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miércoles, 8 de mayo de 2019

¿Por qué existe un deliberado y sistemático genocidio de niños en Gaza?



Por Rolando Prudencio Briancon:

Si tomamos en cuenta las declaraciones de la actual ministra de justicia de Israel Ayelet Shaked, instigando a que: “los palestinos tienen que morir y sus casas ser demolidas (…) Son todos enemigos y deberíamos tener su sangre en nuestra mano. Y eso se aplica a las madres terroristas y sus pequeñas ratas”; podría entenderse entones que esta nueva ofensiva contra la población palestina, y no sólo que es una de las tantas agresiones que Israel ha lanzado contra los palestinos, sino que tiene como objetivo un explícito exterminio de la población en general.


Pero además que las víctimas de este genocidio sean los niños, que da cuenta que lo que se quiere es diezmar e ir acabando gradualmente la población palestina, hasta lograr su desaparición definitiva.

Para nadie es una novedad enterarse no sólo de los permanentes ataques del ejército sionista contra la población civil palestina en Gaza, sino que de la manera más cobarde y abusiva, contra quienes se ensañan para exterminarlos, y/o detenerlos -ésa es otra forma de aplicar genocidio, que implica la separación de sus tierras como de sus padres- para trasladarlos a otras zonas, fuera de Franja de Gaza, son a los niños palestinos.

Es obvia; aunque pareciera que existiese una inefectiva como impotente actitud de la comunidad internacional hacia esta barbarie, que da la impresión que se deja transcurrir esta felonía del estado genocida sionista de Israel ante una comunidad internacional que contemplativamente va a dejar que se consolide esta criminal contumacia contra el pueblo palestino, porque los israelitas son el “pueblo elegido”.

Pero también se entiende entonces porqué tan descarada y provocadoramente Trump reconoció a Jerusalén como capital de Israel, que va contra el acuerdo alcanzado ante la ONU hace más de medio siglo atrás, y que no busca sino la desaparición no sólo real, sino también simbólica de Palestina.

¡Ojo!, que Trump también ha aplicado de la misma forma este tipo de genocidio hace poco, cuando ordenó la detención, y separación de los hijos de los migrantes centroamericanos -sobre todo hondureños- enjaulándolos; tal como hemos visto las infaustas imágenes; las mismas que el mundo también presencia cada vez los cobarde abusos de los israelitas contra los niños palestinos. No en vano la relación de dependencia entre el estado israelí y los EE.UU., es hasta morbosamente enfermiza.

Así que tanto para el sionismo israelí como para el Establishment estadounidense ha empezado una estrategia del exterminio de poblaciones indefensas, y que responde a la imperial idea de hacer un mundo más “seguro”; aunque cobardemente se cometa genocidio por todas partes, y contra los niños quienes serán los futuros conductores de sus naciones.

prudenprusiano@gmail.com



miércoles, 17 de abril de 2019

Israel y su cobarde e insolente insinuación de impunidad ante la Corte Penal



Por Rolando Prudencio Briancon:

Algún momento aquel Estado agresor, genocida y eficaz para ensangrentar a los indefensos tenía que mostrar que su arrogancia y agresividad, no son sino la confesión de una cobardía que, ante esa revelación de sus miedos, no le queda otra que portarse más agresivo.

Esos es lo que acaba de demostrar el estado israelí y su cobarde conductor: Benjamín Netanyahu, quien en esa mezcla de cobardía y arrogancia ha advertido a la Corte Penal Internacional; que ni se atreva a enjuiciar Israel y los EE.UU.


Decía que la congénita cobardía de Netanyahu y el sionista estado de Israel; no sólo es por las interminables masacres que comete contra la población palestina en general; y en particular: NIÑOS, ancianos y mujeres, que como ya es testigo la opinión pública mundial, son innumerables los casos en los que como la semana pasada han arrestado abusivamente a niños de las escuelas y los han trasladado han centros de confinamiento para ser interrogados. Así mismo las tropas del Ejército israelí incursionan en viviendas de los palestinos, sin respetar ni la hora, ni la edad de los palestinos que viven en la Franja de Gaza.

Pero hoy ya su cobardía y agresividad la acaba de mostrar su flamante y reelecto presidente Benjamín Netanyahu, quien ha salido advertir que la Corte Penal Internacional, no se atreva a enjuiciar; ni a Israel, ni a los EE.UU., y que de igual forma practica el mismo estilo cobarde de agredir y no responder por sus actos.

El caso más elocuente es el del genocida George Bush, que a más de 16 años de la invasión a Irak; nunca ha respondido por aquel genocidio cometido, pretextando la existencia de “Armas Masivas” que tenía el régimen de Saddam Hussein, y que hasta el día de hoy se le pudo comprobar, pero sardónicamente Saddam fue colgado y el cobarde genocida de Bush, y éste goza hoy de su afamado retiro, después de colgar -qué ironía- su foto en el salón de la fama de los ex presidentes.

Son tiempos del ocaso del Orden Imperial impuesto por los yanquis y los sionistas israelitas. No en vano los EE.UU., ya no son la potencia que ponía el orden donde se le antojara; ni tampoco Israel va hacer lo que hizo antes; no en vano esta reacción que; aunque arrogante e insolente, no es sino la muestra de que tienen miedo; aunque demuestren despotismo contra la Corte Penal Internacional, ordenándole que no se atreva a enjuiciar.

Y es que como todo imperio y sus acólitos, ya no distinguen lo que es dignidad y lo que es arrogancia, pues si fuesen dignos asumirían valientemente las responsabilidades de sus actos; pero al no serlo han optado por la arrogante amenaza.; esta vez contra una institución que forma parte del sistema internacional de las naciones; y es porque siente miedo que lo disimulan con arrogancia.
prudenprusiano@gmail.com

sábado, 1 de diciembre de 2018

Netanyahu y Trump, una dupla fatal para Palestina y la paz


Por Sergio Ortiz:
Israel otra vez agrede a los palestinos en Gaza

Otra vez bombardeos e incursiones militares de Israel encendiendo la mecha de la violencia y muertes en Gaza. Otra vez la justa respuesta defensiva de los palestinos.

Como en cada una de las acciones que se vienen sucediendo en Gaza desde 2007, los hechos cantan que el agresor es Israel. Sin embargo, los medios de incomunicación simpatizantes del sionismo reiteraron sus coberturas bien sesgadas: los palestinos fueron los “terroristas” y agresores que por propia iniciativa arrojaron 300 misiles contra poblados israelitas.


Tanta falsedad abruma. Las cosas no sucedieron de ese modo, pero gran parte del público será intoxicado con aquellas informaciones falsas y creerá que son verdades.

El domingo 11 de noviembre a la noche una fuerza israelí penetró más de 3 kilómetros en la Franja de Gaza, para secuestrar o bien asesinar a Nur Baraka, un comandante de las brigadas Ezzedin al Qasam, brazo militar del Movimiento de Resistencia Islámica, Hamas.

El comando invasor asesinó a ese líder, pero los milicianos los repelieron y los criminales debieron retroceder, con cobertura de fuego aéreo de la Fuerza de “Defensa” israelí (FDI). Murieron 7 palestinos y un teniente coronel israelí (presentado por los medios como un “soldado”).
A raíz de esa agresión armada y esas muertes, Hamas decidió arrojar unos cuantos cohetes no precisamente misiles de última generación o “inteligentes”. Varios fueron neutralizados por el “Escudo de Hierro” israelí, pero otros cayeron en algunas ciudades y uno impactó en un ómnibus. Hubo un muerto en una vivienda, paradojalmente un residente de origen palestino, otra mujer herida de gravedad y un soldado en estado crítico.

Nadie debería alegrarse de ese saldo de los cohetes de Hamas, pero a condición de condenar primero como origen de la violencia al operativo invasor en Gaza.
Como siempre, el lado palestino puso la mayor parte de la sangre. Los bombardeos israelitas causaron tres muertos y decenas de heridos, destruyendo viviendas, edificios, un hotel, la sede de Al Aqsa TV y otros sitios. La prensa adicta al sionismo aseguró que eran cuevas del “terrorismo”, justificando así la destrucción y muerte. Las tropas del jefe del Estado Mayor del Ejército, general Gadi Eisenkot, en cambio, son unos santos…

Estos enfrentamientos, entre una parte agresora que ataca y otra agredida que se defiende, han puesto a la región en máxima tensión. Hubo una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, que de palabra pidió frenar la violencia y negociar una tregua, pero que en los hechos no logra ni puede articular una solución más duradera por una doble razón. Una: la ONU está gaga, decrépita y necesita refundarse sobre nuevas bases, sin el poder de veto de las potencias. Otra: el poder del neonazi Trump y su sociedad con el gabinete también neonazi Netanyahu.
Por ahora se han tomado un respiro los abrumadores bombardeos contra Gaza y los módicos proyectiles sobre Sderot y otras ciudades del sur israelí. Hasta la próxima vez.

Cuarta guerra
La batalla iniciada el 11 de noviembre es parte de lo que vendría a ser la cuarta guerra en Gaza. Se inició el 30 de marzo pasado con la movilización de los palestinos hacia la frontera de la Franja, en la “Gran Marcha del Retorno”. Ese viernes y los siguientes los manifestantes fueron baleados sin consideración por los israelitas. Sólo el 14 de mayo pasado esas tropas asesinaron a 60 personas de ese modo. Era gente desarmada que pedía volver a sus tierras, de donde fueron desalojados o debieron huir por la ocupación de Israel que fundaba su estado en mayo de 1948.

Desde marzo hasta el 13 de noviembre fueron asesinados en Gaza 231 palestinos, entre ellos mujeres y niños. En cambio del lado israelí sólo murió un soldado. Mejor ilustración sobre quién es el agresor y quién el agredido, imposible. Otro elemento básico completa la comparación: todos los muertos estaban en la castigada Franja de Gaza, de apenas 362 kilómetros cuadrados donde viven hacinados 2 millones de personas.

De esa población el 45 por ciento no tiene trabajo, índice que se eleva al 70 por ciento en los jóvenes; está bloqueada por tierra y mar por Israel desde 2007, cuando Hamas asumió el gobierno tras ganar las elecciones el año anterior. El bloqueo israelí determina que hay electricidad sólo cuatro horas al día. La contaminación ambiental es tal que la ONU estima que en 2020 será una zona inhabitable.
Hubo allí tres guerras lanzadas por Israel. La primera fue “Operación Plomo Fundido”, entre diciembre de 2008 y enero de 2009. La segunda “Pilar Defensivo” en noviembre de 2012. La tercera y más letal “Margen Protector”, entre julio y agosto de 2014, cuando fueron asesinados 2.310 palestinos y heridos 10.600.
Se teme que la actual agresión desemboque plenamente en la cuarta guerra, aunque en Egipto siguen negociando el gobierno del presidente Abdelfatá al Sisi y el enviado de la ONU, el búlgaro Nickolay Mladenov.

Hamas no actuó con intransigencia. En octubre del año pasado, en esas negociaciones en El Cairo, aceptó retirarse de las fronteras de Gaza y entregar la administración civil de la Franja a la Autoridad Nacional Palestina de Mahmud Abbas. Cumplió con lo primero en tiempo y forma, y se aprestaba a concretar lo segundo, cuando sobrevino la nueva agresión.

Netanyahu no habría podido hacer lo que hizo en soledad. Gozó de la gran ayuda de su socio mayor en la Casa Blanca, quien recortó 200 millones de dólares de programas sociales en Palestina y mudó su embajada a Jerusalén el 14 de mayo. ¡Ese día los palestinos sufrieron 60 muertos!
La desprestigiada ONU va a hacer poco y nada. Mejor es la solidaridad de los pueblos y de las personas, como Roger Waters en Buenos Aires alentando la campaña del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones). El rockero hizo flor de pogo a favor de Palestina en las narices de Mauricio Macri, el socio menor de Trump y Netanyahu.

ortizserg@gmail.com

miércoles, 18 de julio de 2018

Asesinatos y negocios de Israel en Gaza


Por Leandro Albani:
Israel redobla su política represiva contra los pobladores de la Franja de Gaza mientras publicita su industria armamentística.

¿Hasta dónde llega la furia represiva del Estado de Israel? ¿Hacia qué lugar lejano observa buena parte del mundo ante la muerte cotidiana de los palestinos y las palestinas? ¿Qué piensan –al menos en algún lugar recóndito de sus conciencias- los gobernantes sobre las masacres cometidas durante setenta años por las fuerzas militares israelíes? ¿Acaso alguien –cualquiera de nosotros y nosotras- se detiene a reflexionar sobre una política de Estado visible y concreta que tiene como objetivos de guerra a los niños y a las niñas de Palestina?

Por estos tiempos, pareciera que el pueblo palestino se reduce a las imágenes frías que ya no se pueden ocultar: hombres, mujeres, niños y niñas, ancianos -y hasta personas con discapacidades- cayendo por las balas de los francotiradores israelíes o los bombardeos de la aviación hebrea. Y frente a esas imágenes no sucede nada; nada cambia y el futuro del mundo se acerca, cada vez más, a su versión descarnadamente inhumana. Palestina es el ejemplo más cruel sobre la indiferencia de muchos y muchas, pero sobre todo de la complicidad de los “respetados” líderes mundiales. Palestina se desangra día a día, y sus hijos y sus hijas son arrasados por la maquinaria militar israelí, financiada por Estados Unidos y las potencias europeas.

En este panorama lúgubre, los niños y las niñas de Palestina se transforman, tal vez, en el capítulo más concreto que resume las intenciones del Estado israelí: desparecer de la faz de la tierra a una población que, pese a los dolores y golpes recibidos, se niega a perecer. ¿Una exageración? Para nada. Desde la creación de Israel, sus gobernantes y líderes dejaron en claro que los habitantes originarios de Palestina debían caer bajo el fuego de artillería o seguir acrecentando una diáspora hasta lograr la “limpieza” total del territorio. Es más, hasta estos días se pueden escuchar teorías que –en su máximo paroxismo- niegan que en Palestina vivan palestinos.

Muertos, presos e impunidad
En los primeros seis meses de este año, el Estado israelí detuvo a 3533 palestinos, de los cuales 651 son menores de edad y 63 mujeres. Las cifras se desprenden de un informe conjunto elaborado por el Centro Al Mezan para los Derechos Humanos, la Comisión de Prisiones, la Asociación de Apoyo a los Presos y los Derechos Humanos (Addameer). Del total de arrestados, Tel Aviv ordenó 502 detenciones administrativas, por la cual los prisioneros son encarcelados por tiempo indeterminado y sin derecho a una legítima defensa. Se calcula que en las cárceles se encuentran casi 6.000 presos políticos palestinos.

El sábado pasado se conoció que los bombardeos de la aviación israelí sobre la ciudad de Gaza dejaron como saldo dos niños muertos y al menos 25 heridos. Namir Al Nimra de 15 años y Luai Kheil, de 16 años, fueron las víctimas fatales. Un día antes, Rami Heles, de 15 años, fue fusilado por un disparo en el pecho. La bala que lo asesinó salió desde las filas del Ejército israelí. El viernes en el que a Rami le robaron la vida un total de noventa palestinos tuvieron heridas de fuego en medio de las protestas que desde hace tres meses se realizan en la Franja de Gaza en el marco de la Gran Marcha del Retorno. Desde que comenzaron las protestas, Israel ya asesinó a 138 palestinos y dejó unos 15.000 heridos, la mitad de ellos por fuego real.

Como si las muertes fueran poco para Tel Aviv, los niños y las niñas de Gaza también reciben como medidas punitivas los profundos trastornos psicológicos derivados de los bombardeos, la crítica situación de los sistemas de salud y educación en la Franja –debido al férreo bloqueo impuesto por Israel- y la destrucción sistemática de sus lazos afectivos y sociales.

Un laboratorio de negocios
A principios de julio el grupo de derechos humanos Hamushim denunció que Israel utiliza a Gaza como laboratorio para nuevas armas y tecnología que luego planea vender. En un informe difundido por la agrupación -administrada por la Coalición de Mujeres por la Paz, con sede en Israel y que colabora con el Comité de Servicio de Amigos Estadounidenses, galardonado con el Premio Nobel de la Paz-, afirmaron que tanto el ejército hebreo como las corporaciones de defensa prueban y publicitan drones, rifles de francotirador y vallas “inteligentes” durante las protestas en Gaza.

“La industria militar israelí explota la ocupación de Palestina, y específicamente el asedio a Gaza, como un campo de batalla para probar, invertir e innovar en tecnología militar para luego comercializarla a la comunidad internacional sobre la base de su efectividad contra los civiles palestinos”, expresó el informe. La investigación agregó que la invasión israelí a Gaza en 2014 ayudó a las firmas armamentísticas a vender aviones no tripulados Hermes 900, cartuchos de tanque Hatzav y bombas inteligentes MPR500.

Durante la Gran Marcha por el Retorno, según el informe, se prueba el gas lacrimógeno Matrice 600 y Phantom 3, drones apodados “Sea or Tears” y “Shoko”, camiones hidrantes que lanzan un líquido pegajoso y con muy mal olor. También se utilizan rifles Remington M24 y IWI Tavor con sus municiones que dejan heridas de salida que se expanden hasta 15 centímetros. En la investigación se aseveró que después de que el despliegue de drones fue considerado “exitoso”, el ejército israelí compró “cientos” de unidades.

“Gaza se ha convertido en una sala de exposiciones para las vallas inteligentes de la compañía, ya que los clientes aprecian que los productos sean probados en batalla”. Las palabras corresponden al director ejecutivo de la empresa Magal Security Systems y están citadas en el informe de Hamushim, en el cual se detalló que la firma “también es un proveedor clave de sistemas fronterizos para el muro de apartheid de Cisjordania”. Como “cita de color”, en el informe se recordó que “tras la elección de Trump y su declaración de la construcción de un muro fronterizo más fuerte con México, las acciones de Magal aumentaron en un 19-25% en NASDAQ”.

En mayo pasado, el periodista inglés y corresponsal en Medio Oriente Robert Fisk titulaba un artículo con una pregunta lacerante: “¿Cuánto tiempo vamos a seguir simulando que los palestinos no son personas?”. En esas pocas palabras, resumía la tragedia palestina, pero también la impunidad que sostiene a Israel y sus alianzas que le permiten cometer todo tipo de violaciones a los derechos humanos. La pregunta de Fisk no es caprichosa ni busca la espectacularidad mediática. Es, principalmente, el grito desesperado de un pueblo que rechaza su extinción.

leandroalbani@gmail.com

jueves, 19 de abril de 2018

El ejército israelí prosigue sus crímenes en Gaza


Por Julien Salingue:

El viernes 30 de marzo, varias decenas de miles de palestinos y palestinas se manifestaban en Cisjordania y Gaza para inaugurar la Marcha del Retorno, una serie de iniciativas que culminará el 15 de mayo con ocasión del 70 aniversario de la Nakba, la gran expulsión de palestinos y palestinas que se produjo cuando la creación del Estado de Israel. En Gaza, el ejército israelí disparó con balas reales contra los y las manifestantes, que iban sin armas. Balance: 20 personas muertas y más de 1500 heridas. Una semana más tarde, los francotiradores del ejército de ocupación han reincidido: 10 personas muertas y más de 400 heridas (Conocemos ya los datos del pasado viernes 13 de abril: una persona muerta y 175 heridas; en total, más de 700 personas recibieron asistencia médica, incluidos 14 trabajadores sanitarios de un hospital de campaña de Jan Yunes donde cayeron gases lacrimógenos. -ndt).



Entrevistado a propósito de estas muertes, el ministro de defensa Avigdor Lieberman, de extrema derecha, declaró: "No hay gente ingenua en la banda de Gaza. Todo el mundo está conectado con Hamás [...]. Todo el mundo recibe un salario de Hamás y todos los militantes que intentan desafiarnos y franquear la frontera son militantes de la rama armada de Hamás". En otros términos, Lieberman asume sin complejos el hecho de que, para Israel, toda la gente de Gaza merece ser castigada y que, en la pequeña franja costera superpoblada, nadie es inocente.

Castigo colectivo
Coherente con esta posición en total contradicción con el derecho internacional, que prohíbe toda forma de castigo colectivo, el Estado de Israel ha rechazado las investigaciones demandadas por la representante de la diplomacia europea Federica Mogherini y por el secretario general de la ONU, mientras Estados Unidos ha jugado su papel habitual bloqueando toda acción o declaración del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Habrían cambiado algo tal investigación o tal declaración en la situación sobre el terreno? Ciertamente no. Pero estos acontecimientos dan fe, una vez más, del sentimiento de impunidad total de la que goza el Estado de Israel, y de la forma en que sus amigos le apoyan en las instituciones internacionales. Y, sin dudarlo, debido a que se sentían autorizadas a reincidir, las autoridades israelíes han dado la orden de disparar el 6 de abril, conscientes de que no se arriesgaban prácticamente a nada, o como mucho a tímidas condenas de la comunidad internacional.

Israel: un Estado fuera de la ley
Lo que se juega en estos momentos en Gaza nos recuerda hasta qué punto la gente palestina no puede contar más que con sus propias fuerzas, y con el movimiento de solidaridad internacional. Lo que la gente palestina se atreve a revindicar son sus derechos. Nada más. Derechos consagrados por múltiples resoluciones de la ONU y teóricamente protegidos por decenas de convenios internacionales, resoluciones y convenios que prevén mecanismos de sanción contra los Estados que no los respeten. El Estado de Israel es un Estado fuera de la ley y, nunca se repetirá suficientemente, merece ser sancionado. Actuar en memoria de las personas muertas en Gaza, actuar a favor del porvenir del pueblo palestino, es actuar por aislar y debilitar al Estado de Israel. La campaña BDS, construida siguiendo el modelo de la campaña de boicot al África del Sur del apartheid, ha logrado victorias a lo largo de los últimos años. Hay que prolongarla, desarrollarla, rechazando toda forma de chantaje de antisemitismo y recordando que en la gran guerra por la civilización, la barbarie no está del lado que se nos dice.

pedrogellert@yahoo.com

sábado, 7 de abril de 2018

Palestinos, un genocidio cometido por Israel que no cesa


Por Emilio Marín:
La cancillería Argentina no dijo ni mu

Invariablemente las bajas, muertos y heridos los pone el sufrido pueblo palestino. El agresor es Israel, sus autoridades políticas y militares sintetizadas en un nombre, Netanyahu. Esta vez, como en todo 2017, con el auspicio de Donald Trump.
Los hechos hablan por sí solos. El 29 de marzo el ejército de Israel puso cien francotiradores en la frontera con Gaza, territorio palestino bloqueado hace diez años y varias veces invadido y bombardeado. Esos militares provocaron 18 muertos y 1.400 heridos, la mitad por balas y la otra intoxicada con gases arrojados por drones.



Del lado israelí no se reportó ningún muerto ni herido. Clarito quién fue el agresor y quién el agredido.
Con un agravante político y legal. Los manifestantes estaban en su territorio, a varios metros de la frontera. Los israelitas asesinaron a gente que estaba en la bloqueada Franja de Gaza. Si disparar de ese modo era un crimen de lesa humanidad, hacerlo contra un país vecino se convierte en agresión y violación de soberanía.
Si además esa represión fue desde suelo ocupado por Israel pero históricamente perteneciente a los palestinos, en concreto hasta 1948, cuando fueron expulsados de allí para establecer el Estado de Israel, entonces se conforma un paquete detestable de violencia, genocidio y conquista por la fuerza.

Que no se diga que esta calificación es sesgada ideológicamente. Los hechos, sangrientos, hablan por sí solos. La entidad de derechos humanos de Israel, B’Tselem, también condenó la represión del 29 de marzo.
¿Cuál era el delito palestino? Conmemorar el Día de la Tierra, el mismo día de 1976 cuando seis palestinos fueron asesinados por clamar por esos derechos. El 42 aniversario de aquella patriada, con “La Gran Marcha del Retorno”, fue más sangriento que el original. No sólo por el calibre de las armas sino también por el carácter aún más genocida de las autoridades de Tel Aviv. Estas son más criminales que aquellas…

Mentiras sionistas
La barbarie no tiene justificación pero los dirigentes israelitas tienen de maestro a Goebbels en su axioma de “miente, miente, que algo queda”.
Su explicación para la matanza fue que los palestinos habían concebido una “acción terrorista” disfrazada de marcha pacífica. Supuestamente los abatidos eran todos militantes de Hamas y Jihad (la primera ejerce el gobierno en Gaza tras haber ganado las elecciones de 2007). Y como prueba de esas falsificaciones, los agresores mencionaron una bolsa con molotov que habrían incautado a los manifestantes.
Aún si este último dato fuera cierto no modificaría ni un ápice los sucesos: abrumadora superioridad militar de un bando, que usa armas de fuego, fusiles, tanques y drones, frente a quienes tenían para defenderse piedras, neumáticos y molotov.

La historia de las molotov evocan la presentación de Patricia Bullrich sobre las armas de exterminio encontradas a los mapuches de Pu Lof en Resistencia Cushamen, en agosto pasado: martillos, serruchos, hondas, lazos y cuchillos.

El operativo represivo fue fríamente preparado. Declararon el lado palestino “zona militar cerrada”, como si ese territorio fuera israelita. Y dispusieron disparar a quien se acercara a la línea. Nunca los activistas estuvieron cara a cara, ni menos la traspasaron, pero los balearon sin asco. Los francotiradores no son para tirar al bulto ni de cerca, sino desde lejos, lo que demuestra que las víctimas no estaban poniendo en peligro sus vidas.

Mientras el mundo se horrorizaba por lo sucedido, Netanyahu declaraba “muy bien por nuestros soldados”. Cualquier semejanza, en pequeña escala, con Mauricio Macri recibiendo a Luis Chocobar, y Bullrich ascendiendo a Echazú y 5 gendarmes que reprimieron cuando desapareció Santiago Maldonado, no es mera coincidencia. Tampoco es casual que la cancillería macrista no dijera de mu de la última represión de Israel.

Trump lo hizo
Los responsables de la matanza son Netanyahu, el jefe del Estado Mayor teniente general Gadi Eizenkot y el ministro de Defensa, Avigdor Lieberman. Son neonazis. El último era canciller años atrás y declaró, ante protestas palestinas en Gaza, que era partidario de arrojarles una bomba atómica.
Sin disminuir ni un cachito la responsabilidad de ese terceto, la culpa mayor de lo ocurrido es del neonazi mayor, el presidente norteamericano. El 6 de diciembre pasado Trump violó los acuerdos internacionales de mucho tiempo atrás al anunciar que Estados Unidos trasladaría su embajada a Jerusalén. Hasta ahora las 86 embajadas de países que mantienen relaciones con Israel están en Tel Aviv. Ninguna está en la “Ciudad Santa”, preservada como zona especial y sobre la cual los palestinos tienen la aspiración y el derecho a que la capital de su futuro estado esté en la zona oriental de la misma.
Esa provocación yanqui-sionista se demoraría en su implementación hasta 2019, pero se adelantó para el año en curso, con el despido de Rex Tillerson del Departamento de Estado y su reemplazo por el jefe de la CIA, Mike Pompeo.

En consecuencia los palestinos de Gaza, el sector más combativo de ese pueblo, decidieron hacer la manifestación pacífica del 29 de marzo y permanecer en campamentos hasta el 15 de mayo próximo, cuando conmemorarán el día de la Nakba, o Catástrofe, cuando 700 mil fueron expulsados de sus aldeas tras la creación de Israel, el día antes, de 1948.

Si Netanyahu y su socio mayor creen que con muchas muertes van a poder festejar el 70 aniversario de ese Estado con los palestinos vencidos, de rodillas y resignados, están muy equivocados. Podrán bloquear una condena en el Consejo de Seguridad de la ONU, como lo hicieron el 31 de marzo, pero a nivel mundial la bandera palestina flamea con fuerza y dignidad. En cambio a la estrella de seis puntas de David sólo le queda una y no fue Goliat quien apedreó las otras cinco.

ortizserg@gmail.com