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sábado, 11 de julio de 2020

El pueblo kurdo resiste una tormenta de bombas lanzadas por Turquía

Por Leandro Albani:

Turquía acosa con bombardeos y persecuciones a los kurdos, ya sea en Iraq, Siria o la propia Turquía, mientras el gobierno regional de Kurdistán mantiene el silencio.

El bombardeo indiscriminado de un territorio para destruir a los pueblos que conviven en él. Esa parece ser la premisa del gobierno del presidente turco Recep Tayyip Erdogan. Y esa premisa fue confirmada el pasado 15 de junio, cuando el gobierno de Ankara ordenó un bombardeo masivo contra Bashur (Kurdistán iraquí, norte de Irak), que apuntó contra el campo de refugiados de Makhmur –donde viven 15.000 personas, que en su mayoría escaparon de la persecución en Turquía en la década de 1990–, la región yezidí de Shengal –una de las más golpeadas por el Estado Islámico (ISIS) en 2014–, y las montañas de Qandil –donde las Fuerzas de Defensa Popular (HPG), uno de los brazos armados del Movimiento de Liberación de Kurdistán, tienen sus bases.


Pocas horas después, Turquía redobló los ataques aéreos y desplegó tropas en la zona de Heftanin, en la frontera. Ante esto, las respuestas de las HPG no se hicieron esperar y hasta hoy los combates persisten entre las fuerzas invasoras y la guerrilla. Según la información brindada por la insurgencia, decenas de soldados turcos fueron abatidos y al menos cinco guerrilleros fueron asesinados.

Los bombardeos de Turquía contra Bashur no son algo nuevo. En los últimos años, la aviación turca realiza ataques periódicos contra la región, frente al silencio de Estados Unidos, Rusia, el gobierno central de Bagdad y el Gobierno Regional de Kurdistán (GRK), surgido luego de la invasión estadounidense en 2003 y controlado por el Partido Democrático de Kurdistán (PDK), controlado por la burguesía kurda.

El plan trazado por el gobierno de Erdogan para el pueblo kurdo es claro, aunque pueda sonar exagerado: su exterminio total (en especial sus organizaciones de resistencia) y la anexión por la fuerza de los territorios que habitan. Tanto en Bashur como en Rojava (Kurdistán sirio), Turquía controla porciones territoriales, que fueron ocupadas ilegalmente por fuerzas militares regulares o grupos mercenarios. En el caso de Rojava, esa ocupación se aplica en el cantón kurdo de Afrin, desde 2018, y en la una franja de unos 150 kilómetros entre las ciudades de Serekaniye y Gire Sipe. En esas zonas, la metodología desplegada por el Estado turco es simple: bombardeos aéreos masivos, la posterior ocupación a través de grupos mercenarios aliados, la expulsión forzada de la población originaria, el robo y el secuestro sistemáticos de bienes personas y recursos naturales, el secuestro de personas (por las cuales piden rescates millonarios), la opresión sistemática de las mujeres, el envío de funcionarios turcos que imponen en las instituciones administrativas, y la anexión de facto de los territorios ocupados.

Los ataques actuales de Turquía contra Bashur y Rojava se combinan con la fuerte represión interna en Bakur (Kurdistán turco, sudeste del país). El blanco del gobierno es el Partido Democrático de los Pueblos (HDP, por sus siglas originales), que reúne a los kurdos y a sectores de la izquierda y el progresismo, como también a las minorías étnicas. Desde hace varios años, el HDP es golpeado de forma permanente por Erdogan. En los últimos meses, el gobierno recrudeció las intervenciones de los municipios gobernados por el HDP, encarcelando a los co-alcaldes kurdos y reemplazándolos por funcionarios de Ankara.

Por su parte, en las últimas semanas el régimen de Irán lanzó una ofensiva militar contra las Unidades de Defensa del Kurdistán Oriental (Yekîneyên Parastina Rojhilata Kurdistan, YRK), al mismo tiempo que Turquía bombardeaba Bashur.

El 23 de junio pasado, Turquía bombardeó los alrededores de la localidad de Kobane, en Rojava, asesinando a Zehra Berkel, Hebûn Mele Xelîl y Amina Waysî, integrantes del Kongreya Star, la principal organización de mujeres del norte y el este de Siria. La eliminación de mujeres kurdas, en su mayoría vinculadas al proceso de cambio social y resistencia en todo Kurdistán, es una de las mayores obsesiones de Erdogan.

El miércoles, el Kongreya Star envió una carta al secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres y a los miembros del Consejo de Seguridad del organismo, en la cual denunció la situación crítica que viven las mujeres debido a la invasión turca. En el texto, desde la organización remarcaron: “Hemos estado sufriendo, continuamente y más que nunca, los crímenes del gobierno del Estado turco y de aquellos leales y apoyados por él. Estos crímenes se siguen perpetuando incluso después de los llamamientos hechos por la mayoría de las instituciones internacionales para un alto el fuego general en el mundo. Estos llamamientos se aplican especialmente en las zonas de conflicto activo para hacer frente a la propagación del coronavirus. Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), por su parte, han aceptado estos llamamientos”.

En tanto, la Unión de Comunidades de Kurdistán (KCK) difundió una declaración el domingo pasado en la que denunció que el gobierno de Erdogan busca “ocupar el territorio del Imperio Otomano y ponerlo bajo su dominio”. “Los ataques de su ejército contra Siria, Irak y Libia también amenazan a todos los demás países árabes –agregó la principal organización del Movimiento de Liberación de Kurdistán-. La ambición de ocupar otros países, heredados de los otomanos y su dominación, se ha convertido en el carácter fundamental de la política estatal turca”. Desde la KCK alertaron que donde Turquía ocupa territorios, “levanta la bandera, establece escuelas turcas y organiza la policía y las fuerzas de seguridad bajo su mando. En Siria, incluso está introduciendo su propia moneda, preparando así el terreno para la anexión. La máscara islámica y las proclamaciones de una supuesta lucha contra el terrorismo están destinadas a ocultar los ataques destinados a la ocupación y la anexión”.

Con esta nueva avanzada militar de Turquía, queda en evidencia que, más allá de diferencias o matices, los estados que ocupan las cuatro partes de Kurdistán siempre llegan a un acuerdo a la hora de castigar al pueblo kurdo. En este caso, cuentan también con la bendición de Estados Unidos (que mantiene un férreo control del espacio aéreo iraquí) y de Rusia (que mantiene ese control en los cielos de Siria). El otro gran aliado de Turquía y sus aliados es el silencio internacional. Los ataques a Bashur apenas tuvieron la condena de la Liga Árabe y declaraciones de repudio –bastante “formales”- del gobierno de Bagdad y del GRK.

Desde que se inició la operación turca “Garra de Águila” contra Bashur, miles de personas en todo Kurdistán y en Europa se encuentran movilizadas para denunciar los ataques, el asesinato de civiles y los intentos de ocupación de Ankara. Para los kurdos y las kurdas, como bien lo saben, la resistencia no sólo se traduce en sus fuerzas guerrilleras, sino en una solidaridad que crece día a dí
leandroalbani@gmail.com

sábado, 23 de noviembre de 2019

Turquía nunca tuvo la intención de cumplir con el alto el fuego



Por Leandro Albani:
El 9 de noviembre se cumplió un mes de la invasión militar de Turquía al norte y el este de Siria, región gobernada por una administración autónoma encabezada por el pueblo kurdo, y que cuenta como brazo armado a las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), grupo conformado por todas las nacionalidades que conviven en el área, y que fueron las principales responsables de derrotar al Estado Islámico (ISIS).

La invasión turca, respaldada por al menos 29 organizaciones terroristas y mercenarias, ya les costó la vida a más de 200 civiles. Los bombardeos continuos sobre ciudades y aldeas generaron el desplazamiento forzado de al menos 300.000 personas. Cientos de heridos, la destrucción de la infraestructura y el asesinato de representantes de la administración autónoma, es la política desplegada por el régimen del presidente turco Recep Tayyip Erdogan. La invasión militar, pese a las tibias críticas de las grandes potencias, fue consentida por Estados Unidos y Rusia, actores desequilibrantes que desde hace más de ocho años pujan sobre el territorio sirio.


La periodista Sara Ainhoa de Ceano-Vivas Núñez, que participa de la Comuna Internacionalista de Rojava, en estos momentos se encuentra en el cantón de Jazira, en el Kurdistán sirio. En diálogo con Revista Crisis aseguró que en la actualidad “la situación es bastante difícil”, debido a las masacres cometidas por las tropas turcas y sus aliados mercenarios.

“Durante este mes, pudimos ver que el ejército turco y sus yihadistas han logrado ocupar las dos grandes ciudades, Gire Spi (Tel Abya) y Serekaniye (Ras al Ain)”, relató la periodista, que publica sus crónicas en el portal El Salto Diario. “Hasta el momento, han logrado avanzar hasta la frontera con la ciudad de Ain Issa y Til Temir. Son más de 1.300 kilómetros cuadrados ocupados, más de 300 mil personas desplazadas, de las cuales 13.000 se convirtieron en refugiados en el Kurdistán del Sur (norte de Irak). Más de 200 civiles fueron asesinados y más de 180 combatientes de las FDS han caído en combate”.

Aunque la Organización de Naciones Unidas alertó sobre la situación crítica que viven los pobladores del norte y el este de Siria, parece que a muy pocos les importa el futuro de esos hombres y mujeres. “Las familias desplazadas, en su mayoría se encuentran en las ciudades de  Haseke, Raqqa y Qamishlo”, enumeró Sara. “La situación de los desplazados es muy mala, sobre todo porque no hay ningún tipo de ONG internacional que esté aportando ayuda humanitaria. Todo se está organizando a través de las ONG locales y de la administración autónoma junto a las comunas. Se está construyendo un nuevo campo de refugiados, cerca de Haseke, donde ya se han llevado a 65 familias”.

Sobre la situación de los desplazados y los refugiados, Sara agregó que en Haseke “hay más de 50 colegios que tuvieron que ser habilitados” para los pobladores que huyeron de sus aldeas. Uno de los principales problemas es el agua, ya que una de las principales estaciones que aportaba agua potable a alrededor de medio millón de personas, “fue dañada por los ataques del ejército turco”. Aunque el establecimiento está siendo reparado, los bombardeos turcos dificultan los trabajos. “Esto hace que se tenga que transportar el agua desde otras regiones y presas, pero como no es potable está generando múltiples enfermedades”, relató la periodista. “Esta situación generó que el precio del agua embotellada haya aumentado considerablemente, por lo tanto hay una carestía muy importante en cuanto al agua, que debe resolverse lo antes posible, pero con los medios que hay actualmente la situación no tiene buenas perspectivas”.

LA: ¿Cuál es la situación con respecto a los ataques de ISIS?
SA: La situación es difícil con respecto a las células durmientes de ISIS. Al menos, ha habido 30 ataques solo en los primeros 10 días de noviembre. En la ciudad de Qamishlo, el lunes hubo tres ataques que se saldaron con muertos civiles. Los principales objetivos de las células de ISIS son la población cristiana. Kino Gabriel, portavoz de las FDS, declaró que la comunidad se tenía que hacer cargo y ayudar con los 12.000 miembros de ISIS que se encuentran encarcelados dentro de las fronteras de AANES.

LA: ¿Cómo ves el estado de ánimo de la población frente a la invasión?
SA: Las poblaciones se están movilizando y hay una gran solidaridad entre todos. Hay muchísimos desplazados que están viviendo como invitados en las casas de las personas, algo que supone una gran carga económica para las familias. Por ejemplo, en una sola casa hay cuatro o cinco familias, algo que aumenta la presión en las diferentes ciudades. Las familias también proveen dinero para que la salud sea cubierta en diferentes aspectos. La Media Luna Roja Kurda está llevando adelante una campaña de recolección de dinero a nivel mundial para tratar de hacer frente a las dificultades que están teniendo en el terreno, en el frente y con los desplazados.

El estado de ánimo de la población es, por un lado, de rabia y de enfado con la comunidad internacional, porque saben perfectamente que la invasión fue un complot internacional apoyando a una potencia imperialista, como es Turquía. Además, se está permitiendo que haya una invasión sobre la soberanía territorial de un Estado. Saben que a Turquía se lo permiten porque es miembro de la OTAN, y porque tanto Rusia como Estados Unidos sacan provecho económico, geopolítico y estratégico dentro de la región. Por eso, la población está tremendamente enfadad con la comunidad internacional, pero aun así la moral y el estado de ánimo sigue siendo alto, sigue habiendo protestas en las calles, la solidaridad entre las personas funciona muy bien. Por ejemplo, ahora se ha comenzado con una campaña de boicot contra los productos turcos y se quiere hacer una concienciación para dejar de comprar  y consumir productos de Turquía. Esto funciona muy bien en las cuatro partes de Kurdistán y en el mundo árabe. La campaña también existe a nivel mundial, pero funciona particularmente bien en Medio Oriente.

LA: ¿Cuáles son las principales demandas de la población?
SA: La población lo único que pide es que no se le permita a Turquía bombardear con aviones. Los pobladores no están pidiendo armas, no están pidiendo nada, sino que terminen los bombardeos para que las fuerzas de autodefensa de la región puedan combatir en una situación de igualdad. Las instituciones están pidiendo la intervención de la comunidad internacional y de la ONU para que frene la invasión y traigan unas tropas, ya sean de la ONU o de la Coalición Internacional, que se desplieguen por la frontera para detener los ataques.

También hay una gran rabia contra las patrullas turco-rusas que se están desplegando actualmente entre Darbesiye y Amude, en el norte de Siria, y en Derik. Hay fuerte protestas en Kobane. La población, de forma espontánea, se coloca junto a la carretera para tirar frutas, huevos, piedras y zapatos contra las patrullas turcas, porque consideran que es una invasión permitida por la comunidad internacional, pero completamente ilegitima en su territorio. De esa manera, muestran que están en contra de la alianza turco-rusa que se ha hecho a espaldas de la población.

LA: ¿Turquía cumple con el alto el fuego?
SA: El alto al fuego negociado por Rusia y Estados Unidos con Turquía ha sido simplemente legitimar la invasión, para que puedan asentar sus poderes en el norte y el este de Siria, y disminuir la potencia de este movimiento y nuevo sistema democrático que se aplica en la región. Turquía no tuvo en ningún momento la intensión de finalizar su invasión ilegal, y tiene objetivos muy claros: la expansión de sus fronteras, en lo que sería el cantón de Jazira hasta la autopista M4, porque es un punto estratégico para ir y venir, así como en ciudades como Til Temir, Kobane y Ain Isa. El objetivo de Turquía es separar el cantón de Kobane del de Jazira, y aislarlo para conquistarlo. Turquía nunca tuvo la intención de cumplir con el alto el fuego que había acordado.
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 21 de agosto de 2019

Otra ola represiva ordenada por el gobierno turco contra los kurdos

Por Leandro Albani:

El gobierno de Erdogan refuerza la represión contra el pueblo kurdo y sus representantes político, y ordena destituciones y detenciones masivas.

Nada parece detener la voracidad del presidente Recep Tayyip Erdogan. Este lunes volvió a hacer gala de su autoridad férrea y ordenó que tres co-alcaldes del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) sean destituidos de los municipios de Amed, Mardin y Van, las principales regiones del Kurdistán turco.
Desde las seis de la mañana, un fuerte operativo policial acompañó a los funcionarios que llevaron adelante las “intervenciones”, aunque desde el HDP -la tercera fuerza política del país encabezada por los kurdos- denunciaron que lo que sucedió fue un nuevo “golpe político” del mandatario. Erogan, que reforzó sus políticas represivas luego del intento del golpe de Estado en su contra en 2016, dejó en claro hace bastante tiempo que uno de sus objetivos principales es erradicar al pueblo kurdo, conformado por más de veinte millones de personas en el sudeste del país.


Días antes de que el presidente tome esta decisión, la diputada kurda Ebrü Gunay y el legislador Garo Paylan, de origen armenio, llegaron a Argentina en el marco de una gira por Sudamérica hasta el 24 de agosto. El jueves pasado, Günay y Paylan brindaron una conferencia en el Senado de la Nación, y el sábado en la Asociación de Trabajadores Argentinos (ATE), en Buenos Aires, donde alertaron que el genocidio cometido por el Estado turco hace 105 años contra los armenios ahora se puede repetir contra los kurdos. Las palabras de los representantes del HDP sonaron premonitorias.

“La injusticia ha llegado a su máxima expresión”, declaró Ahmet Türk, co-alcalde de Mardin, destituido junto a Selçuk Mızraklı, co-alcalde de Amed, y Bedia Özgökçe Ertan, del municipio de Van.
La razón de este nuevo movimiento represivo del gobierno turco es conocido: acusar a los dirigentes del HDP de tener vinculaciones con el terrorismo. Para Ankara, el terrorismo no es el Estado Islámico (ISIS), sino el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), la organización política e insurgente que hace más de cuarenta años lucha por los derechos del pueblo kurdo.

En una declaración oficial difundida por los medios, la administración de Erdogan justificó las destituciones ya que los co-alcaldes, supuestamente, buscaban “convertir estos municipios en centros logísticos donde se proporcionaban recursos militantes, recursos financieros y equipos para apoyar actividades terroristas”.
Para Ahmet Türk, la administración de Erdogan “no reconocen la voluntad de los pueblos y lo quieren llamar democracia. Pero la realidad es evidente”. Türk fue elegido co-alcalde de Mardin, tras conseguir el 56 por ciento de los votos en las elecciones del 31 de marzo. En esos mismos comicios, Mızraklı alcanzó el 63 por ciento de los votos y Ertan el 53 por ciento.
Türk, que seguramente enfrentará un proceso judicial en su contra, aseveró el gobierno de Erdogan intenta establecer “un sistema carente de cualquier atisbo de legalidad”.

Para el presidente turco, esta modalidad de destitución no es nueva. Luego del intento de golpe de Estado de 2016, Erdogan ordenó intervenir la mayoría de las alcaldías del Kurdistán turco, gobernadas por el Partido Democrático de las Regiones (BDP), organización hermana del HDP. Más de sesenta co-alcaldes y co-alcaldesas fueron desplazados de sus cargos y muchos de ellos judicializados.
El paso de Ebru Günay y Garo Paylan por Argentina fue demasiado urgente. Anteriormente, habían estado en Uruguay, donde se reunieron con la comunidad armenia de ese país y con el ex presidente José “Pepe” Mujica. También mantuvieron un encuentro con la vicepresidenta uruguaya Lucía Topolansky. En unos pocos días, los representantes del HDP dejaron varias definiciones y opiniones sobre la larga noche que atraviesan los pueblos de Turquía.

Günay, electa diputada por la provincia de Mardin, explicó que en Turquía “es muy difícil abrir caminos para las mujeres en la política, porque el fascismo no quiere que existan diferencias y por eso no tiene espacio para las mujeres”. Según la diputada, “el fascismo” del partido gobernante AKP “depende y se fortalece con la guerra, donde la mayoría de las víctimas son las mujeres y los jóvenes”.
Günay también explicó que el HDP “trata de unir a los pueblos” para “construir la paz y derrotar a la política polarizadora del AKP”.

Por su parte, Paylan, elegido por la región de Amed, manifestó que en su país “el remedio al nacionalismo no es la enemistad entre los pueblos, sino la solidaridad y la cooperación entre las minorías”. Para Paylan, es fundamental “construir puentes de hermandad y fraternidad”. Paylan no perdió la oportunidad para mostrar la realidad dentro de Turquía: “Estoy en el área de economía en el parlamento, pero en la agenda nunca es el primer tema, porque todos los días hay violaciones de derechos humanos. Miles de trabajadores, académicos, abogados, periodistas están en las cárceles para silenciar al pueblo. Hace cuatro años hubo un proceso de paz entre el pueblo kurdo y el gobierno turco y hoy la situación es más dura. Roban el dinero del pueblo y compran armas y bombas que luego utilizan contra el pueblo kurdo. Hablan de la amenaza de seguridad, y usan eso de excusa y recrudecen la situación económica también.

Pero si no podemos resolver la democratización en Turquía no podemos empezar a discutir la situación de los trabajadores y la situación económica”.
“Una Turquía democrática puede ser un ejemplo de paz para todos, pero una Turquía oscura y racista puede ser un ejemplo para el mundo oscuro y una amenaza para todos -reflexionó Paylan-. En el mundo está lleno de defensores de derechos humanos, pero también hay gente como Trump, Putin y Bolsonaro. Tenemos que demostrarle al mundo que nosotros somos mejores que ellos”.

En medio de la gira por Sudamérica, Günay y Paylan ayer dieron a conocer una declaración en la que explicaban que suspendían las actividades restantes que tenían programadas en Argentina, Chile y Brasil, para volver a Turquía. En un breve comunicado, la diputada y el legislador expresaron que las destituciones de los co-alcaldes es “una clara demostración de la terrible situación en materia de derechos humanos y civiles, y de represión” que vive el país.

Erdogan no se contenta con la represión de los kurdos de Turquía, por eso su gobierno mantiene abierto otros dos frentes con el fin de desbaratar el poder del Movimiento de Liberación de Kurdistán.
En lo interno, como vimos, recortando los derechos y logros del HDP, y al negar el inicio de las negociaciones de paz. Aunque el gobierno permitió que el líder kurdo Abdullah Öcalan recibiera unas pocas visitas, al máximo dirigente del PKK -encarcelado en la isla-prisión de Imrali de 1999- se le niega la participación en unos diálogos que toda Turquía necesita de forma urgente.

El 12 de agosto pasado, Mehmet Öcalan, hermano del fundador del PKK, pudo visitar Imrali. En declaraciones posteriores, comunicó que el líder kurdo reiteró que es necesaria para Turquía una solución política que rechace el estado de guerra permanente en el que se vive dentro del país.

Con respecto a los frentes externos, el Estado turco continúan con los bombardeos constantes contra el Kurdistán iraquí (norte de Irak, Bashur), con el objetivo de destruir a la guerrilla kurda asentada en las montañas de Qandil. Ni el gobierno de Bagdad ni la administración de la región semi-autónoma de Bashur, encabezada por el Partido Democrático de Kurdistán (PDK), se pronunciaron en contra de estos ataques. El PDK, comandando por el poderoso clan Barzani, es uno de los principales aliados de Turquía en la zona. Sin respetar la soberanía de un país vecino, la aviación turca arrasa pueblos y aldeas, dejando como saldo a decenas de civiles muertos.

El otro frente exterior es en el territorio sirio. La región que gobierna la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES) y defienden las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), se encuentra en una tensión continua por las amenazas del gobierno turco. El plan de Erdogan es invadir la región, como lo hizo en el cantón kurdo de Afrin, para imponer un gobierno leal a Ankara. Por ahora, Turquía bombardea algunas zonas del norte y el este de Siria, además de sostener al Ejército Libre Sirio (ELS) en Afrin. Este grupo, donde se reúnen mercenarios, miembros de Al Qaeda y ex combatientes de ISIS, está acusado de cometer una limpieza étnica en Afrin. Días atrás, Estados Unidos acordó con el gobierno de Erdogan implementar “centros de control” en una extensa zona del norte y el este de Siria, luego de varios días de negociaciones. Desde la AANES y las FDS rechazaron el plan original de Turquía, que era aplicar una “zona segura” de 40 kilómetros de profundidad en territorio sirio.

Con la destitución de los co-alcaldes de Amed, Mardin y Van, el HDP recibió un nuevo golpe de Erdogan. En un comunicado, desde el partido denunciaron “un nuevo y evidente golpe político”, que “muestra una actitud abiertamente hostil contra la voluntad política del pueblo kurdo”.

La dirección del HDP criticó que en las intervenciones anteriores en municipios kurdos, los recursos económicos fueron “agotados”. “El ministerio del Interior y el gobierno han sido el foco de la corrupción y los robos a través de sus fideicomisarios (interventores)”, remarcaron en el partido.

Ante el nuevo atropello, el HDP convocó “a todas las fuerzas democráticas, a todos los ciudadanos con conciencia, a todos los partidos de la oposición, las organizaciones de la sociedad civil, sindicatos y asociaciones democráticas, a unirse solidariamente contra un poder que se apodera de la voluntad de las urnas y las elecciones”.

Durante la jornada de ayer, en varias ciudades kurdas del sudeste de Turquía se efectuaron protestas y manifestaciones, reprimidas duramente por la policía. Horas antes de las protestas, el gobierno había desplegado un operativo policial en docenas de localidades kurdas, en las cuales fueron arrestados más de 400 miembros y militantes del HDP.

Los trabajadores de medios de comunicación tampoco quedaron al margen del operativo. Ziyan Karahan, editora de la agencia de noticias Mesopotamia, fue detenida durante una redada. A su vez, fue arrestado Vedat Dag, periodista de la oficina de prensa del HDP.

Selçuk Mızraklı, el co-alcalde de Amed que fue destituido, aseveró que se está usurpando “la voluntad de la gente” y que “ni la Constitución ni las elecciones están siendo respetadas”. “Todo el mundo que viva en Turquía debe saber que nadie puede sentirse protegido por la ley. Es de la voluntad de la gente de lo que se han apoderado”, sintetizó Mızraklı.

El gran temor del presidente Erdogan crece día a día. La respuesta del mandatario a los “peligros” que siente que lo acechan es, inevitablemente, la represión. El presidente turco sabe que el pueblo kurdo, junto a otras minorías étnicas dentro y fuera de Turquía, apuesta a la profundización de un cambio social heterodoxo, anti-estatal, democrático y donde las mujeres se convirtieron en el motor que tracciona la lucha y la resistencia. Este es el gran peligro que observa Erdogan. Los bombardeos indiscriminados, los arrestos masivos y los asesinatos a sangre fría son las respuestas de un mandatario acorralado, que no encuentra (o no le interesa encontrar) una fórmula para estabilizar a su país en lo económico y político.

Desde el otro lado, el Movimiento de Liberación de Kurdistán, en todas sus variadas expresiones, despliega sus propuestas abiertamente, para que todos y todas la oigan: en Turquía, demandando un proceso de paz y que su lucha institucional sea respetada; en Irak, defendiendo la autonomía en las montañas de Qandil, donde la premisa es vivir en comunidad y en paz; en Siria, reforzando un autogobierno en el norte y el este del país, creando nuevos órganos e instituciones para concretar la convivencia entre kurdos, árabes y otras nacionalidades de la región.

Frente a este panorama, el sueño de Erdogan de convertirse en un nuevo sultán otomano es apenas una pesadilla de un hombre trasnochado.
leandroalbani@gmail.com


miércoles, 14 de agosto de 2019

“El gran acierto en Rojava es que se construyó un movimiento inclusivo”



Por Leandro Albani:
Entrevista a Arges Artiaga, uno de los tantos internacionalistas que se sumó a la lucha de las fuerzas de autodefensa kurdas contra el Estado Islámico en Siria.

Las sonrisas de los niños y las niñas es uno de los recuerdos más fuertes que guarda Arges Artiaga cuando piensa en sus días y noches como miliciano de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) en Rojava (Kurdistán sirio).

Este gallego que supera los cuarenta años, un día, decidió que no podía seguir observando, sin hacer nada, cómo el Estado Islámico (ISIS, o Daesh) avanzaba sobre el norte de Siria, destruyendo pueblos, asesinando a las personas e implementando una política de terror pocas veces vistas en la historia moderna del mundo. Artiaga no vaciló demasiado para tomar la decisión. A través de las redes sociales, se puso en contacto con The Lions of Rojava (Los Leones de Rojava), un grupo de combatientes internacionalistas que lo asesoró y ayudó a viajar en 2015 a un territorio que, por ese entonces, ardía al calor de los combates entre las YPG y los terroristas de ISIS.

“Los momentos que más intento recordar son las sonrisas de los niños que, a pesar de la miseria de la guerra, era lo que me empujaba a seguir y seguir –rememora en diálogo con La tinta-. Pero no todos son buenos recuerdos. He perdido una gran cantidad de muy buenos amigos, una cantidad que me niego a contar y poner en una cifra. Gente extraordinaria de varios rincones del mundo”.

La cantidad de internacionalistas que viajaron (y todavía llegan) a Rojava es difícil de calcular. Pero lo cierto es que muchos y muchas se sintieron conmovidos frente a las masacres que cometía ISIS, sin que ningún poder internacional reaccionara por completo. También sintieron la necesidad de sumarse a la lucha del pueblo kurdo, al que, durante varias décadas, el régimen sirio le había negado sus derechos sociales, políticos y culturales. La resistencia de las YPG y de las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ) se convirtió en un faro de luz que permitía que muchos y muchas conocieran un proceso revolucionario que todavía sigue en pie. Y hacia esa luz decidieron viajar.

 “A mediados del 2014, prácticamente no conocía la situación en Rojava y no sabía que existía una zona llamada así. Fue a raíz del genocidio de Shengal (cometido por ISIS en el Kurdistán iraquí) que empecé a investigar sobre el tema –cuenta Artiaga-. Un poco después, durante el asedio de Daesh a Kobane, decidí que ya estaba bien, que, si nadie iba a hacer nada, yo tenía que hacer lo que estuviera en mis manos”.

Con una experiencia militar de seis años en España, Arges dejó sus trabajos variados –“cargando pescado en camiones en el puerto, en la construcción o en el monte talando y plantando cualquier cosa que pagara las facturas a fin de mes”-, le comunicó la decisión a su novia y familia, y relegando ser “un tío normal que trabajaba duro para sobrevivir”, emprendió una travesía con un destino difuso.
“La llegada a Rojava fue un camino largo y difícil –rememora-. A principios del 2015, la situación era muy precaria. Daesh había capturado una gran parte de Rojava. La relación con los kurdos fue buena en general, puesto que los gallegos y los kurdos tenemos una cultura bastante parecida, sobre todo, en lo que se refiere a la hospitalidad”.

Desde ese 2015, Artiaga pasó tres períodos en el norte de Siria combatiendo contra ISIS. Su último regreso a Galicia fue en diciembre de 2017. En ese lapso de tiempo, integró la Unidad de Francotiradores 223, que llevaba su nombre en homenaje al internacionalista australiano Ashley Johnson, abatido durante una operación contra los terroristas el 23 de febrero de 2015 en la ciudad kurda de Hasake. Johnson fue el primer occidental en caer en combate reconocido oficialmente por las YPG.

Artiaga extrae de su memoria otra historia sobre un camarada de armas. “John Gallager era miembro de la Unidad 223 y fallecido en nuestra primera misión –relata-, salvando al resto del equipo. Fue cuando, en una misión nocturna, un terrorista saudí, vestido con el uniforme del YPG, se acercaba al equipo hablando kurdo y con un chaleco explosivo. John, que estaba cubriendo ese flanco, se dio cuenta de que algo no iba bien, se puso delante y apuntó con su arma al terrorista. Le gritaba que parase, pero el terrorista disparó primero y John, ya herido de muerte, consiguió disparar y abatirlo. Entonces, el resto del equipo acabó con el terrorista. John impidió que se volara en medio del equipo”.

Antes de integrar la 223, Artiaga fue destinado a Tel Tamir, una localidad asiria al oeste de Hasake que ISIS conquistó a principios de 2015. En el frente que se extendía a lo largo de 40 kilómetros, en una zona conocida como la ribera de Jabur, empezó a relacionarse con los combatientes kurdos. Al principio, las diferencias culturales, el idioma y la urgencia de la guerra generaban ciertas barreras, pero, con el correr de los días, las discrepancias se esfumaron.

En su segunda estadía en Rojava, de octubre de 2015 a mayo de 2016, Artiaga se sumó como francotirador a la Unidad 223. Según relata, este equipo tenía el objetivo de “abrir caminos” con el objetivo de llegar a ciudades y pueblos que tenían que ser liberados. En declaraciones a la prensa europea, Artiaga señaló que la 223 iba “como punta de lanza” y que, en poco tiempo, “la gente del Daesh nos temía y evitaba”. “Nos hicimos un nombre y una reputación entre los kurdos”, sintetiza. La Unidad 223 fue disuelta luego de que las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), en las que combaten las YPG/YPJ, liberaran de ISIS la ciudad de Manbij en agosto de 2016.

En su último paso por Siria, Artiaga participó de las operaciones para liberar la provincia de Raqqa, donde ISIS había instalado la capital de su Califato. Cuando recuerda lo que veía cuando ingresaba a territorios liberados por las YPG/YPJ, las imágenes se multiplican: “Generalmente, lo que veíamos era alegría, un gran alivio. La gente fumaba, se afeitaban las barbas, y las mujeres rompían o quemaban los vestidos negros que Daesh les obligaba a llevar a base de un terror absoluto”.

“No hay que olvidar que, aunque Daesh ha cometido muchos atentados en Europa y otras partes –reflexiona-, los más afectados, con creces, son los pobladores locales, que fueron absolutamente abandonados a su suerte, durante años, por el régimen sirio. El mismo régimen que, al día de hoy, sigue utilizando a Daesh a su favor como un arma de terror contra aquellos que no los apoyan y también como una justificación internacional para bombardear sin piedad a la población civil”.

En mucha ocasión, Artiaga combatió junto a las milicianas kurdas que, en la actualidad, son reconocidas por su tenacidad y dureza a la hora de enfrentarse a los mercenarios de ISIS. Para este gallego que añora sus días en Rojava, en ningún lugar está escrito que las mujeres tengan vetada la lucha. “Cuando estás en combate, no te importa una mierda si el que tienes al lado es un hombre o mujer, si le gustan los hombres o las mujeres, o si le gusta el color rojo o verde –resume de manera cruda-. Cuando las balas empiezan a volar por encima de tu cabeza, lo único que importa es que puedas confiar en quien tienes a tu lado y que esa persona llegue hasta el final y no te deje solo cuando todo parece perdido”.

De su experiencia en Rojava, Artiaga saca conclusiones concretas y simples. Al referirse al proceso que viven los pueblos del norte y el este de Siria (amplia región liberada por las FDS y gobernada de forma autónoma), dice que “aciertos y errores supongo que hay y sigue habiendo muchos, pero el gran acierto es que es un movimiento inclusivo”.

En lo más íntimo y personal, el miliciano de la 223 remarca que su decisión de viajar la tomó “con todas las consecuencias y, si tenía que ser hasta el final, lo sería. Los motivos han ido cambiando cada vez. En la segunda ocasión en que viajé es porque ya me sentía mucho más apegado a los kurdos, los consideraba parte de mi familia y simplemente no podía quedarme en casa mientras mis hermanos morían. La tercera vez que decidí participar en la liberación de Raqqa fue una mezcla de las dos primeras. También quería estar por todos los mártires, por mis hermanos caídos. Necesitaba acabar el trabajo”.

Al regresar a su país, Artiaga fue acusado por la Audiencia Nacional de ser responsable de la muerte de 28 integrantes de ISIS y de “poner en riesgo la neutralidad de España”. Más allá de cierto revuelo mediático, finalmente, la causa en su contra fue archivada.

Aunque, en un principio, las relaciones entre los internacionalistas y los combatientes kurdos tuvieron algunas complicaciones, con el transcurso de los años, la llegada de extranjeros a Rojava se fue aceitando, sobre todo, por la necesidad de barrer del territorio a ISIS. “De los kurdos, aprendí que son un pueblo honorable y abierto –afirma Artiaga-. Cuando un comandante que ha perdido a 30 miembros de su familia en Kobane a manos del Daesh, te dice que hay que tratar humanamente a los prisioneros, cualquier occidental se quedaría sin ningún argumento ante una cosa así”.

Según el combatiente gallego, los internacionalistas en Rojava también “éramos como pequeños embajadores de nuestros países. No hay que olvidar que más de 25.000 miembros de Daesh partieron de Occidente para esclavizar, violar, matar y someter a la población indígena, y no hablo sólo de los kurdos”.
 “Lo que ellos aprendieron de nosotros supongo que es ver el mundo de otra forma, fuera de los estereotipos que pudieran tener –reflexiona Artiaga-. Hay que tener en cuenta que la gran mayoría de kurdos, y no sólo kurdos del norte de Siria, son gente muy pobre. Los que conseguían educarse un poco lo hacían en las escuelas del régimen, donde les contaban una idea totalmente falsa de Occidente, ensalzando a Adolf Hitler como un gran hombre que los depravados, drogadictos y homosexuales occidentales habíamos acabado con él. Esto es solo un pequeño ejemplo que cualquier kurdo de Siria puede confirmar”.

Un último recuerdo fugaz y, a su vez, profundo es cuando otro comandante le dijo que a los kurdos “no nos importa el Estado, nos importa la gente”. Y esa idea es una de las que marcó para siempre a Artiaga.
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 25 de octubre de 2017

Kirkuk ¿El nuevo ojo del huracán en Medio Oriente?

Por Leandro Albani:

En esa tierra caliente y árida que conforma la provincia de Kirkuk, en el norte de Irak, los movimientos militares y los enfrentamientos diplomáticos se acrecientan día y día, y pueden desembocar en una guerra abierta e interna que tiene como protagonistas principales al gobierno central de Bagdad, a la administración semi-autónoma del Kurdistán iraquí (Bashur) liderada por Masud Barzani, las fuerzas guerrilleras vinculadas al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y, principalmente, al pueblo kurdo que desde hace décadas vienen luchando por su libertad e independencia.



A la riqueza en la zona de Kirkuk -en la que existen vastas reservas de crudo, además de refinerías y están ubicados los oleoductos hacia Ceyhan (Turquía) y Baniyas (Siria), en el Mediterráneo-, se le sumó la crisis desatada por el referéndum autonómico (no vinculante) impulsado por el gobierno de Bashur el pasado 25 de septiembre. La consulta fue organizada por el Partido Democrático de Kurdistán (PDK), que gobierna de manera férrea desde hace varios años. Barzani, el principal dirigente del PDK y hombre ajeno a dejar el poder (hace dos años tendría que haber dejado la presidencia de la región semi-autónoma), presentó con bombos y platillos el referéndum como solución a la cuestión kurda. Sin el objetivo claro de alcanzar la libertad del pueblo kurdo, Barzani impulsó la consulta para aplacar la crisis interna en el Kurdistán iraquí que, pese a ser la región con las mayores reservas petroleras del país, sufre la desocupación entre el pueblo y una corrupción extendida en la clase empresarias y política del PDK.

El referéndum tuvo varias consecuencias. La principal es que el pueblo kurdo de Irak salió masivamente a votar, superando el 90 por ciento el respaldo a la independencia. El PDK propuso crear un Estado kurdo independiente, aunque muchos sectores de la sociedad no compartan esta idea y propongan una “autonomía democrática” para las cuatro partes de Kurdistán. La aprobación en el referéndum fue, sobre todo, una demostración de fuerza del pueblo kurdo que reafirmó su anhelo por alcanzar plenas libertades y construir una sociedad nueva. Otra consecuencia es que las alianzas del PDK atraviesan un estado de profunda fragilidad. Salvo el Estado de Israel, Turquía, Estados Unidos y el propio gobierno de Bagdad rechazaron el referéndum.

Desde la invasión de Estados Unidos a Irak y la caída de Saddam Husein en 2003, los kurdos controlan Kirkuk y áreas de Nínive (norte), Diyala y Salah al-Din (al norte de Bagdad). Kirkuk es una sociedad multiétnica, donde conviven árabes, kurdos, turcomanos y asirios. Desde que el petróleo comenzó a brotar en Irak, esa ciudad de más de 600 mil habitantes es un centro de disputa entre los poderes iraquíes.

Luego de sufrir los ataques y masacres cometidas por el Estado Islámico, desde hace varios días, el Ejército iraquí y las Unidades de Movilización Popular (Al-Hashad Al-Shabi, grupo conformado por milicias árabes) se encuentran en Kirkuk, en donde se produjeron enfrentamientos armados a pequeña escala. Los peshmergas (fuerzas militares de la administración de Bashur), apenas resistieron y, como hicieron en 2014 frente al avance del Estado Islámico, se retiraron y dejaron sin protección la región de Shengal, donde los terroristas cometieron una masacre contra el pueblo yezidíe. La intervención de la guerrilla del PKK (HPG) permitió rescatar a cientos de yezidíes y trasladarlos a lugares seguros. Pese a eso, el Estado Islámico secuestró a cientos de mujeres. Se calcula que en la actualidad el Estado Islámico tiene en su poder a más de 2000 mujeres yezidíes, a las cuales venden en mercados sexuales.

Por otro lado, las HPG, que tiene sus bases en la montaña de Qandil, un extenso territorio en la frontera con Irán, nuevamente se trasladaron a Kirkuk para defender el territorio, pese a las fuertes críticas que mantienen hacia el PDK y los peshmergas. En un comunicado, las HPG calificaron como “una invasión” lo que ocurre en Kirkuk, por lo cual “nuestras fuerzas guerrilleras tomaron posición defensiva a raíz de los ataques”. Desde el mando de las HPG, confirmaron que “se produjeron enfrentamientos esporádicos entre nuestras fuerzas y el ejército iraquí y Hashd al-Shaabi, después del retiro de peshmergas”. Desde la guerrilla criticaron a las fuerzas del PDK por huir de la zona y no establecer “una coordinación conjunta para proteger” la capital de Kirkuk.

La Unión de Comunidades de Kurdistán (KCK, por sus siglas originales), emitieron una extensa declaración en la que explican de forma clara la situación que atraviesa Kirkuk. El KCK convocó a los pueblos de Kirkuk a resolver los conflictos internos mediante el diálogo. La organización condenó “el enfoque de resolver los problemas por medios militares en lugar del diálogo en Kirkuk y Shengal”, además de remarcar que “nunca aceptaremos actitudes tan agresivas contra nuestro pueblo”.

La Unión de Comunidades de Kurdistán explicó que “la continuación de la Tercera Guerra Mundial, centrada en Medio Oriente, ha alcanzado un nivel en el que se determinarán los nuevos espacios de poder y el status quo. Por esta razón, los poderes antikurdos han aumentado sus ataques, para evitar que los kurdos tengan un lugar influyente y ganen un estatus ante los nuevos equilibrios”.

El KCK apuntó que los actuales ataques contra Kirkuk se deben al “referéndum de independencia, que no se basaba en la unidad nacional y el parlamento, la voluntad de las personas, y se celebró sin un cálculo de posibles resultados y tomando las precauciones necesarias”.

Frente a los ataques del Ejército iraquí y Hashd al-Shaabi, las guerrillas de las HPG y las YBŞ (Unidades Femeninas) y los voluntarios civiles “no abandonaron la ciudad hasta último momento y defendieron a la gente. Pero las fuerzas kurdas del sur, en posesión de armas pesadas, no apoyaron esta resistencia”. Días después, las posiciones que los guerrilleros y guerrillera de las YBŞ y las HPG habían dejado en poder del PDK, “para evitar un conflicto en Shengal y sus alrededores, fueron entregadas a las fuerzas de Hashd al-Shaabi sin ninguna resistencia”. Al mismo tiempo, el PDK “no tuvo ninguna conversación y diálogo con las fuerzas de autodefensa de los kurdos, las guerrillas y nuestro movimiento”.

Para la Unión de Comunidades de Kurdistán, “la razón detrás de la falta de solución a la cuestión kurda y los ataques contra los kurdos, es la falta de un proceso de democratización en el Medio Oriente. Por lo tanto, el camino de una solución pasa básicamente por la democratización. Los enfoques nacionalistas y basados en el Estado nacional, empeoran los problemas en lugar de resolverlos. El referéndum en el sur de Kurdistán nos mostró que los enfoques nacionalistas y estadísticos no resolverían ningún problema. La única forma de resolver el problema de Iraq es luchar por la democratización del sur de Kurdistán e Irak. La búsqueda de otra forma, en lugar de la democratización de los países y el Medio Oriente en su conjunto, es una ilusión y no arrojará ningún resultado que no sea agravar los problemas ya existentes. En este sentido, aquellos que luchan por la libertad y la democracia deben basarse en la democratización y en la nación democrática. Esto se aplica a todos los países y pueblos tanto como a los kurdos”.

La palabra “traición” se escucha cada vez más en el Kurdistán iraquí. Esa palabra apunta a Masud Barzani y a su gobierno. Desde que llegó al poder, la administración del PDK siempre funcionó como un muro de contención para detener el avance de las fuerzas ligadas al PKK, que proponen un cambio de fondo en la sociedad. A esto se suman los millones de dólares de los que dispone Barzani y que utiliza como prenda de cambio para negociar con diferentes países. Su estrecha relación con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan evidencia la política de Barzani.

Por otro lado, la declaración de la autonomía democrática en Shengal hace unos meses confirma que la propuesta impulsada por el Movimiento de Liberación Kurdo -con la cual se busca crear una sociedad democrática, organizada a través de comunas, con posturas anticapitalistas, en la cual las mujeres sean el sujeto político y revolucionario-, se sigue expandiendo en Medio Oriente. El ejemplo de Rojava (norte de Siria) es el más concreto. Por eso mismo, Barzani y Erdogan siempre fueron los mayores enemigos de esta experiencia. En el caso de Barzani, cerrando las fronteras y aplicando un férreo bloque económico contra Rojava. Desde el gobierno de Erdogan, las críticas, desde hace meses, se convirtieron en bombardeos contra varias zonas de Rojava y en el apoyo abierto a grupos terroristas que todavía sobreviven en la región.
La ciudad de Kirkuk, actualmente controlada por el Ejército iraquí –al igual que los pozos petroleros de la provincia-, puede convertirse en un nuevo escenario de guerra, en el cual choquen dos proyectos políticos e ideológicos bien diferenciados: el PDK y sus alianzas imperialistas o la democratización y transformación social que el Movimiento de Liberación Kurdo aboga desde hace décadas y tiene en Rojava su proceso revolucionario más concreto.
leandroalbani@gmail.com