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martes, 2 de julio de 2019

Será reelecto Trump



Por Jairo H. Pertuz Suarez:
El simple sentido común indica que Trump no debería salir reelecto a un segundo período presidencial en los Estados Unidos. Este presidente evidentemente supremacista, inclusionista e intervencionista ha cometido tantos desaciertos, tantas “estupideces interesadas” como dijera un periodista estadounidense, tantas violaciones a las leyes y a la constitución de ese país, tantas violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional y ha dicho tantas mentiras, que la opinión pública internacional y la gran mayoría de los, y las, estadounidenses no votarían a favor de su reelección.


No obstante, gran cantidad de ciudadanos en los USA que piensan que el poder económico, los intereses geopolíticos y su sistema electoral, que permite que sea una institución y no el voto ciudadano el que decida quién es presidente en ese país, dejan serias dudas. Esto es algo absurdo como increíble, pero así viene sucediendo en sus elecciones presidenciales. Para muestra, las últimas elecciones donde los informes divulgados fueron que Hilary Clinton ganó por dos y medio millones de votos sobre Trump y sin embargo él es el presidente.

Durante el proceso electoral también se denunció que fueron borrados miles de nombres de votantes y otros miles aparecieron en el padrón electoral de otras ciudades donde no les correspondía votar lo que les impidió poder hacerlo. Sin embargo, a los Estados Unidos no asisten observadores internacionales de sus procesos electorales. Según informes noticiosos, las grandes mayorías de trabajadores, obreros, afro-estadounidenses, mestizos, auténticos americanos (indios), ejecutivos de nivel medio, jubilados, excombatientes de guerras y en general la gran mayoría de la población, desaprueban un nuevo período para Tump en la presidencia.

El actual período de gobierno ha sobrepasado las muertes por guerras, apoyo para incrementarlas, bloqueos, sanciones, venta de armas, retiro de acuerdos firmados por el gobierno de ese país, todo lo cual ha generado  miles de muertos, enfermedades y discapacidades muchas más que los gobiernos de Andrew Jackson, Monroe y los Bush, por mencionar algunos.

La población de ese país teme que ocurra lo mismo que en otras elecciones ante la persistencia de un sistema corrupto de gobiernos occidentales que solo piensan en sus intereses sobre el derecho a la vida y la equidad. La buena política debe estar al servicio de la paz, no obstante, este funcionario podría ser reelecto. La humanidad no se merece la continuidad de tantos reveces antidemocráticos dolorosos.

- Periodista-Analista Internacional   
jhpertuz@hotmail.com

martes, 22 de agosto de 2017

“Atentado” en Barcelona: La otra cara

Por Rubén Ramos: 

Lo que pasó en Barcelona el pasado 17 de agosto es lo que la alianza sionista euro-estadounidense-israelí-saudí venía anticipando para frenar el proceso autonómico de Cataluña que tiene el próximo 01 de octubre su referéndum de independencia. Esto, sin descontar el explícito interés de Estados Unidos de una mayor injerencia en el Mediterráneo Occidental, expresado a sus “súbditos” borbones de España. Algo que, por su parte, le asegura a esa monarquía y a sus “reyes” la protección que requieren para seguir vegetando en la corrupción que corroe la deuda pública del “Estado” español (101% de su PBI).


EEUU y Barcelona

En el 2007 se concretó la conversión del Consulado USA en Barcelona en una gran “multiagencia” de inteligencia, espionaje y operaciones especiales (CEO). Esto había sido previamente acordado entre las autoridades de la alianza sionista euro-estadounidense-israelí-saudí con la necrosada monarquía española y el Partido Popular. La solicitud había salido de la Embajada de EEUU en Madrid. 

La “multiagencia” de Barcelona se encargaría de las acciones de “propaganda terrorista” para generar el caos y la violencia en Barcelona y frenar el proceso independentista de Cataluña. Deberían tener, sin embargo, un alcance mayor a toda España, Europa y el Magreb Africano. Estarían a cargo de la CIA, la contratista Stratfor y el FBI estadounidenses; el Mossad israelí, el M19 inglés y la GID saudita. Con estas acciones EEUU se aseguraría, además, el control del comercio, la migración, el narcotráfico, la prostitución y el “turismo” para el lavado de dinero que son las actividades que le permiten al gobierno regional de Cataluña contar con ingentes recursos económico-financieros.

Previamente, en el 2004, las agencias del terror que he señalado más arriba montaron el atentado en el Metro de Barcelona y culparon del hecho al Movimiento Talibán Pakistaní que es una de las organizaciones de mercenarios creada por esas mismas agencias.

En este contexto no es gratuito que el actual encargado de la Casa Blanca por las élites masónico-sionistas del Poder Mundial “inste” a los españoles a ser duros y fuertes en la lucha contra el terrorismo y poner en práctica lo que el general Pershing de EEUU hizo antes de ejecutar a insurgentes musulmanes en Filipinas hace más de un siglo: mojar las balas en sangre de cerdo antes de volarles la cabeza y dejar a uno vivo para que cuente lo ocurrido a su pueblo. (A los musulmanes les está prohibido comer carne de cerdo).

Lo que menos importa es si el hecho al que hace referencia el Sila estadounidense ocurrió o no. Lo que importa es el sentido y significado del mensaje. Por un lado, evoca la psicopatía que comparten europeos y estadounidenses como producto del bastardaje bárbaro-romano y, por otro, actualiza el imperativo que le toca España en el aseguramiento de los intereses sionistas en el mediterráneo. Para esto resulta clave impedir la independencia de Cataluña. A no ser que EEUU llegue a un acuerdo con los separatistas.

Los Mossos de Squadra y la “operación jaula”

Los Mossos de Squadra, tan ponderados ahora, fue creada en tiempos del rey Felipe V para manejar el bandidaje y el crimen en los pueblos, caminos y montañas de Cataluña y para acabar con los partidarios de la anexión española por los austriacos. Reformada y entrenada por las agencias de inteligencia de la alianza sionista, se dice que es “experta” en cercar al enemigo utilizando su “operación jaula”. Curiosamente, en el “atentado” de Barcelona, el autor del atropellamiento masivo en La Rambla de esa ciudad, logró  “escurrirse”.

Lo que pasa es que en los atentados de “falsa bandera”, como el de Barcelona y Cambrils, y antes el de Londres, Bruselas, Francia, se necesita de un cabecilla que huye, de un niño víctima, o de algún otro símbolo que agudice el “efectismo” de la propaganda de guerra que implican este tipo de “atentados”.

Estados Unidos es el país que ha vivido haciendo guerras durante 220 años de sus 241 de existencia desde que abandonó su “matriz” europea en 1776. No ha ganado UNA. Ni siquiera, una batalla. Pero ha desarrollado todo tipo de operaciones, métodos y técnicas de espionaje, persecución y tortura que evoca como dije anteriormente su herencia bárbaro romano y judeocristiana. Ha creado los aparatos policiales y militares más perversos y sanguinarios de la historia reciente. Ejemplo de esto son los Mossos de Squadra y el CNI español que depende directamente del ejecutivo y está al servicio particular de Mariano Rajoy.

Si los aparatos de inteligencia que he mencionado no están detrás de cuanto “atentado” ocurre en el mundo, entonces la historia no existe. Quienes insistan en creer que cuanto atentado ocurra, como el de Barcelona y Cambrils, es obra de los que la prensa psicópata difunde no sólo está contribuyendo a negar la historia sino que está haciendo de la realidad una parodia.

El Daesh fue creado por los servicios de inteligencia de los países de la alianza sionista: EEUU, Israel, Inglaterra, Arabia Saudita. Está integrado por los mercenarios al servicio de esta alianza sionista y de la UE. De su codicia por los recursos del mundo y de su maldad sobre musulmanes, árabes, negros, chinos, rusos, indios y mestizos.
ruby_7872@yahoo.es


viernes, 21 de abril de 2017

Lo fallido no es la sociedad si no el estado

Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez

 En Colombia el ejercicio del poder político en democracia, ha sido paulatinamente destruido, corroído o sencillamente violentado por el afán de quienes consideran que por derecho propio o quizá divino, pueden ir tomar las instituciones para actuar sin límite alguno, pero imponiendo límites a la sociedad a la que consideran una masa amorfa compuesta de súbditos. Esta situación da para entender que la sociedad permanece expuesta a la intervención de una clase social concreta que ocupa el aparato de estado, sus instituciones y redes para promover su beneficio particular.


La democracia en Colombia no está funcionando como un modo político de organización social que orienta el destino común para vivir en paz, basada en reglas construidas en colectivo, en tanto su constitución y normas han sido reiteradamente ajustadas por la clase en el poder y en contravía de lo constituido socialmente. Tampoco han llegado al gobierno de los poderes públicos y sus instituciones los más honestos y justos, sin importar si son blancos, negros, mujeres, hombres, indígenas, mestizos, campesinos jóvenes o viejos. Ni las leyes han sido la referencia de equilibrio, imparcialidad y aplicación de justicia sin distinción. Lo que ocurre da cuenta que la democracia ha sido  violentada y es rehén de prácticas de poder no democráticas. 

 La naturaleza política de la democracia, puede mirarse a través de tres elementos generales, sobre los que cualquier persona al pasar una plantilla hace su propio ejercicio de validación: lo primero que la democracia exige es que todo su engranaje tenga como base el reconocimiento de los derechos humanos y estos cuenten con plenas garantías para su realización, pero a la vez que sirvan como limite al poder del estado; lo segundo que haya una efectiva separación e independencia de los poderes públicos y que las leyes no sean usadas como arma política; y lo tercero que la representatividad, las autoridades tengan legitimidad y atiendan y actúen siguiendo las demandas de los diversos grupos sociales y su discurso aliente la elevación de la conciencia política y social de la ciudadanía.

La democracia en Colombia dista de esos principios, es decir, no ha sido un fin del proyecto histórico de los gobernantes, pero si una estrategia de supervivencia sostenida con una seductora y manipulada retorica al presentarse como la democracia más sólida de América o la más incluyente. A diferencia del cono sur (Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, Bolivia) donde las atrocidades fueron lo sustancial de las dictaduras del último cuarto del siglo XX, en Colombia la barbarie ha ocurrido en democracia. No se han interrumpido elecciones, ni alterado destituido gobernantes, ni clausurado el congreso, ni sellado el poder judicial. Lo ocurrido es una articulada tragedia en democracia. Un proceso de cooptación de la representación de la sociedad y de los poderes del estado, por parte de un grupo de poder, que estando unido o temporalmente disperso sigue la misma línea ideológica y actúa en consecuencia, aunque se manifieste de diferentes maneras. Lo común es que sabe combinar, todas las formas de lucha, incluida la criminal, sin interrumpir el curso de la democracia formal.

 En democracia y en menos de seis décadas, se han cometido las más abominables expresiones de violencia, primero la guerra civil liberal-conservadora con saldo de 300.000 muertes cuando gobernaban los parientes cercanos de los mismos que gobiernan hoy; y después la guerra contrainsurgente, cuyas manifestaciones de odio terminaron con las más crueles masacres de las que América entera tenga noticia (el Aro, el Salado, Santo Domingo, Trujillo, la Rochela, Mapiripan, Pueblo Bello, Montes de María) que ya tienen fallos condenatorios al estado por la Corte Interamericana de derechos humanos. También ocurrió en democracia el más grande genocidio contra  la UP, un partido de izquierda con más de cinco mil militantes asesinados; el más alto número de presos de conciencia y de inocentes prisioneros producidos con falsas denuncias y pruebas para eliminar adversarios; y un desbordado monto de recursos invertidos para sostener la tragedia, mientras escaseaba la comida, el empleo, la salud y la educación y en contraposición crecía la acumulación de capital en manos prestigiosos empresarios y políticos, que siguen gobernando.
 La democracia en Colombia es hoy un propósito común truncado por las elites, lo que no es equivalente a creer que hay una sociedad fallida. Lo que está en descomposición no es la sociedad, es el estado, sus gobernantes, su clase política y sus filiales de negocios con ramificaciones de corrupción, de compra venta de conciencias y de votos y cuyos centros de mando experimentan con seres humanos debilitados, empobrecidos, a quienes usan como víctimas o verdugos.

El Comienzo de la Última fase de descomposición
El estado comenzó su última fase de descomposición con el régimen Uribe, que se salió del marco de las reglas y encarnó al más nefasto ejercicio de poder sin democracia, pero en nombre de la democracia. Las zonas grises, fueron hábilmente convertidas en escándalos mediáticos de corta duración para impedir ver la tragedia y hacer valer la palabra del poder como palabra sagrada y verdadera. La sociedad fue conminada a ponerse del lado del gobierno y acatar sus programas sin objeción, mientras el terror alimentaba a la seguridad democrática y esta se extendía con odio entre la población arrasando todo pensamiento y acción critica, hasta romper la línea de separación que distinguía entre población civil y combatientes, con lo cual la sociedad entera quedo bajo sospecha, entró en pánico y fue obligada al silencio.

El estado recibió el primer impacto con el cierre del Ministerio de la Justicia y del Derecho fusionado con el Ministerio de Gobierno, y la creación del Centro Nacional de Inteligencia inspirado en la CIA; a las Cortes de Justicia se les persiguió, espió y en su debilidad fueron tomadas por clientelas que convirtieron al Derecho Penal en un instrumento de venganza que afectó los juicios del derecho y alentó tanto los falsos judiciales para eliminar opositores, como la ampliación del populismo punitivo, sin sentido de justicia ni racionalidad en las penas y; por ultimo el poder legislativo al decir de los mismos jefes paramilitares quedó bajo su control, disponible para acomodar las leyes, favorecer la impunidad y legalizar sus actuaciones incluidas sus nuevas propiedades y capitales. La puesta en retroceso a los derechos se justificó alegando que alejaba la confianza inversionista y empezó el ataque a tres tipos de considerados enemigos: los teóricos de los derechos, las ONG y sus defensores y, los opositores. Y así ocurrió y no ha cesado de ocurrir. Ya sin obstáculos restaba cambiar las reglas de juego y para ello se implantó en la columna vertebral de la constitución política la figura tenebrosa y fatídica de la reelección.

Estar o no en democracia, no se define entonces por resultados de encuestas, ni rankings del marketing privado, ni indicadores de felicidad (que felizmente en 2017 muestra al país en un puesto más real el 36), ni tampoco por el número de eventos electorales controlados, ni por la cantidad de votantes. La democracia colombiana, esta vaciada de contenido democrático, igual que los derechos y el ejercicio del poder vaciado de soberanía y de voluntad popular. Los poderes públicos, dan cuenta de un estado fallido, saqueado, con instituciones dirigidas con autoritarismo, engaño, verdades a medias, gobernantes de alta y baja escala sin legitimidad, sin ética ni política y con primacía de la voluntad del gobernante. El sistema central de poder se reproduce en los ámbitos institucionales locales y regionales y las mayorías son desplazadas por minorías de poder electoral, que deciden sobre sus vidas, conductas y bienes materiales. El miedo continúa sometiendo la participación y la ciudadanía no logra elevar su conciencia. El horror se pasea por campos y ciudades de la mano de solidas estructuras paramilitares que intimidan, asesinan y producen desplazamientos para defender las tierras, mantener las conductas impuestas y asegurar los bienes arrebatados a sus víctimas, pero lo que los hace fuertes no es su capacidad de destrucción material basada en el alcance y potencia de sus armas, si no su proyecto de poder defendido desde adentro del mismo estado, del congreso, las cortes, las empresas, los directorios y las instituciones.

 La paz, representa por ahora el principal bien común a defender, que sirva para reconfigurar la democracia, ajustar las estructuras del estado arrebatándoselas a los de siempre y recuperar el sentido de humanidad, de seres humanos con derecho a vivir y disfrutar de los derechos. Paz y Democracia exigen ser defendidas de la clase en el poder, por ser conquistas colectivas, no del estado, ni de sus gobernantes, sino de un pueblo cansado de la guerra, del odio y de la muerte, que puso sus demandas a debate y pactó la ruta a seguir, como resultado político de un acuerdo para la paz estable y duradera, entendida como un asunto político (no jurídico) que no puede ser tratado con desdén, ni ser irrespetado como paso previo para traicionar el camino trazado por una sociedad que quiere y apuesta y trata de aprender a vivir de otra manera, alejada del terror, el miedo y la miseria.
 mrestrepo33@hotmail.com