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martes, 3 de septiembre de 2019

Afro descendiente entre el neoliberalismo y la izquierda



Por Jesús Chucho García:
La semana próxima se cumplirán diez y ocho años de la III Conferencia Mundial contra el racismo, la discriminación, la xenofobia y sus formas conexas, realizadas en Durban, Sudáfrica del 30 de agosto al 7 de septiembre. De los movimientos sociales en Venezuela, solo asistió la Red de Organizaciones Afrovenezolanas (Nirva Camacho, Jorge Guerra y Jesús Chucho jarcia). Fue una conferencia histórica donde se puso énfasis en dos aspectos transcendentales: 1-el tema de las Reparaciones ante los países que ejercieron la Trata negrega, crimen e lesa humanidad, y someter a millones de africanos subsaharianos al perverso sistema esclavista. La trata negrera traslado en casi 500 años millones a más de 20 millones de africanos y africanas a toda nuestra América, siendo los mayores receptores, Brasil, el espacio Caribe, Estados Unidos, Colombia, Venezuela, en mayor proporción, pero ningún país de este continente escapo a ese fenómeno y a la esclavización que género en discriminación, exterminio racial y sus consecuencias hasta nuestros días siendo Estados Unidos, Colombia, Honduras y Brasil con la mayor alta tasa de exterminio racial.


El segundo tema fue el concepto AFRODESCENDIENTES, definido claramente como los descendientes de africanos como resultado de la trata negrera y el sistema esclavista en las Américas. Fueron nuestros ancestras y ancestros que en condiciones de esclavizados levantaron las economías y la acumulación capitalista durante casi 400 años. Mas de cuatrocientas organizaciones afro de nuestra América logramos imponer ese concepto, previo acuerdo en la conferencia de las Américas realizada en diciembre del año 2000 en Santiago de Chile.

CAPITALISMO, NEOLIBERALISMO Y EXCLUSION AFRO
El capitalismo acumuló salvajemente su capital sobre el trabajo forzado y las inteligencias de las y los africanos y sus descendientes en dos modelos económicos: 1-el modelo minero extractivo (Minerales y posteriormente con el surgimiento del Petróleo y el gas se agudizo esa explotación. Segundo la explotación de monocultivos como el Cacao y café (caso Venezuela).

Hoy después a medio milenio lamentablemente en la mayoría de nuestros países sigue imperando el modelo minero extractivo y la mono producción con un agravante en esta última, y es el uso de fertilizantes, semillas transgénicas que ha ido modificando nuestros sistemas agrícolas tradicionales y produciendo cáncer de suelos y graves consecuencias en el área de la salud. La prosecución del capitalismo tomo mayor agresión en el neoliberamos contemporáneo ya que esos dos modelos están agudizando la amenaza del cambio climático donde ya existe una alerta roja que si no se disminuye la producción de gas y petróleo, la extracción de minerales, así como el uso intensivo de los agroquímicos ya tenemos fecha de defunción para las próximas cinco décadas, pero a la supremacía neoliberal eso lo que menos les importa.

LA IZQUIERDA ORTODOXA AUN NO ENTIENDE EL TEMA AFRO
Si algo lleno de luz el inicio del siglo XXI, fueron los cambios progresistas que se comenzaron a generar en nuestra América. La izquierda como propuesta ideológica más humana hizo un intento por la inclusión de las y los afrodescendientes en las políticas públicas y en el marco jurídico al legar a tomar el poder. Electoralmente somos una fuerza decisiva para que el proyecto e izquierda llegara el poder, pues somos cerca de doscientos millones en América Latina. Los diferentes gobierno progresista ante un neoliberalismo salvaje hicieron el esfuerzo por incluir el tema afro en sus políticas públicas como mandato del plan de acción de Durban, sin embargo a la hora profundizar esa inclusión en la construcción del modelo social a construir, se quedó corta, excluyo y sigue excluyendo a las y los afrodescendientes como un factor decisivo  en muchos aspecto y lo poco ha sido en lo que hemos denominado el “etnopulismo¨y es más lamentablemente han reproducido el modelo minero extractivo y la mono producción agrícola y se están recurriendo a agroquímicos y semillas transigencias desde hace más de una década. Ese no es el modelo como sobrevivían nuestros ancestros y ancestral africana. Ese no fue el modelo que aspirábamos a construir. Intentamos en el pasado Foro de izquierda de Sao Pablo, realizado en Caracas, en Re alfabetizar esa izquierda ortodoxa, pero no lo entendieron y tuvimos que hacer una rebelión para exigir comprensión e inclusión con dignidad y decisión. ¿Es la primera vez que esto ocurría en más de veinte ediciones del Foro de Sao Pablo, lo cual paso a la historia y ojalá la izquierda repiense en estos momentos e incertidumbre…que es la izquierda y hacía que modelo societario vamos?

CHU CHERIAS
EL antiguo Cumbe de Ocoyta, Municipio Acevedo, Estado Miranda, nos dice que lo más importante en este momento es el agua potable, pues presuntamente han aparecido algunas empresas en esa historia comunidad ha hacer proyectos que pocos les importa, coño hasta cuando hacen vainas sin consultar a nuestras comunidades afro.

El proceso de Comunidades Negras de Colombia (PCN) emitió un comunicado expresando su solidaridad con Venezuela exigiendo al gobierno de Donald Trump paralizar su agresión y embargo criminal a nuestro país. Gracias hermanos afrocolombianos.
sgeral@mst.org.br


miércoles, 7 de marzo de 2018

Holot el campo de detención de africanos en Israel


Por Leandro Albani:

Son miles. La crudeza del clima no importa. Están encerrados, abrazados por el agobiante calor del desierto de Néguev. Son africanos y piden asilo político. El gobierno de Israel, ante la solicitud, los envía al centro de detención de Holot, cercano a la frontera con Egipto. Los derechos de quienes terminan con sus huesos en Holot, son apenas una brisa: pueden salir del lugar -rodeado de alambrados y cercas-, y caminar por una ruta bañada de arena y azotada por el sol hasta la ciudad más cercana, Be’er Sheva, que queda a una hora en auto. Alrededor del centro de detención levantan carpas, mercados improvisados, se reúnen en círculo, juegan dominó y fuman narguile; las horas se esfuman entre charlas y las preocupaciones sobre los días que vendrán.



Los guardias y autoridades de Holot les dicen que no es una prisión, pero por la mañana los cuentan como a un rebaño y por las noches deben volver sin excusas. Si los refugiados incumplen alguna regla o no llegan a tiempo para el conteo, es probable que su nueva vida sea cruzando una calle: en la prisión de Saharonin.

Desde el 20 de febrero, al menos 600 inmigrantes africanos alojados en Holot se encuentran en huelga de hambre. No es la primera vez que quienes son trasladados a este centro de detención encabezan protestas. En este caso, el reclamo es por la detención indefinida de siete ciudadanos eritreos que rechazaron la deportación a Ruanda, ordenada por el Estado israelí.

En enero de este año, el gobierno de Tel Aviv aprobó un plan que permite las deportaciones masivas de inmigrantes que ingresaron de forma irregular, en el cual se los envía a terceros países o se los detiene sin un lapso de tiempo. El Ejecutivo israelí estipuló que los inmigrantes tienen 60 días para abandonar el país, para lo cual recibirán 3.500 dólares y el pasaje de avión. Se calcula que el plan afecta a entre 35 mil y 40 mil africanos.

La ONG Hotline para Refugiados y Migrantes, y la Organización de Ayuda para Refugiados y Solicitantes de Asilo, difundieron una declaración en la que aseguraron que la medida oficial es el “primer paso de una operación de deportación sin precedentes en todo el mundo, una acción manchada por el racismo y un completo desprecio por la vida y la dignidad de los solicitantes de asilo”.

Por su parte, el gobierno de Ruanda afirmó “que nunca ha firmado ningún pacto secreto con Israel para la reubicación de migrantes africanos”, aunque aclaró que las puertas del país están abiertas para quienes son expulsados por Tel Aviv.
Siguiendo los pasos de su muy buen amigo Donald Trump, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu había expresado que las deportaciones masivas eran necesarias para la seguridad fronteriza, además de que su país no permitiría la presencia de “infiltrados”.

Según cifras recogidas por el portal Monitor de Oriente, la Autoridad de Inmigración y Absorción de Israel estimó que unos 55 mil inmigrantes africanos y solicitantes de asilo residen actualmente en el país, aproximadamente el 90 por ciento de los cuales provienen de Sudán o Eritrea, la mayoría llegados entre 2006 y 2013 a través de Egipto. Sólo en 2012, el Estado israelí deportó a unos 20 mil inmigrantes y solicitantes de asilo provenientes de África. Monitor de Oriente recordó que de las 13.764 solicitudes de asilo presentadas hasta julio de 2017, sólo 10 eritreos y un ciudadano sudanés obtuvieron el estatus oficial de refugiado.

Muchos de los africanos y las africanas que llegan a Israel escapan de los conflictos internos en sus países. A la clase política israelí -que asegura que el país es la “única democracia” en Medio Oriente-, poco le importa el destino de los inmigrantes. A mediados de este mes, Halofom Sultan, de Eritrea, declaraba a la agencia de noticias turca Anadolu que “una persona que fue deportada por Israel fue asesinada por el grupo terrorista de Daesh en Libia. Prefiero ir a prisión. Por lo menos, estaré vivo”.
Las denuncias contra el trato que Israel dispensa a los africanos se multiplican, como también las protestas encabezadas por los inmigrantes. Desde 2014, y de manera periódica, las movilizaciones, huelgas de hambre y reclamos se convierten en un grito de auxilio que pocos gobiernos escuchan.
En enero, Human Rights Watch (HRW), acompañada por varios rabinos y autoridades católicas de Israel, alertó sobre el plan de deportaciones masivas. Para la organización internacional, la decisión de Tel Aviv “es la última entre una serie de medidas coercitivas contra estos grupos, destinadas a frustrar su legítimo derecho a buscar protección y, casi con toda certeza, dará lugar a una detención masiva e ilegal de solicitantes de asilo”.

La política oficial de Israel contra los inmigrantes africanos no es una anomalía, sino que se enmarca en el proyecto de crear un Estado-nación exclusivo para los judíos. Quienes no se reivindiquen como tal son, simplemente, desechables. El apartheid israelí contra los palestinos y las palestinas, que ya lleva siete décadas, es la comprobación de un sistema con profundas raíces aferradas al racismo.
Esta política fue confirmada a mediados de febrero por la propia ministra de Justicia israelí, Ayelet Shaked, quien en una conferencia expresó: “Debemos mantener una mayoría judía, aunque eso signifique violar derechos”.

El objetivo de Holot fue sintetizado en 2016 por la periodista Isabel Cadenas Cañón, en una extensa crónica publicada en eldiario.es: “Minar la esperanza de estos hombres, romper los lazos que hayan podido desarrollar con el país. Por eso, por ejemplo, está prohibido dar clases de hebreo, o introducir manuales para aprender el idioma: todo lo que sea posible para que sudaneses y eritreos no se enraícen en una tierra que no es la suya”.

Quienes sobreviven en Holot saben todo esto. Bajo el sol, custodiados por el temido servicio penitenciario Al Shabas, asediados por activistas antiinmigración, amontonados en habitaciones para diez personas y con un solo baño, los inmigrantes africanos descubrieron que sus posibilidades son caminar y dormir para que las horas se esfumen, o protestar por sus derechos más básicos y gritar que ellos también son seres humanos.
leandroalbani@gmail.com

viernes, 28 de julio de 2017

Inmigrantes sufren en el mar, pero también por el xenófobo Trump

Por Emilio Marín
Hay neonazis que los empezaran a casar en el Mediterráneo

Se ha hablado de sufrimientos de los inmigrantes, muchos de los cuales mueren en el mar cerca de Italia. La mayoría de la Europa capitalista los rechaza. Hay que llamar más la atención sobre la xenofobia de míster Trump.

Desde mayo pasado a hoy hubo muchas noticias sobre el drama de los inmigrantes africanos y sirios que murieron en aguas del Mediterráneo. Escapaban del hambre, la miseria y algunas guerras, muchas de éstas promovidas por Estados Unidos y sus aliados, como en Siria. Y su objetivo era llegar a Europa desde puertos de Libia y Túnez.


Esa vía marítima insegura ha quedado prácticamente como la única a transitar, porque el ingreso terrestre desde Turquía, vía Grecia, hacia los países del este europeo como Hungría, hacia Alemania y otros destinos, quedó bloqueado. Hubo un acuerdo entre la Unión Europea, ante todo Alemania, y el gobierno de Turquía para que, a cambio de 6.000 millones de euros, el régimen de Erdogan redujera los inmigrantes que pasaban por su territorio y aceptara la devolución de quienes ya habían pasado.

A partir de allí, sólo el mar era la forma de acercarse al sueño de vivir en una tierra donde se pudiera hacer eso, vivir. Para esos inmigrantes tal viaje tampoco es gratis porque -aunque no se trata de cruceros de categoría sino de embarcaciones precarias- deben obrar sus ahorros de toda la vida a inescrupulosos y delincuentes, muchos de ellos traficantes de personas, que los embarcan peor que a ganado en la costa libia y los dejan apenas salidos de esos límites. Después, que Dios se apiade de ellos.

Una parte de esos pasajes se va al fondo del mar y con mucha suerte el resto es rescatado y puede ir a centros de refugiados en Italia, porque la situación geográfica pone a esta península más cerca del norte africano. Además porque desde el punto de vista político, en alguna medida también por la influencia del Papa Francisco, allí hay un ambiente hostil pero no tan bélico contra de los inmigrantes. En el resto de Europa se los rechaza, encarcela, se los trata como a delincuentes y se los deporta.

Elisabetta Piqué (La Nación, 10/5) informaba que en lo que va de 2017 “ya llegaron un 38% de migrantes más que en el mismo período de 2016 y se espera que cuando termine el año se alcance una cifra récord de 20.000 cruces”. Y en ese aumento, lo más doloroso fue la tasa de mortalidad de los viajes porque según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) “el año pasado se estimaba una muerte por cada 137 migrantes, y este año murió uno por cada 39”. Los problemas de fondo son las hambrunas en las regiones más empobrecidas y siguen al rojo vivo, porque la estimación es que en 2017 podrían arribar a las costas itálicas unos 200.000 inmigrantes.

A la caza
Frente al recrudecimiento del fenómeno, también en Italia empieza a sonar el réquiem para los inmigrantes, por más que el Papa implore compasión. No sólo la derechista Forza Italia y la Liga del Norte se pronuncian por el endurecimiento de los controles y el achicamiento de cupos para extranjeros de esa índole (los otros, con capitales, son muy bienvenidos) sino que también hubo pronunciamientos en ese sentido de Matteo Renzi, ex primer ministro y líder del partido Democrático, de centro.

El primer ministro Paolo Gentiloni está analizando cerrar los puertos a las naves extranjeras que llevan a bordo migrantes. Y el presidente Sergio Mattarella ha dado su consentimiento, igual que el grueso de los partidos. La excusa es que hay muchos barcos de ONG internacionales que llegan a puertos italianos portando migrantes rescatados en el mar. Incluso un juez adujo que entre esas ONG hay traficantes de personas. Todo argumento parece válido para cortar el ingreso de inmigrantes a uno de los pocos países europeos que, con todas esas trabas, sigue receptándolos.

En descargo de Gentiloni se puede decir que el resto de Europa se lava las manos como Pilatos, sin colaborar en lo más mínimo en admitir inmigrantes. Las cuotas de admisión son bajas y gobiernos europeos proponen negociar con países africanos como Nigeria para abrir allí centros de contención. Esa fue la propuesta del canciller de Austria, Christian Kern: centros de solicitud de asilo en Níger. Lo propuso el 13 de julio, pensando que le puede atraer votos en los comicios austríacos del próximo 15 de octubre.

Hanspeter Doskozil, el ministro de Defensa austríaco, admitió ante el diario ‘Krone’ que tiene 750 soldados con apoyo blindado que pueden ser activados en 72 horas. Según Doskozil, “necesita prepararse para los acontecimientos migratorios que se están produciendo en Italia. Espero que muy pronto se activarán controles migratorios y se pedirá asistencia militar”.

Por su parte la ministra de desarrollo de Dinamarca, Ulla Tornaes, anunció la semana pasada que su país incrementará “la ayuda” al control de la natalidad en África. Ella sostuvo: “parte de la solución para la crisis de inmigrantes en Europa es reducir el aumento de la población en África”. No fue muy generosa en cuanto a la plata, porque ese fondo danés para el control de la paternidad en países en desarrollo tendrá un presupuesto de 14 millones de dólares.

Otro que no se anda con vueltas en cazar inmigrantes es el primer ministro húngaro, Viktor Orban. En marzo pasado hizo aprobar en el Parlamento por amplia mayoría (138 votos a favor, 6 en contra y 22 abstenciones) la reintroducción de la norma que permite detener a todos los inmigrantes que entren al país. La medida xenófoba y violatoria de diversas normativas de derechos humanos había sido retirada en 2013 por presión de la Unión Europa y el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (HCR).
La ley dispone que los migrantes sean llevados hasta zonas de tránsito en las fronteras serbias y croatas, “donde permanecerán detenidos hasta una decisión definitiva sobre sus solicitudes de asilo. La norma se aplicará tanto a los recién llegados como a los solicitantes de asilo que ya están en el país, incluso a los menores de edad”.
¡Pensar que hasta la implosión del bloque socialista, Hungría tenía otros valores!

Trump, gran cazador
Orban no se limitó a reponer esa ley antiinmigrantes. Inició la construcción de una segunda barrera fronteriza, con Serbia y Croacia, sumada a la que erigió en 2015. Y en julio empezó la formación de los Border Hunters (Cazadores de la Frontera), las nuevas fuerzas de seguridad destinadas a cazar inmigrantes en la frontera.

De similar índole son las iniciativas de grupos neonazis de Francia, Italia y Alemania como Generación Identitaria y Defend Europa que han fletado el barco “C-Star” para patrullar aguas mediterráneas cercanas a Libia e impedir que los migrantes sigan viaje hacia Lampedusa y destinos italianos.
Está muy bien que en Francia perdiera la elección la neonazi Marie Le Pen, brutal expresión del odio y persecución contra los extranjeros, en su caso pretextando los atentados yihadistas en ese país. El secretario de su partido, Nicolas Bay, afirmó en campaña que “todos los terroristas que atacaron en Francia en los últimos años eran inmigrantes”. Falso. La mayor parte de quienes cometieron atentados desde 2012 eran nacidos en Francia.

También es positivo que se armara un revuelo en torno a una playa italiana administrada por un neonazi admirador del Duce con retratos del mismo y discursos muy poco democráticos, incluso contra el Papa, al que prometía construirle un puente hasta Buenos Aires, para deportarlo.

Sin embargo, para que denunciar realmente a la xenofobia debe incluirse la crítica en primer término al presidente norteamericano Donald Trump.

En primer término porque el imperio decadente impone en buena parte del mundo -junto a sus aliados, sobre todo europeos- una política de saqueo y explotación que profundiza la pobreza y dependencia, agudizando en mucha gente la necesidad de huir rumbo a supuestos mejores destinos. Esto es válido para la región latinoamericana y caribeña, considerado “el patio trasero” estadounidense. También fomenta guerras, como se señaló, en Siria, con millones de refugiados, que disparan más migraciones.

Y en segundo lugar, porque sus políticas son muy xenófobas, como su decreto antiinmigrantes que el 26 de junio pasado fue avalado por la Corte Suprema. Trump logró que por 90 días se prohibiera el ingreso de personas provenientes de Irán, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen, y que por 120 días se impidiera el ingreso de refugiados de cualquier país. Esa enormidad la fundamentó en la necesidad de defenderse del terrorismo, que él practica contra Damasco y Afganistán.
Trump cultiva la xenofobia con su proyecto de muro en la frontera con México. Atenta contra la dignidad de ese país pero también agrede a inmigrantes de allí y muchos otros países latinoamericanos.

El magnate dijo el año pasado a MSNBC que su muro costaría 8.000 millones de dólares y lo pagaría México, que lo negó. En febrero pasado Reuters divulgó un informe del Departamento de Seguridad Nacional estadounidense donde se afirma que costaría 21.600 millones de dólares y su construcción tardaría tres años. Para bajarle el precio, el autor del disparate dijo ahora que no sería necesario en toda esa frontera, de 3.218 kilómetros, sino en un tercio. Como sea, sus proyectos lo ponen en el podio mundial de la inhumanidad.
ortizserg@gmail.com