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miércoles, 10 de octubre de 2018

¿Y si la izquierda volviera a pensar?


 Por Juan Pablo Cárdenas S.:

La propia comunidad científica mundial está perpleja respecto de las consecuencias que podrían tener para toda la vida de la humanidad las innovaciones producidas por la llamada inteligencia artificial. Con la inminente consolidación de la sociedad tecnológica regida por aquellos algorismos capaces de superar en miles o millones de veces la capacidad y celeridad de la inteligencia humana. De esta forma es que la ciencia avizora con  mucha preocupación que  todas nuestras estructuras sociales, políticas y económicas puedan verse supeditadas a lo que “reflexionen” y ordenen los robots y otras  inventos que ya no serán necesariamente instrumentos al servicio de la persona humanas sino, por el contrario, terminen suplantando nuestra voluntad y libre albedrío.

Cuando uno lee lo que connotados  especialistas están advirtiendo en sus escritos, como el profesor Yubal Noah Harari, descubre con horror cómo nuestros gobiernos, parlamentos y universidades se mantienen sumidos en los conocimientos del siglo que ya se fue y se muestran completamente incapaces de imaginar, siquiera, lo que viene, a fin de reaccionar a tiempo frente a los riesgos del desarrollo tecnológico. Si en el pasado a los ideólogos, filósofos y cientistas sociales los apreciábamos sensibles a los acontecimientos como la revolución industrial y otros, hoy  los vemos muy rezagados  al respecto. Pero, lo más grave, inmersos en querellas tribales, superfluas e inconducentes.

Si lo ideales del liberalismo y la democracia   parecieron ponerle fin  a los regímenes autocráticos y a las dictaduras, justamente la inteligencia artificial pudiera acabar ahora con las prácticas del libre mercado y el derecho de los ciudadanos a escoger soberanamente a sus representantes. Así como ya tenemos algorismos que vigilan todas nuestras decisiones económicas y nos predisponen para el consumo de determinados productos, sin siquiera necesitarlos efectivamente, estaría próximo el día en que desde los computadores de un grupo de los más poderosos del mundo se pueda decidir la suerte política de nuestros países.. De esta forma no sería raro que los Trump y otros personajes pudieran ser impuestos por los mecanismos  reguladores de la inteligencia emocional  que es, en definitiva, la que explica muchas de las más grandes y extrañas decisiones actuales como el Brexit, las guerras que asolan constantemente a la humanidad o la insensatez del consumismo depredador. 

Si las derechas fueron tradicionalmente las que asumían el conservadurismo, la necesidad de oponerse a los cambios y conjurar la justicia social, las izquierdas eran las que se preocupaban de cuestionar los sistemas imperantes, promover los cambios y avanzar hacia la equidad social. Sin embargo, en la actualidad lo que más se descubre en los sectores “progresistas” es su entreguismo, su conversión a las ideas neoliberales y la práctica de la democracia acotada o “representativa”. Incluso las convicciones de Marx del siglo XIX parecen ahora muy extremas para no pocas expresiones socialistas  de nuestro país y del mundo.

Aunque todavía se le rinden homenajes a Salvador Allende, a la revolución cubana y a los caudillos del África que llevaron  a la emancipación de tantas naciones, la verdad es que éstos han devenido en la más completa hipocresía. Cuando en realidad  muchos de los más rebeldes jóvenes de antaño hoy se solazan en parlamentos de un régimen político como el nuestro, regido por la Constitución de Pinochet, el ultra neoliberalismo y la impasibilidad frente a la corrupción de nuestros gobernantes e instituciones llamadas republicanas. Y, para colmo,  habiendo logrado buenas correlaciones de fuerza en el poder legislativo, finalmente se rinden a las dietas parlamentarias y al ejercicio de la política mediática, a las ambiciones personales y querellas internas digitadas por los publicistas del sistema que les conviene para que nada cambie realmente.

Poderes que ni siquiera le temen, como antes, a la explosión del descontento social, en la idea que éste puede ser neutralizado fácilmente por las policías y las fuerzas armadas que hoy hasta hacen uso de drones para identificar los rostros de los rebeldes y pueden atentar contra los líderes políticos y sociales que les resulten incómodos. Sumando a ello el control de las redes sociales, donde la calumnia, la delación y otras lacras pueden manipular con cierta facilidad la conciencia de los ciudadanos. Reconvertidos, por desgracia,  en meros consumidores y cada vez más lejos de la sociedad del conocimiento y  la posibilidad de influir en su destino. La ciencia también vaticina que la caída del capitalismo podría ser posible con el colapso de nuestro medio ambiente, más que por la crítica lúcida y la acción decidida de los dirigentes o políticos conscientes.

Vaya que resultaría importante, entonces, que los partidos políticos y otras entidades pudieran sacudirse rápidamente de sus inercias  y, en este sentido, se propusieran marcar rumbos, como advertir los riesgos que, además de sus innegables logros, entraña esa inteligencia artificial  que ya convive inmersa e infiltrada en  nuestro devenir histórico. Cuando todavía los pueblos están a tiempo de comprender los riesgos del calentamiento global, el uso del plástico y el consumo chatarra hasta en los recetarios de la medicina. Cuando la salud, por ejemplo, que nos parecía un derecho fundamental,  es completamente manipulada por los laboratorios inescrupulosos y los médicos abyectos rendidos a sus millonarias lisonjas. Una inaudita realidad que nos habla del inmenso avance experimentado para prevenir y sanar enfermedades, pero también para convertirnos a todos en enfermos y conejillos de indias dependientes de las drogas y medicamentos. En la idea de que valemos más para el negocio farmacéutico alargarnos artificialmente la vida. Sin importarle nuestra dignidad.

En muy probable que la desafección progresiva de nuestros pueblos por la democracia, tenga que ver con un desincentivo programado  por los medios de comunicación y los grandes grupos fácticos mundiales y nacionales. Que están dando con los algorismos que lleven a la humanidad a ser digitada en sus conductas y una forma de vida de la que se beneficien todavía menos habitantes del planeta. En que todos podamos “convertirnos en minúsculos chips dentro de un gigantesco sistema de procesamiento de datos”, como lo advierten los más visionarios científicos. Si confiamos más en que la inteligencia artificial tome decisiones por nosotros respecto de qué productos adquirir, qué películas ver, por ejemplo. Entregados a empresas como Google, erigida en el Vaticano del mundo actual. A la cual se rinden unidas las izquierdas y derechas del mundo para ser todas definitivamente vencidas,  si es que no toman conciencia de lo que viene y de la posibilidad de que nuestra inteligencia y libertad se sometan a un poder
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

martes, 21 de agosto de 2018

170 años.


Por Jorge Aniceto Molinari:
Los humanos, nacemos, nos desarrollamos, morimos, así de simple, pero lo que es ya más difícil entender es que esto mismo sucede con los modos de producción, aún cuando la dinámica de su proceso sea diferente. Los modos de producción no se reproducen, se retroalimentan  y preparan las condiciones para la predominancia del nuevo, aún cuando muchas de las formas anteriores perduran antes de desaparecer y se solapan en el tiempo. Esto deberíamos debatirlo para desarrollar nuestro conocimiento, ahora no siempre es así.

No está además en nosotros el menor atisbo de pensar que deberíamos impedir  o cuestionar pensamientos que puedan contradecir esto que estamos afirmando. Por el contrario sería muy ilustrativo que desarrollaran sus ideas.

Para este debate además nuestras herramientas son el materialismo, dialéctico e histórico. Sabemos además que hay quienes tienen sus argumentos para cuestionar estas herramientas, o lo que desde nuestro punto de vista es más grave, los que dicen utilizarlas y las utilizan mal o parcialmente, para justificar razonamientos idealistas, que las toman muy parcialmente; en este grupo reconocemos a muchos de los que se auto clasifican como marxistas y/o como marxistas leninistas. Tal vez lo que más identifica a este tipo de posiciones es la afirmación de que socialismo es propiedad estatizada, que ha predominado por mucho tiempo y hoy está en retirada aún cuando el duelo por la crisis de este tipo de razonamientos no está procesado.

Junto con esta constatación hay otra que también nos preocupa: el pensamiento de que todo se resuelve en competencia. La propia dialéctica es explicada por la competencia y no por la necesidad de la síntesis. Es cierto desde que nacemos se nos educa en competir, la sociedad misma es el resultado de la competencia entre distintas opciones: hay triunfadores y derrotados. El capitalismo, se afirma, como modo de producción para ser superado necesita ser derrotado; se nos explica que para eso son las revoluciones y que cuando una revolución es derrotada es porque el capitalismo ha logrado superar el desafío.-
Nosotros nos negamos a razonar de esa forma.
En 1848, Marx y Engels, escriben el Manifiesto Comunista y en él surge claramente un programa para toda una etapa reivindicativa de la clase obrera en la historia de la humanidad.

DE 1848 A 2018, 170 años.
En abril de 1917 en Rusia la caída del zarismo, era solo un eslabón, las nuevas autoridades no conseguían ni parar la guerra y sus masacres, y tal vez lo más importante, no podían reorganizar el aparato productivo, Lenin aborda esa realidad proponiendo un programa de aplicación inmediata: hacer la paz, entregar las tierras, nacionalizar la banca y el comercio exterior. Ese programa las masas lo llevan al poder y realizan durante 7 años una obra inmensa, que don José Batlle y Ordoñez en el Uruguay, no dudó en resaltar.

Las luchas obreras, las luchas sociales, producto de gigantescos esfuerzos sociales organizativos, y no exenta del sufrimiento de tremendos crímenes, como los que dieron origen a fechas universales como el 1° de mayo, el 8 de marzo, dieron contradictoriamente, para quienes no han asumido un estudio más riguroso de la realidad, una base mayor al propio desarrollo del capitalismo, como hoy ocurre por ejemplo con China. Por aquello de que ningún modo de producción abandona su predominancia sin agotar sus posibilidades.

El capitalismo además como modo de producción nació con la vocación de extenderse hasta los límites mismos del planeta y dar denominadores comunes en un mar rico de nacionalidades y culturas diferentes, que han adornado y enriquecido el convivir humano, cuando eso se ve desde el punto de vista positivo, que particularmente caracterizó a la etapa de auge del modo de producción en su predominio. Ahora cuando la predominancia del modo de producción capitalista comienza a agotar sus posibilidades (agostamiento de la tasa general de ganancias), la crisis con sus constantes desequilibrios comienza a ser irreversible para la continuidad de esa predominancia, cada uno de esos componentes de nacionalidades y culturas pasan a ser circunstancialmente críticos.

Los sueños a partir de las luchas sociales dieron nacimientos a corrientes idealistas, comúnmente llamadas utópicas, donde su principal características es desprenderse de la realidad e imaginar un sistema sobre la base de un ser humano muy cercano a la perfección.
A esto respondió en particular Federico Engels con un texto “del socialismo utópico al socialismo científico”, que trata de bajar a tierra este tipo de elucubraciones.

Sin embargo la vida y el desarrollo capitalista presentó un nuevo desafío, la burocracia estatal, la vieja y la nueva creada por la propia revolución rusa sobre la derrota de las ideas y del Partido de Lenin pero vistiéndose de sus propias pieles, y  no renegando de mucho de lo conquistado, hicieron que el mundo llamara modelo “comunista” al engendro stalinista. Los ideólogos del capitalismo encantados con el giro de los acontecimientos tenían para mostrar al mundo que ese era el modelo comunista mientras los revolucionarios del 17 eran asesinados por el aparato del nuevo Estado.

¿Entonces? ¿Si no se trata de crear un modelo competitivo con un ser humano perfeccionado, de que se trata? Porque a lo que estamos acostumbrados o nos han acostumbrado,  es a pensar en crear un modelo competitivo que barra con el capitalismo, es más se nos dice que en esto consiste la revolución y el ser revolucionario y que lo que no esté en esa línea es reformista.

Pero además confundiendo lo que en 1917, era la diferencia entre los que apoyaban  desde la “izquierda” los créditos de guerra, y los que dirigían su accionar político a lograr la paz.
Hemos afirmado que lo que insinuó Mujica en la ONU (setiembre del 2013, se puede acceder a través de internet) era la visión comunista necesaria de este tiempo. Mujica no volvió sobre esa intervención y sus propios seguidores están programáticamente en otra, allá ellos y sus cálculos políticos.

¿Por qué, de nuestra afirmación? Porque el capitalismo está llegando en su predominancia a los límites posibles, y necesita que la transición se haga imponiendo la paz, deteniendo a los que llevados por la desesperación de la crisis de un sistema que creían eterno, se inclinan por el suicidio, por la barbarie.
¿De qué se trata entonces la transición, o el inicio de la transición?: de manejar dos herramientas fundamentales en el funcionamiento de la economía: la moneda y los impuestos. Para las dos herramientas construir la voluntad política que las concrete necesita la conjunción de fuerzas, políticas, sindicales y sociales de todo el planeta.

Hacia China gobernada por el Partido Comunista se encamina el centro del capitalismo mundial, Cuba suprime de su constitución la definición de sociedad “comunista”, Venezuela, Nicaragua, y por lo general los gobiernos y Estados que han pretendido una política diferente a la neoliberal, son el símbolo de lo que en la “izquierda” predominante califica, es una ofensiva de la derecha y de alguna manera un retroceso de la “izquierda”. Es en definitiva su negativa a calificar la crisis y darse el programa que esta necesita para iniciar la transición entre la predominancia de un modo de producción a otro.

Es la distancia entre el programa de estatizaciones del stalinismo al programa de moneda única  universal y de imponer un sistema impositivo basado en la circulación del dinero que de muerte a los paraísos fiscales y derogue las imposiciones al consumo, los salarios y las pensiones. Que admita que los fondos de ellos provenientes, aborden en forma universal los problemas de la salud, la educación y el trabajo, eje de una matriz económica que la humanidad está en mejores condiciones que nunca de construir, muy por encima de cualquier matriz económica nacional.

Recordemos lo que escribía Carlos Marx en su crítica a la economía política:
“En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a un determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. Estas relaciones de producción en su conjunto constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se erige la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. En cierta fase de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o bien, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad en el seno de las cuales se han desenvuelto hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se transforma más o menos rápidamente toda la superestructura inmensa. Cuando se examinan tales transformaciones, es preciso siempre distinguir entre la transformación material -que se puede hacer constar con la exactitud propia de las ciencias naturales- de las condiciones de producción económicas y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en breve, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres toman conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo.

Del mismo modo que no se puede juzgar a un individuo por lo que piensa de sí mismo, tampoco se puede juzgar a semejante época de transformación por su conciencia; es preciso, al contrario, explicar esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Una formación social no desaparece nunca antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen relaciones de producción nuevas y superiores antes de que hayan madurado, en el seno de la propia sociedad antigua, las condiciones materiales para su existencia. Por eso la humanidad se plantea siempre únicamente los problemas que puede resolver, pues un examen más detenido muestra siempre que el propio problema no surge sino cuando las condiciones materiales para resolverlo ya existen o, por lo menos, están en vías de formación. A grandes rasgos, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el burgués moderno pueden designarse como épocas de progreso en la formación social económica. Las relaciones de producción burguesas son la última forma antagónica del proceso social de producción, antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que emana de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para resolver dicho antagonismo. Con esta formación social se cierra, pues, la prehistoria de la sociedad humana”.

sipagola@adinet.com.uy

miércoles, 31 de mayo de 2017

EEUU: legitimidad y legalidad electoral en sus áreas de influencia

Por: Manuel José Montañez lanza

Desde los años 80 del siglo XX, los “Tanques de Pensamiento” o intelectuales orgánicos norteamericanos, vienen revisando todos los conceptos ancestrales y decimonónicos que sobre la Democracia heredamos y que los griegos dejaron como legado político a la humanidad. Aristóteles, Platón, Sócrates y otros, construyeron la idea de la DEMOCRACIA como gobierno de las mayorías.


En ese sentido y no obstante que el mundo occidental (incluso otras regiones del planeta), adoptaron dicho precepto, incluida la propia sociedad norteamericana; no obstante, el referido concepto fue más luego alterado tal que se convirtió en un constructo elitesco en el sentido de crear mecanismos de control político del aparato burocrático del Estado desde la perspectiva liberal y más luego, neoliberal.

Al respecto, cada pueblo, nación o país, fueron creadas modalidades electorales con sus propias particulares; señalándose, que el menos democrático de ellos hoy por hoy, es el sistema gringo de elección en tanto que no sólo es electoralmente hablando primario, sino representativo; es decir, se obvia la participación directa y protagónica del pueblo que como modelo garantiza el sistema político venezolano.

Hoy en día para los ideólogos norteamericanos, no basta con que un gobierno sea legitimado porque la mayoría de la población así lo quiso. Es preciso, según ellos, que dicho gobierno esté acoplado, consustanciado, con la agenda de la política exterior de los Estados Unidos (económica, política y militar), y quien no cumpla esa premisa, inmediatamente será calificado de Estado Paria, Forajido, etc., montándole más luego, un expediente ante la comunidad internacional que les garantice posteriormente, su intervención.
Dicha Escuela se inició en la Administración del expresidente Ronald Reagan, perfeccionándose más luego con la administración del expresidente Bill Clinton a través de la denominada Doctrina Albright y continuada seguidamente, por los demás gobiernos que les sucedieron hasta la actual presidencia del Sr. Barack Hussein Obama.
Para los gobiernos norteamericanos (en la post guerra, luego de la Segunda Guerra Mundial), los países en sus áreas de influencia se legitiman (sean o no democráticos), en tanto y en cuanto estén acoplados a sus preceptos geopolíticos, geoeconómicos y geoestratégicos.

Hoy por hoy, no basta que se sea legal en el sentido que los mecanismos comiciales no sean cuestionables, es preciso, que sean gobiernos liberales -capitalistas- que defiendan los intereses de la burguesía en tanto clase dominante.

Todo este planteamiento tiene un sustento político militar con base a su nueva visión doctrinaria de la Seguridad Nacional y su expresión Geopolítica, modificada con posterioridad a la derrota recibida en la guerra de Vietnam; viéndose seguidamente obligados a llevar a cabo Guerras de Baja Intensidad hasta la de Sexta Generación, en virtud no solo por un problema de orden económico -son muy costosas-, sino en la necesidad de eludir las presiones de los mas media quienes con base a la “Doctrina del Aislacionismo”, terminan cuestionando vía opinión pública, la cantidad de bajas que produce una intervención directa. No está demás señalar que con esta actuación, también buscan burlar el DIP vigente.

En ese sentido, buscan dejar en manos de sus sigüines internos, las acciones de guerra sucia o a través de mercenarios por ellos entrenados y financiados para seguidamente intervenir por otros medios no contemplados en el vigente Derecho Internacional.

Concluyendo, la deslegitimación -desde la perspectiva conceptual de ellos- es una premisa moderna de injerensismo o intervención indirecta respecto de los asuntos internos de las naciones (por ello lo primero que ordenan es desconocer y atacar las instituciones comiciales), con lo cual se violentan principios fundamentales contemplados en el Derecho Internacional, como Soberanía y Autodeterminación de los Pueblos.

Debemos recordar las palabras del ex presidente W. Bush en la ONU antes de intervenir en Irak, violentando y desconociendo todos los principios fundamentales del Derecho Internacional Público vigente: … “Quien no esté conmigo, está en mi contra y es nuestro enemigo”…. Propuesta que continuó su sucesor Obama, en todo el mundo quien a su vez deja la mesa servida contra la República Bolivariana de Venezuela (al ratificar el Decreto que nos califica de ser un peligro para su seguridad nacional y la agenda de la política exterior norteamericana), de manera que el nuevo inquilino de la Casa Blanca, tenga las condiciones objetivas para continuar el injerensismo y por qué no, incluso invadir nuestro país (al parecer ya están preparados para ello), si sus sigüines finalmente no logran cumplir el mandado de desconocer la voluntad del pueblo venezolano bajo la sombra del terrorismo fascista y tumbar el gobierno legítimamente constituido de Nicolás Maduro Moros, antes de que se concrete la convocatoria constituyentista, cuyo fin último es, profundizar la democracia e imponer la paz en nuestro país.

(*) Politólogo e Internacionalista venezolano
     Magíster en Seguridad y Defensa

monlan2001@gmail.com