Mostrando entradas con la etiqueta ministerios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ministerios. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Movilización estudiantil, una mezcla de agendas



Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

La movilización estudiantil vuelve a ocupar lugar central en la agenda social del país y se reactiva con los levantamientos en Chile, Ecuador, España. Aunque parezca espontanea, no lo es, 2011 y 2018 marcaron el camino de una creciente toma de conciencia, individual y colectiva, sobre el sentido y significado del derecho a la educación y sobre la misión de las universidades creadas para formar seres humanos libres y autónomos, responsables con la sociedad de su tiempo, que aparece convulsa, indiferente, angustiada, con creciente agresión, falta de respeto, inmoralidad de funcionarios y políticos corruptos, con desinformación, manipulación de pasiones, engaño y violencias que regresan.




La universidad pública, a pesar del asedio y deficiencias, ha cumplido un papel social determinante en la formación de la inteligencia, pero también en la construcción de ciudadanía y sentido de nación, que la provee de capacidad ética y política para ocuparse de su propia agenda, pero también ser actora en la defensa de la agenda social. Ha participado de luchas contra la dictadura, la moral exacerbada, el fascismo, la explotación y la opresión y sus campus han sido lugar esencial para que su profesorado de altas calidades en la ciencia y los jóvenes de enormes capacidades, circulen saberes universales y sienten las bases teóricas y prácticas de los cambios que ha vivido el país. La mayoría de profesores y estudiantes provienen del mismo sector social de víctimas, excluidos y mayorías en condiciones de precariedad económica a consecuencia de las desigualdades y del déficit democrático. En el país de 286 instituciones de educación superior, 81 son universidades y de estas solamente 32 son universidades públicas, todas regidas por la constitución laica, plural y diversa.

Sin universidades públicas el país hace tiempo sería un campo de horror y de barbarie sin memoria y es incontrovertible que la mayor parte de la producción científica y cultural del último siglo, se ha producido con presupuesto público y sus artífices son sus jóvenes y profesores. Razón de más impedir que se las quiera tratar como islas o aislarlas, con estigmas y desinformación. Necesitan del respeto, protección y acompañamiento de la sociedad y del estado para fortalecer su capacidad científica y cultural y la sociedad está llamada a entender que históricamente ellas educan en y para ser libres, comprometidos con el presente y forjadores de salidas y esperanzas de un pronto futuro de bienestar.

Por ser una síntesis de la sociedad, agrupan fácilmente múltiples demandas sociales, que la convierten en promotora del desarrollo, pero además en vocera y actora social protagónica de los temas prioritarios de la agenda nacional, que mezclados con los de su propia agenda, en la coyuntura, en la que la percepción generalizada es que el país va mal, la guerra regresa y el odio se recrudece, terminarán por configurar un mapa complejo y diverso, que parece apuntar hacia un levantamiento popular contra el patriarcalismo, el capitalismo, el paramilitarismo, la militarización y por la defensa del estado de derecho(s), que contienen políticamente inconformismo contra el partido en el poder, por incumplimiento al acuerdo de paz, barreras a JEP, comisión de la verdad, curules a víctimas, centro de memoria, abusos policiales y socialmente desesperanza por imposición de modelos ineficaces y fracasados de extracción de recursos, tributos, salud, jubilación y empleo. La agenda propia de la movilización universitaria se centra en el reconocimiento y respeto por la autonomía que es derecho fundamental, la democracia participativa que es un principio central y la financiación total con recursos de la nación, que es base del sistema público, como ocurre con los demás organismos públicos (ministerios, fuerzas militares, otros) exentos de recurrir a la autofinanciación.

 La universidad pública tiene el imperativo de reconducir su nueva visión, crear condiciones para realizar la paz y los derechos en colectivo, lo que exige de sus estamentos responsabilidades y compromisos para mantenerse abiertas y en ejecución de sus tareas científicas y culturales, afianzar la verdad como valor y principio de dialogo entre estamentos y, afianzar el rechazo unánime a toda opción material o simbólica de violencia, que propicie chantaje, amenaza, manipulación, producción o escenificación del horror o reproducción de tácticas de guerra. Lo contario repercutirá negativamente con la puesta en riesgo de su legitimidad como referente ético de la agenda social, en cuanto ninguna violencia es útil ni bienvenida para defender a la universidad pública, y aparte el costo político lamentable será la pérdida del afecto y solidaridad ganada en la sociedad con las movilizaciones de 2011 y 2018.

La mezcla de agendas, propia y social, no es ajena al hacer de la universidad y no resulta claro entonces ¿cómo y quién puede llamar a parar la movilización (que no es parálisis, ni bloqueo, ni inmovilidad académica) cuando los jóvenes con su voz y rebeldía cubren el silencio de los intelectuales, impiden el olvido de la tragedia humana de los ocho millones de víctimas y desplazados (que ya no cuentan en las cifras oficiales) y hacen visible el sistemático genocidio de indígenas, líderes sociales y excombatientes y señalan la reactivación paramilitar?

A manera de colofón, es preciso reafirmar que la universidad no incuba violencia, ninguna asignatura, ni currículo enseña cultos, ni doctrinas de guerra, ni hace apología al horror. Los juegos de guerra no son una herramienta válida ni reconocible para defender la universidad pública, ni le aportan para hacerla protagónica de la agenda de lucha social, en tanto la fuerza nunca será mejor que la imaginación, ni el miedo podrá superar la creatividad humana expuesta con su protesta civil.

P.D. De Alfredo Molano, el país crítico, le agradecerá por siempre su disciplina de columnista honesto, que dijo la verdad cada semana, aunque sabía que podía costarle la vida. Siempre comprendió, vivió y defendió la Universidad Pública, con su pluma y con la verdad.

mrestrepo33@hotmail.com

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Movilización estudiantil, una mezcla de agendas



Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

La movilización estudiantil vuelve a ocupar lugar central en la agenda social del país y se reactiva con los levantamientos en Chile, Ecuador, España. Aunque parezca espontanea, no lo es, 2011 y 2018 marcaron el camino de una creciente toma de conciencia, individual y colectiva, sobre el sentido y significado del derecho a la educación y sobre la misión de las universidades creadas para formar seres humanos libres y autónomos, responsables con la sociedad de su tiempo, que aparece convulsa, indiferente, angustiada, con creciente agresión, falta de respeto, inmoralidad de funcionarios y políticos corruptos, con desinformación, manipulación de pasiones, engaño y violencias que regresan.



La universidad pública, a pesar del asedio y deficiencias, ha cumplido un papel social determinante en la formación de la inteligencia, pero también en la construcción de ciudadanía y sentido de nación, que la provee de capacidad ética y política para ocuparse de su propia agenda, pero también ser actora en la defensa de la agenda social. Ha participado de luchas contra la dictadura, la moral exacerbada, el fascismo, la explotación y la opresión y sus campus han sido lugar esencial para que su profesorado de altas calidades en la ciencia y los jóvenes de enormes capacidades, circulen saberes universales y sienten las bases teóricas y prácticas de los cambios que ha vivido el país.

La mayoría de profesores y estudiantes provienen del mismo sector social de víctimas, excluidos y mayorías en condiciones de precariedad económica a consecuencia de las desigualdades y del déficit democrático. En el país de 286 instituciones de educación superior, 81 son universidades y de estas solamente 32 son universidades públicas, todas regidas por la constitución laica, plural y diversa.

Sin universidades públicas el país hace tiempo sería un campo de horror y de barbarie sin memoria y es incontrovertible que la mayor parte de la producción científica y cultural del último siglo, se ha producido con presupuesto público y sus artífices son sus jóvenes y profesores. Razón de más impedir que se las quiera tratar como islas o aislarlas, con estigmas y desinformación. Necesitan del respeto, protección y acompañamiento de la sociedad y del estado para fortalecer su capacidad científica y cultural y la sociedad está llamada a entender que históricamente ellas educan en y para ser libres, comprometidos con el presente y forjadores de salidas y esperanzas de un pronto futuro de bienestar.

Por ser una síntesis de la sociedad, agrupan fácilmente múltiples demandas sociales, que la convierten en promotora del desarrollo, pero además en vocera y actora social protagónica de los temas prioritarios de la agenda nacional, que mezclados con los de su propia agenda, en la coyuntura, en la que la percepción generalizada es que el país va mal, la guerra regresa y el odio se recrudece, terminarán por configurar un mapa complejo y diverso, que parece apuntar hacia un levantamiento popular contra el patriarcalismo, el capitalismo, el paramilitarismo, la militarización y por la defensa del estado de derecho(s), que contienen políticamente inconformismo contra el partido en el poder, por incumplimiento al acuerdo de paz, barreras a JEP, comisión de la verdad, curules a víctimas, centro de memoria, abusos policiales y socialmente desesperanza por imposición de modelos ineficaces y fracasados de extracción de recursos, tributos, salud, jubilación y empleo. La agenda propia de la movilización universitaria se centra en el reconocimiento y respeto por la autonomía que es derecho fundamental, la democracia participativa que es un principio central y la financiación total con recursos de la nación, que es base del sistema público, como ocurre con los demás organismos públicos (ministerios, fuerzas militares, otros) exentos de recurrir a la autofinanciación.

La universidad pública tiene el imperativo de reconducir su nueva visión, crear condiciones para realizar la paz y los derechos en colectivo, lo que exige de sus estamentos responsabilidades y compromisos para mantenerse abiertas y en ejecución de sus tareas científicas y culturales, afianzar la verdad como valor y principio de dialogo entre estamentos y, afianzar el rechazo unánime a toda opción material o simbólica de violencia, que propicie chantaje, amenaza, manipulación, producción o escenificación del horror o reproducción de tácticas de guerra. Lo contario repercutirá negativamente con la puesta en riesgo de su legitimidad como referente ético de la agenda social, en cuanto ninguna violencia es útil ni bienvenida para defender a la universidad pública, y aparte el costo político lamentable será la pérdida del afecto y solidaridad ganada en la sociedad con las movilizaciones de 2011 y 2018.

La mezcla de agendas, propia y social, no es ajena al hacer de la universidad y no resulta claro entonces ¿cómo y quién puede llamar a parar la movilización (que no es parálisis, ni bloqueo, ni inmovilidad académica) cuando los jóvenes con su voz y rebeldía cubren el silencio de los intelectuales, impiden el olvido de la tragedia humana de los ocho millones de víctimas y desplazados (que ya no cuentan en las cifras oficiales) y hacen visible el sistemático genocidio de indígenas, líderes sociales y excombatientes y señalan la reactivación paramilitar?

A manera de colofón, es preciso reafirmar que la universidad no incuba violencia, ninguna asignatura, ni currículo enseña cultos, ni doctrinas de guerra, ni hace apología al horror. Los juegos de guerra no son una herramienta válida ni reconocible para defender la universidad pública, ni le aportan para hacerla protagónica de la agenda de lucha social, en tanto la fuerza nunca será mejor que la imaginación, ni el miedo podrá superar la creatividad humana expuesta con su protesta civil.

P.D. De Alfredo Molano, el país crítico, le agradecerá por siempre su disciplina de columnista honesto, que dijo la verdad cada semana, aunque sabía que podía costarle la vida. Siempre comprendió, vivió y defendió la Universidad Pública, con su pluma y con la verdad.

mrestrepo33@hotmail.com

miércoles, 29 de mayo de 2019

Responsabilidad social y la construcción de ciudanía


 Por Rafael Natos Féliz:
A propósito del desarrollo

Siguiendo el tema iniciado anteriormente, ahora pasamos a evidenciar algunas acciones que son el resultado de los aprendizajes dirigidos y planificados en los centros de control ciudadano, para lograr ciudadanos apáticos, desencantados y clientelistas. Esos centros de control son, el Estado todo (Gobierno, ministerios, congreso, justicia, policía, guardia, marina, direcciones provinciales, alcaldías, etc., etc.), así como la mayoría de los empresarios que en coalición con el estado definen sus intereses económicos como las principales prioridades de la nación.

Tomemos como ejemplo la educación. Este tema es extremadamente importante para el desarrollo de un pueblo. Sin embargo, a la población se le ofrece una educación de muy mala calidad, pero dijimos en una ocasión anterior, se le da “comida” y ya eso “basta y es suficiente”. Además, hay “salidas” para sus precariedades y desesperanzas. Se le motiva a la búsqueda de refugio en las creencias y eso le conforta. A otros los motivan para refugiarse en las drogas (legales e ilegales), haciéndoles creer que eso es, el último grito de la moda.

Mientras eso ocurre, a los familiares y relacionados de los funcionarios se les ofrece una educación de calidad, e incluso a sus hijos les dan becas a todos los rincones del mundo con los recursos de los contribuyentes. Mientras en numerosos lugares de nuestra geografía nacional, hay escuelas de patios, en enramadas y muchas de las que se construyen tienen tan baja calidad, que se agrietan, se les caen paredes, se desploman techos, etc., y todo…sin consecuencias.

Otro ejemplo es la salud pública. Para la población existen hospitales con todo tipo de precariedades, y a los 9 hospitales regionales del país les han puesto el encargo de atender a más de 300 mil pacientes cada uno, recibiendo un pírrico presupuesto mensual (de 2 a 8 millones de pesos); gastándose la mitad en facturas del Programa de Medicamentos Esenciales (PROMESE) y en otros insumos y necesidades. Mientras que hospitales como Plaza de la Salud y Cedimat, que solo atienden a pacientes privados y extranjeros; les asignan mayor presupuesto que a los 9 regionales juntos.
El presidente del Colegio Médico, Wilson Roa, asegura que se trata de un postulado muy claro del neoliberalismo, (asumido por el gobierno), que apuesta a desintegrar las instituciones estatales (públicas) para fortalecer las privadas con financiamiento público.

Otro aspecto se refiere a la seguridad ciudadana. Esta es la burla más descarada en relación a la ciudadanía. Desde el estado se han hecho grandes esfuerzos para lograr los actuales índices de inseguridad, pues tanto la Justicia, como los cuerpos represivos (policía y organismos castrenses) gozan de la peor desconfianza entre los ciudadanos, ya que son los mejores aliados de la delincuencia, de las violaciones a las leyes y para ello se cubren con la impunidad.

Lo señalado precedentemente tiene su lógica en la idea que tienen los grupos de poder, de que la inseguridad ciudadana causa que la sociedad se cohíba y se prive de sus derechos fundamentales; por lo tanto se quiere un ciudadano temeroso, apático, desencantado y clientelista, que se ponga debajo de un funcionario en búsqueda de protección y de prebendas; lo que se traduce como “dame algo, dame lo mío”.

Otra temática de la construcción ciudadana está referida a la empleomanía, la gente ocupada en una labor productiva o de otra índole. Se pregona hasta la saciedad, la “cantidad de empleos creados”. Pero resulta que las nóminas del estado están cargadas con relacionados de los funcionarios (“botellas”) que no trabajan, pero cobran. Las estadísticas oficiales señalan que más del 55% de los jóvenes se encuentran desocupados y que el resto que ocupa un empleo, tiene 60% de informalidad. Igual ocurre con los adultos que están ocupados.

Esa informalidad, niega seguro médico, derecho de asociarse, etc., pero les garantiza ser cesanteados en cualquier momento. De esta manera, estas personas se convierten en esclavos laborales para tener cierta “seguridad en su empleo”; de ahí vienen los acosos y todas las violaciones. Como ocurre y se ve ahora con la campaña política a destiempo, se les amenaza a los empleados del estado para que vayan a los mítines.
¿Y de los servicios públicos? Agua potable, electricidad, etc.…Hablar de eso da rabia….
Así se construye ciudadanía actualmente.
Por el Desarrollo Sostenible

rafaelmatosfeliz@yahoo.com