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viernes, 9 de noviembre de 2018

El yerno de Ledezma, Luis Vuteff García, que cayó preso en el marco de la Operación “Carabela”…


Por Richard Canán:
El yerno de Ledezma
Es asombroso el freno de mano que acaban de meter los medios de comunicación venezolanos subordinados a la rancia derecha criolla. Callan sin ningún tipo de rubor, luego de semanas explayándose en difundir noticias de cómo un enorme contingente de sufridos “exiliados” venezolanos habían tomado por asalto todas las agencias de bienes raíces de la capital española, en un bacanal inmobiliario para adueñarse de las mejores urbanizaciones de Madrid. Sin lugar a dudas con mucho dinero mal habido.
Pero la línea editorial ha cambiado. Ahora solo hay silencio. Un mutis sepulcral. Y es que en medio de la investigación adelantada por la “Brigada Central de Investigación de Blanqueo de Capitales de la Policía Nacional española” salió a relucir el nombre de un imberbe de nacionalidad argentina llamado Luis Vuteff García.



Este es un personaje secundario en una enorme trama policial-mafiosa, pero ostenta el nada honorable título de yerno del proto prócer de la derecha venezolana, el “presidenciable” (según orden de operaciones del Departamento de Estado), Antonio Ledezma.

El desventurado familiar de Ledezma cayó preso en el marco de la Operación “Carabela”, ya que era el principal administrador de la empresa “gestora de capitales ColumbusOne”, con la cual realizaban operaciones de “blanqueo de capitales”, mediante la adquisición de infinidad de inmuebles y hoteles. En la punta del iceberg apenas aparecen “130 inmuebles en Madrid y Marbella, valorados en más de 72 millones de euros”. El pillaje y la ratería parecen tener aún mayores proporciones.

En medio de este latrocinio y para asegurar la captación (y lavado) de recursos para mantener el estilo de vida de su “casi” menesteroso y humilde suegro (pero que vive en España a todo lujo y viaja alegremente por todo el planeta), Vuteff García registró en Madrid una modesta fundación de nombre “Crecer Sin Fronteras”, supuestamente para ayudar de manera desinteresada y altruista a los migrantes llegados al reino español. Que descaro.

Este señor aparece sin pena alguna, haciendo lobby por su suegro, ante presidentes, reyes, príncipes y demás personajes de la logia conservadora mundial. Mientras hacía en paralelo sus fraudulentos negocios al margen de la ley.

Ledezma por supuesto puso cara de circunstancias. Ha caído víctima de un ataque de nervios, por ser sometido y expuesto nuevamente al escarnio público. Por ahora ha bajado su perfil esperando que pase el aguacero. Ha hecho silencio, un vergonzoso silencio. Propio de los cómplices que están obligados a defender a sus secuaces.

Cómo explica Ledezma que, bajo su techo, su avispado yerno lavara millones de dólares en ostentosas operaciones inmobiliarias. Puro descaro. Pero Ledezma es un zorro viejo de la política, viene del mismo partido de tracaleros y rateros que Ramos Allup (que también tiene tiempo callado, cabizbajo). Así que, haciéndose el musiú, soltó por sus redes sociales un escuetísimo comunicado expresando su asombro y consternación: “Está en curso una investigación. No voy a hacer señalamientos anticipados. Dios se encargará de colocar en la cima de nuestro cielo la verdad.

La gente tiene que tener la seguridad que este que está aquí, no tiene ni una mancha ni en el alma ni en la conciencia”. Súbitamente Ledezma se volvió devoto del Señor y como las hermanas de la Orden de los Carmelitas Descalzos, se afana en rezarle todas las noches a San Juan Nepomuceno:

“Abogado del buen nombre y el honor,
Dígnate apartar de mí toda infamia y mentira,
Toda habladuría, mala lengua, difamación,
Falso testimonio, calumnia y humillación,
Toda intriga, deshonra, mala fama y confusión pública
Que por cualquiera parte me amenace,
Y concédeme que disfrutando yo
De los honores y bienes de la tierra, no pierda los eternos
Que para sus escogidos tiene el Señor
Preparados en el Cielo”.

Amén.

(Nota: El pecador Ledezma debe rezar en cuclillas la Salve y el Padrenuestro. Además de darse 100 latigazos de autoflagelación).

Evidentemente que este caso ha generado muchas suspicacias y dudas. Pañuelo en la nariz. Pareciera que, directamente, el negocio en cuestión pudiera ser propiedad de Ledezma, y el yerno solo puso su nombre; o indirectamente, el yerno operaba su propia lavandería, pero compartía con Ledezma parte de sus coimas, a modo de subvención, con el fin de mantener a su “indigente” suegro. Como en una serie policial (digna del Profesor T), parece que el yerno es solo una mampara, el socio visible dentro del velo corporativo delincuencial. Para no especular más, un testaferro con todas las de la ley.

En todo caso, el lavado de millones de dólares ocurría en las narices de Ledezma, ahora devenido en santo, cogido en su buena fe. Un inmoral yo no fui, para desentenderse de los negocios turbios del yerno. Se imaginan a Ledezma de presidente (su eterno sueño malogrado), poniendo a valer a todos sus familiares, amigos y financistas. Algo huele mal en Dinamarca diría Shakespeare.

La peor inmoralidad ocurre en los medios de comunicación venezolanos. Puesto el tapabocas ahora miran para otro lado. Igual hicieron con los Panamá Paper, cuya lista de clientes está llena con los apellidos del mantuanaje más rancio de este país. Es silencio cómplice, lleno de inmoralidad.

rumbos200@gmail.com

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Venezuela en el ojo de la tormenta imperial

Por Diego Olivera Evia: 
Una versión anti patria de las derechas de América latina

Los constantes ataques del presidente Donald Trump y su equipo de gobierno, buscan una salida violenta del gobierno bolivariano, del presidente Nicolás Maduro, el desconocimiento de una nación democrática, con elecciones planificadas para el mes de octubre del 2017, contradice la falacia de una dictadura, como el ataque a la opción por la paz y el diálogo, a través de la Asamblea Nacional Constituyente(ANC), fue satanizada por el mandatario Trump y la ultra derecha venezolana, que igual de una manera oportunista, se incorpora a las elecciones de gobernadores, aceptando al Consejo Nacional Electoral (CNE), al cual acusaron de parcialidad, pero ahora van en manada a las elecciones.


La hipocresía de la denominada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), muestra sus fisuras en los distintos grupos, llamativamente los grupos más violentos de esta alianza, como Voluntad Popular (VP), Primero de Justica (PJ), como Acción Democrática (AD), apostaron a una salida violenta, en más de 18 años de gobierno bolivariano, apostando en el 2017 a un guerra terrorista, contratando a delincuentes y grupos fascistas, para crear una guerra fratricida, contra el pueblo venezolano, quemando y asesinando a posibles chavistas, a personas de color o mestizas, al mejor estilo hitleriano y sus políticas étnica, de crueldad y racismo.

Pero la doble cara de esta derecha, es tan oportunista que habla de democracia, siendo sus líderes apátridas, cuando apoyan en un documento de la MUD, las sanciones de EEUU aplicadas por Trump, esta derecha es capaz de regalar nuevamente el petróleo, como lo hicieron en 50 años de la cuarta república, cuando privatizaban y vendían las empresas estadales. Hoy el imperio del norte busca las riquezas petroleras, los minerales, el agua, para controlar la economía a través de un gobierno leguleyo, apátrida como lo fue AD y el social cristiano COPPEI, de esa manera le quitaron hasta las prestaciones a miles de trabajadores venezolanos.

Ahora quieren gobernaciones, para seguir buscando una nueva confrontación si no logran una mayoría, siempre se han caracterizad por descocer los resultados del CNE, pero cuando ganan como en las elecciones para la Asamblea Nacional (AN), se hincharon de prepotencia apostando a que sus mayoría de diputados, podría sacar al presidente Maduro, en 6 meses, creando violencia en las calles y prometiendo siempre mentiras, como que acabarían con las colas y la crisis económica, pero sería imposible porque ellos son los que apostaron a la guerra económica y el dólar paralelo Today desde Colombia y Miami.

Ahora pasean sus “líderes fascistas”, con dólares gringos haciendo giras para elevar sus mentiras, de esa manera ellos juegan a la hipocresía, de que aceptaran los resultados de las elecciones pero ya Julio Borges presidente de la AN, ahora en desacato por violaciones legales, habla de elecciones y hace campañas para acciones políticas y militares, el mismo ha llamado a una intervención armada, desconociendo que una guerra como las hace EEUU, no respetan grupos políticos y matan a civiles, no importa de qué toldas políticas.

Esta realidad de la oposición venezolana, han caído en la peor farsa, los más de 8 millones de votos para la ANC, demostró la incapacidad de la MUD, de tener mayorías, no pudieron sabotear esta iniciativa, si la acusan de ilegal, nuevamente desconociendo la Constitución Bolivariana, ahora van a las elecciones de octubre, con sus farsas y mentiras, ellos no reconocerán la verdad, solo su mentira.

Una versión anti patria de las derechas de América latina
Pero no solo la derecha venezolana apuesta a la sumisión a los gringos, ahora la derechas neoliberales rinden pleitesía al presidente bipolar y fascista Trump, quien acepta sus acciones antipopulares y sus presidente corruptos, las presidencias de Argentina, Brasil, Colombia, México, mantienen sus presidentes corruptos, como Macri acusado por los medios de EEUU, como corrupto, de la misma manera en la Argentina con varios juicios frenados por la comprada Corte de Justicia, además de acciones violentas contra las manifestaciones, esta es parte de la inmunidad que dan los gringos.

Temer de Brasil el mayor corrupto, ha comprado a los legisladores y a los jueces, para zafarle a la cárcel, no solo ha querido vender el amazonas y busca vender las empresas estadales, para lograr una amplia fortuna, luego de boicotear a la presidenta Dilma, parte de una venta global de Brasil al imperio, como lo mostraron las maniobras con EEUU.

De la misma manera el presidente de Colombia Santos, al que le dieron el nobel de la paz, como al Nobel de la Muerte Barak Obama, muestra un prontuario criminal cuando fue ministro del Asesino acusado por la ONU, Álvaro Uribe ex presidente, millones de desplazados en el mundo y más de 5 millones en Venezuela, muestran la cara de una Oligarquía corrupta, con carteles de droga, con la mayor producción mundial hacia EEUU, con paramilitares al servicio Uribe, esta es la realidad de una burguesía indigna.

Y por último al México de la muerte con miles de asesinatos, desaparecidos, mutilados, robo de órganos de niños, de violencia y asesinato de mujeres, al nación más inmoral, con un presidente del PRI el más corrupto de la historia, Pérez Nieto, un corrupto que fue elegido con un título falso universitario, obligatorio por las normas de la presidencia, pero nadie lo llevo a juicios, ahora un monigote de Trump, que le gustan los corruptos y los títeres al servicio del imperio.

Esta es la realidad de una guerra contra Venezuela y el gobierno de Maduro, estos países piratas y corruptos, son la avanzada de una guerra, la inmoralidad muestra una vez más los mecanismos de las Democracias Representativas, donde el capital y el poder monetario, compra a los legisladores, a la corte Suprema de Justicia a la Fiscalía, para controlar todos los poderes, como lo intento la Asamblea Nacional de Venezuela, como la hacían en los gobiernos adecos.

Esta es una guerra inmoral, antidemocrática y de violencia paramilitar, como la ha aplicado EEUU en el Mundo, es un imperio sin moral, que solo busca ampliar los capitales de las trasnacionales, como aumentar la riqueza en una minoría mundial. Ante esta realidad solo la propuesta social y popular, puede crear la unidad en la diversidad, con nueva propuestas desarrollistas, en el marco de la unidad internacional con Rusia y China, conscientes de sus propuestas comerciales y sus modelos desarrollistas, diferenciados al neoliberalismo, pero de carácter capitalista, en esta nueva coyuntura internacional, el tema socialismo ha sido frenado por  el capitalismo neoliberal.

diegojolivera@gmail.com

viernes, 23 de septiembre de 2016

Yon Goicoechea

Por Alejandro Fierro

Como tantos otros líderes contemporáneos de la derecha venezolana, Yon Goicoechea (Caracas, 1984) afiló sus armas políticas en la Universidad Central, bastión de las élites criollas y semillero del neoconservadurismo que impregna el pensamiento y la acción de partidos de nuevo cuño como Primero Justicia y Voluntad Popular. En 2006, con apenas 22 años, descubrió su capacidad de seducción para aquellos de su misma extracción social y fracción ideológica. En esa época encabezó las protestas de los estudiantes conservadores contra el chavismo, en especial las dirigidas a la reforma constitucional planteada por Hugo Chávez.

La artillería mediática neoliberal -tanto la interna como la externa- lo catapultó al estrellato. El relato periodístico hablaba con un joven que no se alineaba ni con la derecha ni con la izquierda, ni con un partido u otro, sino con Venezuela en su conjunto; una suerte de apóstol de la no violencia al que las circunstancias que atravesaba su país lo colocaban en el centro de la historia. Frente a la ineficacia de los políticos tradicionales de la derecha, con sus continuas pugnas internas, un joven estudiante se veía obligado a ponerse al frente de una sociedad supuestamente oprimida.

En todas las entrevistas, Goicoechea ponía el acento en esta aparente asepsia ideológica y partidista. Sin embargo, tanto en sus actos como en sus palabras no podía evitar dejar entrever su preferencia por un modelo de corte neoliberal. Su discurso rezumaba una aversión sin límites por todo lo público y estatal, hasta el punto de que negaba los avances gubernamentales en reducción de la pobreza reconocidos unánimemente por todos los organismos internacionales competentes. El premio Milton Friedman (el gran gurú neoliberal de la Escuela de Chicago), otorgado por el muy conservador Instituto Cato, un tanque de pensamiento próximo al ala dura del Partido Republicano estadounidense, le colocó en una situación comprometida. “Tuve que decirles que yo no era neoliberal”, se justificó.

El final de sus estudios supuso también el final de su presunta neutralidad. Se trata de algo común a los liderazgos estudiantiles conservadores. A diferencia de la izquierda, los jóvenes cachorros de la derecha rehúyen cualquier identificación durante su época académica. Una vez terminada ésta, evidencian su alineamiento en el caso de que se dediquen a la política activa. Yon Goicoechea, como más recientemente Juan Requesens, no fue una excepción. Sus primeros coqueteos partidistas fueron con Primero Justicia, la formación del excandidato presidencial Henrique Capriles.

Ya con poca presencia pública en el país, en 2013 se marcha a Estados Unidos. Desde allí sigue la estrategia de movilización callejera promovida por Leopoldo López, que dejó un saldo de 43 personas asesinadas y concitaron el repudio del 80% de la población, según todas las encuestas. Goicoechea le declara a López por carta su admiración personal, consumando el paso a su formación, Voluntad Popular.
En junio de este año regresa a Venezuela, ya con su bagaje ideológico completamente conformado. Aboga por una economía totalmente liberalizada, el control del déficit fiscal como objetivo irrenunciable, solicitud de préstamos al Fondo Monetario Internacional y un plan de choque contra la delincuencia donde prime la aplicación inmediata de un castigo por encima de cualquier otra consideración.

Quizás fue esta querencia por medios expeditos la que le llevó a portar en su automóvil detonantes para explosivos, según las fuentes policiales que le detuvieron el pasado 29 de agosto, a pocos días de la denominada “Toma de Caracas” por parte de la derecha. Sus correligionarios mantienen la habitual denuncia de una detención por motivos políticos. Más allá de los derroteros que tome su caso, lo cierto es que Yon Goicoechea se ha posicionado ya en el sector más radical de la derecha venezolana.


alejandrofierroperal1968@gmail.com

sábado, 3 de septiembre de 2016

Caracas no fue tomada


La derecha venezolana sacó a sus seguidores a las calles. Recorrieron diversas vías de Caracas. Sus dirigentes pronunciaron discursos e hicieron declaraciones. Periodistas nacionales e internacionales informaron de la manifestación. A lo sucedido este jueves no le cabe otro calificativo que el de “normalidad democrática”.

Paradójicamente, lo anómalo es hablar de normalidad democrática en lo que respecta a la derecha del país caribeño. A pesar del mensaje del supuesto autoritarismo represor chavista con el que martillea su enorme potencia de fuego mediático, lo cierto es que el venezolano medio contiene la respiración ante cada movimiento opositor. No le faltan precedentes. En abril de 2002, una manifestación derivó en un golpe de Estado. Pocos meses más tarde, el sabotaje por parte de una oligarquía aún a los mandos del entramado petrolero paralizó la vida cotidiana durante semanas  y originó pérdidas por valor de 20.000 millones de dólares. Más recientemente, en 2014, las movilizaciones callejeras tuvieron en jaque a la población durante tres meses. Las algaradas terminaron por concitar una repulsa unánime. Hasta el 80% de los venezolanos, aterrados ante una cuenta de asesinatos que ascendía sin cesar y ya se situaba en 43, rechazaba la estrategia de desestabilización. Las barricadas desaparecieron por consunción ante el alivio generalizado.


También este jueves la mayoría de la gente respiró con tranquilidad tras el final de la marcha. Por mucho que la prensa pusiera el foco en la posibilidad de una represión por parte del chavismo, la realidad es que  las miradas de los y las venezolanas estaban puestas en los dirigentes de la derecha. Nunca han tenido reparos en poner muertos encima de la mesa para lograr sus propósitos. Esta vez tampoco tenía por qué ser una excepción.

Más allá de esta primera consideración, cabe concluir a partir de un análisis más profundo de la convocatoria que los planteamientos de la derecha carecen de una legitimidad de base. En primer lugar, el supuesto motivo de la marcha era la exigencia de un calendario para un referéndum revocatorio contra Maduro. Sin embargo, ya el Consejo Nacional Electoral viene estableciendo el cronograma de los diferentes pasos del revocatorio, algo que los medios de comunicación internacionales silencian sistemáticamente.

Sucede que la derecha quiere acelerar esos plazos, retorciendo la legalidad, para que la consulta tenga lugar este año y no el próximo, como una lectura desapasionada del reglamento sugiere. No es un asunto baladí. Si se celebrara ahora y Maduro fuera revocado, se convocarían elecciones. Si tuviera lugar en 2017 y el resultado también fuera adverso al actual presidente, asumiría el vicepresidente hasta el término del mandato, en 2019, al haberse cumplido cuatro años del periodo presidencial. Tampoco hay que olvidar las previsiones de un aumento de los precios del petróleo, lo que supondría un balón de oxígeno para la economía venezolana, el escenario que más teme la derecha y que daría al traste con su estrategia de “cuanto peor, mejor”.

La segunda falla de legitimación democrática de la derecha es su verdadero objetivo. Su aspiración real no es derrocar a Maduro o enviar al chavismo a la oposición. Eso forma parte del juego político y es perfectamente asumible en términos democráticos. Pero lo que persigue en último término es eliminar al chavismo como movimiento político y social, ignorando la voluntad de millones de personas -no hay que olvidar que el chavismo mantienen una base electoral superior a 5,5 millones de votantes, más del 40% de los participantes en los pasados comicios legislativos-. Se trata de silenciar y finalmente neutralizar a esta masa, ubicada en los estratos más pobres de la población. Es, en definitiva, volver a implantar la concepción neoliberal de la política como la imposición acrítica de un supuesto consenso en lugar de la gestión de conflictos entre posturas antagónicas. Quienes no aceptan el consenso neoliberal son enviados a los márgenes. Queda por ver si podrán hacerlo con esos millones de militantes y simpatizantes chavistas.

En tercer lugar, y estrechamente relacionada con la carencia anterior, se encuentra la construcción de un relato que poco o nada tiene que ver con la realidad pero que su potente artillería mediática instala sin dificultades como sentido común. Es la narrativa de buenos y malos; demócratas frente a antidemócratas; libertad contra dictadura. La verdad no puede ser un obstáculo. El tratamiento informativo de la manifestación es revelador. Prácticamente ningún medio internacional se hizo eco de que en paralelo había una marcha de apoyo al chavismo que, más allá de una guerra de cifras, también fue multitudinaria. Se trata de impostar la voluntad de la mayoría, aunque hechos y datos, tozudos e impertinentes, les desdigan.

Por mucho que rezara el lema de la convocatoria, Caracas no fue tomada. Tampoco Venezuela. Simplemente se realizó una manifestación expresando un punto de vista político. Es, cabe reiterarlo, normalidad democrática. Y en esa normalidad, quien quita y pone gobiernos es la gente con su voto, como viene sucediendo en Venezuela desde 1998.