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sábado, 24 de agosto de 2019

Las culturas como signo de identidad



Por Carlos Flanagan: 
Hace pocos días el Poder Ejecutivo de Uruguay envió al Parlamento para su consideración un proyecto de ley que propone crear el Ministerio de Cultura y Derechos Culturales.
De esta forma se separan los cometidos del actual Ministerio de Educación y Cultura: existirá un Ministerio de Educación y por otro lado el nuevo Ministerio propuesto.
Esta noticia podría ser considerada en principio como de índole meramente administrativo. Pero en realidad, por el abordaje en la temática de la cultura y sus derechos, pone al país en un lugar de privilegio y amerita algún comentario que intente aportar a una reflexión preliminar sobre estos temas.

 
Cultura y hegemonía

La cultura (o las culturas) en cuanto a sus definiciones y contenidos no han sido ajenas ni lo son hoy al devenir histórico y a la lucha de clases; sea como relato funcional a la hegemonía de los opresores o como arma de resistencia de los oprimidos.
No olvidemos el importante papel que jugaron las expresiones culturales en la resistencia a las tiranías de corte fascista que asolaron nuestros países en los años setenta del pasado siglo.

El relato hegemónico euro centrista que nos han inculcado durante décadas, del “descubrimiento del Nuevo Mundo luego denominado América”, también es un ejemplo muy ilustrativo.

El término “descubrimiento” intentó dar la imagen de un continente virgen, apenas poblado por grupos humanos catalogados muchas veces despectivamente como tribus primitivas y atrasadas.

Se presentó la conquista española como un proceso civilizatorio y evangelizador (toda una “carga del hombre blanco “parafraseando a Kipling) y no como una invasión despiadada a sangre y fuego, que blandió la espada y la cruz, en una enorme extensión territorial – desde Panamá a Tierra del Fuego - habitada desde muchos siglos antes por pueblos originarios que la llamaron “Abya Yala”. Civilizaciones poseedoras en algunos casos de conocimientos y sistemas sociales más avanzados que aquellos de los supuestos “civilizadores”.

Hace tiempo me contaron que durante una visita a Buenos Aires de Zbigniew Brzezinski (tenebroso asesor en geopolítica de Carter y Obama), al final de una conferencia se le preguntó cómo definiría el concepto de “poder”: y respondió algo así como que en su opinión era la capacidad de influenciar para determinar lo que la gente piensa, come, viste y baila.
Una definición brutal pero muy clara del papel de “la” cultura hegemónica en el actual capitalismo trasnacional.

Estado y cultura

Este proyecto de ley, al crear un Ministerio de Cultura y Derechos Culturales institucionaliza el compromiso del Estado en reivindicar, proteger y promover aspectos fundamentales de las actividades culturales y sus actores. Mencionamos algunos aspectos principales del mismo:

•             asumir los derechos culturales como parte de los derechos inherentes al ser humano, indivisibles e interdependientes, de acuerdo a lo establecido en el Art. 22 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, así como en otras varias convenciones internacionales de las cuales Uruguay es signatario.
•             En tal sentido, generar una Política Nacional de Cultura que sea el instrumento apto para generar las condiciones necesarias para habilitar el ejercicio y acceso a la cultura para todas las personas; referido al fomento, producción, circulación, promoción de la creatividad y acceso a la información, conocimientos y patrimonio cultural.
•             Garantizar la protección del Estado a las personas y o grupos de creadores de expresiones y bienes culturales; tanto en su libertad de creación y expresión, libre de toda discriminación, como con el amparo de los beneficios de la Seguridad Social.
•             Este vínculo pleno de la sociedad con estos valores culturales y el respeto a su diversidad, apuntan a concebir una auténtica “ciudadanía cultural”.

Culturas, identidad e integración contrahegemónica

Entendemos que proyectos de este tipo, nos brindan elementos para ir construyendo:

1)            una auténtica identidad cultural propia, de gran importancia para la consolidación y avance de un proyecto nacional, popular y democrático avanzado.
2)            Una carta de presentación como país, imprescindible en una estrategia de inserción internacional, para que nos conozcan como algo más que “vendedores de materias primas a domicilio”.
3)            Un aporte a la construcción de una verdadera integración regional, que debe comprender mucho más que los fluctuantes aspectos comerciales. No existirá integración política sin una plena integración de nuestras culturas. Es triste comprobar el desconocimiento que tenemos unos y otros en la región de nuestras expresiones culturales. Y no es un hecho casual. Los imperialismos de turno nos han dividido y puestos de espaldas unos con otros para  imponernos así sus relatos hegemónicos.

En definitiva daremos un gran paso en la construcción de la Patria Grande, si “la cultura” deja de ser patrimonio de minorías privilegiadas y damos un salto cualitativo hacia una concepción de nuestras culturas en tanto la acumulación de saberes (concebidos como la sumatoria de factores de ilustración y expresiones artísticas de la más variada gama) que recoge y hace suyas como patrimonio, las mejores tradiciones de nuestros pueblos y de la humanidad toda - en tanto instrumento liberador - al servicio de la plena vigencia y goce de los Derechos Humanos y la justicia social en su más amplia acepción.
De esta manera honraremos el precepto de José Martí de que “ser cultos es el único modo de ser libres”. -

carlos.flanagan@gmail.com

miércoles, 12 de junio de 2019

Preparémonos pues para la relegitimación de la AN


Por Juan Martorano:

Recientemente, portavoces del gobierno ruso han señalado una nueva ronda de diálogo entre representantes del Gobierno de Nicolás Maduro y representantes de Juan Guaidó, en Oslo, capital de Noruega, en el marco de los diálogos para la firma de un acuerdo de paz política y gobernabilidad.

El diputado Juan Guaidó ha expresado, cual muchacho malcriado, que no habrá ningún diálogo con la representación del gobierno, salvo que se trate de definir “el cese de la usurpación”. Realmente, es decepcionante el supuesto liderazgo que este sujeto dice tener por parte de los sectores de la oposición.


Si algo hay que reconocer, son las palabras del ex senador adeco y militante opositor Carlos Raúl Hernández, un hombre del que discrepó política e ideológicamente, pero que en algún programa le oí decir, y a mi parecer tiene razón: “Que el éxito de la política está no en la cantidad de muertos que puedas generar, sino en la cantidad de acuerdos que puedas alcanzar”. En esto estoy completamente de acuerdo.

Obviamente, los acuerdos que comparto no tendrán jamás que ver con los que históricamente las élites y cúpulas gobernantes de este país llegaron en su momento en detrimento de las clases populares, de los eternamente excluidos. El acuerdo al que me refiero, y que debe llegarse, es el que garantice, además de la convivencia entre venezolanos, independientemente del signo político- ideológico, el que garantice el funcionamiento normal, el acceso a medicamentos, bienes, servicios e insumos, y que permita una sana confrontación de las ideas, de la política, sin que ello implique llegar agredirnos y a matarnos.

Recuerdo cuando estando en las calles de Caracas y de mi querida Puerto Ordaz, en el marco de la convocatoria al proceso popular constituyente por parte del Presidente de la República, Nicolás Maduro, en el año 2017, que parafraseando lo ocurrido en 1999 con Chávez, luego de aprobada mediante referendo la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, fuimos a un proceso de relegitimación total de la institucionalidad venezolana: desde la Presidencia de la República hasta las Cámaras Municipales de aquel entonces, fueron objeto de ese proceso, durante todo ese año 2000, que es importante recordar.

Obviamente, las circunstancias de 1999 comparadas con las de 2019 no son las mismas, y si bien he expresado que estamos en el mismo proceso constituyente de hace 20 años, las circunstancias de tiempo y lugar son las que nos permitirán la ocurrencia de ciertos eventos y circunstancias.

Y en ese sentido, no pondremos en juego ni nos plantearemos un escenario de elecciones generales como lo ocurrido en el año 2000, porque simplemente la vanguardia opositora, la cual en estos momentos representa la extrema derecha fascista supuestamente liderada por Juan Guaidó no se merece que le hagamos el mandado, así de simple. En el año 2000 había aún una oposición democrática (en lo que se refiere a su dirigencia por lo menos) con el que había ciertos niveles de respeto y diálogo, y de ahí la decisión de ir a ese proceso de elecciones generales, o mega elecciones, como se conoció en aquel entonces, y fuimos a ese escenario así planteado. La actual degeneración e intransigencia política de la derecha no permite que se dé y sobre todo acepté tal propuesta, ya que incluso ellos la plantean, con la adicional condición de que el chavismo como fuerza política no participe en dicha contienda. ¿Y entonces? ¿Cuál es el miedo?

A mi juicio, y pese al complejo y difícil escenario que vive nuestro Estado- Nación, sé que lo que expresaré acá desatará las furias del averno de la más extrema derecha fascista, pero no me importa lo que ellos señalen. Si en este momento fuésemos a un escenario electoral general, poniendo en juego incluso la Presidencia de la República, no me cabe la menor duda que el chavismo ganaría dichos comicios, pero no tanto por el tema de gestión, la cual sin duda ha tenido errores incontrovertibles que nadie niega, pero pese a ello, se trata del modelo de inclusión y del legado y enseñanzas de Hugo Chávez, las cuales además de vigentes, se ha demostrado que funcionan, y es el ejemplo que el imperialismo quiere exterminar.

Además de ello, la dirigencia opositora no se ha cansado de cometer errores políticos y de hacer malos cálculos, además de no interpretar correctamente el verdadero sentir del pueblo. Piensan que decir que si están dialogando con el gobierno, implicaría una cesión a sus principios y el fin de la actual confrontación, y nada más lejos de la verdad.

Y lamentablemente, y es ahí donde se equivocan, producto de su engreimiento y soberbia, se levantarán de la mesa, y dejarán nuevamente sus sillas vacías, a la espera de un acuerdo político, que incluso contribuya a la restitución del necesario Estado de bienestar, el cual también beneficia a la propia base social opositora, que también ha sido golpeada por el accionar de la extrema derecha. Este pequeño dato se los doy y no cobro por ello.

Es entonces, donde el llamado formulado por el Jefe de Estado, que además es en estos momentos el máximo líder de la Revolución Bolivariana, que advirtió al PSUV, pero creo que esto hay que hacerlo extensivo al resto de organizaciones políticas aliadas y movimientos sociales que respaldan a la Revolución Bolivariana, prepararnos para el escenario electoral, que una vez que la extrema derecha pretenda frustrar el acuerdo político para garantizar la paz, motive a que la Asamblea Nacional Constituyente ordene al CNE a la convocatoria a las elecciones parlamentarias, a los fines de restituir la gobernabilidad que el oposicionismo pretende continuar confiscándonos.

Así que, sin descuidar las tareas de gestión que sin duda tenemos, del impulso de los necesarios diálogos y rectificaciones, pero si es bueno ir avizorando los posibles candidatos y candidatas de las fuerzas revolucionarias, a los fines de recuperar la mayoría del parlamento nacional, y recuperar la gobernabilidad pérdida. Ese será un nuevo escenario de batalla, que nos permitirá conquistar la paz.

Además de ello, un triunfo de las fuerzas revolucionarias y chavistas podría convertirse, en el necesario desencadenante histórico para reapertura la nueva oleada revolucionaria en este lado de la Patria Grande, a los fines de recuperar los avances, logros y conquistas logrados durante la década pasada.

El imperialismo no se quedará de brazos cruzados, y hará todo lo posible por incluso participar en dicha contienda, y mantener el control del parlamento para tratar de destruir nuestro Estado- Nación. No los sobreestimemos, pero tampoco los subestimemos.

La apuesta es muy alta, no exenta de riesgos y amenazas, pero creo que Chávez se la hubiese jugado igual. Y creo que eso es lo que hay que hacer.

Ciertamente, inicialmente había expresado que había que esperar el año que viene, que sería cuando ordinariamente el parlamento debía ser renovado, pero ante la amenaza latente y real promovida por una institución que ha decidido plegarse a los intereses hegemónicos, y por vivir un momento no convencional, y además constituyente, pues entonces que se aceleren los tiempos y se proceda a esa convocatoria a elecciones parlamentarias, como parte del nuevo ciclo electoral que está a punto de aperturas.

Espero en próximos artículos ahondar en otras consideraciones a este respecto.

¡Leales Siempre! ¡Traidores Nunca!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!

jmartoranoster@gmail.com