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miércoles, 10 de junio de 2020

La política internacional según Guaidó.



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Para un individuo como Juan Guaidó que todavía no ha descubierto que una oración está compuesta de sujeto, verbo y predicado y que se “comunica” a través de un simiesco lenguaje de palabras cortadas y monosílabas, la intríngulis de la política debe ser un verdadero reto solo posible al aceptar ser una marioneta manejada a distancia por el tándem formado por Mike Pompeo, Marcos Rubio y alias “Matarife” también conocido como Álvaro Uribe.


En este contexto, su incursión en la política exterior reviste características inverosímiles que no creo sean estudiadas en las prestigiosas universidades estadounidenses que se dedican a producir teoría en este ámbito.

La primera actividad de política exterior de Guaidó fue una visita de Estado a la frontera de Colombia donde fue recibido por su par John Jairo Durán Contreras, alias Menor, jefe del grupo paramilitar “Los Rastrojos” quien se hizo acompañar por su ministro de finanzas Albeiro Lobo Quintero, alias Brother. En este amistoso encuentro firmaron un fructífero acuerdo de cooperación, mediante el cual Menor se comprometió a financiar al “gobierno” del auto proclamado, mientras que éste le entregó a su contraparte la porción venezolana de la frontera para que Los Rastrojos pudieran realizar todo tipo de delitos con protección gubernamental. Ante la consulta de que pasaría del lado colombiano, Durán Contreras fue persuasivo: le dijo que no se preocupara, porque esa ya estaba bajo su control con la aprobación de Iván Duque alias subpresidente.

En este ámbito, vale apuntar también que Vanessa Neumann, representante del diputado opositor en el Reino Unido y Manuel Avendaño, asesor externo, llegaron a un acuerdo con el Ministerio de Relaciones Exteriores británico, mediante el cual Venezuela entregaría a la reina Isabel II las áreas terrestres y marítimas del territorio usurpado por la potencia colonial cuando en Venezuela no había gobierno y Estados Unidos asumió su representación protegiendo a su aliado sudamericano de la misma manera que posteriormente lo haría con Argentina durante la guerra de las Malvinas.

De esta manera queda prístinamente expuesto que la política exterior de Guaidó está orientada a la entrega del territorio nacional a potencias extranjeras, empresas transnacionales que operan a través de ellas y bandas delictuales y paramilitares que ansían operar impunemente en el país.

En otro ámbito, el de los “diplomáticos” designados a instancias de Pompeo, tampoco le ha ido muy bien al auto proclamado. Ya en noviembre del año pasado el representante en Colombia y antiguo dirigente social cristiano Humberto Calderón Berti renunciaba a su cargo denunciando corrupción en el manejo de la empresa Manómeros robada por Colombia a Venezuela. Así mismo, mostró desacuerdo con los hechos de prostitución, drogas y despilfarro de recursos cometidos por los asistentes de Guaidó en Cúcuta dando a conocer además que el gobierno de Colombia estaba al tanto de todo.

Lo paradójico del caso es que Calderón Berti iba a ser reemplazado por Freddy Superlano, principal implicado en el escándalo de Cúcuta, un personaje tan despreciable que el subpresidente colombiano se negó a “darle el placet”. Al referirse a la renuncia de Calderón, Enrique Aristigueta Gramcko un antiguo político también social cristiano fundador de la “democracia posterior a Pérez Jiménez” citado por el portal El Impulso.com opinó que: “A un Embajador, el Canciller lo llama, le explica y le pide la renuncia. Nunca el presidente lo puentea para despedirlo como si fuera un portero, para quedar mal por su irrespeto y su ignorancia”.

La debacle continuó cuando a comienzos de este año el gobierno argentino decidió quitarle las credenciales diplomáticas a Elisa Trotta Gamus, representante de Guaidó en ese país. Trotta, designada como embajadora dada su arraigada ascendencia social demócrata, fungía como Directora de Programas Institucionales de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires cuando el partido del ex presidente Mauricio Macri controlaba esa institución. De la mano de Macri, Trotta hizo una fulgurante entrada a la “carrera diplomática” que sin embargo finalizó de manera fugaz y abrupta.

Más recientemente, dando continuidad al “brillante” quehacer internacional del “gobierno interino” la opinión pública fue estremecida al saber que Marcos Porras, representante de Guaidó en Honduras se vio obligado a simultanear sus funciones diplomáticas con las de repartidor de comida en moto de una conocida empresa del rubro. Una persona cercana al “embajador motorizado” afirmó que: “Ahora sí, Marcos tendrá que trabajar como nunca en su vida”.

En la misma lógica, la representante del diputado por La Guaira en Chile, Guarequena Gutiérrez -quien por sus venas también transita refinada sangre adeca al igual que su colega Trotta- se vio obligada a renunciar a su cargo porque el gobierno de Sebastián Piñera, después de asistir al show de Cúcuta y ofrecerle “todo el apoyo necesario” ni siquiera le dio el reconocimiento diplomático y la obligó a trabajar!!!, por lo que por razones “migratorias y económicas” desistió de continuar en su cargo. En una velada crítica a su jefe que no le hizo llegar ni la más mínima migaja de los millones de dólares recibidos producto del robo de las activos venezolanos en Estados Unidos, Colombia y Europa, Gutiérrez dijo que “su falta de recursos durante su estancia en Chile fue tal que incluso debió recurrir a amigos y familiares quienes le habrían prestado dinero”.
Las limitaciones propias de su estructura orgánica, impidieron que Piñera pudiera darle el abrazo solidario que Gutiérrez tan desesperadamente necesitaba.

En otro ámbito de su actividad, el relacionado a los vínculos del autoproclamado con las misiones diplomáticas acreditadas en Venezuela, la relación no es menos patética. Aparte de dedicarse casi a tiempo completo a negociar las pautas para el uso de esas embajadas como hotel gratuito para la realización de sus actividades, algunos diplomáticos extranjeros, de forma privada manifiestan el desprecio por sus huéspedes que han huido de la justicia.

Freddy Guevara en la misión chilena, Leopoldo López en la española y el propio Guaidó en la francesa han transformado esas sedes diplomáticas en oficinas conspirativas y también en algunos casos, como salas de fiesta donde circula el alcohol, las drogas y las prostitutas de una manera tal que rompe cualquier monotonía que pudiera suponerse. En algunos casos, los huéspedes se han encargado de grabar esas “actividades” en las que han participado embajadores y diplomáticos, usando tales imágenes para chantajear a sus anfitriones que se han visto paralizados ante la desmesurada actitud de sus colegas políticos venezolanos. Por supuesto, los que intervienen, son parte de la desvergüenza de sus propios gobiernos.

No se necesita hacer labor de espionaje para conocer estos desmanes, basta asistir a las innumerables recepciones diplomáticas que se realizan en Caracas en las que serios funcionarios de carrera, honestos y rectos en el cumplimiento de sus labores desembozadamente y con indignación, exponen el uso de sus sedes para debatir los oscuros planes de la oposición en Venezuela.

Paradójicamente en esos eventos, estos funcionarios extranjeros persiguen sin impudicia a los ministros y altos funcionarios del gobierno de Nicolás Maduro (a quien sus jefes no reconocen como presidente) para obtener información que justifique su presencia en Caracas, toda vez que los “no reconocidos” son los únicos que saben lo que ocurre en el país, al tener bajo su dirección las instituciones del Estado pudiendo dar respuesta a los intereses, inquietudes y consultas de los gobiernos foráneos.

Para ellos, Guaidó dejó de ser un “presidente” para transformarse en un fantasma que los persigue y los acosa al constatar el ridículo al que están sometidos tras su desvergonzada subordinación a Trump, de la cual el único que ha sacado provecho es Guaidó sin que tenga la más mínima preocupación por los resultados de su fallida impronta diplomática. Total, Washington paga y paga bien.
sergioro07@hotmail.com

sábado, 28 de septiembre de 2019

Narcotráfico, paramilitarismo y política en el sistema internacional



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
La alianza entre el Grupo de Lima y la banda paramilitar colombiana “Los Rastrojos” a través de Juan Guaidó que Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López se encargó de confirmar y hacer pública, marca el renacimiento en América Latina de los tenebrosos días de la Operación Cóndor.

En esa época, se produjo –a partir de las instrucciones y el patrocinio del gobierno de Estados Unidos- un letal acuerdo de organismos de inteligencia, para que –al margen de la ley- los gobiernos dictatoriales de la región pudieran perseguir, capturar, asesinar y desaparecer luchadores democráticos, populares y revolucionarios en el territorio de cualquier país. En los hechos, tal práctica significó la construcción de una supra soberanía criminal que estableció pautas para actuar de forma ilegal en la realización de su tenebrosa labor.


Estados Unidos, tiene amplia experiencia en este tipo de actividades, en los años 80 del siglo pasado también se relacionó con el narcotráfico para financiar la ilícita guerra contra Nicaragua. Por ese crimen fue juzgado y declarado culpable Elliott Abrams, el mismo que indultó Bush y que hoy Trump ha designado como articulador de todas las acciones de Estados Unidos contra Venezuela que incluye gobiernos europeos y de América, organizaciones internacionales, medios de comunicación, redes de narcotráfico, paramilitares y delincuencia organizada. 

Hoy, en una versión renovada de la trama se pretende establecer una supra soberanía que actuando en consonancia con grupos delictuales acogidos a la protección del gobierno de Colombia, para atentar contra un país soberano intentando a través de todas las vías posibles, quebrar el proceso que democráticamente se ha dado.

Para los dos momentos hay una gran similitud: ambos se hacen bajo el influjo y la orientación de Estados Unidos en alianza con gobiernos neoliberales de extrema derecha. Incluso en los casos de Chile y Paraguay, los gobiernos actuales están conformados por los mismos que participaron de forma activa en el Plan Cóndor, siendo dos de sus protagonistas principales: el pinochetismo presente en el régimen de Chile y el partido Colorado herencia del dictador Alfredo Stroessner de Paraguay.

Así mismo, resulta grotesco que el gobierno de Bahamas que acaba de ser afectado por un brutal huracán que causó centenares de muertos y desaparecidos y que necesita de la solidaridad internacional, se haya involucrado en la posibilidad de participar en una invasión militar a Venezuela. Igualmente, es muy chocante que un gobierno que se dice torrijista se preste para apoyar las maniobras estadounidenses violentando la propia doctrina del General Omar Torrijos que fue un pilar en los años 70 del siglo pasado y hasta su muerte en 1981, en la lucha contra las dictaduras, por la integración latinoamericana a favor de la paz y el encuentro entre nuestros pueblos. Un país como Panamá que hace solo 30 años fue víctima de una atroz intervención militar de Estados Unidos no debería apoyar una alianza con los agresores de su país.

En el caso de Piñera y Abdo Benítez tuvieron incluso participación directa en el evento narco-paramilitar de Cúcuta en febrero de este año cuando se selló la alianza entre ambas organizaciones criminales: Grupo de Lima y Los Rastrojos, avalando los contactos de Guaidó con esa banda delictiva.
Durante el siglo pasado, en el marco de la guerra fría, todo ello fue posible gracias al entramado ideológico que estructuraba las relaciones internacionales que justificaba y” legitimaba” la lucha contra el comunismo en la región: se evocaba la Doctrina Monroe que dio origen al TIAR y la OEA como argumentos que daban soporte jurídico a tamaña aberración.

Hoy, finalizada la guerra fría y cuando parecía que el mundo se podía encaminar a un futuro de paz y armonía, la exacerbación de la voracidad imperial ha conducido a la pretensión de minar el sistema internacional e implosionar el edificio jurídico que se propone mantener al mundo en paz, todo esto en camino de destruir a la ONU, a fin de  construir otra instancia y otro sistema que dé soporte a la fase imperialista del capitalismo mundial que se caracteriza por el neoliberalismo extremo, la concentración gigantesca de capitales y una polarización social jamás antes vista.

Solo así se explica la impunidad con la que actúa Estados Unidos y los sujetos de su ventriloquía. Así, la potencia norteamericana se asume dueña de la ONU y decide quien participa y quien no lo puede hacer. De la misma maniera, el presidente de Colombia se siente autorizado de la manera más impune a mentir a la comunidad internacional exhibiendo falsas fotos en su tribuna más excelsa.

Es el mismo contexto en el que Trump se permite amenazar por vía telefónica a otro jefe de Estado para que le ayude a resolver un problema de política contingente y de carácter electoral en su país. De la misma manera, inmiscuyéndose sin rubor en los asuntos internos de otros Estados, ante la decisión del primer ministro británico de apoyar su posición en torno al diferendo con Irán, Trump opina que: "Por eso [Boris Johnson] es un ganador y por eso tendrá éxito en el Reino Unido”. Sin embargo, casi simultáneamente con la emisión de este concepto la Corte Suprema de Justicia del Reino Unido emitió un dictamen en el que opina que la decisión de Johnson de aconsejar a la Reina que suspendiera el Parlamento "fue ilegal porque tuvo el efecto de frustrar o impedir" que esta instancia desempeñara "su función constitucional sin una justificación razonable". Resumiendo, es un “ganador” que actúa ilegalmente. He ahí la doctrina Trump de política exterior: no importa que actúe ilegalmente, lo que importa es que haga lo que él diga, lo cual garantiza ser un “ganador”.

Es decir, en este caso, Trump y Johnson pretenden actuar al margen de la ley, llevar al mundo a que ello ocurra en todas partes, decretar la incapacidad de la ONU para hacer su trabajo, construir un mundo caótico y sin ley donde impere la guerra y el conflicto e imponer un sistema de minorías, que exprima el planeta en la búsqueda de ganancias a cualquier precio, suprimiendo logros históricos que han costado siglos de lucha para hacer de la Tierra un lugar más vivible.

Como verán amigos lectores, se empezó a hablar de la ilegalidad y la mentira en el manejo de la situación de Venezuela y se terminó bosquejando algunas ideas respecto de la problemática mundial, he ahí una de las características de la actualidad en la que los hechos están concatenados, lo cual esboza una particularidad que usada a favor del mejoramiento de la vida tendría indudable significación para la humanidad, caso contrario –como está ocurriendo- podría conducir a funestas consecuencias.
Precisamente, la dificultad del momento es que Estados Unidos intenta establecer la primacía de los anti valores, la amenaza, el chantaje, la presión extrema al que no se subordina y junto a ello el menosprecio de la vida.

La posibilidad de establecer un marco general de ilegalidad en el comportamiento internacional atenta contra la humanidad de la misma manera que lo hace el peligro cierto de uso del armamento termonuclear.
sergioro07@hotmail.com

miércoles, 17 de abril de 2019

La “masacre silenciosa” en la vecina Colombia


Por Iván Oliver Rúgeles: 

No cesan en el país vecino los asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos

Ante esa terrible tragedia que no ha tenido tregua en más de 50 años en ese país, la “comunidad internacional”, esa misma que no pierde un segundo en planear agresiones de toda naturaleza a Venezuela, simplemente porque nuestra Revolución Bolivariana no se rinde ante las pretensiones  del imperialismo yanqui de ponerle las manos a nuestro país para robarle su petróleo y el resto de sus inmensas riquezas, como lo hizo durante casi todo el siglo veinte, se hace la desentendida y tanto ha sido su silencio que hasta sus voceros de la SIP, los llamados “grandes” medios de comunicación del Continente, esa “masacre silenciosa” en el vecino país no constituye en ningún momento importancia alguna como para que ocupen sus páginas…


Veamos esa atroz realidad de la que casi nada se le informa al mundo: 
Según informe de la ONU de marzo de 2019, 257 líderes sociales fueron asesinados entre la firma del acuerdo de paz entre las Frac-Ep y el gobierno de Colombia, suceso de gran relevancia que ocurrió el 24 de noviembre de 2016 y el 31 de julio de 2018.
Un informe del programa Somos Defensores, el Cinep, la Universidad Nacional de Colombia, la Comisión Colombiana de Juristas y el portal Verdad Abierta, investigó qué está pasando y a estas conclusiones ha llegado:

Casi el 50% de los asesinatos se realizaron en las viviendas de los líderes sociales, lo cual muestra un patrón que indicaría la sistematicidad en estos siniestros, debido a que las violaciones a la vida serían el resultado de unas actividades de seguimiento y planeación por parte de los victimarios.

La sistematicidad, agrega el informe, se puede ver en que los ataques, además de ser reiterados y continuos, también muestran indicios de planeación” y la otra, que la mayoría de los asesinatos a líderes sociales y defensores de derechos humanos habrían sido cometidos por paramilitares, fuerzas criminales que, a pesar de que el gobierno de Duque, niega que esos grupos existan, pues alega que fueron  desmovilizadas por el gobierno de Uribe Vélez en 2006, las organizaciones sociales del país, nos referimos a aquellas que hacen vida en el medio rural y en los sectores urbanos de más bajos recursos, aseguran todo lo contrario, que están más vivas que nunca y que, además, están aupadas y apoyadas por sectores de las fuerzas armadas regulares del país. Operan bajo distintas denominaciones como las Águilas Negras, Los Rastrojos, Grupos Armados Organizados (GAO) y los Grupos Delincuenciales Organizados (GDO), los que antes se les conocía como las Bacrim.

El programa “Somos Defensores” tiene documentado 609 homicidios entre 2010 y junio de 2018.
El último informe presentado por la oficina de Derechos Humanos de la ONU, de fecha 14 de abril último,  reveló que desde enero fueron asesinados 29 líderes sociales y defensores de Derechos Humanos, mientras que en 2018 se presentaron 113 homicidios. De otra parte, los medios alternativos del vecino país nos informan que a esta fecha y desde que se inició el año 2019, ya van más de 38 dirigentes sociales asesinados.

La oficina de Derechos Humanos de la ONU asegura que en Colombia no se han implementado medidas eficaces para proteger a los voceros comunales.
Señala ese informe de las ONU que las zonas rurales son las más afectadas, y en el 96 por ciento de los casos las víctimas habían manifestado su oposición a la acción de los grupos criminales y su apoyo al proceso de paz, el cual, como sabemos, el gobierno de Duque intenta aniquilarlo, siguiendo la política de guerra arrasada que siguió durante su mandato Uribe Vélez y que hoy éste, como su mandante y ductor, lo que para nadie es un secreto, se la impone…!!!

Agrega en su informe la ONU que una de las causas de estos homicidios es la falta de presencia estatal en las regiones en las que hacen presencia los grupos armados y al hecho de la no implementación del acuerdo de paz en lo concerniente a la reforma rural integral y la sustitución de cultivos.
Ese organismo precisó que los responsables de estos homicidios son las organizaciones de la guerrilla del ELN, el EPL, los disidentes de las Farc y la fuerza pública.

Sobre este último punto, la ONU afirmó que en el 2018 se registraron once casos de ejecuciones extrajudiciales de los cuales se les atribuyen seis a la Policía y cinco al Ejército. Esas ejecuciones extrajudiciales se registraron en Antioquia, Huila, Arauca, La Guajira, Magdalena y Norte de Santander y se pudo conocer, agrega la ONU, que algunos casos se desarrollaron en el marco de protestas sociales, otros se relacionan con el uso excesivo de la fuerza y otros ocurrieron en medio de operativos de control.

En el caso de las afectaciones a la libertad de prensa, la ONU aseguró que las cifras van en aumento, ya que el año pasado se registraron 3 homicidios de periodistas, 200 amenazas y 477 agresiones.
El organismo internacional hizo un llamado al Gobierno y a la guerrilla del ELN para se acuerde un cese al fuego bilateral que permita construir confianza para avanzar en la construcción de paz.

Mientras tanto, el asesinato por encargo sigue siendo en Colombia y lo reiteramos ya por más de 50 años ininterrumpidos, una lamentable realidad, pero en absoluto la misma constituye preocupación alguna para esa llamada “Comunidad Internacional”, integrada por 54 países de los 193 que hacen parte de las ONU, la cual sólo tiene sus mirillas apuntando hacia nuestro país…   
rumbos200@gmail.com