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sábado, 7 de marzo de 2020

Si Morena no estuviera a punto de morir, abandonado, saldría a la calle a disputarle a la derecha



Por Pedro Echeverría V.:
 1. Las mujeres en México, sobre todo las jóvenes de negro con pasa montañas, están poniendo en jaque a los López obradoristas. Desafortunadamente sus batallas combativas no son anticapitalistas por ello hasta mujeres derechistas, clericales, conservadoras, panistas, han logrado penetrar sus manifestaciones buscando crear condiciones para debilitar el gobierno de López Obrador. Los hombres jóvenes más valiosos deberían participar junto a ellas con demandas más avanzadas, aquellas que contribuyan a acabar con todo tipo de explotación, opresión, racismo y desigualdad.  Las demandas deben abrirse para abarcar todo el contexto capitalista; si por el contrario se cierran a cuestiones muy concretas se aislarán los trabajadores y se beneficiarán a los opresores.



2. No debería importar que el presidente López Obrador –por miedo terrorífico a la derecha y al clero- no haya sido claro al apoyar la batalla por el feminismo, el aborto y contra los asesinatos de mujeres (y hombres). En muchas ocasiones no es el presidente quien debe analizar y discutir cada uno de los gruesos problemas; le bastaría fijar el rumbo con unas cuantas palabras. Las grandes polémicas (que es obligado que existan para orientar al pueblo) las deberían sostener los líderes de los partidos, en este caso, Morena. Yo he visto a polemistas brillantes –tengan o no razón- como Felipe González, Rafael Correa, Pablo Iglesias, Julio Anguita, que, siendo gobierno, han sabido defender con pasión sus posiciones políticas. Pero quienes lo pueden hacer con comodidad y mayor libertad son los líderes de los partidos.

3. La izquierda, por su apoyo incondicional a los explotados, a los oprimidos, al pueblo, ha tenido siempre la enorme ventaja en argumentos y razón; la derecha, que sólo puede defender a los grandes empresarios, los negocios capitalistas y a los gobiernos dictatoriales de derecha, sólo puede recibir apoyo en monetario. Por ello, en este caso del feminismo y otros, si reviviera Morena, le bastaba comisionar a sus diputados y senadores para entrevistarse con los núcleos de mujeres en rebeldía, explicar cómo la derecha históricamente ha sido conservadora, poseedora de una ideología clerical-empresarial, defensora del machismo, golpeadora de mujeres, castigadora de niños, así como no tendría cabida en sus filas.

4. Después de ver el apoyo de López Obrador en dos gigantescas asambleas de trabajadores: la presidida por Haces Barba y la de la CTM, con dirigentes muy desprestigiados que al parecer sólo cambiarán de camiseta, me puse muy preocupado atando cabos para comprender lo que sería adelante el movimiento obrero. La realidad es que en México la CTM dominó el liderazgo desde 1936 con cerca de tres millones de asociados. Junto a otras organizaciones de 100 mil a 200 mil. Fidel Velázquez fue su líder desde que con Lombardo Toledano fundo la organización en 1936 hasta su muerte en 1997. Fue tan poderoso que cada sexenio y el líder campesino en turno, intervenían en la selección del candidato del PRI y seguro presidente de la República del PRI.

5. Morena, el mayor partido hoy en México, con alrededor de dos millones de afiliados, está casi muerto por abandono.  Se piensa incluso que esto es “a propósito”, para dejar a López Obrador para que actúe con plena libertad ante sus difíciles relaciones con los empresarios, la derecha y el imperialismo yanqui asesino. La total unidad de los seguidores de AMLO –sus 33 millones de votantes- para poner en prisión a los expresidentes y demás corruptos, para obligar al INE, a jueces y miles de funcionarios a bajarse el salario, a desaparecer el outsourcing que despoja salarios y derechos a los trabajadores. La realidad es que yo no he descartado un “Golpe de Estado” porque son muy poderosos los intereses que se mueven en este país de más de 130 millones de habitantes y más de 2000 multimillonarios inmensamente ricos.

6. La realidad es que Morena, lo único que ha necesitado, es que le den permiso por AMLO para movilizarse a partir de un gran equipo con experiencia que existe en el DF y en todos los estados de la República. De ninguna manera se trata de hacer mítines en cada lugar como AMLO lo ha hecho 18 años. Hay que buscar a los 20 o 30 más valiosos (de preferencia limpios políticos sin mancha, que no tengan cola que les pisen) en cada estado para que ellos se encarguen de organizar círculos de análisis y discusión. Ningún dirigente puede estar debajo de los muy conocidos corruptos del PRI y PAN que en otros años formaron gobierno con ellos. (1/III/20).
alterar26@gmail.com

sábado, 25 de noviembre de 2017

Reflexiones desde lejos sobre las elecciones en Chile.

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Me resulta difícil emitir una opinión determinante sobre las recientes elecciones en Chile, mucho menos pensar, en este momento, -tras solo cinco días después de realizados los comicios- en qué es lo más correcto hacer en la segunda vuelta. Mi doble condición de chileno y venezolano que vive en Venezuela hace que esa definición sea más complicada.



Con sorpresa he constatado que los amigos en Chile a quienes he consultado no tienen una opinión unánime al respecto. Siempre recuerdo una conversación con el Comandante Fidel Castro en los años finales de la dictadura, cuando nos dijo a mí y otros dos compañeros con quienes conversaba que para él, por supuesto, lo más deseable era una salida revolucionaria para terminar con la dictadura, pero que a eso se anteponía evitarle mayores sufrimientos al pueblo chileno y, que en esa medida cualquier camino que significara el fin de la dictadura, era bueno. Hoy, podría decirse, -como lo hacen muchas personas sanas y alejadas de las triquiñuelas de la política- que cualquier cosa es mejor que el retorno de Piñera a la presidencia.

He leído muchos artículos tanto periodísticos, como de opinión, que durante estos días debaten acerca del futuro que le depara al país tras las elecciones del 17 de diciembre y me ha impresionado la diversidad de matices con que se analiza la realidad del Chile de hoy: es una señal de que algo se está moviendo, sin embargo, hay una realidad incontrovertible: la mayoría de los chilenos sigue sin interesarse en participar de un sistema electoral inserto en un régimen político del que no se sienten parte, dada las características de apropiación mafiosa que han hecho de él los partidos políticos y la mayoría de dirigentes que como se dice en el argot popular “se pagan y se dan el vuelto”. En Chile, el presidente de la república seguirá siendo elegido por un máximo de 23% de los electores, lo cual hará de él un mandatario legal, pero ilegitimo, como en muchos países del mundo que viven la crisis del modelo de democracia representativa, en el que ya no importa ser mayoría, tampoco ser ladrón, violador de derechos humanos, asesino, golpista, subordinarse vergonzosamente ante una potencia imperial y/o negociador de la soberanía, solo para acordarse de ella por mezquinos intereses electoreros y de falso nacionalismo.

Partiendo de esa lógica, de la cual por cierto, formo parte, vi con muy buenos ojos y con cierta alegría el nacimiento del Frente Amplio. Tal vez, sea de perogrullo, pero desde 2007 vengo diciendo que cuando alguien en Chile, logre interpretar el sentimiento popular, el abstencionismo habrá desaparecido y se constituirá una potente fuerza que dé al traste con el sistema de post dictadura en el que dos fuerzas: una heredera del régimen cívico-militar y otra, domesticada por él y que juntos son la minoría del país, conduzcan los destinos de esa mayoría pasiva que permanece al margen.  Pensé sinceramente que el Frente Amplio sería ese referente popular, que hasta ahora solo había tenido impacto a través de las luchas sectoriales de los estudiantes y los mapuche, entre otras y locales como las de Aysén, Punta Arenas y Calama, pero que solo han logrado una convocatoria realmente amplia a través de la organización por “No +AFP”, verdadera plataforma que ha interpretado, convocado y movilizado a la mayor cantidad de chilenos tras un objetivo transversal. A la exaltación inicial como chileno, que incluso me llevó a tratar de organizar a los compatriotas que viven en esta país y que al igual que yo, nos sentimos entusiasmados por el nuevo proyecto, sobrevino mi rechazo como venezolano, en momentos en que la virtual candidata presidencial y los dos líderes del Frente Amplio apoyaron a los terroristas que yo tenía en la esquina de mi casa durante meses, los mismos que reivindicaban la quema de personas, que atacaban instituciones públicas como escuelas y hospitales, extorsionaban ciudadanos, actuando bajo el influjo de las drogas y en alianza con delincuentes comunes, a los que en Chile se llamaban luchadores por la democracia e intentaban destituir por la fuerza al gobierno democráticamente elegido, de la misma manera como lo hicieron con Salvador Allende. En lo personal, me vi obligado a que mi esposa y mi hijo se fueran al exterior del país por dos meses hasta que volvió la calma. Terminó primando esto último y, al final no me inscribí ni voté.

Sé que a nadie le importa mi historia personal y que no se puede votar en Chile, pensando en lo que pasa en Venezuela, pero tengo mis dudas que siendo Piñera, expresión de lo más retrogrado de la sociedad chilena, en términos del modelo sea distinto de Guillier.  Creo que ninguno de los dos hará cambios sustanciales, ya no revolucionarios, tampoco aquellos que hagan que la sociedad chilena sea un poco más justa, más equitativa y que el delito de “cuello blanco” comience a ser combatido, para dignificar la política, tan desprestigiada hoy, cuando hasta algunos familiares de la presidenta están acusados de estar incursos en actos de corrupción y una gran cantidad de políticos tanto vinculados al gobierno como a la oposición están en sus cargos, después de ser financiados por el yerno del dictador.  Eso además de ser ilegal, no es ético

Para nadie es un secreto que la decisión final sobre el resultado electoral del 17 de diciembre está en manos de ese más de 20% que obtuvo el Frente Amplio en la primera vuelta. Imagino las dudas que puedan estar rondando en la cabeza de la mayoría de ellos: si pensar con criterio coyuntural e impedir que Sebastián Piñera llegue al gobierno, dando su voto a Guillier o, actuando con criterio de largo plazo, utilizar su buena representación parlamentaria y la alcaldía de Valparaíso, como base para comenzar de una buena vez  a construir política de forma distinta a la tradicional, actuando con honestidad y apego a la ley, dando un ejemplo a la ciudadanía de que si se puede construir de una manera distinta. No tengo dudas, que tendría un crecimiento exponencial, que atraería a miles de los actuales abstencionistas y que los llevaría, sin duda alguna a la presidencia en cuatro años.

Habría que aguantar, sí, cuatro años de exacerbación neoliberal, de actuaciones dolosas y alejadas de la ley, de imposiciones brutales, de represión indiscriminada, de violación a los derechos humanos, que es lo que augura un nuevo gobierno de Piñera. Se ha avizorado que en cualquier caso, gane quien gane, el Frente Amplio se constituirá en oposición al nuevo gobierno y que no negociará cargos con Guillier, señalando en ese sentido, un modo distinto de actuar en la política contingente, pero tendrán que asumir ante sus bases y ante la mayoría que no vota, -pero que son chilenos expectantes del nuevo rumbo que podría tomar el país-  la continuidad de los desmanes de Bachelet que significa Guillier: represión de los estudiantes y de los mapuche, carta blanca a las transnacionales para que sigan depredando el territorio nacional, salud y educación privatizadas,  prolongación de las AFP y subordinación plena y total a los grandes monopolios nacionales. En fin…más de lo mismo.

Decisión difícil sin duda alguna, cuando aún no se avizora un cambio para Chile, el Frente Amplio, como el MAPU en tiempos de la Unidad Popular y el PPD en los estertores de la dictadura, emerge como fuerza reformista de la clase media, (numerosa en Chile), con un discurso renovado y una retórica arrolladora que promete mucho y genera expectativas, pero que tendrá que demostrar en los hechos que es diferente a sus dos antecesores, que no pasaron del impulso momentáneo de la coyuntura, se mantuvieron en el boom durante algún tiempo, para finalizar siendo parte de lo mismo que criticaban.

Más que decidir a quién se le da el voto en segunda vuelta, me parece que lo importante de resolver es: si se quiere construir fuerza de coyuntura para enfrentar el corto plazo derrotando a Piñera, o fuerza estratégica que se proponga cambiar a Chile para siempre y enrumbarlo en una democracia definitivamente liberada de la dictadura y de su Constitución.

Como chileno, no tengo una opinión acabada respecto de qué es lo más correcto, y espero que prime la sabiduría y la sensatez de la minoría que elegirá al nuevo presidente de Chile. Como venezolano, me da lo mismo, no olvido que Bachelet en sus dos gobiernos y en general la Concertación, apoyaron el golpe de Estado en Venezuela en 2002 y no movieron un dedo para avanzar en la integración latinoamericana, no creo que Guillier sea diferente, aunque, sinceramente, quisiera equivocarme si finalmente es ungido en la más alta magistratura del país.   
sergioro07@hotmail.com