Mostrando entradas con la etiqueta geopolítica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta geopolítica. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Geopolítica (Abordando eso gris, que parece la teoría)

 Por Jorge Aniceto Molinari:

Vamos a Google por una definición y obtenemos esta: “La geopolítica es el estudio de los efectos de la geografía humana y la geografía física sobre la política y las relaciones internacionales. La geopolítica es un método de estudio de la política exterior para entender, explicar y predecir el comportamiento político internacional a través de variables geográficas”.  

“Es una ciencia que se ocupa del estudio de la causalidad espacial de los sucesos políticos y de los próximos o futuros efectos de los mismos. Se nutre especialmente de otras disciplinas tales como la historia, las relaciones internacionales, la geografía política, la ciencia política, sociología y antropología. Realiza el estudio del medio ambiente, de acuerdo a sus características económicas, culturales y recursos de un estado”.

“La geopolítica se centra en el poder político en relación con el espacio geográfico. En particular, las aguas territoriales y el territorio terrestre en correlación con la historia diplomática. Académicamente, la Geopolítica analiza la historia y las ciencias sociales con referencia a la geografía y la política. Fuera de la academia, el pronóstico geopolítico es ofrecido por una variedad de grupos, incluyendo grupos sin fines de lucro, así como por las instituciones privadas con fines de lucro (tales como empresas de consultoría)”.

“La "geopolítica crítica" reconstruye las teorías geopolíticas clásicas, mostrando sus funciones políticas e ideológicas para las grandes potencias durante y después de la era del imperialismo”.

“El término se ha utilizado para describir un amplio espectro de ideas, desde "un sinónimo de relaciones internacionales, fenómenos sociales, políticos e históricos".

La frase que destaco es tal vez y sin tal vez, la confesión de que estas definiciones están quedando desfasadas de la realidad actual, cuando se refiere a las grandes potencias “durante y después de la era del imperialismo”.

Ya en 1916 Lenin escribía que la tendencia era a que el gobierno de la economía del mundo estaba pasando de los Estados a las direcciones de los complejos empresariales multinacionales y este hecho notorio y prevaleciente en la realidad actual sigue siendo ignorado en cualquiera de las salidas posibles que se manejan para la actual crisis inexorable de la predominancia del modo de producción capitalista.

Pero salvada esta dificultad, que no es menor para realizar una proyección política de acuerdo a estos tiempos, surge la necesidad de entender que cualquier actividad económica hoy debe tener en cuenta el mercado mundial para cuyo gobierno en un mundo en el cual compiten por la rentabilidad distintos conglomerados empresariales multinacionales, estos cuentan con instrumentos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. 

Que más que instrumentos de Estados son sus instrumentos.

Pero el objetivo de construir Estados Nacionales de acuerdo a lo que se ha venido pensando hasta ahora parece no solo utópico sino tremendamente caro e inalcanzable para la propia humanidad.

Por supuesto que no ignoro que en ese deseo de construir estados nacionales coinciden Trump, la Dra. Cristina Fernández, el Partido Comunista de Rusia.

Por poner algunos ejemplos, para explicar de qué estoy hablando, y no nombrar a mis compañeros del Frente Amplio que siguen pensando que la gente se equivocó y no los votó, porque magnificaron sus errores y que por lo tanto no tienen porque encarar lo que está pasando con el gobierno del mundo, como si lo intentó por 46 minutos Mujica en su discurso en la ONU –alguien me quiso explicar que estaba hablando para las Universidades pero que en la diaria es otra cosa-. Pero además que cada grupo que integra nuestro Frente Amplio piensa que los errores son de los otros grupos frentistas y creo que hay más de 100 grupos distintos.

Tomemos un ejemplo: las plantas de celulosa en el Uruguay y ahora en particular UPM2. Es el gran aporte para que la economía del Uruguay siga caminando, pero la realidad es que nunca fue producto de un estudio geopolítico del problema, al menos de parte de nuestras Instituciones. También hay que destacar que los que se oponen a su realización no tienen una puta idea de que hacer salvo su utopía de estatizar todo o el de salir a “pescar” en un mundo donde toda la “pesca” está centralizada y en manos de los complejos empresariales multinacionales.

Pero no todas son pálidas para los Estados o mejor dicho para las distintas nacionalidades que habitamos el planeta Tierra. Es sobre la base de ellas –las nacionalidades- que se debe construir esfuerzos por estudiar en el mundo que está pasando con las monedas y con los sistemas fiscales que recaudan los fondos con los cuales se atienden las necesidades esenciales de la gente.

Y llegamos a lo que para nosotros es hoy el deber más importante de cualquier colectividad política. Definirse sobre el rol que hoy cumplen las monedas y definir una política que termine con la joda de sus distintas cotizaciones, en la que hoy si sigue existiendo el imperialismo de EE.UU. y el de Europa hacia el resto de los países del mundo con el objetivo de mantener las burocracias estatales de esos Estados. Prueba: las emisiones de dólares y euros.

Algo similar pasa con los sistemas fiscales, y el desarrollo de los llamados paraísos fiscales donde los burgueses con sus organizaciones empresariales multinacionales hacen ingentes esfuerzos por mantener su rentabilidad aún a costa de incrementar las lacras sociales –como las drogas- que se han constituido en una forma de vida de sectores cada vez más numerosos de la sociedad e incrementan el delito.

De más está decir que mi planteo es: moneda única y universal, un sistema impositivo basado en la circulación del dinero haciendo ilegal todo lo que no esté registrado donde la sociedad democráticamente lo determine, dando muerte a los paraísos fiscales y a los sistemas impositivos basados en el consumo, los salarios y las pensiones.

Y la pregunta geopolítica para el final: ¿y todo esto como se gobierna? Sin duda que hay que desarrollar la construcción de la democracia, con un primer objetivo de democracia económica tomando la conducción para estos fines de los propios Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional pero apelando a los miles y miles de seres humanos –muchos de ellos con enorme capacidad técnica- en todo el planeta, que de una manera u otra  participan de la construcción de un aparato productivo que no debe detener su marcha en la medida que millones de seres humanos están fuera de los alcances de sus beneficios y ya hoy pueden acceder a los mismos para beneficio de toda la humanidad si esta da el paso que estamos necesitando de consciencia política.

sipagola@adinet.com.uy

miércoles, 8 de abril de 2020

Colombia y Estados Unidos, las dos puntas del laberinto: Drogas, corrupción y política



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Tal vez no haya una “actividad comercial” donde la ley madre del capitalismo, la de la oferta y la demanda se manifieste con tanta precisión como en el narcotráfico. La demanda y la oferta de drogas se han relacionado de manera óptima para dar la eficiencia infinita que a través del tiempo ha mostrado esta actividad, creciendo permanentemente desde los años 80 del siglo pasado, haciéndose tan lucrativa que no habido manera de interrumpirla.


Como apunta Alain Labrousse en su interesante libro “Geopolítica de las drogas” el final de la guerra fría trajo la “democratización” de los estupefacientes que comenzaron a ser utilizadas como instrumento en la mayoría de los conflictos.

Pero, en la relación droga-conflicto el papel fundamental lo juega el factor de los beneficios, en particular en lo referido a la cocaína y el opio. Estados Unidos ha estacionado su ejército en los dos países para asegurar un tráfico ordenado y controlado. Así, desde su invasión a Afganistán en 2001 y del inicio del Plan Colombia a fines del siglo pasado, la producción, transporte y distribución del opio producto de la amapola y la cocaína proveniente de la coca, ha crecido exponencialmente desde estos dos países, mayores productores mundiales de esas sustancias respectivamente.

Según Labrousse, citando fuentes de Naciones Unidas el aumento de los beneficios viene dado por los obstáculos a vencer para trasladar la droga desde el país productor hasta el consumidor. Dicho de otra manera, el control de los intermediarios encarece el costo, de esta manera, por ejemplo para producir 1 kg. de cocaína colombiana en 2005 se necesitaban 200 kg. de hoja de coca que le significaba al campesino 400 dólares. A partir de ahí se inicia el ciclo: 1 kg. de pasta base costaba 800 dólares; 1 kg de clorhidrato de cocaína a la salida del laboratorio, 500; 1 kg de clorhidrato pagado al exportador colombiano, 5.000; 1 kg. pagado al importador al por mayor en Miami, 10.000; precio al por mayor en New York, 15.000; la venta al menor generaba ingresos de entre 150.000 a 500.000 dólares por el mismo Kg. de cocaína.

Al campesino le queda entre 0,00027 y 0,00080 de la ganancia total, a su vez el exportador colombiano (ahora mexicano) obtiene entre 0,01 y 0,03% del valor final del producto. Es decir, más del 99% de los ingresos que genera el tráfico de cocaína queda en Estados Unidos. Valdría la pena preguntarse ¿dónde está ese dinero?

La única vez en la historia que el gobierno de Estados Unidos intentó hacer una investigación seria respecto del flujo de dinero del narcotráfico por su sistema financiero fue en 1979 cuando ante el incremento de la entrada de capital en la banca de Miami, planificó la “Operación Greenback”, cuyo objetivo era supervisar los bancos norteamericanos que manejaban el dinero de las drogas. La operación fue cancelada sin explicaciones en 1982 por el zar anti drogas George H.W.Bush durante el gobierno de Ronald Reagan. Evidentemente una investigación a fondo hubiera hecho pública la colusión de los propietarios de la gran banca del país con el narcotráfico. Nunca más se ha vuelto a hablar del tema.

En una amplia investigación del periodista mexicano J. Jesús Esquivel materializada en su libro “Los narcos gringos” se explica porque jamás se habla de carteles estadounidenses de la droga, simplemente no existe una estructura piramidal ni capos como en Colombia o México. Eso no significa que no haya estructuras delictivas operando para distribuir las drogas, si las hay, solo que en Estados Unidos, se llaman brokers.

El broker es una persona que actúa de manera independiente como intermediario entre el productor y el distribuidor o vendedor a cambio de una cuota del producto. La particularidad del broker del narcotráfico es que no tiene lealtades específicas, trabaja con el que mejor le pague.

Esquivel entrevistó a Oscar Hagelsieb, agente especial del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos quien le informó que en ese país este negocio no es tan estructurado como en México, pero que al no existir carteles, su estructura es más compleja, porque se encargan del transporte, distribución y venta de las drogas dentro del país. El broker siempre opera fronteras adentro, la responsabilidad de ingresar la droga es del cartel mexicano o colombiano, por eso cuando se logra capturar un cargamento en la frontera o en el mar, nunca hay ciudadanos estadounidenses involucrados Según Hagelsieb, los carteles dejan la droga casi siempre en “casas de zonas urbanas de la clase media alta de los estados de la frontera sur: California, Arizona, Nuevo México y Texas…”

Este agente se queja de que los brokers actúan con facilidad gracias a los medios de comunicación, a los libros que se escriben sobre el narcotráfico y a las películas y series de televisión o telenovelas que nacen del contenido de libros que le enseñan a los narcotraficantes estrategias para actuar y evadir la ley.
Hagelsieb admite sin vacilaciones que la narco corrupción no es un fenómeno exclusivo de Colombia o México, en Estados Unidos también existe. Y afirma contundente que “ sin corrupción del narcotráfico, no habría drogas en las calles estadounidenses o por lo menos no en las mismas cantidades”. Califica este fenómeno como un “problema grave” en su país.

En el libro de Esquivel se afirma que los narcos gringos y mexicanos “tienen en sus nóminas a agentes aduaneros de Estados Unidos, de la patrulla fronteriza, de la DEA y de las policías locales; si esto no fuera una realidad, sólo entrarían en la Unión americana los narcóticos que pasan sin ser detectados por las regiones de la frontera más inhóspita…”

Así, el libro permite comprender una infernal mezcla de narcotraficantes, autoridades corruptas, consumidores y medios de comunicación que desde diferentes escenarios coadyuvan a mantener el negocio. No hay duda que hay policías honestos que han luchado e incluso han dado la vida combatiendo al flagelo, pero el principal enemigo contra el que chocan es el de los altos intereses de corporaciones financieras y de otro tipo que necesitan sostener un mercado hoy imprescindible para la economía de Estados Unidos. Las casi 80 mil personas muertas al año por consumo son solo un daño colateral calculado que además el país necesita para justificar el mantenimiento de sus bases militares y del Comando Sur de las fuerzas armadas de Estados Unidos a fin de sustentar su política agresiva e intervencionista en la región.

Eso es lo que ocurre del lado de la demanda, en el otro extremo, el de la oferta, la situación no es muy auspiciosa. Precisamente, el consumo y la disponibilidad de cocaína en Estados Unidos han seguido creciendo como consecuencia de la expansión de los cultivos ilícitos y la producción de droga en Colombia. Desde el año 2013 se ha producido un incremento sustancial en este sentido. La producción mundial de cocaína en 2016 alcanzó el nivel más alto jamás registrado, con unas 1.410 toneladas.

Esto llevó al gobierno de Estados Unidos a decir en octubre de 2017 que  la cocaína de Colombia seguía siendo una "amenaza" para Estados Unidos, donde según la DEA su disponibilidad y consumo había aumentado "significativamente" en el último año, al anticipar un fortalecimiento de las mafias colombianas en el corto plazo. Según el informe, el número de hectáreas de coca en el país aumentó en 11% durante 2017, para llegar a 209.000, cifra que constituye un récord histórico.

Por su parte, el Informe Mundial sobre Drogas de la ONU en 2018 expone que “la producción y el mercado mundial de opio y cocaína se encuentran en máximos históricos”. El informe destaca que la producción "estuvo mayormente liderada por el incremento de la elaboración de cocaína en Colombia, que produce cerca del 70% de la cocaína mundial". Para la década de 2008 hasta 2017, asevera el informe, se registró un aumento del 50 % en la producción de cocaína, alcanzando un récord de 1.976 toneladas. Un claro crecimiento si se compara con la cifra dada por la DEA para el año anterior.

El informe de “Monitoreo de Territorios Afectados por Cultivos Ilícitos 2017” revela que las áreas netas con cultivos de coca en Colombia, calculada en 2016 a 2017, aumentó 17%, pasando de 146.000 hectáreas a 171.000 hectáreas. En el año 2019 llegó a 212.000 hectáreas

William Brownfield, un ex diplomático estadounidense vinculado al sector más extremista del Departamento de Estado donde llegó a ser Subsecretario para Asuntos Internacionales de Drogas y que siempre manejó este asunto a partir de criterios políticos  en una entrevista con el periodista Sergio Gómez Maseri para el diario el Tiempo de Bogotá  en octubre de 2017 reconoció que Estados Unidos ha tomado variadas medidas a lo largo del tiempo para evitar el ingreso de drogas a su territorio pero siempre ha sido infructuoso: “… lo intentamos en los 80 sellando la entrada por el Caribe con aviones y guardacostas. Se redujo bastante, pero los narcos decidieron moverse entonces a la izquierda, hacia Centro América y México”. Nótese cuando dice a la izquierda”, se refiere al oeste, se alejaron de Venezuela, cuando la DEA los quiso hacer volver, llegó Chávez y nunca más se pudieron acercar con eficacia. Lo dicen todos los informes de la ONU y de la misma DEA

A continuación, Brownfield afirmó que en ese momento [año 2017] su país tenía una muy buena relación de trabajo con México, que es donde se está produciendo la droga que llega a Estados Unidos. En la misma entrevista aseguró que en Estados Unidos “la demanda no ha crecido de manera significativa en estos cuatro años. Ha crecido entre un 20 o 30%, comparado con el 2013, frente a un aumento de más del 200% de la producción”. Es decir para este alto funcionario del gobierno de Estados Unidos que el consumo de drogas crezca solo un 20 o 30 % es visto como un éxito. De ahí que afirmamos que los muertos por el consumo de droga sean aceptados como  un daño colateral necesario.

En todo caso, valdría la pena preguntarse por qué si la DEA afirma que el 90% de la cocaína que ingresa a Estados Unidos proviene de Colombia, Brownfield asegura que la producción ha aumentado 200% y el consumo solo 20 o 30%, ¿quién está mintiendo o al menos falseando las cifras? ¿Brownfield y el Departamento de Estado o la DEA?

En ningún momento de esta larga entrevista, Brownfield que profesa un odio irracional hacia el el gobierno de Venezuela, y que ha llamado a derrocar al presidente Maduro por cualquier medio, en ningún momento menciona a Venezuela ni en lo referido a producción, tampoco en cuanto a transporte o distribución.

En este sentido, desde el año 2017 las alarmas se habían encendido en otras latitudes. El Departamento de Estado ubicó a Colombia en un informe como el primer productor mundial de cocaína, responsable del 90% de la droga que llegaba a Estados Unidos. Dice en una de sus partes: “Los cultivos de coca en Colombia aumentaron un 39% en 2014 y 42% en 2015. Pasó a 159.000 hectáreas, uno de los máximos récords. Un aumento de casi un 100% desde 2013. (...) El número de muertes por sobredosis en Estados Unidos por cocaína en 2015 fue el más alto desde 2007”.

Se ha incrementado tanto la demanda de drogas que el presidente Donald Trump se ha visto obligado a pronunciarse sobre el tema. Sorprendentemente primero señaló su descontento con los escasos resultados de su homólogo colombiano Iván Duque en la disminución del tráfico de drogas ilícitas hacia Estados Unidos y, segundo, amenazó a México con la imposición de aranceles a los automóviles y el cierre de la frontera, si en el plazo de un año no se acaba el tráfico de drogas hacia su país. En ambos casos cuenta con cifras que sustentan sus argumentos, lo que no ha podido hacer con Venezuela, a la que se refiere con una retórica política intervencionista que pretende usar el tema de las drogas y la putrefacción de la sociedad estadounidense que él mismo reconoce, como instrumento de amenaza, chantaje y presión.

En el caso de la oferta, también responde a criterios económicos y se forma de vida de las fuerzas armadas colombianas que reciben ingentes recursos sin control para su ineficaz lucha contra el narcotráfico. El veterano periodista colombiano Francisco Thoumi afirmó en un artículo para la revista Semana en mayo de 2019 que la producción de cocaína en Colombia durante los últimos 40 años se había aceptado como algo obvio, partiendo de la idea de que mientras haya demanda por cocaína en algún lugar del mundo, siempre habrá oferta. Por consiguiente, “¿si alguien la va a producir, por qué no nosotros?”.

En esto de la relación imprescindible entre oferta y demanda de drogas se debe recordar el razonamiento de Gustavo Díaz Ordaz quien fuera presidente de México entre 1964 y 1970, cuando dijera: "Si México es el trampolín de la droga, es solamente porque Estados Unidos es la piscina”. Solo basta sacarle el agua y el trampolín quedará inhabilitado.
sergioro07@hotmail.com

sábado, 29 de febrero de 2020

Sanders una piedra en el zapato parta la AIPAC



 Por Rolando Prudencio Briancon: 
La AIPAC es el Comité de Asuntos Público de EE.UU., e Israel que se encarga de establecer la agenda de mutuo interés entre ambas naciones pero que encubiertamente lo que busca es promover una genocida geopolítica en el Medio Oriente, sobre todo contra los palestinos, a partir del establecimiento del estado israelí en 1948. Quien no quiera no entenderlo así que no lo haga, pero de cada día más se escuchan voces contra la política de exterminio y genocidio de estos siniestros socios, en los mismos EE.UU., no deja de ser menos cierto.


Claro que la posición de ambos estados en la que predominan primó por mucho tiempo el de los intereses de la élite gobernante, o sea el de la política del Establishment de los poderosos, se silenció la voz de los ciudadanos estadounidenses, y que, aunque no sucede lo mismo con los israelitas; en los EE.UU., de un tiempo a esta parte han comenzado a levantarse las voces contra las políticas de intolerancia y racismo, que en Bernie Sanders han encontrado a un inflexible interlocutor.     

Es en ese sentido que en un inicio Sanders comenzó como un llanero solitario clamando en el desierto contra la barbarie sionista, y que está convalidada por su país, a quienes denunció de “patrocinar la intolerancia hacia Palestina. Así mismo ha condenado y ha instado a poner fin a la ocupación sionista. Es más, en abril del año pasado Sanders llamó racista a Netanyahu.

Así mismo ha denunciado el odio contra dos de sus correligionarios en los EE.UU., Rashida Tlaib e Iihan Omar, quienes promovieron en el congreso estadounidense una ley contra el encarcelamiento de niños palestino por parte de las fuerzas de ocupación israelitas.

Pero además Sanders ha manifestado, y que ya tiene una connotación más preocupante para los intereses comerciales, tanto de EE.UU., como Israel pues repercutirán en sus economías; su abierto apoyo al Movimiento B.D.S., (Boicot, Desinversión y Sanciones), contra el estado israelí.

Sanders ha dejado de ser aquel llanero solitario, y es hoy un serio candidato para enfrentar a Trump, quien siguiendo la lógica del lobby sionista ha sido quien ha reconocido a Jerusalén como capital de Israel, que no es más que una profana provocación con lo que no sólo quedó zanjado hace más de medio siglo atrás por la ONU, sino con lo que religiosa y simbólicamente significa Jerusalén para los palestinos.

La verdad es que no sé cuánto exactamente interpelará Sanders al electorado sobre lo que es la problemática palestina, o la Causa Palestina, pero que no deja de ser, y que seguirá siendo en adelante algo que motiva y despierta mucho interés por lo que implícitamente injusto implica la barbarie sionista, no deja de serlo.

Pero además que al ser las élites estadounidenses e israelitas las que manejan la AIPAC, ya no serán las que como hasta antes ignoren al pueblo estadounidense para decidir lo que se les antoje, pues han encontrado en Sanders un líder convertido en una piedra en su zapato.
Claro que no está demás que Sanders se cuide, pues nada raro que ya esté en la mira de los intolerantes sionistas israelitas y los supremacistas de Trump que por sus osadías lo quieran matar.
prudenprusiano@gmail.com

miércoles, 24 de abril de 2019

Fabricación de medios de producción como instrumento de poder en la geopolítica.

Por: Carlos Ellis:


Una clave para Venezuela.
Partiendo  de que la geopolítica en el ámbito internacional es una ciencia que  pretende señalar a los Estados las directrices en las relaciones política y la estrategia;  fundamenta su estudio en lo geográfico, histórico, económico y social; determinando que,  fabricar  medios de producción es el factor que condiciona la relación entre los actores del Sistema Internacional; lo contrario, ha permitido siglos de ejercicio de poder,  dependencia, subordinación y despojo de los recursos y la soberanía: En este sentido la razón de Estado impone que estamos obligados a comprender con racionalidad que los enfrentamientos políticos que se escudan en ideologías de izquierda o de derecha, son reaccionarios en la medida que se fundan en una irracionalidad que los lleva a esconder que  la causa que los une debe ser la misma: Alcanzar  un desarrollo poderoso que genere un estado de bienestar para todos y cada uno de los venezolanos, y nos permita navegar con fortaleza en la actividad geopolítica, desde lo endógeno, que por naturaleza va a trascender al ámbito internacional.


Nos enfrentamos a un imperio, en consecuencia, la ideología capitalista de los Estados Unidos va acompañada de una poderosa industria de fabricación de medios de producción o de bienes de capital que se impone en el mundo a costa de lo que sea; la ideología Rusa y de China va acompañada de toda una poderosa industria de fabricación de medios de producción que también busca imponerse,  también es el caso de Suecia,  Holanda, Italia, Nueva Zelanda, Turquía, Irán,  entre otras.

Nos debemos preguntar. ¿Por qué?  Unas naciones que estando en condiciones de inferioridad,  por debajo de Venezuela en la década de los 50 como  China, Japón, Noruega,  Suecia y Alemania entre muchas más, hoy son naciones desarrolladas, con tecnología de punta.

Simplemente es aceptar y dar el paso a esa dimensión. Nación que no fábrica medios de producción,  no tiene revolución de conocimiento, ni Independencia; desaparecen sus pueblos en manos de la esclavitud y surge una consistente perturbación, consistente importación, consistente improductividad, consistente inmovilidad interestatal, consistente dependencia de otros actores, consistente bajo nivel de ingresos y consistente híper inflación: Colores políticos del imperialismo, venga de donde venga. La nación que fabrique el mínimo de sustitución de sus necesidades, que se libere de las necesidades, de la esclavitud de las importaciones de productos terminados, donde intervenga un intercambio justo, será una nación independiente, que va a contribuir a liberar a otras naciones. Una verdadera revolución, una revolución de conocimientos, una revolución para el bienestar de su humanidad.

Desde lo domestico se ejerce poder en los espacios internacionales y eso es  política, acciones políticas que deben generar gestión, para acciones económicas que  generen renta, riquezas y verdadera soberanía. Desde lo más primitivo: Fabricar machetes, picos, palas, escardillas, rastrillos, martillos, hachas, tornillos y tuercas, hasta fabricar un tractor, materia prima, mano de obra e ingeniería nacional, una sinergia entre las instituciones del Estado y nuestros centros de formación y universidades para cubrir nuestra demanda.

Cuando entreguemos un tractor a nuestra hermana República de Colombia, ejercemos un mecanismo para la integración, esto es geopolítica; cuando le entreguemos mil tractores, seremos para Colombia,  una fuerte alianzas estratégicas, donde la agricultura  dependerá de Venezuela. Esto es inversamente proporcional a lo que padecemos. Estamos obligados a dar el paso en la sustitución de nuestra economía de puerto y de ensamblaje, destruye el pensamiento creativo para transformar nuestros recursos e insumos que poseemos; en consecuencia se oscurecen las ideas, y como dijo el gigante “se estaría apagando la luz del amanecer”.

MSc. Carlos Ellis.   Analista Internacional
Carlosellis1@gmail.com  

sábado, 2 de marzo de 2019

La constitución del imperio desaloja el estado Nación

Por Enrique Contreras Ramírez


En el mundo globalizado, el estado profundo aplasta toda autoridad, autonomía, independencia y constituciones de los estados Nación- Esto implica perder la soberanía y por lo tanto la autonomía política

Descifrar la realidad que actualmente se tiene en estos contextos socio-económicos y políticos de un mundo globalizado, no es nada fácil. Tenemos dramáticas situaciones, muy difíciles de interpretar en el marco de la geopolítica internacional, por la complejidad y multiplicidad de variables que presenta y que las hacen muy confusas, pues las mismas requieren de un conocimiento en el más amplio sentido, para poderlas descodificar ya que se esconden en el quehacer diario de nuestras gentes.


Una de esas variables de esa complejidad de la que escribo se le debe a los llamados medios de comunicación, cuyas empresas y sus respectivos laboratorios, imponen sus matrices neurolingüísticas, traducidas en ideologías para la dominación y evitar que los pueblos capturen una realidad que nos está conduciendo hacia un abismo donde sólo encontraremos miseria y pobreza.

Quien iba a pensar, hace algunos años, cuando Lenin escribió en 1916 “El Imperialismo fase superior del capitalismo”, que su tesis –por cierto muy bien argumentada para ese entonces- iba a ser superada por el propio desarrollo de la economía del capital, por el paradigma globalizador, donde se une el capital financiero y el capital industrial para darle cabida a formas más perversas de acumular dinero, representado en los grandes conglomerados que son los que en la actualidad dominan el mundo y que dan paso a una de las atrocidades inventadas por quienes manejan el capital, abriéndole camino al IMPERIO DEL CAPITAL y donde desaparecen los llamados imperialismos.

No hay nación en el mundo, independientemente de sus formas de gobierno, sus ideologías, sus estructuras económico-sociales donde el mundo globalizado no intervenga y lo proclamen como una alternativa para el “desarrollo”, tesis avalada por los gobiernos existentes, convertidos hoy día en celestinos de los dueños de ese capital.

EL ESTADO MUNDO
Entre el año 1910 y 1920 el filósofo austriaco en materia jurídica y política  Hans Kelsen uno de esos intelectuales que asesoraban a las Naciones Unidas (en proceso de formación) propuso que todas las Leyes de todas las naciones, es decir las Constituciones de las diversas repúblicas estuviesen regentadas jurídica y políticamente, bajo un sistema jurídico internacional, ya que el llamado Estado Nación –según Kelsen- constituían un obstáculo perturbador e inaccesible al derecho, de allí su propuesta de crear un “estado mundial y universal”. (Al respecto véase el texto de Kelsen “Los problemas de la soberanía”.).

Tal idea, toma cuerpo en la doctrina jurídica del paradigma globalizador, ya que ve en esa propuesta el camino que lo coloca en la cúspide del llamado “derecho internacional” al crear en la dinámica económica y geopolítica el ESTADO-MUNDO. Un Estado Mundo impuesto, los dueños del gran capital lo organizan como una expresión jurídico-política que se encuentra en la práctica por encima de los Estados-nación. El Estado nación queda subordinado en esa nueva estructura jurídica del imperio del capital, donde se aplasta toda autoridad, autonomía, independencia. Esto implica perder la soberanía, su territorialidad y por lo tanto también se disipa la autonomía política, agregando la perdida del concepto de patria, nación y pueblo.

Es aquí, en mi humilde opinión donde se acelera, lo que llama Michel Foucault el biopoder y donde ese Estado Mundo se convierte en un panóptico que viene de una sociedad-mundo disciplinada a la sociedad-mundo de control, donde las comunicaciones se van a encargar de tal situación.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología comunicacional, le permite al paradigma globalizador, tener bajo control la economía y la conducta de los gobiernos, la de los pueblos donde siembran en el cerebro humano sus matrices neurolingüísticas para dejarlos como simple repetidores de los discursos de quienes dominan. Sus tecnologías son utilizadas y dirigidas a la observación y vigilancia de la conducta humana, los medios de comunicación –en sus manos- producen ideología como expresión de la falsa conciencia, donde se aliena y se convierte a los seres humanos en objetos perturbados al extremo y su condición de sujetos históricos se disuelve y desaparece en un paradigma que ve el mundo –incluyendo su gente- como una simple mercancía.

Ese Estado Mundo como expresión del imperio del gran capital, creo la figura jurídica de las empresas mixtas - sobre todo para América Latina- con las llamadas Constituyentes derivadas del poder constituido, para poder explotar con mayor eficiencia y eficacia las economías de los países con recursos energéticos y donde el extractivismo es uno de sus principales propósitos. De esta manera se consolidan y se posesionan los conglomerados donde imponen sus condiciones con el aval retorcido de los gobiernos de turno, llámense capitalistas o socialistas. Es ese estado profundo representado por los grandes conglomerados los que han convertido los estados nación, en estados corporativos, especies de empresas cuya única función es venderles nuestras riquezas y recursos naturales a precios irrisorios, además de dañar nuestro medio ambiente, donde sólo quedan desiertos, desolación y muerte.

De esta manera las Constituciones nacionales quedan relegadas y son letra muerta ante el nuevo orden mundial y sus propias leyes. “… las funciones constitucionales han sido desaparecidas a otro nivel. Una vez que hemos reconocido las declinaciones de los sistemas constitucionales nacionales tradicionales debemos explotar como es constitucionalizado el poder en un nivel supranacional, en otras palabras, cómo comienza a tomar forma la constitución del Imperio”. NEGRI, Toni y Michael Hardt. “Imperio”. Editorial Desde Abajo, Bogota, 2001. pp. 303).

EL IMPERIO DEL GRAN CAPITAL Y SU CONSTITUCIÓN
En el campo de los análisis internacionales, en la moldura de la geopolítica planetaria, se ha reconocido y se reconoce que el paradigma de la globalización es un hecho real, nuestras naciones se encuentran  sumergidas en ese proceso y los capitales norteamericanos, chinos, rusos, ingleses, alemanes, por sólo nombrar algunos, son los que tienen el monopolio de la conducción económica y política del planeta, son los que poseen el poder real, mientras que le dejan el poder formal a los gobiernos títeres de las diferentes naciones.

Muchos de esos capitales se han fusionado para constituir la cúspide que actúa bajo el techo de las Naciones Unidas. Esos capitales organizados en grandes conglomerados no tienen frontera alguna, controlan los organismos internacionales del comercio, industria y finanzas, hacen la guerra donde les conviene hacer la guerra y convocan a la paz donde les conviene hacer la paz, siembran el chauvinismo entre naciones para mantenerlas divididas,  colocan condiciones convertidas en leyes supranacionales para dirigir y dominar el mercado mundial, imponen reglas de juego en los escenarios políticos de cada nación y ordenan leyes cuya única intención es garantizar jurídicamente sus inversiones y obtener la mayor ganancia posible. Es un modelo espeluznante que se ha convertido en la espada de Damocles para nuestros pueblos en su afán de reproducir sus riquezas, no importándoles el futuro de la vida humana, vulnerando las libertades y los derechos de nuestras naciones.

Para tales fines, se han valido de gobiernos y partidos políticos celestinos –y esto hay que tenerlo bien claro- sean de derecha o de la llamada izquierda, los mismos han impulsado las citadas Constituyentes derivadas del poder constituido, han participado en ellas para cambiar las leyes, leyes que se han hecho para complacer la sed de poder de los dueños del gran capital y donde en la actualidad América Latina es el gran ejemplo de lo que estamos señalando. Todo parece indicar que  no existe en estos tiempos fuerza humana que se pueda enfrentar al avasallante designio del poder global y su Constitución Imperial.

Desde luego, que para mantener y consolidar el Estado Mundo y su Constitución Imperial  han creado ese cuerpo de leyes omnímodas, verticales y absolutas, que dan "sobrado alegato" y por si fuera poco, "legalidad jurídica" para hacer sentir el poder  del Estado Mundo y de sus fuerzas represivas a todo aquella nación que se atreva a criticar y discutir e incluso poder violentarle su soberanía. Soberanía que al ser violentada y pisoteada, intentan exaltar, para hacerla florecer como conquistas de la lucha por la libertad, la democracia y la civilización. Semejante "perfeccionamiento", se revela más recientemente en la política militarista de guerra de alta intensidad, llevada a cabo por los Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña en el Medio Oriente, cuya intención es posesionarse y no hay otra, de las riquezas petroleras y gasíferas que allí se encuentran. Cualquier intento que se haga para objetar semejante aberración y miserables humana, por parte de los pueblos o movimientos emancipatorios, para tomar un camino propio con autonomía, diversidad y pluralidad, es visto como una transgresión a esas "leyes", calificándose de inmediato de actos terroristas y de esta manera justificar la represión y el crimen, que a nombre del progreso se ejecuta sin consideración humana alguna.

Michel Chossudovsky (2002), al respecto escribe lo siguiente: "En Estados Unidos la "Ley Patriótica" condena la protesta pacífica en contra de la globalización. Manifestarse contra el FMI o la OMC, por ejemplo, podría considerarse "un delito de terrorismo interno". La ley comprende cualquier actividad, lo que podría llevar a "influir en la política de un gobierno por la intimidación o la coerción"; esto es "una manifestación que bloquea una calle impidiendo el tránsito se considera terrorismo interno. En términos generales, la nueva legislación representa una de las más avasallantes afrentas en contra de la libertad que se haya visto en los últimos cincuenta años. Es poco probable que nos proporcione una mayor seguridad, pero sin duda nos hará menos libres". (CHOSSUDOVSKY, Michel. “Guerra y Globalización”. Editorial Siglo XXI. México. pp. 13.

Estas leyes, que  tienen carácter "supraconstitucional" impuesto y dicho sea de paso, muchas de ellas fueron vaciadas en las reformas que le han hecho al Código Procesal Penal venezolano, también tienen el propósito de eliminar toda discusión política que pueda develar el marcado interés de recolonizar a los pueblos, donde ellos tengan como objetivo militar tomar y poseer espacio territorial estratégico, petróleo, gas, carbón, coltan, thorium, agua o biodiversidad, es el propósito fundamental de la llamada Ley Patriota, creada por la administración de Bush, como una de la leyes más reaccionarias y fascistas inventadas por el gobierno norteamericano impulsada por el capital privado en toda su historia.

 El imperio del capital, como expresión del paradigma globalizador ha creado doctrina a todos los niveles para consolidar sus objetivos, propósitos y fines, donde los dueños de ese capital enfermos en su moral y valores desfiguran el concepto de justicia de la manera más malévola y destruyen las economías domésticas de los países para imponer sus malignos intereses.

Hoy día podemos afirmar que los 7.550 millones de habitantes que aproximadamente  poblamos el planeta, vivimos éste martirio del  holocausto globalizador  para  materializar  la  sed de poder del gran capital, pareciera que se estuviera reeditando las experiencias vividas y narradas en los escenarios nazis –claro está, en otros tiempos pero en el mismo espacio-  donde el escritor Ingo Müller en su libro “Los Juristas del Horror”, traducido al castellano por el abogado venezolano y profesor universitario Carlos Armando Figueredo, nos describe y narra.

De esa doctrina, de la que hemos hecho referencia, la que más han utilizado para controlar el descontento de los pueblos es la doctrina del miedo, miedo que trae y afirma el orden social, es un mecanismo primario para evitar el desbordamiento conflictivo de la formación de una estructura socio-económica que pisotea constantemente la historia de nuestros pueblos junto a la dignidad humana, donde se  utiliza la manipulación mediática para evitar cualquier tipo de resistencia para mostrarse como una especie de maquina implacable de poder demoledor de cualquier proceso insurreccional que intente desalojarlos de sus respectivas naciones.

LA RESISTENCIA Y LA LUCHA CONTRA LA GLOBALIZACIÓN
Los que no aceptamos tal dominación que se da tanto en los países capitalistas como los llamados socialistas, podemos desalojar el presente modelo tan inhumano en el teatro de la unidad latinoamericana retomando el planteamiento de Bolívar, que para muchos hoy día rendidos y resignados y acobardados pareciera una utopía y se resignan a vivir en esclavitud.

Utopía vs globalización, pasa obligatoriamente por un proceso de lucha revolucionaria, de construcción, de debates y discusiones permanentes, que han de llevar a la emancipación de nuestros pueblos, para dar origen a un nuevo modelo civilizatorio propio. Modelo civilizatorio que no puede estar sentado en las viejas civilizaciones conocidas hasta ahora que hasta el momento la humanidad ha vivido, en el espacio histórico concretó de la dominación, en ese continuo histórico, incluyendo aquí, los mal llamados socialismos. Socialismos que naufragaron producto de que tales revoluciones fueron y son anexos de los intereses del capital, atrapadas y amarradas de quienes pretenden seguirse repartiendo el mundo, donde destacan con mayor voracidad rusos, chinos, ingleses y norteamericanos, en nombre de un socialismo y un capitalismo que humilla la dignidad de los pueblos y que hoy ya no tiene argumentos y razones para seguir existiendo.

Las experiencias del mal llamado socialismo, mostraron en la práctica  los mismos mecanismos del capitalismo, la acumulación originaria de capital, se obtenía de la misma forma, extrayendo incluso plusvalía del trabajo asalariado y reservando la propiedad privada de los medios de producción, a una burocracia estatal colectivista que se reparte el botín con el capital privado.

Esos socialismos, convirtieron el capitalismo en una especie de hibrido, que en Venezuela se sintetiza y concreta en las llamadas empresas mixtas, donde el capital privado y el capital del Estado se dan la mano y donde la población no palpa, ni siente, ni recibe el beneficio, pero si lo ve una clase gobernante, que se burocratizó y corrompió hasta los tuétanos en el ejercicio del poder.
Nos llegó la hora, de sacudirnos el eurocentrismo que durante muchos años ha prevalecido entre nosotros y de crear nuestros propios modelos de unidad, capaces de buscar los caminos que nos conduzcan a encontrarnos con nosotros mismos.

Concientizar, estudiar, investigar, crear un corpus teórico propio donde nuestra identidad este siempre presente, crear nuestra propia ciencia y tecnología, impulsar una revolución agraria integral ecológica y en armonía con la naturaleza, para la producción de alimentos. Reencontrarnos con nuestra identidad cultural, generar nuestras propias políticas comunicacionales, inculcar en nuestra gente valores como la solidaridad entre los pueblos y los seres humanos, el bien colectivo, el respeto a la dignidad de hombres y mujeres, a recuperar nuestra espiritualidad y religiosidad hoy aplastada y clandestina, por la influencia anglo- americana, el bien común, a la justicia social, cambiar el modo de producir, el concepto de trabajo, en otras palabras, abrir un espacio para la confidencialidad, con mucha poesía, mucho humanismo, mucha comunión  para poder encontrar los caminos, los nuevos espacios convivenciales entre los hombres y mujeres. Todo esto es parte de la estrategia emancipadora y de esta guerra a muerte que debemos librar los latinoamericanos, para poder tener el derecho moral, social, político a pensarnos como una gran patria, nación y pueblo.

No se trata de hablar de unidad para producir en aras de satisfacer nuestras necesidades solamente, es unificar en los planos jurídicos-políticos, culturales, ecológicos, económico-social, nuestros pueblos, no olvidando nunca que la emancipación de nuestro continente, pasa por emancipar nuestra propia conciencia y quien se une prevalece. He ahí, la utopía que intentaron materializar nuestros próceres con la guerra de la independencia y que ahora es la gran tarea de nuestras naciones dejada por Bolívar, de lo contrario a mediano y largo plazo se perecerá, ante las políticas salvajes y genocidas de la globalización.

Hay distractores, muchos distractores para desviar la atención sobre nuestro enemigo principal representado en el paradigma globalizador, el caso venezolano es un ejemplo claro de esta situación, mientras tienen un pueblo dividido, unos a favor de los rusos y otros a favor de los norteamericanos, los mismos siguen saqueando la república y el Arco Minero es realmente el objetivo de esos conglomerados y al pueblo lo tienen entretenido en un teatro siniestro, donde lo único que se pide es que se vaya Maduro y que se quede Guaidó, ambos títeres del gran capital y de sus respectivos conglomerados, en esta tragicomedia que vive el pueblo venezolano.

unasimpleopinion7@gmail.com

domingo, 3 de febrero de 2019

Golpe en Venezuela o definición del cisma geopolítico global



Por Rafael Bautista S.:
Si el fracaso en Irak y Afganistán marcó el inicio de la declinación hegemónica imperial; la reciente salida del ejército gringo de Siria significa la salida terminante del mundo unipolar de la escena global. Pero ello no produce todavía el fin del Imperio, tampoco el actual des-orden tripolar (China-Rusia-USA) representa la nueva fisonomía mundial; porque lo que manifiesta este des-orden es la zozobra misma que infunde un periodo de transición sin destino definido. La transición misma manifiesta el drama actual sin rótulo a la vista; ésta sólo tendría sentido propositivo si apunta a una total reconfiguración del tablero geopolítico impuesto desde el siglo XVI por las potencias occidentales, y esto significaría, ni más ni menos, el fin del mundo moderno y su geopolítica imperial centro-periferia.


El descuartizamiento que produjeron los tratados Sykes-Picot del Medio Oriente, no fue más que la secuela lógica de lo que ya se hizo con América primero (iniciado con la bula papal Inter Caetera de 1493) y después con África (Congreso de Berlín de 1884); ello objetivaba la consagración del proyecto moderno como despojo sistemático mundial por parte de una Europa occidental constituida en centro geopolítico global (USA, como extensión anglosajona, se planteó lo mismo con la Doctrina Monroe, originada en 1823 pero implementada desde 1870). Esto quiere decir que, el despliegue del sistema-mundo moderno, es imposible sin ese remate de la periferia mundial: centro-periferia no es sólo una geopolítica imperial sino la ontología acabada de la cosmogonía moderna como afirmación de la supuesta superioridad euro-norteamericana.

La lógica que formaliza ese meta-relato, produce una racionalidad que hace de la guerra la “legítima defensa” del derecho del vencedor. Eso encubre el derecho internacional y por eso, su suspensión, en momentos críticos, como el actual, sólo significa aquella admisión de facto. Cuando USA, la OEA y el Grupo de Lima quiebran el orden constitucional de un país, confirman que el derecho es un eufemismo y la democracia, la libertad y el Estado de derecho, son un negocio de los poderes fácticos. La geopolítica centro-periferia es lo deducido de la antropología civilizado-salvaje o, lo que es lo mismo, superior-inferior. Por eso, ser y saberse centro es la determinación concluyente del kratos de la política moderna. Sólo de eso modo se entienden la primera y la segunda guerra como guerras mundiales, porque la disputa básica consistía en quién se constituía en centro hegemónico mundial (el argumento de la superioridad aria del nazismo no es una idea advenediza sino la creencia básica en la superioridad occidental). Es en ese sentido que, aquellas guerras entre potencias, son asunto de sobrevivencia, porque hasta ser potencia no es garantía si no se es, también, centro; es decir, todas tratan de escapar a la fatalidad de constituirse en periferia. La geopolítica centro-periferia no admite otra posibilidad y constituirse en centro no es algo que se pueda compartir.

En ese sentido, una vez que USA se retira de Siria, no hacía falta adivinar dónde iba a relocalizar su poder estratégico, es decir, su reposición geopolítica. Ya no posee poder disuasivo contra Rusia ni contra China (la puesta en operación del misil hipersónico ruso Avangard y la misión china al lado oscuro de la Luna, dejaba a USA en la categoría del atraso civilizatorio); tampoco Irán, India, Corea del Norte o Turquía, se arredran ante el poder bélico gringo. Después de fracasado el plan del “Medio Oriente Ampliado” –o sea, el control de los hidrocarburos de la franja Irán-Irak-Siria– y de haber repuesto, para su desgracia, el área de influencia ruso en el Mediterráneo oriental, el desplazamiento de sus ejércitos sólo podía tener un único destino: la Cuenca del Caribe.

No tardó mucho el Grupo de Lima, a la cabeza de Duque y Bolsonaro, en apoyar la decisión del régimen gringo de reconocer al improvisado presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como “presidente delfín” de Venezuela. Pero este nuevo golpe de Estado (el anterior duró 2 días, del 11 al 13 de febrero del 2002) ya no busca una simple remoción presidencial sino trasladar a Sudamérica el laboratorio que se impuso en Siria, es decir, la doctrina Rumsfeld-Cebrowski o destrucción sistemática de estructuras estatales con repercusión regional.

Por ello se puede hablar de colusión abierta de las oligarquías nacionales con el Imperio para iniciar un proceso de desestabilización creciente o “caos constructivo” regional. Un gobierno paralelo (con aval del Ministerio de Colonias –OEA–) sólo puede conducir a un des-gobierno, y esto, a la guerra civil; pero con ello, todos los gobiernos involucrados atizan su propia desestabilización. Como señala Tierry Meyssan, éste es el esquema que se activó en Siria el 2011: la OEA asume el papel de la “Liga Árabe”, el “Grupo de Lima” hace el papel de los “Amigos de Siria” y Juan Guaidó asume el papel del jefe de la oposición siria Burhan Ghalioun (típico peón que sale de escena una vez que el conflicto estalla). Por razones geopolíticas, al Imperio en decadencia ya no le conviene “mantener” gobiernos leales; los costos de recuperación hegemónica sólo pueden compensarse con la desposesión inmediata de recursos estratégicos. Sumir a la región al caos creciente es el plan del Departamento de Defensa “core and the gap”. El plan que se inicia en Venezuela conduce a desestabilizar de tal forma a la región, que el “desastre humanitario” da pie a una intervención militar que, como en el caso de Irak, Siria o Libia, atiza todos los conflictos existentes para que la combustión produzca una inflación política de consecuencias incalculables.

Todo lo que han venido haciendo USA y el Grupo de Lima ha sido crear la escenografía de la guerra de intervención: Exxon Mobil intentó provocar aquello cuando uno de sus barcos prospectivos provocan la movilización de la armada venezolana al atravesar la zona en litigio entre Guyana y Venezuela y violar soberanía marítima venezolana (la versión adulterada de la transnacional petrolera le bastó al Grupo de Lima para denunciar al gobierno bolivariano como un peligro regional). No olvidemos que la auto-proclamación de Guaidó es precedida por las declaraciones del presidente brasilero Bolsonaro, en el reciente Foro Económico Mundial de Davos: “no queremos una América bolivariana”. Es decir, el golpe estaba siendo digitado mientras se creaba, en la opinión pública mundial, una renovada animadversión a la figura de Maduro y el chavismo.

Lo que viene mediática y cibernéticamente, es exasperar a la opinión pública hasta la conmoción, o sea, la guerra civil; de modo que una intervención militar aparezca como lo más sensato y humano que pueda pasar. Pero esto no es el fin del conflicto sino el preludio del caos. Si en Venezuela se operase una “limpieza ideológica”, en Brasil se mostraría lo que ello significa; no tardarían los demás gobiernos en aducir la influencia chavista para conculcar todo ejercicio democrático (eso es lo que ya claman los sicarios mediáticos, desde Miami hasta Buenos Aires, alimentando el odio en una sociedad atravesada por los prejuicios gringos, como la rusofobia, y la más reciente sinofobia).  
 
La activación de una renovada Doctrina Monroe tiene por objetivo cerrar todo acceso a la influencia rusa y china. Sólo de ese modo, en el des-orden tripolar, USA garantiza su poder estratégico disuasivo tomado de rehén a todo el continente. Esto no significa reponer la guerra fría sino partir literalmente al mundo en dos, donde la estabilidad sea la nueva mercancía cuyo único proveedor sea el Imperio en su etapa post-imperial.

La jugada estratégica que hace el presidente Maduro es su acercamiento a Rusia, China, Irán y Turquía. Como en el caso de Vietnam, la supervivencia de un país chico, consiste en hacer que su independencia sea del interés geopolítico de las potencias emergentes. De ese modo, la cortina diplomática golpista no prospera; por ello la precocidad del régimen de Washington y del Grupo de Lima, manifiestan una ligereza que ya no sorprende. El mundo ya no es unipolar y, si la OEA no puede emitir una declaración conjunta contra Venezuela, tampoco puede hacerlo la Unión Europea. El apoyo de Rusia al presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, pone las cosas en su sitio.
Por ello el golpe no puede prosperar de modo inmediato, porque la tensión se dirige a definir el cisma geopolítico global: si USA no cuenta con el acceso expedito a los recursos estratégicos de la Cuenca del Caribe (que es también el acceso al Amazonas y a la Cuenca Guaraní), entonces el equilibrio de poderes en el des-orden tripolar frena los afanes expansivos de una más salvaje re-colonización post-imperial. Rusia y China ya saben lo que significa reducirse a ser periferia. Lo que deben aprender es que aspirar a ser centro constituye la trampa imperial.

Esto significa que, en medio del des-orden global, un orden multi-polar sólo puede ser transición a la cero-polaridad. Esto es lo que significaría un nuevo orden mundial post-occidental. Y esto es lo que ha de definirse en Sudamérica; pues si algo ambiciona USA para reponer su hegemonía global, a la fuerza, es la reserva petrolífera más grande del planeta, o sea, la franja del Orinoco.

Los gobiernos europeos se hallan lejos de aprovechar esta coyuntura para distanciarse de la influencia gringa, no sólo por sus problemas internos que ya no tienen repercusión global, sino que la consumación del cisma geopolítico a definirse en Sudamérica, hace que su importancia quede relativizada (su acercamiento a Rusia y China no puede comprometer su adscripción al liderazgo gringo, pues lo que se halla en juego es el futuro mismo de Europa).

Lo que le queda al Imperio, en connivencia con los poderes fácticos, es lo que apuesta su más reciente doctrina “core and the gap”, esto significa, constituirse en único administrador del mundo integrado y del mundo del caos. El Imperio no deja de jugar a ser Dios; porque se pone como administrador de la vida y de la muerte; porque ahora pretende dividir el mundo en el orden que lo garantizarían sus ejércitos, y el caos, que también lo garantizarían sus ejércitos. Por eso el interés en derrocar a Maduro, porque sus ejércitos (militares, cibernéticos y mediáticos) requieren de base energética y eso es lo que la franja del Orinoco posee. No hay proyecto imperial sin geopolítica y no hay geopolítica sin base energética estratégica. El Imperio se juega todo, porque en su reposición hegemónica no apuesta a algo sino a todo. Sólo se es Imperio de ese modo.

Pero las hegemonías concentradas ya son insostenibles en este nuevo siglo, donde la migración global ha reconfigurado hasta los mapas demográficos. Sólo un nuevo orden global sin hegemonía única podría posibilitar una transición civilizatoria global más racional. Ninguna economía puede sobrevivir en el patrón diseñado por la globalización neoliberal y eso ya lo saben europeos y gringos que no forman parte del 1% rico del mundo.

La actual desglobalización reconfigura la geopolítica imperial y desacopla al centro de sus periferias. Por eso la contradicción actual entre globalistas y nacionalistas describe de mejor modo la posible transición hacia un nuevo orden global; eso reconfigura también la dicotomía izquierda-derecha, situando a la política en la necesaria tematización de proyectos nacionales post-occidentales.

Como señala el presidente Maduro, descubriendo la falacia liberal de la democracia moderna: “la patria es el otro”. Lo que fue Cuba en el siglo XX, ahora lo es Venezuela en los albores del siglo XXI. Allí se está proponiendo una descolonización del Estado moderno-liberal, donde “el otro, el indio y el negro, éramos mas bien el mono antes que humano”. Por eso es tan dramática esta transición, porque lo que está en cuestión es el concepto mismo de lo humano; por eso también la reacción insensata de la misma sociedad ante el indio y el negro, ante el pobre y el excluido, es decir, el desprecio aristocrático al pueblo hecho proyecto histórico-político. La violencia de la oposición más radical en Venezuela (que apunta a replicar un nuevo Bolsonaro, o sea, otro cruzado conquistador, con la cruz y la metralla) ocultan esa constante: el rechazo a la igualdad humana. Por eso toda geopolítica es antropología implícita.

En su geopolítica, el Imperio en decadencia se sostiene en su condición de centro. Dejar de ser centro significa el desmoronamiento de su cosmogonía, de aquella creencia básica e irrenunciable que sostiene su poder: su excepcionalismo.

Si el Imperio pierde Venezuela, pierde geoestratégicamente la posibilidad de su reposición geopolítica; por eso la guerra financiera contra la revolución bolivariana pretendió bloquear todo intento de recuperación económica, hasta que Venezuela apostó por el Club de Shanghái, o sea, a hacerse el pivote de un orden post-occidental en Sudamérica.

No le quedaba otra a Venezuela, por eso arriesgó también todo; porque cuando se pretende una revolución que no sea a medias, como fue el sueño del comandante Chávez, no queda otra que su radicalización, y esto se condensa en “la patria es el otro” que proclama el presidente Maduro.

“La patria es el otro”, es el criterio de la transición civilizatoria global; pues todo aquello que ha negado y excluido la modernidad, es lo que ahora se nos presenta como la alternativa y la brújula por donde debiera dirigir la humanidad su apetito utópico en este nuevo siglo. Por ello, defender a la revolución bolivariana es no sólo un imperativo revolucionario sino hasta humano, porque socavar la hegemonía gringa ya no es una cuestión ideológica sino de sobrevivencia planetaria.

En toda reconfiguración geopolítica todo se trata de sobrevivir, en las mejores condiciones, en el nuevo tablero geopolítico; pero ahora se trata de la propia sobrevivencia de la humanidad, esto es, de los 7.000 millones de sobrantes del poder financiero global. En los planes del 1% rico del mundo, se condensa la descripción de la lógica suicida del capital que hacía Marx: sólo sabe producir riqueza, socavando las fuentes mismas de toda riqueza: ser humano y naturaleza. Si el golpe tiene éxito no sólo perderá Venezuela sino toda Sudamérica y, en consecuencia, toda la humanidad, una de las últimas oportunidades de remediar el curso del tren fatídico del desarrollo infinito del centro, a costa de la humanidad y del planeta.

La Paz, Bolivia, 24 de enero del 2019
Rafael Bautista S.
autor de: “El tablero del siglo XXI.
Geopolítica des-colonial de un orden
global post-occidental”, de próxima aparición. 
Dirige “el taller de la descolonización”
rafaelcorso@yahoo.com

martes, 15 de mayo de 2018

Maduro el Protector


Por Ernesto Wong Maestre: 
A pocas horas de realizarse el séptimo proceso electoral en torno a la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela en el marco de las más de veinte elecciones realizadas desde 1998, resulta necesario repasar sucintamente lo que ha provocado en la mayoría de la población venezolana la profunda reflexión sobre: la satisfacción de sus necesidades, los problemas confrontados y las expectativas futuras. Son las tres claves en que se centrará la evaluación individual de cada elector que condiciona su comportamiento electoral. Cualquiera de los tipos de  decisiones posibles estará vinculada a alguna o a las tres motivaciones objeto del análisis y la síntesis de cada quien, y en ellas tendrá alta significación las políticas públicas y la formación ideológica, geopolítica y geoestratégica  llevadas a cabo por el líder de la Revolución Bolivariana, Nicolás Maduro Moros hacia los diferentes segmentos y grupos sociales del país.


 Al mismo tiempo, la decisión expresará el grado mayor o menor en que se encuentra el nivel de conciencia ciudadana o conciencia social, y más que el grado, expresará la calidad o sentido de sociabilidad y de visión de Estado que posee el pueblo, lo cual será a sí mismo un elemento muy significativo para la evaluación de lo que está ocurriendo en las subjetividades encargadas de llevar a cabo todos los procesos venezolanos de transformaciones sociales, en pleno desarrollo y en el contexto del mundo globalizado aún hegemonizado por el ideal capitalista. Todo ello condicionante de las motivaciones, necesidades, problemas y expectativas de las cuales surgirá la decisión de cada ciudadano o ciudadana.
 
En efecto, el elector puede decidir por participar o abstenerse de asistir a votar a su colegio electoral. Ya ahí hay una primera gran decisión que en la gran mayoría de los electores se fue construyendo desde que el Presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, llamó públicamente a la sociedad a realizar elecciones presidenciales y el Consejo Nacional Electoral (CNE) aprobó la fecha de las mismas. En el segmento social restante, hay una porción cada vez más minoritaria, que corresponde al tradicional abstencionista que ni siquiera se ha registrado en el CNE o que aún estando registrado nunca ha asistido a votar, sea por cualquiera de las causas posibles.

Por ello, de lo que aquí se trata es de precisar qué sentido final dará esa gran mayoría decidida a participar en todo el proceso de construcción individual-social de su decisión para elegir su Presidente. No resulta necesario argumentar lo que es tan evidente en la Venezuela Bolivariana: hay una población adulta electoral mayoritaria que desde hace más de diez a quince años ha optado por alguno de los dos caminos o vías de conducir al país: la de rechazar las propuestas del gobierno bolivariano o la de apoyar el proceso de transformaciones sociales iniciado formalmente desde las elecciones presidenciales de 1998 donde la mayoría optó por dar su apoyo al candidato y líder del Movimiento V República, Comandante Hugo Chávez. Para esas dos grandes poblaciones que abarcan más del 65% de la población apta para votar la decisión actual de asistir a las urnas estará influida hacia una u otra dirección por la posición que asuman ante las amenazas proferidas desde la Casa Blanca hacia Venezuela o ante las expectativas que les han creado los candidatos opuestos al líder bolivariano Nicolás Maduro.  Para quienes consideren la Patria primero, el deseo a participar se acrecentará mientras que para las personas: a) comprometidas con su origen de clase pudiente, b) leales a sus patrones o c) interesadas o ilusionadas con llegar a ser de esa clase pudiente, la decisión tomará dos rumbos. Para una mayoría de ella el deseo a participar encaminará su decisión final hacia uno de los candidatos opositores pero para la minoría, quienes su visión está fuertemente influida por las expectativas o ilusiones del modo de vida estadounidense difundido en películas, comics, novelas, webpages o por otra vía, el ideal de Patria soberana e independiente está lejano o ausente total, y en tales casos optarán por aceptar el llamado de Washington y se abstendrán de votar.

Ello no quiere decir que los factores recién mencionados no actúan también sobre las personas que han decidido apoyar a alguno de los candidatos de la oposición, sino que en ellos prima precisamente la idea de que alguno de esos candidatos les haría más rápidamente realidad su ilusión de ascenso individualista a través del mejor relacionamiento con EE.UU y algunas de sus instituciones financieras que históricamente han beneficiado a las exclusivistas minorías pero amparadas en campañas mediáticas para ilusionar a las mayorías.       

Por otro lado, y es donde está la clave de esta elecciones presidenciales hay una población adulta tradicionalmente abstencionista de conciencia o por exclusión, o incluso movida por resortes materiales y que han sido votantes por los candidatos opositores que su decisión a participar –en los últimos cinco años- se ha ido tomando gradualmente y por pequeños o amplios segmentos, unos más comunicados que otros con las propuestas gubernamentales, según estos fueron relacionándose a uno u otro proyecto o procesos de transformaciones sociales impulsados desde el Gobierno, llámese Misión, Gran Misión, proyecto comunitario, cooperativista o incluso proyecto individual de vida no dependiente del poder privado globalizado.

Es a esta población la que más ha motivado incorporarse al padrón electoral, sea joven, joven adulto, de la tercera edad en sus dos grandes segmentos (antes y después de los 75) debido al mayor índice de esperanza de vida actual logrado por las bondades sociales del proceso revolucionario bolivariano. No es entonces nada casual que de casi 19 millones de inscritos en el padrón electoral de 2013 se haya ampliado en 2018 a casi 21 millones pues sin haber concluido el registro se informó por “la directora de la Oficina Nacional del Registro Electoral (RE), Amelia Alter” que hasta el 20 de febrero ya se habían “contabilizados 20.374.829 venezolanos en el país y 107.284 residenciados en el extranjero” (Telesur, 26/2/18).

En la influencia del aumento del padrón electoral en los resultados electorales debido al arribo de cientos de miles de jóvenes y adultos a estas elecciones presidenciales, debe tenerse muy en cuenta, y evaluarse profundamente el impacto sociopolítico que tendrá esa explosión demográfica que viene sucediendo desde el año 2000, unida a la elevada  inmigración colombiana que se ha residenciado en el país y, sobre todo, las transformaciones realizadas en todo el sistema educativo, nunca suficientes pero si necesarias y que han tenido un significado muy positivo en la elevación de la autoestima y el auto reconocimiento de los hoy ciudadanos o ciudadanas de la Nación, dos rasgos de la personalidad que inciden en el trabajo diario para lograr la reproducción de la vida social, en toda la vida política y en las llamadas “capacidades de acción colectiva” para la defensa integral y seguridad de la Nación, sobre todo ante las amenazas externas.

Si esto no fuera cierto la compleja coyuntura sociopolítica de 2017 no hubiera derivado en una Asamblea Nacional Constituyente, ni el momento actual, a pocas horas de las elecciones, sería de paz en todo el país, a pesar de las constantes campañas mediáticas injerencistas lanzadas desde el Comando Sur del Ejército de EEUU, su decena de bases militares en Colombia y desde los propios medios de comunicación privados que hábilmente se articulan y complementan entre todos esos actores externos.

Esa irrupción de la juventud venezolana en todos los ámbitos de la vida nacional con una visión e imaginario propio y las diversas misiones con las cuales se ha identificado, tendrán en estas elecciones un peso decisivo. De ahí que el Presidente Maduro haya puesto tanta atención y depositado en la juventud patriota, que es la inmensa mayoría, tantas esperanzas y le haya motivado y encauzado hacia tantas tareas de proyección social con un sentimiento protector, precisamente del mismo sentido del deseo y aspiración que fue formándose –a través de la educación, la familia protegida por la Revolución y las organizaciones sociales del entorno-  en la juventud de proteger a la Patria, en lo cual está posicionado como líder, “Nico”, como popularmente llama la juventud a Maduro. ¡Vamos Nico! grita la juventud en los actos masivos, junto al tradicional lema “El Pueblo Unido Jamás será Vencido” que tiende a emplear la población bolivariana más adulta en esos momentos de pasión patria.

En todo ese imaginario y praxis política de la nueva ciudadanía o del nuevo republicano que se está formando viene incidiendo significativamente el carácter protector y transformador de la Revolución y en este período de tránsito al socialismo en Venezuela donde el líder es muy significativo, como ha sucedido en la historia de las revoluciones sociales profundas, más no en las abortadas antes de consolidarse, como ha ocurrido en algunos otros países debido a que no han podido ser defendidas con éxito por sus pueblos frente a las clásicas estrategias de desestabilización usadas por la fuerza retardataria y ultraconservadora oligarquía-imperialismo. En nuestro caso, el líder transformador, Chávez primero y ahora Maduro, debieron priorizar la protección del pueblo para poder continuar y profundizar las transformaciones ya que estas dependen de la comprensión y el poder con que pueda actuar la población comprometida con la Patria desde sus diferentes segmentos sociales que integran el Bloque Histórico.

Por ello, el carácter protector del liderazgo revolucionario se expresa en la capacidad de controlar los recursos y riquezas del país para poder redistribuir la renta nacional y poder distribuir más justamente las riquezas, procesos que no siempre son concientizados por la población en general –como bien reconocieron recientemente Dilma Roussef y Rafael Correa-  debido a la dialéctica comunicacional entre las fuerzas en pugna y a los problemas  que generan las estructuras capitalistas, todo lo cual sigue constituyendo la base objetiva-subjetiva sobre la que se desarrolla el ritmo de transformaciones necesarias para consolidar la independencia y construir el socialismo como la única opción hacia la emancipación social.

En ese empeño debe comprenderse el liderazgo de Maduro quien protege a la población con políticas públicas efectivas, más eficaces y más conducentes a desarrollar las capacidades psíquicas de auto reconocimiento y autocontrol que contribuyen tanto a la elevación de la autoestima,  no solo de la juventud y de las mujeres y la familia sino también de las fuerzas sociales dispuestas a defender la Patria de las agresiones imperiales bajo el principio de la unidad cívico-militar. Los elementos meta cognitivos de naturaleza colectivistas en los integrantes del Bloque o Sujeto Histórico han tenido un alto significado para la resistencia popular frente a los procesos afectivos (emocionales, intencionales o pasionales) individualistas estimulados desde las campañas contrarrevolucionarias contra esos integrantes, en donde recae el peso de llevar a cabo las transformaciones o la propia labor de protección ideada y aplicada por el líder.

El carácter protector del liderazgo de Maduro es heredado del legítimo legado emancipador de Hugo Chávez y consecuencia del sentir y aspiraciones del pueblo pero también condicionado (impactado el ritmo y la profundidad) por la estrategia política del gobierno de EE.UU, decidida desde mediados de la pasada década y puesta en ejecución con mayor fuerza “blanda” e “inteligente” por el entonces presidente estadounidense Barack Obama quien aplicó –a diferencia de los dos anteriores-  la estrategia del enfrentamiento tridimensional (violento, financiero y comunicacional) directo contra el pueblo venezolano y su Revolución Bolivariana y lo ha continuado el actual presidente Donald Trump con su peculiar estilo empresarial-hollywoodense-gansteril, aunque en una coyuntura económico, social y política nacional de EE.UU e internacional mucho más crítica como superpotencia y con las mismas ínfulas de gendarme mundial, pero con los alcances muy contrarrestados por el poderío del socialismo chino y el potente nacionalismo ruso e indio que hacen el contrapeso mundial a EEUU.

Maduro hoy está más obligado a proteger y al mismo tiempo a transformar, lo que es la garantía más viable y pertinente para poder proteger masivamente de forma más oportuna y sostenible. He aquí la razón clave para haber usado las tecnologías comunicacionales de punta como es el Carnet de la Patria o el criptoactivo Petro, así como el internet con toda la plataforma digital necesaria con la cual es posible el uso exitoso de ambas herramientas. Todo ello, quien mejor y más rápido lo interpreta, es la juventud patriota, aunque también muchos sectores juveniles otrora apáticos que ya han empezado a involucrarse y por ello a ser más protegidos por los proyectos lanzados por Maduro como líder de un gobierno imbuido por el ideal revolucionario y con mucha presencia de jóvenes en los altos cargos. Con ellos Maduro protege el salario contra las campañas de especulación e inflación inducida por la burguesía, y por tal razón el Presidente está dedicada a proteger también a la empresa pública, la cual no debe descapitalizarse o arruinarse ante la incruenta competencia de precios.

En medio de todo ese macro proceso, Maduro protege el rendimiento de los deportistas, la salud de las embarazadas, el ingreso integral de las familias, los hogares vulnerables y la mejor vida de las personas con alguna discapacidad. Mencionar cómo lo hace, de todos es conocido, sólo falta darle la significación y el sentido más justo en el momento histórico que se vive, deber de cada ciudadano y ciudadana antes de ir a votar. Eso lo hará la mayoría que el 20M va a las urnas, y frente por frente al rostro de su líder dirá ¡Vamos Nico! ¡Vamos contigo al futuro!. 

Sin todos esos recursos físicos debidamente concatenados en un proyecto emancipador y el talento humano desencadenado, la protección de Maduro hubiera transitado por caminos tortuosos y no exitosos como los que lo han animado y motivado a seguir profundizando las transformaciones. Él ha tenido la inteligencia, las virtudes y el valor que requirió el Libertador Simón Bolívar para poder proteger estratégicamente al pueblo y este comprenda mejor los problemas, el por qué del alcance de la satisfacción de sus necesidades y de sus expectativas de manera que éste pueda más conscientemente proteger a la Patria.

He aquí la fórmula de la protección dialéctica que marca el rumbo de la vía venezolana al socialismo liderada por Maduro, el audaz y el protector de la vida de todos y de todas, sin excepción, porque mantener al país en paz y en una perspectiva de desarrollo sostenible, como bien lo han reconocido hasta los industriales y agroindustriales privados, es una aspiración de más del noventa por ciento de la población.

wongmaestre@gmail.com