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miércoles, 2 de septiembre de 2020

Rebelión en la Granja.



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
En su afán de destrucción del sistema multilateral Donald Trump no se para ni siquiera en el avasallaje de aquellas instituciones creadas por Estados Unidos para sostener su dominio imperial. Esto es particularmente ostensible en América Latina y el Caribe donde no contento con todos los desmanes que realizan tales instituciones con el aval de la potencia hegemónica, las arma y desarma a su antojo.

 
El caso más palpable fue cuando ante la impotencia y el fracaso de la OEA en su intento por derrocar al gobierno de Venezuela, agrupó a sus súbditos quienes en la capital peruana tomaron el bastón para aspirar a conseguir lo que la OEA no pudo. Al final, todo terminó en una bufonada más a cargo del director de la CIA que funge como secretario de Estado.

Se ha hecho más evidente que nunca que la política exterior de Estados Unidos no puede obtener logros a través de las vías diplomáticas proclives a la negociación y el diálogo y solo se puede imponer a través del sometimiento, la fuerza, la amenaza y el chantaje. Por supuesto, en América Latina y el Caribe tiene éxito porque las élites de derecha no tienen empacho en someterse, ser sujetos de amenaza y chantaje y aceptar la fuerza sin importar los intereses nacionales ni la soberanía, si de defender sus mezquinos intereses se trata.
Pero ahora el afán imperial ha ido mucho más allá, pasando a subyugar a sus propios adláteres quienes intentan débiles quejidos que son solo expresión del desmoronamiento del sistema panamericano y monroista por acción del propio amo imperial cuando ha podido constatar la inutilidad de estructuras que se proponían sostener el dominio neocolonial haciendo un uso oscuro e interesado del derecho internacional.
Eso ya no les sirve, no han podido doblegar a Cuba, no han logrado derrocar a los gobiernos de Venezuela y Nicaragua, no han podido construir mayorías que avalen el avasallamiento. Entonces, ha entendido que se ha llegado a una situación de obsolescencia de tales estructuras y ha decidido intervenirlas, a pesar de la protesta de algunos que con anterioridad fueron sus súbditos.

Un escenario de esta rebelión de los lacayos se está desarrollando en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el que Trump decidió violentar un acuerdo verbal por el que el presidente de dicho organismo siempre sería un latinoamericano. Así ha sido desde su fundación, lo cual ha permitido al ente financiero mantener un maquillaje como institución autónoma. Sin embargo, el presidente de Estados Unidos ha decidido imponer a un candidato propio. El designado es Mauricio Claver-Carone, pupilo de Marco Rubio quien ya lo había sido colocado en la Casa Blanca como una de las  cuotas de la ultra derecha terrorista cubano-americana en el gobierno de Trump, en este caso para ocupar el puesto de Asistente Especial del Presidente y Director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, desde donde se dirige toda la furia anti cubana y anti venezolana del estado norteamericano. A cambio, Rubio debe aportar los votos de la Florida para la reelección de Trump.

La decisión cayó como una bomba en los países subordinados de América Latina y el Caribe. Lo cierto es que Trump no ha violado ninguna ley escrita, solo un acuerdo verbal de hace casi 60 años. Incluso un grupo de ex presidentes latinoamericanos que durante su mandato mantuvieron una perruna subordinación a Estados Unidos, hoy manifiestan que la decisión de Trump es “una gravísima violación del acuerdo político fundamental con el cual nació [el BID].

En una carta hecha pública el pasado 26 de agosto, Fernando Henrique Cardoso, Felipe González, Ricardo Lagos, Julio María Sanguinetti, Juan Manuel Santos y Ernesto Zedillo opinaron que tal hecho “rompe la lógica y la sabiduría de aquel acuerdo político fundacional”. Alegan que ahora no hubo ninguna discusión referida al tema, califican la medida de “ruptura mayor” y solicitan reflexionar “porque esa nominación constituye una grave falta de respeto hacia las reglas de convivencia hemisférica e internacional y ciertamente una seria agresión a la dignidad latinoamericana”.

Los ex presidentes reconocen que Estados Unidos cuenta con los votos de Brasil, Colombia y Guaidó (a quien el BID transformó en país) y que bastaría agregar a “uno o dos países adicionales” para que el candidato de Trump, logre su “reprobable propósito”.

En esta insólita declaración propia de los niños que lloran cuando le quitan el juguete, estos ex mandatarios quienes mientras se mantuvieron en la presidencia de sus países jamás hicieron declaración alguna en defensa del respeto a la dignidad de los pueblos de nuestra región y de rechazo a la permanente agresión de Estados Unidos a América Latina, ahora, que no tienen poder alguno, advierten que:  “Por su forma y fondo, esta sería una imposición arbitraria, que no dudamos acarrearía consecuencias muy negativas para el devenir de la institución y el futuro de la relación entre Estados Unidos y América Latina. El daño para el BID sería irreparable”.

Finalmente aseguraron que la elección del próximo presidente del BID pautada para este mes de septiembre carece de legitimidad y debería considerarse nula por lo que hacen un llamado a los países miembros del BID para que se den cuenta que el nuevo presidente del organismo podría surgir de un “acto carente de legitimidad histórica y política”. El problema es que Claver-Carone dice ya contar con los 15 votos necesarios para su elección incluyendo los de algunos de los países de donde provienen estos ex presidentes. Sus gobernantes actuales han preferido optar por su lealtad al amo imperial en detrimento de la defensa de los intereses nacionales que sus colegas retirados dicen representar.

En otro ámbito, también dentro del sistema panamericano, utilizando esta vez a Almagro, Estados Unidos ha decidido intervenir la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a solicitud de Argentina (durante el mandato de Mauricio Macri), Colombia, Paraguay, Brasil y Chile que no vieron con buenos ojos que el jefe de este organismo extralimitara sus funciones de perseguir a los gobiernos adversados por Estados Unidos para investigar a aquellos que tienen aval imperial para cometer todo tipo de desmanes en materia de derechos humanos. Estos países quieren hacer valer su autonomía como naciones por encima de la de la CIDH, lo cual genera una indeseada insubordinación que Washington no puede aceptar so pena de desmoronamiento del sistema imperial. En paralelo, emerge una contradicción derivada de que estos países son leales apoyos a la política exterior de la potencia norteamericana.

A pesar de haber sido elegido por unanimidad para un nuevo período en la secretaría general de la CIDH, el brasileño Paulo Abrão ha sido destituido por Almagro. La decisión inconsulta e ilegal del secretario general de la OEA se hizo bajo la justificación de que existen denuncias administrativas contra el brasileño, pero como es habitual cuando se posee el resguardo de Washington, no presentó ninguna prueba. Tampoco importó que la CIDH sea autónoma en cuanto al nombramiento de sus dirigentes.

Utilizando un enrevesado método a partir de alegatos presentados por la colombiana Neida Pérez a quien Almagro nombró “defensora del pueblo” a fin de tener otro instrumento para atacar a Venezuela, el secretario general amplió las funciones de mediación de Pérez para adosarle tareas investigativas que no tiene y que son ilegales.

A la vista de la CIDH la actuación de Almagro constituye “un franco desconocimiento de su independencia y autonomía”. Incluso la vicepresidenta de la CIDH, la chilena Antonia Urrejola manifestó que no se trata de una cuestión de reputación ni de defender en particular a Paulo Abrão, sino que es un debate que va mucho más allá y que define la independencia y autonomía de la CIDH.

Por su parte, en una entrevista con la Radio de la Universidad de Chile el comisionado mexicano de la CIDH, Joel Hernández aseguró que la decisión de Almagro deja a la esta institución “sin opciones” y en una situación "que pareciera de no retorno".

La situación de la CIDH es otra expresión de la crisis que afecta al sistema panamericano monroista. La decisión de Almagro genera una gran contradicción porque por una parte desconoce el hecho jurídico que se deriva de la autonomía que ese organismo tiene respecto de la OEA mientras que por la otra, pone en evidencia su subordinación de facto al Departamento de Estado como todos los organismos regionales que nacieron bajo el influjo anti comunista de los años de la bipolaridad posterior a la segunda guerra mundial. Hernández afirma que la decisión de Almagro no tiene precedentes y quebraría una tradición de más de 20 años en la cual “la Comisión elige y la OEA designa”, lo cual no significa nada para Almagro en el deseo de hacer patente su servil talante ante Washington.

Según el laureado periodista colombiano Gonzalo Guillén, en un artículo publicado en el periódico “La Nueva Prensa” de Bogotá el pasado 31 de agosto, la actuación de Almagro se sustenta en su carácter corrupto que lo llevó a pagar un “precio indecoroso” para completar los votos que le faltaban para hacerse reelegir como Secretario General de la OEA. Guillén dice que además de las prebendas que da el cargo de secretario general, Almagro necesita aferrarse a él, porque está muerto políticamente en su país Uruguay, toda vez que la izquierda lo considera un traidor y a la derecha no le brinda confianza.

En este contexto es que -siguiendo el razonamiento de Guillén- Almagro recibió el apoyo de algunos países que le pidieron a cambio la cabeza de Abrão. Así mismo asegura que uno de esos países es Colombia “por medio de su cuestionado embajador ante la OEA, el oscuro ex procurador Alejandro Ordóñez (neonazi, misógino, racista, corrupto y homofóbico)”.

Recordando la novela de George Orwell que le da título a este artículo, pareciera que las medidas implementadas por Trump en su “patio trasero” han ido tan lejos que han generado una “rebelión en la granja” en la que los animales se pelean para obtener lo que creen es un mejor gobierno que no se diferencia mucho del que existe. Como en la obra, la corrupción, los intereses mezquinos y la búsqueda de beneficios de grupos y facciones están concurriendo para la construcción de una nueva forma de poder y dominación que podría ser peor que la que le antecede.

Como en la novela de Orwell, se podría decir que “Napoleón” Trump le está lanzando sus perros a todos los “Snowball” latinoamericanos que se horrorizan ante la perspectiva de tener que huir de la granja. Napoleón, el jefe de los cerdos que tomaron el poder, se está trasformando en líder único, desconociendo a los otros porcinos del Grupo de Lima que le acompañaron hasta ahora y que al igual que los hombres desplazados de la granja pueden ser víctimas de los perros llamados Pompeo, Almagro, Rubio y otros. El miedo de estos cerdos -que cuando estuvieron en el poder, se comportaron igual que Napoleón- es que los hechos están indicando que también podrían ser devorados por los perros que ha lanzado el líder en su persecución. 
sergioro07@hotmail.com

EE UU parece capital mundial del “gatillo fácil” policial

Por Sergio Ortiz:

El imperio seguirá diciendo que es la mayor democracia del mundo. Gane Trump o gane Biden, esa propaganda tan falsa seguirá difundiéndose. Parece la capital del “gatillo fácil”.

EE UU confirma que su racismo y la discriminación, con más la represión y el “gatillo fácil”, son de los más ominosos del mundo. Esto contradice su fama de ser la primera democracia, una mentira alta como las Torres Trump, que las agencias de prensa internacional distribuyen como verdad.


La fase más reciente de esa represión comenzó el 25 de mayo, cuando policías de Minneapolis, Minnesota, golpearon a un afroamericano, George Floyd, de 47 años. Uno de ellos lo asesinó tras apretarle el cuello con su rodilla durante varios minutos. La víctima estaba indefensa y decía “no puedo respirar”.

Ese asesinato desató una oleada de protestas en esa ciudad y decenas de otras ciudades y estados, duramente reprimidas por las policías locales y fuerzas federales enviadas por el discriminador número 1 y gran protector de la policía, Donald Trump. Ya en marzo tres policías blancos habían asesinado en Louisville, Kentucky, a una técnica médica de emergencia, Breonna Taylor, afroamericana de 26 años.

Cuando el nivel de las protestas llegó a su cima, el magnate decidió sacar las Fuerzas Armadas a la calle a reprimir a la población, algo inédito en la seudo democracia del Norte. Al final no lo hizo porque los jefes castrenses estuvieron en desacuerdo. Eso sí, las fuerzas federales de varias agencias fueron enviadas a reprimir en algunos estados, incluso contra la opinión de sus gobernadores.

Al calor de esas movilizaciones combativas y multirraciales, que en muchos casos se enfrentaron cara a cara con la policía, volvió a aparecer con más fuerza el movimiento “Black Lives Matter” (Las vidas negras importan). El vigor de esta etapa fue hasta ahora el mayor de su historia, abarcando a políticos, intelectuales, atletas, músicos, activistas, artistas y muchísima gente común.
La bandera principal cuestiona la represión a la población afroamericana y tuvo la activa participación de muchas personas blancas. La solidaridad fue pariendo un frente amplio multirracial contra el neonazi de la Casa Blanca.

Aquel nombre del movimiento indica que es una lucha que viene de lejos pues esa denominación nació en 2014, cuando el policía blanco Darren Wilson asesinó en Ferguson, Missouri, a Michael Brown, afroamericano. Después murieron Trayvon Martin y Eric Garner y allí surgió el “Black Lives Matter” que seis años más tarde se hizo tan conocido a nivel internacional.

Otra vez
Lo detonado el 25 de mayo pasado en Minneapolis sigue expresándose en las calles. Ni siquiera lo frenó el riesgo de contagio en una pandemia que, en buena medida por las políticas laxas y anticientíficas de Trump, ya lleva infectados a 6 millones de personas en EE UU con algo menos de 200.000 muertos.

Este aspecto es digno de reflexión: tiene que haber mucha conciencia y mucha bronca acumulada para que miles de personas salgan a la calle a manifestar, con ese alto riesgo de contagio. Esas personas saben que la policía de Trump y los siglos de discriminación racial son quizás más peligrosos que el COVID-19. Pero salen lo mismo y arriesgan sus vidas doblemente: ante el virus y frente a los patrulleros que asfixian con gases o con rodillas en tu cuello o te disparan por la espalda invocando de hecho la doctrina de un colega sudamericano, Chocobar, patentada “made in USA”.

Confirmando que ese “gatillo fácil” es doctrina oficial y no un disparo casual, el 23/8 otro afroamericano, Jacob Blake, de 29 años, fue baleado de atrás por dos policías, cuando entraba a su auto, donde estaban tres hijos menores. Si bien la víctima no murió ha quedado con su mitad inferior del cuerpo inmovilizado por 7 tiros. Sucedió en Kenosha, Wisconsin, y fue como arrojar otra vez nafta al incendio no apagado de Minneapolis. Lejos de apaciguarse un poco, un joven racista en Kenosha mató a otras dos personas y un tercero fue gravemente herido.

Por eso hubo una vuelta masiva a las calles en esa ciudad y en varias más, con críticas renovadas a la brutalidad policial y la administración Trump, que le hace de paraguas.
Enlazando más una historia dramática con otras, la familia de Blake tendrá el abogado de derechos civiles Benjamin Crump, el mismo que las familias de George Floyd y Breonna Taylor.

Hablando de historia. Muchos creen que el gesto de la rodilla en tierra, en homenaje a Floyd, nació ahora. No. En 2016 Colin Kaepernick, un hijo de afroamericano y jugador profesional de fútbol americano, en conexión con “Black Lives Matter”, tuvo ese gesto en un partido oficial mientras sonaba el himno estadounidense. Lo dejaron libre y nunca más pudo jugar en la Liga.

Nuevas técnicas represivas
En los meses transcurridos entre el crimen de Floyd y la balacera a traición contra Blake vienen siendo denunciadas nuevas técnicas represivas. A los estadounidenses les resultan novedosas, pero en muchos países latinoamericanos son moneda corriente. Los manifestantes alertan contra operativos federales que operan con vehículos en muchos casos no identificados, con agentes que tampoco se identifican. Y sin ninguna orden de aprehensión apresan en la calle a personas, las reducen con amenazas de muerte, las golpean y se las llevan secuestradas. Luego de tenerlas detenidas e incomunicadas varias horas, las dejan en libertad. ¿Y el Estado de Derecho?

Estos procedimientos se denunciaron en Resumen Latinoamericano y el periódico Mundo Obrero, sobre sucesos ocurridos en Portland (Oregon), Seattle (Washington), Austin (Texas) y Louisville (Kentucky), las más activas en las protestas en julio pasado. Ahí se volvieron a escuchar consignas como “no hay justicia, no hay paz”, “¡No puedo respirar!” “¡Así es como luce la democracia!”, que denotan una creciente politización del movimiento. No sólo insultos volaron hacia los agentes armados; también algunas botellas y botellas que no son del calibre criminal que usa esa yuta.

Frente a los sucesos de Kenosha, al menos el candidato presidencial demócrata ungido el 19 de agosto, Joe Biden, reclamó una investigación. En cambio, Trump, en la convención virtual republicana que lo proclamará como aspirante a la reelección, guardó silencio. Su opinión sobre los negros es de total desprecio. Hace unos días se filtró un audio donde se alegraba de que en los comicios de 2016 la participación de la comunidad negra había sido sido baja. “Fue casi tan bueno como si votaran por mí. Fue genial”, decía la bestia platinada. Así opinaba de los afroamericanos, que son el 13 por ciento de la población total.

El 3 de noviembre se vota en EE UU. Ahí se verá si los votantes tienen memoria y si sienten el mal de bolsillo, pues 42.6 millones ya tuvieron que pedir el subsidio de desempleo.
ortizserg@gmail.com