Asquerosos y ruines, no han dudado ni un instante en poner de escudos ante las autoridades gringas -A esas niñas y niños; y de cierto no sabemos si realmente son sus padres, madres, abuelos, abuelas, tías o tíos¡¡-

No existe insistimos. Nada que justifique tal cobardía. Tal atrocidad con los hijos. Contra las niñas y los niños. Si de veras se les ama y respeta. De lo anterior que arremetamos de frontal contra el desalmado rufián canalla fascista gringo; pero de igual manera que lo hagamos contra tales desalmados infames padres o ascendentes filiales si es que de cierto lo son; de  esas desventuradas criaturas.

Quizás; nos exponemos de blanco por parte de la infamia. A algunas maledicencias e irrespetos hacia nosotros; por que consideremos que sea honrado argüir de nuestra parte. Que los padres de esos niños hoy vejados, maltratados y humillados en suelo gringo. Son unos miserables que les exponen a semejantes infamias por el solo pretexto y deseo de cruzar la frontera a Estados Unidos.

Fue terrible ver a niños llorosos y aterrorizados clamando por la presencia de sus padres, abuelos tíos o tías. ¡¡Escucharles desamparados expresar que eran guatemaltecos, mexicanos, salvadoreños, etc.!! Contemplar eso llenó nuestra alma de un inmenso dolor. Algo se desgarró, se rompió dentro de nuestro espíritu y nuestro corazón; y mentalmente evocamos y acudimos a la presencia de nuestros dos pequeños nietos aun criaturas de pocos años de edad. ¡¡Nos abrazamos a ellos, rompimos a llorar y atestiguamos que no los dejaríamos solo en la vida ni un instante!! ¡¿Cómo es posible dios de mierda si de veras existes, que sucedan tamaños oprobios?! Pero aun y así. Tales aberraciones deben difundirse por infame y doloroso que sea; para que lo sepa el mundo.

¡¡Debe difundirse para que el mundo esté en conocimiento de que Estados Unidos es enemigo de la luz, de lo bueno, de lo hermoso!! Debe difundirse para que el mundo definitivamente entienda en su toma de conciencia colectiva. ¡¡Que Estados Unidos apoya la arbitrariedad, lo mezquino lo asqueroso y aborrecible!! ¡¡Apoya al dios dinero, la devastación, el atropello, el arrase de pueblos y civilizaciones, el vandalismo, el terrorismo, y el degradante tóxico fanatismo católico y evangélico que castra, aliena y embrutece!!

¡¡Debe difundirse para que se sepa de lo que es capaz el perverso hijo de puta imperio Usamericano, que muchos ponzoñosos, cloacales desclasados; y paridos vía anal, admiran y apoyan de sus tropelías!!

juliocesarb72@gmail.com

sábado, 28 de octubre de 2017

La consigna del silencio

Por Carolina Vásquez Araya:

Miedo y vergüenza, algunos obstáculos creados a partir de estereotipos de género.

Todo ser humano que haya sufrido una agresión sexual ha sido tocado en lo más profundo de su integridad. En esto no hay excepciones y, si las hay, suelen ser muy raras. Un niño, niña, adolescente o adulto víctima de tal escarnio difícilmente podrá borrarlo de su memoria, guardando esa imagen con una dolorosa sensación de repugnancia y culpabilidad. Y el silencio. Ya sea por miedo a las consecuencias sociales y familiares o porque sobre ellos pende la amenaza de una cruel revancha, el silencio tras la violación parece haber sido históricamente la marca de identidad de los crímenes de tal naturaleza y los depredadores cuentan con ello.



Durante la semana pasada y como eco de mi columna anterior sobre el incesto, he recibido más información sobre ese tipo de casos. Por las características de quienes me han compartido situaciones similares existentes en su entorno –personas instruidas con posibilidad de actuar- he podido observar el inmenso poder del silencio incluso en ámbitos de cierto nivel cultural, en los cuales se supone que los prejuicios ya han perdido su fuerza. Sin embargo, ahí están; todavía bien instalados en una suerte de umbral de la privacidad, algo así como una cápsula en donde el valiente intruso que desea denunciar termina por arriesgar más que el hechor.

Esto no es nuevo. No en el incesto y tampoco en otra clase de agresiones sexuales, como lo demuestra el largo silencio que ha precedido a las recientes denuncias de la industria cinematográfica en contra de algunos de sus gurús más poderosos. Ahí no se trataba de niñas indefensas en manos de un depredador, sino de mujeres plenamente conscientes de sus derechos, pero quienes guardaron el mismo silencio oneroso de la mayoría de víctimas. Vergüenza, dolor, impotencia y miedo a las consecuencias de hablar, parecen ser la nota constante.

Si en mujeres poderosas la violencia sexual tiene ese efecto intimidatorio, ¿qué podemos esperar en una niña, un niño o una mujer atados a una relación de poder caracterizada por los abusos? ¿Cómo es posible que un ciudadano ignore los pasos a seguir para realizar una denuncia anónima sobre un crimen de tal magnitud? Esto solo revela que ese silencio continúa alimentado por una carga enorme de prejuicios y estereotipos capaces de re victimizar de manera continuada a quienes sufren estos atropellos, abandonándolas a la voluntad de quien o quienes los agreden.

Urge hacer algo al respecto. Es imperativo iniciar campañas masivas de prevención de la violencia sexual en hogares, escuelas, templos, iglesias, hospitales y todo espacio en donde exista un menor en riesgo o un adulto ignorante de los pasos a seguir para denunciar. Urge reforzar la capacitación de los elementos de policía, investigación y administración de justicia para quitar ese velo de duda ante la palabra de un menor, una duda que desde el primer momento ampare a los perpetradores y coloca a las víctimas en una posición de riesgo.

Si las madres no denuncian por el siempre presente temor a quedar sin sustento económico, buscar la manera de darles acceso inmediato a los bienes familiares, los cuales usualmente se encuentran bajo control absoluto de la pareja abusadora, lo cual también está tipificado en la ley Contra el Femicidio y Otras formas de Violencia contra la Mujer como violación de sus derechos económicos. Buscar rutas y soluciones viables a esta realidad cada día más espeluznante debería ser una tarea prioritaria para juristas y expertos, cuyo aporte sirva para liberar y dar esperanzas de justicia reparadora a tantas víctimas inocentes cuyas voces permanecen en el más profundo silencio.

Las agresiones sexuales no deben señalar a la víctima sino al hechor. Urgen medidas de prevención.


elquintopatio@gmail.com