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martes, 20 de junio de 2017

Declaración del Gobierno Revolucionario de Cuba


El 16 de junio de 2017, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en un discurso cargado de una retórica hostil, que rememoró los tiempos de la confrontación abierta con nuestro país, pronunciado en un teatro de Miami, anunció la política de su gobierno hacia Cuba que revierte avances alcanzados en los dos últimos años, después que el 17 de diciembre de 2014 los presidentes Raúl Castro Ruz y Barack Obama dieran a conocer la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas e iniciar un proceso hacia la normalización de los vínculos bilaterales.


En lo que constituye un retroceso en las relaciones entre los dos países, Trump pronunció un discurso y firmó en el propio acto una directiva de política denominada “Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba” disponiendo la eliminación de los intercambios educacionales “pueblo a pueblo” a título individual y una mayor fiscalización de los viajeros estadounidenses a Cuba, así como la prohibición de las transacciones económicas, comerciales y financieras de compañías norteamericanas con empresas cubanas vinculadas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias y los servicios de inteligencia y seguridad, todo ello con el pretendido objetivo de privarnos de ingresos. El mandatario estadounidense justificó esta política con supuestas preocupaciones sobre la situación de los derechos humanos en Cuba y la necesidad de aplicar rigurosamente las leyes del bloqueo, condicionando su levantamiento, así como cualquier mejoría en las relaciones bilaterales, a que nuestro país realice cambios inherentes a su ordenamiento constitucional.

Trump derogó asimismo la Directiva Presidencial de Política “Normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba”, emitida por el presidente Obama el 14 de octubre de 2016, la cual aunque no ocultaba el carácter injerencista de la política estadounidense, ni el objetivo de hacer avanzar sus intereses en la consecución de cambios en el orden económico, político y social de nuestro país, había reconocido la independencia, la soberanía y la autodeterminación de Cuba y al gobierno cubano como un interlocutor legítimo e igual, así como los beneficios que reportaría a ambos países y pueblos una relación de convivencia civilizada dentro de las grandes diferencias que existen entre los dos gobiernos. También admitía que el bloqueo era una política obsoleta y que debía ser eliminado.

Nuevamente el Gobierno de los Estados Unidos recurre a métodos coercitivos del pasado, al adoptar medidas de recrudecimiento del bloqueo, en vigor desde febrero de 1962, que no solo provoca daños y privaciones al pueblo cubano y constituye un innegable obstáculo al desarrollo de nuestra economía, sino que afecta también la soberanía y los intereses de otros países, concitando el rechazo internacional.
Las medidas anunciadas imponen trabas adicionales a las muy restringidas oportunidades que el sector empresarial estadounidense tenía para comerciar e invertir en Cuba.

A su vez, restringen aún más el derecho de los ciudadanos estadounidenses de visitar nuestro país, ya limitado por la obligación de usar licencias discriminatorias, en momentos en que el Congreso de los Estados Unidos, como reflejo del sentir de amplios sectores de esa sociedad, reclama no solo que se ponga fin a la prohibición de viajar, sino también que se eliminen las restricciones al comercio con Cuba.
Los anuncios del presidente Trump contradicen el apoyo mayoritario de la opinión pública estadounidense, incluyendo el de la emigración cubana en ese país, al levantamiento total del bloqueo y a las relaciones normales entre Cuba y los Estados Unidos.

En su lugar, el Presidente estadounidense, otra vez mal asesorado, toma decisiones que favorecen los intereses políticos de una minoría extremista de origen cubano del estado de Florida, que por motivaciones mezquinas no desiste de su pretensión de castigar a Cuba y a su pueblo, por ejercer el derecho legítimo y soberano de ser libre y haber tomado las riendas de su propio destino.

Posteriormente haremos un análisis más profundo del alcance y las implicaciones de este anuncio.
El Gobierno de Cuba denuncia las nuevas medidas de endurecimiento del bloqueo, que están destinadas a fracasar como se ha demostrado repetidamente en el pasado, y que no lograrán su propósito de debilitar a la Revolución ni doblegar al pueblo cubano, cuya resistencia a las agresiones de cualquier tipo y origen ha sido probada a lo largo de casi seis décadas.

El Gobierno de Cuba rechaza la manipulación con fines políticos y el doble rasero en el tratamiento del tema de los derechos humanos. El pueblo cubano disfruta de derechos y libertades fundamentales, y exhibe logros de los que se siente orgulloso y que son una quimera para muchos países del mundo, incluyendo a los propios Estados Unidos, como el derecho a la salud, la educación, la seguridad social, el salario igual por trabajo igual, los derechos de los niños, y el derecho a la alimentación, la paz y al desarrollo. Con sus modestos recursos, Cuba ha contribuido también a la mejoría de los derechos humanos en muchos lugares del mundo, a pesar de las limitaciones que le impone su condición de país bloqueado.

Los Estados Unidos no están en condiciones de darnos lecciones. Tenemos serias preocupaciones por el respeto y las garantías de los derechos humanos en ese país, donde hay numerosos casos de asesinatos, brutalidad y abusos policiales, en particular contra la población afroamericana; se viola el derecho a la vida como resultado de las muertes por armas de fuego; se explota el trabajo infantil y existen graves manifestaciones de discriminación racial; se amenaza con imponer más restricciones a los servicios de salud, que dejarían a 23 millones de personas sin seguro médico; existe la desigualdad salarial entre hombres y mujeres; se margina a emigrantes y refugiados, en particular los procedentes de países islámicos; se pretende levantar muros que denigran a vecinos; y se abandonan los compromisos internacionales para preservar el medio ambiente y enfrentar el cambio climático.

Asimismo, son motivo de preocupación las violaciones de los derechos humanos cometidas por los Estados Unidos en otros países, como las detenciones arbitrarias de decenas de presos en el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de Guantánamo en Cuba, donde incluso se ha torturado; las ejecuciones extrajudiciales y las muertes de civiles causadas por bombas y el empleo de drones; y las guerras desatadas contra diversos países como Irak, sustentadas en mentiras sobre la posesión de armas de exterminio masivo, con consecuencias nefastas para la paz, la seguridad y la estabilidad de la región del Medio Oriente.

Recordamos que Cuba es Estado Parte de 44 instrumentos internacionales sobre los derechos humanos, mientras que los Estados Unidos lo es solo de 18, por lo que tenemos mucho que mostrar, opinar, y defender.

Al confirmar la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas, Cuba y los Estados Unidos ratificaron la intención de desarrollar vínculos respetuosos y de cooperación entre ambos pueblos y gobiernos, basados en los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. En su Declaración, emitida el 1 de julio de 2015, el Gobierno Revolucionario de Cuba reafirmó que “estas relaciones deberán cimentarse en el respeto absoluto a nuestra independencia y soberanía; el derecho inalienable de todo Estado a elegir el sistema político, económico, social y cultural, sin injerencia de ninguna forma; y la igualdad soberana y la reciprocidad, que constituyen principios irrenunciables del Derecho Internacional”, tal como refrendó la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en su II Cumbre, en La Habana. Cuba no ha renunciado a estos principios ni renunciará jamás.

El Gobierno de Cuba reitera su voluntad de continuar el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés mutuo, así como la negociación de los asuntos bilaterales pendientes con el Gobierno de los Estados Unidos. En los dos últimos años se ha demostrado que los dos países, como ha expresado reiteradamente el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, pueden cooperar y convivir civilizadamente, respetando las diferencias y promoviendo todo aquello que beneficie a ambas naciones y pueblos, pero no debe esperarse que para ello Cuba realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia, ni acepte condicionamientos de ninguna índole.

Cualquier estrategia dirigida a cambiar el sistema político, económico y social en Cuba, ya sea la que pretenda lograrlo a través de presiones e imposiciones, o empleando métodos más sutiles, estará condenada al fracaso.

Los cambios que sean necesarios en Cuba, como los realizados desde 1959 y los que estamos acometiendo ahora como parte del proceso de actualización de nuestro modelo económico y social, los seguirá decidiendo soberanamente el pueblo cubano.

Como hemos hecho desde el triunfo del 1ro. De enero de 1959, asumiremos cualquier riesgo y continuaremos firmes y seguros en la construcción de una nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible.
La Habana, 16 de junio de 2017

solidaridad.cuba@gmail.com

miércoles, 3 de mayo de 2017

Erdogan: el hombre-bomba

Por Leandro Albani

 Un ataque planificado. Eso ocurrió en la madrugada de este martes cuando los aviones cazas de las Fuerzas Armadas turcas bombardearon el norte de Siria -incluida la zona de Shahba que recibió fuego de artillería-, y la región de Shengal y las montañas de Qandil -en el Kurdistán iraquí-. En medio de los bombardeos, nuevamente surgen preguntas sobre las razones del constante asedio militar del gobierno de Recep Tayyip Erdogan contra las poblaciones kurdas. También se acrecientan los interrogantes sobre el rol de las principales potencias (Rusia y Estados Unidos) implicadas en el conflicto sirio, teniendo en cuenta que ambos países respaldan militarmente a las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), que forman parte de la Federación del Norte de Siria.


Apuntar algunas hipótesis y hechos recientes pueden despejar dudas sobre una situación que, por más que parezca profundamente compleja, se enmarca en la pretensión hegemónica del Estado turco, a lo que se suma su negación, desde la concepción de la República en 1923, de otros pueblos y nacionalidades que habitan dentro y fuera de sus fronteras.

Luego del triunfo del “Sí” en el referéndum que permite modificar la Constitución de Turquía, Erdogan reforzó su política de represión interna y conquista externa (en este caso hacia el norte de Siria). Aunque el propio gobierno turco reconoció que el triunfo no fue por la diferencia esperada (apenas un poco más de 1 por ciento), Erdogan y su partido, AKP, redobló la idea-fuerza de auto-declararse con derechos a intervenir en Siria e Irak.

Otra consecuencia del referéndum es que, pese a que el “No” fue derrotado, tanto el pueblo kurdo del sudeste de Turquía como sectores de la izquierda y el progresismo turco (y hasta espacios de derecha al interior de los partidos clásicos MHP y CHP), hicieron sonar con fuerza sus voces y críticas a una reforma que, consideran, destruiría las últimas estructuras en pie de la República turca. La militancia del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), que reúne a kurdos y a otras nacionalidades, demostró durante la campaña por el “No” que mantiene una fuerza social difícil de quebrar, pese a los centenares de arrestos, asesinatos a sangre fría, prohibiciones y, en los casos más extremos, la destrucción por parte del Ejército turco de ciudades enteras, como fue el caso de Nusaybin.

¿Por qué el Estado turco bombardea, de forma planificada, el norte de Siria? Erdogan y sus ministros han dejado en claro hace bastante tiempo que, de ninguna manera, aceptan el proceso político y social que se desarrolla en esa zona fronteriza con Turquía. Para la ideología islamo-derechista del AKP es inaceptable que un conjunto de pueblos construyan una sociedad inclusiva, donde se respeten las diferentes religiones, en la cual las mujeres son la vanguardia del cambio, la organización social a través de comunas suplante al Estado-nación y la economía (pese a la destrucción de la guerra) se intente articular en cooperativas. El gobierno de Erdogan sabe que esa experiencia del norte de Siria se encuentra latente en el sudeste de Turquía, donde la mayoría kurda viene experimentando, aunque la represión estatal crece día a día, cambios estructurales, sociales y de conciencia similares.

¿Por qué Turquía también bombardea Shengal? Al igual que en el norte de Siria, en la región de Shengal, de mayoría kurdo-yezidí, los pobladores declararon su autonomía, instituyeron sus fuerzas de autodefensa (YBS/YJS) y abrazaron la construcción de una sociedad democrática. Erdogan, aliado indiscutido de Masud Barzani (presidente “vitalicio” del Kurdistán iraquí y líder del Partido Democrático de Kurdistán –PDK-), sabe que los logros alcanzados por los yezidíes contradicen un plan que siempre se encuentra latente: declarar la independencia del Kurdistán iraquí, instituirlo como Estado-nación, y sellar todavía más la alianza entre el AKP y el PDK, sumado que en ese territorio se encuentran las principales reservas de petróleo que posee Irak. Por esta razón, si en un principio los ataques contra los yezidíes fueron perpetrados por el Estado Islámico (ISIS o Daesh), en marzo pasado las agresiones estuvieron encabezadas por los Peshmergas (las fuerzas militares de Barzani) y ahora, en forma abierta y clara, por la aviación turca.

Lo ocurrido en Shengal tuvo, hasta ahora, una respuesta y una revelación. Por un lado, las YBS/YJS emitieron un comunicado en el que afirmaron que “utilizarán su derecho a la defensa frente a los ataques”. “Todos estos ataques son una continuación del genocidio del Estado turco en alianza con el ISIS perpetrados en Shengal el 3 de agosto de 2014”, recordaron las YBS/YJS. Por otro lado, la agencia de noticias ANF confirmó que las coordenadas para que la aviación turca bombardeara Shengal fueron enviadas por el PDK y los Peshmergas. Durante el ataque, cinco peshmergas fueron ultimados, pero el partido de Barzani calificó este hecho como “un error” en medio de los bombardeos. Y como si fuera poco, el PDK acusó al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) por generar una situación que permitió los ataques. Sobre este tema viene bien una posdata: YNK, Goran, la Unión Islámica y el Movimiento Islámico, todos partidos del Kurdistán iraquí, emitieron un comunicado donde repudiaron los bombardeos y responsabilizaron a Turquía por lo ocurrido. Además, criticaron al PDK porque la organización de Barzani había legitimado los ataques.

-El factor ISIS: sin dudas, una de las principales razones de los ataques turcos tienen que ver con el retroceso en el terreno que viene sufriendo la organización terrorista dirigida por Abu Bakr Al Baghdadi. Y el Estado turco, por si todavía alguien no lo sabe, es el principal aliado de Daesh junto a Arabia Saudí. Las pruebas sobre la ayuda turca a ISIS es variada y muchas de esas evidencias fueron presentadas en Naciones Unidas. El Estado Islámico se encuentra a punto de perder su capital, Al Raqqa, en el norte de Siria, y apenas resiste en Mosul, la segunda ciudad en importancia de Irak y con cuantiosas reservas de crudo. No sería extraño que 2017 fuera el año de la completa derrota militar de Daesh. Esto no quiere decir que deje de existir, porque el peligro más grande de este grupo es su ideología, basada en el wahabismo, la corriente más conservadora y retrógrada dentro del Islam sunita. En un comunicado difundido este martes, la Unión de Comunidades del Kurdistán (KNK) denunció que “el Estado turco tiene como objetivo prevenir la operación (hacia) Al Raqqa” que encabezan las FDS y “aliviar la presión sobre ISIS”. “No es casualidad que este ataque se produjera después de que el ministro de Defensa turco dijo que impedirán el funcionamiento de las FDS en Al Raqqa”, advirtieron desde el KCK. A su vez, desde la organización explicaron que Turquía busca “evitar una derrota de ISIS en Al Raqqa y el norte de Siria, y que toda esa región pase a estar controlada por las fuerzas socialistas democráticas”. Por su parte, el diputado del HDP, Lezgin Botan, sintetizó una verdad voces: la “coalición del AKP con Daesh ahora está fuera de toda duda”, escribió en su cuenta Twitter. Y agregó que Turquía ataca a los kurdos “para rescatar aDaesh, que está en una situación difícil en Al Raqqa”.

¿Qué dicen Rusia y Estados Unidos sobre el múltiple ataque turco? Hasta ahora, poco y nada. Tanto Moscú como Washington tienen en claro el poder regional que ejerce Turquía (su Ejército es el segundo en importancia dentro de la OTAN). Ambos países vienen pujando para que el gobierno de Ankara les responda. Desde Rusia, después de superar crisis y restablecer relaciones, intentan que Erdogan detenga su injerencia en Siria y, con esa posibilidad, estabilizar a un país aliado de Moscú para su política exterior. Desde la Casa Blanca no quieren que Turquía se escape de su órbita porque, más allá de las rispideces con el gobierno de Barack Obama, Ankara es un socio fundamental, al mismo nivel que Arabia Saudí. El alerta sobre el silencio de las potencias fue dado desde el Kurdistán sirio. Salih Muslim, co-presidente del Partido de la Unión Democrática (PYD), afirmó que “sin que la Coalición (encabezada por Washington) lo aprobara, Turquía no habría lanzado esta operación, sus aviones no habrían despegado en la región”. Al mismo tiempo, desde las fuerzas de autodefensa kurdas demandaron a la Coalición que intervenga para detener los ataques turcos y que sólo con declaraciones no alcanza.

El portavoz de las YPG, Redur Xalil, que visitó el lugar de los ataques acompañado de un oficial estadounidense, afirmó que “las YPG no permanecerán en silencio frente a este ataque y por lo tanto, se reservan el derecho a defenderse y vengar a sus mártires”. Xalil también aseveró que la Coalición “tiene una enorme responsabilidad y debe asumir su deber de proteger esta zona ya que somos compañeros en la lucha contra el Estado Islámico”. Mark Toner, portavoz el Departamento de Estado, expresó que el gobierno de Donald Trump estaba “preocupado” por los bombardeos y que Turquía no había coordinado el ataque con la Coalición. El funcionario de la Casa Blanca dijo que “entendía” que para Turquía el PKK era “una amenaza”, pero que esa “lucha” contra la guerrilla, que tiene sus bases en Qandil, no podía “ser en detrimento de nuestro combate común a los terroristas que nos amenazan a todos”. Siguiendo el modelo Obama, la administración Trump busca hacer equilibrio entre todos los factores en disputa, aunque históricamente en los momentos de definiciones profundas, la balanza de Washington se incline hacia la derecha.

Aunque los hechos sean muy recientes y todavía sea apresurado apuntar qué sucederá en el futuro, podemos encontrar, al menos, tres conclusiones que ya se observan.

1- El proceso político y social en el Kurdistán sirio y en Shengal tiene una base sólida, tanto en lo humano como en lo militar, y será muy difícil para el Estado turco derrotar esas experiencias que, además de contar con una profunda solidaridad internacional, muestra la disposición concreta de los pueblos que habitan esas tierras para defender sus vidas, derechos y decisiones.

2- Frente a esto, Erdogan acrecienta minuto a minuto sus políticas represivas internas y externas. Si las potencias mundiales o Naciones Unidos no intervienen con celeridad y fuertes medidas contra la administración de Ankara, el gobierno turco seguirá ignorando los reclamos y críticas y profundizará un modelo de exterminio no sólo hacia los kurdos sino contra los pueblos de Medio Oriente.

3- Aunque lo sucedido en el norte de Siria y en Shengal parezcan hechos lejanos, que no tienen conexión con las problemáticas de América Latina, no lo son. La derecha, en todas sus variantes, acecha países de ambos lados del océano Atlántico. Un fuerte lazo solidario entre las luchas por la libertad, la democracia directa y por un cambio social que haga tambalear las estructuras construidas en más de doscientos años de capitalismo, se convierten, en estos días de urgencias, en una herramienta que la misma historia ha demostrado su eficacia.
leandroalbani@gmail.com