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miércoles, 28 de octubre de 2020

El apremio de una Democracia y de una nueva civilización

Por Homar Garcés:

Cuando se trata de analizar lo que ocurre en muchos países frente a la vigencia (para algunos, moribunda) del sistema capitalista se debe tener presente que este genera a lo interno de cada país una multiplicidad de resistencias populares que no encajan (ni debieran encajar, como generalmente se acostumbra) en una clasificación única o universal. Esta heterogeneidad de resistencias, vale afirmar, se ajusta a la realidad creada bajo el influjo del capitalismo neoliberal durante las últimas tres décadas, una realidad que, por otra parte, ha influido notablemente en el desplazamiento masivo de migrantes hacia las naciones más desarrolladas en búsqueda de oportunidades de una vida mejor, sin obviar el agotamiento acelerado de recursos naturales y el estallido de frecuentes protestas callejeras en muchos países frente a la sumisión y la complicidad mostrada por sus gobiernos respecto a los grupos hegemónicos capitalistas.

Esto ha desembocado en la generación y debate de diversas propuestas con que se pudieran resolver los problemas que agobian a un grueso porcentaje de la población mundial. Así, en la perspectiva de Noam Chomsky, «la única esperanza del ser humano de escapar de su extinción es a través de la construcción de una democracia real, en la que una ciudadanía bien informada participe plenamente en el debate del rumbo que han de mantener las políticas que se apliquen, y la acción directa». Este apremio comienza a ser entendido por los sectores populares, algunas veces sin disponer de una base teórica única y detallada con qué crear un nuevo modelo de lo que debiera ser la sociedad. No obstante, sus reclamos y sus iniciativas organizativas, tanto en lo económico como en lo social, definen su objetivo de cambiar de una manera radical el orden vigente, asumiendo al mismo tiempo una posición de mayor beligerancia en el ámbito político tradicional, como ocurre en varias partes de nuestra América desde algún tiempo atrás.

Por eso visto el neoliberalismo económico como modo de poder, de dominación y desposesión se hace necesario oponer la conformación de redes económicas informales que, de algún modo, siendo gestadas desde abajo por los productores y consumidores, sean ajenas a la lógica y a las relaciones de producción capitalistas. Éstas suponen dar un paso importante en la dirección de acabar con la depredación de la naturaleza (vista equivocadamente como una fuente inagotable de recursos) y la explotación de quienes solo cuentan con su fuerza de trabajo para vivir, habitualmente sumidos en condiciones de sobrevivencia, sin los elementos materiales básicos que requieren; además de permitir crear espacios organizativos populares en los cuales prevalezca la práctica de una democracia participativa, protagónica y directa.

Con esto último se impone la transformación estructural del Estado, orientada a lograr una mayor soberanía del pueblo en lugar de privilegiar los intereses de una minoría dominante, cuestión que sólo se plantea, superficialmente, para garantizar las inversiones e intereses de las grandes corporaciones transnacionales y de sus asociados locales. 

Aunque no se crea posible, la humanidad estará obligada a construir alternativas que profundicen la práctica democrática. Junto con esta, es imperativo transformar de raíz las relaciones de producción, manteniendo el cuidado de no repetir la historia de explotación que hasta ahora ha caracterizado al sistema capitalista. La meta principal de todas estas alternativas no podría ser otro que la emancipación integral de todos. -

mandingarebelde@gmail.com

miércoles, 11 de marzo de 2020

Estados Unidos y la OTAN empantanados en el Asia occidental



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Hace unos días fui invitado a impartir una conferencia en un diplomado sobre planificación y cooperación internacional. Me pidieron que expusiera sobre las dinámicas principales de las relaciones internacionales y las variables que se deben manejar para comprender tales escenarios.

Comencé diciendo que respecto de la guerra fría cuando la bipolaridad hacía que el análisis fuera mucho más simple y acotado, en el mundo de hoy era sumamente complejo esbozar una opinión seria, comedida e informada. Aludía a la superposición y multiplicidad de variables que participan de los procesos, en los que a diferencia del pasado, la simplificación propia del mundo bipolar cuando se caracterizaba a los actores como “buenos o malos”, no ofrece perspectivas de estudio atinadas en el presente.


Y afirmaba que el mejor ejemplo de esta aseveración es lo que ocurre en el Asia occidental, (llamada Medio Oriente desde la perspectiva eurocéntrica) el Asia central y el norte de África donde están ocurriendo tal cantidad de eventos simultáneos que registrar correctamente la dirección hacia donde apuntan ha devenido -desde mi perspectiva- en el problema más complejo desde fines de la guerra fría, hace alrededor de 30 años.

Sin embargo, vale decir que la situación de esta región del mundo está fuertemente interrelacionada con la política exterior de Estados Unidos. En este sentido, la potencia norteamericana debe moverse desde hace 70 años a partir de la necesidad de mantener el equilibrio complejo entre intereses  de diversas índole, los que a pesar de actuar en una perspectiva única de sostenimiento del modelo, generan tirantez y producen contradicciones que impiden un desarrollo lineal a su favor.

Estos intereses son, en primer lugar los de las compañías transnacionales especialmente las de armamento y energía, así como el sector financiero. En segunda instancia se mueve el lobby sionista que no necesariamente coindice con los objetivos de los primeros y en último lugar los intereses reales de los ciudadanos que son los que “ponen los muertos” en todas las guerras libradas por Estados Unidos y pagan con sus impuestos la permanencia de grandes ejércitos en la región, lo cual no siempre es comprendido, sobre todo por los jóvenes.

En la coyuntura, el gobierno de Trump está trabajando en primer lugar a favor de los intereses sionistas habida cuenta que su política hacia el Asia Occidental es manejada por su yerno Jared Kushner, un conocido militante sionista, cuya esposa, la hija del presidente estadounidense se convirtió al judaísmo cuando contrajo matrimonio.

Kushner ha llevado a Trump a tres sonados fracasos de la política exterior de Estados Unidos: el “Acuerdo del siglo”, supuesto plan de paz para el Asia occidental; el reconocimiento de Jerusalén como capital del Estado sionista trasladando su embajada a esa ciudad, y el apoyo a la apropiación israelí ilegal de las mesetas del Golán sirias. Salvo muy contadas excepciones, ni la ONU, ni la aplastante mayoría de países secundaron tales decisiones lo que representó contundentes derrotas para la diplomacia imperial.

El fiasco de estas decisiones apuntaban a darle apoyo a su cuestionado socio Benjamín Netanyahu en su afán de mantenerse en el poder, toda vez que el aún primer ministro israelí sostiene a su gobierno, apenas con alfileres. La Lista Conjunta, alianza de partidos árabes anunció su decisión de construir una coalición con el principal opositor a Netanyahu, el ex general Benny Gantz, con lo cual éste cosecharía 59 votos en la Knéset (parlamento israelí), superiores a los 58 del primer ministro, quedando 3 diputados por definir su posición.

La no aceptación de esta decisión por parte de la extrema derecha política y religiosa ha conducido a que incluso algunos analistas israelíes comiencen a manifestar su preocupación por el incremento de las amenazas a Gantz estableciendo un paralelo con lo ocurrido al asesinado ex primer ministro Isaac Rabin, promotor junto a Yasser Arafat de los Acuerdos de Oslo entre israelíes y palestinos.

La ultra derecha religiosa en nombre de los rabinos Chaim Druckman, Shmuel Eliyahu, Yehoshua Shapira y David Fendel han culpado a Gantz de intentar formar un gobierno apoyado por “terroristas”. La situación se complica por las fuertes acusaciones de corrupción que pesan sobre Netanyahu, quien se aferra al poder a fin de eludir su presencia ante la justicia.

En otro ámbito, en fechas más recientes, Estados Unidos ha querido mostrar como un éxito (que toda la humanidad decente aplaudiría) el acuerdo firmado con el talibán en Afganistán. Lo cierto es que después de una larga guerra de 18 años (la más prolongada de su historia) y tras anunciar innumerables victorias que no impidieron la ampliación de la influencia del talibán en ese país, la potencia norteamericana se  ha visto obligado a sentarse en la mesa de negociaciones con una organización que aún hoy es catalogada como terrorista.

Sin embargo, el acuerdo logrado que es expuesto como si Estados Unidos fuera la autoridad del país y no una potencia invasora, fue firmado además a espaldas del gobierno de Afganistán y sólo fue respetado durante dos días. Las hostilidades se rompieron antes de comenzar las negociaciones entre el gobierno y los insurgentes que ahora no atacan a las tropas de Estados Unidos ni de la OTAN, reconociendo como enemigo único a la administración política del país en cabeza del presidente Ashraf Ghani.

Estados Unidos rechazó la juramentación de Ghani y de Abdulá Abdulá como primer ministro caracterizándolos como líderes de un “gobierno paralelo” y conminándolos a que construyan “un gobierno inclusivo” en clara alusión al talibán. Así, Estados Unidos expone una política en la que designan como terrorista a quien estiman necesario de acuerdo a sus intereses y negocian con ellos cuando lo desean,  mientras tanto, apoyan y financian organizaciones terroristas y rechazan cualquier camino de paz que no sea de su agrado.

La única decisión que Estados Unidos puede tomar en Afganistán es la de retirarse, poniendo fin a la invasión iniciada en octubre de 2001 y que ha significado un desastre militar y un despilfarro superlativo del dinero de los contribuyentes.

En un espacio distinto, tampoco le ha ido bien a Estados Unidos en Siria: las contradicciones con Turquía, su socio de la OTAN y las diferencias entre el gobierno del presidente Erdogan con la Unión Europea por el manejo de la crisis en Siria, generan una madeja de discordancias e incompatibilidades que auguran un futuro incierto.

El Acuerdo de Sochi, firmado por Rusia y Turquía instauró una zona de cese al fuego al noroeste de Siria, estableciendo puntos de vigilancia de ambos países en esa área. Simultáneamente el formato de Astaná, en la que a los dos anteriores se suma Irán, señala rutas para el restablecimiento pleno de la institucionalidad siria con la participación de las fuerzas políticas en conflicto.

Esto no incluía a las organizaciones terroristas vinculadas al Estado Islámico, Al Qaeda y otras que reciben el apoyo de Turquía, país que pretende aprovechar el conflicto sirio para legitimar su presencia en el noroeste de ese país pretendiendo incorporar a su soberanía una franja del territorio sirio, el cual tiene carácter estratégico por ser una de las zonas más fértiles del país árabe. El argumento turco para justificar su invasión a Siria es su confrontación con las fuerzas políticas kurdas, principal minoría del país, con presencia también en Irán, Irak y Siria. Turquía estima que el Kurdistán sirio sirve de refugio para organizaciones kurdas que considera terroristas.

Así, esta región se ha venido a transformar en un territorio en el que se confrontan proyectos internacionales diversos, no solo los de Turquía y Estados Unidos, se suman además los de Arabia Saudí y Pakistán entre otros, a fin de colocarlos indistintamente contra Rusia, Irán, Siria o incluso China donde existe una minoría musulmana en la provincia de Xinjiang que ha dado acogida a la organización terrorista Movimiento Islámico del Turquestán Oriental (MITO).

El terrorismo pretendió aprovechar el cese de fuego para desatar acciones ofensivas contra el ejército sirio, lo que obligó a éste a contraatacar. En el noreste del país. Estados Unidos y Turquía tienen profundas contradicciones por el afán estadounidense de aliarse con los kurdos a fin de tenerlos como carne de cañón para proteger sus intereses, de manera destacada se señala la apropiación ilegal de pozos petroleros que ha usurpado en la región.  Mientras que en el noroeste existe una zona de mayoría kurda ocupada por Turquía desde hace dos años y en la que las organizaciones terroristas tiene su principal bastión en la actualidad

A pesar que el gobierno de Bashar el Asad ha intentado un acercamiento con los kurdos que habitan Siria y son ciudadanos de ese país, Estados Unidos se ha encargado de abortar e impedir un probable encuentro.
La ofensiva del ejército sirio en la provincia de Idlib -donde permanecen los últimos remanentes del terrorismo en ese país- se desarrolló de manera acelerada liberando 3.500 km², esquivando los puntos de vigilancia turcos (que quedaron rodeados) y avanzando en profundidad. En este momento se comenzó a manifestar desesperación y una retórica de guerra por parte del presidente Erdogan y las autoridades turcas, informado de falsas victorias y supuestas bajas del ejército sirio que solo existen en su imaginación como se han encargado de afirmar los voceros de las fuerzas armadas rusas y sirias en el área.

Agazapados en medio de los terroristas, los militares turcos han sufrido grandes bajas, ante lo cual Erdogan clamó por la intervención rusa para detener el avance sirio. El presidente Putin demoró en recibir a Erdogan y cuando lo hizo ya el ejército sirio había consolidado el territorio reconquistado, a partir de lo cual Turquía se vio obligada a acordar con Rusia un cese al fuego, teniendo que aceptar una situación de hecho para evitar una derrota mayor, que se saldó con amenazas de Erdogan que no pueden ser ejecutadas en la zona de operaciones.

En otro escenario, el de Yemen, se ha producido un cambio estratégico en la correlación de fuerzas a favor del movimiento Ansarolá después que las provincias de Ma´rib y Al Jawf fueran tomadas en su totalidad por los insurgentes. Las tribus que habitan estas provincias le habían dado su apoyo a Arabia Saudí, pero decidieron romper el acuerdo y establecer una alianza con Ansarolá lo cual permite crear un gran colchón de defensa para Saná, la capital yemení. De esta manera, se impidió además la intención anexionista saudí que ambicionaba Ma´rib por ser el comienzo del oleoducto que une a esta provincia con Ra Isa con una longitud de 438 Km. y una capacidad de paso de 200.000 barriles por día que el reino wahabí pensaba utilizar para transportar crudo hasta el mar Arábigo evitando el paso por el estrecho de Ormuz bajo control iraní.

Por su parte, en Irak se ha consolidado la unidad de las fuerzas políticas en torno al nuevo primer ministro Mohamed Allawi. De forma unánime sectores políticos que estuvieron en pugna en el pasado están exigiendo la salida de las fuerzas de ocupación estadounidenses. El mando de este país se resiste a tal decisión, pero la permanente acometida por parte de las fuerzas de la resistencia contra las bases militares extranjeras, ha obligado a un repliegue continuo de estas desde el 8 de enero cuando se produjo el ataque con misiles de Irán como represalia por el asesinato del general Qassim Soleimani. La última acción de este tipo se realizó hoy 11 de marzo dando seguimiento al objetivo estratégico de expulsar a Estados Unidos que se ha visto obligado a concentrar sus tropas en la base de Al Asad, abandonando sus otras instalaciones.

Así, contrario a lo que se trata de mostrar, en medio de la extrema complejidad de los hechos, las fuerzas de la resistencia “sin prisa pero sin pausas” prosiguen en su objetivo de expulsar a las fuerzas estadounidenses y de la OTAN de la región mientras los principales aliados de Estados Unidos transitan momentos difíciles. Tanto Israel como Arabia Saudí atraviesan profundas crisis internas, sosteniéndose en el poder a través de la guerra, la represión y la fuerza. Las sanciones estadounidenses no han mellado la voluntad de los patriotas árabes y musulmanes, lo cual mantiene a Occidente empantanado, al mismo tiempo que China y Rusia siguen ampliando su espacio de influencia a favor de la paz y el desarrollo.     
 sergioro07@hotmail.com

miércoles, 6 de marzo de 2019

Manipular la ley para quitarle la justicia y la verdad


Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

Cuando la ley, como regla que conduce la organización de la vida y orienta a la sociedad y al ser humano para ir por el camino recto, es conducida por el poder, la justicia queda en riesgo, la derrota la sufre la política y los más afectados son los derechos de los débiles, las víctimas y los adversarios. La pérdida de capacidad legitimadora de la ley se debe a la multiplicidad de manipulaciones a la que es sometida por agentes del estado y del partido de gobierno, cuya obsesión por mantener el liderazgo de las acciones por el control del país hermano los hace fallar. El síntoma del daño no esta en la estructura de las cortes de justicia, ni tribunales, si no en la arbitrariedad con la que es atacado el sentido de lo jurídico alejándolo de su realidad material y manteniendo a la sociedad bajo el rigor de quienes se hacen temer amenazando con usar la ley.



El poder hegemónico incomunica las interpretaciones sociológicas de las jurídicas sobre el contexto de país que existe, y le entrega a la opinión simplificaciones de lo que ocurre, para que los medios, como estrategia del gran capital, construyan su galería impactando y violentando a su antojo la capa protectora de los derechos, desde los más íntimos de la persona, mostrada en su desnudez, hasta los de autonomía y soberanía de los pueblos, puesta en ridículo a traves de su mas crudo sufrimiento y penuria.

La ley es un es un componente esencial para proteger los derechos humanos, por su capacidad para hacer efectiva la de defensa de la vida, honra, dignidad y salvaguarda del sistema social, pero está en riesgo de ser convertida en un adorno de la pasarela de impunidad, por la que se contonean quienes gozan de inmunidad y anuncian con un discurso de doble rasero, lo bueno y aplaudible de sus prácticas y lo malo y condenable de lo que hacen los otros aunque sea igual. Las fronteras porosas y conflictivas del país, delatan por su mayor exposición las contradicciones teóricas y prácticas del poder, que repite mensajes equívocos en nombre de la ley, y que causan profundos daños a la paz, los derechos y la convivencia. Manipular el sentido de la ley, a la que se dicen aferrarse para juzgar y condenar en nombre de la comunidad política que sostiene el andamiaje de todo estado de derecho es lo condenable, como podría deducirse solo con el caso de Andrés Felipe Arias, del que aduce su partido que es falso que exista un tratado de extradición con Estados Unidos que permita traerlo a Colombia a pagar su condena por delitos comunes, pero el mismo tiempo maldicen porque afirman que el tratado de extradición debe aplicarse al excombatiente Santrich.

Suma en la manipulación de las interpretaciones de la ley el cúmulo de errores por la persistencia en querer derrocar al gobernante vecino. Trasciende los límites de la buena fe, que cada acción siguiente sea tan incierta y agresiva como la anterior porque violenta leyes, principios y valores universales, que van desde el uso indebido de prácticas y conceptos, como pretender señalar de humanitaria, una acción que no lo es o, insistir en querer hacer ver como neutrales y objetivas opiniones que no lo son o, instalar en el imaginario pretendidas verdades que distan de serlo o, interferir en la libre autodeterminación de un país soberano, aduciendo que no hay injerencia política, si no un propósito altruista de liberación nacional, para esconder una alianza de intereses entre el débil cuerpo de autoproclamado presidente que es más bien un impostor o un traidor a su patria por no haber sido ni legitima ni legalmente elegido por su pueblo, según lo define su constitución, porque allí no hay vacancia de poder, ni esta se produce por mandato de gobiernos extranjeros.

O bien hay un grave error en esa suma de interpretaciones de la ley o el mundo está ante un caso innegable de consumados delitos, con trasmisiones en directo, de los que se han desprendido daños irreparables y hechos de violencia con consecuencias fatales.

Hay una lógica de pensamiento y acción del gobierno y en especial del partido de gobierno, que sabe manipular la ley (y los medios), para crear verdades a medias, confundir y hacen perder de vista que el objetivo de la ley es servir de soporte a la justicia para que sobre esta se edifique el estado de derecho. Con esta lógica los derechos solo caben para ser despreciados y sus defensores eliminados, la memoria desdeñada y sus fuentes quemadas.

Una ley y un derecho de papel para gentes humildes, debilitadas por las carencias, la desigualdad y la exclusión, y otra real, sensata, prudente y benévola en sus dictámenes para los poderosos, para unos las penas son inmodificables y se cumplen en atiborradas cárceles de ignominia y crueldad y para otros sus pequeñas penas ocurren en mansiones por cárcel por ser padres cabeza de hogar o enfermos de stress, cuando no logran hacer precluir las investigaciones mediante decenas de dilaciones (y fraudes procesales encubiertos) interpuestas por expertos en torcer la ley aduciendo la defensa de la misma ley.

Lo que ocurre a diario con la manipulación es el síntoma de una grave enfermedad social, que avanza hacia un rea acostumbramiento al fascismo del siglo XXI, en el que la ley pasa a ocupar un segundo plano, el imperio de la ley se desmorona y el poder hegemónico pone todas las reglas según lo pueda su voluntad, en todo caso invocando y con vehemencia la rectitud del derecho. Ese fascismo esta configurando las bases una sólida inseguridad jurídica ya no solo para los antiguos combatientes que suscribieron el pacto de paz, sino para toda la ciudadanía, los críticos, los silenciados y los demás. La inseguridad se apodera del ambiente, aunque su nombre político sea seguridad. La aplicación de la ley cede su capacidad ante los impulsos y pulsiones del poder de excitados gobernantes.

No es un problema de antinomias, o sea de contradicciones entre normas, ni de conflictos entre ellas, ni de normas invalidas como las que se pretenden contra el derecho a la protesta, a la opinión o las libertades de investigación y catedra, es sencillamente el uso ideologizado de la ley por quienes detentan el poder político, en asocio con los dueños del capital, que saben bien como relegar a la ley basada en la justicia e imponer su ley sin justicia ni verdad.
mrestrepo33@hotmail.com

sábado, 2 de marzo de 2019

La constitución del imperio desaloja el estado Nación

Por Enrique Contreras Ramírez


En el mundo globalizado, el estado profundo aplasta toda autoridad, autonomía, independencia y constituciones de los estados Nación- Esto implica perder la soberanía y por lo tanto la autonomía política

Descifrar la realidad que actualmente se tiene en estos contextos socio-económicos y políticos de un mundo globalizado, no es nada fácil. Tenemos dramáticas situaciones, muy difíciles de interpretar en el marco de la geopolítica internacional, por la complejidad y multiplicidad de variables que presenta y que las hacen muy confusas, pues las mismas requieren de un conocimiento en el más amplio sentido, para poderlas descodificar ya que se esconden en el quehacer diario de nuestras gentes.


Una de esas variables de esa complejidad de la que escribo se le debe a los llamados medios de comunicación, cuyas empresas y sus respectivos laboratorios, imponen sus matrices neurolingüísticas, traducidas en ideologías para la dominación y evitar que los pueblos capturen una realidad que nos está conduciendo hacia un abismo donde sólo encontraremos miseria y pobreza.

Quien iba a pensar, hace algunos años, cuando Lenin escribió en 1916 “El Imperialismo fase superior del capitalismo”, que su tesis –por cierto muy bien argumentada para ese entonces- iba a ser superada por el propio desarrollo de la economía del capital, por el paradigma globalizador, donde se une el capital financiero y el capital industrial para darle cabida a formas más perversas de acumular dinero, representado en los grandes conglomerados que son los que en la actualidad dominan el mundo y que dan paso a una de las atrocidades inventadas por quienes manejan el capital, abriéndole camino al IMPERIO DEL CAPITAL y donde desaparecen los llamados imperialismos.

No hay nación en el mundo, independientemente de sus formas de gobierno, sus ideologías, sus estructuras económico-sociales donde el mundo globalizado no intervenga y lo proclamen como una alternativa para el “desarrollo”, tesis avalada por los gobiernos existentes, convertidos hoy día en celestinos de los dueños de ese capital.

EL ESTADO MUNDO
Entre el año 1910 y 1920 el filósofo austriaco en materia jurídica y política  Hans Kelsen uno de esos intelectuales que asesoraban a las Naciones Unidas (en proceso de formación) propuso que todas las Leyes de todas las naciones, es decir las Constituciones de las diversas repúblicas estuviesen regentadas jurídica y políticamente, bajo un sistema jurídico internacional, ya que el llamado Estado Nación –según Kelsen- constituían un obstáculo perturbador e inaccesible al derecho, de allí su propuesta de crear un “estado mundial y universal”. (Al respecto véase el texto de Kelsen “Los problemas de la soberanía”.).

Tal idea, toma cuerpo en la doctrina jurídica del paradigma globalizador, ya que ve en esa propuesta el camino que lo coloca en la cúspide del llamado “derecho internacional” al crear en la dinámica económica y geopolítica el ESTADO-MUNDO. Un Estado Mundo impuesto, los dueños del gran capital lo organizan como una expresión jurídico-política que se encuentra en la práctica por encima de los Estados-nación. El Estado nación queda subordinado en esa nueva estructura jurídica del imperio del capital, donde se aplasta toda autoridad, autonomía, independencia. Esto implica perder la soberanía, su territorialidad y por lo tanto también se disipa la autonomía política, agregando la perdida del concepto de patria, nación y pueblo.

Es aquí, en mi humilde opinión donde se acelera, lo que llama Michel Foucault el biopoder y donde ese Estado Mundo se convierte en un panóptico que viene de una sociedad-mundo disciplinada a la sociedad-mundo de control, donde las comunicaciones se van a encargar de tal situación.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología comunicacional, le permite al paradigma globalizador, tener bajo control la economía y la conducta de los gobiernos, la de los pueblos donde siembran en el cerebro humano sus matrices neurolingüísticas para dejarlos como simple repetidores de los discursos de quienes dominan. Sus tecnologías son utilizadas y dirigidas a la observación y vigilancia de la conducta humana, los medios de comunicación –en sus manos- producen ideología como expresión de la falsa conciencia, donde se aliena y se convierte a los seres humanos en objetos perturbados al extremo y su condición de sujetos históricos se disuelve y desaparece en un paradigma que ve el mundo –incluyendo su gente- como una simple mercancía.

Ese Estado Mundo como expresión del imperio del gran capital, creo la figura jurídica de las empresas mixtas - sobre todo para América Latina- con las llamadas Constituyentes derivadas del poder constituido, para poder explotar con mayor eficiencia y eficacia las economías de los países con recursos energéticos y donde el extractivismo es uno de sus principales propósitos. De esta manera se consolidan y se posesionan los conglomerados donde imponen sus condiciones con el aval retorcido de los gobiernos de turno, llámense capitalistas o socialistas. Es ese estado profundo representado por los grandes conglomerados los que han convertido los estados nación, en estados corporativos, especies de empresas cuya única función es venderles nuestras riquezas y recursos naturales a precios irrisorios, además de dañar nuestro medio ambiente, donde sólo quedan desiertos, desolación y muerte.

De esta manera las Constituciones nacionales quedan relegadas y son letra muerta ante el nuevo orden mundial y sus propias leyes. “… las funciones constitucionales han sido desaparecidas a otro nivel. Una vez que hemos reconocido las declinaciones de los sistemas constitucionales nacionales tradicionales debemos explotar como es constitucionalizado el poder en un nivel supranacional, en otras palabras, cómo comienza a tomar forma la constitución del Imperio”. NEGRI, Toni y Michael Hardt. “Imperio”. Editorial Desde Abajo, Bogota, 2001. pp. 303).

EL IMPERIO DEL GRAN CAPITAL Y SU CONSTITUCIÓN
En el campo de los análisis internacionales, en la moldura de la geopolítica planetaria, se ha reconocido y se reconoce que el paradigma de la globalización es un hecho real, nuestras naciones se encuentran  sumergidas en ese proceso y los capitales norteamericanos, chinos, rusos, ingleses, alemanes, por sólo nombrar algunos, son los que tienen el monopolio de la conducción económica y política del planeta, son los que poseen el poder real, mientras que le dejan el poder formal a los gobiernos títeres de las diferentes naciones.

Muchos de esos capitales se han fusionado para constituir la cúspide que actúa bajo el techo de las Naciones Unidas. Esos capitales organizados en grandes conglomerados no tienen frontera alguna, controlan los organismos internacionales del comercio, industria y finanzas, hacen la guerra donde les conviene hacer la guerra y convocan a la paz donde les conviene hacer la paz, siembran el chauvinismo entre naciones para mantenerlas divididas,  colocan condiciones convertidas en leyes supranacionales para dirigir y dominar el mercado mundial, imponen reglas de juego en los escenarios políticos de cada nación y ordenan leyes cuya única intención es garantizar jurídicamente sus inversiones y obtener la mayor ganancia posible. Es un modelo espeluznante que se ha convertido en la espada de Damocles para nuestros pueblos en su afán de reproducir sus riquezas, no importándoles el futuro de la vida humana, vulnerando las libertades y los derechos de nuestras naciones.

Para tales fines, se han valido de gobiernos y partidos políticos celestinos –y esto hay que tenerlo bien claro- sean de derecha o de la llamada izquierda, los mismos han impulsado las citadas Constituyentes derivadas del poder constituido, han participado en ellas para cambiar las leyes, leyes que se han hecho para complacer la sed de poder de los dueños del gran capital y donde en la actualidad América Latina es el gran ejemplo de lo que estamos señalando. Todo parece indicar que  no existe en estos tiempos fuerza humana que se pueda enfrentar al avasallante designio del poder global y su Constitución Imperial.

Desde luego, que para mantener y consolidar el Estado Mundo y su Constitución Imperial  han creado ese cuerpo de leyes omnímodas, verticales y absolutas, que dan "sobrado alegato" y por si fuera poco, "legalidad jurídica" para hacer sentir el poder  del Estado Mundo y de sus fuerzas represivas a todo aquella nación que se atreva a criticar y discutir e incluso poder violentarle su soberanía. Soberanía que al ser violentada y pisoteada, intentan exaltar, para hacerla florecer como conquistas de la lucha por la libertad, la democracia y la civilización. Semejante "perfeccionamiento", se revela más recientemente en la política militarista de guerra de alta intensidad, llevada a cabo por los Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña en el Medio Oriente, cuya intención es posesionarse y no hay otra, de las riquezas petroleras y gasíferas que allí se encuentran. Cualquier intento que se haga para objetar semejante aberración y miserables humana, por parte de los pueblos o movimientos emancipatorios, para tomar un camino propio con autonomía, diversidad y pluralidad, es visto como una transgresión a esas "leyes", calificándose de inmediato de actos terroristas y de esta manera justificar la represión y el crimen, que a nombre del progreso se ejecuta sin consideración humana alguna.

Michel Chossudovsky (2002), al respecto escribe lo siguiente: "En Estados Unidos la "Ley Patriótica" condena la protesta pacífica en contra de la globalización. Manifestarse contra el FMI o la OMC, por ejemplo, podría considerarse "un delito de terrorismo interno". La ley comprende cualquier actividad, lo que podría llevar a "influir en la política de un gobierno por la intimidación o la coerción"; esto es "una manifestación que bloquea una calle impidiendo el tránsito se considera terrorismo interno. En términos generales, la nueva legislación representa una de las más avasallantes afrentas en contra de la libertad que se haya visto en los últimos cincuenta años. Es poco probable que nos proporcione una mayor seguridad, pero sin duda nos hará menos libres". (CHOSSUDOVSKY, Michel. “Guerra y Globalización”. Editorial Siglo XXI. México. pp. 13.

Estas leyes, que  tienen carácter "supraconstitucional" impuesto y dicho sea de paso, muchas de ellas fueron vaciadas en las reformas que le han hecho al Código Procesal Penal venezolano, también tienen el propósito de eliminar toda discusión política que pueda develar el marcado interés de recolonizar a los pueblos, donde ellos tengan como objetivo militar tomar y poseer espacio territorial estratégico, petróleo, gas, carbón, coltan, thorium, agua o biodiversidad, es el propósito fundamental de la llamada Ley Patriota, creada por la administración de Bush, como una de la leyes más reaccionarias y fascistas inventadas por el gobierno norteamericano impulsada por el capital privado en toda su historia.

 El imperio del capital, como expresión del paradigma globalizador ha creado doctrina a todos los niveles para consolidar sus objetivos, propósitos y fines, donde los dueños de ese capital enfermos en su moral y valores desfiguran el concepto de justicia de la manera más malévola y destruyen las economías domésticas de los países para imponer sus malignos intereses.

Hoy día podemos afirmar que los 7.550 millones de habitantes que aproximadamente  poblamos el planeta, vivimos éste martirio del  holocausto globalizador  para  materializar  la  sed de poder del gran capital, pareciera que se estuviera reeditando las experiencias vividas y narradas en los escenarios nazis –claro está, en otros tiempos pero en el mismo espacio-  donde el escritor Ingo Müller en su libro “Los Juristas del Horror”, traducido al castellano por el abogado venezolano y profesor universitario Carlos Armando Figueredo, nos describe y narra.

De esa doctrina, de la que hemos hecho referencia, la que más han utilizado para controlar el descontento de los pueblos es la doctrina del miedo, miedo que trae y afirma el orden social, es un mecanismo primario para evitar el desbordamiento conflictivo de la formación de una estructura socio-económica que pisotea constantemente la historia de nuestros pueblos junto a la dignidad humana, donde se  utiliza la manipulación mediática para evitar cualquier tipo de resistencia para mostrarse como una especie de maquina implacable de poder demoledor de cualquier proceso insurreccional que intente desalojarlos de sus respectivas naciones.

LA RESISTENCIA Y LA LUCHA CONTRA LA GLOBALIZACIÓN
Los que no aceptamos tal dominación que se da tanto en los países capitalistas como los llamados socialistas, podemos desalojar el presente modelo tan inhumano en el teatro de la unidad latinoamericana retomando el planteamiento de Bolívar, que para muchos hoy día rendidos y resignados y acobardados pareciera una utopía y se resignan a vivir en esclavitud.

Utopía vs globalización, pasa obligatoriamente por un proceso de lucha revolucionaria, de construcción, de debates y discusiones permanentes, que han de llevar a la emancipación de nuestros pueblos, para dar origen a un nuevo modelo civilizatorio propio. Modelo civilizatorio que no puede estar sentado en las viejas civilizaciones conocidas hasta ahora que hasta el momento la humanidad ha vivido, en el espacio histórico concretó de la dominación, en ese continuo histórico, incluyendo aquí, los mal llamados socialismos. Socialismos que naufragaron producto de que tales revoluciones fueron y son anexos de los intereses del capital, atrapadas y amarradas de quienes pretenden seguirse repartiendo el mundo, donde destacan con mayor voracidad rusos, chinos, ingleses y norteamericanos, en nombre de un socialismo y un capitalismo que humilla la dignidad de los pueblos y que hoy ya no tiene argumentos y razones para seguir existiendo.

Las experiencias del mal llamado socialismo, mostraron en la práctica  los mismos mecanismos del capitalismo, la acumulación originaria de capital, se obtenía de la misma forma, extrayendo incluso plusvalía del trabajo asalariado y reservando la propiedad privada de los medios de producción, a una burocracia estatal colectivista que se reparte el botín con el capital privado.

Esos socialismos, convirtieron el capitalismo en una especie de hibrido, que en Venezuela se sintetiza y concreta en las llamadas empresas mixtas, donde el capital privado y el capital del Estado se dan la mano y donde la población no palpa, ni siente, ni recibe el beneficio, pero si lo ve una clase gobernante, que se burocratizó y corrompió hasta los tuétanos en el ejercicio del poder.
Nos llegó la hora, de sacudirnos el eurocentrismo que durante muchos años ha prevalecido entre nosotros y de crear nuestros propios modelos de unidad, capaces de buscar los caminos que nos conduzcan a encontrarnos con nosotros mismos.

Concientizar, estudiar, investigar, crear un corpus teórico propio donde nuestra identidad este siempre presente, crear nuestra propia ciencia y tecnología, impulsar una revolución agraria integral ecológica y en armonía con la naturaleza, para la producción de alimentos. Reencontrarnos con nuestra identidad cultural, generar nuestras propias políticas comunicacionales, inculcar en nuestra gente valores como la solidaridad entre los pueblos y los seres humanos, el bien colectivo, el respeto a la dignidad de hombres y mujeres, a recuperar nuestra espiritualidad y religiosidad hoy aplastada y clandestina, por la influencia anglo- americana, el bien común, a la justicia social, cambiar el modo de producir, el concepto de trabajo, en otras palabras, abrir un espacio para la confidencialidad, con mucha poesía, mucho humanismo, mucha comunión  para poder encontrar los caminos, los nuevos espacios convivenciales entre los hombres y mujeres. Todo esto es parte de la estrategia emancipadora y de esta guerra a muerte que debemos librar los latinoamericanos, para poder tener el derecho moral, social, político a pensarnos como una gran patria, nación y pueblo.

No se trata de hablar de unidad para producir en aras de satisfacer nuestras necesidades solamente, es unificar en los planos jurídicos-políticos, culturales, ecológicos, económico-social, nuestros pueblos, no olvidando nunca que la emancipación de nuestro continente, pasa por emancipar nuestra propia conciencia y quien se une prevalece. He ahí, la utopía que intentaron materializar nuestros próceres con la guerra de la independencia y que ahora es la gran tarea de nuestras naciones dejada por Bolívar, de lo contrario a mediano y largo plazo se perecerá, ante las políticas salvajes y genocidas de la globalización.

Hay distractores, muchos distractores para desviar la atención sobre nuestro enemigo principal representado en el paradigma globalizador, el caso venezolano es un ejemplo claro de esta situación, mientras tienen un pueblo dividido, unos a favor de los rusos y otros a favor de los norteamericanos, los mismos siguen saqueando la república y el Arco Minero es realmente el objetivo de esos conglomerados y al pueblo lo tienen entretenido en un teatro siniestro, donde lo único que se pide es que se vaya Maduro y que se quede Guaidó, ambos títeres del gran capital y de sus respectivos conglomerados, en esta tragicomedia que vive el pueblo venezolano.

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