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sábado, 20 de octubre de 2018

Hablemos de soberanía


Por Carolina Vásquez Araya: 
Un continente lleno de recursos, incapaz de gobernarse a sí mismo.

Hay que comenzar por definir los términos, ya que de acuerdo con la Academia de la Lengua Española, soberanía es el “poder político supremo que corresponde a un Estado independiente” y Estado es “el conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano”. Uno y otro interconectados en el concepto de independencia política como uno de los pilares fundamentales de cualquier sistema de gobierno. Por lo tanto, para presumir de pertenecer a un Estado soberano existen condiciones específicas que, cuando estas no se cumplen, vacías de contenido cualquier discurso emitido por un político en el poder.


Ningún país latinoamericano posee ese rimbombante título. Condicionados y corrompidos en todos sus estamentos por el poder económico y político de países mucho más poderosos cuyos intereses siempre prevalecerán por sobre los de los pueblos sometidos a sus exigencias, han perdido desde hace mucho el derecho de ser soberanos. Baste retroceder a los archivos históricos para constatar la profunda injerencia extranjera en decisiones de orden estrictamente interno en todos y cada uno de nuestros países. La dependencia diseñada y construida como una herramienta de supuesto desarrollo se ha transformado en un lazo indeseable cuyo único resultado es la pobreza y la incapacidad de los gobiernos del continente para gobernar con independencia y un enfoque social de beneficio para sus pueblos.

América Latina ha sido y continúa siendo el patio trasero de intereses totalmente ajenos a esta región. Las pugnas entre Estados Unidos y Rusia, entre Estados Unidos y los países productores de petróleo, entre Estados Unidos y la maquinaria comercial de China, siguen aplastando los intereses propios de cada Estado de nuestro continente en un perverso juego de presiones de todo tipo, sobornando a políticos puestos a conveniencia de las élites con el fin de impedir el empoderamiento de la ciudadanía y así garantizar la sumisión y el entreguismo.

Así es que cuando un presidente latinoamericano empapa su discurso con palabras rimbombantes como soberanía, independencia y dignidad nacional, solo está vendiendo una pomada vieja y deslucida que ha perdido todo su efecto como motivador de masas, pero sobre todo ha perdido toda legitimidad. Ya nadie puede creer en ese cuento desde el momento que, para equilibrar un presupuesto de Estado asaltado por una burocracia ávida de enriquecerse, se recurre a la carísima limosna internacional disfrazada de cooperación. Toda esa farsa discursiva ha de provocar la burla de los poderosos círculos financieros del mundo toda vez que conocen muy al detalle los mecanismos creados por ellos mismos para apretar redes poderosas alrededor de nuestros países débiles y depredados.

Mencionar la soberanía es, por lo tanto, más que una burla un insulto contra nuestros pueblos privados de mecanismos de defensa, sometidos al hambre y a un injusto e innecesario subdesarrollo. En América Latina no existe esa independencia con la cual se empapan discursos falsamente nacionalistas; no existirá mientras “la Embajada”, el Fondo Monetario Internacional o cualquier de esos foros del poder supremo mundial decida sobre los procesos políticos, sobre las políticas públicas en términos económicos, sobre las decisiones gubernamentales respecto de la salud, la educación y la explotación de recursos naturales.
Las debilidades institucionales han sido producto de una estrategia de larga data y no será con políticos improvisados y mediocres como se logrará –algún día, quizá- construir Estados sólidos capaces de defender los intereses nacionales.

elquintopatio@gmail.com

viernes, 5 de octubre de 2018

Vámonos Patria a Caminar… Yo Te Acompaño (II)


Por Roy Daza:
Esas fuerzas están y estarán en contra de la recuperación de la economía, la continuidad de la crisis es para ellos una oportunidad de propiciar la intervención de tropas extranjeras en nuestro territorio y desatar una guerra de consecuencias impredecibles, porque forman parte del plan imperialista que tiene como objetivo destruir al Estado nación, a la República Bolivariana de Venezuela.

Pero también está la “Patria Buena”, la que quiere trabajar, la que no acepta las injusticias en las que se incurre cuando la distribución del ingreso se hace de manera regresiva, la que aplaude el aumento salarial porque de eso vive, la que hace denodados esfuerzos para echar adelante su empresa, la gente que se pone a estudiar, que analiza los problemas y los discute con la pasión que caracteriza a los venezolanos, la que quiere que siga prevaleciendo la democracia, y rechazan el golpismo y el terror, la que no admitiría la intervención del país bajo ningún respecto, la gente que quiere a Venezuela.

Ha de tenerse en cuenta que el enemigo actúa con pericia en este terreno, se afinca en poderosas palancas que tiene en el complejísimo entramado de la economía, ha sabido hilvanar alianzas silenciosas, su entronque con algunos entes decisivos del Estado le otorga ventajas nada despreciables, por supuesto, si se entiende que el Estado mismo es un campo de lucha, [es condensación de las luchas entre las clases y sectores de clase, -según la línea argumental de Nícos Poulantzas-] es comprensible que a partir de tales vínculos se constituya una amalgama de intereses económicos, simbólicos y de sustentación de poder, y además, como la economía es inconcebible sin la política y ésta es inseparable del hecho económico, para que sus concepciones ideológicas alcancen la hegemonía, –el enemigo-, está apertrechado  con un aparato mediático capaz de colocar en minutos, en todo el orbe, cualquier matriz de opinión dirigida a truncar el esfuerzo supremo de la recuperación.

Una realidad como la descrita, cargada de nuevos vectores (lo que significa que los factores políticos contienen magnitud física, velocidad, aceleración y fuerza), obliga, ahora más que nunca, al estudio de lo que significa estrategia y tácticas, y precisar que la Línea Política, tiene por objeto mantener -“cueste lo que cueste”- la alianza nacional-popular que se constituyó como bloque social del poder, lo que en Venezuela se llama “chavismo”.

La respuesta no es otra que promover la coalición flexible de los movimientos sociales, su confluencia en torno a objetivos tangibles, huelga decir, que esto no es un asunto coyuntural, a manera de ejemplo se formulan estas interrogantes:  ¿Cuáles son las tareas de los Consejos de Producción de los Trabajadores, CPT y de los sindicatos? ¿Cuál es el punto de entronque entre los CPT y los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, CLAP, y entre estos y las Comunas Productivas? ¿Cómo se realiza la conexión entre las experiencias productivas comunitarias con las empresas privadas? ¿Cómo se entrecruza el esfuerzo innovador de las universidades y las necesidades perentorias de la producción y el comercio?
Urge una transformación universitaria, alcanzar nuevos conocimientos no radica solamente en la extensión y profundidad de los estudios que se adelantan, resulta impostergable romper esquemas, abatir dogmas, deslastrarse de preceptos que en un momento dado pudieron tener validez, pero que al pasar el tiempo quedan desfasados, las armas de la crítica teórica revelan su fuerza cuando el pueblo trabajador las pone en movimiento.
Todo ello pasa por desarticular el plan faccioso de la extrema derecha, y por encima de todo, superar la situación económica.

El colapso y lo que viene
La ciencia histórica de la Economía Política llegó hace más de dos décadas a una conclusión: el capitalismo rentístico colapsó, es decir, la renta petrolera que se capta en el mercado mundial, es cada vez menos la fuente principal de la acumulación de capital, y ese es el punto nuclear de la crisis.

Como paso previo, ha de conceptualizarse al capitalismo rentístico: es una forma de desarrollo capitalista, nacional, y su fuente principal de acumulación es la renta petrolera, que capta en el mercado mundial, y uno de sus rasgos peculiares es que esta renta corresponde en primera instancia al Estado, expresión jurídica de la nación, propietaria del recurso natural, por tanto, la economía venezolana –y es éste uno de sus rasgos más resaltantes- desde hace más de cien años está inserta en el mercado capitalista mundial altamente desarrollado y globalizado.

Cuando se habla del colapso del capitalismo rentístico hoy, se debe a que los datos que aporta la realidad así lo ponen de manifiesto: en los últimos años la renta petrolera no ha sido suficiente para mantener los equilibrios fiscales; ni para sostener el ritmo de las importaciones, que es el uso fundamental que se le asigna a la renta; ya no es posible con la renta petrolera que la sobrevaluación del Bolívar tenga continuidad, asimismo, se puede señalar que la renta se agotó como sostén del tamaño del empleo público, ni puede seguir siendo el motor de la demanda doméstica y de la inversión.

¿Por qué no se han generado otras fuentes de ingreso distintas a la renta petrolera? La respuesta es tajante, porque la renta actúa como fuente de acumulación de capital, es el mecanismo mediante el cual se apuntalan las inversiones, y dada la sobrevaluación del signo monetario, el salario no está en correspondencia con la productividad, y las ganancias de los capitalistas, ni por asomo, están vinculadas a la producción de bienes y servicios, la realidad de empresarios con voluminosas ganancias y empresas quebradas, es uno de los ejemplos a señalar, pero, también, que la producción agropecuaria, desde los años treinta del pasado siglo se cayó, producto de la sobrevaluación de la moneda, que fulminó las exportaciones agrícolas.

Hay dos momentos en la historia de la economía política del petróleo en Venezuela, el primero de ellos arranca cuando  el país se convierte en un exportador neto, independientemente de todas las oscilaciones que se puedan registrar en las tablas estadísticas, la tendencia general, desde 1928 hasta 1978, fue de crecimiento sostenido de la economía, estabilidad de los índices macroeconómicos, aumento del empleo… Muy por el contrario, a partir de 1978, la tendencia general es al declive de la economía, con varios momentos críticos, 1986, 1997-98, y en los últimos años.

Paradójicamente, si algo concita un amplio consenso es la consigna en la que queda expresada la necesidad de ir de la “Venezuela rentista a la Venezuela productiva”, así como también, aquella que plantea que hay que “Sembrar el Petróleo”, título de un artículo de Arturo Uslar Pietri, publicado en el diario Ahora, en 1936,  que se convirtió en todo un programa político No hay nadie que diga lo contrario, ahora, vale preguntarse: ¿por qué no se produjo ese tránsito hacia una economía productiva?
Entrando de lleno en el contenido de esta vital interrogante, se puede afirmar que las razones por las cuales no se ha constituido una economía cuya fuente de acumulación sea la producción y el comercio real, se deben a que: 1.- el colapso del capitalismo rentístico no quiere decir que la renta petrolera deje de existir y que no exista en el futuro, el problema consiste en que ya no es la locomotora del tren de la economía; 2.- porque una de las dos vertientes del petróleo, la rentística, está imbricada en todo el tejido de la economía; y 3.- la renta petrolera signa la relación entre la sociedad y el Estado, y por supuesto, este es un asunto político que revela que el tránsito, -al que se hace referencia-, no será alcanzado sin nuevos arreglos políticos.
Si se toma conciencia de esta realidad, entonces, se puede llegar a una  conclusión: urge un Acuerdo Nacional de largo alcance.
Incluso hoy, cuando el colapso es evidente, no son pocos los que tienen una especie de “sueño”, consideran que con un alza de los precios del petróleo volveríamos a la situación anterior, no alcanzan a percibir que eso no es posible, y que en adelante, otra será la dinámica económica, citar una reflexión del doctor Asdrúbal Baptista, contribuirá, sin duda, a profundizar en este análisis sucinto.

“El orden social fundamental que subyace a toda esta investigación es la experiencia capitalista. No por otra razón es que el decurso de la presente investigación, visto en retrospectiva, termina siendo la sucesiva suerte de modificaciones a las que deben someterse los fundamentos de la teoría económica del capitalismo, para darle así cabida a las singularidades que trae consigo la condición rentística. Pero estas últimas, ha de decirse, no llegan nunca a ser de tal entidad como para alterar las bases mismas del orden capitalista, y lo más que hacen es suspender la vigencia o aplicación de ciertas reglas y conductas básicas. De manera que podría bien conjeturarse que una vez desaparecida la adjetivación rentística del sujeto capitalista, y por tal carácter sólo accidental, la estructura fundamental hubiera de recobrar incólume sus pautas propias”. El segundo, igualmente reiterado, se expresó así: “Pero el impulso hacia la disolución [del capitalismo rentístico] no proviene de nuevos arreglos que presionan por ocupar la escena. En tal respecto el colapso del rentismo ni prefigura ni saluda una etapa posterior”.

[Baptista, Asdrúbal. (2010): Teoría económica del capitalismo rentístico. P/XXXV y XXXVI]
Entonces, si el agotamiento del rentismo no prefigura ni saluda una etapa posterior, y se afirma que el colapso en un hecho constatable, medible con cifras estadísticas, lo que queda por decir es que en adelante, lo que viene está por crearse, empero, existe una condicionante que ha de tomarse en cuenta: el nivel de vida promedio de los venezolanos antes de la situación actual, es la base socialmente aceptable. ¿Ello implica una contradicción? -¡Claro que sí! “Pero donde hay contradicción hay vida”.
La nueva economía –obviamente- tiene que dar respuesta a las necesidades de inversión y al sostenimiento del consumo básico de los ciudadanos, tiene su sustrato la tríada: producción, intercambio y consumo, que asume la producción como su eje, pero que no deja de lado los otros dos factores, entendiendo, eso sí, que el capitalismo rentístico tiene un límite histórico, y desde la Economía Política, Marx, es quien anota en los Grundrisse que:
“No se puede entender la renta del suelo sin el capital, pero se puede entender el capital sin la renta del suelo. El capital es la potencia económica, que lo domina todo, de la sociedad burguesa. Debe constituir el punto de partida y el puto de llegada, y debe considerársele antes que la propiedad de la tierra. Una vez que ambos hayan sido considerados separadamente, deberá examinarse su relación recíproca”.

Si se aborda con todo rigor la experiencia histórica se puede explicar, con toda propiedad, que el agotamiento del capitalismo rentístico ha tenido dos respuestas: la primera fue la del gobierno del Presidente Carlos Andrés Pérez en 1989, cuando para resolver el problema del déficit fiscal adoptó las medidas que impuso el Fondo Monetario Internacional, empero, el paquete neoliberal que fue asumido como la única vía posible para resolver la crisis, se convirtió en un detonante, no pudieron advertir sus promotores que el derrumbe estrepitoso del gasto social, había colocado en un límite máximo la capacidad de aguante de las clases populares. La consecuencia inmediata fue un cambio en la correlación de fuerzas políticas y la conmoción que significó el alzamiento militar patriótico de 1992, que comandó el líder histórico de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez. Rafael Caldera que asume la presidencia en 1994 le da continuidad al programa de ajustes neoliberales y esa política provocó el colapso de 1997/1998.

La segunda respuesta al colapso la puso en marcha el Presidente Hugo Chávez, una vez que ganó las elecciones de 1998, el líder de la Revolución Bolivariana entendió el particular vínculo entre Estado y sociedad, en el capitalismo rentístico, esa es la razón por la cual decide acometer este dilema histórico por la vía política, por eso convoca a Constituyente, y de inmediato presentó un proyecto de Constitución que fue sometido a un debate abierto, democrático, incluyente, a la vista de todos, y una vez afincado en la nueva institucionalidad que emergió de la nueva Carta Magna y del triunfo electoral del 2000, el Comandante Chávez toma una decisión trascendental en noviembre de 2001: promulga la Ley Orgánica de Hidrocarburos, un verdadero desafío, una lanza llanera que venía con toda la carga histórica de la gesta libertaria de Simón Bolívar, un acto revolucionario, a todas luces.

A través de esta Ley el Comandante Chávez rescató el ingreso petrolero, que la agenda neoliberal había disminuido de manera considerable con la “apertura”; el gobierno revolucionario contó con la base material para pagar –una parte- de la enorme deuda social acumulada. Convocó al pueblo a participar directamente en las políticas sociales, en las ‘misiones’ como se les llama aquí; condujo la batalla para bajar los índices de pobreza y lo logró, alfabetizó, abrió nuevas fuentes de trabajo, desplegó una campaña de contenido social inédita, participó con denodada pasión en el proceso de integración latinoamericana, abrió Venezuela al mundo forjando nuevas alianzas políticas, y reivindicó al ciudadano humilde, a la gente que trabaja, para luego proponer el Socialismo del Siglo XXI.
El crack del 2008
Las investigaciones de los centros universitarios estadounidenses sobre la explotación de petróleo en la franja geológica de las lutitas, dio como resultado que ese país es capaz actualmente de producir cuatro millones de barriles diarios de crudo, a través del ‘fraking’, que se suman a los siete millones de B/D que producen de manera convencional, además, con la ocupación de Libia controlan 2,5 millones de B/D y con la de Irak, alrededor de 3 millones de B/D. Si sus necesidades de consumo de petróleo llegan a 14 millones de B/D, es posible decir que Estados Unidos cuenta con los recursos petroleros que requiere su economía, aseguró su soberanía energética, objetivo que se trazó desde la creación de la Agencia Internacional de Energía.
Es menester adicionar que el mercado internacional energético ha experimentado modificaciones estructurales, que están en correspondencia con las variaciones que engendra la nueva dinámica de la economía mundial. Ahora, existe una coincidencia entre los estudiosos del tema, que el precio del petróleo es un problema político, si eso es así, la suma de sus importaciones y de la producción interna de los Estado Unidos bordea los 20 millones de barriles diarios, y si consume el 25 por ciento del total mundial, que es de unos 85 millones de barriles diarios, según las cifras de la AIE y la OPEP, resulta comprensible que sea ese país el que marque los precios. Sólo las alianzas entre los países exportadores que forman parte o no de la OPEP, puede ejercer un contrapeso a un polo de poder de tal magnitud.
Poco a poco va quedando claro que una de las causas de la agresión imperialista, se debe a que Venezuela tiene en su subsuelo reservas probadas por 326 millones de barriles de petróleo, y EE.UU. quiere tenerlas bajo su control.
La cúpula de poder del imperio no tolera que exista un país independiente, ni acepta que en alguna nación, a partir de la soberanía popular constituya una democracia real, saben que cualquier experiencia democrática significa un desafío a su forma de Estado plutocrática, negadora de los valores y principios de la democracia.

[Roy Daza, militante revolucionario, escritor y periodista venezolano, forma parte de la Comisión de Asuntos Internacionales del PSUV]
dazaroy@gmail.com

sábado, 10 de septiembre de 2016

Derecha venezolana intento la toma de Caracas

 Oposición a Maduro quería golpe de nock out y no lo consiguió
La Mesa de Unidad Democrática lanzó su plan desestabilizador con la “Toma de Caracas”. Supuestamente iba a poner allí un millón de personas. Quedó abajo de ese número. Y sobre todo, no pudo asestar un golpe de nock out al presidente.

Por Emilio Marín
La excusa de la movida opositora venezolana era presionar al Consejo Nacional Electoral (CNE) para que apure el plebiscito que podría revocar el mandato de Nicolás Maduro. En el fondo, lo que se jugaba la MUD este jueves era asestar un golpe mortífero a aquél y forzar su renuncia o más directamente poner en colapso a su gobierno para que caiga. Si de relleno se podían apurar los tiempos del revocatorio, tanto mejor. Y a primera vista, los resultados no han sido los mejores para ese conglomerado variopinto. 


Allí conviven elementos de derecha como el gobernador de Miranda y dos veces derrotado candidato presidencial, Henrique Capriles, junto con otros ubicados más a su derecha, como el socialdemócrata Henry Ramos Allup, titular de la Asamblea Nacional desde el 5 de enero pasado; Jesús “Chuo” Torralba, secretario ejecutivo de la MUD, y los más violentos, algunos presos con causas judiciales, como Leopoldo López, de Voluntad Popular y el ex alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, de Bravo Pueblo.

No alcanzaron sus mayores objetivos. La multitud que esperaban reunir, superior al millón de personas, no fue tal. No es por menospreciar su capacidad de movilización, que por cierto la tienen, pero la cosecha fue menos de la mitad de aquella cifra. Y no pueden echarle la culpa al gobierno, que por supuesto movilizó a los sectores que lo apoyan e hizo su acto en el centro de la Caracas.

La oposición marchó desde todo el país y entró por tres avenidas a la capital, lógicamente con controles policiales y militares, pero pudo realizar su acto sin represión. Torralba leyó un documento consensuado donde insistieron en el reclamo del plebiscito y aseguraron que volverían a marchar el 7 de setiembre hacia la sede del CNE para exigir celeridad en aquel mecanismo constitucional.

No reunieron todas las voluntades y no pudieron alegar represión gubernamental. Leopoldo López habrá visto lo ocurrido desde el penal de Ramo Verde. Capriles se quedó en Miranda. Ramos Allup se habrá enterado que Maduro prometió denunciarlo penalmente por su campaña en favor de la violencia. Y Torralba tuvo su minuto de fama leyendo la proclama. Si esperaban generar actos de violencia y dar pie a la represión de la Guardia Nacional Bolivariana, con lo cual acumular material para invocar la intervención norteamericana y de otros países, patrocinada por la OEA, no lo consiguieron.

Maduro realizó un acto masivo en el centro de la capital. Denunció las maniobras golpistas y entre otras novedades aportó el desbaratamiento de un grupo de paramilitares colombianos en cercanías del palacio de Miraflores listo para cometer atentados. Reiteró que está haciendo consultas pero tiene listo el decreto para quitar la inmunidad de los legisladores, un derecho que sólo debe existir para su labor política, pero no para atentar contra la Constitución.

Las truchadas

En Argentina se las llama “truchadas”. Es lo que la MUD hizo con las firmas para reclamar el revocatorio. Ese derecho, vale la pena reiterarlo, fue establecido en la Constitución parida por Hugo Chávez y permite que transcurrida la mitad del mandato del presidente se pueda pedir su alejamiento si se reúne determinada cantidad de firmas del padrón. Si se juntan las cantidades estipuladas antes de cumplirse los cuatro años del mandato presidencial, se debe llamar a nuevas elecciones. Y si se logran después de cumplidos esos cuatro años, entonces no hay nuevos comicios sino que el presidente que deja el cargo nomina al vicepresidente para completar mandato.

La oposición siempre fue alentada por la ley que votó contra Venezuela el Senado norteamericano en diciembre de 2014 y validó Barack Obama en marzo de 2015 y otra vez en 2016. Se calificó al gobierno bolivariano como una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE UU”. Venezuela era responsable de “la erosión de las garantías de los Derechos Humanos, la persecución de opositores políticos, la restricción de libertades de prensa, el uso de violencia y las violaciones y abusos de derechos humanos en respuesta a manifestaciones antigubernamentales, el arresto y las detenciones arbitrarias de manifestantes antigubernamentales”.

Como podrá apreciarse, las acusaciones son idénticas a las que formulan la MUD, la patronal Fedecámaras y los medios privados desde Caracas, Luis Almagro desde la OEA, Mauricio Macri desde el gobierno argentino, la Sociedad Interamericana de Prensa desde Miami y los diarios afiliados, como Clarín y “La Nación”.

El manejo de la oposición fue fraudulento. La ley les exigía entregar en primer término 195.000 firmas, el 1 por ciento del padrón. Y en junio logró que la CNE le diera por válidas 399.412. Pero el 2 de mayo había entregado 1.959.000 firmas, de lo que se ufanaba. Sin embargo, la CNE le validó en junio 1.350.000 firmas porque detectó que 600.000 eran truchas. A continuación, ese Consejo presidido por Tibisay Lucena habilitó las máquinas busca huellas para comprobar la identidad de los firmantes. Y sólo 399.412 estaban bien. Además de las 600.000 inventadas, habían metido fallecidos, menores, encarcelados y otras personas no válidas.

Para que el lector advierta la enormidad de la maniobra: de 1.959.000 firmas presentadas en mayo, en junio quedaban, limpias y válidas, algo menos de 400.000. Si eso es transparencia de procedimientos, entonces la MUD puede equiparse con Simón Bolívar.
La oposición pro norteamericana tiene dos carreras contra reloj.

La primera es que necesita que el plebiscito sea convocado y se vote antes del 10 de enero de 2017, cuando se cumplen cuatro años del mandato de Maduro. Si lo consigue antes, tendrá nuevas elecciones. De lo contrario, y suponiendo que consiga el plebiscito y vencer, Maduro no se iría a su casa sin antes nominar a su vicepresidente, Aristóbulo Istúriz.

La MUD tiene que cumplir con el segundo requisito constitucional: el 20 por ciento del padrón, 4 millones de firmas, para que se llame al plebiscito. Entre el 9 y 11 de setiembre quieren habilitar las mesas para reunirlas. Y por eso llaman a una segunda Toma, ahora de Venezuela, para el 7/9, ante la CNE. Esto podría degenerar en violencia como sucedió con sus guarimbas o disturbios en 2014, con un saldo de 43 muertos.

Para terminar con esta historia de números, resta decir que para ganar el plebiscito la oposición necesita 7.587.532 votos, más uno, la cosecha de Maduro en 2013.
La oposición se pone violenta pero es quien provoca las demoras. La CNE le dio por válidas 400.000 firmas iniciales, pero ordenó investigar 1.326 fraudes con firmas y eso demora todo. El gobierno bolivariano y su partido sostén, el PSUV, denunció ese fraude del procedimiento. El alcalde de Caracas y dirigente chavista, Jorge Rodríguez, dijo que el plebiscito está muerto legalmente.

La otra carrera opositora es contra sí misma, pues si hubiera elecciones anticipadas se desatará una durísima pulseada por ver quién es el candidato. No le será fácil a Capriles ser el aspirante por tercera vez. El titular de la Asamblea Nacional, Ramos Allup, querrá estar allí. Y quien se viste con las ropas de “mártir”, López, querrá terciar o al menos colar a su mujer, Lilian Tintori.

Carrera de Maduro

Los medios afines a la SIP difunden encuestas de Delphos donde Maduro sólo tiene el 25 por ciento de popularidad. Dicen que si se votara el plebiscito, él perdería con el 65 por ciento en contra. Son estimaciones a tomarse con pinzas, pero después de la derrota oficialista en diciembre tampoco pueden descartarse a la ligera, con un optimismo cándido, a lo Pangloss.

La situación económica es difícil, por la caída de los precios petroleros, renglón principal de los ingresos del Estado. Lo social está delicado, por la inflación del 500 por ciento anual, que el FMI proyecta hasta el 720 por ciento este año, y por el desabastecimiento que provocan los empresarios.

Maduro ha propiciado remedios que hasta ahora han dado resultados módicos, aunque pueden mejorar, como la Gran Misión Abastecimiento Soberano, en manos del general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa. Busca atacar el desabastecimiento y evitar las colas para adquirir alimentos y otros bienes de primera necesidad, que escasean. Y algunos golpes se vienen dando a empresarios de Fedecámaras, presidida por Lorenzo Mendoza. El dueño de la cadena alimentaria Polar se quejó que en un procedimiento en locales suyos el gobierno le había incautado 14.000 kilos de mercaderías.

El gobierno tiene que curar, y no es nada fácil, el burocratismo que socava sus bases de sustentación. El presidente lo puso como blanco en su discurso del 1 de setiembre. Es un enemigo interno y corrosivo, alimentado por la boli-burguesía, o sea la burguesía que posa de bolivariana pero especula como la que más.

Si no conjura la inflación y la escasez, y si no logra un mejor funcionamiento de su gobierno, Maduro podría sufrir derrotas, electorales o golpes. La ola conservadora en la región muestra combinaciones fatales de recetas que el “gran chef” Washington viene probando con éxito.