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miércoles, 20 de enero de 2021

La subjetividad subversiva al control corporativos global

 Por Homar Garcés:

En tiempos que parecen condenar a la diversidad a ser reemplazada por la uniformidad del pensamiento y se pretende eliminar la ambivalencia moral para imponer en su lugar un orden social disciplinado, coherente, predecible y sin espacio alguno para la duda ni el caos, la posibilidad que surja una subjetividad subversiva entre los individuos que conforman la civilización actual es algo que los sectores dominantes temen y buscan reducir antes que se extienda y termine por perjudicar su hegemonía.

El anhelo de seguridad que muchos expresan, incluso con bastante insistencia, irracionalidad y urgencia, propicia que esto ocurra, como ya se ha manifestado en Estados Unidos y diversos países de nuestra América con regímenes inclinados a poner en práctica postulados fascistas que harían retrogradar, hasta su mínima expresión, todos los derechos democráticos alcanzados en los últimos cien años de historia humana.

De forma paulatina comienzan a hacerse visibles las acciones de un control corporativo global, especialmente a través del dominio de la ciencia y de la tecnología, conformando, a su vez, una monopolización mediática que censura todo contenido radical u opuesto a sus intereses y que tiende a ubicarse por encima de cualquier soberanía. Su propósito principal es -en palabras del profesor y periodista Enrique Contreras Ramírez en su libro El Estado profundo- «borrar nuestras culturas, nuestra historia, posesionarse de nuestros espacios geográficos que consideran importantes en sus estrategias de desarrollo, forma parte de esa dominación, haciendo uso del discurso ideológico para señalar, que todo esto es parte del progreso al servicio de las naciones».

Es, en resumen, la imposición de un nuevo sistema de dominación en escala mundial que se manifiesta en lo técnico-científico, lo cultural, lo ideológico, lo político, lo jurídico, lo militar y, sobre todo, en lo económico, subyugando a todas aquellas naciones cuyo subsuelo es rico en yacimientos estratégicos, además de una biodiversidad única, con lo cual se persigue asegurar -sin amenazas a la vista- el modo de producción capitalista globalizado.

Ya no es suficiente anticipar y denunciar esta posibilidad, para algunos extravagantes y, por ende, irrealizable; siendo necesaria la organización, la lucha y la comprensión simultánea de los pueblos para impedirla. En un planeta cada día más sobreexplotado y contaminado, esto exige que la humanidad tome conciencia plena e inmediata de lo que esto representa para su futuro. Las redes de este suprapoder, representado por el imperialismo (ahora imperio) gringo y sus aliados europeos e Israel, se han extendido a tal grado por el mundo que es difícil ignorarlo; lo que se evidencia a través de la manipulación económica y política de los Estados nacionales.

El sobregasto, el derroche y el desperdicio de recursos materiales de distinta índole, estimulados durante más de treinta años por el desmedido afán de ganancias del capitalismo neoliberal ha incidido, paradójicamente, en un alto grado, en la percepción de la necesidad de generar cambios radicales en el tipo de civilización vigente. La noción de equilibrio general con que se quiso instaurar un nuevo orden mundial bajo la égida del capitalismo neoliberal globalizado (con Estados Unidos a la cabeza) se ha roto, gracias a la desigualdad abismal creada entre una minoría dueña de capitales que superan los presupuestos de varias naciones y una mayoría empobrecida, con grandes dificultades para sobrevivir dignamente; lo que impone la puesta en práctica de unos nuevos paradigmas que les permita a todas las personas una verdadera emancipación integral y el ejercicio de una verdadera democracia, más directa y más efectiva que la existente hasta ahora.

mandingarebelde@gmail.com

sábado, 11 de abril de 2020

El mundo del Siglo XXI y la política de la supremacía Yanqui



Por Homar Garcés:

Quienes delinearon lo que habría de ser el “Proyecto para un nuevo siglo americano” (es decir, estadounidense, gringo, yanqui o norteamericano), dado a conocer a finales de la última década del siglo XX, concluyeron que «Estados Unidos no tiene rival a escala global. La gran estrategia de Estados Unidos debe perseguir la preservación y la extensión de esta ventajosa posición durante tanto tiempo como sea posible. Nuevos métodos de ataque electrónicos, no letales, biológicos serán más extensamente posibles; los combates igualmente tendrán lugar en nuevas dimensiones: por el espacio, por el ciberespacio y quizás a través de los microbios; formas avanzadas de guerra biológica que puedan atacar a genotipos concretos pueden hacer del terror de la guerra biológica una herramienta política útil».



Bajo esta orientación, los sucesivos gobiernos estadounidenses que el mundo ha conocido en estas tres últimas décadas, activaron diversas medidas a fin de impedir, bajo cualquier aspecto, el surgimiento de alguna otra potencia -aliada o enemiga- que opaque o frustre el papel que asumiría Estados Unidos como imperio mundial dotado de una supremacía militar presente en todos los continentes, en áreas vitales para el sistema capitalista globalizado, lo que le aseguraría ejercer un control directo de las soberanías del resto de las naciones.

Con base en esta directriz, Washington se permitirá intervenir en los asuntos internos de toda nación donde considere amenazados sus intereses o, sencillamente, ambicione sus recursos naturales estratégicos. Todo ello en el marco de un proceso de reestructuración global, iniciado en la convulsiva región del Medio Oriente, cuya máxima expresión es lo aplicado a Irak y a Libia, cuestión se proyectará, con un mayor énfasis, como una guerra justa contra el terrorismo y el narcotráfico internacionales, al modo de las viejas cruzadas medievales europeas.

Sin embargo, la unipolaridad económica y militar gringa subestimó, o no previó con suficiente sentido de realismo, la posibilidad que Rusia y, luego, China pudieran restarle espacio en la escena mundial, habiendo centrado su atención principal en la destrucción de la República Islámica de Irán, su piedra de contención en el vasto plan de reconfiguración del Oriente Medio; contando para ello con el rol neocolonialista de Israel.

Otra eventualidad no anticipada por los ideólogos del hegemonismo yanqui fue la situación política creada en Venezuela por Hugo Chávez, a la cual sucedieron y se sumaron procesos similares en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Nicaragua, los que, en conjunto, derrotaron la imposición del Área de Libre Comercio de las Américas y darían vida a organismos multilaterales de integración regional, con la expresa exclusión de Estados Unidos y Canadá. El teatro de operaciones global diseñado por los estrategas del Pentágono y del Departamento de Estado gringos se vería afectado así por tales situaciones, lo que impulsó a los gobiernos de George W. Bush, de Barack Obama y, ahora, de Donald Trump a emprender una política exterior agresiva y a desatar intervenciones militares de distintos rangos en algunos países, en abierta violación a lo estipulado en el derecho internacional con el aval de la Organización de las Naciones Unidas y en aparente defensa de la paz, la libertad y la democracia. 

El reto geopolítico, cultural y socioeconómico que todo lo anterior significa para el complejo industrial-financiero-militar que rige a Estados Unidos, a lo cual se agrega la presencia innumerable de inmigrantes en su frontera sur, ha permitido (o legitimado) que Donald Trump asuma un belicismo más frontal y peligroso que el de todos sus antecesores al frente de la Casa Blanca.

La reestructuración del capitalismo globalizado en beneficio directo de un reducido grupo de grandes corporaciones transnacionales requiere disminuir y eliminar cuanto antes semejante reto. Así, la militarización progresiva estadounidense de diferentes regiones estratégicas del planeta, iniciada por James Carter y reforzada por sus sucesores, es complementada por las acciones desestabilizadoras de grupos opositores a los regímenes hostiles a Estados Unidos (como en el caso de Venezuela), alentados, dentro y fuera de sus países, por medios de información encargados de tergiversar y magnificar los hechos que desemboquen en una eventual caída de los gobiernos que afectan (directa e indirectamente, real o aparentemente) los intereses geopolíticos, económicos y de seguridad nacional estadounidenses.

En un sentido estricto, lo que llamara el entonces presidente George Bush padre el nuevo orden mundial, tras la implosión de la Unión Soviética, exige la puesta en práctica de tácticas y estrategias que contribuyan a asegurarle a su nación una hegemonía global infinita, indisputable e indiscutible.

Esto supone la subordinación y eventual erradicación de las autonomías e identidades nacionales y culturales en un mundo dominado por la lógica capitalista neoliberal y, obviamente, por el american way of life. Quien se oponga a este designio imperial será automáticamente calificado como enemigo, lo que justificaría cualquier iniciativa tomada en su contra: elaboración y difusión de noticias falsas, atribución de delitos diversos, sanciones y bloqueos económicos, actividades terroristas, propaganda de guerra y asesinatos selectivos de líderes políticos y sociales, en lo que, sin duda, encaja en la definición de terrorismo de Estado y de crímenes de lesa humanidad, sobre todo cuando se miden sus impactos negativos en los niveles de sobrevivencia de poblaciones enteras. En el statu quo pretendido por los jerarcas de Estados Unidos nada que contradiga su visión y misión “civilizadoras” imperiales (imbuida de eurocentrismo al extremo) tiene cabida.

Como lo refleja Miguel Ángel Contreras Natera en el libro “Una geopolítica del Espíritu. Leo Strauss: La filosofía política como retorno y el imperialismo estadounidense”, a propósito del cuatrerismo encarnado por George W. Bush, “la política de la supremacía intenta consolidar, explotar y expandir las ventajas estadounidenses desde una perspectiva nacionalista y unilateral enfatizando el uso preventivo del poder militar y la coerción.

Esta fórmula se refiere al peligro representado por el terrorismo transnacional y los Estados canallas”. Los elementos esenciales de la política exterior yanqui siguen siendo los mismos de siempre, ahora extendidos en un contexto internacional dinámico y cambiante donde sus competidores (reales o ficticios), Rusia, China o Irán, tienen también sus respectivas áreas de influencia, a tal punto que se han hecho presentes en el ancho territorio de nuestra América, habitualmente considerado como el patio trasero de Estados Unidos.

La paz, la libertad y la democracia que dicha política defiende y proclama no son otra cosa que la mercantilización de cada espacio de vida existente sobre la Tierra, según los principios del neoliberalismo económico globalizado, en lo que constituiría entonces un meta Estado, de alcance transnacional, cuya característica fundamental será la máxima productividad a obtener de todo pueblo subordinado.

mandingarebelde@gmail.com

sábado, 8 de febrero de 2020

Gobierno y oposición, en onda pagadora de la deuda

Por Sergio Ortiz:

Después de las negociaciones y concesiones de rigor, diputados del gobierno y la oposición macrista votaron en alegre unidad la ley para negociar y pagar la deuda pública en dólares. De investigarla, nada. Tudo bem. Tudo legal.

Argentina sigue dando sorpresas. Era difícil pronosticar que la apocalíptica Elisa Carrió votara a favor de la pomposamente llamada “ley de restauración de la sostenibilidad de la deuda pública extranjera”. El proyecto enviado por el ministro de Economía Martín Guzmán fue recibido el martes 28 en la Comisión de la Cámara Baja y con dictamen favorable pasó al plenario, que la votó masivamente al día siguiente. Ese miércoles 29 hubo tres votaciones para asuntos que tienen mucha vinculación entre sí.


Primero se avaló el Expediente 0073-S-2019, autorizando el ingreso de tropas extranjeras y la salida de efectivos propios. La luz verde fue para la entrada de 5.330 norteamericanos y un portaaviones, que sumarán como reclutas a 130 locales en el ejercicio aéreo y naval “Gringo gaucho”. Y también para que se realicen los operativos Unitas, igualmente navales, que EE UU viene haciendo en la región desde poco después de la irrupción de la revolución cubana. El sentido pronorteamericano de esas maniobras militares está a la vista. Resultaría redundante decir que no apuntan a ejercitar a nuestra marina con vistas a recuperar las Malvinas…

Esa autorización tuvo el voto favorable de 214 legisladores de diversas bancadas, y solamente 2 se opusieron, del FIT. Si Nicolás del Caño y Romina del Pla hubieran dicho “son lo mismo” no habrían faltado a la verdad.
Después de esta muestra de buena voluntad hacia Washington en un tema estratégico, los legisladores analizaron la ley enviada por Economía. Faculta la negociación y autoriza el pago de los bonos de la deuda externa en moneda extranjera, para lo cual se utilizó un decreto de Mauricio Macri del año 2017 convalidando la prórroga de la jurisdicción extranjera. Si no hubiera acuerdo los acreedores llevarían el diferendo a la justicia neoyorquina que tan mal nos trató con el juez Thomas Griesa y sus fallos a favor de los “fondos buitres” de Paul Singer.

Otra vez se comprobó la vigencia del teorema de Baglini: mientras los opositores más se acercan al gobierno, más se alejan de sus propuestas más radicalizadas. En la campaña electoral de 2017 era común escuchar a los candidatos de Unidad Ciudadana y a CFK cuestionar en duros términos el endeudamiento externo. Y en la elección de 2019 hubo críticas más duras del Frente de Todos, de Cristina y Alberto Fernández, contra el híper endeudamiento macrista.

Sin chistar
Esas críticas fueron muy fuertes contra el crédito del FMI en 2018 por 57.000 millones de dólares, que omitió los pasos administrativos y legales. Esos fondos, de los que se entregaron efectivamente 44.000 millones, sirvieron para la fuga de capitales y para financiar “la campaña electoral más cara de la historia”, según cuestionó AF antes y después de las PASO de agosto.
En ese momento, Fernández involucró a las autoridades del Fondo como corresponsables de esa deuda espuria. Las acusó que sabían que esos fondos tendrían dos destinos: fuga y financiación de la reelección de Macri.
Como diputado nacional Axel Kicillof fue uno de los más incisivos en objetar la forma y el fondo de aquel endeudamiento. A mediados de 2017, las críticas se habían mezclado con las burlas para con el bono a 100 años por 2.750 millones de dólares emitido por el ministro de Hacienda, Luis Caputo.
En un giro copernicano, o baglinesco, el gobierno peronista redactó la ley de título tan rebuscado y anudó las alianzas con la oposición derechista para votarla. Y ese fue el resultado, pues la Cámara la sancionó con 224 votos a favor, sólo dos en contra, del FIT y una abstención, en tanto 29 se ausentaron al momento de votar, entre ellos dos diputados del PCR-Frente de Todos.

Cuando el Senado la convierta en ley, los acreedores extranjeros tendrán despejada la duda central, si es que la conservaban: el gobierno no investigará ni auditará ni menos repudiará parte alguna de la deuda externa. E irá a negociar a Nueva York y Washington, con algunas paradas previas en Buenos Aires, por ejemplo, con la misión del Fondo que vendrá el 12 de febrero. El gobierno pedirá suspender tres años el pago del capital y alguna rebaja de los intereses que sí se pagarán, más una leve reprogramación de sus vencimientos.
Si a juicio de los acreedores esos pedidos fueran muy exagerados, tendrían dos cartas muy fuertes a jugar. Una es la amenaza de lo que Fernández y Guzmán juzgan como catástrofe: la caída de Argentina en default. La otra es ir con ese diferendo ante Loretta Preska, jueza de Nueva York que en 2018 reemplazó al muerto Griesa.

Así los bonistas privados y organismos financieros internacionales acorralan y ponen en jaque al presidente argentino, quien no piensa patear ese tablero de ajedrez. Su plan es presentar un frente interno lo más unido posible, incluyendo al macrismo, radicales y Carrió, como se vio el miércoles a la hora de los discursos y en los números finales de la pizarra. Esa sumatoria fue consecuencia de negociaciones previas entre Sergio Massa, Máximo Kirchner, Wado de Pedro y otros operadores del gobierno, con los gobernadores de la oposición como Gerardo Morales, Rodolfo Suárez, el jefe de gobierno de CABA Horacio Rodríguez Larreta y los referentes opositores Mario Negri y Alfredo Cornejo, entre otros.

A cada uno lo suyo
Cada parte se llevó su tajada. El gobierno peronista tuvo el voto opositor para exhibir ante el Fondo un respaldo “nacional”.
Los opositores festejaron la creación de una mesa de trabajo para que las provincias negocien con Nación el vencimiento de sus deudas, que buscan demorar hasta 2024. Y también se alegraron con la tercera votación de ese miércoles: el Consenso Federal.

En 2016 Macri había firmado el Pacto Fiscal con los popes del interior que debían bajar los impuestos brutos, al mismo tiempo que caerían sus ingresos por la baja de impuestos como el IVA a los alimentos. Ahora los gobernadores arreglaron con Fernández el Consejo Federal para anular lo pactado con MM. El problema no era esa rebaja puntual del IVA, ya vencida, por lo que los precios de alimentos volvieron a empinarse y proporcionar más plata a las arcas provinciales. El tema era la baja de los Ingresos Brutos. Diputados votó anular aquel compromiso y las provincias volverán a subir esos impuestos; esto no significará mucha abundancia de recursos por lo súper endeudadas que están, en particular algunas como Córdoba, con el 90 por ciento de su rojo en moneda extranjera.

La votación sobre el Consenso Federal fue mayoritaria, pero no tanta como en materia de deuda externa: 157 a favor y 54 en contra.
Entre esos últimos estuvo Carrió que insistió en bajar Ingresos Brutos para favorecer supuestamente a las Pymes. En cambio, fue memorable su discurso llamando a votar “por unanimidad” la negociación y pago de la deuda eterna. Dijo la matrona del ARI-CC: “hay momentos de un país donde todos debemos estar unidos. Como se dijo acá, el presidente está facultado. Nosotros le tenemos que dar una fuerza conjunta al ministro de Economía, que hoy está en Washington”.

Si la abrumadora mayoría de los 116 diputados del interbloque de Cambiemos presidida por Negri, o sea los del PRO, radicales y lilitos, engrosó semejante ley de negociación y pago de la deuda externa, entonces es muy difícil justificar esa norma como nacional o patriótica. Habrá que convenir en que ese sector político mantuvo cierta coherencia, al endeudar al país y ahora favorecer una negociación de lo que consideraron una deuda perfectamente legal. Ellos aplaudieron la “integración al mundo” y los acuerdos con madame Christine Lagarde, que prestó la suma más importante de la historia de la entidad por el supuesto prestigio del gobierno de Macri-Michetti.

En todo caso la incoherencia campea en el peronismo, que denunció en todos los tonos ese endeudamiento y advirtió contra sus consecuencias calamitosas para el país. Los últimos datos conocidos del INDEC confirman esas denuncias, pues entre 2015 y 2019 cerraron 24.505 empresas, sobre todo chicas y medianas. También se supo de la misma fuente oficial que se perdieron 234.0000 empleos en el sector privado, de los que 170.000 fueron en la industria.
Así las cosas, no se debía aceptar negociar y pagar sin chistar ni auditar ni investigar una deuda denunciada política y judicialmente de odiosa e ilegal.

En cambio, el ministro Guzmán prefirió los desayunos con la banquera Susan Segal y 50 miembros del Consejo de las Américas, como Pablo Golberg, del fondo Blackrock; Gerardo “Gerry” Mato, presidente para América Latina de HSBC; Eduardo Eurnekian de Corporación América y representantes de Bank of America y JP Morgan.
Todas las fichas se apuestan a giras presidenciales para estrecharse en abrazos con Benjamin Netanyahu, y ahora con el Papa y las autoridades italianas, alemanas, francesas y españolas, pidiendo auxilio.
Salvo el viaje a Israel, el resto de la diplomacia no es objetable. El problema no son esas escalas europeas sino el destino final del viaje: Washington, FMI y Casa Blanca. Ahí esta vez no aceptarán sonrisas ni palabras. Querrán dólares.

ortizserg@gmail.com

miércoles, 6 de marzo de 2019

La paz en Latinoamérica está en peligro si invaden a Venezuela.



Por Tony López R :
La paz en Latinoamérica y el Caribe está en peligro si invaden a Venezuela. Los últimos pronunciamientos del vice-presidente de Estados Unidos Mike Pence y de John Bolton el asesor de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump son muy graves y provocadores contra el gobierno legítimo y democráticamente elegido del presidente Nicolás Maduro e indican que están decididos a intervenir en la tierra del Libertador.
En una reunión con emigrados y traidores venezolanos residentes en Miami en el condado del Doral y auspiciado por el operador político el senador gringo Marco Rubio, el vicepresidente Pence dijo: “al dictador Maduro el tiempo se le está acabando” y añadió: “el momento no es para el diálogo, sino es momento de acción”.

Mientras que el Asesor Bolton afirmó en una entrevista de radio que “Ayer tuiteé, a Maduro le deseo un retiro largo y tranquilo en una bonita playa lejos de Venezuela. Y cuanto antes aproveche esa oportunidad, más probable será que pueda tener un retiro agradable y tranquilo en una playa bonita en lugar de estar en otra zona playera como la de Guantánamo”. Así mismo y con gran descaro el consejero de seguridad nacional también anunció “su deseo de que entren las empresas estadounidenses en Venezuela para trabajar en el sector petrolífero”. Verdadero objetivo de la intervención.

Mientras  el mercenario Juan Guaidó proclamado Presidente provisional, frente a una raquítica  manifestación de sus seguidores en Caracas ayer 2 de febrero en su desenfrenada carrera desestabilizadora,  llamó a las Fuerzas Armadas abandonar al presidente constitucional Nicolás Maduro y en línea con lo expresado por Pence y Bolton, anunció la llegada de la “ayuda humanitaria” y la consecuente intervención extranjera y precisó que febrero era un mes decisivo para llevar a cabo el proceso de transición, una forma eufemística de llamarle al golpe de Estado en marcha. 

Es interesante los planteamientos guerreristas del títere Guaidó, lo cual indica que sus posiciones se alejan de las que también, ayer 2 de febrero, en una gigantesca concentración del pueblo venezolanos de apoyo al Jefe de Estado y a la Revolución Bolivariana. El presidente Nicolás Maduro, con firmeza y responsabilidad levantó la bandera de la paz, aceptó la propuesta de los gobiernos de México y Uruguay de facilitar el diálogo con la oposición y propuso adelantar las elecciones legislativas, tomando en cuenta que sectores de la oposición y políticos y gobiernos extranjeros lo habían también solicitado. Maduro subrayó que el gobierno bolivariano nunca se ha opuesto a un diálogo serio y constructivo con la oposición.

Esta conducta de Maduro no puede ser interpretada de debilidad, por el contrario, esa posición es la de un estadista responsable que trata de evitar una confrontación y   los miles de muertos de su pueblo que provocaría una intervención militar, realmente es una posición de fortaleza y convencido que una intervención en Venezuela, el pueblo bolivariano saldrá victorioso a un alto costo para todos, pero no derrotado. Una invasión a Venezuela puede dar lugar a que se extienda a otras regiones del continente, por eso Venezuela se puede convertir para el imperialismo en un nuevo Viet Nam.   Estado Unidos no debe subestimar la fuerza de esta Revolución y a este pueblo bolivariano y chavista.
Desde el triunfo de la Revolución Bolivariana, encabezada por el comandante Hugo Rafael Chávez Frías, los gobiernos de Busch y Obama, utilizando diversas formas, incluida la violencia y las sanciones económicas para acabar con el proceso bolivariano les resultó infructuosa.

Un país que fue saqueado por esta misma oposición que es cómplice y parte de la conspiración para derrocar al gobierno de Maduro, gobierno   que ha llevado al país a eliminar las desigualdades, a declarar a Venezuela un país libre de analfabetismo y dar oportunidades a los sectores excluidos y pobres, que sus hijos puedan estudiar gratuitamente y lograr los sueños de tener una carrera universitaria.  Los serios problemas de vivienda fueron enfrentados y se han entregado 2 millones 300 mil viviendas a las familias venezolanas; ha llevado el sistema de salud a todo el pueblo. En fin garantizar un sistema social incluyente para todos los venezolanos y que la política de la opositora MUD y las sanciones y planes desestabilizadores de Estados Unidos lo han obstaculizado.

Una Revolución con un gobierno que ha sido solidario con los países hermanos de Latinoamérica y el Caribe, de África y con el pueblo pobre de Estados Unidos, a los cuales les llevó la calefacción a los lugares donde su gobierno asentado en la Casa Blanca nunca se preocupó por ellos. Y es precisamente esa política solidaria la que quiere eliminar Washington porque es un mal ejemplo.
Es por ese ejemplo de Venezuela, la razón por la cual no es posible para Estados Unidos admitir la Revolución Bolivariana, solidaria y decidida a buscar la integración de nuestra América Latina y Caribeña, por tal razón y a pesar de los llamados a la paz del presidente Maduro y las propuestas de diálogo con la oposición, los pasos emprendidos por el mercenario Juan Guaidó nos indican que la intervención militar está en marcha.

Sí Guaidó no estuviera convencido de recibir el respaldo de Estados Unidos y esa llamada ayuda humanitaria y militar como anunció ayer, no estuviera  actuando como lo hace hoy, sabiendo que esa ayuda tendrá que entrar a Venezuela con la protección de fuerzas militares gringas o de Colombia, o de la OTAN, no olvidar que Colombia puede actuar en nombre de esa criminal organización  guerrerista europea, a la cual ingresó durante el gobierno de Juan Manuel Santos, cuyo odio visceral al gobierno bolivariano de Venezuela, lo acompaña por su firme condición  santanderista, desde que ejercía el periodismo en el diario El Tiempo.

¿Acaso Estados Unidos estará planeando usar el esquema europeo de intervención militar como lo hizo en Libia, utilizando a Francia y la Gran Bretaña como fuerza de ataque y ocupación? ¿A Colombia para intervenir en el país vecino? No cabe duda, de dar un paso como este, se demostraría que la conspiración contra Venezuela y la intervención militar está decidida.
Según la agencia de noticias AP y otras agencias noticiosas estadounidenses, señalan que Guaidó desde hace unos meses atrás venía reuniéndose con altos funcionarios del gobierno de Trump, como tampoco es un secreto que altos dirigentes de los gobiernos colombianos de Uribe, Santos y Duque, desde hace años atrás han venido formando parte de esta conspiración y manteniendo permanente contacto con la terrorista oposición venezolana.

Por otro lado debe tomarse en cuenta que el gobierno de Trump ha decidido nombrar a Elliott Abrams como enviado especial para Venezuela, un señor de la guerra, que participó activamente en el conflicto armado  contra Nicaragua, que cometió graves delitos junto al coronel Oliver North al participar en el escándalo  del Irán- Contra,  es público y verificado que usaron al Cartel de Medellín para introducir cocaína a Estados Unidos y financiar y armar la guerra contra Nicaragua desde Honduras y  que ahora en el caso venezolano utilizan a Colombia con igual propósito. Participó en el fallido golpe de estado contra el presidente Chávez en abril del 2002. Abrams es un hombre sumamente peligroso y complicado en otras acciones contra los pueblos de Afganistán, Irak y Siria.

Debe tomarse en cuenta, como anuncie en mi anterior artículo, que  una delegación de altos mandos del Comando Sur de Estados Unidos, se encuentra en Colombia, revisando la situación fronteriza con Venezuela. Así como  tener presente que desde  el año 2003 y durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, el Comando Sur se asentó y participó activamente en el Plan Patriota y la Operación  Consolidación  dirigida por el general colombiano Reynaldo Castellano, contra la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), por cierto donde murieron decenas y decenas de campesinos pobres, ancianos, mujeres y niños, víctimas de los bombardeos a que eran sometido en los Llanos del Yary  y en los campos del Caquetá y el Meta, de esas criminales incursiones sobre las cuales nunca se han pronunciados los medios de prensa colombianos.

Los pueblos latinoamericanos y caribeños deben tomar en cuenta que esta agresión a Venezuela, es también contra ellos y denunciar a los gobiernos de Estados Unidos y a los países que forman el llamado e ilegitimo Grupo de Lima, cuya participación en una reunión de la OEA convocada por el empleado del gobierno de Estado Unidos, Luis Almagro para mañana 4 de  febrero, procurará el respaldo a esa intervención militar, coincide está reunión  con la fecha que el comandante Hugo Rafael Chávez Frías produjo hace 27años el alzamiento militar contra esa misma  oligarquía oposicionista que pide hoy   la intervención militar de Estados Unidos en su país.

Por cierto esos representantes de los pueblos Latinoamericanos y Caribeños deben tener presente, que los que se pronuncien a favor de esa planeada y decidida intervención que Estados Unidos ha organizado y dirigido, mañana pueden ser víctimas de esa misma política imperial y medir las consecuencias que tendrán que enfrentar frente a sus pueblos. Con la sólida unidad cívico-militar, su Comandante en Jefe el presidente Nicolás Maduro y esas gloriosas fuerzas armadas bolivarianas y las milicias chavistas, Venezuela y su pueblo vencerán. 

(*) Periodista, politólogo y analista internacional.
jorgarcia726@gmail.com

martes, 22 de agosto de 2017

De la Rundización a la cubanización venezolana

Por Homar Garcés:

Resulta absolutamente reprobable y lamentable confirmar que el odio inculcado por la dirigencia ultraderechista durante todos estos últimos años en Venezuela se exprese en agresiones irracionales (físicas, psicológicas y verbales) de sus respectivos seguidores hacia la población en general, incluyendo a vecinos y familiares, en un escenario de creciente conflictividad que afecta, en un amplio sentido, la estabilidad del país. Contribuyendo a acentuar dicho contexto, The New York Times publicó en semanas recientes: «Las detenciones arbitrarias por motivos políticos son una constante en Venezuela, país que vive una de las peores crisis de derechos humanos de la región».



Una persona medianamente inteligente y con criterio propio se preguntaría: ¿Detenciones arbitrarias? ¿No son castigables los delitos de violencia terrorista, la destrucción de bienes públicos, las agresiones a funcionarios militares y policiales, la instigación a un golpe de Estado, la invocación de una intervención armada de una potencia extranjera y el asesinato deliberado de personas con propósitos políticos? ¿Son delitos lícitos y permitidos en el territorio de Estados Unidos y Europa sin actuación alguna de sus respectivos gobiernos? Por último, ¿a qué conduce esta campaña de desinformación abierta contra el gobierno venezolano?

Donald Trump admitió sin eufemismo alguno su intención de ordenar una invasión militar al territorio de Venezuela para desalojar del poder al chavismo. Algo que, indudablemente, tendrá sus repercusiones altamente negativas en toda la región, si se diera, creando una situación similar a la producida durante la guerra de Vietnam; afectando al conjunto de naciones que, de una u otra forma, tienen graves problemas sociales y económicos por remediar, ensanchándose la conflictividad interna en cada una de ellas. Quizás esta eventualidad motivó una reacción en cadena de varios gobiernos del continente, incluyendo a aquellos que han manifestado una declarada hostilidad hacia el de Venezuela, lo cual ha servido para resaltar el carácter neoimperialista y neocolonialista del régimen actual gringo.

Todo lo anterior sería el epilogo de una estrategia largamente diseñada, financiada y ejecutada, pero cuyos frutos no han sido los apetecidos por los grupos de la derecha local y su mentor, el imperialismo yanqui, no tanto por los aciertos de la dirigencia chavista sino, más bien, por el nivel de conciencia adquirido por los sectores populares que los ha inducido a mantener una resistencia hasta ahora pasiva, en vista de los continuos ataques racistas y clasistas propiciados por los opositores extremistas. Como ya se vio en los meses precedentes, se pretendió envolver al país en unas circunstancias semejantes a las padecidas durante el genocidio de Ruanda en 1994, devolviéndose golpe por golpe, en una guerra fratricida, cuyo final sería difícil de profetizar. Ahora que se realizara la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, pareciera disipado este eventual panorama. Sin embargo, la intransigencia de Trump ha devuelto al chavismo a la realidad, una que podría repetir la amarga experiencia padecida por más de cincuenta años por el pueblo de Cuba, con reducción de insumos diversos que, eventualmente, causarían más penurias a la población venezolana, avasallada como está por el desabastecimiento y la especulación desbocados de todo tipo de productos, especialmente alimenticios.

Más allá del aspecto ideológico, el imperialismo gringo -al plantearse eliminar al chavismo y, junto con él, toda perspectiva de índole revolucionaria en Venezuela- busca recuperar, de manera definitiva y sin barreras, su habitual hegemonía en nuestra Abya Yala. Por ello, se propone sitiar a sus habitantes con una intención muy clara: destruir -a gran escala, como lo logró en otros países- los diferentes avances obtenidos en materia política, cultural, económica y social, de manera que se resignen a cumplir el dócil papel de masa trabajadora y consumidora que incremente las arcas de sus explotadores capitalistas; sin mayor aspiración que la de poder sobrevivir.-           


mandingarebelde@gmail.com