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sábado, 21 de septiembre de 2019

La guerra impide ver la tragedia nacional



Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

Políticamente lo que otros usan para unir, en Colombia se usa para separar. Cuando hay ideas comunes se buscan fisuras que justifiquen ruptura. La izquierda logra despolarizar diferencias con la derecha, pero no lo logra hacerlo fácilmente con la misma izquierda. Los ríos que unían culturas y pueblos fueron convertidos en barreras para separar territorios y alimentar odios. Las elites como los conquistadores, vigilan que lo que une no tenga garantías, porque peligra su propia existencia. Conocen bien sus ventajas y han tomado atenta nota de las debilidades de las mayorías, que podrían ponerlas en riesgo y cambiarles su destino, por eso las ataca políticamente todo el tiempo. Mantienen ejércitos formados con sus mismas víctimas y hacen creer que política es la que separa, sabiendo que, en su soberbia, politiquería y clientelismo, radica el trípode que sostiene su estabilidad y lealtades.



La tragedia humana nacional, es tratada como una sucesión inconexa de hechos violentos y de degradación por hambre, enfermedad, exclusión, útil para exacerbar pasiones y mantener el ciclo de violencias, imponer límites a derechos y libertades y eliminar límites a su propicia codicia. Se especializaron en imponer la guerra y la hostilidad como principios a seguir. Enseñaron a discriminar a los distintos y a eliminar primero a sus dioses y después a sus líderes sociales y mandos insurgentes para provocar la retirada y minar cualquier resistencia civil o armada ante su autoridad. Convirtieron la guerra en valor absoluto, le dieron un valor especial sobre la vida y la dignidad humana, así lo anuncia la publicidad estatal que ofrece recompensas, altera conciencias y promete falsos cambios, manipulando los conceptos de adversario y enemigo político.

Al adversario lo presentan como enemigo y al enemigo como una especie a la que es inaplazable exterminar. La masacre, el genocidio, la crueldad, tienen impulsores, apologistas y defensores, cuyo encargo es minimizar o ridiculizar la tragedia a la que usualmente señalan como asunto colateral a su codicia, que impide competirles el poder. Las palabras reiteradas del ministro de guerra así lo muestran, siguen un libreto, no son equivocaciones ni errores de cálculo, son parte de una manera de pensar y gobernar. Así piensa y se lo cree cuando afirma que los asesinatos de líderes ni son sistemáticos, ni son políticos.

A las elites, el modo de vivir en un estadio de guerra, les ha dado sus mejores resultados, la economía crece, pero las guanacias son para pocos. Unas veces triunfan como empresarios, otras como políticos, le llaman carrusel, pero es la dinámica mafiosa de un sistema de poder, que no podría permanecer en momentos de paz, en los que estarían inseguros, sin los privilegios originados muchas veces en viejos fraudes que les dieron un status social que por nada están dispuestos perder. En eso basan su derecho a tener para sí lo que arrebataron o negaron a otros, a lo que suman las rentas de la nación y bienes comunes a cargo del estado. Su alta capacidad de maniobra y control del estado, se reduce para ellas en época de paz, de la que desconfían por temor a quedar inestables. Por su incomodidad es que recurren a justificar rápidamente la necesidad de tener activa la guerra.

Para el partido en el poder, la paz pactada es una afrenta a su propia existencia, un intento de su enemigo por prohibir la guerra, que les permite romper todo limite y reivindicar la legalidad de la justa causa. Mantener en ofensiva al estado autoriza al gobierno a crear discrecionalmente escenarios de confrontación, emprender nuevos empréstitos, intervenir instituciones, reordenar presupuestos, comprar medios y costosos equipamientos de guerra, preparar ejércitos y movilizar civiles a favor de su ideología, pero también desorientar imaginarios sociales y generar percepciones de peligro. El estadio de guerra le facilita al poder estigmatizar instituciones y personas, agredir, vigilar, controlar, sancionar, condenar y arremeter contra quien entre en su esfera de sospecha o esquizofrenia.

Estudiantes de universidades públicas que habían logrado aprender a movilizarse con imaginación son otra vez retados para violentar sus acciones. Los opositores y grupos sociales conminados a ir otra vez a la defensiva judicial, mediática o social y las ONG defensoras de derechos, colectivos políticos, intelectuales, indígenas, campesinos, sindicalistas a esperar su turno para ser puestos en la condición de adversarios a negar o de enemigos a eliminar al amparo de confusas razones de estado o de seguridad democrática en la versión original o ajustada. Con el estado de guerra el gobierno obtiene la gracia política y judicial de considerar ilegal toda acción, expresión u opinión estructurada contra su poder. Los limites son eliminados y el oponente individual o colectivo declarado criminal e inhumano, lo que les resulta suficiente para invalidarlo y liquidarlo, en cuanto queda privado de todos sus derechos y con el estigma de enemigo del que todos deben saber que quedarse sin derechos equivale a ser portador de una extraña peste que contagia al que se acerque.

P.D. La guerra le mejora las cifras de poder a pocos, pero destruye la vida de muchos. Un homenaje a la memoria de Alfredo Correa de Andreis, Profesor, Sociólogo, Rector de la U del Magdalena, víctima de un execrable crimen de estado en el nombre de la seguridad democrática hace 20 años.

mrestrepo33@hotmail.com

miércoles, 31 de julio de 2019

La jugada maestra es quedarse en el poder y para siempre



 Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

La guerra en Colombia degeneró en barbarie y convirtió a la política en heredera de la tragedia vivida, que incluso es usada para justificar la continuidad de la tragedia misma, algo así como azuzar a las víctimas a que defiendan su condición de víctimas o invitar al humillado a justificar su necesidad de seguir humillado. Parece perverso, pero es real. Los corruptos le ganan juicios al estado usando al mismo estado como juez y los encargados de matar anuncian públicamente el nombre de su siguiente víctima y hay gente que aplaude.



El modo de acción del partido en el poder, acostumbro a medio país a ser indiferente, indolente, a ver morir y sonreír un poco, porque mejor que nadie sabe convertir en chiste o espectáculo mediático la tragedia ajena. Mejor que los comics convierten en juego la idea de hacer lo que sea o lo que toque para conservar el poder. Su jugada maestra es de codicia, avaricia y crueldad, juega sin reglas o las acomoda sin rubor. Nada en el campo de juego del territorio colombiano corresponde a episodios particulares, ni a errores, ni faltas, ni equivocaciones, esa es sencillamente su manera de jugar, planeada, conectada. Su ejercicio de poder este articulado e impide que su tipo de juego sea comprendido a cabalidad para enfrentarlo, juega rápido, reacciona de inmediato. Esa es su mejor destreza.

Hace cerca de dos décadas el país encontraba en la constitución de 1991 la llave de salida al laberinto del conflicto armado y su jugada maestra fue cambiarle su medula, desarmar su estructura. Compraron a los congresistas Teodolindo y Yidis y por dos votos personales la historia del país es otra. Le metieron otra medula a una constitución que había valido la entrega de armas de cinco grupos insurgentes, una movilización estudiantil con el lema de “todavía podemos salvar a Colombia” y la aceptación de la sociedad para legitimar con varios millones de votos una constituyente que renovó la esperanza el 4 de julio de 1991.

La jugada maestra que hoy parece estar en proceso de cocción es la misma de antes, volver a cambiar la medula a la constitución como misión del partido de gobierno. Promover otra constituyente, para debilitar aún más al estado de derecho y a los derechos y libertades ganadas y poner todo al alcance totalitario del partido en el poder, unificado en torno a la causa profunda de habilitar a su presidente para un mandato eterno con un partido único nacional-uribista.

Las demás son “jugaditas”, unas para poner barreras a la justicia, maltratar a jueces, magistrados, periodistas y opositores políticos o para confundir sobre las “extrañas muertes” sistemáticas de líderes y lideresas sociales. Y otras para eliminar límites y romper reglas, como reinventar el limbo de guerra o paz o jugar a cambiar términos, palabras y conceptos, para que las nuevas relaciones con las Naciones Unidas, queden sujetas a hacer creer que en Colombia lo que hay es una “situación compleja”, sin conflicto, sin tragedia.

La estrategia de la gran jugada maestra, ha sido esconder su jugada principal entre jugaditas menores. Mantenerle a la gente metido el miedo entre sus huesos y ponerla a mirar hacia otro lado. Enseñar que, en cualquier parte, cualquiera puede encontrarse con un criminal muy peligroso que lo va a atacar y que por eso es mejor ir con cuidado, no dar papaya como lo repetía la mafia, no mirar, no ir en contravía, ir siempre por la derecha como lo anuncian las vallas en las carreteras. Ese temor se replica, impide alzar la voz o llamar a las cosas por su nombre y no permite gritar el basta ya, para que todo cambie y la verdad de lo que ocurre vuelva a ocupar su lugar. ¿Y cómo no tener miedo?, si siguen ocurriendo desapariciones forzosas, masacres, descuartizamientos (en Bogotá uno por mes) o en Medellín cosas tan graves como que según el gobernador “les están echando los cuerpos a los marranos para que se los coman”, (el heraldo, julio 16 de 2019) y todos lo días asesinan líderes sociales.

Las “jugaditas” como las del último minuto del presidente del senado son convertidas en chiste, en episodio, que elimina la palabra de los otros, mientras la jugada maestra avanza. El presidente del congreso para defender sus vacíos, hizo jugaditas. Cuando adujeron que no tenía título de bachiller, recibió en un fin de semana 17 reconocimientos del partido en el poder, inclusive uno del presidente (semana.com, 10/06/2018) para tapar en equipo su faltante de educación, formación y conocimiento; después usò el veto de los “30 segundos niña y termina” para callar a la vocera estudiantil que presentaba las razones de la más sólida movilización universitaria del siglo XXI (elpulzo.com, 10/10/2018) y en el momento final el destino, aliado de la democracia, le abrió el micrófono y todos oyeron su “ultima jugadita”, para callar a la oposición política, a la que estigmatizó, intimidó, burló y prácticamente mantuvo bajo amenaza, todo con su falsa tonalidad de “defender la democracia maestro”.

mrestrepo33@hotmail.com

domingo, 17 de febrero de 2019

Venezuela otro berenjenal al que se han metido los yanquis


Por Rolando Prudencio Briancon:

Tal como el comandante eterno Hugo Chávez les aclaraba a quienes se meten con Venezuela, que los venezolanos “son como el espinito, que en la sabana florea, le doy aroma al que pasa y espino al que me menea”; que hoy los yanquis ya han empezado a sentir que están parados dentro un berenjenal, pues no sólo como Diosdado Cabello le aclaró a John Bolton, que puede ser fácil meterse a Venezuela, sino que lo difícil va ser salir de ahí; y si logran salir, va a ser lamiéndose las heridas.

Se ha dicho mucho que Venezuela va a ser otra experiencia traumática como Vietnam para los gringos, y puede que hasta cierto punto así sea, pero no porque sea esa la sombra insomne de su incursión a Vietnam la que los aturde, sino porque es el espíritu del libertador el que no va a permitir que su patria sea la que corra el suerte contra la que él luchó hasta liberarla, junto a otras cuatro naciones más libertadas por él.

Y es que ya los efectos de esa extraviada codicia por hacerse del petróleo venezolano, la que les está pasando una contraproducente factura en un negocio, como es el de la industria petrolera, en el que la volatilidad del precio, sumado al del juego de la oferta y la demanda, ha provocado un efecto boomerang para las déspotas decisiones que toda la tropa de Trump no había tenido el cuidado de tomar en cuenta. 

Así es cómo la escasez de petróleo (Crudo Brent), debido a la paralización de exportaciones desde Venezuela han comenzado a afectar la aplicación de restricciones contra Irán, toda vez que los envíos que desde Venezuela provenían se han visto afectados por la suspensión de envío a las compañías como Citgo, y otras empresa norteamericanas han tenido que recurrir a las exportaciones provenientes de Irán, situación que ha roto la imposición de sanciones que EE.UU. se esforzó por que se cumplan a raja tabla contra el país persa.

Se ha dicho que Trump es como un elefante metido dentro una cristalería; pero hoy ya no sólo es en una cristalería que está metido, sino que se ha metido ahora en un buen berenjenal, del cual como un globo de ensayo, que Trump es del establishment estadounidense, está comenzando a pincharse;
Porque el que se mete con Venezuela se seca.

prudenprusiano@gmail.com