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sábado, 13 de junio de 2020

El mito de la discriminación racial



Por Jesús A. Rondón:
Hace tiempo participe en un espacio académico en el ámbito del derecho humanitario internacional, en el cual de manera recurrente se aludía al término discriminación racial. Tal recurrencia me llevo a interpelar a algunos de facilitadores, con una pregunta en principio elemental ¿Qué es la raza? Argumente que una respuesta adecuada, nos llevaría a comprender de qué se trata realmente la discriminación racial. En esa oportunidad no obtuve contestación, lo que me animo a buscarla de otra manera.


En este momento vuelve a mi mente la inquietud, cuando observo los acontecimientos que se han desatado luego del asesinato de George Floyd en Minneapolis, es decir las manifestaciones en diversos puntos de la geografía estadounidense, mundial y en las redes sociales, que en particular plantean como demanda, la eliminación de la discriminación racial, además de otras tantas, como de un trato policial ajustado a los principios de derechos humanos.

En dicha demanda, está implícita la idea de raza, como un hecho. Lo cual, es el lenguaje del derecho, se podría calificar como un falso supuesto, pues ¿Existe la raza? Juan Ignacio Pérez Iglesias, en su artículo “Las razas humanas no existen” (publicado por The Conversation, en castellano); afirma “No hay, pues, fundamento para invocar su existencia. Como tampoco lo hay para justificar, sobre bases inexistentes, otras diferencias”, aunque la Real Academia Española (y seguramente la de otras lenguas) tengan una definición, producto de una añeja y reducida convención.

Oportunamente explica el catedrático Pérez Iglesias que “El color de los seres humanos actuales es el resultado de una compleja secuencia de eventos biológicos y demográficos. No es posible delimitar biológicamente unos grupos y otros con arreglo a ese rasgo.”

Ahora ¿qué es lo existe? Sostiene Pérez Iglesias: la diversidad genética, y esta viene determinada las “mutaciones al azar y por efecto de la selección natural sobre la frecuencia de las variantes genéticas en cada población, del flujo génico provocado por migraciones y cruzamientos entre individuos de diferentes poblaciones, y de la deriva genética”. Y concluye “no hay conjuntos homogéneos de variantes que permitan definir grandes grupos humanos a los que podamos denominar razas.”

También existe el mito de la raza. Un relato falso que es promovido por quienes se asumen en general mejores que el resto y que esta condición le es innata, es decir están determinados biológicamente. De tal manera que hay grupos de personas que existen para dominar y otras para ser dominadas, por ejemplo. La idea de raza es más propia de la metafísica, que, de la ciencia, pero tiene una función social, busca legitimar las relaciones de dominación en una determinada sociedad.

La referencia más conocida de una sociedad que asumió el mito de la raza (con fundamentos seudocientíficos), es la Alemana, con la ascensión del nacional-socialismo de la mano de Adolf Hitler. Son conocidas las terribles consecuencias para la humanidad de tal derrotero.

La idea de raza no solo refleja o define al que se considera superior, sino al otro, de tal manera que lo determina en la cultura de la dominación. Te concibes dentro del marco del dominador. Solo para ilustrar me remito a aquella vieja diferencia entre el esclavo y es esclavizado, el primero carece de la noción de libre albedrio, lo que lo configura sumiso; el segundo sabe que se le ha arrebatado y reconoce su derecho a luchar por obtenerlo.

Si la raza es un mito, la discriminación racial también lo es. Y surge la pregunta ¿De qué hablamos realmente al observar los acontecimientos en los Estados Unidos de América? Hablamos de una sociedad cuyo centro es la máxima reproducción del capital, promoviendo como valores centrales la competencia y el individualismo, y que, para asegurar la propiedad en pocas manos, desarrolla e impone parámetros de discriminación en base a la clase social, condición social, capacidades, genero, color de piel, religión, pertenencia a una etnia o región geográfica, entre otros. Hablamos de una sociedad donde los ciudadanos carecen de expresiones organizadas fuertes para hacer contrapeso a las corporaciones y el Estado a su servicio, y que de cuando en cuando explota, como lo ha hecho hace poco, con una chispa, que fue en lo que se convirtió el asesinato de Floyd.

Esta reflexión no solo reclama la erradicación de la idea de raza, para poder aproximarnos realmente a lo que ocurre en los Estados Unidos de América (y en otras latitudes), sino para que no naturalicemos el determinismo biológico. Es un hecho, somos diferentes, pero la discriminación en los grupos humanos se construye y se deconstruyen en la sociedad, gracias a una compleja amalgama de mecanismos culturales, sociales, económicos y políticos, que entre otras ciencias, estudia la sociología.

Raza debería ser una de esas palabras muertas o en desuso. Raza debería ser una de esas palabras muertas o en desuso. A lo sumo, como decía Eduardo Galeano, expuesta en un museo para que las nuevas generaciones sepan en que errores no incurrir nuevamente.

En memoria de George Floyd,
de otros cientos de miles que mueren sin cobertura mediática
y los millones que seguimos con la rodilla en el cuello.

jesusalbertorondon@gmail.com

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Colombia: Dylan y Brandon, no murieron, los mataron



Por Tony López R.:
Los resultados de la necropsia realizada a Dylan Cruz, según la Directora de Medicina Legal, Claudia García Fino, murió a causa de un impacto por munición de arma de fuego, que califica como homicidio.  Mientras que el joven militar Brandon Cely Pérez, se suicido luego de ser fuertemente reprendido y amenazado de llevarlo a un Consejo de Guerra y tomar represalias contra su familia por sus superiores, al negarse a reprimir a los manifestantes y apoyar el paro nacional. Esa terrorista amenaza lo llevó al suicidio y así lo denunció en su video que él hizo público. Fue con terror, amenaza y guerra psicológica, como    mataron a Brandon.


Ambos jóvenes dieron sus vidas a favor de un pueblo que clama justicia social y garantías de vida digna para sus compatriotas, o como los 18 jóvenes que murieron cerca de la vereda de Aguas Clara, en San Vicente del Caguán, Caquetá,  víctima de un criminal bombardeo por la Fuerza Aérea y que según testigos, refirieron a Noticias UNO,  tres de ellos rematados, tampoco eran 8 como había dicho la prensa, fueron 18,  ninguno era guerrillero y hasta hoy la única medida fue la renuncia del ministro de Defensa, Guillermo Botero. Impunidad plena y completa para los asesinos.

En Colombia las movilizaciones y paro contra el gobierno de Duque-Uribe, han sido absolutamente históricas y sus peticiones contundentes entre ellas las siguientes: la implementación y cumplimiento de los 6 puntos y el articulado de los Acuerdos de Paz de La Habana, hasta el momento solo se ha cumplido el 18 por ciento y el gobierno tiene la decisión de no cumplirlos. Retomar las conversaciones de paz, con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), y el desmonte de la criminal policía conocida como SMAD.


Iniciar un proceso judicial e investigación por las muertes, hasta hoy de 7 fallecidos, hay desaparecidos, pero no hay cifras, lesionados más de 700, y unos 600 detenidos todos por la represión del gobierno. El cese de la criminalidad contra los lideres sociales, comunales, gremiales, indígenas y afrodescendientes y contra desmovilizados de la FARC, de los primeros van más de 800 asesinados y de las FARC 170 y 38 familiares, incluido niños.
El Comité de Paro, no acepta las conversaciones por regiones y menos en un término de largo aliento, como plantea Duque, hasta marzo del 2020, ellos plantean el dialogo ahora.

Solo aceptan un dialogo bilateral del Comité de Paro y el gobierno, y no lo que proponen Duque y Uribe, de incorporar al gremio de empresarios y funcionarios del Estado y gobierno y del Comité de Paro, solo aceptan algunos sectores o sea excluyente de los gremios o sectores que el gobierno considera radicales. Dicen los líderes del Paro, que rechazaron esta propuesta del presidente Duque, porque sería un dialogo de YO con YO, estarían en minoría y por excluyente. 

El Comité de Paro debe tener la clara la idea, de que si se llegara a consenso   y acuerdos, incluido los de La Habana, ello supone cambios estructurales y por tanto, deben ser refrendados por una Asamblea Nacional Constituyente Corporativa, porque de lo contrario pueden ser modificados o eliminados por el Poder Legislativo o el Judicial, como precisamente sucedió con los Acuerdos de La Habana al no someterlos a una constituyente y convertirlos en una política de Estado, que debe ser el objetivo estratégico del paro.

Mientras la crisis política, económica y social se acrecienta los líderes políticos colombianos, no se preocupan por los problemas que confronta el pueblo en cuanto a salud, educación, vivienda, seguridad ciudadana, empleo,  pobreza, esos tema que son la causa y origen de la crisis actual, para nada le interesa, eso lo demuestra el ex presidente Andrés Pastrana, al atribuirle al ex presidente Juan Manuel Santos de ser el autor de las protestas, marchas y paros, con el objetivo de darle un Golpe de Estado a Iván Duque.

Mientras que por otra parte, el presidente Iván Duque y sus asesores continúan con la campaña, que es el gobierno de Venezuela, el culpable de la actual crisis y preparan y fomentan provocaciones  armadas en la frontera con la intención de crear un conflicto bélico en la zona de Arauca y Santander, Cúcuta,  para distraer la atención de la grave crisis  que atraviesa su gobierno y con la peregrina idea de convertirlo, en una conflagración internacional, que contaría con el respaldo de Estados Unidos y del mercenario Secretario de la OEA,  Luis Almagro.

Por el momento las manifestaciones y protestas continúan y el próximo Paro Nacional está convocado para el 4 de diciembre, y a él se le siguen sumando gremios y fuerzas sociales en mas de 600 municipios y los principales departamentos del país.
Periodista, politólogo, analista internacional.
jorgarcia726@gmail.com

sábado, 23 de noviembre de 2019

El truco de la negación



Por Carolina Vásquez Araya: 
América Latina vive los efectos de una Guerra Fría que jamás terminó del todo.

Golpes de Estado, manifestaciones ciudadanas reprimidas con las feroces técnicas de contrainsurgencia (aprendidas algunas en la Escuela de las Américas y otras en centros de entrenamiento sembrados a lo ancho y largo de nuestro continente) así como estallidos de violencia cada vez más intensos, conforman el paisaje político actual en Latinoamérica. No parece ser casual el derrocamiento de un presidente de corte social en Bolivia –ya sucedió en Brasil con Dilma- ni la tozudez del mandatario chileno aferrado al poder a pesar del masivo repudio ciudadano. Todos los síntomas llevan a pensar que los aletazos en la Casa Blanca han levantado una especie de tsunami en su patio trasero, ya que a Estados Unidos no le hace ninguna gracia un retorno de los gobiernos nacionalistas y lo está demostrando con la misma falta de sutileza que lo ha caracterizado a lo largo de su historia.



Pero no todo es culpa del imperio. El Departamento de Estado ha contado con la complicidad abierta y sin disimulos en todas las naciones al Sur de su frontera. Unas más y otras menos, dependiendo de la fortaleza de sus instituciones, todas han experimentado un fenómeno similar de intervencionismo. Por supuesto, es preciso reconocer la habilidad con la cual han amarrado los intereses corporativos de sus grandes consorcios con las élites económicas locales, gracias al patrocinio generoso brindado a los círculos políticos corruptos. Contra ese entramado de influencias y leyes casuísticas –muchas de ellas diseñadas para blindar espacios de impunidad y concesión de privilegios- no hay sociedad capaz de hacer valer sus derechos sin pagar por ello un alto precio en vidas humanas y en retroceso de sus conquistas sociales.

Aun cuando parezca ser un asunto de las capas más pobres, el fenómeno toca de manera transversal a toda la sociedad incluso a aquellos sectores más o menos acomodados que, al tener algo que perder con un cambio de sistema, se aferran al actual refugiándose en una burbuja de negación que les ha servido de parapeto utilizando para ello los viejos argumentos de la Guerra Fría: criminalización de los manifestantes, así como la adjudicación de la rebelión al ubicuo fantasma del comunismo internacional y a gobiernos extranjeros, la mayoría de ellos más ocupados en sobrevivir a la agresión gringa que en meterse en los problemas de otros. Sin embargo, quienes han perdido mucho conforman una inmensa mayoría y eso se hace sentir en las calles. La brutal represión de los cuerpos de seguridad del continente no logra cerrar el boquete abierto por la indignación popular y hoy es más evidente que nunca la participación de los sectores de mujeres, niñez y juventud, los más afectados por la desigualdad y la privación de derechos.

América Latina ha vivido en un péndulo constante entre dictaduras –abiertas o solapadas- con primaveras democráticas aplastadas, tarde o temprano, por presiones externas cuyo origen es eminentemente elitista –dinero y control geopolítico; es así como las grandes corporaciones y los centros de liderazgo mundial no dudan en poner todo su poder en juego a través de los gobiernos imperialistas, entre los cuales también se incluyen europeos y asiáticos, y caer sobre las riquezas de aquellos debilitados por siglos de explotación. En semejante escenario, los resultados de las protestas ciudadanas, aun siendo masivas y legítimas, continúa como una de las pruebas extremas de resistencia humana y social. Quienes persisten en negar la dimensión del conflicto suelen jugar, como siempre, contra sus propios intereses y el porvenir de sus descendientes.

elquintopatio@gmail.com

miércoles, 30 de octubre de 2019

Chile Abriendo las grandes Alamedas



Por Eduardo Contreras:
Hasta la prensa más reaccionaria de Chile, “El Mercurio”, “La Tercera” y otros, así como los medios televisivos y radiales del más variado espectro, han debido reconocer que las manifestaciones de protesta en curso del pueblo chileno son las más grandes registradas en toda su historia. No pueden ocultarlo. Un hecho reconocido por todos es que el viernes 25 de octubre fueron más de 2 millones de personas las que desfilaron por el centro de Santiago mientras en provincias se registraban a la par las demostraciones más entusiastas y masivas de todos los tiempos, hasta en pueblos pequeños.


Es la inmensa mayoría del pueblo chileno la que está en pie de lucha protestando por lo esencial: la mantención del modelo económico y social privatizador y expoliador de los derechos fundamentales de la ciudadanía impuesto por la dictadura de Pinochet sobre la base de miles y miles de asesinados, detenidos desaparecidos, torturados, prisioneros, exiliados, a partir de septiembre de 1973.

Un modelo que todos los gobiernos posteriores, aunque democráticamente electos, no han modificado en lo esencial. Tanto es así que Chile continúa rigiéndose por la Constitución Política impuesta precisamente por la dictadura y que sólo ha tenido leves modificaciones que no van al fondo del problema.
¿Y cuál es el fondo del problema? ¿Por qué lucha hoy el pueblo? ¿Por qué el tema constitucional está en el centro de sus demandas?

Porque esa ley suprema de la sociedad chilena que es la constitución pinochetista consagra un modelo económico que en los hechos terminó con el rol del Estado en materias esenciales para entregárselas al sector privado y transformar entonces los derechos esenciales de las personas en meros negocios de un pequeño grupo de empresarios chilenos y a empresas extranjeras.

En Chile hace 46 años que se privatizó la Salud, la Previsión Social, la Educación, el Transporte y las grandes empresas estatales, como Soquimich, entregada a un yerno de Pinochet. El Estado no tiene los recursos necesarios para resolver los grandes problemas de la gente y nadie se atreve a tocar a los privados. Eso no está en el imaginario de los gobernantes, son intocables.

Un ejemplo claro es la “agenda social” con la que respondió Piñera, sólo un par de migajas, ¡¡ah!! Pero sin tocar un centavo de los grandes empresarios. Obviamente el sujeto no está a la altura de los acontecimientos. Detengámonos un momento en esto.

Principal orador en los actos en defensa de Pinochet cuando el dictador estaba arrestado en Londres, constituye una vergüenza para chilenas y chilenos haber elegido en dos oportunidades como presidente de la República a un individuo como éste que registra una orden de detención y su calidad de prófugo por el delito de estafa al Banco de Talca, que fue el origen de su fortuna, hoy estratosférica. Si alguien duda, puede ya buscar su historia en Google y hay copias del expediente judicial.

Un personaje así no tiene altura para enfrentar situaciones como las que se viven y, si tuviera un mínimo de honestidad, que no parece ser el caso, debiera renunciar al cargo, ya ahora y dar paso a convocar a nuevas elecciones. Habrá acusación constitucional en su contra.

Su respuesta real ha sido la violencia brutal. Muertos, desaparecidos, torturados, prisioneros ilegales marcan estos días y hacen recordar otros hechos que suele olvidarse y es que estricto rigor la historia de Chile está signada por la violencia, las masacres contra el pueblo. Desde el nacimiento de la república y hasta hoy son decenas y decenas de sucesos funestos en que la burguesía gobernante – usando como hoy a militares y carabineros - ha dado muertes a miles de hombres y mujeres de la patria de todas las edades. Desde luego vienen a la memoria las masacres de comienzos del siglo pasado en el norte, aunque todo ese horror habría de ser dolorosamente mayor con Pinochet.

No está de más señalar que a los mandos de las FFAA y Carabineros la convulsión social en que sus tropas participan brutalmente de algún modo les ayuda a que pasen a segundo plano los procesos judiciales por estafas y latrocinios que hoy afectan a varios de sus ex jefes superiores. Ni está de más señalar que la violencia haya sido claramente más dura y sostenida en contra de dirigentes políticos y sociales, en especial en contra de dirigentes adultos y juveniles que son reconocidos como militantes comunistas. Hay varios y claros ejemplos de lo que denunciamos.

En este contexto y a la luz de la realidad del actual gobierno, no deja de llamar la atención que Chile sea sede de eventos internacionales y que alguna vez se haya dicho que éste era un país de bienestar económico. Eso es enteramente falso. Como ha dicho con razón la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, que es sin duda una institución fundamental de la República, “aun cuando nuestro país ha tenido un significativo desarrollo material en las últimas décadas, éste ha venido acompañado de niveles crecientes de desigualdad, abuso de privilegios, segregación e injusticia, que han motivado el profundo malestar que se expresa en esta crisis.”

Así es en efecto, y como señalaron en su artículo “La Propaganda Engañosa sobre Chile. Agotamiento Relativo del Capitalismo Neoliberal” escrito por los economistas Graciela Galarce y Orlando Caputo en el año 2011, “Las estadísticas oficiales muestran que Chile creció 7,8% en el período 1987-1997. En los últimos 12 años (1998-2009) ha tenido un crecimiento de sólo 3,2%.  Sin considerar la crisis de 2009, el crecimiento 1998-2008 fue de sólo de 3,7%. “y agregaron “Con cifras oficiales mostraremos también que Chile tiene una de las peores distribuciones del ingreso del mundo y niveles de pobreza que superan el 30%, porcentaje 50% mayor a los niveles de pobreza previa y durante el gobierno de Allende. Es decir, una pobreza mucho mayor en el modelo neoliberal del desarrollo hacia afuera que en el modelo de desarrollo hacia adentro”.

Y concluyeron señalando que: “Una verdad científica incontrarrestable pero que el control de los medios de comunicación y las mentiras sobre la economía chilena de economistas, autoridades internacionales y de máximas autoridades de Israel y de Estados Unidos se encargan de ocultar”. En rigor el llamado “crecimiento económico” del país sólo guarda relación con las fabulosas ganancias de las grandes empresas por más que se trate de disfrazar la verdad.
El movimiento actual estalla por el alza del pasaje del Metro, pero el fondo de su proyección va mucho más allá y expresa un malestar contenido durante ya muchos años y dice relación con el sistema de vida en su conjunto,

Es cierto que el movimiento carece de una dirección única y que es tarea de las organizaciones políticas y sociales asumir el compromiso de encausar la hermosa lucha en función de lograr objetivos reales. Es la tarea del momento de la Izquierda chilena. Pero claro está ya la prensa de derecha recoge denuncias del gobierno norteamericano en el sentido que hay fuerzas y personajes de países extranjeros que estarían dirigiendo el movimiento en Chile. Habrá que poner atención a todo tipo de provocaciones que tienden a abortar con violencia este histórico proceso.

El pueblo entre tanto recoge en sus luchas la hermosa herencia de los que dieron su vida por el bienestar de todos.  No es casual, por ejemplo, que en Chile y el exterior, todos los días conozcamos de actividades en que en el centro está la interpretación de canciones del gran Víctor Jara horrorosamente torturado y asesinado por la dictadura de la derecha chilena. Su exigencia del “Derecho a Vivir en Paz” está permanentemente presente. Ni es casual que el grito central de las manifestaciones es el mismo de varias decenas de años y desde antes de la dictadura: “ El pueblo unido jamás será vencido”
Es decir que pese al cambio generacional hay principios unitarios que siguen orientando al clamor popular. Bien lo sabía el propio presidente Salvador Allende cuando nos dijo en sus palabras finales, que “Puesto en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. La historia es nuestra y la hacen los pueblos. Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino.

Superarán otros hombres este momento gris y amargo en que la traición parece imponerse. Sigan ustedes sabiendo que más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas para que pase el hombre libre para construír una sociedad mejor”.

Eso y no otra cosa es lo que ha empezado a suceder en Chile y estas grandes batallas darán sus frutos en días ya no tan lejanos. La unidad y la combatividad que hoy apreciamos llega para quedarse y con esos valores y la solidaridad internacional todo es posible. Ahora o muy pronto.

eduardocontreras2@gmail.com

viernes, 25 de octubre de 2019

La fuerza ni convence ni disuade la protesta


Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

Esperar que el uso de la fuerza aplicable en la protesta social sea regulado es tan contradictorio en la práctica, como en su misma acepción retorica. La teoría de la guerra justa, de corte medieval, tenía como requisito principal, que el soberano declarara que era justa y eso bastaba para ejercer la violencia. Con la misma lógica, de que el poder decide lo justo, lo injusto y lo punible ocurre la intervención de la fuerza pública en la protesta, que siempre terminará en exceso de fuerza. El presidente a voluntad y arbitrio propio decide y anuncia sus “razones de estado” para poner bajo sospecha cualquier levantamiento sin armas que hace control político. Usualmente el ministro o altos mandos, estigmatizan, juzgan y condenan “la presunta violencia” que pueda ocurrir. Es costumbre que el gobierno anticipe la inconveniencia de la protesta y con eso justifique planes de protección policial, que sin duda generan provocación y pueden llevar al uso de medios de contención unas veces inadecuados y otras desproporcionados e imprudentes (contrarios a la recta intento).



La protesta pacífica está permitida, es un derecho, mientras que la guerra y la agresión están prohibidas, es un deber del gobierno evitarlas y actuar análogamente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en su función de poner toda su capacidad para calificar la existencia real o no de una amenaza real contra la paz y la seguridad interna y obvio que la protesta ni es guerra ni es amenaza para la paz, ni pone en riesgo al estado. Las reuniones, concentraciones y manifestaciones de protesta son consecuencia de las libertades individuales y colectivas y reproducen derechos, normas y reglas que gobierno y autoridades tienen que respetar, protegiendo la vida y la seguridad sin impedirlas, ni distorsionarlas.

Al igual que en todas las otras actividades destinadas a hacer cumplir la ley, las autoridades, funcionarios y agentes policiales, están compelidos a observar los principios de legalidad, necesidad, proporcionalidad y precaución al perseguir el objetivo legitimo (es decir, licito) de protección sin intervención y tomando precauciones para evitar el uso innecesario, excesivo o abusivo de la fuerza, que lesione o provoque daño a personas o bienes. Las autoridades tienen a cargo adoptar todas las medidas posibles para prevenir o aminorar la confrontación, nunca para avivarla.

El ámbito irreductible de protección del derecho a la reunión, manifestación y protesta del estudiantado universitario, que acaba de ocurrir el 10 de octubre, lo definió la misma conglomeración de estudiantes universitarios, identificados con el fin común de manifestarse pacíficamente y emplear la libertad de expresión para reclamar el cumplimiento de acuerdos pactados en 2018, señalar corrupción en alguna universidad y pedir el desmonte del SMAD. La presión en la calle fue pacifica, sin armas y carente de vínculo con agendas externas o de organizaciones en armas como constatan las fotos, grabaciones y pesquisas policiales. La movilización fue conducida por voceros estudiantiles autorizados e identificables, lo cual invalidaba, con mayor razón, las medidas de fuerza aplicadas, orientadas no a prevenir, si no a reprimir la facultad de ejercer el derecho a disentir y expresar libremente el descontento sobre un asunto esencial de naturaleza cultural y social.

El Estado, está obligado a limitar los medios y métodos de disuasión cuando ocurre la protesta, para garantizar la protección de todos sus ciudadanos. Resulta condenable la intervención y uso de la fuerza que crea caos y estampidas y la amenaza de judicialización o tratamiento penal o disciplinario a una situación del ámbito político, no jurídico, por tensiones entre un sector de la sociedad y el estado. Aunque temporalmente la protesta corte vías públicas o carreteras, al estado corresponde abstenerse de hacer provocaciones que generen violencias. La fuerza no disuade la protesta, la violenta, como lo mostró la movilización social en Ecuador, que, con muertos, desaparecidos, heridos, prisioneros y destrozos en once días de disturbios, acordó lo que se podía lograr en el primer minuto.

El gobierno no tiene facultades para definir de manera discrecional qué es una reunión o qué una protesta, ni poner bajo su amparo su realización, porque con ello extralimita la función que le corresponde frente al derecho de reunión y manifestación pública. Los responsables de hacer cumplir la ley tienen que familiarizarse, en particular, con el Código de Conducta (ONU, Res. 1369/79) y los Principios Básicos sobre el empleo de la fuerza y de las armas de fuego (1990), que forman parte del derecho indicativo o soft law, que contiene orientaciones útiles sobre cuestiones específicas relacionadas con el mantenimiento de la ley y el orden.

Funcionarios y organizaciones encargadas de hacer cumplir la ley, independientemente de quienes sean o como estén organizados, desempeñan funciones de prevención e investigación de delitos; mantenimiento del orden público; y protección y asistencia para las personas vulnerables. No hay derecho alguno a excesos o uso de medios o métodos que no correspondan al carácter de la protesta pacífica sin armas, no estigmatizarle, ni condenable por su actuación en derecho. El exceso de fuerza está prohibido por reglas nacionales e internacionales y los disturbios no pueden tratarse como actos de guerra, ya que corresponden a situaciones de tensión no sistemática, ni organizada para provocar daños a la vida y dignidad humana.

El exceso de fuerza como actuación psicológica o física se vuelve delito cuando supera los límites permitidos de una relación humana respetuosa de los derechos humanos en el marco de sociedades civilizadas que privilegian la razón y el dialogo para dirimir diferencias. El uso de la fuerza supera la discrecionalidad de cada miembro de un cuerpo de seguridad, que, si desborda lo permitido, entra en la ilegalidad y tendrá que ser juzgado. La fuerza debe estar previamente limitada y aunque los excesos no sean fácilmente medibles y sean difíciles de constatar, hay que tener en cuenta que los disturbios ocurren en contextos determinados por condiciones específicas y la concepción y talante del poder del gobierno alienta o disminuye la propensión al abuso de la fuerza o el uso de instrumentos no convencionales, prohibidos expresamente por el derecho internacional que son condenables.

mrestrepo33@hotmail.com


martes, 1 de octubre de 2019

Éxito de las manifestaciones contra el Cambio Climático, organizadas por los gobiernos que permiten el calentamiento Global



Por Carlos Tena:

Tras las “manifestaciones” contra el cambio climático, apoyadas por miles de adolescentes en huelga escolar, jóvenes ecologistas y líderes políticos que permiten la contaminación global, uno no tiene más remedio que esbozar una sonrisa paternalista y comprender la inocencia de tantas muchachas y muchachos llevando pancartas contra el calentamiento.

Esta clase de concentraciones, patrocinadas desde los mismos despachos desde donde se permite que dos decenas de corporaciones llenen sus arcas con el dinero que reciben por sembrar veneno en el planeta, tienen la misma credibilidad que la “democracia” de la que tanto blasonan EE.UU. y la Unión Europea.



Pero lo importante fue que ninguna de esas marchas pudo considerarse como “multitudinaria”; más bien parecían desfiles colegiales de unos cuantos jovenazos/as sonrientes y felices, imaginando que estaban siendo héroes por un día, protestando contra los criminales que esparcen en la Tierra y los océanos la mierda de sus productos, contra las empresas que contribuyen a la emisión imparable de CO2 y metano, a la desaparición de los glaciares y demás desastres, típicos de una “civilización” asentada sobre políticas económicas y sociales diseñadas por un neoliberalismo salvaje.

Las alharacas mediáticas informando del éxito mundial de este desfile de incautos, encabezados por la Reina Greta de Suecia fueron, además de exageradas en cuanto a los datos de participación, manipuladas y torticeras, evitando hablar de los incidentes que se sucedieron, cuando los mismos que colaboran con los padrinos del calentamiento, caminaban junto a los “luchadores por un mundo menos caliente”.

Lo que más que agradó fue la reacción, lógica y comprensible, de un ciudadano canadiense que le tiró un huevo al primer ministro, Justin Trudeau, uno de los más serviles e hipócritas de Norteamérica. No me agrada la violencia, pero un huevazo no hiere como una bola de goma.

Al menos, hubo quien estaba harto de tanta doble moral, tanto teatro, tanta caradura, morro y desvergüenza. ¡Hala, nenes, el lunes a clase para contar lo bien que lo pasasteis en la “maní”!

tenacarlos@zoho.com

jueves, 16 de mayo de 2019

Llegó la hora de ponerle los ganchos a Juan Guaidó: ¿Qué estamos esperando?



Por Juan Martorano:
La detención del diputado adeco Edgar Zambrano, indudablemente viendo siendo aprovechada por Juan Guaidó en el marco del despliegue de acciones destituyen es, para propiciar el derrocamiento de Nicolás Maduro y la Revolución Bolivariana.

Ayer 9 de mayo, siendo un día de conmemoración de la derrota soviética en contra del fascismo, es importante destacar que la misma entra como parte de la batalla semiótica y cultural en el marco de la Guerra No Convencional que se libra hoy en día en Venezuela, y de la planificación previa que ya tenía el denominado Frente Amplio Venezuela Libre en la generación de condiciones para la concreción del escenario de “huelga cívica nacional” en su reedición de un nuevo 11 de abril de 2002, referida y concretada en las acciones de “paro escalonado” por parte de los profesores universitarios y de educación básica, enfermeros y médicos, sumándose los transportistas, quienes cerraron la Avenida Francisco de Miranda, en el municipio Chacao, y se apostaron en las adyacencias del Ministerio del Poder Popular para el Transporte, como parte de “acciones de protesta”.


Esta acción, ciertamente contribuyó a la caotización de la Gran Caracas al mermar y golpear aún más el servicio de transporte superficial, por tercer día consecutivo. Destacó lo expresado por varios de los manifestantes, quienes señalaron abiertamente no querer repuestos e insumos, sino el “cese de la usurpación” por parte de Nicolás Maduro.

Es evidente que estas acciones forman parte de accionar subversivo bajo la modalidad de manifestaciones y protestas, en el marco del impulso de una agenda de conflictividad social por parte de sectores gremiales vinculados con sectores de la oposición a la Revolución Bolivariana, y que impulsan de manera abierta, acciones en el marco de las operaciones de cambio de régimen en Venezuela.

En el caso de las acciones del día de ayer, es bueno identificar a los actores participantes de estas acciones. Ahí está Hugo Ocando, del Bloque del Oeste del Transporte de Caracas y miembro de la Federación de Transportistas de Venezuela; Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermeros y Enfermeras del Distrito Capital; Douglas León Natera, presidente de la Federación Médica Venezolana (FMV) y Lourdes Ramírez de Viloria, presidente de FAPUV. Todos los actores antes mencionados tienen estrechas vinculaciones y han sostenido reuniones con Juan Guaidó.
Lo grave de estas acciones es que, si no se les pone coto, paulatinamente se irán extendiendo a lo largo y ancho del territorio venezolano, complejizando la cotidianidad del ciudadano y ciudadana de a pie. Obviamente la detención del diputado Edgar Zambrano, por sus evidentes implicaciones en los planes golpistas, es una de las excusas perfectas para escalar en las acciones desestabilizadoras.
De ahí que cobra importancia lo señalado por el ariete de la conspiración y desestabilización por parte del fascismo criollo, que realiza esfuerzos denodados para que la Revolución Bolivariana no llegue al 20 de mayo, fecha en la que conmemoraremos el primer año del triunfo épico de la ratificación de Nicolás Maduro como el primer Presidente de la República Bolivariana de Venezuela chavista de la historia.

A la derecha le han dado una instrucción muy clara: Nicolás Maduro debe salir antes del 20 de mayo de la Presidencia de la República.
Y de ahí las nuevas acciones que ya asomó Guaidó: la solicitud por parte de su representante ante la OEA, Gustavo Tarre Briceño, a un Consejo Permanente a celebrarse el día de hoy en la Organización de Estados Americanos (OEA) para tratar el tema de la detención de Zambrano; y las nuevas acciones de calle convocadas para el día sábado 11 de mayo, a partir de las 10:00 am.

En el primer caso, si bien es cierto que desde el pasado 27 de abril dejamos de pertenecer al denominado por Fidel Castro “ministerio de colonias de EEUU”, cuyas decisiones no surtirán ningún efecto jurídico ni son vinculantes para nuestro país, es evidente que la estrategia es que Tarre Briceño solicite algún tipo de resolución condenatoria, y vaya generando las condiciones necesarias en la referida instancia, a fin de concretar una intervención militar de tipo “humanitaria” sobre Venezuela, liderada por EEUU.

En el segundo caso, las acciones de calle convocadas por Guaidó, buscan tratar de consolidar un frente interno, de cara a lanzar un nuevo zarpazo contra las instituciones legítimas venezolanas. Asimismo, busca sabotear la jornada de consulta convocada por el presidente Maduro y el censo de la Misión Chamba Mayor, en el marco de las jornadas de Diálogo, Cambio y Rectificación, con el fin de elevar los niveles de eficiencia de la gestión gubernamental y cobertura de nuevas políticas sociales tendientes a garantizar la protección de los sectores más vulnerables de la población.

Ciertamente el fascismo criollo no tiene la fuerza militar, ni policial ni popular para un levantamiento ni para un Golpe de Estado contra la Revolución Bolivariana. Sin embargo, no podemos dormirnos en los laureles ni confiarnos.

Esto lo señalo por el reciente video difundido a través de la plataforma Twitter, y en una cuenta Bot, del ex Director General del SEBIN, Manuel Ricardo Cristopher Figuera, donde prácticamente insta a llamados a la sedición y rebelión contra las autoridades legítimas y constitucionales del país.
De igual forma, la entrevista realizada por Carla Angola al ex embajador estadounidense en Colombia y Venezuela, William Brownfield, donde destaca la participación de unidades de operaciones especiales desde los propios EEUU y Venezuela, que podrían realizar “operaciones quirúrgicas”, léase bombardeos, sobre instalaciones clave como la sede del Tribunal Supremo de Justicia, ministerios, Fuerte Tiuna o el propio Palacio de Miraflores, sede de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.

La pregunta que me formularía es: ¿Está preparado comunicacionalmente el Alto Mando Político y Militar de la Revolución para acciones de estas características? ¿Hay un plan comunicacional de reacción rápida para ello? ¿Existen planes de repuesta inmediata para atender y solventar cualquier contingencia de esta u otra naturaleza en caso de que estas pudiesen ocurrir, o seguimos aplicando la filosofía de Eudomar Santos de “como vaya viniendo, vamos viendo”?
Creo que en estas líneas expresó el sentir de la mayoría de la ciudadanía de mi país, y que muchos no se atreven a expresar. Considero, y por ello exijo como ciudadano y como pueblo, que ha llegado la hora de ponerle los ganchos a Juan Guaidó. Y me preguntó, como muchos: ¿Qué estamos esperando para detenerlo?

Y esto no se trata de desespero ni de falta de confianza en la Revolución Bolivariana. Se trata de exigir justicia para garantizar la paz y evitar males mayores a nuestra Patria.
O como el mismo Freddy Bernal lo expresó en el programa “Al Aire” transmitido por Venezolana de Televisión hace un par de días: ¿Estamos esperando que muera mucha gente? ¿Qué los terroristas coloquen una bomba y vuelen vagones del Metro de Caracas para poder reaccionar? Son parte de las interrogantes que a muchos nos surgen e inquietan.

Por ello, y en ese sentido, es que exigimos como pueblo organizado, no más dilaciones y tecnicismos leguleyos, y que Guaidó sea inmediatamente detenido, para protegerlo a él de las acciones de los propios halcones imperiales para asesinarlo, y así dotarse del casus belli para venir por las riquezas que yacen en nuestro territorio; y por otra parte, para garantizar la justicia y la paz de mi Patria.
Cúmplase.

¡Leales siempre! ¡Traidores, nunca!
¡Bolívar y Chávez viven, y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!

jmartoranoster@gmail.com