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martes, 6 de noviembre de 2018

Revolución o Nada


Por Marcel Alejandro Doubront Guerrero:

Con la Victoria de Bolsonaro en Brasil muchos son los comentarios que los eruditos de la política en Latinoamérica,  esbozando desde culpar al mismo pueblo por votar por su opresor hasta culpar a Maduro por la derrota de otros, olvidando que Nicolás viene enfrentando una dura pelea contra el imperio norteamericano y aliados internacionales, soportando un conjunto de medidas coercitivas totalmente antagónicas a los derechos humanos que muchos ante el miedo de vivirlas prefirieron traicionar un movimiento continental de liberación de la Patria Grande, algo que sintoniza con lo planteado por Hugo Zemelman  “hay muchas formas de reaccionar ante un trauma tan profundo (…) se puede escribir música o poesía,  se puede pintar o más bien guardar silencio; se puede dejar llevar por la desolación, por el pesimismo corrosivo, de muchos al negar cualquier posibilidad de futuro; generar una teoría de la derrota o tratar de entender algunas otras cosas que están detrás.”

En relación a lo planteado, las revoluciones no vienen de la nada o por obra y gracia de la casualidad, estas tienen un porque y un para que y si en una revolución se pierde el motivo y la visión de ella bien sea por descuido, confianza o desviación, no solo el método debe ser cambiado sino los sujetos que asumen la dirigencia  ya que como refiriera Mariátegui "La revolución socialista encontraría su más encarnizado y peligroso enemigo, -peligroso por su confusionismo, por la demagogia-, en la pequeña burguesía afirmada en el poder, ganado mediante sus voces de orden" en tal sentido, la Derrota del PT en Brasil merecen una reflexión muy interna ya que desde una visión más objetiva nadie cree que en Brasil existan 60 millones de Oligarcas, Blancos, Evangélicos, Fascistas, o cualquiera denominación que se le pretenda dar a los votantes de Bolsonaro, por el contrario si la dirigencia olvida de donde viene, donde esta y a donde debe ir la culpa no es ni del pueblo ni de Maduro.

Ahora bien, en consonancia con lo expuesto, bien claro lo refirió el Comandante Chávez “En América Latina nos quieren imponer el modelo de democracia diseñado por los Estados Unidos, y al que no acepte entrar por ese carril, lo acusan de populista radical, terrorista y dictador.” tan firme como la claridad del Comandante Fidel en 1959 al referir "No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil"  y si eso no es entendido sino que por el contrario muchos por miedo, incapacidad o inmoralidad, no  son cónsonos con lo dicho por Sandino “Nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte; y si morimos, nuestra causa seguirá viviendo. Otros nos seguirán.” o por lo dicho por el Che “las revoluciones no se llevan en los labios para vivir de ellas sino en el corazón para morir por ella.” no podrán entender ni explicar porque la derecha toma tanto espacio en Venezuela y el mundo.

Todo esto nos lleva a la necesidad de un plan revolucionario a la altura de la necesidad y del momento historico, observamos muchos eventos, marchas, foros, congresos, ¿pero a quien se pretende engañar? no hay trabajo ideológico, la formación política para la construcción de una nueva sociedad no se da desde una tarima y los avances no se demuestran con consignas, ejemplos muchos, que muestran un serio desconociendo de la guerra que hoy se vive contra el imperialismo, es ese orden de ideas Zemelman bien lo refiere “si no estamos construyendo un pensamiento teórico porque no estamos comprendiendo los fenómenos de nuestras realidades, con toda su carga histórica y la propia historicidad del fenómeno ¿Cómo podemos formar a la gente joven?,  ¿Cómo se puede  formar  a alguien, en el sentido de enseñarle a pensar?”

Necesitamos construir un método  Inter, Multi y transdisciplinario, donde podamos sembrar una verdadera Revolución Bolivariana, en lo educativo con pensum de estudios que enseñen a  conocer, querer, amar, y defender la patria, hay universidades que llevan el nombre de Simón Rodríguez, Andrés Bello, Francisco de Miranda, Simón Bolívar y no hay materias que hable de su vida, obra y legado ¿Cómo se puede hablar de una revolución Bolivariana si no conocemos nuestra raíz histórica? ¿Cómo podemos pretender construir desde el presente el futuro necesario si no conocemos nuestro emancipador pasado? ¿Cómo se puede hacer una trasformación universitaria en el siglo XXI si la ley de universidades es del siglo XX?

En lo comunicacional las emisoras radiales del sistema de medios del estados tienen en un segundo plano nuestra cultura cuando el sistema de medios públicos debe ser como bien planteara nuestro Libertador y corroborado 200 años después por nuestro Comandante Chávez como una “artillería del Pensamiento” la difusión en los cine club, teatros comunales,  de la vida obra y legado de nuestros libertadores, la incorporación en las Canaima de nuestros niños de juegos de videos donde los héroes no sean personajes de los imperios sino que sea un Bolívar, Sucre, San Martin, Guaicaipuro, Juana Ramírez.

En lo político la organización popular en todos los espacios de lucha como un deber revolucionario, la conformación de las escuelas de cuadros en las fábricas, universidades, institutos públicos, que permitan no solo crear los nuevos liderazgos sino la metodología necesaria para fortalecer nuestro sistema de liberación nacional o como claramente lo expuso el comandante Chávez “No es lo mismo  hablar de revolución democrática que de democracia revolucionaria. El primer concepto tiene un freno conservador; el segundo es liberador”

Posiblemente estos planteamientos están plagados de una gran utopía pero como dijera Marcos “La libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla.”

marceldoubront@gmail.com

martes, 24 de julio de 2018

Trump en los tiempos de la anti política del último imperio


Por Rolando Prudencio Briancon:

Lo de último imperio no es porque sea una apocalíptica profecía de los evangélicos, sino porque simplemente es el imperio que hoy aún está vigente. Vale decir que históricamente es el imperio de nuestros tiempos.
Esa es la razón por la que la discusión por ahora no es si el imperio está en caída libre o si sigue vigoroso y vigente; sino es porque como todo imperio que se resiste a perder su hegemonía, ha optado por la política de la antipolítica -si se pudiese contradictoriamente tipificarse así las actitudes de su presidente- en su forma de gobernar.


Y es que siendo la política la continuación de la guerra por otros medios, a decir de Clauszewitz, por toda la forma en la que arrogante y agresivamente ha hecho alarde Trump en su amenazante accionar como gobernante/emperador, es se puede llegar a la conclusión que está yendo en contra esa máxima de que la política es la continuación de la guerra, pero por otros medios; y más aún si parte de su política es la de “volver hacer grande América”, que no es sino retroceder, ir a contracorriente de lo que políticamente la humanidad ha avanzado para que la ley del más fuerte no vuelva a imperar intolerantemente.

Pruebas de que esta “nueva” forma de comprender la política, como un retorno a lo que fue antes de ser la política en sí misma -vale decir la continuación de la guerra, pero por otros medios- es cuando son los actos del gobierno de Trump los que dan testimonio de va en contra de la manera moderna de hacer política, que no sea regresando a vieja forma de la violencia de las guerras.

No en vano es que Trump ha mantenido una beligerancia verbal contra todo aquel que vaya en contra de las políticas imperiales -estás conmigo o estas en contra mía, a decir de su antecesor, el genocida George Bush- como han sido los casos, ya sea contra Corea del Norte, Siria, Venezuela -de la cual sugirió intervenirla- o la misma Rusia, y hasta la China contra quien ha desatado un guerra comercial.

Ciertamente que todas estas acciones de la administración Trump -como dice un viejo refrán- no ha hecho que la sangre llegue al río, pero sí son el anuncio de los vientos de guerra, el cual no es sino la vuelta de los tiempos de antipolítica, en un imperio que ya perdió hace mucho su hegemonía, y que está desquiciadamente dispuesto hacer lo que sea por conservarla. 

prudenprusiano@gmail.com